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Pensando después de 200 años - Horacio Cerutti Final

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Pensando después de 200 años - Horacio Cerutti Final
Pensando después de 200 años
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando
después de 200 años
Pensando después de 200 años
Directorio
Personal del CAEIP
Rodrigo Medina de la Cruz
Gobernador Constitucional del Estado
de Nuevo León
Ismael Vidales Delgado
Editor
José Antonio González Treviño
Secretario de Educación del Estado de
Nuevo León y Presidente de la H.
Junta Directiva del CECyTE, N.L.
Linda Estrada Rodríguez
Preedición, formatación y
diseño de portada
Rosa Aidé Pérez Alcocer
Revisión y corrección de textos
Luis Eugenio Todd Pérez
Director General del Colegio de
Estudios Científicos y Tecnológicos del
Estado de Nuevo León (CECyTE, N.L.)
Autor
Horacio Cerutti-Guldberg
Portada
“Cerebro”. Dibujo a tinta china con color digitalizado de la colección
“Las maravillas del cerebro” de Benito Estrada
Pensando después de 200 años
CECyTE NL-CAEIP, Andes N° 2720, Colonia Jardín
CP 64050, Monterrey, N. L., México. Teléfono 0181-83339476
Telefax 0181-83339649 e-mail: [email protected]
Primera edición: julio de 2011
Colección. Altos Estudios N°. 28
Impreso en Monterrey, N. L., México
Distribución gratuita. Prohibida su venta. Se autoriza la reproducción con fines
educativos y de investigación, citando la fuente. La versión electrónica puede
descargarse de la página www.caeip.org
Pensando después de 200 años
Índice
Comentario inicial / 5
Prólogo / 9
Las independencias de América Latina, génesis, proceso y
situación actual / 11
En ocasión de los bicentenarios ¿lograremos al fin la
emancipación? / 19
Bicentenario y revolución: la emancipación de las ideas / 25
Nuestra América / 35
¿Revoluciones en el siglo XXI? / 41
Sea realista, pida lo imposible / 47
Crisis: ¿oportunidad? / 57
Para colocarnos modestamente a la altura del legado
sanmartiniano / 63
Después de doscientos años: tareas pendientes / 83
La simbólica ¿espacial? del bicentenario en América Latina
del siglo XXI - Mirando hacia el futuro / 85
Acerca del autor / 99
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
4
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Comentario inicial
El pingüino se divierte patinando sobre el agua
congelada de un lago del Sur, pero eso no le impide
pensar (porque los pingüinos piensan) que hay algo muy
importante que él no ha realizado todavía: volar. Tuerce
su cuello para mirar sus alas, advierte que no están muy
desarrolladas, sin embargo, parecen recordarle que él,
después de todo, es un ave.
-Ismael Vidales
E
sta es una edición al alimón entre México y Brasil. Ocurre,
como suelen ocurrir las cosas que Horacio tiene una fila de
editores que buscan sus productos y generoso como es él,
recibió al unísono la solicitud de Eugenio (Brasil) y la mía (México),
así que salomónicamente, decidimos publicarla en ambos países.
El contenido está integrado por una selección de textos
provocadores, incitadores a la reflexión, según costumbre de la
congregación de filósofos en auditorios específicamente
convocados para tal ejercicio. La obra, para beneplácito de los
lectores, recoge los frutos de siembras devotamente cuidadas, en
las que con rituales cuasi mágicos Horacio depositó la simiente
cubriendo los suelos latinoamericanos y de otros lares: México,
Venezuela, Argentina, Varsovia…
El lector, tendrá el privilegio de recuperar los textos que
otros disfrutaron, confrontaron, aprobaron o desaprobaron en los
siguientes escenarios: el Foro “Las Independencias de América
Latina: génesis, proceso y situación actual” realizado en la
República bolivariana de Venezuela; el “II Congreso Internacional
Extraordinario de Filosofía” que tuvo lugar en San Juan, Argentina;
el “XI Congreso de SOLAR” realizado en Bahía Blanca, Argentina;
la obra Diccionario Tiempo y Espacio editado en México (2008)
por el IPGH/UNAM/OEA; en el “XV Coloquio de Investigación del
CIALC”; en el “Seminario Permanente de Derechos Humanos”; en
“La Feria del Libro de Buenos Aires”; en el “Seminario Permanente
de Filosofía Mexicana”; y en las “Jornadas: Conmemoraciones del
Bicentenario Latinoamericano”.
A lo largo de este periplo de ideas, ciudades, eventos,
encuentros y eventuales desencuentros, a manera de un hilo
conductor, Horacio va como dardo orientando la palabra
inquisidora en busca del fin y el origen de cuanto somos y hacemos
5
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
en la vida: la ética, pero no esa ética, definida como “lo que falta a
los demás” , ni esa otra enunciada como “un código del deber ser”,
sino la que enuncia -parafraseando a Martí- en el epígrafe de su
texto Sea realista, pida lo imposible la ética “…del poder ser, o más
aún, la expresión de una impostergable necesidad: o somos éticos y
salvamos la Naturaleza y con ella, la civilización humana, o nos
autodestruimos. Nada más práctico1.”
Si hay algo que comparto y que me gusta compartir con
Cerutti, es ese constante señalamiento de que “Salir de la crisis, en
el sentido de salir de las espirales de las crisis, hacer viable una vida
plena de dignidad humana… es imposible en el capitalismo, es
completamente imposible dentro de las reglas del juego del sistema
capitalista”.
Solo que… la destrucción del capitalismo, causa de nuestros
males, “no es misión salvífica (con talante religioso), sino requisito
indispensable de sobrevivencia secular, no sólo de los humanos,
sino de los seres vivos.”
Y, así, lo que pareciera un grito levantisco, una urgencia a
tomar las armas y destronar a los ricos para operar una vuelta al
socialismo, no lo es tal, Horacio ofrece propuestas, alternativas, la
mejor de ellas va en el sentido de repensar al asunto sirviéndonos
de nuevas lecturas, fecundas publicaciones cargadas de nuevas
ideas, siempre en busca de respuesta a la monumental pregunta
¿Debemos esperar a que se agote el capitalismo o debemos intentar
construir una auténtica alternativa al mismo?
Esa es nuestra utopía, esa es la consigna: volveré y seré
millones.
Me hubiera gustado tomar todos los textos de Horacio y
meterlos en un zip que pudiera mostrar en este breve espacio, toda
la carga conceptual y emocional que poseen, pero habría sido
irreverente y desproporcionado, por ello, solamente bordo en estas
líneas, la provocación en el ánimo del lector, para internarse en esa
aventura de llegar finalmente, al encuentro consigo mismo.
1
Citado por Ubieta, en el mismo texto de Cerutti.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Mientras tanto, como en aquella mítica reunión de líderes
religiosos en busca de elementos que los llevaran a la distensión
para lograr la convivencia pacífica, al no llegar a ningún acuerdo
sólo lograron llevar a sus destinos, como un eco las palabras de
despedida del líder religioso convocante “ya que no pudieron
construir consensos, mantengan el rumor de que Dios existe”.
-Ismael Vidales Delgado2
Director del CAEIP. Maestro en Pedagogía. Autor de más de 170 obras
escolares, culturales e investigaciones.
2
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Prólogo
U
n gentil y generoso ofrecimiento del colega y amigo Eugenio
Rezende de Carvalho me hizo reunir esta selección de
algunos de los trabajos que he realizado con motivo de los
Bicentenarios. Eugenio tendrá la amabilidad de traducirlos y
editarlos en portugués en Brasil. Eso me da mucho ánimo, porque
es un modo de incrementar nuestras relaciones de interlocución y
porque Brasil, como se verá, está muy presente siempre en mis
reflexiones.
He creído que el orden más significativo en que se pueden
presentar estos trabajos es el cronológico de su elaboración. Ello
permitirá contextualizarlos adecuadamente, tomando en cuenta
que abarcan del 2006 al 2010. En medio se cruza la crisis de 2008,
clara y explícitamente aludida. Como hoy tenemos de trasfondo el
tunecinazo y todo lo que se ha derivado posteriormente en el
mundo arábigo.
Seguramente se hará claro que quienes tengan la gentileza
de leerlas, que subyace a estas reflexiones la convicción de que
conmemorar requiere inventar y asumir mejor responsabilidades
desde hoy hacia el futuro. Todo ello en busca de la dignidad plena
que como seres humanos (mujeres y varones) merecemos.
Las dificultades epistemológicas aludidas y a abordar
requieren de aventurados enfoques. Por ello asumo un proceder
metodológico concentrado en renovados e incansables acosos para
ver si logramos esclarecerlos y disponer de instrumentos teóricos
más
adecuados
para
comprensiones,
interpretaciones,
esclarecimientos y acciones eficaces. Nombrar es un inmenso
desafío y está siempre presente en estos procederes.
Y, finalmente, no cabe ignorar los antecedentes sesentistas y
setentistas de estas preocupaciones. Quizá desde ciertas
recepciones eso implique culpabilidad. No quisiera enfocarlo desde
esa perspectiva, aunque seguramente algo habrá de ello. Más bien,
quiero enfatizar el renovado apasionamiento y esfuerzo por lo
alternativo que resurge sin duda con inmensa fuerza en estas horas
siempre cruciales.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Agradezco de nueva cuenta a Eugenio, a mis estudiantes,
colegas y a Alejandra Altamirano, quien ha tenido la gentileza de
ayudarme a organizar estos materiales.
-Horacio Cerutti-Guldberg
Cuernavaca, Morelos, México, 12 de marzo de 2011
10
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Las independencias de América
Latina, génesis, proceso y
situación actual
3
D
istinguidos integrantes del presidium, colegas, amigas y
amigos. Sólo la inmerecida generosidad de los
organizadores puede hacer que -no siendo especialistas en
la obra y en la vida de Francisco de Miranda, aunque sí
admiradores de los indispensables trabajos de algunas de sus
eruditas estudiosas como Carmen Bohórquez y Estela Fernándezhagamos uso de la palabra en esta Sesión Inaugural4.
Creemos que hay que tomar muy en serio lo que
mencionaba la Señora Rectora y que reiteró la Doctora Carmen
Bohórquez. La relación entre estas tres instancias de la
temporalidad: el pasado, el presente y el futuro. Reconstruimos la
memoria histórica siempre desde el presente. Es una obviedad,
pero hay que repetirlo. Desde el presente reconstruimos el pasado
no para jugar con él, para evadirnos hacia el pasado, sino para
reconstruirlo desde el presente y, también desde el presente,
construir el futuro. Recuperamos así las tres instancias de la
temporalidad, tomando en cuenta la tensión utópica entre realidad
insoportable e ideales irrenunciables.
Esperamos aprender mucho en estos días sobre la génesis y
el proceso de la independencia de la cual Miranda fue Precursor y
protagonista inicial. Así lo augura la presencia de destacados
investigadores que nos acompañan. No tanto de lo que aparentó
3 Transcripción ulterior de la Conferencia magistral en la inauguración del Foro
del mismo nombre el 31 de julio de 2006 en La Vela de Coro, República
Bolivariana de Venezuela. Hemos decidido conservar el estilo oral de la exposición
y las interrupciones del público asistente, dado el carácter casi dialogal que surgió
en esos emotivos momentos de reflexión colectiva. No es común que una
conferencia sea animada por aplausos y carcajadas. Sólo la riqueza del actual
proceso sociopolítico venezolano hace posible esas situaciones sorprendentes.
4 Cf. sus trabajos de lectura indispensable: Carmen L. Bohórquez-Morán,
Francisco de Miranda, Précurseur des indépendances de l’Amérique latine.
Préface de Marie-Cecile Benassy. Paris, L’Harmattan, 1998, 332 págs. (hay
ediciones en castellano en Cuba y Venezuela); Estela Fernández Nadal, Revolución
y utopía. Francisco de Miranda y la independencia hispanoamericana. Mendoza,
Argentina, Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, 2001, 355 págs.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
ser, sino de lo que fue: un conspirador lleno de contradicciones,
capaz de llevar adelante sus ideales y sus sueños contra viento y
marea. Deseamos encontrarnos más cerca con el Conspirador de
carne y hueso que fue. Pletórico de altas y bajas e inextricables
meandros en sus dilatados itinerarios. Percibirlo de carne y hueso,
justamente para no caer en los reduccionismos de la presunta
‘teoría’ conspirativa de la historia. Y probablemente tengamos que
enfatizar esto del Conspirador, justamente para no caer en el
reduccionismo de las visiones conspirativas de la historia. Pero,
sobre todo esperamos que perfilemos cada vez más y mejor las
líneas o el boceto de las independencias que tenemos pendientes.
Por ello, quizá nos corresponda enunciar algunas de las
expectativas y hasta angustias desde las cuales sentimos que
afrontamos tan sugerente temática con ocasión del Bicentenario
que hoy nos reúne. Explicitar con qué expectativas venimos a
participar de esta reunión, venimos a aprender, venimos a
compartir en esta reunión.
La primera expectativa, por lo menos es nuestro anhelo, es
que podamos hacer un trabajo en equipo. El primer desafío tiene
que ver con el trabajo en equipo. Nuestras rutinas académicas nos
llevan muchas veces inercialmente a compartir lo que sabemos.
Generalmente la academia, las rutinas de la academia obligan a
reunirse para exhibir lo que sabemos. Pero, mucho menos, lo que
no sabemos y quisiéramos o deberíamos saber. Tenemos la
impresión de que quienes hemos venido aquí, por supuesto vamos
a exhibir lo que sabemos -para eso hemos pasado la vida
enseñando e investigando-, pero también tendríamos que poner en
común lo que no sabemos y lo que quisiéramos y deberíamos saber.
En esto tendríamos que poner el acento. Y eso nos parece que es
fundamental para que podamos ser fieles al legado mirandino. Es
lo que intentaremos enfatizar a continuación, con todos los riesgos
que conlleva.
Por otra parte, esto nos pone también en un tremendo
desafío para los intelectuales, los que por profesión nos dedicamos
al trabajo intelectual, al trabajo académico y que muchas veces en
las últimas ya casi dos décadas perdidas en América Latina hemos
estado, permítasenos la expresión, al margen, tales como
ignorantes de los anhelos, de las luchas, de las orientaciones de
nuestros pueblos. Hay que estar a la altura de las circunstancias y
las nuevas circunstancias exigen la mejor elaboración conceptual, el
mejor conjunto de ideas que seamos capaces de concebir. Esto
supone redefinir o, al menos, tener una actitud de apertura para
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
redefinir nuestro papel como intelectuales. Habida cuenta de que,
salvo honrosas excepciones que por suerte siempre las hay, como
colectivo estamos lejos de colocarnos a la altura de las exigencias,
compromisos, valentía y creatividad que la coyuntura
nuestroamericana y mundial nos exige.
Aquí topamos con una dificultad grandísima y es que
nuestro acceso a la realidad está siempre mediado por el lenguaje.
Y el lenguaje, la palabra, suele jugarnos muy malas pasadas.
Creemos que ya hemos aprendido que no se gana mucho con
excluir o satanizar palabras. El problema, más bien, es redefinirlas,
reconceptualizar esas palabras. Y en eso tenemos nosotros como
intelectuales un papel fundamental que cumplir. Este segundo
desafío y hasta obstáculo, que a continuación nos arrolla y casi nos
abruma, tiene que ver nada menos que con el lenguaje. Su
mediación es indispensable e ineludible. Pero, las palabras suelen
jugarnos malas pasadas. No tiene mucho sentido satanizarlas por
su manipulación ideológica constante y reiterada. Suele ser éste un
ejercicio boomerang. Lo que no podemos hacer es renunciar a
redefinirlas y reconceptualizarlas incansablemente.
Apalabrándonos llevamos más de dos décadas perdidas en
que nos quieren convencer -y en esto juegan un papel decisivo
intelectuales- de que sólo la dependencia es racional. Aquí
deberíamos preguntarnos con toda fuerza ¿serán posibles las
independencias que nos faltan? ¿No es un sueño irresponsable y
hasta irracional pretender nuestra autonomía? Y nos atreveríamos
a responder con la misma fuerza: sólo rompiendo las dependencias
internas y externas podremos ser interlocutores válidos y
protagonistas de nuestra propia historia y de nuestro aporte a la
historia mundial.
La pregunta (nos parece ser decisiva) que nos convoca en
esta reunión, es si estamos condenados sólo a la dependencia. Si
estamos condenados sólo a la sumisión. Y pareciera que no. El caso
de esta República Bolivariana de Venezuela nos llena de energía a
los que venimos desde afuera, porque se ve efectivamente que no
estamos condenados a la dependencia ni al servilismo, que tenemos
posibilidades de construir alternativas y de hacer realidad nuestros
sueños diurnos. Y para poder hacer esto es necesario enfatizar el
protagonismo de todas y todos, de cada uno de nosotros, de nuestra
gente. Si no hay ese protagonismo, si no se descubre, si no
descubrimos en la cotidianidad que somos capaces de poder..., de
poder-hacer aquello que parece imposible de hacer, entonces no
vamos a avanzar. Y creemos que aquí en Venezuela se han dado
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
pasos decisivos para ello, pero en muchos otros lugares de nuestra
América el retraso en este sentido es gigantesco. Y estamos
hablando desde fuera de Venezuela. Por ejemplo, aquí se vio la
importancia que tiene no ser ciudadano pasivo respecto de la
comunicación, respecto de los medios de comunicación, porque
resulta que los medios de comunicación reconstruyen la realidad,
reconstruyen parte del espíritu de la realidad y son demasiado
importantes para que los dejemos exclusivamente en manos
privadas, en manos de aquellos poquitos que pueden pagar para
contarnos su versión de lo que es la realidad. Aquí ustedes están
haciendo el esfuerzo de asumir la tarea de la comunicación como
tarea de la gente. De asumir la tarea de la información y de darle
sentido a la realidad a partir de lo que vivimos en nuestra
experiencia cotidiana. De eso estamos excluidos la mayoría de los
latinoamericanos, que tenemos que conformarnos con lo que nos
cuenta la caja imbécil. Es claro, entonces, que se requiere recuperar
el control y el protagonismo que nos corresponde como ciudadanos
y ciudadanas en un orden auténticamente republicano. Para eso,
para consolidar, esa vía es menester dar cauce a las iniciativas que
parten de las bases de nuestras sociedades. Apreciarlas, valorarlas,
aprehender de ellas y no descalificarlas o colaborar en
invisibilizarlas de entrada. Este protagonismo tiene que ver con el
ejercicio y la ejercitación colectiva de ese poder-hacer al que hemos
hecho referencia. Poder-hacer justamente aquello que diariamente
nos quieren convencer que no se puede, que es imposible. Y para
eso hay que asumir responsabilidades delicadas, como la de la
comunicación y los medios destinados a la información.
Hacernos cargo de la información y de la comunicación del
conocimiento de nuestra realidad, tiene que ver también con el
respeto a nuestras culturas originarias. Es necesario tomar muy en
consideración el aporte de nuestros pueblos originarios. Pero, con
una salvedad. Debemos cuidarnos de sacralizar las culturas como si
a su interior todo fuera homogéneo. Se puede decir que nuestra
cultura es mestiza o mezcla de culturas. Estaríamos de acuerdo que
se hable de interculturalidad siempre y cuando coincidamos en que
no hay ninguna cultura pura, que no hay ninguna cultura
homogénea a su interior, que lo que en realidad nos interesa son las
personas, sean cuales sean los códigos culturales con los que deban
moverse, sean cuales sean las matrices culturales que les brinden
sentido a su cotidianidad. Interesan las personas. Es desde ellas
que la creatividad plena se desplegará.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
E interesa también la política. Y éste es un grave desafío,
inmenso. Asumir la política como una tarea que es de todas y todos,
de cada uno de nosotros y no algo que tenemos que delegar.
Nuestra participación política en las democracias formales queda
reducida a lo que hacemos bien en unos segundos de libertad.
Marcamos una cruz, que se convierte en un cheque en blanco y
después nos importa exigirles a los representantes por los que
hemos votado que cumplan con el mandato que la ciudadanía les
ha dado. Por lo tanto, digo, es demasiado importante la política
para dejarla en manos de esos personajes llamados políticos
profesionales que, en general en nuestra América, son una casta
deleznable de corruptos dispuestos a venderse al mejor postor.
Claro que excepciones significativas las hay, pero la mayoría está en
esta actitud, olvidándose completamente de quiénes son los que
estamos en la base de la sociedad y que les estamos exigiendo que
cumplan esos mandatos para poder satisfacer las necesidades
cotidianas que nos agobian.
Y de la misma manera (aplausos)... Muchas gracias. De la
misma manera creemos que deberíamos enfrentar esos juegos, esas
manipulaciones con las palabras de las que hablaba antes. Hoy se
ha puesto de moda en algunos países por parte de las elites políticas
dominantes y por parte de los medios masivos de comunicación
privada descalificar a todos aquellos que intentan apoyar la
movilización y la organización política de las bases populares,
descalificándolos con el término de ‘populistas’. Los que hemos
vivido el populismo históricamente en América Latina sabemos
perfectamente cuál es la trampa fundamental del populismo. La
trampa fundamental era, por parte de un personaje que podría
tener muchas capacidades y que se sentía iluminado, decir:
“señoras, señores, salgan a la calle, porque yo los convoco”. Y una
vez que estábamos: “señoras, señores, vuelvan a sus casas
tranquilamente, que yo ya voy a negociar aquí en lo oscurito el
asunto y no vuelvan a preguntar hasta que yo los vuelva a
convocar”. Es decir, salgan a la calle, pero no se organicen ustedes.
No se organicen políticamente desde la base de la sociedad para ser
protagonistas y tomar decisiones en aquello que nos afecta a todos.
Y esto es lo que han hecho hasta el cansancio nuestros tecnócratas
políticos neoliberales y resulta que ahora dicen: no hay que ser
populistas... Según ellos, Chávez es populista, Evo Morales es
populista. ¡Por favor, con todo el respeto que les tenemos, que
sentimos por el Comandante Chávez y por Evo Morales, ninguno de
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
los dos estaría donde está si no fuera por la organización del pueblo
Venezolano y por la organización del pueblo Boliviano! (aplausos)...
Y aquí hemos de tocar un punto que es decisivo para evitar
ese riesgo de llenar de incienso a personajes de nuestra historia, de
convertirlos como decíamos en personajes inalcanzables. Miranda
fue un genio y no vamos a poder hacer lo mismo que él. Bolívar fue
un genio y no vamos a hacer lo mismo que él. Martí... ¡Claro que
fueron genios! ¡Claro que fueron personajes extraordinarios! Pero,
lo importante no es eso. Lo importante es que cada uno de nosotros
pueda estar a la altura de las circunstancias y hacer eso o quizás un
poco más. Porque a lo mejor esta coyuntura que nos congrega y el
futuro inmediato tienen más dificultades, incluso, que las
dificultades que ellos afrontaron. Y aquí viene el problema del
papel de los líderes, de las carismáticas, de los caudillos, de las y los
dirigentes políticos. Siempre se descalifica a América Latina
diciendo: ésta es una región de caudillos. Es una región donde unos
líderes que se suponen carismáticos toman decisiones y no dejan a
la gente participar. ¿Cómo no lo vamos a saber, si en Venezuela se
escribió aquel libro clásico sobre el cesarismo democrático? Según
él, hay que decir que el pueblo es como un niño y que la democracia
no es ahora para todos. Es como esos cartelitos que ponen en las
tiendas: hoy no se fía mañana sí. Siempre es hoy... (risas). Entonces
hay que seguir esperando hasta que un día seamos adultos y
podamos participar... ¡Este cuento ya no nos lo creemos nosotros
en América Latina! ¡No nos lo podemos creer! Lo que tenemos que
creer y que efectivamente hace falta con urgencia efectuar es unir el
esfuerzo colectivo. Un esfuerzo colectivo coherente, fiel a nuestros
anhelos, necesidades y antecedentes históricos.
La situación de Venezuela juega en este contexto un papel
que consideramos paradigmático para nuestra América. Los
intelectuales tenemos que pensar, en Venezuela y fuera de
Venezuela, y como ciudadanos y ciudadanas que somos, y la gente
en general también, ¿cuál es el papel de las Fuerzas Armadas?
