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ASUNTO: POST*
Hal Foster
EI termino «posmodernidad» se utiliza en crltica de arte de un modo un tanto promiscuo,
a menudo como una mera indicacion de 10 no-moderno 0 como sinonimo de pluralismo. En este
sentido sus pretensiones son modestas -se limita a expresar que nos encontramos en un perio­
do reaccionario en el que la modernidad parece algo distante, y la recuperacion de modas pasa­
das demasiado proxima. POl' una parte, esa distancia constituye la condicion de posibilidad de
la posmodernidad; pOl' otra, la tendencia a recuperar elementos del pasado hace necesario con­
cebirla como algo mas que mera antimodernidad.
POI' supuesto, la definicion que se postule de la modernidad determinara hasta cierto punto
una u otra comprension de la posmodernidad. Cuando se entiende en sentido cronologico, la
modernidad a menudo se restringe al periodo comprendido aproximadamente entre 1860-1930,
aunque muchos la hacen extensiva al arte de postguerra 0 modernidad «tardia». En cambio,
como termino epistemologico la nocion de modernidad resulta mas dificil de especificar (pOl'
ejemplo, lhay que aceptar la ruptura entre clasicismo y modernidad tal y como la define Michel
Foucault?, lhay que atribuirla al criticismo kantiano, como hace Clement Greenberg?). En cual­
quier caso, cuando se explica la posmodernidad en relacion a la modernidad, hay cierta ten­
dencia a reducir esta {tltima. lSe puede delimitar con tanta precision la modernidad? Si es asi,
len que consistira una ruptura respecto a ella?
(Post) Modernidad
Los teoricos de la posmodernidad en arte tiendenfia adoptar la tactica de analizar la
modernidad a partir de la lllodernidad tardia, cuya ideologia se localiza en los escritos crlticos
de Clement Greenberg y Michael Fried. Desde esta posicion, la lllodernidad equivale a una bUs­
queda de la «pureza»; se pretende que «el concepto de arte [...J s610 es significativo, a plena­
mente significativo, dentro de las artes particalares»l, y que «el propio objeto artistico puede
• PlIblicado ol'iginalmenle en Pm'achlLle 26 (primavera, 1982), PI" 11-1S con pe,! ueiios cambio' y un epI­
logo del aulor.
1 Michael FRIED, «Art and ObjeC"thood»,Arlj;JI"IIIIJ S.lO (verano.l967). p. 21. Iambien en Gregory Ballcock
(ed.), Minimal Arl: r1 Crilical Anlhology, Nueva Yo 1"1" E. P. Dlillon,I968, 1'1'.116-147 (Ia curs;va es sllya).
190
AHTE
THSPl'ES
DE
LA
.\TODER:\IDAD
sustituir (metaforicamente) a su referente»2. Esto implica establecer «<lreas de competencia
especificas» para fomentar en el artista un formalismo autocrftico desde el que maniplliar el
«codigo» heredado del medio y, en el critico, un historicismo que «actlla sobre 10 nuevo y 10
diferente para disminuir su novedad y mitigar su diferencia»3. Asi pues, la pintura, la escultu­
ra y la arquitectura son inconfundibles y solo en elias existe propiamente el arte; eada arte
tiene un codigo 0 naturaleza, y el arte se desarrolla a medida que dicho codigo se revela, la
naturaleza queda purgada de 10 extraiio.
Esta es (muy simplificada) la lectura que hacen los posmodernos de la modernidad, lectura
que se puede resumir en el termino pureza. En cierto momento, esta voluntad de pureza resulta­
ba subversiva: las convenciones sociales codificadas en la estetica se delimitaron, cuando no se
transgredieron, a tl'aves de sus negaciones; el artista, inmerso en la practiea artistiea se hizo auto­
nomo, transcendcntalmente critico. No obstante, si se considera dialectica y retrospectivamente,
esta estrategia resulta un tanto timida y politicamente reaccionaria. La «pureza» suscita una divi­
sion del trabajo en el seno de la cultura que conduce inevitablemente tanto a la especializacion
profesional de la academia, como a la comercializacion tipica de la produccion industrial de
mercancias 4 • Por otra parte, se pretende que la idea misma de arte es consecuencia de esta pure­
za, que cuenta con una historia particular; en efecto, es asi como se ha planteado la historia del
arte desde las instituciones: como una cadena de obras de arte, un linaje de artistas, unidos
mediante las nociones historicistas (post hoc, ergo propter hoc) de influencia y continuidad.
Aunque las intervenciones historicas pueden ser redentoras (como prueba la obra de Wai­
ter Benj amin), tambien pueden sel' meras. recuperaciones -asi ocurre en la vanguardia, que
Renato Poggioli define como «el equivalente artistico de un historicismo transcendental». El
termino «historicismo transcendenta]"; parece un tanto contradictorio, pero constituye uno de
los pilares de la modernidad-no importa como de «transcendenta)" 0 radicalmente nuevo sea
el arte, el historicismo 10 recupera, 10 hace fal11iliar 6. La 1110dernidad tardia se limita a replan­
tear la contradiccion: el arte es vanguardista en la medida en que es radicalmente historicista
-el art;sta ahonda en las convenciones de la historia del arte en orden a escapar de elias.
Este historicismo (10 Nuevo como su propia Tradicion) constituye all11ismo tiempo un origen y
till final para la vanguardia; uno de los objetivos centrales de los posmodernos es conservar su radi­
~ Craig O\\'C'IS, "The Allegorieal Impulse: Toward a Theory ofPoslmoderllislU» (ParLe 2), October 13 (vera­
1'10,1980)., pp. 79 [ell esle volumen, "El impulso alegoeieo: conlribuciones a una Leoda de la po'modernidad»,
p.235J.
