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Me gustaba mucho la pesca y solía irme a la laguna de

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Me gustaba mucho la pesca y solía irme a la laguna de
Me gustaba mucho la pesca y solía irme a la laguna de
Tota, una hermosa reserva natural en Boyacá. Me inscribí
a la asociación de pesca allá (Boya-pesca) en 1986. El
presidente también era médico (con especialidad en
otorrinolaringología), un hombre separado con muchos
conflictos personales y, en ocasiones, un déspota para la
gente. Una noche de Octubre de 1990, él estaba tomando
con una amiga en el bar del refugio. Eran más o menos
las diez de la noche, cuando de repente quiso hablar
conmigo. Parecía estar un poco tomado y pretendía otros
propósitos. Por la forma como me comenzó a hablar y a
tratar, me dio la impresión que era homo o bisexual, pues
su insinuante forma de tratarme me reveló su inclinación
sexual. Como no le sucedieron las cosas como esperaba,
empezó a insultarme bastante fuerte y a amenazarme con
botar mi motor de la lancha a la laguna y mandar a
traer la policía del pueblo. Entonces, estando un poco
molesto gracias tanto a sus intenciones conmigo como a
la altercación que tuvimos, resolví tomar mis cosas e
irme del refugio: llegué a Bogotá a la una de la
madrugada.
Siete meses después de este suceso, fui otra vez a Tota,
pero esta vez en plan de turista y quedándome fuera del
refugio. Saludé al administrador y él me preguntó por
qué no había vuelto a Tota. Yo le conté todas las cosas
que me sucedieron con aquél médico, las cuales habían
sido demasiado desagradables e incómodas. Le conté al
administrador que yo había venido a Tota para descansar
y sin malas intenciones pero que, desafortunadamente,
había tenido una no placentera disputa con el presidente
de la asociación de pesca. Seguimos charlando. Me
contó que había ocurrido un terremoto hace unos meses,
lo cual me sorprendió, y le pregunté: “¿cómo sabía que
había sido un terremoto?” Él me llevó hacia el bar
(exactamente donde yo tuve la disputa con ese señor
meses atrás). Realmente fue sorprendente que en la
entrada del bar, donde estuvimos discutiendo hacía unos
meses atrás, se había hecho una grieta de abajo hacia
arriba. La grieta especialmente me dejó perplejo porque
esa pared de rocas tenía un grosor de más de medio
metro y había sido una construcción antigua de más de
100 años. Además, otro detalle que resultaba ser muy
curioso era que en ningún otro lugar del refugio hubiera
señales de grietas o demoliciones extrañas.
Posteriormente, como me estaba contando el
administrador, les tocaría demoler la casa en su
totalidad, endeudarse para construir una nueva y vender
predios antes adquiridos para empezar con la
construcción, todo gracias a la infame grieta que, a mi
modo de ver y según los indicios, había sido extraño e
inexplicable producto de mi disputa con aquél médico.
Finalmente, hasta hoy nunca más ha sido utilizado como
refugio de pesca. La asociación de pesca también encontró
su fin, disolviéndose y causando que sus asociados se
fueran yendo uno por uno. Después, el orden público no
les permitió usar esa casa como club de pesca.
Hace poco, me encontré con un viejo amigo austríaco
quien vende artículos y accesorios de pesca y me contó
que este señor había fallecido hace dos años tras una
cirugía en el pecho, que lo llevó a pasar, antes de su
muerte, cuatro meses con el pecho abierto en cuidados
intensivos del hospital San Pedro Claver. Además, según
este señor austríaco, últimamente él había estado
teniendo problemas de amenazas, obligándolo a vender
la mayoría de su almacén y encontrándose al borde de
la pobreza después de haber gozado de buenas entradas
económicas que le habían estado alcanzando para los
estudios de sus dos hijos de su último matrimonio. Hace
16 años, él fue quien me recomendó esta asociación de
pesca con sumo entusiasmo. Sin embargo, su ánimo por
convencer a los pescadores a unirse a dicha asociación de
pesca no era gratuito. Simultáneamente, solía tener un
negocio aparte con este presidente fallecido, ganándose
un buen porcentaje por cada afiliación y poniéndole un
cierto grado de malicia aberrante para convencer a los
pescadores de unirse a esta asociación.
Tenía, por primera vez, la sensación que este extraño e
inexplicable poder castigaba a su manera. Hay una
especie de lenguaje muy sutil, abstracto, pero firme y con
unas magnitudes exorbitantes. Realmente, me parecía
sumamente extraño el vuelco de fortuna que le había
sucedido a ese señor exactamente después de la riña que
yo había tenido con él. Además, la marca de la grieta
revelaba la sorprendente exactitud en la que habíamos
tenido esa pelea. Aunque a veces llegaba a pensar que
tal vez podría haber sido una mera coincidencia, creo que
yo, de alguna manera, y mi extraña influencia en otras
personas habían tenido que afectar lo que le había
sucedido a ese señor. Sin embargo, lo que me llenaba de
pavor era el simple pensamiento de que esa fuerza tal
vez tenía unas magnitudes negativas y que actuaba de
manera independiente a mi conciencia, pues yo nunca le
deseé tal desgracia a ese señor.
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