Estamos hablando de un Generalísimo y de un Almirante,
Francisco de Miranda. Por ello cabe preguntarnos, ¿cuál es el papel
de las Fuerzas Armadas? Y es el papel de la defensa y de la
protección de nuestra seguridad, justamente para llevar adelante
nuestra convivencia civil y entonces es fundamental que nosotros
asumamos también esta tarea como una tarea de la ciudadanía. No
como una tarea sólo de un sector, sino una tarea en la que tenemos
que participar. Así como es importante no dejarles todo a los
políticos para que hagan lo que quieran, también es importante no
16
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
dejarles todo a los militares para que hagan lo que quieran. Los
militares tienen que hacer lo que el pueblo quiere (aplausos)...
Esto podría ser inspiración, quizá, para plantearse también,
por ejemplo, la experiencia religiosa. La experiencia religiosa es
una experiencia humana muy respetable y ¿por qué tienen que
apropiarse de la experiencia religiosa las iglesias, los dogmas y los
mandamases de las iglesias? En la medida que nos interpreten, de
acuerdo. Pero, en la medida que nos quieran imponer sus
caprichos, agobiar las experiencias religiosas personales con
estigmas, ya es otro cantar. Y lo mismo podíamos decir, de la
policía. Podríamos decir del uso y del ejercicio presupuestal, si
finalmente el presupuesto que se ejerce viene de nosotros, nosotros
lo producimos. Tenemos que decidirnos también a establecer
dónde y cómo se va el dinero. Y lo mismo podríamos decir de la
educación. Lo mismo podríamos decir de la ciencia y la tecnología.
Por supuesto que los que han estudiado y saben del tema tienen
más responsabilidad. Pero, si lo que hacen no está en función de las
necesidades colectivas, pues serán muy geniales, pero no nos sirve
para lo que necesitamos con urgencia en la vida de nuestros países
y en la historia humana.
Lo que queremos decir es que enfrentamos una tarea
ciclópea, una tarea que rebasa con mucho nuestras fuerzas, pero
que hay que desarrollar en todos los frentes y hay que intentarla. Se
llama: poner al estado al servicio de la sociedad; poner al estado al
servicio de la sociedad. Porque, durante el periodo neoliberal lo que
se ha hecho es tergiversar el asunto y decir: no, menos estado,
mucho mercado, mucho mercado. Pero, las reglas del juego del
mercado, que benefician sólo a unos poquitos, sólo han funcionado
porque los estados las han impuesto por la fuerza. Es decir, se ha
achicado el estado que brinda servicio público, pero consolidando
al estado como organismo de represión para imponer las medidas
decididas en beneficio de unos pocos. Decididas por las elites en
beneficio del exterior y aprobadas en procedimientos rápidos, los
fines de semana ‘democráticamente’ en sesiones de un dos por tres.
El estado tiene que estar al servicio de la sociedad, y si no está el
estado al servicio de la sociedad ¿qué corresponde hacer? Pues hay
que modificarlo y esto es lo que se ha venido haciendo aquí y es lo
que esperamos que sigamos haciendo en el resto de América Latina
(aplausos)...
Eso requiere replantear cómo entendemos la vida cotidiana,
cómo entendemos las relaciones mercado-estado-sociedad, cómo
entendemos el modelo de desarrollo económico y recuperar el viejo
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
sueño, la Magna Utopía de la integración de nuestra América,
integración que sólo va a ser posible desde abajo, porque si se la
sigue impulsando desde arriba vamos a quedar más dependientes y
más sometidos de lo que ya estamos y hemos estado a lo largo de
nuestra historia. Por lo tanto, si desde abajo entendemos que
somos hermanos nuestroamericanos, conviene trabajar para
concretar esa unidad tan ansiada.
¿Utopía? ¿Sueño diurno? Por supuesto. Y no en el sentido
de fantaseo quimérico inalcanzable, sino de revaloración de
nuestras cotidianidades, tan descolocadoras a veces. Para insistir
en que tenemos derecho a ocupar un lugar en este globo y que
sabremos ganárnoslo. En eso estamos y hemos estado los
nuestroamericanos durante mucho tiempo y no renunciaremos.
Salvo que pensemos que reivindicar la plenitud posible y deseable
de la vida colectiva y personal y pretender su respeto irrestricto sea
parte de un principismo ingenuo o de una moralina mojigata.
En este mundo actual, donde la guerra parece imponer sus
reglas degradantes, no podremos renunciar a nuestras convicciones
y tampoco ser infieles al legado fecundo de quienes nos han
antecedido. Se trata, entonces, ni más ni menos, que de reivindicar
una utopía que se resume en una palabra. Esa palabra le da nombre
a la utopía y es la más grande, la más inmensa. Y no podemos
olvidar que esta palabra, que vamos a pronunciar con todas sus
letras..., es muy importante esta palabra. Fue una palabra que se
pronunció en Cuba en uno de los momentos más álgidos de la
historia de la humanidad en la segunda mitad del siglo XX, con
ocasión de la crisis de los cohetes. La palabra que se pronunció y la
palabra que se efectivizó en esos momentos y es la que está por
concretarse a nivel mundial, es la ineludible palabra: ¡DIGNIDAD!,
dignidad.
Muchas gracias (aplausos)...
18
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
En ocasión de los bicentenarios
¿lograremos al fin la
emancipación?
5
C
orremos el gran riesgo de que, una vez más, las
conmemoraciones sólo sirvan para echar incienso sobre un
pasado mixtificado hasta el heroísmo del bronce, pero
perdamos la ocasión de ocuparnos en serio de concretar tareas
pendientes. Y para nosotros, los nuestroamericanos, la tarea
pendiente es la de lograr una efectiva emancipación6. Esa
emancipación tuvo características específicas a fines del siglo XVIII
y comienzos del XIX. Se enfrentaba una situación colonial que
reclamaba rupturas, aunque el pesimismo brotó pronto de boca de
las mayorías que no hegemonizaron el proceso, a pesar de que
fueron la carne de cañón. Con expresivas palabras lo señalaba el
pueblo de Quito: “último día del despotismo, primero de lo
mismo”... Tampoco estamos en situación neocolonial, salvo el
complejo caso de nuestros hermanos puertorriqueños7. Desde el
último tercio del siglo pasado tuvimos claro que se trataba de una
situación de dependencia y, frente a este diagnóstico con sus luces y
sombras, sólo cabía una terapia liberadora8. La liberación está
pendiente y alude a una transformación estructural que rompa con
5
Intervención en la mesa redonda “Bicentenario de la Emancipación
Latinoamericana” en el II Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía, San
Juan, Argentina, 9 de julio de 2007 en: Pensares y Quehaceres. Revista de
Políticas de la Filosofía. México, AIFyP / Eón / SECNA, n° 5, septiembre 2007,
pp. 151-154.
6 Retomo aquí algunas reflexiones adelantadas en mi Conferencia Magistral en la
inauguración del Foro “Las independencias de América latina, génesis, proceso y
situación actual”, pronunciada en la Vela de Coro, República Bolivariana de
Venezuela, el 31 de julio de 2006 (incluida en este volumen).
7 Lo enmarañado de su caso lo ha examinado provocativa y rigurosamente nuestro
colega y amigo Ángel Israel Rivera en Puerto Rico: ficción y mitología en sus
alternativas de status. Puerto Rico, Nueva Aurora, 1996, 598 págs.
8 Traté de examinar, del modo más cuidadoso, estas propuestas en algunos de mis
trabajos iniciados en aquellos años. Cf. Filosofía de la liberación latinoamericana.
México, FCE, 3ª ed. corregida y aumentada, 2006 (la 1ª es de 1983), 527 págs. y en
Filosofías para la liberación ¿liberación del filosofar? San Luis, Argentina,
Universidad Nacional de San Luis, 3ª edición corregida [1ª y 2ª en Toluca, México,
UAEM, 1997 y 2001], 2008, 215 págs.
19
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Pensando después de 200 años
las incrementadas y acentuadas hasta límites insospechados
situaciones de dependencia en que nos encontramos a inicios del
siglo XXI. Nos corresponde agudizar el ingenio y profundizar de
modo pertinente y riguroso en la situación en que nos encontramos
para poder avanzar. En eso procuro centrar mi modesto aporte a la
reflexión compartida con la firme convicción de que, en esta
coyuntura, resulta indispensable articular resistencia y
organización política de nuestros pueblos con una integración, que
responda a los anhelos testimoniados por nuestra historia9.
A muchos podrá parecerles delirante pugnar por una unidad
de la región, en medio de los altísimos porcentajes de pobreza,
marginación y exclusión que nos caracterizan en nuestra
cotidianidad. En medio de las desintegraciones nacionales ad intra
¿cómo hablar de integración de nuestra América? Cuando migrar
aparece como una huida hacia adelante y las remesas se esperan
con ansias, no sólo para satisfacer necesidades familiares, sino
hasta para paliar carencias de presupuestos públicos en algunas
zonas de la región. Cuando sólo al migrar resulta factible
autorreconocerse nacional y nuestroamericanamente. Y, sin
embargo, la resistencia no mengua. Adquiere nuevas modalidades.
Se metamorfosea constantemente. Por ello, conviene advertir que
resistencia y construcción de la integración desde abajo y desde lo
profundo de nuestra historia son tareas convergentes, ingredientes
complementarios de la obra colectiva en curso. Ésta se sustenta en
la convicción generalizada acerca del fracaso rotundo del
neoliberalismo.
Hoy, como en otros momentos cruciales de la historia, los
nuestroamericanos (permítasenos el neologismo para dejar
expresa, de una vez con la expresión martiana, la alusión siempre
inclusiva a los hermanos caribeños) añoramos una unión de la
región para hacer frente a todo tipo de dificultades. Esa unión
(medio o instrumento) para la plenitud humana y el respeto a la
dignidad de todos y todas (fin) ha tenido innumerables
enunciaciones y postulaciones a lo largo de los años. No es éste el
lugar de hacer el recorrido evaluador por los numerosos intentos
que en lo militar, económico y cultural se han realizado,
generalmente sin demasiada voluntad política de las élites
hegemónicas para concretarlos. ¡Si hasta pareciera que la iniciativa
del ALCA, en contra de sus proponentes externos e internos, ha
9 Retomo a continuación, con ligeras variantes, mi trabajo “Resistencia e
integración ¿ingredientes complementarios?” en: Revista LaU. San Juan,
Universidad Nacional de San Juan, año IV, nº 29, julio 2007, pp. 6-7.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
operado como una provocación para ahondar, quizá como nunca
antes, vías expeditas y cada vez más ágiles de cooperación e
integración regional! La cooperación avanza en el suelo fértil del
hartazgo creciente de sectores cada vez más mayoritarios de la
población, los cuales van tomando conciencia aceleradamente de
que ni gotas ni migajas ni, muchísimo menos, vías efectivas de
participación se desprenden de las inercias políticas actuales. La
integración buscada vendrá desde abajo y no sería de extrañar que
convirtiera remesas en relaciones fraternales... 10.
Así, se va haciendo cada vez más claro, hasta para quienes
no lo quieren ver, que la falta de voluntad política de las élites no
cambiará desde ellas mismas. La voluntad política la encontrarán o
se les impondrá desde formas de esa ingobernabilidad que ven
aterrorizadamente. Por otra parte, la integración carece de sentido
como una presunta unidad homogeinizadora de pretendidas
identidades innatas ahistóricas. Deberá potenciar las diferencias
como uno de nuestros grandes tesoros. Todo parece mostrar que se
hará efectiva esa unidad, a medida que siga creciendo la
organización de la resistencia desde las bases multiformes de
nuestras sociedades para el (re)surgimiento del nuevo camino.
Quizá así dejen de aparecer como supuestos delirios: una moneda
regional, un pasaporte confederal, una auténtica libertad de
tránsito, una estructura académica, científica y tecnológica común,
la vigencia del estado de derecho, un sistema de información
confiable, el respeto a la ciudadanía compartida, etc., etc. En todo
caso, estos sueños diurnos, quizá cada vez más cerca del
amanecer..., no se terminarán de hacer realidad, si se prescinde de
los sujetos de carne y hueso. Y éste es quizá el obstáculo mayor para
mover la voluntad de las élites, dado que no habrá integración
viable sin transformar las situaciones internas de injusticia
estructural. Y si se prosigue en la idea de que todo siga igual, pero
en ámbitos regionales “integrados”, mayor será el riesgo de
estallido y nuestro bloque no se podrá consolidar, justamente por
ese defecto (¿pecado original o lisa y llana inmoralidad?) de
gestación. Está en nuestras manos ejercer la creatividad
responsablemente.
10
Amplío estas consideraciones en Democracia e integración en Nuestra América
(ensayos). Prólogo Clara Alicia Jalif de Bertranou. Mendoza, Editorial de la
Universidad Nacional de Cuyo, 2007, 182 págs.
21
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Cabe añadir que la resistencia no es un modelo, mucho
menos una receta que podría operar al modo de varita mágica para
consolidar democracias radicales, reorientar (o, mejor, resurear) la
economía y pasar a vivir en el mejor de los mundos posibles (en el
sentido de pensables e imaginables). Está constituida, más bien,
por afanosas búsquedas, costosos ejercicios de ensayo y error,
logros y frustraciones. Lo que está claro es que venturosos
horizontes se abren al andar y si bien las consignas
desesperadamente esperanzadas de “que se vayan todos” no
terminan de cumplirse, sí brindan pistas y vías de avance hacia
otras situaciones colectivas. Muestran que el cambio es posible y
que el poder-hacer del conjunto articulado puede ser eficaz. Lo más
fascinante de estos esfuerzos es que procuran hacer realidad la
democracia y cuestionan radicalmente los onerosos arreglos
elitistas cupulares de unos pretendidos ‘profesionales’ de la
política, impresentables, dedicados a vivir del saqueo de la riqueza
colectiva en típico servilismo cipayo. Y en ese abrirse paso a la
fuerza hacia esos ámbitos donde se toman las decisiones vemos
arribar mujeres, indígenas, jóvenes, homosexuales y lesbianas,
marginalizados y excluidos del trabajo, etc. al protagonismo
constructor de alternativas para que el futuro no siga siendo más de
lo mismo. Para restablecer posibilidades de trabajo productivo y
reproducirse de otros modos. No debemos perder de vista que estas
novedosas formas organizativas, surgidas de la voluntad y el
ejercicio de la resistencia, distribuyen de un modo muy específico
las tareas de conducción, lo cual dificulta la represión el estilo de
‘descabezar’ y exhibe nuevos liderazgos no necesariamente
reductibles a los remanidos caudillismos cesaristas y/o populistas
de la región. Aunque los sectores dominantes se los quieran quitar
de encima propagandística y hasta violentamente, manipulando de
manera descontextualizada la acusación de ‘populistas’.
Los ejercicios de resistencia tensionan al máximo un
reclamo tendiente a la reapropiación del Estado para ponerlo a su
servicio por parte de una ciudadanía más plena. Vigencia de lo
nacional (siempre multinacional...), reivindicación de la soberanía
sustentada en la base (en la propia corporalidad de quienes
resisten) e integración de nuestra América desde abajo son inéditos
que exhiben su viabilidad justamente por ese esfuerzo creativo. Por
lo mismo, estas experiencias conducen a y se enriquecen por un
autorreconocimiento de la propia gente como plural (plurisexuada,
pluriétnica, pluricultural, pluriclasista, pluricreyente, etc.) y se
refuerzan por la vitalidad y potencialidades de su propia diversidad.
22
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Todo lo cual estimula la recualificación y resemantización de lo
popular de un modo peculiarmente autocrítico. Lo cual requiere
encarar con toda lucidez las ambigüedades que le son constitutivas.
Sin olvidar este importante detalle: no habrá resistencia exitosa
(que culmine en transformación estructural) sin integración
efectiva de esta América todavía no del todo nuestra.
Sólo así podremos estar a la altura de las exigencias de los
tiempos y no traicionar las demandas con las cuales, como llagas
abiertas, llegamos casi inercialmente a la conmemoración de estos
bicentenarios, que, esperemos, den mucho que hablar todavía por
sus realizaciones efectivas.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
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Pensando después de 200 años
Bicentenario y revolución: la
emancipación de la ideas
11
“El buen historiador sabe que el pasado fue presente, un
presente que, soñando sobre el futuro, aspiraba a
liberarse de su duro pasado”12.
H
ay un conjunto de aspectos complejos que convergen
ineludiblemente al pretender abordar desde nuestro
preñado presente un pasado cargado de valoraciones y
pletórico de heroísmos, entregas, logros y fracasos, casi siempre
edulcorado por una carga de incienso demasiado brumosa como
para permitir adentrarse sin complejos en sus delicados intríngulis.
Seguramente resultará insuficiente lo que aquí podamos consignar
al respecto, pero consideramos que debemos intentarlo. Mucho
más, cuando las demandas y expectativas de la coyuntura presente
nos colocan ante decisiones de gran calibre y significación, apenas
soñadas unos años antes en la región y con unas repercusiones
mundiales inocultables. Por cierto, nos resulta imposible disimular
nuestra franca alegría ante las posibilidades que se abren en medio
de una crisis mundial de perspectivas nunca antes vistas,
especialmente si logramos dar cuenta de la convergencia y
articulación de factores que la integran. Precedida, además, por
luchas de resistencia y búsquedas alternativas de miles de mujeres
y varones de la región y de otras regiones del mundo, que no nos
hemos querido resignar a la sumisión impuesta o a la inercia de lo
rutinario. Sin estas luchas y esfuerzos no podríamos siquiera
intentar avanzar algunas reflexiones acerca de lo que nos ocupa.
Por ello y antes que nada: ¡honor, pues, a quien honor merece!
11 Ponencia en el Simposio: “Los programas emancipatorios de nuestra América en
vísperas del Bicentenario: la filosofía y la revolución” en el XI Congreso de SOLAR:
“Desde nuestro Sur mirando a nuestra América. Un análisis en torno a sus
aspectos genuinos hacia el bicentenario de las revoluciones americanas”, Bahía
Blanca, Argentina, del 18 al 21 de noviembre de 2008. Agradezco la gentil
invitación a participar en el Simposio de sus coordinadoras Estela Fernández y
Silvana Carozzi, así como la hospitalidad de la Decana del Departamento de
Humanidades de la UNS, Adriana Claudia Rodríguez.
12 Mijail Malishev, No sólo del sentido común vive el hombre. Paradojas, máximas
y dichos irónicos. México, CONARTE Nuevo León / Plaza y Valdés Editores, 2008,
p. 19. Agradezco al autor el obsequio de su sugerente libro.
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Pensando después de 200 años
Ante todo deseamos compartir ciertas constataciones a
modo de supuestos de nuestra propia reflexión. Por cierto, siempre
abiertos a discutirlos en todo aquello que se considere pertinente
hacerlo.
- El primero, y quizá más explícito, tiene que ver con las
fechas propuestas para esta celebración. El Bicentenario
comenzaría en 1810 y eso es sumamente discutible. Sobre
todo, pensando que los orígenes de estos intentos de
emancipación de Nuestra América se ubican plenamente en
el Caribe a finales del XVIII y, para más datos, en la
rebelión negra haitiana a partir de 1790. Pero, si se forzara
una fecha de supuesto inicio, debería ser 1804 con el triunfo
de la revolución en Haití. Sin esa revolución triunfante y sin
la instauración de la primera república independiente de
nuestra América, el Presidente Alexander Pétion no habría
podido brindarle el apoyo -condicionado a la liberación de
los esclavos negros- a Simón Bolívar, con todas las
consecuencias del caso. Eso en cuanto al tiempo, a la
periodización y sin olvidarnos tampoco de Quito “Luz de
América” en 1809: “Último día del despotismo, primero de
lo mismo”.
- En cuanto al espacio, hay que pensar que la región en que
transcurren esos episodios de la emancipación abarcan
desde el sur del Mississippi River y el Caribe hasta la
Patagonia. Louisiana incluida. Ese era el espacio de
referencia para los protagonistas. Por cierto, las historias
llamadas “oficiales”, pertenecientes a los países
posteriormente “balcanizados” no cubren ni remotamente
este espacio durante el tiempo mencionado. Recién el
avance sugestivo de las historias comparadas en los últimos
años ha venido a paliar en parte ese vacío. Este enfoque,
digamos de conjunto, fue adelantado en parte por la
literatura (cf. La campaña de Fuentes, por ejemplo). La
geografía, la geografía histórica o historizada, apenas si es
tomada en cuenta en esos enfoques “oficiales”, aunque
siempre los conflictos sean por tierras fronterizas13.
13
Un texto pionero en cuanto a historias comparadas y de lectura fructífera sigue
siendo el de Sergio Guerra Vilaboy, El dilema de la independencia. Las luchas
sociales en la emancipación latinoamericana (1790-1826). Morelia, Michoacán,
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1993, 284 págs. Hay
ediciones corregidas más recientes. En cuanto a La campaña, cf. mi libro Presagio
y tópica del descubrimiento, México, UNAM, 1991, 156 pp. Segunda edición
corregida, México, CCyDEL-UNAM/Ediciones Eón, 2007, 195 pp.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
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En cuanto a los sujetos participantes hay que destacar que
los denominados “héroes” -con sus pedestales, sahumerios,
bronces, etc.- no hubieran existido siquiera sin las “bases”
de la sociedad, la población, la gente y, como parte de ella,
las mujeres, los “indios”, los africanos y sus descendientes.
Como dijera en un encuentro reciente el colega cubano Luis
Suárez, con quien compartimos los supuestos hasta aquí
enunciados, recordando un dicho popular: “no hay
generales sin ejércitos” y recomendaba también deslindarse
de enfoques elitistas, reductivamente clasistas y machistas
de estas historiografías14.
A ello, Suárez añadía con mucha pertinencia, la
convergencia, yuxtaposición, dificultad de caracterizar y
discernir entre revolución, reforma, contrarrevolución y
contrarreforma, con todas las incertidumbres que ello
implicaba e implica. Por eso, me comentó posteriormente,
vale la pena distinguir entre reformas y reformismos, por
ejemplo.
A esto debemos añadir apresuradas generalizaciones (e
¿interesadas? en no pocos casos...) acerca de las ideas,
idearios, ideologías (en el sentido de conjunto de ideas para
la acción), tradiciones, discursividades, imaginarios
simbólicos, que habrían conformado estos proyectos
emancipatorios: de la escolástica de Salamanca a la
Ilustración francesa, pasando por afirmaciones francamente
insostenibles como que, dada la alta participación de
sectores del clero (incluso, excepcionalmente, algunos del
alto clero), las ideas supuestamente ‘emancipadoras’
habrían sido “católicas” sin más.
Tampoco podemos eludir las dificultades que presentan
ciertas terminologías y usos terminológicos que terminan
(¿o comienzan?) abrumando la interlocución y, por tanto,
obnubilando las respectivas recepciones, por sus excesos
polisémicos siempre implícitos y nunca explicitados:
independencia, colonialismo, revolución, etc. con todas sus
variantes: pre, post, neo, etc. A esta terminología habría que
añadir los problemas, evidentemente no resueltos, de la
14
En su participación “Las luchas por la verdadera Independencia y algunas
enseñanzas de la historia” en el XIV Coloquio de Investigación: “Bicentenario de la
Independencia de Nuestra América. Visiones, lecturas e interpretaciones”, CIALC
(UNAM), México, 30 de octubre de 2008.
27
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
autodenominación
de
la
región:
Iberoamérica,
Hispanoamérica, Latinoamérica, etc....15.
- A ello cabría agregar, por si todo lo anterior fuera poco,
Filosofías de la Historia y de la Cultura implícitas y fuera de
control racional, haciendo desfiguros discursivos y
manipulando ideológicamente (ahora sí, en sentido
negativo, como falsa conciencia...) los procesos históricos16.
- Finalmente, mal haríamos si dejáramos reducir estas
conmemoraciones a actividades academicistas, alejadas de
la gente y sin repercusiones en las cotidianidades en que
(sobre)vivimos. O, peor aún, aceptando las manipulaciones
oficiales que se están dando a estos eventos. A propósito del
llamado descubrimiento, encuentro o tropezón, el Quinto
Centenario de 1492, se produjo, por ventura, la
(re)emergencia auto visibilizante de nuestros pueblos
originarios, que venían luchando ininterrumpidamente e
inventando las más diversas formas de resistencia y acción
política pública (privada e íntima) -en contra de todas las
historiografías dominantes- desde el momento mismo de
ese lejano año hito del arribo del Almirante de la Mar
Océano y sus acompañantes.
