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¿Debo Irme o Debo Quedarme? - Primera Iglesia Bautista Hispana

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¿Debo Irme o Debo Quedarme? - Primera Iglesia Bautista Hispana
¿Debo Irme o Debo Quedarme? El momento correcto e incorrecto para dejar una iglesia Por R. Albert Mohler, Jr. ¿Cuándo debe un cristiano evangélico separarse de una iglesia? En estos días se hace esa pregunta frecuentemente, y eso delata más de un problema en el Cristianismo contemporáneo. Demasiados miembros de una iglesia se han convertido en compradores de iglesia. El concepto Bíblico de eclesiología ha dado paso a una forma de consumismo en la que los individuos salen a comprar la iglesia que parece gustarles más en ese momento. El problema puede involucrar la alabanza y la música, las relaciones, la enseñanza o un sinnúmero de otras cosas. Sin embargo, el patrón es el mismo — las personas sienten la libertad de dejar una congregación por otra por prácticamente cualquier razón, o por ninguna razón en absoluto. La compra de iglesias viola la integridad de la misma y el significado de la membresía de la iglesia. Cuando los miembros se van por razones insuficientes, la comunión de la iglesia es rota, su testimonio es debilitado, y la paz y la unidad de la congregación son sacrificadas. Trágicamente, un entendimiento superficial de la membresía a la iglesia destruye nuestro testimonio al evangelio de Cristo. No hay excusa para este fenómeno. No tenemos el derecho de dejar una iglesia por preferencias musicales, gusto personal o incluso la programación que no cumple con nuestras expectativas. Estas controversias o preocupaciones deben mover al cristiano fiel a considerar cómo él puede ayudar a encontrar y forjar una mejor manera, en vez de trabajar para encontrar una excusa para irse. Los cristianos no pueden ver estas preguntas simplemente como un asunto de consumismo. Estamos llamados a amar a la iglesia y a orar por su paz y unidad, no a buscar una oportunidad para mudarnos a otra congregación. Hay momentos, sin embargo, en los que está correcto separarnos de una congregación o denominación. Pero en tales casos, el problema no es la preferencia sino la teología. Ninguna congregación o denominación es perfecta, y las conversaciones doctrinales son a menudo una señal de salud congregacional. La pregunta de separación de una iglesia sólo debe surgir cuando un asunto de urgente importancia teológica está en juego — cuando quedarse violaría la integridad y el testimonio del evangelio. Al final, la única razón suficiente para separarse de una iglesia es teológica. Un cristiano fiel debe separarse de una congregación o denominación cuando ese cuerpo rechaza obstinadamente los esfuerzos de corrección doctrinal sobre un asunto de real importancia. Dicho esto, la dificultad viene en el punto de vista de esta afirmación. La historia de la iglesia cristiana incluye varios relatos alentadores y emocionantes de congregaciones, denominaciones e instituciones que, una vez comprometidas con doctrinas aberrantes y herejías abiertas, luego fueron convencidas de su error y corregidas por la Biblia. 1 Tristemente, hay una mayor lista de iglesias y denominaciones que se han rehusado y han rechazado todos los intentos de corrección. Una vez comprometidos a una trayectoria de error doctrinal y herejía, muchas iglesias se resisten completamente a ser corregidas por la Palabra de Dios. El primer problema difícil que enfrentamos yace en definir qué tipo de problemas doctrinales ameritan esta urgencia. Esto requiere una estructura de un cuidadoso análisis teológico arraigado en una consideración seria de cuáles asuntos son de mayor importancia — las enseñanzas y creencias falsas que podrían, si se mantienen obstinadamente, exigir una separación. Los cristianos de hoy se enfrentan a la gran tarea de ver cuáles doctrinas cristianas y asuntos teológicos tienen la mayor prioridad en términos de nuestro contexto contemporáneo. Esto aplica a ambos, la defensa pública del cristianismo frente al cuestionamiento secular, y la responsabilidad interna de lidiar con los desacuerdos doctrinales. Ninguna es una tarea fácil, pero la seriedad y la madurez teológica demandan que consideremos los asuntos doctrinales en términos de su importancia relativa. La verdad de Dios debe ser defendida en cada punto y detalle, pero los cristianos responsables deben determinar cuáles asuntos merecen atención de primer orden en momentos de crisis teológica. Desde hace tiempo, he luchado por lo que llamo una estructura de triaje teológico. Me encontré con este concepto por primera vez en una sala de emergencia de un hospital. Allí se observa el proceso de triaje médico. Este proceso permite que el personal entrenado haga una evaluación rápida de la urgencia médica relativa. Dado el caos del área de recepción de una sala de emergencias, alguien debe estar equipado con la pericia médica para determinar inmediatamente cuál es la prioridad médica. ¿Cuáles pacientes deben ser llevados a cirugía de inmediato? ¿Cuáles pacientes pueden esperar para una evaluación de menor urgencia? El personal médico no puede vacilar en hacer estas preguntas y en tomar la responsabilidad de darles a los pacientes con necesidades más críticas una mayor prioridad en términos de tratamiento. La palabra triaje proviene de la palabra francesa trier, que significa “clasificar”. La misma disciplina que trae orden a la arena agitada de la sala de emergencia también puede ofrecer