3 Rosalind KRAt:SS, "Sculpture in the Expanded Field», OClobee, 8 (!)I'imavera, 1979), p. 31. Tambien en Hal
Foste" (ed,), The Anti-Aesthetic: Esw.y. 011 Postmodern Culture, POrl Townsend, Wash, Bay Press, 1983 led.
casl.: "La escultura en el campo expalldido», en R. Krauss, La. origincrlidctd de la va.ngllardia.)' ot1'os milos
modernos, trau. Adolfo Gomez, Madrid., Ah"nza, 1996, p. 283. Exisle otra tradllc.eion de Jordi Fib)a en Hal
Fosler (ed.), La posmodernidad, Barcelona, Kairos, 1983).
-l-
Los crfticos nUHxislas tienc.len a cOllsiderar el «signo jJuro» del arle lnoderno (el objeto
ue su propio refe­
renle) como un "eflejo del caraeter reificado y sllbjetivista que adquiere la vida bajo eJ dominio del capital
JJ1onopoJisla. Solo LlllOS P0l'OS (T. \'\1. Adorno, pOl' ejemplo) flleron capaces de comp"ender su c.arga de negati"i­
dad-una abslraccion que Se opone a la abstraeeion lOla!i"anle del eapilal-.
.; Renato POGGIOLl, The Them')' of the Avant-Ga.rde, Cambridge, Mass, Belknap Press of Harvard Univer­
sity Press, 1981, p. 103 led. east.: Teoria del arte de vallglw1'dia, trad. Rosa Chacel, Madrid, Revisla de Occi­
deilte, 1964].
(, Vease Krauss., .. Expanded Field», eit., pp. 31-33 led. cast.: cit., Pl'. 288-291].
ASL'dO:
POST
191
calidad pero librarse de su historicismo 7. ASI pues, en cuanLo discurso de 10 continuo, el historicis­
rno es intrinsecamente recuperador; concibe el Liempo como una totalidad (de forma que «las revo­
luciones nunca son mas que momentos de la conciencia»8) y al hombre como el {mico sujeto. La
conciencia humana se postula y se revela como soberana, se opone a la discontinuidad que descen­
tra al sujeLo (ya sea mediante la clase, Ja familia 0 ellenguaje.). POl' supuesto, en 10 que toca al arte,
el sujeto de este historicismo es el artista y su espacio, el 1l1useo; asi, la historia se presenLa como una
narracion -continua, homogenea y antropocentrica- de grandes hombres y ob1'as maestras.
La pureza se convie1'te en un objetivo y el deco1'o en un efecto; el historicismo es el modo de~
intervencion y el museo su contexto; el artista ha de ser original y la obra de arte unica -estos (!
son los elementos que la modernidad privilegia y a los que se enfrenta la posmodernidad. Segun ....:;
los posmodernos, son piezas que forman parte de una practica agotada, cuyo convencionalismo
ya no puede recibir nuevas inflexiones. La apuesta poria pureza ha concluido en una cosificacion
de los medios -el arte posmoderno se da entre, a traves 0 al margen de los medios, 0 bien emplea
materiales nuevos 0 abandonados (como el vIdeo 0 la fotografla)-. Tanto la historificacion que
propicia el museo, como la mercantilizacion que genera la galeria, neutralizan el objeto artistico
-de ahi que el arte posmoderno se de en espacios alternativos y adopte multiples [ormas, a menu­
do dispersas, textuales 0 eflmeras. AI igual que se re-forma ellugar del arte, tambien el papel del
artista se transforma, los valores que hasta ahora autentificaban el a1'te se ponen en entredicho.
En pocas palahras, el campo cultural se transforma, la significacioll estetica se despliega.
La transformacion del campo cultural es la primera condicion de posibilidad de la posmo­
dernidad. En su ensayo «La escultura en el campo expandido», Rosalind Krauss explica como la
escultura moderna paso de una logica dellugar historico -elmonumento 0 esLatua- a otra logica de
la forma auLonoma -10 puro, el objeto sin espacio propio. En efecto, seg{lfl Krauss, en la epoca
en la que surgio el minimalismo, la escultura moderna habla entrado en un estado de «pura nega­
tividad: una combinacion de exclusiones [... J era la categoria resultante de la adicion del no-pai­
saje y la no-arquitectura»9. Evidentemente, estas nociones resultan de la mera inversion de los
terminos «arquitectura» y «paisaje»; junto a oLros conceptos forman un «espacio cuaternario
que refleja la oposicion original al tiempo que la despliega»lO. En este «campo logi.carnente expan­
dido» que crean dichos elementos, irrumpen las formas posmodernas de escultu1'a: «construc­
cion localizada» [site construction J, «estructuras axiomaticas» y «lugares seiialados» [marked
sites]. Para Krauss, esLas formas de escultura rompen con la practica modern a y, en consecuencia,
no plleden ser concebidas al modo historicista. En este caso, el contexto his Lorico artlstico no basta
para dar sentido a Ja 01ra, pues la posmodernidad no se define en funcion de los medios utiliza­
dos, sino en relacion a terminos culturales. Estas formas se conciben desde un punto de vista logi­
co, no como una derivacion historica; de este modo, necesitan de una comp1'ension est1'uctural.
En efecto, los posmodernos postuJan una ruptu1'a crucial-tanto con los medios como con el
historicismo- que finiquita la modernidad y abre el espacio cultural de la poslllodernidad. Tam­
7 Resulta ironico (aunque no sorprende.nte) que una epoca como 1a moderna, que lanto \'a101'a los ('ortes y
las rllpllll'as, haya adoptado como principal modelo erflieo el historieislllo -ell)'H {"l1eio11 es compcnsar los cor­
tes )' las rupturas-.