Colocados sobre la mesa estos supuestos, nos interesa ahora
abocarnos a enfocar con todo cuidado cómo se articularon y
articulan las ideas a estos procesos de intensa participación social y
de transformación, hasta el punto de constituirse en hitos que
marcan un giro, una cesura entre un antes y un después. Y lo que
nos interesa es procurar mostrar esa correlación estrecha y hasta
enigmática entre pensamiento y acción, teoría y práctica que
aparecen siempre enmarañadas y, podríamos decir que en el peor
de los casos, como relaciones naturales o, mejor, naturalizadas al
punto de la rutinización más simplista.
Permítasenos, como estrategia de acercamiento a lo que
procuramos vislumbrar, utilizar un rodeo. Caricaturizar puede
servirnos para poner en evidencia de modo más directo aquello que
pretendemos superar. Muchas veces queda la sensación de que hay,
“tenemos”, una ideas y con ellas organizamos todo nuestro
15 Remitimos al trabajo que elaboramos sobre “Nuestra América” para Boris
Berenzon y Georgina Calderón (coordinadores), Diccionario Tiempo y Espacio.
México, IPGH-UNAM/OEA, T. II, 2008, pp. 25-30 (incluido en este volumen).
16 Sobre esto hemos adelantado algo en nuestra Conferencia Magistral
“¿Modernidades en Nuestra América?” en el II Coloquio Internacional de Filosofía
Nuestroamericana “La modernidad pluritópica”, el 6 de noviembre de 2008 en
Casa Talavera de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
28
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
quehacer y nos movemos hacia la realización, efectivización “en la
práctica” de esas ideas. Bosquejemos como sigue la narrativa
standard acerca de lo que nos convoca: somos unos criollos,
queremos autonomía, tenemos pavor a ser subsumidos bajo el
imperio napoleónico, más pavor a una rebelión o insurrección
popular anticipada por las rebeliones indígenas y negras del XVIII
y por la república haitiana, tenemos fe en Dios y en las vírgenes (de
Guadalupe, de Luján, del Carmen de Cuyo...), pero, al mismo
tiempo, ejercemos nuestra racionalidad y... terminamos haciendo
la independencia17. Después construiríamos, sobre las ruinas del
imperio español, los estados nación balcanizados. Teníamos, por
tanto, las “ideas” y las realizamos. Cuando fracasábamos en algo o
perdíamos alguna batalla, cambiábamos las ideas o las
modificábamos un poquito y... ¡listo! ¡Triunfamos! ¡Cómo será que
triunfamos, que hasta les dimos (les concedimos graciosamente)
libertad a los esclavos negros y reconocimiento más o menos
público y más o menos legal (como si fueran seres humanos) a los
indios!
Esta suele ser, detalle más, detalle menos, la versión que
queda, quizá como residuo, en la enseñanza de las historias
oficiales, las cuales -¡para colmo!- han pasado a ser enseñanzas
rutinarias de versiones manualescas o simplemente desenseñanzas,
porque es mejor que el pasado -y mucho menos el pasado reciente
o inmediato- no se conozca. Suponiendo que este bosquejo fuera
mínimamente representativo, intentemos avanzar en este
escabroso terreno para precisar dificultades y obstáculos.
En esta caricatura, que epistémicamente podríamos
apreciar como fruto de un realismo ingenuo, desaparece como por
arte de magia (y claro que es magia lo que está de por medio...)
todo lo que se ha escudriñado acerca de niveles de articulación
entre sujeto y objeto de conocimiento, comenzando por lenguaje y
siguiendo por mito, simbolizaciones, discursividad, narrativa, etc.
Si para colmo, nos enfrentamos con el proceso histórico a partir de
esquemas categoriales rígidos y, como lecho de Procusto,
pretendemos que los acontecimientos se acomoden a éstos,
estamos frente a un doble forzamiento de lo acontecido. En el nivel
17
Es sintomático que para trabajar sobre el ámbito hispano a ambos lados del
océano, por lo tanto, un ámbito no equiparable sin más al conjunto de Nuestra
América, sean indispensables las referencias al caso de Haití, como muy bien lo
muestra el sugerente estudio coordinado por Manuel Chust, 1808. La eclosión
juntera en el mundo hispano. México, FCE / Fideicomiso Historia de las Américas
/ El Colegio de México, 2007, 404 págs. Agradezco al coordinador el acceso al
texto.
29
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
histórico, lo acontecido sería el resultado de la concreción, de la
capacidad o fuerza para hacerlo, de unas ideas previas. En el nivel
historiográfico, de la selección reductiva que produciría en lo
acontecido la aplicación rígida del esquema categorial precraneado
o perfectamente diseñado en la mente o en el papel de quienes
historian, antes de toparse con los testimonios de los sucesos o,
peor aún, predeterminando qué se va a considerar como
acontecimientos y qué no. De este modo, los supuestos imaginarios
compartidos habrían sido introyectados desde un “exterior” a los
sujetos afectados, metidos a la fuerza o entrometidos en sus
cabezas, impuestos hasta el punto de forzarles a dar la vida por
ellos... en un proceder que reitera, casi rutinariamente, el mismo
esquema: las ideas regirían las acciones y los sujetos serían
responsables de ellas. Pero, ¿no era que esas ideas no eran de ellos,
si no que se las habían metido por la fuerza en sus cabecitas? En
fin, el círculo vicioso de la argumentación se extiende hasta niveles
compulsivos y fuera de todo registro, en una especie de batiburillo
enervante18.
Claro que esto se puede pretender modificar, y así se lo ha
intentado en no pocas ocasiones, mediante un procedimiento que
estamos tentados de etiquetar como “populista”, a sabiendas de
todas las connotaciones que el término carga y de todas las
polisemias que induce19. En ningún momento tiene carga
despectiva el uso que proponemos aquí, sino más bien de cierta
ingenuidad. Y es que cuando, sueltos de cuerpo, se nos dice que las
ideas no son engendradas por grupos de élite, sino por los pueblos,
mayorías, multitudes, masas, gente, comunidades, etc. no
avanzamos un milímetro en la resolución del entuerto epistémico.
Más bien, quedamos todavía más atrapados en una especie de
laberinto sin salidas a la vista. Y esto, suponiendo que de los
sentidos haya que privilegiar la vista, lo cual de por sí resulta
discutible, aunque lo haya sido en tradiciones muy asentadas y
18
Importantes sugerencias y valiosas críticas a un izquierdismo esterilizante
provee un trabajo que merece consideraciones más detalladas imposibles de
efectuar aquí. Cf. Raquel Gutiérrez, “Movimientos sociales: antagonismo y
emancipación” en: Cuadernos de Discusión. México, Casa de Ondas, nº 5, [s.f.], 76
págs.
19 Cf. mis trabajos “Algunas reformulaciones actuales del populismo” en: Horacio
Cerutti-Guldberg, Carlos Mondragón, Jesús Serna Moreno (Coordinadores),
Resistencia, democracia y actores sociales en América Latina. México, CIALC
(UNAM) / Eón / Pensares y Quehaceres, 2008, pp 63-75 y “Populismo”, en: Pablo
González Casanova (coord.), Conceptos y fenómenos fundamentales de nuestro
tiempo. México, IIS-UNAM, en:
http://conceptos.sociales.unam.mx/conceptos_final/populismo.pdf
30
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
consolidadas culturalmente. Al punto, que esta visualización o
invisibilización ha pasado a ser enfoque de sentido común (el
menos común de los sentidos, como se ha dicho jugando con los
términos para ironizar adecuadamente)20.
Nos parece que no es necesario detenernos en la otra
supuesta “salida”: los hechos son primero y después vendrían las
ideas a justificar lo ocurrido. Esta hegeliana lechuza es indefendible
y hay pruebas al canto de sobra al respecto. Aunque, insistimos, es
muy fácil deslizarse hacia estas posturas, pretendiendo no caer en
ellas de manera completa o muy evidente21.
20
En un texto muy cargado de valiosas reflexiones y sugerencias, que merece
examen aparte, se cuelan estos riesgos. Demos sólo un ejemplo para mejor
aprehender la dificultad a que hacemos referencia. “Su propuesta parte de “pensar
la realidad concreta”, no con los instrumentos de la teoría –aunque sin
descartarla- sino desde otro ángulo. Jauretche hace directa referencia a un lugar
social desde donde comenzar a pensar: En realidad, el problema está resuelto en
el seno de las multitudes. Se trata de encontrar el lenguaje común y los tópicos
concretos que deben enderezar su acción para que inteligencia y pueblo no se
enfrenten con la falta de inteligencia de los inteligentes [...] no hay mayor
sabiduría que la de saber dónde aprieta el zapato. El hombre común lo sabe y por
eso es más inteligente que los inteligentes. No sabe con mucha precisión qué es lo
que quiere, cosa en cierta manera técnica, pero sí sabe qué es lo que no quiere,
porque es o eso lo ha informado la experiencia, una experiencia a contrapelo en
un aprendizaje contra escuela, libros, diarios, locutores, maestros y
conferencistas...” (Juan Quintar, Pensar con estaño. El pensamiento de Arturo
Jauretche. Neuquén, Editorial de la Universidad Nacional del Comahue, 2007, p.
77. Cursivas, negritas y corchetes en el original). Agradezco a Raúl Morcos el
acceso al texto. Cf. mi reseña “Con brújula pa’surearse entre zonceras” en:
Pensares y Quehaceres. Políticas de la Filosofía, México, AIFP/SECNA, núm. 7/8,
septiembre 2008-marzo 2009, pp. 254-256.
21 No podemos ahora entrar en los detalles, pero es de ayuda muy relevante la
reflexión pedagógico cosmopolita que promueve con pertinencia y rigor el colega
finlandés Teivo Teivainen. Para ejemplificar, solamente, repárese en su llamada de
atención respecto a los que denomina: curas modernos. “La ideología universalista
de Las Casas homogeneizó contradicciones, disonancias y heterogeneidades entre
los españoles y los indios. En este sentido, era un ejemplo de lo que se puede
llamar naturalismo metafísico, porque como palabra de dios, parecía estar fuera
del movimiento del tiempo y de los procesos sociales. En varias publicaciones, he
llamado a difusores importantes del naturalismo metafísico “curas modernos”. El
concepto no se refiere a la iglesia o a lo que por convención se considera como
religión. En términos pedagógicos, los curas modernos son más bien maestros de
metafísica, (re)productores de discursos basados en las estrategias de
universalización y neutralización” (Teivo Teivainen, Pedagogía del poder
mundial. Relaciones internacionales y lecciones del desarrollo en América
Latina. Lima, Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación, 2003, p.
46. Agradezco al autor el acceso a su libro).
31
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
¿No hay salidas del entuerto bosquejado? Consideramos
que valdría la pena explorar ciertas hipótesis de trabajo como vías,
no sólo de salida, sino de apertura a otros enfoques más fecundos.
Nos limitamos aquí a enunciarlos con afán de convocar al trabajo
en equipo, compartido y compartible, para ir perfilando mejor
alternativas deseables y urgentes.
- Es menester desbrozar cuidadosamente los aportes de los
estudios sobre el lenguaje, para no permanecer en usos
terminológicos que supuestamente evitarían estas
dificultades y, a la vuelta de la esquina, ver cómo reaparecen
muy campantes. No basta con apelar a la discursividad o
postular el valor de ciertas categorías para salir de estas
trampas, porque no es viable renunciar al lenguaje; a sus
cargas semánticas y dimensiones pragmáticas.
- Caracterizar cuidadosa y esmeradamente los rasgos y hasta
mínimos detalles del proyecto propuesto no termina
tampoco de solucionar las dificultades aludidas. ¿Cómo
evitar que el bello cuadro no quede desfigurado? Pero,
todavía más, ¿cómo lograr que el proyecto se concrete?
¿Será sólo cuestión de planificación o de la misma
concepción de lo que es un proyecto y de sus relaciones,
nada lineales, ni mecánicas, ni predeterminadas, ni, mucho
menos, etapistas, con su proceso de supuesta concreción?
- ¿Se trataría de descartar mitos, sueños, anhelos, deseos,
fantasías y mundos ideales? ¿O disimularlos? ¿O de pulirlos
y perfeccionarlos en todos sus meandros, para que después
queden sólo como recuerdo de lo que pudo ser y no fue?
¿Cómo articular deseos y realidades? Todo parece indicar, a
estar por la vertiente pesimista que: renunciando a los
deseos. Pero, ¿es que acaso hay pruebas irrefutables de que
eso sea posible?
- Y aquí topamos con lo posible. ¿Qué es y cómo determinar
lo posible? Vuelve a cruzarse la dificultad, cuando se piensa
en que lo posible está de alguna manera dado,
entremezclado con la aristotélica noción de potencia. Así, el
cruce entre lo que es y lo que se desea o debería (¿según qué
criterios?) ser, es relegado a una apuesta inédita: probar.
Pero, ante la racionalidad científica acostumbrada a prever
y predecir, probar sin ningún control de variables
intervinientes, se convierte en un puro aventurerismo hasta
ilegítimo. Vale decir, pasar al acto sin tener sus
32
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
-
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-
-
antecedentes virtualmente en potencia es como saltar al
vacío.
¿No acaso de aventureros y aventureras se trata? Claro,
pero eso no supone prejuzgar acerca de la irracionalidad de
quienes se aventuran. Que su comportamiento sea una
transgresión a la supuesta racionalidad instalada como
hegemónica, no es equivalente a puro delirio, descontrol,
falta de cálculo o previsión.
La riqueza y fecundidad de los contextos o situaciones
coyunturales específicas, a los cuales deben remitirse
siempre los testimonios, fuentes y construcciones
conceptuales, resultan así de exploración ineludible.
Lo que hemos denominado tensión utópica reaparece aquí
en una trama muy potente desde el punto de vista heurístico
y como digna de ser examinada con atención22.
Y, en un final que aspira a ser comienzo, conviene que
dejemos asentadas dos dimensiones decisivas. Por un lado,
la conformación misma de la percepción, como un criterio a
tomar en cuenta en todo este complejo epistémico. Por otro
lado, el deslizamiento imperceptible entre ser y deber ser o
tránsito de lo dado a lo anhelado como si fueran situaciones
equivalentes, con todos los riesgos de practicar
imprudentemente y hasta de modo inercial la falacia
naturalista.
Todavía nos queda una pregunta clave en relación con
nuestro tema: las ideas ¿pueden emanciparse? ¿Qué querría
decir emancipación de las ideas? Pues, en relación con los
que venimos reflexionando, quizá dos respuestas sean
pertinentes. Por un lado, las ideas se pueden relativamente
emancipar de sus antecedentes en diversas tradiciones, en
la medida en que no se caiga en el error de pretender
descubrir el agua tibia o el Pacífico. Para ello la disciplina
que entre nosotros se conoce como Historia de las Ideas ha
permitido
avanzar
significativamente,
logrando
22 De los varios trabajos que he dedicado al tema, cf. entre los más recientes: “La
utopía americana en el siglo XXI. ¿Utopía de la unidad o mitos de la integración?”
en: Latinoamérica. Anuario de América Latina: encrucijadas y laberintos,
México, CCyDEL-UNAM, n. 34, 2001, pp. 23-31; “Cultura, democracia y utopía
(¿hacia un ejercicio de frontera?)” en: Rossana Cassigoli y Jorge Turner (coords.),
Tradición y emancipación cultural en América Latina. México, Siglo XXI/CELAFCPyS-UNAM, pp. 140-147; y “Tiempo y espacio de utopía” en: Guadalupe
Valencia (coord.), Tiempo y espacio. Miradas múltiples, México, CEIICH-UNAM,
pp. 561-571.
33
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
emancipación, protagonismo, interlocución e invención
cada vez con mayores rasgos de originalidad procurando no
desconocer antecedentes. Apoyarnos en ellos, quizá
dialécticamente como enanos en hombros de gigantes... y
¡gigantas! Por otro lado, se trataría de recolocar la atención
en nuestras percepciones, a sabiendas que el entramado
concepto-percepción es denso y hasta enigmático. Sin
modificaciones perceptivas difícilmente se podrá contar con
ideas renovadas, acordes con las grietas que la dominación
presenta. Y ello tiene relación, ante todo, con la percepción
del conflicto social y sus características coyunturales o
contextuales a tiempos y espacios específicos.
La emancipación de las ideas requiere de un esfuerzo interminable
para no desolidarizar a esas ideas de sus contextos, por reafirmar la
creatividad de los sujetos, siempre sociales, que somos y por no
renunciar a nuestros sueños diurnos (mal) entendidos como
supuestamente imposibles. Pruebas al canto: durante décadas nos
dijeron que era imposible que el estado interviniera en el mercado.
Ese dogma -jugando con su significado etimológico
podríamos decir: el parecer u opinión convertido, por decisión
arbitraria, en decreto indiscutible- operó hasta hace unas
semanas... Felizmente. Las puertas y ventanas están abiertas para
soñar despiertos y, sobre todo, para trabajar disciplinadamente en
hacer de esos sueños instrumentos eficientes de transformación de
una realidad socio histórica que no puede seguir más aferrada y
condicionada a las reglas del juego del sistema capitalista
imperante. No queda más que ponerle el cuerpo a la revolución en
ciernes. Y ponerle el cuerpo, quiere decir: la cabeza, la sensibilidad,
la organización, la imaginación, la voluntad, la razón, la astucia y el
ingenio.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Nuestra América
23
N
ombrarse, ser nombrado, autonombrarse son operaciones
complejas que se ejercen rutinariamente de un modo casi
automático. Pocas veces se advierte lo que comportan o
suponen. Entre otras dimensiones: ejercicios de identificación y de
valoración. A la pregunta quién eres, se responde fulano de tal y
esta respuesta incluye una delimitación abreviada, sintetizada,
compactada, de lo que se es. La respuesta constituye un atisbo de
tiempos y espacios íntimos, de ritmos y territorios acotados;
vislumbre de aquello por lo que se inquiría en la pregunta e,
incluso, hasta algo más en esas dosis homeopáticas de sugerencias
apenas esbozadas.
Para el caso de la región a que se hace referencia -es
importante anotar que el lenguaje hace referencia, remite a, alude,
cuando parece que presentifica- la cuestión tiene larga data, tanta
que se pierde en los pliegues de sus orígenes, y agobia hasta hoy.
¿Lo seguirá haciendo? Todo depende de cómo se ejerza la
nominación, desde dónde y quiénes. Y no es cualquier detalle esto
que se está insinuando con énfasis en la mediación lingüística.
Porque justamente la identidad dependerá de estos procederes y,
¿para qué andarse con vueltas?, de los poderes efectivos que laten
por detrás y admiten estas disquisiciones. Con lo cual ya se ha
sugerido una dimensión clave: siempre se ejerce esta nominación
en situaciones transidas por la conflictividad social. Pretender
eludir el conflicto, invisibilizarlo, ignorarlo, sencillamente conduce
al fracaso de todo intento por echar alguna luz sobre cuestión tan
enmarañada.
Unas palabras, cazadas al vuelo, de una sugerente
conferencia de Francesca Gargallo en la cátedra extraordinaria
“Samuel Ramos” marcan uno de los hitos, quizá el hito que se
impone como inicial para estas reflexiones. “¿Qué es América desde
que dejó de ser Abya-Yala, Pacha Mama o Anáhuac?”. Y hay que
tener aquí especial cuidado en evitar la naturalización esencialista
de aquello que es (fue) histórico. No es éste cualquier detalle,
mucho menos uno menor. Es cuestión decisiva: se está frente a algo
23
Texto publicado en Boris Berenzon y Georgina Calderón (editores), Diccionario
Tiempo y Espacio. México, IPGH/UNAM/OEA, Tomo II, 2008, pp. 25-30.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
que es y ése, su ser, es histórico. Por lo tanto, conviene resistirse a
la tentación, no pocas veces sutil, de dejarse arrastrar a una
percepción invasora y hasta asfixiante de que aquello habría sido
siempre... No. Llegó a ser. Abya-Yala, por ejemplo. Ese “ser” es un
ser construido, no es un ser dado, no es “naturaleza”. Quiénes y
cómo lo construyeron, con qué sentido y alcances, etcétera, todo
eso está en juego justamente al momento mismo de ese quiebre,
también histórico ¿es menester insistir?, en que dejaría de serlo
para verse forzado a asumir una identidad impuesta por la
violencia multifacética de una conquista que se metamorfosea y
termina por rutinizarse. Ese trauma impregna todas sus
dimensiones y alcanza a cada una de sus manifestaciones de ahí en
más. Y aquí debe prevenirse un nuevo deslizamiento que conduce
imperceptiblemente a hablar de este ser como si fuera un
organismo humano, como si tuviera poder de decisión, como si...
Cuando, en realidad, se trata de un constructo histórico que forma
parte de un imaginario y, justamente por ello, es capaz de incidir de
modo determinante y hasta implacable sobre las tres instancias de
la temporalidad (pasado, presente y futuro) e, incluso, sobre el
destino de quienes aceptan delimitar así, de conformidad con esta
construcción imaginaria, sus propios confines territoriales, sus
ámbitos de operatividad, sus alcances y horizontes. Es un mundo,
pero -no tan curiosa ni paradójicamente- no el mundo, ni menos el
cosmos, ni el universo, lo que se construye de ese modo. O, para
decirlo mejor, un mundo que permite hacer del mundo como tal
algo aprehensible aunque no totalmente controlable ni precisable.
Por cierto, la tan traída y llevada y hasta denostada noción de visión
del mundo, cosmovisión, opera aquí. Es esa Weltanschauung que
suele crispar los nervios de los filósofos académicos y que desearían
extirpar de la faz de la tierra, sin caer en la cuenta de que al
pretenderlo están manifestando borrosamente la propia visión del
mundo en que se debaten. ¿No podría ser de otro modo? En todo
caso, lo que conviene es examinar tamaña cuestión, en vez de
pretender resolverla eludiéndola. Cortándola de cuajo, sólo se logra
que vuelva a crecer y hasta con renovada fuerza, como vegetación
de selva o bosque tropical.
Conviene, por tanto, atender a que la misma denominación
“América” responde a un juego de intrigas, casualidades, intereses
y hasta perezas que a posteriori se intentó reparar (¿será el término
adecuado?) por parte, entre otros, del Precursor Francisco de
Miranda, cuando reivindicaba la acción del Almirante de la Mar
Océano y nombraba a éste como continente Colombino. Geografía e
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
historia aparecen así, como siempre, atadas inexorablemente y en
este enlace brindando, a su vez de modo generoso, los elementos
que podrán resultar claves en el desenlace a otro nivel: el del
conflicto social a que se hacía referencia más atrás. No es, por
tanto, cuestión de llamarse o de cómo a uno le llamen, sino de
asumirse hasta el punto de tener la fuerza de cambiar de nombre,
adoptar un pseudónimo o construir aquel con quien poder
identificarse. Y si esto ocurre en el plano personal ¿qué no cabría
decir en el colectivo? Es de esta última dimensión de la que se debe
hacer cargo todo aquel que se decida a dejar de mirar los toros
desde la barrera. Y es aventura riesgosa, sin happy end
garantizable. Pero, ¿cómo no intentarlo cuando en ello se va la vida
o algo que merezca en plenitud tal nombre? Porque, ¡vaya lata!, de
vida histórica se está hablando, no es sólo comer, dormir y
descargar necesidades, sino vivir en plenitud y eso comporta, entre
otras dimensiones convergentes sin afán de agotar la enumeración:
soñar, amar, divertirse, expresarse, crear, crecer, ir por más,
transgredir, probar, disfrutar, expandirse, formar parte, construir,
deshacer, rehacer, experimentar, aventurarse, indignarse,
protestar, ocuparse, transformar, ser reconocido; poder-hacer, en
suma. (Releyendo se cae en la cuenta de que podría faltar nada
menos que el placebo reductor y aniquilante de todo lo enumerado:
consumir. Y habría que incluirla también como una dimensión
más. ¿Será tal desatino, la de ser sólo una dimensión más, factible?
Inmensidad de un sólo, que dijera Eugenio Ímaz).