gran ayuda a los cristianos que defienden la verdad en la presente era. Debemos aprender a clasificar los problemas teológicos y doctrinales como parte de nuestra responsabilidad Cristiana. Con esto en mente, yo sugeriría tres diferentes niveles de urgencia teológica, cada uno correspondiente a una serie de problemas y prioridades teológicas encontradas en los debates doctrinales actuales. Los problemas teológicos de primer nivel incluirían aquellas doctrinas más centrales y esenciales para la fe Cristiana. Incluidas entre estas doctrinas cruciales estarían doctrinas como la Trinidad, la completa deidad y humanidad de Jesucristo, la justificación sólo por fe, y la autoridad de la Escritura. Estas doctrinas de primer orden representan las verdades más fundamentales de la fe Cristiana, y una negación de estas doctrinas representa nada menos que una negación eventual del Cristianismo mismo. Sin una afirmación de la Trinidad, no hay cristianismo verdadero. Sin una afirmación de la completa deidad y humanidad de Cristo, no hay evangelio. Sin una afirmación de las doctrinas esenciales del evangelio de Cristo, no hay mensaje salvador en el Cristianismo. 2 Estas doctrinas de primer orden incluirían el nacimiento virginal de Cristo, Su resurrección corporal y otras doctrinas enseñadas claramente en la Biblia y necesarias para entender quién es Cristo y lo que su expiación logró. Por lo tanto, la justificación sólo por fe también se encuentra en esta categoría de primer orden, porque sin esta verdad, la iglesia cae. La serie de doctrinas de segundo orden se distinguen de la serie de primer orden por el hecho que los creyentes cristianos pueden no estar de acuerdo en los asuntos de segundo orden, aunque este desacuerdo creará barreras significativas entre los creyentes. Cuando los Cristianos se organizan en congregación y formas denominacionales, estas barreras se hacen evidentes. Los asuntos de segundo orden incluirían el significado y la modalidad del bautismo. Los Bautistas y los Presbiterianos, por ejemplo, desacuerdan fervientemente sobre el entendimiento más básico del bautismo cristiano. La práctica del bautismo de infantes es inconcebible para la mente Bautista, mientras que los Presbiterianos trazan el bautismo de infantes a su más básico entendimiento del pacto. Estando de acuerdo en las doctrinas de primer orden, los Bautistas y los Presbiterianos se reconocen el uno al otro como creyentes Cristianos, pero reconocen que su desacuerdo en asuntos de esta importancia les impide la comunión dentro de la misma congregación o denominación. Los asuntos de primer orden determinan la identidad e integridad Cristiana. Los asuntos de segundo orden determinan la eclesiología. Los asuntos de tercer orden son doctrinas en la que los cristianos pueden tener desacuerdos y permanecer en comunión íntima, aún dentro de congregaciones locales. Yo diría que la mayoría de los debates son sobre la escatología, por ejemplo, en esta categoría. Los cristianos que afirman el regreso corporal, histórico y victorioso del Señor Jesucristo pueden diferir en el tiempo y la secuencia sin romper con la comunión de la iglesia. Los cristianos pueden encontrarse en desacuerdo por un sinnúmero de problemas relacionados a la interpretación de los textos difíciles o el entendimiento de asuntos de desacuerdo común. No obstante, estando de acuerdo en los asuntos de más urgente importancia, los creyentes pueden aceptarse el uno al otro sin compromiso cuando los asuntos de tercer orden están en duda. Los cristianos nunca deben separarse de una iglesia por asuntos de tercer orden, mucho menos por asuntos que ni siquiera llegan a tener esta importancia. Los creyentes en Cristo están obligados a atender todos los problemas de verdad bíblica como está incluido dentro de nuestra mayordomía del evangelio; pero el Nuevo Testamento deja en claro que, aunque la unidad en lo esencial es vital, la diversidad en otras cuestiones no debe amenazar la unidad de la iglesia. En nuestros días, los asuntos como la homosexualidad y las mujeres en el pastorado representan problemas que tensan nuestros intentos de triaje. Un rechazo de la autoridad de la Biblia en un asunto como la homosexualidad es un problema teológico — no simplemente una controversia moral. Ninguna iglesia puede permanecer dividida en esta cuestión, y ningún creyente fiel debe permanecer en una iglesia que se rehúsa a atenerse a la Palabra de Dios. Una iglesia que ordena a mujeres como pastores puede ser ortodoxa en muchos otros asuntos, pero en esta cuestión, se pone contra la Escritura. 3 En tantas iglesias y denominaciones, este rechazo obstinado a ser corregido por la Escritura les presenta a los creyentes fieles una decisión difícil — pero permanecer en una iglesia que rechaza obstinadamente la corrección no es una opción. Los esfuerzos para la “renovación” en muchas de estas iglesias han sido rechazados constantemente. En algún punto, el rechazo a separarse se convierte en complicidad con la herejía. De cierto, estas son preguntas difíciles, pero el creyente serio debe ser extremadamente cuidadoso al considerar cuándo quedarse y cuándo irse. Al final, el asunto decisivo debe ser la verdad, y la decisión debe ser hecha con oración, congoja y resolución. R. Albert Mohler, Jr. (www.albertmohler.com) es un reconocido teólogo norteamericano quien funge como presidente del Southern Baptist Theological Seminary localizado en Louisville, Kentucky (www.sbts.edu). 4 
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