8 Michel FOCCAlJLT, La arqlleologia del sauer, cd. cast. de Aurelio Garzon, i\ladrid, Siglo XXI, 1970, p. 2l.
9 Krauss, «Expanded Field», p. 36 led. cast.: cit., p. 295].
111 Ibid., p. 37 led. cast.: cit., p. 296].
ASU\iTO:
POST
193
bien Douglas Crimp y Craig Owens postulan esta ruptura, si bien la atribuyen a otros artistas y
detallan su advenimiento de una manera un tanlo distinta. Si para Krauss el signo distintivo del
arte posmoderno es un campo artistico expandido, para Crimp es un retorno al «teatro» (que la
modernidad tardia habia convertido en tabu), y para Owens una «irrupcion dellenguaje» (igual­
mente «reprimido») y, mas importante, un nuevo impulso posl11oderno de naturaleza «alegorica»
o deconstructiva.
Una vez mas, estos criticos opusieron la posmoderidad ala modernidad tardia, cuyo texto
pOl' antonomasi~ es el articulo «Art and Objecthood» de Michael Friedl 1. AlH, Fried se oponia al
«teatro» impHcito en la escultura minimalista: «El arte degenera a medida que adquiere ras­
gas teatraies», asi reza una frase citada a menudo, donde <<10 teatral» se define como «fa que
se encuentra entre las artes». Para Crimp, esta intuicion seiiala la defunci6n de la modernidad:
en efecto, las obras mas importantes de los afios setenta se ubican en la interseccion de las dis­
tintas artes; mas aun, estas obras -en especial las basadas cn el video y la performance- parti­
cipan de esa «teatralidad» (la «preocupacion por el tiempo 0, mas precisamente, por la dura­
ci6n de ia experiencia») que Fried consideraba degenerada. En consecuencia, el «teatro», aun
impllcito en el minimalismo, se hace explicito. Cabe sostener que buena parte del arte contem­
poraneo deriva de esta extrapolacion, 0 al menos eso afirma Crimp en su ensayo <<Imagenes»:
5i bien se puede decir que muchos de estos artistas se educaron en el campo de la performance tal y
como la entendia el minimalismo, 10 cierto es que consiguieron trastocar sus prioridades, al conver­
til' Ja siluacion y la duracion literal de Ja escenif'icacion [pelformed event] en un cuadro cuya pre­
sencia y temporalidad son enteramenle psicologicas; la pe1fol'lnance se convierte en una de las dis­
tintas maneras de «representar» una imagen 12 •
Owens tambien cita la sentencia de Fried como ley fundamental de la modernidad tardia, y
la vincula, en tanto que «creencia en la absoluta diferencia entre el arte verbal y el visual», al
orden neoclasico (es decir, las artes temporales, la poesia, etc.,por encima de las artes espa­
ciales, pintura, etc.)13. Esta jerarquia se basa en un «criterio linguistico» que reprimia las artes
plasticas modernas. Asi pues, la emergencia del tiempo que Fried intuia, esta marcada pOl' una
«emergencia del discurso»:
J 1 Este articulo era y es de la maxinla importancia -un autentico catalizador (en relacion a la reacci6n de
Smithson vease su «carta 'II director»,Ar~fonlln 6, 2 [octubre, 1967], p. 4, tambien en Robert Smithson, The
Writings afRo bert Smithson, ed. de Nancy Holt, Nueva York, New York University Press, ] 979, p. 38. Fried se
oponia a la «pcrversidad» del minimalismo, a su desviaci6n respecto a la volunlad de "pureza» propia de la
modernidad tardra. Otl"OS criticos menos perspicaces consideraron que el minimalismo era el non plus ultra de
la reducci6n moderna. Esta especie de contradicci6n -entr'e el implliso rnoderno hacia 1'1 cosa en SI y el impulso
posmoderno hacja la «teatralidad» 0 a la «perversidad)}- podri"a convertir al nlinilllalismo en el escenarlo de un
cambio de sensibilidad, la brimre misma de la (post) modernidad. Vease lambien Michel FHIED, Absorption and
Theatricality: Painting and Beholder in the Age ofDiderot, Berkeley, University of California Press, 1980.
12 Douglas CHIMP, "Pictures», October 8 (primavera, 1979), p. 77 [en este volumen, "Imagenes», p. 177].
Crimp conserva aqUI un cierto historicislllo (indirecto), si bien el pasajc mllestra que no es necesario «ue se cen­
lre en un s610 medio.
I:l Craig OWE'iS, "EarLhwords», October 10 (olono, 1979), PI'. 125-126. A pesar de esto, se considera que la
model'nidad, al menos en origen, fue una revuelta contra el orden neoclasico academico. La confusion de gene­
ros romantica, el sincretismo simbolico, el sUlTealismo... A pes'll' de aparecer como episodios, no se pllede negar
194
La irrupcion dellenguaje en el campo estetieo -una irrupcion que seiialan los textos de Smithson,
Morris, Andre, Judd, Flavin, Hainer, LeWitt, aunque de ningllna manera se limita a elJos- coincide
con la emergencia de la posmodernidad, inclllso podria decirse que es su sintoma definitivo. Esta
«catastrofe» desbarata la estabilidad de la particion moderna del campo estetico en areas discretas
de competencia especifica; uno de los embates que tuvo efeetos mas notorios fue el desplazamiento de
la actividad literaria de los enclaves en los que se habia enraizado hasta langllidecer -la poesia, la
novela, el ensayo ...- y su dispersion a 10 largo del amplio espectro de la actividad estetica ' +.