La dimensión histórica de la cuestión incluye la destrucción
de las Indias (¡por si faltaba alguna denominación para mostrar,
una vez más, todo lo que se juega en los nombres...!). ¿Podrían
sacarse enseñanzas de esa destrucción? Por de pronto, si es que se
ha sobrevivido, lo cual no termina de estar claro. Pero, instalado en
ese escenario, quizá la enseñanza principal sería la relativa al
valorizarse. ¿Cómo valorarse sin infra o supra valorarse? Y esos
infra y supra aluden a comparaciones implícitas, que entran en
juego como elementos constitutivos de esa valoración, lo cual
implica, a su vez, todo un complejo entramado axiológico puesto en
operación para poder sacar conclusiones a veces desoladoras:
negros de mierda, indios perezosos, nacos incapaces, chachas,
jotos, mugrientos, ociosos, pulgosos, malolientes, etc., etc.
Lo que se ha sido, lo que parece ser, lo que se desea o quiere
ser, lo que se debería (¿según qué cánones?) ser, etc. Todas estas
dimensiones se articulan para dejar en un entre a la persona y a las
poblaciones. ¿Condenados al espacio-tiempo del nepantla siempre
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
los humanos? Quienes habitan -generalmente porque tuvieron la
(des)dicha de nacer justamente allí- porciones del globo aparecen
caracterizados por ciertos rasgos. Y no es sólo que habiten ciertas
porciones, puede ser la misma porción, pero depende de cómo sea
(sobre)vivida la cotidianidad para merecer tal o cual adjudicación
valorativa. Aquí cae de su propio peso que, a pesar de deslices
terminológicos, la cuestión no es geográfica. Y entonces surge la
tendencia, también sutil, a plantear el asunto como si fuera
cuestión de cultura. Los que la tienen, los que no la tienen (¿será
eso posible?), los que las tienen diferentes. Y el problema se
desplaza de las personas a las culturas y... vuelve la mula al trigo.
Sería interminable la enumeración de denominaciones
impuesto-adoptadas. Sin afán exhaustivo y fuera de cronologías
cabe recordar: Indias Occidentales, Nuevo Mundo, América, Las
Españas, Ultramar, Hispanoamérica, Iberoamérica, Afroamérica,
Indoamérica, América Latina, Nuestra América24.
La expresión mencionada en último lugar, de origen
martiano, no admite ser percibida como la presunta buscada
solución inencontrable a una cuestión que no la requiere. Con todo,
lo que conviene advertir son algunas de sus fecundas ventajas
respecto de otros intentos. Quizá eso explique su secular vigencia
todavía hoy. De modo muy apretado cabe consignar lo que sigue.
No aspira a retornos a inexistentes edades de oro. Supone, de modo
constitutivo, reconocimiento y valoración a pueblos originarios y a
terceras raíces. Niega la existencia de razas, salvo en las librerías,
justamente para no encubrir las discriminaciones. Propone tareas,
objetivos, deberes, deseos, anhelos a partir de una tensión
irreductible entre lo que es y lo que debería o se querría que fuese.
Es ésta una intrínseca y movilizadora tensión utópica de una
América ya, pero todavía no del todo, “nuestra”; con toda la carga
enigmática y de pendiente quehacer de ese aludido nosotros
integrador25. Para colmo de simbolismos sugerentes, esa “Nuestra
24 Para exámenes extensos y plenos de sugerencias cf. Arturo Ardao, América
latina y la latinidad. México, CCYDEL (UNAM), 1993, 395 págs.; Miguel Rojas
Mix, Los cien nombres de América. Eso que descubrió Colón. Barcelona, Lumen,
1991, 410 págs. y también América imaginaria. Barcelona, Sociedad Estatal
Quinto Centenario y Editorial Lumen, 1992, 252 págs.
25 Cf. Horacio Cerutti Guldberg, “Nuestra América... hoy” (introducción para la
publicación bilingüe polaco-castellana del texto de) José Martí, Nuestra América
(Ideas y semblanzas, 3). Varsovia, Centro de Estudios Latinoamericanos de la
Universidad de Varsovia, 1992, pp. 25-32 (la versión polaca de Danuta Rycerz
aparece en las páginas correspondientes); también en: varios autores, José Martí,
a cien años de Nuestra América. México, UNAM, 1993, pp. 59-62.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
América” viene precedida de otra alusiva expresión “Madre
América”, donde la patria es reinsinuada como matria y las
polisemias se reproducen geométricamente. Sobre todo, cuando no
puede menos que concluirse que esa madre sólo puede ser hija...,
según la acotación gaosiana.
No hay, de este modo, ocasión de descanso, mucho menos
espacio-tiempo para la pereza o la inercia rutinaria. Todo está por
hacer para adquirir pleno derecho y pertinencia al autonombrarse.
¡Manos e ingenio a la obra! Ésta debería ser consigna, lema,
bandera a enarbolar afanosamente.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
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Pensando después de 200 años
¿Revoluciones en el siglo XXI?
26
S
i algo parecía, aparecía o se lo quería hacer aparecer desde
hace algunas décadas como descartado del ámbito histórico
eran los procesos revolucionarios. En general se decía,
aquellos había quedado en el pasado; en un pasado irrecuperable,
irremediablemente caduco. No está demás conectar este tópico
acendrado con otros que se entrelazaban con él: el imperialismo
habría sido más una apelación ideológica que una realidad, los
sesentistas y setentistas habrían luchado por ideales irrealizables,
despreciando la democracia y haciendo un culto exacerbado a la
violencia, etc. Este cúmulo de tonterías, cuya reconstrucción podría
resultarnos abrumadora, servía -de modo bastante precario- más
bien para ocultar lo que latía de válido bajo esas búsquedas
solapadas, también, por quienes -como decíamos por aquellos
años- se subían por la escalera izquierda y se bajaban por la
derecha27.
Los esperanzadores acontecimientos que han ido alterando
las rutinas de la región en estos últimos años, particularmente ya a
inicios del siglo XXI y -para dotarles de mayor énfasis- la
inocultable crisis económica mundial, sumada a la exhibición de la
carencia de fundamentos de las imposiciones neoliberales de las
casi tres décadas perdidas nos colocan en un escenario muy
sugestivo. Si a ello le unimos las conmemoraciones de los
Bicentenarios de las Independencias -o, mejor, de sus intentos más
o menos realizados- y, en el caso mexicano, el Centenario de la
Revolución Mexicana, la cuestión se vuelve más intensa y resulta
apasionante28.
26 Ponencia en el XV Coloquio de Investigación del CIALC: “América Latina la
Revolución Mexicana”, jueves 26 de noviembre de 2009.
27 De indispensable lectura resultan los trabajos del secuestrado y desaparecido
filósofo y pastor protestante argentino Mauricio López (1919-1977), “De las
revoluciones a la revolución” (1963) y “La liberación de América Latina y el
cristianismo evangélico” (1971) incluidos en Alejandro Paredes (prólogo, biografía
y selección de textos), Mauricio Amílcar López. Biografía y escritos sobre las
revoluciones en América Latina. Mendoza, Argentina, editorial Quellqasqa, 2008,
pp. 25-38 y 39-50 respectivamente.
28 Remito a mi trabajo “Doscientos años después: ¿tendremos presente?” en:
Adalberto Santana (coordinador), Bicentenario de la Independencia de Nuestra
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Por ello requerimos un esfuerzo intelectual de primer orden
para despejar nebulosas y vislumbrar rutas viables de alternativas
efectivas a una situación histórica sumamente compleja y, a la vez,
demandante de plenitudes muy lejanas y hasta inalcanzables en
caso de reiterarse cansinamente las rutinas sofocantes de lo dado
(¿impuesto?) como si fuera propio de la naturaleza humana. Esto
fue parte del cuento neoliberal: intervenir en el mercado era
inaudito, sería catastrófico, aparecía, en suma, como imposible.
Salvo cuando les convino… a quienes detentan el poder, no de la
razón sino de la fuerza. Entonces no dudaron en efectuar todos los
malabarismos para maquillar sus acciones y volverlas ‘razonables’,
brindándoles así una cierta dosis de ‘legitimidad’, aunque sean
francamente arbitrarias. No es menester que recuerde a Mr. Bush
II o junior inyectándole al mercado cifras incalculables de dólares y
diciendo en TV para el mundo entero que el estado sí debe
intervenir a favor del mercado (¿debiera haber dicho a favor de
ciertos privilegiados del mercado para los cuales las leyes no rigen
ni regirán…?). En fin, las enseñanzas que se van acumulando para
quienes quieran abrir los ojos y oídos y todos los sentidos a lo que
pulula por todas partes son inmensas y muy aprovechables.
Por otra parte, la noción misma de revolución aparece
asociada a violencia indiscriminada, falta de contención,
irracionalidad, carencia de ideas, supuesto espontaneísmo,
barbarie o salvajismo, voluntarismo acrítico, inconsciencia, etc. No
es casual que una buena parte de la historiografía sobre la
Revolución Mexicana se apoye en la idea de la carencia de ideas
para la misma, como si -llevando el argumento al extremo- tales
acontecimientos se hubieran dado con la participación protagónica
de seres no pensantes…
Un referente histórico ineludible para la noción misma de
revolución, particularmente en lo que tiene que ver con los
movimientos de emancipación, precedentes de la misma
Revolución Mexicana, es sin duda la Revolución Francesa. Con ello
no queremos ni por asomo insinuar que ella misma no tuviera
antecedentes relevantes, especialmente en Inglaterra y USA. Pero,
el acontecimiento francés fue decisivo en varios sentidos. Por
mencionar los más visibles: dimensión política de la
ciudadanización y su rebote, el jacobinismo. Ambos elementos
incidieron en forma profunda en la región. Mucho más, cuando en
el Caribe haitiano los negros se rebelaron a la búsqueda del
América: visiones, lecturas e interpretaciones. México, CIALC (UNAM), 2009,
pp. 281-289.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
reconocimiento de sus derechos cívicos. Y es que libertad, igualdad
y fraternidad demostraron sus limitaciones al restringirse a
ciudadanos machos y propietarios. Las mujeres ya en la misma
Francia procuraron reivindicar sus derechos y los negros lo
hicieron en Haití, llevando a la instauración de la primera república
independiente de Nuestra América. En la región también había
antecedentes de estos levantamientos. Por mencionar el más
destacado, la rebelión de Túpac Amaru a finales del XVIII, marcó
también las luchas por la independencia en el área andina. Y aquí
surgiría claramente una dimensión ineludible de todos estos
procesos: el miedo, el pavor frente al descontrol de los
subordinados. No era posible aceptar que negros e indígenas se
sublevaran. Carne de cañón sí podían ser, pero nunca protagonistas
de estos procesos. Y si no, habría que (re)preguntarle al cura
Hidalgo por qué terminaría su cabeza colgando en la Alhóndiga de
Granaditas.
De este modo, a inicios del siglo pasado, la Revolución
Mexicana marcaría una característica, entre otras, que deseamos
resaltar. No se trató sólo de una búsqueda de transformación
política y social, aunque por cierto lo fue y en una medida muy
destacada. Pero, también llevó asociada una búsqueda de
transformación económica. No caben dudas sobre las
repercusiones en la integralidad de la vida pública y social de este
proceso en el conjunto de la región. México apareció como lo a
intentar replicar o reproducir en otras zonas o como lo a evitar a
cualquier costo. No es casual que hubiera antecedentes de rechazo
a los procedimientos revolucionarios en la región y a la búsqueda
de “posibilismos” -vale la pena utilizar los términos de la época,
cargados de connotaciones sugerentes para nuestra reflexiónfrente a desmanes en pro de irrealizables sueños guajiros29.
La Revolución Mexicana presentaría una articulación fuerte
entre economía y política: demanda de tierra y de sufragio efectivo,
no reelección. Así conviene no eludir otra cuestión de fondo y nos
referimos a la relacionada con las difusas fronteras entre reforma y
revolución. Quizá no estaría del todo mal asociar las primeras al
29 Resulta muy relevante acudir aquí al relevante estudio de Alfredo Rajo
Serventich, Emilio Castelar en México. Su influencia en la opinión pública
mexicana a través de El Monitor Republicano. México, UACM, 2007, 281 págs.
En este texto se pueden visualizar, de modo explícito, las razones esgrimidas en
contra de transformaciones revolucionarias en el último tercio del siglo XIX y las
búsqueda de esos “posibilismos” restringidos a las reglas del juego imperantes,
particularmente en lo que decía relación a un respeto irrestricto y hasta dogmático
al individualismo y a la propiedad privada.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
gattopardismo de que todo cambie para que todo siga igual y
reservar para el segundo la idea de una transformación radical de
formas, instituciones, valoraciones, relaciones de poder, formas
productivas, protagonismos, visibilizaciones, etc.
A lo largo del siglo XX hubo en la región variadas
experiencias al respecto en Bolivia, en Guatemala, en Costa Rica, en
el Caribe, etc. Con todo, quizá la que más fuertemente marcó un
hito fue la Revolución Cubana con su caudal de consecuencias en
todos los planos de la vida colectiva30. Y después de ella se intentó
de todo en diversas zonas de la región: Bolivia, Guatemala, Perú,
Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela,
Panamá, El Salvador, Nicaragua, Santo Domingo, etc. Y eso por no
hacer referencias a otras zonas del globo terráqueo.
La interrogante que enfrentamos resulta así más incisiva:
¿son siquiera imaginables revoluciones en el siglo XXI? ¿De qué
clase de revoluciones estaríamos hablando? Frente a estas
preguntas viejas cuestiones resurgen y no deberían ser eludidas.
¿La gente piensa?, ¿la violencia es ineludible?, ¿las revoluciones
son expresiones espontaneístas que siempre conducen a callejones
sin salida?, ¿los irracionalismos voluntaristas no han pasado a la
historia?, ¿no hay cauces de sobra para garantizar la
“gobernabilidad” (resulta ineludible el uso del término consagrado
por las elites dominantes)?, ¿no resulta siempre mejor ir
dosificando reformitas interminables que finalmente no cambien
nada de lo sustancial? En fin, las interrogantes podrían irse
acumulando, pero pretendemos sugerir algún procedimiento de
avance en relación con el entramado de estos bosquejos tan
frecuentes en la discursividad dominante.
Pareciera que ahora sí, todos los caminos conducen a Roma,
porque resulta cada vez más ineludible y hasta irracional pretender
ocultar las rutinas inflexibles del sistema dominante. El capitalismo
tiene una capacidad de renovación asombrosa y por ello resultaría
también ingenuo y hasta irresponsable pronosticar su inminente
caída o derrumbe. Pero, lo que no se puede obviar es que dentro de
sus márgenes no hay salidas efectivas. En otros términos, que la(s)
revolución(es) pendiente(s) apuntan indefectiblemente al meollo
de los obstáculos que impiden la plenitud humana, la plenitud
30
Dentro de la inmensa bibliografía disponible, un volumen sumamente sugestivo
en cuanto a consecuencias de ese proceso es el coordinado por Enrique Ubieta
Gómez (selección y prólogo), Vivir y pensar en Cuba. 16 ensayistas nacidos con la
Revolución reflexionan sobre el destino de su país. La Habana, Centro de Estudios
Martianos, 2002, 324 págs.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
democrática, la plenitud del reconocimiento mutuo, la aceptación y
el diálogo interétnico e intercultural, el respeto a los derechos
humanos, a las opciones de género, el inocultable y suicida
deterioro ecológico, etc., etc. Y ese meollo es, ni más ni menos, que
el sistema capitalista. Sus leyes, tendencias, valores, instituciones,
normas, etc. articulan el conjunto de la vida conocida y sobran
evidencias incontrastables de sus consecuencias negativas para la
plenitud y la dignidad humanas en sus sentidos y alcances
pertinentes. Por lo tanto, aquí lo que resta es prepararse para esa
transformación radical que no podrá de manera simplista asociarse
a intentos anteriores de superación de este sistema, tampoco a
desconocer sus logros y fracasos y, mucho menos, a caer en una
visión mecanicista, lineal, simplista, causalista, etapista y
determinista de la historia como si fuese o debiese ser lo que se ha
elucubrado previamente31. Lo que se requiere es un inmenso
esfuerzo de invención -teórica y práctica- para lograr transgredir,
evadir, rebasar o, lisa y llanamente, dispensarse de esas reglas del
juego e intentar algo nuevo, alternativo, novedoso, quizá hasta
inimaginable del todo en estos momentos. Y eso es lo que poco a
poco se ve avanzar en diversos intentos a nivel de Nuestra América
y en otras partes del mundo. Por lo tanto, la cuestión no se resuelve
con alusiones a un presunto comunismo en un horizonte fuyente o
a socialismos del nuevo siglo. No es cuestión de simples
reiteraciones de lo ya intentado o de postulaciones cuasi
dogmáticas de ‘salidas’ pre establecidas. Más bien, no se puede
eludir la labor de reconstrucción historiográfica de lo intentado y
en buena medida frustrado por causas, obstáculos y razones que
conviene precisar, junto al esfuerzo por seguir paso a paso en todos
sus meandros, logros y ambigüedades los intentos que pululan por
todas partes, particularmente en la coyuntura actual de Nuestra
América, siempre a la búsqueda de esas alternativas soñadas
despiertos/as.
Si resultara aceptable esta propuesta, al menos como
hipótesis de trabajo a ser exhaustivamente examinada y evaluada,
resulta también indispensable aceptar que una visión holística, de
conjunto, que apunte tendencialmente a una reflexión totalizadora
31
Entre los múltiples aportes en este sentido, vale la pena señalar dos trabajos que,
desde diversas perspectivas, permitieron en su momento vislumbrar algo más allá
de lo aparentemente dado. Cf. Helio Gallardo, Crisis del socialismo histórico.
Ideologías y desafíos. San José, Costa Rica, DEI, 1991 y los trabajos ahora
disponibles en castellano de Raya Dunayevskaya, El poder de la negatividad.
Escritos sobre la dialéctica en Hegel y Marx. México, Juan Pablos, 2009, 352
págs.
45
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
y con diversos niveles de generalización conviene a esta búsqueda
compartida, la cual deberá, irremediablemente, echar mano a
múltiples esfuerzos y aportaciones disciplinarias en un esfuerzo
convergente. Así, los estudios sobre Nuestra América podrán
reencauzar sus esfuerzos conceptualizadores con proyección
universalizable y valiosa. Todo lo cual, no podemos dejar de
consignarlo quizá porque el asunto nos ha ocupado muchos años de
trabajo, no consiste más que en revisar el tránsito del utopismo
ingenuo a la tensión utópica operante en la historia como
movilizador de transformaciones en un proceso cuyos fines,
muertes o cancelaciones resulta difícilmente factible establecer de
manera concluyente32.
32
Entre los trabajos recientes que he dedicado al tema, puedo mencionar: “Sea
realista, pida lo imposible”, mayo 2009 (incluido en este volumen); “Nuestra
América integrada y democrática: ¿sueño diurno?”, mayo del 2008, inédito; “Aires
de coterraneidad”, agosto de 2009, inédito.
46
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Sea realista, pida lo imposible
33
La ética que reclamamos no es un código del deber ser,
sino, como quería Martí, del poder ser, o más aún, es la
expresión de una impostergable necesidad: o somos
éticos y salvamos la Naturaleza y con ella, la civilización
humana, o nos autodestruimos. Nada más práctico34.
N
o es fácil negar la cruz de la parroquia. Por ello se me
impuso como tema este graffiti, esta pinta del ’68 que he
llevado siempre como tatuada en la piel, el cual da título a
mi exposición. Y debo reconocer de inicio, que no puedo darme el
lujo de desperdiciar esta oportunidad para poner a la consideración
crítica de quienes se interesen, unas reflexiones que me acosan
obsesivamente desde hace tiempo, pero agudizadas con motivo de
la crisis en que estamos. Son muy riesgosas y hasta peligrosas. Por
ello me dan vueltas y vueltas en la cabeza y he procurado revisarlas
cuidadosamente en sus múltiples aristas, a sabiendas que su
consideración exhaustiva será quizá inalcanzable. Pero, sobre todo,
urgido por encontrar las vías para ponerlas en práctica eficazmente.
Espero encontrar las palabras pertinentes para expresarlas y
transmitirlas de modo adecuado. En fin, por ello me parecieron tan
a tono las palabras del amigo y colega cubano Enrique Ubieta,
incluidas como epígrafe. Nada más práctico (y hasta pragmático)
que concretar lo que podemos ser para no autodestruirnos.
¿De qué estamos hablando? Ante todo, me gustaría brindar
pautas para visualizar los riesgos de esta reflexión. Aunque parezca
mentira, el principal es de tipo epistémico y remite al fácil
deslizamiento a una peligrosísima reflexión filosófica sobre la
historia. Eso es, justamente, lo que no quiero hacer: filosofía de la
historia. Ya me imagino lo que estarán pensando. Algo así como:
¡ufa, estos filósofos, siempre haciendo dramas por detallitos…! Eso
es precisamente lo que quisiera compartir. Que no es un detallito.
33 Estas reflexiones las preparé como bosquejo de una ponencia a invitación de
John Saxe-Fernández para un evento que se programó para mayo del 2009 y el
cual no se concretó. Creo que, a pesar de su estado ‘gestatorio’ conviene
compartirlas.
34 Enrique Ubieta Gómez, “Prólogo” (diciembre de 2001) a Rafael Cervantes
Martínez, Felipe Gil Chamizo, Roberto Regalado Álvarez y Rubén Zardoya
Loureda,. Trasnacionalización y Desnacionalización. Ensayos sobre el
capitalismo contemporáneo La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 2ª edición
(1ª es de 2002), 2006, p. 12.
47
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Puede ser la apertura de un abismo en el cual desbarrancarnos sin
retorno. Sobre todo, si se trabaja sin explicitar lo de filosofía de la
historia que puede subyacer a la propia reflexión de manera
incontrolada o subrepticia o hasta inconsciente (traté de evitarlo,
pero ya afloró la dosis psicoanalítica del argentinito que algunos
llevamos dentro…). Pero, sigamos intentando visualizar las
dificultades. Inmediatamente que formule lo nuclear que deseo
transmitir, correremos el riesgo de ubicarnos en una visión etapista
y / o teleologista de la historia, lo cual conlleva causalidades,
determinismos y legalidades muy difíciles de determinar, de
normar y, sobre todo, de controlar racionalmente. Estas visiones se
ponen a hacer sus piruetas especulativas quiérase o no se quiera en
el descontrol total, mientras uno pretende proseguir sus reflexiones
supuestamente por sendas incontaminadas y ojalá no perdidas; al
menos no todavía.
Si se me aceptara, al menos como hipótesis de trabajo, que
haremos el esfuerzo por no desbarrancarnos en filosofías de la
historia, intentaré avanzar otro pasito más. Para ello, conviene
asumir plenamente aquella sagaz observación de Franz
Hinkelammert en 1984, según la cual no hay modo de decretar algo
como imposible a priori, siempre es menester probar, intentarlo.
Aquí es donde debo hacer una afirmación tajante. Salir de la crisis,
en el sentido de salir de las espirales de las crisis, hacer viable una
vida plena de dignidad humana o, en las palabras de Ubieta, no
autodestruirnos y salvar la Naturaleza y lo que merezca el nombre
de civilización humana, es imposible en el capitalismo, es
completamente imposible dentro de las reglas del juego del sistema
capitalista. Pero, ¿cómo? ¿No habría que probar? Rindámonos a la
evidencia, mejor, a las múltiples y hasta innumerables evidencias.
Ya hemos probado y está fácticamente requeté-comprobado que es
imposible, inviable, puro cuento o, para decirlo con los cartelitos de
las tienditas, algo así como ‘hoy no se fía, mañana sí’… En este nivel
de análisis, siempre es hoy.
Por tanto, lo que reitero no sin temor y temblor podría
enunciarse como sigue. Desde hace más de siglo y medio
debiéramos saber con toda claridad que la destrucción del
capitalismo no es misión salvífica (con talante religioso), sino
requisito indispensable de sobrevivencia secular, no sólo de los
humanos, sino de los seres vivos. O, para decirlo de un modo más
sutil y menos escatológico, sólo desprendiéndonos o
transgrediendo las reglas del juego del capitalismo, podremos
sobrevivir y abrir las oportunidades para una vida humana en
48
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
plenitud de dignidad y de potencialidades. ¿Y eso a quién le
importa, si el procedimiento del ‘ahí se va’ funciona a las mil
maravillas? Claro, hasta el momento en que cae la mala fortuna, la
mala suerte sobre el que así siguió su marcha. Cuando advierta que
no es un problema individual, ya será tarde; estará liquidado.