Owens afirma que gran parte de esta producci6n artistica (pOl' ejemplo, el arte conceptual
o incluso el «arte para un lugar especifico» [site-especific art]) es de indole textual; en este
punto aparece una cita de Roland Barthes: «un texto no esta constituido pOl' una hilera de pala­
bras, de las que se desprende un tinico significado, "teoI6gico" en cierto modo (pues seria el
"mensaje" del Dios-Autor), sino pOl' un espacio multidimensional en el que concurren y se con­
traslan diversas escrituras, nillguna de las cuales es la originaL> 15. El concepto de «lextuali­
dad», tal y como se entiende aqui, tiene un cariz postestructuralista, es decir, se entiende que el
signa no es estable, que no enciena de suyo un significante y un significado. De forma similar,
las obI'as posmodernas no serian una especie de «libro» sellado pOl' el aurar original y con un
sentido definitivo, sino mas bien un «lexto» que se puede leer como un tejido poJisemico de
c6digos. Asi, cuando Barthes escribe a prop6sito de la «muerte del autor», los posmodernos
, infieren la «muerte del artista», al menos en tanto que originador de un sentido unico.
,
(Post) Estructuralismo
ASl pues, hasta cierto punto la dinamica posmoderna vuelve sus ojos al postestructuralis­
mo 16 ; en ambos casos se de~ctib una cultura totalmente codificada 17 • «En la situaci6n de la
posmodernidad», escribe Krauss, «la praclica no se define en relaci6n a un determinado
medio [... Jsino mas bien en ielac16n a las operaciones 16gicas sobre un conjunto de terminos
culturales, para las que puede utilizarse cualquier medio -fotografla, libros, llneas en las pare-
que ponen en euesti6n cualquier caracterjzaci6n de 10 moderno como una mera doctrina del decoro. De heeho.
la «criLica de la l'eprescnlaci6n» es
origin~1111enle un
Inlperatjvo Jlloderno.
'., Ibid., pp.126-127.
15
Roland
BARTl-JES,
«La muel'le dcl au lor», en El susarro dellengllaje, trad. C. Fernandez Medrano, Bar·
celona, Paid6s, 1987, Pl'. 69-70.
1(, Vease Fredric ]")'JESON, Fables ofAggresion: TflyndhamLewis, the Modernist as Fascist, Berkeley, eni.
versity ol'Carolina Press, 1979, p. 20: «La cslelica posleslructuralista conlernporanea [...] marca la disoluci6n
del paradigma model'no -que privilegia el mito y el simholo, la temporalidad, la Conna organica y el universal
concreto, la identidad del sujcto y la conlinuidad de 1a expresi6n lingiiisLica- y pronostica 1a emergencia de una
nueva concepci6n propiamente posmoderna 0 csquizofreniea de la eulLura -que se reformula cstrategicamenle
~'lexto~' 0 ~'ecriture", y que aeentlla la discontinuidad, la aJegoria~ 10 mecanjco, la brecha entre significan­
como
te )' significado, la desapariei6n del significado, la sincopa en la expel'ieneia del sujeto».
17
Si la anterior gencraei6n de artislas fue (en buena medida) la primera que posera estudios superiore,.
esta es la primera que ha naeido en un mllndo anegado pOl' los medios de comllnicacion. Esto ha afectado 2
much os artistas contelnpontl1cos, aSI conlO a muchos direclores de cine. En efecto, el primer ambito de refereo­
eia para estos artisLas suele ser los medios de cODlunicaci6n,
110
1a hisloria del arte.
ASL'OTO:
POST
195
des 0 la propia escultura»18. Por tanto, el artista manipula signos antiguos mediante una logica
nueva: es un retorico que transforma la retorica (incluso los medios se usan como objetos pre­
fabricados que se reutilizanLPara Crimp, If[ pnictica posmoderna no esta vinculada a la auto­
nom!a moderna, sino a «estratos de representacion» -«no buscamos fuentes u orfgenes, sino
estructuras de significaci on: debajo de cada imagen hay siempre otra imagen-»19. En estas «ima­
genes», los mod os art!sticos (pOl' ejemplo, la pelj'onnance) se pueden transponer, los signos 0
tipos genericos chocan, de manera que se transgreden los limites esteticos que se despliegan
como codigos culturales -a traves de «procedimientos de cita, extracto, encuadre y escenifica­
cion-». Para Owens no son solo los medios los que colisionan, sino que tambien 10 hacen los dis­
tintos niveles de lectura y representacion: un «impulso alegorico» deconstruye el paradigma
simb6lico de la modernidad. «Apropiacion, site-specificity, transitoriedad, acumulacion, dis­
cursividad, hibridacion-estas multiples estrategias caracterizan gran parte del arte actual y 10
distinguen de sus predecesores modernos-»20.
Buena parte del arte moderno se basa en una forma dada 0 en un signo publico. As!, pOl'
ejemplo, en las pinturas de estrellas y cruces de Frank Stella, «Ia logica de la estructura deduc­
tiva [... ] es inseparable de la logica del signo»21. Pcro esto no es 10 que ocurre en la mayorfa de
la produccion artistica posmoderna: la estabilidad del signo, el codigo del medio, se vuelven
problemilticos 22 • Por ejemplo, el campo expandido se «genera de este modo problematizando el
conjunto de oposiciones, entre las que se encuentra suspendida la escultura, como categoria
moderna»23. De este modo se abre la significacion: la ohra se libera del termino «escultura» ...
pero solo para arribar a otros terminos como «paisaje», «arquitectura», etc. Aunque ya no este
definida mediante un codigo, la practica sigue estando dentro de un campo. Tras su descen­
tramiento, se vuelve a central': el campo (precisamente) se «expande» y no se «deconstruye».
El modelo de este campo es estructuralista, al igual que la actividad que desarrolla el articulo
de Krauss: «reconstruir un "objeto" de modo que en esta reconst~uccion se manifiesten las
reglas de funcionamiento (las "funciones") de ese objeto»2-l. POl' consiguiente, «EI campo -:
expandido» postula una logica de oposiciones culturales que el postestructuralismo cuestiona
-y tambien, segUn parece, los autores posmodernos-.
Mas que «levantar el plano» de un «campo», 10 que hace Crimp es descubrir «estratos» de
«imagenes». Esto nos remite a Barthes, para quien el tipo 0 «mito» cultural es un compuesto
de signos; y, en efecto, Crimp sefiala que esas pinturas a menudo re-presentan tipos de una forma
tal que consigue «subvertir sus mitolog!as»25. Pero el arte posmoderno no puede limitarse a des­
'3
\l}
Krauss, «Expanued Field», cil., p. 42 [ed_ cast.: cit., pp. 301-302].
Crimp, «Pictures», p. 87 [ell esle volumen, «Inuigenes)), p. 186].
~o Craig OWENS, "The Allegorical Impulse: Toward a Theory of Postmor.lernism (Parte 1)>>, October 12
(primavera, 1980), p_ 7S [en este volut11en, «EI impulso aJegorico: contl-ibuciones... », p. 209].
2'
Rosalind
KRAUSS,
"Sense and Sensibility: Henections on Post '60s Sculpture», ArtforLun 12, 3 (noviem­
bre, 1973), p. 47.
22 No obstante, gran parte del art" posmoderno y de In modernidad tardia esuin reJaeionados en la medida
en que enticnden el senlido como algo externo, no como expl'esi6n de un «yo interiop"
2.' Krauss, "Expanded Field», cit., p. 38 [ed_ cast.: cit., p. 297].
2·'
Boland BARTHES, «La activiclar.l estructUl-alista", en Ensayos Crfticos, trad. Carlos Pujol, Barcelona, Scix
Barral, 1983, p. 257.
2.:; Crimp, «Pictures», cit., p. 85 [en este volumen, «lmagencs,), p. 185J
196
ARTE
DESPL'ES
DE
I.A
"IODER~ID.'D
mitificar, pues ahora la desmitificacion tambicn es mitologica -no es una mera doxa particular26,
sino una doxa que postula una verdad (y un agente de la verdad, el crftico) mas alia de la ideo­
logia. Hoy dia el arte no solo debe cuestionar el «significado ideologico», sino que tambicn debe
«convulsionar» al propio signo (la imagen-debajo-de-Ia-imagen tiene mucho mas que vel' con la
gramatologia de Den-ida, con Ia idea de que el signo esta «siempre ya» articulado pOl' otro signo).
Cambial' el objeto mismo: este es, para Owens, el imperativo del arte posmoderno. POl' su
indole contingente, este arte se da en (0 como) una red de referencias, que no estan necesaria­
mente localizadas en ninguna forma, medio 0 Iugar en concreto. Del mismo modo que el objeto
esta desestl'ucturado, el sujeto (espectador) esta desubicad0 27 y el orden moderno de las artes
descentrado. Asi pues, este arte tiene naturaleza «alegorica»28. Al ser temporal y espacial al
mismo tiempo, disuelve el viejo orden; de igl.wl forma, se opone al «puro signo» que caracterizo
la produccion artistica de la modernidad tardia y se aprovecha, en cambio, de la «distancia que
separa el significante del significado, el signo del sentido»29. No obstante, ~acaso este arte alego­
rico no tiende finalmente a una dispersion del sujeto? ~No lleva a una resignacion melancolica
ante una historia fragmentada y reificada?
Figuras y campos
De este modo la posmodernidad se presenta como una ruptura con el orden estctico de la
modernidad. No obstante el concepto de campo permanece -aunque solo sea a fin de definir su pro­
pia dispersion. Esto es, la posmodernidad esta inmersa en la problematica de la representacion
-que guarda relacion con tipos y codigos, figuras retoricas y campos culturales. Como un discurso,
en un espacio. Su propia «ilegibilidad» es «alegorica», su propia esquizofrenia es estrategica. ~Es
necesario pensar en terminos de campos y figuras de la rcpresentacion? Sin duda; solo de este modo
es posible recuperar la actitud critica. Como practica textual, el arte posmoderno no se puede tra­
ducir: la critica, pOl' tanto, no es su suplemento. Pero entonces, 6que es? ~quc es 10 que la critica hace
cuando se enfrenta a esta produccion artistica? ~Es un codigo mas en el texto artistico? ~Acaso pone
en marcha el mismo juego de signos en que consiste el texto? Mi pregunta, en definitiva, es simple:
~entienden los criticos el arte posmoderno de la forma que parece exigir su naturaIeza textual? «Tan
U,
Roland BARTHES, «Change the Object Itself», en Image-Music-Text, cit., pp. 166-167. Este es Ull peligro
de toda doxa critica en general.
2, Owens escribe a prop6sito de Smithson: «La forma en espiral de Jett)' s610 puede adver-tirse complelamente
a eierta distancia, una distanciaque se consigue al interponer un texto entre el espectador y la obra. Smithson
realiza aSI una disloeaeion radical de la idea de punto de vista, que)'a no esta en funci6n dc la posicion fisica, sino
del modo (fotografico, cinemalogl'afico, textual) de confrontaci6n con la obra de arte» (<<Earthwords», cil., p. 128).