Muerto, incluso. O muerto en vida, que quizá hasta resulta peor.
Enfatizo. La metamorfosis del capitalismo es la
construcción de alternativas al mismo, no su recreación o
renovación por medio de los automatismos que le son inherentes a
su racionalidad esencialmente -si se me permite el término- y
plenamente irracional.
En realidad aquí termina mi modestísima propuesta.
Podríamos dejarlo así y ‘a otra cosa mariposa’. Aunque caben
ciertas consideraciones, precisiones y matices que, espero, no
resulten abusivos y que nos aburran.
Una primera conclusión apresurada a sacar de lo dicho,
podría expresarse como sigue. Se trataría de construir el
socialismo, quizá del siglo XXI, y avanzar hacia el comunismo. No
quisiera que avanzáramos por ahí, porque justamente la filosofía de
la historia estaría haciendo estragos sin que nos diéramos cuenta.
Otra podría decir, ‘intentemos las alternativas que se
puedan’, ‘peor es nada’, ‘ya se verá sobre la marcha cómo
radicalizarlas’. Tampoco. Porque el reformismo ya ha hecho su
labor y se ha mostrado en toda su infecundidad. No necesito, ante
especialistas, retomar los itinerarios de la socialdemocracia, de la
democracia cristiana, del Welfare State keynesiano, de los
populismos, de los ahora casi olvidados neopopulismos
neoliberales, etc., etc. ¿O sí? En todo caso, lo que sí requerimos es
estar muy atentos, porque esas experiencias no han quedado
sepultadas en el pasado, sino que resurgen siempre como
‘alternativas’ seductoras35.
Proponer simples y hasta espontáneos ‘utopismos’ carentes
de sustento epistémico, tampoco constituiría buena estrategia para
sacarse el bulto de encima. Hemos asistido a tantas supuestas
muertes o fines (desde la de Dios hasta la de la historia y, con ella,
la de las utopías), frente a las cuales sólo cabe aquello de ‘los
muertos que vos matáis, gozan de buena salud’.
La invitación es a que repensemos el asunto y quizá nos
puedan servir ciertas publicaciones recientes al respecto. Me remito
35 No deja de resultar sugestivo, que en un artículo reciente, nada menos que
Hobsbawm parezca rondar por allí. Cf. Eric Hobsbawm, “Si el socialismo fracasó y
el capitalismo está en bancarrota: ¿qué viene después?” en: sinpermiso, 19.04.09.
49
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
a aquellas cuya lectura para mí han resultado fecundas por aspectos
que desearía compartir. Y también a alguna otra lectura de textos
no tan recientes, que conviene llamar a cuento. Y, ¡mucho ojo!, no a
modo de catecismos, sino de sugerencias inspiradoras, junto quizá
a múltiples aspectos y enfoques que no comparto o no plenamente.
Lo cual no implica descartar cierta incapacidad mía para apreciar
hacia dónde o desde dónde se efectúan los planteamientos. Pero,
veamos qué he sido capaz de recoger con afán de fecundidad36.
Las opciones no están disponibles como en las estanterías
de los supermercados. Hay que construirlas laboriosamente.
Lo utópico reclama, siempre, un estudio acucioso del status
quo de la realidad socio-histórica, siempre coyuntural, de la cual se
parte. Sin ello, no hay tensión posible con los ideales deseados,
anhelados o aquel deber ser que ¿podría ser?
Lo utópico se presenta hoy con una condición inherente y
no eludible: no puede darse en los marcos de las reglas del juego
del capitalismo. Se impone transgredirlas. ¿Cómo? He ahí la
cuestión nodal a examinar y para la cual se deben afilar los
instrumentos teóricos y hasta espontáneo-prácticos, por así decirlo.
Que éste no es un asunto nuevo, por si quedaran dudas, lo
expresa claramente una porción del sugerente texto del mendocino
Ciro Bustos (1932), participante de la guerrilla en Salta (63-64) y
convocado por el Che para colaborar en Ñancahuazu. Se supuso
durante mucho tiempo que había sido el ‘Judas’ que traicionó al
Che. Todo parece indicar que no fue así y, en cualquier caso, su
trabajo resulta de lectura provechosa. El asunto en que deseo
detenerme lo recoge en un párrafo que conviene citar. Todo se
produce en un viaje clandestino en avión desde Argentina vía ParísPraga-La Habana para entrevistarse con el Che y ponerlo al tanto
de la situación. Él viaja junto con José “Pancho” Aricó (1931-1991).
Este último organiza las horas de viaje como si fueran parte de un
seminario intensivo de “interpretación económica del capitalismo
36 Joseph Dietzgen, La esencia del trabajo intelectual y otros escritos. Prólogo de
Anton Pannekoek. México, Grijalbo, 1974, 242 págs.
Helio Gallardo, Siglo XXI, militar en la izquierda. San José, Costa Rica, Arlekín,
2005, 442 págs.
Chantal Maillard, La creación por la metáfora. Introducción a la razón-poética.
Barcelona, Anthropos, 1992, 190 págs.
Ireri Sanvicente Flores, “La integración latinoamericana y popular como
necesidad ante el conflicto actual”, trabajo final Seminario de Postgrado 2008.
Luis Tapia, Política salvaje. Prólogo Dunia Mokrani. La Paz, Bolivia, Muela del
Diablo / Comuna / CLACSO, 2008, 126 págs.
Jaime Vilchis, “La modernidad alternativa de Ibero-América”. Madrid, noviembre
2008, gentileza del autor.
50
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
como inexorable en la construcción del comunismo” en contra de
visiones prematuramente exitosas de ‘manual’. Y aquí recordaba
con acotaciones irónicas lo siguiente.
Remataba [Aricó] la disertación con la lectura de un párrafo
que me quedó grabado y cito de memoria sin estar muy
seguro de cuáles palabras son de Pancho y cuáles del joven
Marx: “Mientras el capitalismo no haya agotado sus
posibilidades de maniobra, mientras no haya usado hasta la
última gota de su capacidad de desarrollo, no hay paso
posible de transición hacia la sociedad comunista”.
Tomando en cuenta que esto había sido dicho cien años
antes, poniéndole el ojo a la Inglaterra industrial de
entonces como modelo de sociedad capitalista avanzada
donde debería ocurrir el cambio, el desarrollo capitalista
posterior resultaba agobiante. Casi se podía concluir en que
habría que tomar el poder para acelerar dicho desarrollo
capitalista, llevándolo hasta su máxima expresión (actual
vía China-capitalista al socialismo). El Estado socialista no
parecía entonces capaz de racionalizar ese desarrollo salvaje
sin oponer a su furia diques de contención que terminaban
estancándolo y corrompiéndolo37.
Y aquí estamos de nuevo en el problema. ¿Debemos esperar a que
se agote el capitalismo o debemos intentar construir una auténtica
alternativa al mismo? Lo cual no queda muy lejano de aquello de
agudizar las contradicciones. Como decía un compañero mío de
Facultad, mientras no se agudicen, hay que esperar…
El trabajo de Rodrigo Quesada Monge proporciona algunos
elementos interesantes en relación con una posible periodización
del imperialismo38. Repensar el imperialismo aparece como una
tarea no sólo no trasnochada sino muy vigente y requerida por esta
crisis actual, con toda su carga de potencialidad y apertura a futuro.
Propone no sólo distinguir entre el imperialismo que denomina
“histórico” y el que designa como “permanente”, sino que los
periodiza y caracteriza. Conviene que retengamos esos aportes para
repensarlos en función de nuestra labor filosófica. El imperialismo
histórico lo ubica entre los años 1823 cuando se declara la Doctrina
Monroe hasta 1898, el “de la invasión, ocupación y despojo de
37 Ciro Bustos, El Che quiere verte. La historia jamás contada del Che en Bolivia.
Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 2007, 509 págs. La cita es de pág. 222.
38 Rodrigo Quesada Monge, “Del imperialismo histórico al imperialismo
permanente” en: Exégesis. Revista de la Universidad de Puerto Rico en Humacao.
Puerto Rico, año 21, n° 64, 2009, pp. 4-21.
51
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Cuba, Puerto Rico, así como de Filipinas, Guam, Hawai, las Islas
Salomón y China”39. El imperialismo que denomina permanente va
de 1898 hasta nuestros días. El histórico se caracterizaría, entre
otros, por los siguientes rasgos:
- Ubicado entre los siglos XVIII y XIX.
- La burguesía se encarga de expandir los mercados.
- Es imperialismo con colonias, fundamentalmente
europeo.
- Aunque ha cuestionado el autor la distinción entre
“formal” e “informal”, utiliza la primera para aludir a la
relación de Inglaterra con la India, por ejemplo, con sus
dimensiones militar, ideológica y económica. La
segunda aludiría a la relación con América Latina “y se
ejerce a través del endeudamiento externo, la inversión
privada indirecta y el control internacional de los flujos
de capital”40.
Por su parte, al imperialismo que denomina permanente lo
caracteriza como sigue, entre otros rasgos:
- Constituye la nueva forma de expansión del sistema.
- Las guerras del 98 abren nuevas prácticas frente al
colonialismo.
- Son esenciales las alianzas con los grupos dominantes
de los países subordinados en los ámbitos políticos,
sociales e ideológicos.
- Como parte de la labor ideológica se impulsa una cierta
“democracia” funcional a los intereses de USA.
- Papel protagónico de la empresa transnacional.
- Se expanden las “bondades” del capitalismo mediante la
fuerza, la violencia militar y la agresión política e
ideológica.
- Se identifica con la globalización actual.
- Con la desaparición del campo socialista en 1991 esta
modalidad del imperialismo se otorga la autoridad
moral para descalificar todo tipo de utopías.
39
40
Ibidem, p. 11.
Ibidem, p. 14.
52
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
En fin, que estas y otras modulaciones que podría hacerse de este
proceso, confirman en la idea de la continuidad del imperialismo,
del valor de los clásicos al respecto revisados y reconceptualizados
para dar cuenta de la especificidad de las situaciones actuales.
A esto habría que añadir otras dimensiones de análisis de
las características de este sistema implacable. La teoría del valor, el
fetichismo de la mercancía, las modalidades productivas,
distributivas y de consumo, etc. Si se pudiera, aunque más no fuera,
imaginar una realidad socio histórica que estuviera fuera de estas
reglas del juego, quizá quedaríamos en condiciones de intentarlo.
La ventaja es que contamos, también, con ejemplos históricos de
estos intentos, útiles para analizar sus logros y, sobre todo, sus
falencias. Quizá de este modo nos colocaríamos en condicione de
construir un mundo alternativo de verdad.
Por su parte, Gilberto López y Rivas ha reeditado su libro ya
clásico de 1976 sobre la guerra del 47, que costó la pérdida de la
mitad del territorio mexicano como muestra del avance de del
imperialismo más descarado41. Las especificaciones del
linchamiento y la reivindicación, junto con Hobsbawm, del
bandolerismo social, constituyen algunos de los aportes más
sugerentes de este texto. Aquí puede verse cómo el surgimiento de
los chicanos no remite solamente a un simbólico y hasta idílico
Aztlán, sino a una lucha de resistencia frente al despojo y la
ocupación imperialista.
Un sugerente y premonitorio libro, producto de cuatro
cabezas y ocho manos de colegas cubanos, proporciona los
elementos indispensables para pensar el tránsito del capitalismo
monopolista de estado al capitalismo monopolista trasnacional42.
Sobre todo, permite advertir -con una década de anticipación a la
situación actual- cómo la crisis financiera internacional avanza
hacia una crisis integral del sistema capitalista.
En ese contexto, vale la pena retomar el análisis de un
discípulo de Eduardo Saxe-Fernández, el tico Bryan González
Hernández, quien examina con tino sugestivo la denominada, a
propósito de los intentos de subordinación “supra”
41 Gilberto López y Rivas, La guerra del 47 y la resistencia popular a la
ocupación. Querétaro, México, Ocean Sur, 4ª edición, 2009, 213 págs.
42 Rafael Cervantes Martínez, Felipe Gil Chamizo, Roberto Regalado Álvarez y
Rubén Zardoya Loureda, Transnacionalización y Desnacionalización. Ensayos
sobre el capitalismo contemporáneo. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 2ª
edición 2006 (1ª 2002), 256 págs.
53
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
constitucionalistas de los TLCs, “seguridad esencial”43. Que no
apunta más que a la seguridad de los USA, por más Obama
simbólico que se encuentre al frente.
Un estudio recientemente premiado del colombiano Renán
Vega Cantor se dedica meticulosamente a erradicar de la reflexión
social equívocos y confusiones ostensivas y hasta ofensivas44. Su
trabajo constituye un ingente esfuerzo por restablecer el sentido
crítico y propositivo de las ciencias sociales, las cuales no pueden
olvidar o pretender cegarse frente a fenómenos como el del
imperialismo.
Un texto curioso y sugestivo es también el de Gianni
Vattimo, quien propone, sin renunciar a su catolicismo raigal, un
retorno a posiciones comunistas de su juventud45. No estamos
seguros de que ése sea el camino, por las múltiples confusiones que
conlleva la propuesta. En todo caso, alegra saber que poco a poco se
van doblegando objeciones y se avanza, desde múltiples
perspectivas, hacia búsquedas que pueden resultar convergentes.
En todo caso, lo que parece afirmarse es un pensamiento fuerte
como el que más.
Mucho más crítico y pertinente resulta el obstinado esfuerzo
del colega chileno radicado en Costa Rica, Helio Gallardo, quien
insiste en la necesidad de repensar la articulación violencia - amor,
en tanto dupla dialéctica46. Sus reflexiones resultan imprescindibles
para ubicarnos en la situación actual de pensamiento crítico.
El filósofo boliviano, Luis Tapa, incansable seguidor y
promotor de la rebelión andina, presenta en su último libro una
conceptualización muy pertinente para apreciar el “salvajismo” del
ejercicio político de las poblaciones siempre puestas al margen47.
Sus reflexiones permiten percibir la creatividad y el ingenio puesto
en obra por quienes siempre han sido ‘malvistos’ como ignorantes,
vagos, etc. Lo interesante es que se cuida mucho de caer en
‘bondades’ ilusorias.
43 Bryan González Hernández, Más allá del Libre Comercio: Seguridad Esencial.
Heredia, Costa Rica, Universidad Nacional, 2008, 142 págs.
44 Renán Vega Cantor, Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar.
Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las Ciencias
Sociales. Caracas, el perro y la rana, 2008, T. 1, 284 págs.
45 Gianni Vattimo, Ecce Comu. Cómo se llega a ser lo que se era. Buenos Aires,
Paidós, 2009, 131 págs.
46 Helio Gallardo, Siglo XXI, militar en la izquierda. San José, Costa
Rica,
Arlekín, 2005, 442 págs.
47 Luis Tapia, Política salvaje. Prólogo Dunia Mokrani. La Paz, Bolivia, Muela del
Diablo / Comuna / CLACSO, 2008, 126 págs.
54
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Por su parte, la filósofa belga-española, Chantal Maillard, en
un estudio dedicado a María Zambrano, proporciona lúcidas
sugerencias para revalorar la fuerza creativa de las tan denostadas
metáforas o, si se prefiere, ejercicios metafóricos48.
Ireri Sanvicente Flores, desde México, invita a repensar la
integración de la región con base popular y a decidirse por
abandonar toda pretensión de ‘localista’ que ignore la proyección
regional o de Nuestra América49.
El historiador de la ciencia mexicano, radicado en Madrid,
Jaime Vilchis nos recuerda algunas de sus valiosas sugerencias
sobre la dimensión utópica: metopía, ec-topía y hasta post¿tópica?50.
Finalmente, creo que no podemos olvidar aquellos aportes
pioneros del obrero curtidor contemporáneo de Marx, Joseph
Dietzgen, quien ponía sobre la mesa de la discusión, en contra de
idealistas y neokantianos -aunque alimentándose con fruición de
sus aportes- la dimensión epistemológica como central para el
proceso revolucionario, al cual veía encarnado en la
socialdemocracia51.
La reflexión reciente de Franz Hinkelammert ayuda a
correlacionar matrices culturales religiosas y seculares. La
articulación del pensamiento filosófico y social con la teología
puede resultar fecunda. Claro, que también conlleva riesgos de
mistificaciones, hasta del propio mito52.
Por su parte, las relaciones entre estado, mercado y
sociedad siguen constituyendo un triángulo decisivo. Quizá puede
mover a confusiones pensar sociedad como comunidad, aunque
atender al tercer estado sigue siendo labor fecunda53.
La tarea consiste, por lo tanto, en construir opciones. Las
opciones no están dadas. Requieren ser construidas para abrir
espacios a decisiones viables. Forman parte del estudio acucioso de
lo dado (o status quo), reclamado por la tensión utópica para poder
48 Chantal Maillard, La creación por la metáfora. Introducción a la razónpoética. Barcelona, Anthropos, 1992, 190 págs.
49 Ireri Sanvicente Flores, “La integración latinoamericana y popular como
necesidad ante el conflicto actual”, trabajo final Seminario de Postgrado 2008.
50 Jaime Vilchis, “La modernidad alternativa de Ibero-América”. Madrid,
noviembre 2008, gentileza del autor.
51 Joseph Dietzgen, La esencia del trabajo intelectual y otros escritos. Prólogo de
Anton Pannekoek. México, Grijalbo, 1974, 242 págs.
52 Franz Hinkelammert, Hacia una crítica de a razón mítica. El laberinto de la
modernidad. México, Dríada, 2008, 260 págs.
53 Boaventura de Sousa Santos, Reinventar la democracia. Reinventar el Estado.
Madrid, sequitur, 2ª edición 2008 [1ª de 1999], 95 págs.
55
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
hacerse operativa en la historia. Y, no podremos eludir, que utópico
consiste -ahora de modo inherente- en no capitalista, en capacidad
para transgredir las reglas del juego del capitalismo, so pena de no
llegar a ser utópico ni por goteo.
56
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Crisis: ¿oportunidad?
54
E
s un tópico reiterado el de asociar crisis con oportunidad. Y
no lo menciono peyorativamente, sino -muy por el contrariocon todo el énfasis indispensable que nos permita buscar,
escudriñar en el entramado de la crisis esas vetas de oportunidad
tan indispensables en la gestación de alternativas auténticas de vida
digna para las inmensas mayorías de la población a las cuales les es
negada. Justamente el respeto a los derechos humanos en
cualquiera de sus manifestaciones, denominaciones o generaciones
constituye la base, el supuesto indispensable para la mencionada
dignidad.
No soy economista, lamentablemente, pero puedo decir sin
temor a equivocarme que he vivido -hasta que se reconoció la crisis
financiera internacional en que estamos- dentro del ámbito que
dejó marcado a fuego la crisis del año 1929. Para los jóvenes de mi
generación las referencias a quienes se suicidaban en New York
lanzándose de los balcones de inmensos edificios era una imagen
frecuente, casi ‘familiar’ por así decirlo, aunque nos separaba de
ella varias décadas. No fue esa, sin embargo, la primera ni la última
de las crisis del sistema. Pero sí, quizá, la que más repercusiones
tuvo o se le atribuyeron. Guerras, procesos de impulso a la
industrialización ‘nacional’, etc., etc. podrían enumerarse como
parte de esas consecuencias que se le atribuyeron.
Así, llegamos a esta crisis actual con todas sus inmensas
cargas de emociones, presiones, consecuencias deplorables,
malestar generalizado, reacciones político económicas arbitrarias,
etc. Como siempre, quienes están en condiciones de imponer sus
decisiones hacen lo que les da la gana. Durante décadas perdidas,
dado que fue más de una desde los 80 del siglo pasado, nos habían
contado el cuento -pero como si fuera verdad de fe- de que era no
sólo indeseable sino hasta “imposible” que el estado interviniera en
el mercado, dado que las consecuencias de semejante intervención
atentaban contra la ‘utopía’ (en el sentido peyorativo del término)
54 Participación en el Seminario Permanente de Derechos Humanos, “V Jornadas:
Crisis y Derechos Humanos”, mesa 3: “Economía y ciencia: de la crisis de 1929 a la
crisis de hoy”, Instituto de Investigaciones Jurídicas, viernes 30 de octubre de
2009, gracias a la gentil invitación del Dr. Luis Díaz Müller.
57
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
del mercado perfecto, en el cual oferta y demanda se regularían
mediante una invisible “mano” cuasi divina. Sin embargo, llegó el
momento en que Bush junior decidió “inyectarle” algo así como
700 mil millones de dólares (seguro me equivoco, porque la cifra no
me cabe en la cabeza…) supuestamente “al mercado”, aunque en
realidad en beneficio y salvamento de ciertas empresas que
hicieron previamente todas las marrullerías imaginables y
aceleraron la llegada de la crisis. En fin, que ahora sí, intervenir el
Estado en el mercado era crucial, era el eje de la salvación de la
humanidad… Más claridoso y menos eufemístico fue Sarkozy,
cuando reconoció que de lo que se trataba era de recrear el
capitalismo. Pero, no quiero apurar vísperas. Pretendo, más bien,
detenerme todavía en algunas de estas dimensiones que considero
cruciales desde la perspectiva epistémica, quizá por deformación
profesional. Por cierto, resulta sugestivo que la metáfora elegida sea
la de una mano invisible y, aparentemente, inteligentísima, dado
que siempre se ha despreciado el trabajo manual y se lo ha visto
como despreciable e innoble frente al supuestamente muy honroso
trabajo intelectual (siempre y cuando estuviera al servicio de los
que mandan, porque en caso contrario, quienes se atrevieron a
ejercerlo pagaron sus consecuencias…)55.
Por supuesto, en todas partes del mundo, las mayorías
desprotegidas, aquellos inmensos sectores que quedan fuera,
excluidos de toda forma de Welfare, aquellos que quedan fuera de
la línea donde comienza algo de comida, servicios de salud,
vivienda, higiene, escolaridad, diversas modalidades de seguridad
social, trabajo -particularmente esto último- no hallarían ni un
ápice de mejoría en su situación. Por el contrario, los sectores
medios -cualquiera que sea su caracterización más precisa- van
cayendo inexorablemente fuera de esa frontera y perdiendo lo poco
que tenían de accesos garantizados a ciertos servicios o apoyos. Así
las cosas, lo que suele enfatizarse es la dimensión discursiva ¿habría que decir mejor de sermones supuestamente
moralizantes?- que insiste en brindar esperanzas sin alterar los
cauces del proceso y procurando garantizar lo que en la
terminología correspondiente se alude como “gobernabilidad”. O
sea, que no se salgan del huacal quienes en medio de su
desesperación podrían intentarlo. Con ello los diagnósticos quedan
más o menos como sigue: se trata de “catarritos” de origen externo
y nuestra economía está “blindada” o, más vulgarmente todavía,
55 Es indispensable remitir al libro clásico de Alfred Sohn-Rethel, Trabajo manual
y trabajo intelectual. Bogotá, El Viejo Topo, 1980, 210 págs.
58
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
hay que aguantar y resistir hoy las carencias, porque ya llegará un
“mañana” donde todo se solucionará como por arte de magia. Por
supuesto, el mañana nunca llega, ni llegará, ni se espera seriamente
en que llegue. Es sólo retórica, en el mal sentido del buen término,
para ganar tiempo siempre insuficiente para mantener la sumisión
más degradante.
Las inversiones siguen siendo canalizadas hacia sectores
supuestamente productivos sin que, ni por asomo, surjan proyectos
coherentes que permitan la inserción social de quienes han sido
excluidos y, muchísimo menos, donde se procure avanzar en la
promoción de un cierto mercado interno. Si a ello se agrega la
avalancha impositiva, donde siempre pagan los ‘cautivos’ y nunca
los que hacen grandes negocios, la situación se agrava.