2B Esta no es, pOl' supuesto, In alegol'ia de los niveles de lectura (literal, aJeg6rica~ moral, anugogica) que ordena
un logos, cristiano 0 de cualquier otro tipo. Ese sigllificado transcendental es justamente]o Cltlefalta. POl' tanto, los «nive­
les}} chocan -no es posible una lectura total-. «En la eslructunt aleg6rica. pues~ un texLo se lee a lraves de otro, porfrag­
menta ria, intennitente 0 caotica LJue pueda s;r;", relaeion; el paradigma de la obl'a alegorica es pOl' tanto el palirnp­
sesto». Owen" «Allegorical Impulse (Parte 1)'" cit., p. 69 [en este vohunen, «El il11 pulso alegorico...", pp. 204-205].
~v Owens, «Allegorical Impulse (Parte 2)>>, cit., p. 63. [en este volull1en, p. 222]. Tarticamente resulta obli­
gada planlear una posmodernidacl «alegorjcan frente a una modernidad (~simb6liea». En realidad estos modelos
nunea son Lan
dist.il1tos~
aunque]o cierto es que el arle del siglo
xx tiende a llna inlllaneJlcia cada
vcz mayor.
Asr~TO:
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pronto como se intenta demostrar», escrihe Den-ida, «que no hay significados transcendentales 0
privilegiados y que el dominio 0 juego de la significaci6n ya no tiene limites, se debe rechazar inelu­
so el concepto y la palabra 'signo' -que es precisamente 10 que no se puede hacer»30 (se podria ana­
dir: «Zineluso el concepto y la propia cl'itica?»). Pero esto es precisamente 10 que no se puede hacer
-este es el dilellla epistemologico al que se enfrenta el postestructuralismo y la posmodernidad. Sin
lugar a dudas, esta «catastrofe» tambien tiene una dimension teorica.
-I
Ahora bien, el arte posmoderno a menudo se califica como «deconstructivo», que es 10
mismo que decir que implica una contradiccion; debe usar, al menos como herramienta meto­
dologica, los mismos conceptos que pone en cuestion. Quiza sea excesivo afirmar que esta com-­
plicidad sea una conspiracion, pero las convenciones, formas, tradiciones, etc., solo pueden
deconstruirse desde dentro. En consecuencia, la deconstruccion se convierte en una reins­
cripcion, pues no hay «afuera» (excepto en el sentido positivista de «al margen de los medios»
-una transgresion que confirma ellimite). Es decir, no hay manera de no estar en un campo de
terminos cuhurales, pues es muy posible que sean estos terminos los que nos conforman.
As! pues, si el arte posmoderno es referencial, 10 cierto es que solo hace referencia «a la
~blematiz~ci6n d~ la actividad de la referencia»:l. POI' ejemplo, puede «robar:> tipos e ima­
genes para desarrollar una «apropiacion» de cariz critico -tanto respecto a una cultura en la
que las imagenes son mercancias, como a una practica estetica que permanece (nostalgicamen­
te) apegada a un arte de originalidad. ZEs posible llevar a buen puerto una crftica desde el inte­
rior de las mismas formas que se critican? Una vez mas, la respuesta es afirmativa: Zde que otro
modo podria hacerse? No obstante, esta crriica no puede pretender reemplazar estas forlllas;
10 s-umo puede senalar su indole «mitoI6gica» y acentuar la necesidad de pensar y represen­ tar de otra manera. Hay, sin embargo, otra pregunta menos obvia: los medios dados Zno estan
mediados? Es decir, un medio como la pintura Zse presenta estatico y neutral, 0 esta de hecho
re-formado, re-presentado en y pOl' las mismas forlllas que media?
a
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Apropiacion, textualidad ... estas tacticas parecen exeluir los medios cuya 16gica se basa en
la autenticidad y la ol'iginalidad. Muchos criticos consideran que la pintura es de suyo pro­ blematica, incluso se piensa que la fotografia conserva ciertos vestigios de aura -un aura que
muchos artistas actuales amplian 0 eliminan (en efecto, hoy d!a sigue vigente un cierto tipo
de aura 0 un cierto cuho a la inautenticidad: la imagen hurtada constituye ahora la ley). Este
tipo de negaciones extremas, tienen mas interes para los psicoanalistas que para los artistas y
los criticos. Sin embargo, no deja de ser cierto que los medios siguen logicas historicamente
especificas -del productivismo, pOl' ejemplo, 0 del expresionismo (el primero esta vinculado
a una economia politica obsoleta 32 , el segundo a una psicologia popular de ralea claramente
ideologica).
POI' supuesto, en fechas recientes hemos asistido a un resurgir de la pintura. No solo se han
remozado los viej os modelos, que se presentan como si fueran nuevos, sino que tambien se ha retor­
nado a los viejos valores, que se presentan como si fueran necesarios. Este resurgir es en buena
:)0 Jacques DERIUDA, «La estruclura, el signa y el juego en el discurso de Jas ciencias sociales» en La Escr;.
tura y La Diferencia, trad. Palricio Pefialver, Barcelona, Anlhropos, 1989.
31 Owens, «Allegorical Impulse (Parle 2)>>, cit., p. 80 [en este volumen, «El impulso aleg6rico ... », p. 235].
,32 Jean BAUDRILL,\RD, EL espejo de La producci6n, cit., «EJ impulso alcg6rico... », :vIexico, Cedisa, 1983.
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A,l"~TO:
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~~dida regresivo -0 mas bien, defensivo. Muchos parecen creer que la pintura -su especificidad­
tiene efectos criticos en nuestra sociedad inundada de «informacion». Los viejos temas (la creativi­
del a1'tista, la autenticidad del arte) han reaparecido, precisamente pOl' su canlcLer extempora­
neo, como medio de resistir a la completa mediacion (010 que es 10 mismo, a la completa absorcion en
el programa consumista de los medios de comunicacion). Desde esta posicionnostalgica, se entiende
que la posmodernidad es complice, y no critica, de las formas mediaticas que nos inundanB .
En distinto grado, ambas posiciones simplifican eI problema, pues ambas parecen suponer
que los medios artisticos, en cuanto represenLaciones 0 instituciones, se encuentran al margen de
otras representaciones 0 instituciones, y asi son incapaces de vincularlos a alguna c1ase de posi­
cion critica 3-l. En.la critica posmoderna, este fenomeno puede apreciarse en la tendencia a redu­
cir la pintura a la "pura» pintura, que ahora se consider.. reificarla y, en general, en la tendencia
a recuperar el «positivismo del medio» propio de la modernidarl. tardia y, pOl' 10 tanto, a dar cre­
dito a una imagen formalista de la modernidad que es relativamente facil de refutal'.
Los posmodernos solo utilizan este dogma tardo-moderno para confirmar su reduccion, a la
que, pOl' Lanto, estarfa sujeta la modernidadad tardia. Esto resulta mas claro en 10 que toca a los
medios: puesto que se identifican con la modernidad, se extingl.len con ella. La falacia aql1i consiste
en derivar a partir de algunos ejemplos historicos la logica de un medio para despues entenderla,
al margen de estos ejemplos, como algo esencial al medio. Esta operacion -una suerte de formalis­
mo- afirma el caracter inmanente 0 mediato del arte, solo para negarlo despues. Y, en la practica,
supone un distanciamiento respecto de los clistintos desplazamientos modernos de los medios.
Esto da pie a una segunda pregunta en torno a la posmodernidad: expandir el campo este­
tico, transgredir las clausuras formales, hurtar imagenes, desnaturalizar los signos dados, cues­
tionar los mitos culLurales, prohlematizar la acLividad de referencia, etc. ~hasta que punLo estas
tacticas son ajenas a la modernidad? Tanto PiC~3S0, como Pollock y Smithson desestructuraron
l~s modos de significacion que habian heredado. Tanto Magritte, como Johns y Laurie Ander­
son postulan formas de interferencia retorica. No es posible recuperarlos a todos como pos­
modernos 0 proto-posmodernos. La estrategia de apropiacion, como se puede ver tanto en
Duchamp como en Rauschenberg, tienen origenes modernos, al igual que el impulso decons­
tructivo -a menudo se ha dicho que el arte moderno surgio con el fin de la ll1etaf'isica (la cues­
tion es entonces, ~puede el arte servir a modo de sus tituLo ?).
"El impulso deconstrucLivo», escribe Owens, «debe diferenciarse de la tendencia autocriti­
ca de la ll1odernidad,,35. Esto es de sUll1a importancia para entender la ruptura posmoderna,
'a'aa
3:i
Esla eita es rcpresentativa: «Ese arle que se declara autoconscienle de Sli radicalidad -10 que significa
I.wbitua1mcnte que es tecllica y malerialrnenH~ radical, pues 10 {Inieo que avanza es 1a tecnica y no el eonlenido
mental- no
CS ll1cl.S qUf lin
espejo dellnundo tal y como es, en vez dt"
Sf'r
una r.ritjca». Barbara ROSE,ArnericCtI1
Painling: The Eighties, Buffalo, Thorney-Sidney Press, 1979, p, 12,
3-1
Pllede que esto no sea verdad ni siquiera respecto a la «pura» pinlura. La voillutaci de pureza no Sf refiere
(ll1iCillnente ala 3utonol1113 -tam hi en sirve para desnaturalizar esencias que son meras c:onvenr.iones. De esle modo
es, cuanda menos, analo~a a una critica mucho nUlS amplia (incluso se pocJria afinllar que las convenciones esteti­
cas codifiean las convenciones sociales y, asi, la volunlad de purezn realmcnte forma parle de esla critical, En e1 arle
dc la mode)'nidad Lardia,]a crilicn se cenLra pn cada media no tanto pOl' lin i.lUjlerativo del decol'o, como pOl' la nece­
sidad de lin Jenguaje aceptaclo. Pues, tina vez mas, sin esle, (.como fJodria articularse Ulla tentaliva crltiea 0 decons­
lructiva? De nuevo se trata de LlnCl eues66n rclaclonada ron Ja deJinjcion del «campo» del arte.
3,
Owens,. «Allegorical Impulse (Part 2)>>, cil., 1',79 [en este volumen, «E] impulso alegorico ... », p. 235].
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ART E
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y sin duda ambas operaciones son diferentes entre SI: la auto-critica, cenlrada en un medio,
tiende (al menos bajo la egida del formalismo) a 10 esencial 0 «puro», mientras que la decons­
truccion, pOl' el contrario, descentra y revela la «impureza» del significado. No obstante, a dife­
rencia de la autorreflexividad (con la que a menudo se combina), la auto-crHica no impone una
clausura. De hecho, puede poner en marcha la deconstruccion (como en efecto ha ocurrido en
la historia reciente de la teoria critical, de forma que si la posmodernidad deconstruyera real­
mente la modernidad, apareceria como una discursividad en su seno.
Ciertamente, para que pueda considerarse una ruptura epistemologica y no meramente
un termino cronologico 0 estillstico, la posmodernidad debe basarse en alguna forma de cono­
cimiento -y, pOl' tanto, en condiciones materiales- sustancialmente diferente del moderno (una
nueva tecnica, pOl' ejemplo, puede permitir -aunque no entablar- una nueva manera de ver).
Quiza esta forma exista: conocerla requerira una arqueologla foucaultiana; postularla en estos
momentos, sobre la base de efectos esteticos, parece un tanto precario. La practica reciente ha
efectuado una desfamiliarizacion, un extrafiamiento (terminos esencialmente modernos) que,
a su vez, acentua la naturaleza historica, es decir, condicional, del arte. Y sin duda es impor­
tante insistir en la especificidad cultural de la modernidad. No obstante, digamoslo una vez
mas: delimitarla ahora en terminos de una ruptura absoluta resulta, cuando menos, pro­
blematico.