Tampoco soy jurista, pero no hace falta demasiada
formación al respecto para poder apreciar los grandes avances en
cuanto a la reflexión sobre las diferentes facetas de los derechos
humanos y la cuasi nula vigencia de los mismos en la efectiva
cotidianidad siempre tensa y plena de azares. Durante mucho
tiempo se insistió en la necesidad de tomar conciencia y de
expandir la conciencia acerca de esos derechos. Pero, en los
orígenes mismos de su gestación moderna, por decirlo de alguna
manera, ya estaban insertas buena parte de sus dificultades u
obstáculos. Con la Revolución Francesa se dará auge a esos
derechos mientras tuvieran poco que ver con mujeres o con
negros/as. Tanto unas como otros/as tuvieron que ponerse en
marcha para hacerlos valer de algún modo, siempre rebasando los
marcos de la legalidad vigente, donde justamente lo vigente es lo
que se echa de menos. Así se daría pie a los inicios de los procesos
de emancipación -truncos, frustrados, pendientes- de Nuestra
América. En Haití se vería con nitidez esa demanda creciente con
todas sus consecuencias institucionales.
Conviene volver al trabajo. ¿Qué significa hoy tener,
conseguir, obtener un trabajo? Ni siquiera lo que significaba hace
unos años cuando aparecía como sinónimo de una cierta
estabilidad y cuando se pensaba casi rutinariamente que haber
conseguido el puesto colocaba a la persona en la situación de “hacer
carrera”, de ir avanzando hacia mejores posiciones, asumiendo
mayores responsabilidades, logrando producir más y mejor. Ahora,
es simplemente una salida temporal, sin ninguna garantía de nada,
colgada de la mentada “flexibilidad laboral” o sea de decisiones de
‘arriba’, sin ningún requerimiento para justificar la decisión o
permitiendo ‘justificarla’ con cualquier referencia a la crisis en
59
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
general, a dificultades presupuestales, al desempeño de la víctima.
En fin, que trabajo es, más bien, cómo rascarle para lograr algún
ingreso, amodorrarse en algún segmento de la buRRocracia o
directamente buscarle por el lado de la delincuencia disfrazada de
“informalidad” o lo más ‘formalizada’ posible.
Aquí conviene insistir en que la administración
(buRRocratización de los procedimientos decisionales acerca de la
aplicación de las leyes) del estado de supuesto derecho termina por
convertir el asunto en un agotador procedimiento papelístico donde
lo único que se desea es que se acabe de alguna manera, sin
garantía ninguna para la vigencia efectiva de esos derechos que
quedan en palabras, en el mejor de los casos en buenas intenciones,
pero no terminan de concretarse efectivamente.
La pregunta que se impone frente a este panorama es por
qué, por qué ocurren así las cosas y cómo podría intentarse una vía
diferente. Si todo es fruto de la ‘naturaleza’ humana no habría nada
que hacer más que aguantar, entrenar la paciencia para seguir
soportando más de lo mismo. Si no fuera así y se reconociera
cabalmente su naturaleza histórica, procesual, cultural, simbólica,
social, política, etc., entonces sí se estaría en condiciones de
intentar una transformación de fondo.
Si se me concediera, aunque más no fuera a modo de
hipótesis, esta última versión, entonces la cuestión cambia
radicalmente. Se trataría de examinar a fondo el asunto y ver cómo
resulta inaceptable toda esta rutinización tan insuficiente. Por eso,
hace ya muchos años, me permitía insistir en la idea de que el más
fundamental de los derechos humanos es el derecho al ejercicio
propio de la razón. Aclarando que no me refería a una presunta y
hasta presuntuosa razón propia, sino al ejercicio propio de la
racionalidad que nos es común a todos y todas los seres humanos.
Es que para aquellos años en que se estaban gestando las
posiciones que luego serían visualizadas como supuestamente
“post”, particularmente las de una sensibilidad postmoderna que
aparecería como deslegitimadora de los denominados grandes
relatos mientras ella misma constituía implícitamente un gran
relato acerca de la historia, cayendo en las dificultades a veces
insuperables de ciertas filosofías de la historia implícitas en la
reflexión, reconocer razones por aquí y por allá no era ningún
problema, siempre y cuando quedara bien claro, como siempre
estuvo y siempre quedó, que quien tenía la fuerza hacía con la
razón lo que le daba la gana. Y si no, pensemos en Bush padre
‘garantizando’ la democracia en Irak, por ejemplo… Por lo tanto, la
60
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
cuestión no es reconocer razones o racionalidades diversas, sino
aceptar las reglas lógicas de la racionalidad, no renunciar a ella
aunque no tengamos la fuerza y no cejar en el empeño de lograr la
vigencia de aquellos derechos, como éste de pensar con nuestras
propias cabezas de manera protagónica, que son indispensables
para la vida humana56.
Este es el punto donde no se puede eludir la denostada
cuestión social, el conflicto social, la violencia que el sistema
capitalista instaura y disimula. No alcanzan todos los maquillajes
habidos y por haber para cancelar la vigencia de las reglas del juego
del sistema, según las cuales todas las éticas y morales quedan
subordinadas a la ética-moral hegemónica: el darwinismo social o
sea la competencia individualista a cualquiera precio, caiga quien
caiga, sin solidaridad, ni fraternidad, ni hospitalidad, ni nada que
pudiera vislumbrarse como muestra de debilidad57. Los fuertes son
los que triunfan. ¿Y si no triunfan? Es que no eran fuertes…, o
hábiles, o vivos, o ambiciosos, o capaces, etc., etc. En palabras
concisas: dentro de las reglas de juego de este sistema, que se
especializa en exacerbar las diferencias, es muy difícil si no casi
inviable hacer efectiva la vigencia de los derechos humanos, porque
hasta lo humano es convertido en negociable, canjeable, mercancía
al fin y al cabo o, peor aún, materia prescindible, con todas las
consecuencias que de ello se derivan. No quiero dejar de consignar,
entre ellas y justamente porque no se trata de excepciones, la de los
campos de concentración y exterminio, modelos de las sociedades
actuales y, de ninguna manera, casos excepcionales como suele
aludirse. Más bien, formas paradigmáticas de organización de lo
social, sin participación y sin asomos de aquella soberanía por la
que tanto se luchó durante centurias, especialmente en el mundo
ibérico, aunque no quede demasiada conciencia de ello.
No puede eludirse, entonces, la confirmación de la
dificultad nodal para enfrentar la crisis y, de veras, superarla: las
reglas del juego del capitalismo. Sin transgredir o rebasar esas
reglas del juego, vale decir, sin ruptura de fondo con el sistema
capitalista, no hay salida factible de la crisis. Sólo paliativos a la
espera de la próxima crisis, pero no salida o solución efectiva de lo
que produce las crisis. El costo de no enfrentar esta cuestión de
56 Cf. mi Democracia e integración en Nuestra América (Ensayos), Mendoza,
Argentina, Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, 2008, 180 págs.
57 Cf. Ricardo Maliandi, Ética: dilemas y convergencias. Cuestiones éticas de la
identidad, la globalización y la tecnología. Buenos Aires, Biblos / Universidad
Nacional de Lanús, 2006, 253 págs.
61
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
fondo sigue representando dolor, sufrimiento, exclusión, ninguneo
y afectaciones radicales a los principales derechos humanos: el
derecho al ejercicio propio de la razón y el derecho a la dignidad
humana más plena.
62
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Para colocarnos modestamente
a la altura del legado
sanmartiniano
58
(No puedo menos que comenzar recordando una sugestiva coincidencia.
Hoy es el aniversario del nacimiento de mi hermano menor, a quien
bauticé Cabus, y quien dolorosamente falleció siendo todavía casi un
bebé.)
Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido: me
equivoco, yo soy del Partido Americano59.
Su memoria no es patrimonio de ninguna familia, ni
institución, ni país. Es parte de una historia americana y
universal que debe ser revisada: un camino que habrá que
escribir y emprender de nuevo60.
Q
ué podría aportar sobre San Martín un mendocino, criado a
13 km del centro, en medio de viñedos y mirando al
Aconcagua y al Tupungato todos los días? Para colmo, nacido
en 1950, “El Año del Libertador”. Que estudió primaria y
secundaria en la calle San Martín. Para quien el Parque General
San Martín era irreemplazable con su lago, su calesita, el Cerro de
la Gloria con su inmenso y hasta abrumador monumento al cruce
de Los Andes. Quien disfrutaría siempre viajando en el Ferrocarril
General San Martín, más que nada para cenar lengua a la vinagreta
y jugar toda la noche al truco en el comedor del tren. La figura de
Fray Luis Beltrán y su estatua en plena calle San Martín, en ese
entonces, era de un valor simbólico inmenso. No fue un detalle
menor el que de ahí partiera la “marcha del silencio”, que los
estudiantes organizamos en repudio a la represión por el
58 Conferencia en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, el 24 de abril de
2010. Agradezco la honrosa invitación del Sr. Prof. Ricardo Scollo, Secretario de
Cultura del Gobierno de Mendoza y de la Prof. Liliana Bermúdez, Directora de
Cultura de la misma Secretaría. Agradezco a Amalia Velicia, Roberta de Negri y
Néstor Medina las gratas interlocuciones y sus valiosos comentarios y sugerencias,
que me ayudaron a perfilar mejor esta intervención. Por cierto, lo aquí afirmado es
de mi exclusiva responsabilidad.
59 Carta de San Martín a Guido, del 20/10/1845, cit. por Norbert Galasso, Seamos
libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín. Buenos Aires, Colihue, 1ª
reimpresión, 2000, p. 548, cursivas en el original.
60 Hugo Chumbita, El secreto de Yapeyú. Buenos Aires, Booket, 3ª ed. [1ª de
2001], 2005, p. 201.
63
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Cordobazo en el 69. Una estatua muy cercana a la Biblioteca
Pública General San Martín (ahora ha sido reubicada más cerca
todavía), en donde habría valiosos materiales para sus trabajos
ulteriores. Con la Plaza San Martín al paso para todo. En fin, un
mendocinito para quien ir a tocar el paso de Uspallata, llegar al
Manzano histórico y sentarse debajo o arrodillarse a los pies de la
Virgen del Carmen de Cuyo, resultaban rituales energéticos
indescriptibles. Esa misma Virgen del Carmen, Patrona y Generala
del Ejército de los Andes, con el mítico bastón de mando en sus
manos. También de sus pies salimos en protesta frente al
Gobernador y el Arzobispo en el 69, después del Te Deum. En fin,
un mendocino que buscaría llegar un día a la ribera donde se dio la
Batalla de San Lorenzo, porque siempre llevaría en su memoria la
Marcha de San Lorenzo y, particularmente, aquello de “y allí salvó
su arrojo, / la libertad naciente / de medio continente, / honor, /
honor / al gran Cabral, / ¡viva Cabral!”. Y eso, siempre visualizando
a Cabral muy morenito. O sea, un menduco que, además, iría casi
en procesión hasta la Catedral de Buenos Aires, cuantas veces
pudo, sólo para ponerse a los pies de los restos del Libertador y
tratar de asimilar allí, en largos ratos de contemplaciónmeditación, algo de sus fuerzas y vibraciones fecundantes.
Volviendo a la pregunta inicial, seguramente muy poco
podré aportar desde el punto de vista historiográfico. No sólo
porque la historiografía relativa a San Martín es -valga el tópico
resobado- inabarcable, sino porque no es ése mi campo específico,
aunque me alimento de él permanente e insaciablemente. Más bien
son otros detalles sobre los que quisiera llamar la atención como un
modo de insinuar, estimular y hasta, si me lo permiten, provocar
un acercamiento un poco distinto al ritualizado. Permítanme
insistir en esta otra manera de mirar, complementaria y de ninguna
manera excluyente o soberbia. La expresaba de modo sugestivo la
colega y amiga economista venezolana Judith Valencia, cuando
escribía:
Esta aventura me conduce por el sendero de una opción del
saber que se centra en la filosofía, como actitud vital
elaborada, filosofía como visión de mundo, como
personalidad desplegada: quedando así la filosofía, no como
oficio sino como invitación a pensar, a profesar […] En mi
entender, profesar una visión es un ‘desde allí’, un ‘desde
donde’ se dimensiona el mundo dándole sentido a los
acontecimientos. Quien pone en práctica la capacidad de
64
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
captar sentido allí donde estaríamos tentados a ver sólo
hechos61.
El asunto es que para mí, San Martín nunca fue visualizado o
experimentado como el Padre de la Patria y, mucho menos, como el
Santo de la Espada. Siempre me agradó y atrajo su apariencia
elegante y su corporalidad de circunspecto, su esfuerzo por superar
enfermedades crónicas (por cierto, en sugerente paralelo con el
Che) y el recurso a la homeopatía (muchos otros, más sanos que él,
duraron menos sobre este mundo…), su cercanía con la gente, con
su gente. Aquello que captaba -¿reinterpretando, como siempre?formando parte de algo así como una inmensa capacidad para
formar equipo, para liderar, pero sin someter y siempre con
muchísimo respeto y valoración al aporte de los/as demás. ¿Será
que me identificaba, porque me sentía cómodo haciendo algo
semejante en mis reducidísimos ámbitos? La verdad es que en esos
entramados compartidos me sentía -y me sigo sintiendo- como pez
en el agua. Y pongo el ejemplo del pez, porque eso había que ir a
buscarlo en una zona árida como Mendoza casi con lupa. ¿Peces?
Para ellos se requiere agua y para nosotros el agua es un bien cuasi
sagrado. Exige conocerlo, buscarlo, canalizarlo y conocer el sistema
de acequias, lo cual nos conecta de inicio con el mundo azteca, el
camino del Inca y, por supuesto, el Puente del Inca. Todo por ahí,
cerquita de la ruta sanmartiniana. Y si, para colmo, después te toca
como a mí, la posibilidad de ir un tiempo a Bariloche y admirar
aquellos parajes y su gente, particularmente a los chilenos que ahí
radicaban en las periferias y en condiciones infrahumanas, y si uno
tiene alguna idea de las montañas y te ha gustado escalar y
aventurarte en ellas, te das cuenta de la meticulosa preparación del
cruce de Los Andes por donde se lo hizo y cómo se utilizaron otros
pasos incomparablemente más sencillos para despistar. En fin, lo
que trato de trasmitir es que ese San Martín no apareció nunca a mi
percepción como alguien lejano, ajeno, impertérrito, inalcanzable.
Al contrario, me parecía que estaba allí, que me y nos acompañaba
cuando íbamos de campamento, cuando escalábamos, cuando
jugábamos a los expedicionarios, cuando… Pensándolo bien,
siempre. Seguramente, las inagotables lecturas de Billiken, Gatito,
y las adictivas figuras de Patorucito e Isidorito (más que Patoruzú e
Isidoro) y del Teniente Kirck, además del ambiente de D’Artagnan y
Los Tres Mosqueteros, debían darme pautas y códigos para ello. Es
como si esa figura de San Martín me hubiera acompañado, pero no
61
Judith Valencia, Anotaciones precisiones de método. Caracas, Ediciones Jotao,
1991, pp. 99-100.
65
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
como un icono, sino como un personaje, hasta un casi amigo
paradigmático. Me temo que estos aspectos que comparto, no sin
temor y temblor, les sugieran a ustedes que quien les habla vivía en
las nubes… Es probable e, incluso, que todavía siga viviendo por
ahí. En todo caso, siempre hago bromas cuando andando por el
mundo me preguntan de dónde soy y contesto: de la tierra del sol y
del buen vino; me acostumbraron a beber antes de desayunar, para
no desayunar en ayunas. No me lo creen, o no del todo, pero se
quedan a veces con la boca abierta. En fin, quiero pensar más bien
que en la metáfora de vivir en la luna, en la del soñar despiertos y
esa metáfora tan pletórica de significación nos reconduce de lleno a
San Martín.
Cuando hablo de colocarnos “modestamente” a la altura del
legado sanmartiniano no quiero sugerir, de ninguna manera, un
enfoque moralista al respecto. Siempre me hastiaron las referencias
sofocantes a sus virtudes: austeridad, modestia, valentía, dignidad,
honor. Y siempre me preocupó tanto cacarearlas, no sólo porque a
pesar de mostrarlo como ejemplo, no hacía falta mucha atención
para darse cuenta de que no se practicaban esas virtudes, ni
siquiera (o muy especialmente) por quienes nos las predicaban -¿y
todavía predican?-. Más bien, porque en este tipo de énfasis es
inevitable remitirse a los vicios y allí surgían siempre de inmediato
algo así como: traidor, desertor, drogadicto, cobarde, desleal,
prepotente de modo disimulado, pedante, etc. Y no es que estemos
exentos de estos riesgos, pero esa polarización no me ha parecido
nunca demasiado fecunda.
También fueron para mí elementos de referencia y atracción
constante la espada, el Estandarte de Pizarro, el sugestivo Falucho,
el asco hacia Rivadavia. Y, todavía más sutilmente, su dimensión
española. Siempre todo lo relacionado con lo ibérico (español y
portugués) me ha atraído mucho y, especialmente, las… No sé muy
bien explicarlo, pero entre ibéricos e ibéricas me siento muy a
gusto. Disfruto su humor, su comida, su música, su arte, su
cotidianidad, sus maneras y expresiones. Y, al mismo tiempo, me
indigna todo lo que tiene que ver con la prepotencia y arrogancia,
no personales, porque suele ser más bien chistosas, sino coloniales
e imperiales, vigentes hasta el día de hoy. Y otro elemento, peor y
más difícil de transmitir. Nunca vi a San Martín como militar, como
milico, para decirlo crudo y duro. Pero, ¿acaso no lo fue y de cuerpo
entero? Sí, pero con unas características que lo acercaban a la
cotidianidad en lugar de alejarlo. Sí, por su disciplina, entrega,
vocación de conducción y de servicio. No, porque nada tuvo de
66
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
arbitrario, petulante, dominante, ajeno, intolerante. Y es que los
milicos que nos tocó padecer, difícilmente podía uno sentirlos
como parte de uno mismo, sino como agentes agresores de
intereses y potencias ajenas, no identificables con nosotros. Y eso
que actuaban, supuestamente, en nombre de la patria, en defensa
de la nación, como representantes -¿auto designados?- de la
civilización occidental y cristiana. Pero, todavía más quisiera añadir
antes de que me obliguen a bajarme de aquí y a cerrar la boca. Y lo
digo casi como una confesión íntima y muy recatadamente. Nunca
pude verlo a San Martín sólo como un ‘argentino’, en el sentido
restringido del término. Siempre se me apareció como mucho más.
Si ustedes quieren, como una especie de concentración del ser
argentino, pero forjado siempre con madera nuestroamericana,
para decirlo de una vez por todas. Argentino sí, pero sabiendo que
la patria chica ni a eso llega si no hay Patria Grande. Y claro que no
pensada esta última al modo de Leopoldo Lugones. No como la
grande Argentina, sino como la Patria y, mucho más, Matria que
nos hace posibles y que debemos, no tan paradójicamente, parir62.
Aquí debo detenerme y afrontar también una objeción, la
cual seguramente ya pugna por brotar de sus bocas. ¿Será posible
que un provincianito tuviera alguna visión de Nuestra América? ¿A
partir de qué? ¿Con qué elementos? ¿Con qué información? No
tengo la menor idea y no sabría cómo responder a esa pregunta. Lo
único que puedo decir, es que me sentía formando parte de algo
muy difuso y brumoso, pero la atracción era fuertísima. Supongo,
en una especie de revisión psicoanalítica a la carrera, que la
convivencia con migrantes, principalmente, chilenos/as y
bolivianos/as, que venían para la cosecha de la uva, me daba algo
en ese sentido. También el atractivo seductor del guaraní y la
historia paraguaya, la hermandad con los uruguayos y lo
enigmático de los brasileños y su lengua, además del futiboll. Pero,
62 Por supuesto el tópico es retomado. Cf. José Ignacio García Hamilton, “En el
nombre del padre” en: Nueva. Bs. As., domingo 17 de agosto de 2008, pp. 14-16.
En mi caso, hago referencia a la noción de matria / hija, del filósofo republicano
español José Gaos. Son sugerentes las observaciones siguientes: “En todo
Occidente, la patria resultó un excelente discurso cohesionador inicial: el amor a la
tierra de los padres, circunscrito y totalmente local, se utilizó de manera abierta
para incluir a la república y la nación. En este mismo sentido, en Perú, el amor por
Lima, Cuzco, Piura etc. se vio insertado en un discurso mayor, la nación y la
república que se señalaron como preexistentes y motores de la independencia
cuando, en realidad, se iniciaron junto con ella y se fueron desarrollando a lo largo
de la república” (Susana Aldana Rivera, “1821 y los sueños de libertad: la apuesta
liberal del Perú republicano” en: Cuadernos Americanos. México, Nueva Época,
año XXIII, vol. 2, n° 128, abril-junio 2009, p. 108).
67
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
también otras dimensiones como la música folklórica y sus
expresiones multifacéticas respecto de la música clásica.
En fin, percibía un San Martín ambicioso, pero en el mejor
sentido de la palabra. El que quería participar en la construcción de
un mundo nuevo, acorde con el pasado -motivado por razones
íntimas muy profundas y decisivas- y forzado al exilio. Además de
todo aquello, ya ni siquiera puedo dejar de compartir con él la
condición de abuelo afectuoso. Por ello, quizá sólo me falte, para
terminar de redondear este bosquejo, añadir que ese San Martín se
me apareció siempre rodeado, integrado, formando parte de un
conjunto de seres con sus especificidades y en cuyas vidas uno
podía irse adentrando paulatinamente y de conformidad con
contextos y experiencias vitales y, como siempre, azarosas. Me
refiero, y sólo por mencionar a algunos, a O’Higgins, Artigas, el Dr.
Francia, Moreno, Monteagudo, Castelli, Belgrano, el Deán Funes,
Güemes, Miranda, Viscardo y Guzmán, Bolívar, Sucre, Hidalgo,
Morelos, Morazán, Louverture, Petion, Teresa de Mier, etc.63 Claro,
mujeres de gran protagonismo también irían asomando en este
escenario de reconstrucción ulterior, pero con más dificultades. No
porque no jugaron papeles fundamentales, al contrario, sino
porque la visión machista aparecía como normalizada y ha tendido
a invisibilizarlas, del mismo modo que a negros/as e indígenas.
Micaela Bastidas, La Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez,
Manuela Sáenz Aispuru, Rosa Campuzano Cornejo. Estas dos
últimas nacidas una en Quito y la otra en Guayaquil. ¿Casualidades
o situación clave del Ecuador en todo esto?
Dicho todo esto y puestas las cartas sobre la mesa, la
pregunta que se impone podría ser enunciada como sigue ¿qué
podemos aprender de un San Martín visto así, más de carne y
hueso y asumiendo las (de) o (mal) formaciones operantes en toda
esta intrincada trama, la cual desde dentro de cada uno y una de
nosotros y de nosotras nos lo posibilita?
63 Para el examen de algunos de estos casos particulares, cf. Gabriel Eduardo
Brizuela, José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento, Las coincidencias y
las controversias en la concepción de cada uno de lo americano y de lo nacional.
San Juan, Editorial de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, 2000, 317
págs.; Carlos A. Ferro, San Martín y Morazán. Tegucigalpa, Publicación Oficial
del Ministerio de Educación Pública, 1971, 254 págs., Alfonso Rumazo González,
Sucre. Gran Mariscal de Ayacucho (biografía). Madrid, Mediterráneo, 6ª edición,
1980, 269 págs.; Jospeh Dager Alva, Hipólito Unanue o el cambio en la
continuidad. Lima [¿?], Convenio Hipólito Unanue / Convenio Andrés Bello,
2000, 252 págs.; Roberto Ares Pons, El Paraguay del siglo XIX: un estado
socialista. Montevideo, Ediciones del Nuevo Mundo, 1987, 109 págs.
68
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Y aquí no podremos menos que referirnos a interrogantes,
los cuales subyacen a todas estas consideraciones de modo expreso
o latente, siempre y cuando seamos capaces de no dejarnos atrapar
ingenuamente por las interpretaciones mitristas, nacionalistas
estrechas o supuestamente izquierdistas64. Enunciemos estos
interrogantes medulares sin ningún orden especial. ¿Por qué
volvió?, ¿fue un desertor?, ¿qué pasó en Guayaquil?, ¿por qué se
fue a Francia?, ¿por qué no regresó a quedarse?, ¿dónde buscar una
visión adecuada de su vida y obra?, ¿podría no manipularse su
figura y su legado? Deberíamos agregar, todavía y más allá de su
vida, ¿tendría algo que ver con hacer justicia después de décadas?,
¿tiene todavía algo para decirnos que valga la pena en estos
prolegómenos asfixiantes del siglo XXI? Para intentar responder a
estas y otras interrogantes acuciosas requerimos de apertura para
dejarnos fecundar, nunca ingenuamente sino con nuestra actitud
crítica más alerta, por los aportes de investigadoras e
investigadores, colegas, amigas y amigos, cuyos esfuerzos de
búsquedas y reflexiones resultan invalorables en este esfuerzo
común por encontrar sentidos y brindarle sentidos a nuestras
propias vidas. Los invito a un breve paseo por tan fecundas
aportaciones. Pero, ¡ojo!, no a un paseo para distraernos y perder el
tiempo, sino para ganar tiempo o dejar de perderlo y afrontar con
energía las tareas pendientes.