Con todo, la posmodernidad se define como una ruptura. En esto se parece a la modernidad
que, a pesar de su historicismo, a menudo utiliza una rel6rica de la discontinuidad. Al igual que
la modernidad, la posmodernidad se afirma frente a un pasado que se percibe como inerte;
de este modo, recurre en parte al viejo imperativo de la vanguardia y su lenguaje de crisis
(tanto en el sentido de «juicio» como de «separacion»). Tal y como se ha sefialado, en el ambito
del arte eslas crisis tienden a redimirse institucionalmente (en el museD y en la historia del
arte), una recuperacion que, junto con cl pluralismo, es el mayor problema del arte con tem­
poraneo. Ciertamente, se hace necesaria una revision del historicismo que recupera y reduce
incluso a medida que provoca 10 extremo, una revision en la que la serie de rupturas, carac­
teristica de la modernidad, se yea <<DO como una sucesi6n de vanguardias -en la que la evolu­
ci6n pOl' discontinuidad sustituye al evolucionismo de la continuidad- sino bajo la forma de
una constelaci6n problematica cuya organizacion sistematica haga estallar el siglo xx como una
sincronia deconstructiva»36.
Los partidarios de la posmodernidad suelen ser muy conscientes delmomento historico.
En consecuencia, su desplazamiento de la modernidad, a la que reducen y obligan a entrar en
ellibro de la cultura, mas parece una exclusion que una deconstruccion. En lugar de reducir
la modernidad, es preciso revisarla: abrir su supuesta clausura. Y quiza la posmodernidad
tambiel1 sea esto. Aunque reafirma el dogma de la modernidad tardia, tambien reordena los
discursos modernos (por ejcmplo, se favorecc a artistas como Duchamp 0 Klee, y a cdticos
como Baudelaire 0 Benjamin). De este modo, quiza no sea tanto una ruptura con la moderni­
dad como un paso adelante en una diaIectica en la que se re-forma la modernidad. Ciertamen­
te, cualquier concepcion seria de la posmodernidad, debe sostenerse desde la convicci6n de
que «un sistema que exige correcciones, traslaciones, aperturas y negaciones es mas uti! que la
36
Jean-Claude
LEBENSZTE.JN,
"Star», October 1 (primavera, 1976), p. 99.
ASU\!TO:
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ausencia informulada de sistema; asf se evita, afortunadamente, la inmovilidad del parloteo
infantil, se entra en la cadena historica de discursos, en el progreso (progressus ) de la discur­
sividad,,37.
Post scriptum
Este ensayo, escrito en el invierno de 1980, esta marcado por una epoca en la que el arte,
con un injerto de postestructuralismo, parecfa renacer como Texto, al menos en Nueva York
-sin que la crftica prestara demasiada atencion a sus usos sociales y a sus filiaciones discursi­
vas-. Pero si este escrito tiene un tonG demasiado exclusivista, no es menos cierto que es,
ademas, demasiado concreto -una respuesta local a un movimiento local-.
«Posmodernidad" era yes un concepto conflictivo. 5u ruptura con la modernidad es dudo­
sa, a pesar de que, sin duda, ha contribuido a erosional' muchos paradigmas modernos. Yaun­
que el termino puede parecer anacronicamente vanguardista, ya se empleaba en un discurso en
el que 10 que se dieron en llamar estilos posmodernos parecfan ser el vehfculo de intenciones
vigorosamente antimodernas. En medio de este embrollo, 10 que yo pretendfa era proporcionar
argumentos en contra de una modernidad absorta en su propia imagen (formalista) degrada­
da y en favor de una concepcion no meramente instrumental de la posmodernidad.
Por 10 general, la posmodernidad se concibe en terminos restringidos (estilfsticos) 0 recu­
perativos (historicistas) -0 bien de forma grandiosa, como signa de una nueva episteme, de una
nueva formacion discursiva distinta de la moderna (con su insistencia en una historicidad
especffica de cada disciplina, y gobernada por el Hombre). El problema es que este modelo s610
alcanza a explicar la posmodernidad como ruptura, mas no como «reestructuracion". De este
modo, parece necesario periodizarla en formas cuya textualidad sea mas material-quiza en
terminos marxianos, como L1na coyuntura de problematicas especfficas (bajo esta luz, puede
rebatirse a quienes reehazan la posmodernidad arguyendo que sus elementos se fundan en la
modernidad, recordandoles que esos elementos se disponen ahora en un nuevo orden, trans­
formados en cuanto allugar que ocupan y a los efectos que producen).
En todo caso, las propias limitaciones de este ensayo fueron un estfmulo para considerar el
problema de la posmodernidad con mayor amplitud (10 que dio pie a la reeopilacion The Anti­
Aesthetic: Essays on Postmodern Culture37bis). Esto, a su vez, suscito un nuevo proyecto: tratar
de considerar la (post) modernidad no tanto como el gobierno de un unico gran paradigma
cuanto, mas bien, como la pugna de muchas formas «menores,,; y un nuevo imperativo: pen­
sar mas alla de los lfmites de la cr£tica.
37 Roland BARTHES, «Escritores, Intelcctualcs, Profesores», en Lo obvio y 10 obtnso, trad. C. Fernandez
Medrano, Barcelona, Paid6s, ] 936, p. 323.
371>;, Ed. cast.: La posmodernidad, lrad. Jordi Fibla, Barcelona, Kair6s, 1933. [N. de los T]
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