Antes de continuar no puedo menos que hacer una
referencia a nuestra querida Haití, la primera República
independiente de Nuestra América. Y esto para mencionar dos
aspectos decisivos como antecedentes de lo (sobre)vivido
posteriormente más al sur. En primer lugar, la guerra de guerrillas
desde 1802 enfrentando a las tropas de Leclerc. Conviene retener
las frases de Lammonier de la Fosse, combatiente de esa
expedición, citadas por Dolores Hernández.
“Esta guerra nueva para nosotros, esta guerra en la que el
enemigo no estaba visible nunca, derrotó a oficiales y
soldados, era una nueva escuela que hacer, pues ya no se
entendía nada, y en cuanto más se adelantaba, más se
agravaban los peligros. Perdimos desde el comienzo mucha
gente. El ejército de ellos, {tan} invisible que no se podía
64 Y hay todavía otras que nos quieren seducir. Por ejemplo versiones, por así
decirlo ‘ibéricas’ o ‘peninsulares’ también muy esquemáticas y poco pertinentes.
Cf. por ejemplo la difundida con motivo de los 500 años del llamado
descubrimiento, Demetrio Ramos Pérez, San Martín el libertador del Sur. México,
REI, 1989, 128 págs.
69
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
encontrar, inalcanzable, se ocultaba entre los montes o
entre los matorrales y disparaba a tiro seguro contra
nuestras masas compactas” […] Esta táctica desconcertaba
al ejército francés por enfrentarse a ella por primera vez; se
trataba del preámbulo de lo que la guerrilla española de la
Sierra Morena le reservaba a la “Grande Armée” en 180865.
Más adelante, la misma investigadoras retomaría unas palabras del
historiador catalán-mexicano Carlos Bosch García (1919-1994),
cuando señaló “Al inverso del continente, Haití llevó a cabo una
verdadera revolución”66.
Hechas estas consideraciones indispensables, volvamos al
sur. El nombre de Rosa Guarú no deja de ser un hito en esta
búsqueda de sentido. Al respecto, las investigaciones sugerentes e
incansables de Hugo Chumbita brindan elementos vertebrales para
dos cuestiones sumamente delicadas: ¿por qué vino o regresó San
Martín y cómo es que adhirió, posteriormente, a la propuesta de
monarquía incaica de Belgrano? En su sugerente estudio, el
intelectual pampeano introduce en la discusión una cantidad de
elementos valiosos. Entre otros, la cuestión de la “identidad
negativa” o, mejor todavía, de la “desidentidad” a que serían
sometidos/as los seres humanos originarios de estas tierras, así
como los y las traídos a la fuerza de África, con todo lo que el
problema conlleva hasta nuestros días67. En cuanto a San Martín, la
solicitada prueba del ADN podrá darnos más luz al respecto. En
todo caso, no conviene echar en saco roto las reflexiones que aporta
Chumbita:
… San Martín atravesó una coyuntura de crisis personal.
Que su madre fuera india le infundía la certeza de
pertenecer, en sentido concreto y visceral, a la tierra donde
había nacido: era un llamado a asumir la condición de
americano. Él no podía compartir ese nacionalismo español
que rechazaba la opresión francesa y oprimía a los indianos,
tal como lo había denunciado el inca Dionisio Yupanqui en
las Cortes. El proyecto de la revolución era también el modo
de resolver las ambigüedades de su identidad. Se trataba de
fundar una nación, y a la vez, “la causa del género humano”
que compartían los rebeldes y librepensadores de todas las
razas y procedencias: la emancipación de los pueblos, que
65 Cit. por Dolores Hernández Guerrero, La Revolución Haitiana y el fin de un
sueño colonial (1791-1803). México, CCyDEL (UNAM), 1997, p. 119.
66 Cit. en Ibidem, p. 125.
67 Cf. Hugo Chumbita, op. cit., pp. 46 y anteriores.
70
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
en América significaba suprimir las castas, terminar con la
discriminación que padecían indígenas y criollos, abolir las
diferencias, estableciendo la igualdad y los derechos de
todos68.
Detalles que podrían parecer triviales son señalados también por
Chumbita con sumo cuidado. Me refiero a su comentario respecto
del acento que habría detectado en su voz Alberdi, cuando lo visitó
en 1843, porque presumiblemente “el modo de hablar expresa de
algún modo la elección de una identidad”69.
Mucho habría de respuesta a tantos enigmas, si esta
hipótesis del mestizaje fuera confirmada, como todo parece
indicarlo.
Su doble índole es confluencia de la razón europea y la
emoción indígena con que observaba la realidad, convergen
en el empeño de perseguir lo medular de la causa,
trascendiendo cualquier interés sectorial o comarcal: no
otra cosa era su concepción del “partido americano”, por
sobre las facciones políticas y las rivalidades entre las
repúblicas70.
Y justamente he querido recuperar estas líneas de Hugo Chumbita,
porque me permiten introducir una sugerencia que, me parece,
brindará mayor solidez a su propio argumento. No creo que se deba
asimilar sin más razón a europeo y emoción a indígena. Si eso fuera
afirmado así, simplemente estaríamos reproduciendo, no sólo la
oposición civilización / barbarie, sino la de masculino / femenino y
de secciones cerebrales al respecto. No parece ésta la posición de
Chumbita. Más bien, pretende enfatizar la dimensión ilustrada de
la razón sanmartiniana y la emoción obstinada y paciente, pero
nunca claudicante del Protector. Lo cual muestra, más bien, una
racionalidad-emocionalidad bien articulada, capaz de poner en
obra razonamientos y emociones provenientes de ambos mundos,
con sus percepciones correspondientes. Un ejercicio de la razón
emocionado y un control racional muy disciplinado de las
emociones71.
68
Ibidem, pp. 101-102, cursivas en el original.
Ibidem, p. 173.
70 Ibidem, p. 197.
71 ““En adelante no se denominará a los aborígenes indios o naturales. Ellos son
hijos y ciudadanos del Perú y con el nombre de peruanos deben ser conocidos” […]
En carta el general Guillermo Miller, inglés […] San Martín afirma que: “…los
negros que han servido en nuestros ejércitos merecen gran elogio por su
constancia y valor. Una prueba de su patriotismo […] es que los españoles no han
podido, a pesar de sus tentativas, formar cuerpos con ellos”” (cit. por José A.
69
71
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
El paralelo con Perón resulta inevitable, con semejante
tardía legitimación de filiación y carrera militar por delante.
Recién en 1954 su gobierno [el de Perón] reformó el Código
Civil para equiparar los derechos de los hijos
extramatrimoniales y, defendiendo el sentido de esa
legislación, él sostenía que “no hay hijos ilegítimos, sino
padres ilegítimos”72.
La filósofa e historiadora de las ideas peruana, María Luisa Rivara
de Tuesta, en su cuidado estudio sobre la entrevista de Guayaquil,
sugiere contextualizarla de modo pertinente en el plano de las ideas
y quiero recuperar aquí dos de sus consideraciones. Por una parte,
sugiere tomar en cuenta el “principismo” de San Martín y el
“realismo” de Bolívar.
Es necesario insistir en esto, ya que se trata de algo que
permitiría explicar y comprender a ambas personalidades: San
Martín habría partido de un ideal, en cambio Bolívar de la realidad.
Sin embargo, pese al realismo de Bolívar, su pensamiento se
volvería conceptual; resultaría bello en su expresividad, en el ritmo
que estructura la frase, y lo conduciría a alzar desde la realidad una
especie de vuelo ideal hacia el futuro. Por lo tanto, podríamos decir,
finalmente más convergencias que divergencias. Veamos parte de
las conclusiones de la investigadora peruana.
De esta necesidad histórica ha de surgir el ideal de una
Confederación americana, no como el sueño de un
visionario o de un ambicioso sino como una necesidad vital
propia al equilibrio y normal desenvolvimiento de América
hispana […] tendríamos que aceptar que efectivamente -y
pese a todo lo que se puede especular sobre los detalles de la
entrevista- los puntos de que trataron no se dieron al azar ni
por casualidad, sino que eran más bien consecuencias del
proceso histórico que vivía América [… ello explica que
ambos] sintieran la urgente necesidad de intercambiar ideas
Benítez, El pensamiento revolucionario de hombres de nuestra América. La
Habana, Editora Política, 1986, p. 86, cursivas en el original). Que el tema sigue
abierto, lo subrayan las siguientes afirmaciones: “Haya tenido sangre india o no –
lo cual es poco probable por los rasgos físicos de sus retratos [sic]- no hace mella
en sus campañas y triunfos, ni pueden tacharse de racistas a los que piensan que
su origen era indígena” (Carlos Alberto Passalacqua, Embajador de Argentina en
Polonia, “Rasgos salientes de la personalidad del General José de San Martín” en:
Francisco J. Rodríguez Abraham (editor), Simón Bolívar y José de San Martín
proyección y significaciones en el panorama latinoamericano contemporáneo.
Varsovia, CESLA, 2007, p. 31).
72 Ibidem, p. 184, cursivas en el original. Cf. también de Hugo Chumbita, Hijos del
país. San Martín, Yrigoyen, Perón. Buenos Aires, Emecé, 2004.
72
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
y conocerse personalmente. No fue tampoco, en nuestra
opinión, el hecho de la entrevista lo que determinara a San
Martín a abandonar el Perú […] Esto explica en última
instancia lo que podríamos llamar “la carrera hacia
Guayaquil de los personajes de la entrevista” […] el hecho
del encuentro y la conversación sostenida […] les sirvió para
acelerar sus decisiones, no llegar al enfrentamiento personal
y escoger, entre las posibilidades de realización, la más
acorde con las circunstancias históricas que enfrentaban. En
suma, la idea de su encuentro fue un acierto político y,
producido éste, se observarán sus efectos en la causa
general americana73.
En otro lugar, María Luisa señalaría, también, que
…Bolívar logró llegar antes que San Martín a Guayaquil y
por lo tanto nada tenía éste que manifestar sobre algo que
estaba manejado por los colombianos […] y que lo más
importante ante el enemigo era mostrar una perfecta
armonía y mutua colaboración74.
Por supuesto, en estas enigmáticas relaciones entre San
Martín y Bolívar mucho se ha especulado. Sin embargo, conviene
recuperar ciertos señalamientos sugerentes. Como ha indicado la
investigadora peruana Susana Aldana Rivera en un trabajo
reciente, “San Martín, como otros de su época, es un liberal
escasamente estudiado como estadista […aunque] resulta bastante
interesante como estadista”75. Ahora bien, esta dimensión tiene
73 María Luisa Rivara de Tuesta, “La entrevista entre Bolívar y San Martín” (1972)
en: Filosofía e Historia de las Ideas en el Perú. Lima, FCE, 2000, T. II, pp. 216217.
74 Ibidem, p. 181. En esto coincide con el historiador ecuatoriano, Alfonso Rumazo
González (1903-2002) quien, en su magnífica historia comparada de ambos
Libertadores, muestra cómo el llegar primero y la correspondiente ocupación
espacial fue decisivo en este caso. Interesantes sugerencias sobre la conocida como
‘carta de Lafond’, aunque resulta difícil compartir todos los detalles de su
argumentación y sus tomas de posición, en Eduardo L. Colombres Mármol, La
Entrevista de Guayaquil. Hacia su esclarecimiento. Buenos Aires, EUDEBA, 1972,
230 págs.
75 Susana Aldana Rivera, op. cit., p. 123. En la misma página señalaría un poco
antes, como prueba de esta dimensión de “estadista”, la carta que San Martín le
dirigiera a O’Higgins en 1822 “para sumar fuerzas y enviar un armada a España y
arruinar en lo posible el comercio español”. Antes todavía había señalado otro
punto clave: “El verdadero capital, y rápidamente lo entendieron los de la época,
era el territorio […] en el fondo se percibía que, a mayor territorio, mayor cantidad
de riqueza; así de simple. Cada país buscó mantener o conseguir la mayor cantidad
posible de territorio que era la posibilidad de la riqueza” (pp. 115 y 117). En
relación con el territorio conviene complementar la información con los siguientes
73
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
también sus limitaciones comparativas. En un estudio clásico sobre
Bolívar, Gerhard Masur señalaba en 1948 en una nota:
Se ha dicho a veces que San Martín y su ministro
Monteagudo fueron quienes realmente iniciaron el plan de
una Liga de Naciones de América del Sur, pero esa
interpretación es errónea, pues San Martín, en su famosa
proclama del 13 de noviembre de 1818, pedía solamente un
tratado de alianza entre Argentina, Chile y Perú, mientras
que Bolívar aspiraba a una verdadera Liga de Naciones de
América del Sur76.
Por su parte, el recientemente fallecido geógrafo y americanista
polaco Andrzej Dembicz (1939-2009) señalaba:
…el gran problema de los dos libertadores, ya que ninguno
de ellos supo arreglarse con sus contemporáneos, ni con sus
compatriotas. El problema es que aquellos miraban y
apuntaban demasiado lejos, mientras que sus opositores,
cansados ya de las ideas del futuro, querían vivir y construir
lo de hoy. Exactamente igual con nosotros en el siglo XXI:
seguimos sin cambiar77.
O como dijera el Embajador de Perú en Polonia, Juan Velit Granda:
Extraño y triste destino de nuestra América que a sus dos
más grandes hijos les podrían perdonar todo menos el éxito.
Todo se disculpaba, menos la grandeza78.
Es importante advertir, también, que no se quedaron estas
propuestas en estas versiones, que podríamos denominar, iniciales.
Hubo más sueños diurnos muy sorprendentes surgidos entre
quienes participaron de estos esfuerzos modeladores. Por
mencionar sólo un caso sugerente, el del General colombiano José
María Melo (1800-1860), quien participó con Bolívar de las
campañas libertadoras y murió finalmente fusilado por los
conservadores en Chiapas, mientras formaba parte de las fuerzas
de Juárez y Albino Corzo. Melo impulsó en Colombia, con su fuerte
trabajos: Fernán Altuve-Febres Lores, Los reinos del Perú. Apuntes sobre la
monarquía peruana. Lima, Estudio Altuve – Fevres y Dupuy S.C.R.L., 1996, 231
págs. y Gerardo León Guerrero Vinueza, Pasto en la guerra de independencia
1809-1824. Bogotá, Historia Crítica de Nariño, vol. II, 1994, 195 págs.
76 Gerhard Masur, Simón Bolívar. Prólogo de J.L. Salcedo-Bastardo. Versión
española de Pedro Martín de la Cámara. Caracas, Grijalbo, edición actualizada,
1987 [la 1ª en inglés es de 1948], p. 488, nota 13.
77 En: Francisco J. Rodríguez Abraham (editor), Simón Bolívar y José de San
Martín proyección y significaciones en el panorama latinoamericano
contemporáneo. Varsovia, CESLA, 2007, p. 12.
78 “José de San Martín y Simón Bolívar dese la perspectiva de la reunión de
Guayaquil” en: ibidem, p. 48.
74
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
liderazgo popular, la reivindicación del proyecto bolivariano y,
como nos lo ha enseñado Gustavo Vargas Martínez (1934-2006),
fue derrotado su “experimento y ensayo social, insólito y único en la
historia de América Latina, de crear una república de artesanos”79.
Con esto, quiero aprovechar para enfatizar un punto generalmente
descuidado y que el historiador colombiano-mexicano siempre
puso de relieve: la superación de un “nacionalismo estrecho”. Las
siguientes líneas expresan esto con toda claridad y conviene
meditarlas cuidadosamente.
En 1823, Bolívar nombró su primer embajador en México;
para este cargo importantísimo, designó a don Miguel
Santamaría, quien era oriundo de Veracruz; a su vez México
nombró su primer embajador en Inglaterra a don Vicente
Rocafuerte, y este embajador era colombiano [de la Gran
Colombia, nacido en Guayaquil]80.
O sea, el embajador colombiano en México era mexicano y el
embajador mexicano en Inglaterra era colombiano. Y así también
se mezclaron en las fuerzas armadas y en otras tareas comunes. Por
esos tiempos, se llegó a preparar una fuerza conjunta, calculada en
70 mil hombres, para ir a liberar Cuba y Puerto Rico. Y, mucho
más,
…Bolívar pensó que si se tenía éxito y se podía enrolar
nuevas tropas y montar una armada completa seguirían
hasta España, porque la pretensión de Bolívar era lograr la
aceptación de la Independencia en territorio español. Esta
es una cosa muy poco sabida pero es extraordinario
reconocer que Bolívar alcanzó a alistar 14 mil soldados, que
además tenían una característica muy peculiar: Bolívar
deseaba que fueran tropas de negros, y su intención era
llevarlos precisamente a España, para ayudar a los liberales
españoles en su lucha contra los monarquistas81.
Resulta imposible, en relación con esto, olvidar que Gustavo
siempre repetía que Bolívar era mucho más grande por lo que
pensó y no hizo, que por todo lo que logró hacer82. Con todo,
también hay que señalar limitaciones sintomáticas. El historiador
venezolano Alirio Lizcano lo señalaría implacablemente a propósito
79
Cf. Homenaje al General José María Melo soldado de Bolívar sacrificado en
Chiapas. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, H. Ayuntamiento, 1989, p. 18.
80 Ibidem, p. 27.
81 Ibidem, p. 28.
82 Cf. Gustavo Vargas Martínez, Bolívar y el poder. Orígenes de la Revolución en
las Repúblicas entecas de América. México, CCYDEL (UNAM), 1991, 197 págs.
75
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
de las justificadas reservas de Bolívar en relación con la
Confederación del Río de la Plata y los Estados Unidos en 1825:
A los pocos días en otra carta precisa a Santander que los
americanos del norte y los de Haití por sólo ser extranjeros,
tienen el carácter de heterogéneos para nosotros y que por
lo mismo “jamás seremos de opinión que los convidemos
para nuestros arreglos americanos”83.
En fin, también hay que mostrar que muchos otros participaron de
estas búsquedas infructuosas. Fue el caso del jalisciense Simón
Tadeo Ortiz de Ayala (1788-1833), quien desde Nueva Orleans
ofreció sus servicios para colaborar en la insurgencia mexicana y
después recorrió toda la región buscando apoyo. El historiador
mexicano Salvador Méndez Reyes lo ha señalado con mucho
énfasis:
Después de largo recorrido por América del Sur, el
jalisciense llegó en 1818 a Buenos Aires, en donde insistió
en sus gestiones para que las Provincias Unidas del Río de la
Plata ayudasen activamente a los independentistas
mexicanos a través del envío de expediciones armadas.
Tampoco allí tuvo éxito.
Tadeo Ortiz de Ayala fue autor de la siguiente declaración
de gran significado: “Si hubiera de haber alguna una alianza
natural, íntima y permanente entre los pueblos, es la que se
debe formar entre la América del Sur y México”84.
A pesar de todos estos esfuerzos, la situación no cambió demasiado
durante el XIX.
El político mexicano Luis G. Cuevas reflejaba en su libro
Porvenir de México la escasez de relaciones entre las
repúblicas hermanas a mediados del siglo XIX:
Las comunicaciones frecuentes entre las naciones
hispanoamericanas, el conocimiento exacto de su situación
política y de sus necesidades, la emigración incesante de
unas a otras, aun suponiendo que en cuanto a su comercio e
83
Alirio Lizcano, Simón Bolívar en tres perfiles. Ensayo de aproximación a sus
ideas fundamentales. Prólogo de Gustavo Vargas Martínez. México, ParaDigma,
1996, p. 79. Más aportes en Manuel Rodríguez Lapuente, Biografía de Simón
Bolívar. Guadalajara, México, UdeG, 2000, 43 págs. y Francisco Pividal Padrón,
Bolívar Primeros pasos hacia la universalidad. La Habana, Editorial Gente
Nueva, 1982-3, 249 págs.
84 Salvador Méndez Reyes, “De los antecedentes coloniales a la primera década del
siglo XX” en: Felícitas López Portillo T. (coordinadora), Bajo el manto del
Libertador. Relaciones de México con Colombia, Panamá y Venezuela 18212000. México, Secretaría de Relaciones Exteriores, 2004, p. 27.
76
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
industria poco pudieran favorecerse al principio, eran
ventajas inestimables que hacen un triste contraste con la
indiferencia, sino el desprecio, con que se miran hoy, y que
llega al grado de que en todas se sabe lo que ocurre en
Europa y el último rincón del mundo, menos los sucesos de
las repúblicas americanas […] y en los demás estados hay
la misma ignorancia respecto de México85.
Retomadas estas últimas palabras fuera de contexto, podrían muy
bien ser parte de un mensaje actual en cualquier medio masivo de
(in)comunicación86.
Otros elementos importantes los ha señalado el filósofo
peruano Edgar Montiel, con motivo de un encuentro preparatorio
de estos Bicentenarios. En este caso, en relación con la resistencia
continua a la opresión por parte de los denominados como pueblos
originarios y de la tercera raíz.
No había en consecuencia, un esclavismo pasivo como
tampoco hubo una opresión pasiva y receptiva del lado del
mundo indígena87.
Y, más adelante, el mismo Edgar reivindica la noción de
“experimentalismo” para aludir a las búsquedas innovadoras de la
región y, además, con mucho criterio señala las limitaciones de
enfoques europeos o norteamericanos que suelen descalificar estos
intentos, porque “Lo más fácil es decir: “es populista, es
heterodoxo””, sin haber entendido ni captado casi nada de la
originalidad de estas búsquedas88.
Por su parte, la historiadora y filósofa venezolana, Carmen
Bohórquez, quien por suerte ha retornado al Ministerio de Cultura
junto con Farruco, ahora como Vice Ministra, señalaba en la misma
ocasión, los que consideraba “tres condicionantes fundamentales”
implícitos a la problemática de la independencia: “la conciencia y
necesaria clarificación de la identidad propia, la conciencia de estar
viviendo una situación de opresión, coloniaje o dependencia y la
conciencia del derecho a un proyecto histórico propio que responda
85
Ibidem, p. 85, cursivas mías.
Un interesante esfuerzo de reconstrucción histórica se encuentra en estos
trabajos impulsados por el Dirección General del Acervo Histórico Diplomático de
la Cancillería Mexicana. Cf., también, María Cecilia Zuleta, Los extremos de
Hispanoamérica. Relaciones, conflictos y armonías entre México y el Cono Sur,
1821-1990. México, Secretaría de Relaciones Exteriores, 2008, 426 págs.
87 Edgar Montiel, “Abordar el Bicentenario de la Independencia desde una visión
geopolítica” en: Varios Autores, Puertas del Bicentenario. Buenos Aires, gobBsAs,
2007, p. 232.
88 Ibidem, p. 235.
86
77
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
a las reales necesidades y determinaciones culturales de los
pueblos”89.
La especialista en la obra del Precursor, Francisco de
Miranda, recordaba también las sutiles observaciones de éste
último siempre a la búsqueda de la ansiada unidad en expresiones
como: “un movimiento insurreccional parcial podría dañar a la
Masa entera” o, también, como reiteraría: “un movimiento parcial
podría dañar a la masa entera”90.
Hugo Chumbita, por su parte, volvería a poner el dedo en la
llaga, cuando afirmaba tajantemente:
El proyecto de la independencia fue negado, traicionado,
desvirtuado por los dirigentes de la organización nacional y
del 80, por el país oligárquico. Y fue rescatado, continuado
en lo esencial y actualizado por los movimientos populares
del yrigoyenismo y del peronismo que vinieron después, y
por eso, a pesar de sus limitaciones, son todavía dos fuerzas
históricas vigentes91.
Y también señalaba la relevancia de mirar sin anteojeras de patria
chiquitita. Por eso recomendaba reconocer que Buenos Aires
Es una ciudad que no pertenece sólo a los porteños. Que
pertenece a los pueblos de la nación, y la nación es
Sudamérica92.
A sabiendas de que esta ‘Sudamérica’ llega hasta las entrañas del
‘vecino del norte’, vía el territorio robado y la reconquista
migratoria…
Estas reflexiones nos llevan, de nueva cuenta, a un
reconocimiento indispensable, también enfatizado por Chumbita: a
la base de la identidad patria está la identidad de los pueblos
originarios. Así podríamos evitar repetir tragicómicamente la “fatal
ambigüedad” de la celebración del Centenario de la Independencia,
cuando se intentó “legitimar el Estado con una imagen mezquina y
ficticia de la identidad nacional” 93. Y no puedo evitar insistir en
que debajo de estos supuestos, como sus fundamentos, me resuena
89
Carmen Bohórquez, “De Miranda a Chávez: doscientos años de lucha por la
Independencia de nuestra América” en: Puertas del Bicentenario…, p. 147.
90 Cit. en Ibidem, pp. 150 y 160, cursivas en el original.
91 Hugo Chumbita, “Una visión nacional del Bicentenario” en: Puertas del
Bicentenario…, p. 142.
92 Ibidem, p. 144.
93 Cf. del mismo Hugo Chumbita, “El proyecto americanista de los revolucionarios
de la Independencia” en: Hugo E. Biagini y Arturo A. Roig (compiladores),
América Latina hacia su segunda indenpendencia. Memoria y autoafirmación.
Buenos Aires, Aguilar / Altea / Taurus / Alfaguara, 2007, pp. 55-66.
78
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
el nombre de Rosa Guarú, por supuesto, gracias al trabajo
incansable del historiador pampeano.
Muchos años después y con posterioridad a la I Guerra
llamada mundial, Manuel Ugarte (1878-1951) expresaría también
esa convicción nodal, con palabras muy semejantes a las de San
Martín ya citadas como epígrafe:
Debe saberse que no tengo más partido que el que se deriva
de los intereses de mi América94.
En fin, no puedo dejar de recordar otro paralelismo inocultable.
Digámoslo con las palabras de Norberto Galasso:
… aun cuando se corrija la tergiversación, el San Martín
auténtico sólo puede ingresar a la historia de su patria
chica con la condición de que ésta se integre a la historia
latinoamericana. Argentino de nacimiento, Libertador de
Chile y Protector del Perú, que se aparta cuando se frustra
su intento de consolidar una gran fuerza latinoamericana,
resulta, para la historia argentina, un entrometido en los
países hermanos, sin preponderante actuación en el
reducido marco del país. Esto se comprende claramente hoy
porque idéntica situación se presenta con “el Che” Guevara:
también argentino de nacimiento, acompaña el proceso
revolucionario de Guatemala, se constituye en figura de
primera línea en la Revolución Cubana y es asesinado en
Bolivia, cuando intentaba gestar una fuerza liberadora
latinoamericana. Sólo la Historia de la Patria Grande
latinoamericana puede albergarlos95.
Aquí podríamos interrumpir nuestro paseo, que podría hacerse
interminable y siempre fecundante, para retomar las reflexiones
iniciales a la búsqueda de sentidos, para asumir responsabilidades
en este presente brumoso, mirando al futuro y buscando modelarlo
94 Cit. por Jorge Abelardo Ramos (1921-1994), “Redescubrimiento de Ugarte”
(1953) en: Manuel Ugarte, La Patria Grande. Mi campaña hispanoamericana.
Antología. México, Casa Argentina de Cultura, 1990, p. 34. Para mí fue interesante
conocer a Ramos en México. Aunque era el Embajador de Menem, mantuvo
siempre sus criterios y, aunque más no fuera, la reedición de este texto de Ugarte
justifica con creces su acción. También impulsó la Casa Argentina de Cultura y
fundamos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, la Cátedra Especial
“Alberdi-Sarmiento”, nada menos. Lamentablemente, a ésta no se le dio
continuidad.
95 Norberto Galasso, Seamos Libres…, p. 584, cursivas mías. Para un aporte
sugerente en el esfuerzo compartido por recuperar a estos personajes como seres
humanos de carne y hueso, cercanos, repetibles, cf. Néstor Medina, ¿Te acordás,
Che Comandante? México, Eón / Pensares y Quehaceres / Embajada de la
República Argentina, 2ª edición 2007 [la 1ª es de 2005], 168 págs.
79
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
de modo alternativo, siempre según sueños diurnos. Pero,
permítanme, antes de resumir mis propuestas, consignar algunas
preguntas que siguen quedando abiertas.
¿Por qué seguir inercialmente aceptando sólo la figura del
‘San Martín’ engullido por los milicos, cuando está claro que hay
mucho más en su legado de estadista, para decirlo sin ambages?
¿Seguirá en la penumbra todo lo relativo a la masonería, nada más
como un referente muy poco aclarado? ¿No sería necesario
enfatizar la dimensión nuestroamericana de la entrega de su sable a
Rosas por la defensa nacional y su ofrecimiento de volver a
combatir para defender las patrias (chica y Grande)? ¿Por qué se
quedó en Francia, si apoyando a Rosas quedaba con ella
enfrentado? ¿Fue sólo cuestión de medios financieros escasos?
¿Por qué sus restos descansan en la Catedral y no en un panteón
nacional público, secular, laico? Habría muchas más, pero aquí
corresponde que pase a mis propuestas.
- Nunca serán adecuadas ni suficientes las historias oficiales.
Sólo desde una cuidadosamente reconstruida historia de
Nuestra América, la cual incluya las historias regionales
comparadas, podremos estar a la altura de los desafíos
presentes96.
- No puede ser recuperado el legado sanmartiniano de
manera aislada, como si sólo de un él individualista y
autosuficiente se hubiera tratado. San Martín sin todas y
todos los demás, particularmente negros/as e indios/as, ni
siquiera hubiera existido (¡desde donde esté Rosa Guarú se
debe sentir regocijada y el Sargento Cabral y hasta
Falucho…!). No es casual que se refiera peyorativamente a
sus ex paisanos, como “maturrangos” (probablemente, por
alusión a malos jinetes o no tan buenos como los nuestros y
un tanto torpes en sus movimientos).
- Las ideas no surgen en la cabecita de un loquito por
casualidad. Suelen ser, y para advertirlo hay que rastrearlas,
fruto de múltiples y variados esfuerzos de ingenios
convergentes. Porque parece que se piensa o se filosofa solo,
pero siempre se lo hace formando parte de colectivos. E,
96 Cf. del historiador colombiano Germán Colmenares (1938-1990), Las
convenciones contra la cultura. Ensayos sobre la historiografía
hispanoamericana del siglo XIX. Bogotá, Tercer Mundo, 1987, 202 págs. y del
historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy, El dilema de la independencia. Las
luchas sociales en la emancipación latinoamericana (1790-1826). Morelia,
México, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1993, 284 págs.
80
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
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incluso, lo que se cree pensar como más propio de uno
mismo, suele tener antecedentes.
Para evitar los riesgos de posturas adánicas -o évicas- tipo
descubrimiento del Pacífico o del agua tibia, conviene
recurrir metódica y disciplinadamente a la reconstrucción
que proporciona la Historia de las Ideas. Sobre todo, porque
nunca son tampoco ideas así nomás, sino ideas inmersas en
tramas discursivas y, por tanto, ideológicas y políticas. Ideas
y prácticas en continua interrelación.
Sólo asumiendo la responsabilidad de conocer nuestra
realidad socio histórica y aventurándonos a construir la
Nuestra América añorada que todavía no es del todo
nuestra, podremos estar a la altura del legado
sanmartianiano y conmemorar como se deben estos
Bicentenarios. No basta con que pase el tiempo. Hay que
hacerlo fecundar.
Esto nos lleva, sin darnos ocasión de evadirnos, a la
compleja cuestión del deber ser. Me refiero que debiéramos
ser un género humano en plenitud, donde todos y todas
tuviéramos acceso a la satisfacción de nuestras necesidades
(y no me refiero al mero consumismo desquiciante) y a la
actualización de nuestras virtualidades. Donde colocáramos
a la dignidad como el criterio rector de la cotidianidad.
No puedo eludir un delicadísimo aspecto: la violencia. Se
suele hacer un culto de la no violencia, incluso mistificando
la figura de Gandhi y el proceso de descolonización en la
India al respecto. Aquí conviene recordar las palabras de
San Martín en momentos dificilísimos en el Perú: “… y así el
órden[sic] de la justicia tanto como la seguridad común me
precisan à[sic] adoptar el último de los recursos de la razón,
el uso de la fuerza…”97. No mistificar incluye asumir la
presencia de la violencia en la cotidianidad no sólo como
medio, sino como dimensión a controlar humanamente, lo
cual es tremendo desafío98.
Para avanzar en la consecución de la dignidad pareciera que
el camino a abrir es el de una democracia plena, la que me
97
Cit. por María Luisa Rivara de Tuesta, op. cit., p. 141, cursivas en el original.
Abundo más sobre este aspecto en mi conferencia “Filosofía para la liberación y
violencia” en: Horacio Cerutti Guldberg, Y seguimos filosofando… La Habana,
Editorial de Ciencias Sociales, 2009, pp. 106-127. Reproducido también en: Óscar
Wingartz Plata (coordinador), Reflexionando desde nuestros contornos. Diálogos
iberoamericanos. Querétaro, México, Universidad Autónoma de Querétaro, 2009,
pp. 37-56.
98
81
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
gusta denominar de las tres “c”: en la calle, en la casa y en la
cama, para enfatizar sus dimensiones pública, privada e
íntima, articuladas y hasta convergentes en sus
divergencias, estrechamente relacionadas99.
- Con la construcción de una unidad propia o integración no
subordinante, pendiente desde aquellos finales del siglo
XVIII y sólo efectuable desde abajo, desde las bases de
nuestras sociedades, se haría factible un espacio para el
ejercicio protagónico de nuestra presencia en la historia
universal.
- Y, finalmente aunque no en último lugar, arriesgándonos
con plena conciencia a transgredir las reglas del juego del
capitalismo, único modo de quedar en condiciones de
intentar la construcción de lo nuevo, que no sea más de lo
mismo en un futuro deseable.
¿Qué San Martín nos acompañaría si lo pudiéramos revivir y tener
a nuestro lado de cuerpo entero? No lo sé. En todo caso, el riesgo de
llegar a ser (bis, tátara, etc.) abuelo ‘ilegítimo’ antes sus nietos y
nietas lanzados a la aventura de ser quienes queremos y podemos
ser, es de él. ¡Le toca asumir sus responsabilidades y a nosotros las
nuestras! En mi modesta opinión, supongo que nos miraría con
ojos tiernos y comprensivos, aunque no entendiera ni de lo que
estamos hablando y hasta se emocionaría de percibir nuestro
compromiso y apasionamiento efectivo en la realización
insobornable de nuestros sueños diurnos. Esto porque sin exagerar
para él, igual que para Bolívar y muchas y muchos de sus
contemporáneos, “la política era el arte de lo imposible”100.
99
Cf. mi Democracia e integración en nuestra América (Ensayos). Mendoza,
EDIUNC, 2007, 182 págs.
100 Gerhard Masur, op. cit., p. 50.
82
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Después de doscientos años:
tareas pendientes
101
Q
uisiera aprovechar esta ocasión para avanzar y, por así
decirlo, redondear todavía más, si cabe, mis reflexiones
acerca de estas fechas tan significativas. Para ello he tomado
en cuenta lo que he logrado ir desgranando a lo largo de estos
últimos tiempos en relación con esta reflexión. Creo que no es todo,
pero sí lo más significativo que he producido al respecto. A partir
de ello y teniéndolo como supuesto, procuraré delimitar mejor mis
(a mi juicio, nuestros) pendientes.
Lo que está más claro es que aquello por lo que se luchó en
la Independencia sigue estando, en muy buena medida, pendiente.
Se trataba de reivindicar un modo de ser y las posibilidades de
desenvolverse en plenitud siendo criollas o criollos. No digamos
siquiera lo que fue el proceso de mantenimiento interno de la
colonización o de re colonización. Lo relevante es que, aparte de
esas injusticias que recién en estas últimas décadas han comenzado
a ser modificadas, aunque falta muchísimo todavía, la plenitud
criolla quedó pendiente. Y es que se rompieron los lazos coloniales
y se renovaron los lazos de dominación ahora con signos de
dependencia. Las decisiones fundamentales que afectan a estas
regiones se siguen tomando en otras partes, en los “centros” y estas
“periferias” se mantienen subordinadas a un grado inimaginable
cuando se lo examina con todo cuidado y más allá o más acá de las
cosmetologías mediáticas.
Así, parece que todo está por hacer, aún cuando tanto se
haya hecho e intentado durante estos dos siglos. Y se dice fácil dos
siglos, pero es mucho tiempo. Es el largo tiempo del día a día
demoledor.
¿La reflexión filosófica ha estado presente en estos
procesos? Siempre ha acompañado de alguna manera a los mismos.
Pero, no tenemos claro todavía cuál fue exactamente el aporte:
¿escolástica o ilustración? ¿Mixtura? ¿En qué proporciones? Es una
101
Ponencia en el Simposio “Filosofía, Independencia y Revolución”, organizado
por el Seminario Permanente de Filosofía Mexicana, FFyL, 28 de septiembre 2010,
12 hrs. Agradezco a la Dra. María del Carmen Rovira Gaspar y a la Mtra. Xochitl
López Molina por la gentil invitación. Este es el bosquejo que me sirvió de guía
para mi exposición.
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Pensando después de 200 años
deuda pendiente de la Historia de las Ideas (siempre filosóficas) en
la región. Este es un punto neurálgico para establecer el sentido y
alcance de la cacareada soberanía popular.
Importancia del Presente, dado que siempre es desde él que
re leemos la historia. Por eso aquello de que la historia no cambia
ni puede (salvo en la versión ucrónica: cómo sería la historia si no
hubiera sido como fue) y la historiografía permanentemente está
cambiando. Lo más importante es advertir que la historia se
construye y re construye desde el Presente. Esta compleja
articulación de las tres instancias de la temporalidad sigue
pendiente de esclarecimiento pertinente y riguroso. Pendiente,
podríamos decir, desde San Agustín cuando menos…
Tiempo y espacio en articulación obstinadamente compleja.
Búsqueda de dominio de espacios y tiempos todavía no logrados.
Relación con la tan cacareada y sobajada soberanía nacional.
Filosofía siempre política, lo cual requiere aclarar sentidos
de ambos términos tan polisémicos como escurridizos.
Pensamiento de la emancipación ¿qué fue exactamente?
Tarea pendiente. Emancipación y ruptura de los lazos de dominio
colonial externo, pero reafirmación del colonialismo interno.
Dependencia no ha logrado más que enquistar y consolidar esas
formas de dominación interna asociadas a las externas cada vez
más estrictas y agobiantes.
Esto lleva también a re examinar la cuestión acerca del
pensamiento, de la capacidad de pensar, de otros y otras. Mujeres,
pueblos originarios, tercera raíz, etc. Sí piensan y cómo. ¿Filosofan?
Se puede cuestionar el término por su raigambre greco latina, pero
¿es suficiente? ¿O podría ser válido recuperarlo en un sentido más
‘universal’ y reconocer la existencia de ese esfuerzo por saber en
otras culturas, regiones, modalidades de ejercer y desarrollar lo
humano? Lo cual hace inevitable aludir a las relaciones entre mito y
logos. Lluís Duch como formas de expresión en su logomítica. No
necesariamente excluyentes.
Finalmente, también a re examinar las relaciones entre
Weltanschauung (a la Dilthey, por ejemplo) y filosofía en sentido
estricto. Con su correlato de ‘profesionalización normalizadora’, de
larga data en la región. Todas tareas abiertas, pendientes, urgentes
contra reloj, para estar a la altura de los desafíos que el mundo de
hoy nos presenta y ser capaces de cuestionar radicalmente (de raíz)
sus supuestos, fundamentos, principios y reglas del juego, con el fin
de transformarlas, de poder ingeniar otras (ingenio = razón más
pasión, según Baltasar Gracián).
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Pensando después de 200 años
La simbólica ¿espacial? del
bicentenario en América Latina
del siglo XXI – Mirando hacia
el futuro
102
A mi entender, al contrario de lo que se suele decir
comúnmente, América no es objeto de un segundo
descubrimiento, un descubrimiento científico por los
europeos […] sino, principalmente es actor, y en no pocas
oportunidades un actor muy autónomo, de su propia
apertura intelectual hacia el mundo externo103.
a) Mirada filosófica:
onviene comenzar precisando las características que adopta
nuestra mirada en la medida en que resultara pertinente
denominarla mirada filosófica. Esta mirada filosófica no
podrá menos que apoyarse en ciertos soportes historiográficos,
pero apuntará a ir más allá de esas referencias, a la búsqueda de
sentido y de fundamentos de un conocimiento constructivo, capaz
de brindar colaboración efectiva para transformar creativamente la
realidad. Esto parece que resulta indispensable en momentos tan
difundidos y recargados con expectativas confusas, como son los de
los denominados Bicentenarios de las independencias. Vamos a
apoyarnos en algunos aspectos torales, que nos permitan visualizar
o vislumbrar algo de esos sentidos, en medio del exceso de
informaciones coyunturales que nos abruman y que operan de un
modo casi bloqueante. Su obsolescencia es casi simultánea a su
conocimiento. No terminan de aparecer acontecimientos
mencionados o visualizados, que ya están caducando o los medios
de (in)comunicación los presentan como en vías de caducar. Peor,
en la mayoría de los casos, simplemente los silencian o invisibilizan
sin más.
Lo primero que deberíamos examinar es si puede hablarse
de las emancipaciones como una cuestión de espacio. Y todo hace
C
102
Este texto corresponde a la Conferencia magistral que pronuncie en las
“Jornadas: Conmemoraciones del Bicentenario Latinoamericano. Varsovia”,
CESLA, Universidad de Varsovia, el 17 de mayo de 2010.
103 Andrzej Dembicz (1939-2009), “Filosofía del conocer de América”, 2006(?),
reproducción, p. 5.
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Pensando después de 200 años
pensar que sí. Es que la misma noción de soberanía entendida
como el monopolio de la violencia por parte del estado en un
territorio determinado, sería ininteligible sin esa referencia
fundamental. Luchar por espacios, por la reivindicación del espacio
propio, fue el desafío más grande de esos tiempos fundacionales.
Resulta de la mayor relevancia advertir que esas referencias a
tierras incluyen también las aguas, tanto internas como marítimas
y tanto las correspondientes al mar territorial como a la ubicación
general de la zona en el contexto del globo. Y, además, a los cielos.
En fin, que se trató y se trata siempre de un enfoque geopolítico
subyacente, la mayoría de las veces implícito.
Aquí es donde surge también la cuestión de hasta qué punto
cabe hablar de una dimensión simbólica, dado que comúnmente se
tiende a concebir lo simbólico como aéreo, en las nubes, fuera de la
realidad, sin soporte empírico o cumpliendo unas funciones
supletorias o apenas mitigadoras de carencias contantes y sonantes.
Al modo de un placebo, insuficiente por definición.
Ahora bien, el simbolismo puede -y a nuestro juicio- debe
ser aprehendido como un elemento activo y eficiente, conformador
de horizontes, inherente al ejercicio mismo de la vida en toda su
plenitud. Sin símbolos no habría vida humana, ni más ni menos. Y
aquí es donde entra de lleno el tema que nos ocupa. ¿Cómo
aprehender esa simbólica que habría dado movilidad a las
búsquedas emancipadoras, captarla en sus dimensiones espaciales
básicas o constitutivas y, sobre todo, visualizar la posibilidad de
empuñarla en relación con las emancipaciones pendientes? Esto
tiene que ver, a su vez y por si las dificultades no fueran suficientes,
con las identidades puestas en juego, construidas en el seno mismo
de la duración de estos procesos, a partir de corporalidades
participantes a plenitud en estos esfuerzos de construcción de
soberanía. Es que sin cuerpos no cabría hablar de emancipaciones.
Y resulta que las corporalidades (los cuerpos que somos)
constituyen también ámbitos espaciales simbólicamente
organizados.
Vayamos, entonces, por partes, delimitando los perfiles
múltiples que convergen en estos complejos fenómenos.
Y aquí es donde no podemos evitar la ‘deformación
profesional’ y nos vemos obligados a insistir en las interrogantes
filosóficas. ¿Qué significa, entonces, espacio? ¿Cómo abordarlo de
un modo adecuado? ¿Cuáles dimensiones deben entrar en una
reflexión pertinente al respecto y cuáles no?
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Pensando después de 200 años
Lo primero que debemos esclarecer es, por tanto, la noción
de espacio. Aquí no podemos evitar recordar a la querida amiga
geógrafa chilena, Graciela Uribe, quien afirmaba de modo tajante:
La elaboración de marcos teóricos nuevos ha permitido
superar el concepto de espacio como el receptáculo físico
inerte donde transcurre la historia y concebirlo como una de
las propiedades fundamentales con que se manifiesta la
existencia de la sociedad. La unidad entre el espacio y el
tiempo se convierte así en un criterio básico en el análisis
social104.
Por lo tanto, el espacio estaría inevitablemente transido de política
y no considerarlo adecuadamente conduce, entre otras
consecuencias indeseables, a descalificar y degradar el aporte
esencial de la geografía. Así lo subrayaba Graciela en sus decisivas
reflexiones:
La experiencia ha demostrado que, al no examinar
debidamente el problema político del poder en sus
expresiones espaciales, muchas veces no lograron
estrecharse los vínculos entre la academia y el contexto
social en que se desarrollaba, provocando frustraciones,
inseguridades e incluso depreciaciones de la labor
geográfica105.
Y, a finales del siglo pasado, añadía inmediatamente a continuación
la geógrafa chilena, en la misma página, con todo el rigor y
pertinencia de su valiosa labor intelectual, unas precisiones sobre
escalas proporcionales, también muy relevantes para nuestra
propia reflexión.
Por ello, en esta última década del milenio, la Geografía
Política en América Latina y el Caribe no puede evadir su
enorme responsabilidad. La política como pensamiento y
acción es una relación social central de las comunidades
humanas y se manifiesta en espacios-tiempos de poder
diferenciados. Indagar los entrecruzamientos con otras
relaciones sociales o los entrelazamientos en diversas
escalas y revelar estos espacios-tiempos de poder puede
contribuir a clarificar las condiciones que provocan las
rupturas entre la sociedad civil y el sector militar, entre el
ámbito político y técnico y el político, entre lo académico y
lo social por nombrar solamente algunos de los dualismos
104 H. Graciela Uribe Ortega, Geografía Política. Verdades y falacias de fin de
milenio. México, Editorial Nuestro Tiempo, 1996, p. 29, cursivas nuestras.
105 Ibidem, p. 221.
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Pensando después de 200 años
falaces que se han presentado como naturales y que han
entorpecido los estudios geográfico políticos en esta región.
Fue un mérito muy grande del filósofo e historiador de las
ideas uruguayo, Arturo Ardao (1912-2003), el haber planteado a
mediados del siglo pasado y como parte de su reflexión ‘metafísica’,
la prioridad fundante de lo espacial. Al punto de llegar a concebir el
tiempo como el fluir o, para decirlo en sus propias palabras, “La
fluencia del espacio es precisamente el tiempo”106. Pero,
recuperemos ahora los términos de Graciela Uribe. El espacio no
puede -porque no conviene y resulta impertinente- ser concebido
como el “receptáculo físico inerte” dentro del cual o en el cual
transcurren u ocurren determinados acontecimientos. Aquí la
reflexión sutil de Ardao resulta un aporte invaluable, cuando
advertía que las dificultades surgen de asociar, sin más, espacio a
extensión.
Extensión e in-tensión, o simplemente tensión, son dos
caras de una sola y misma realidad, de lo real. La
temporalidad del espacio en cuanto extensión genera el
orden de la simultaneidad, o sea del al-mismo-tiempo; la
temporalidad del espacio en cuanto tensión, genera el orden
de la sucesión, o sea del antes-después. La espacialidad
temporal extensa, del orden de la simultaneidad, es
exterioridad; la espacialidad temporal intensa, del orden de
la sucesión, es interioridad […] Se trata de un solo y mismo
espacio, siempre temporal, que por un lado es exterioridad y
por otro interioridad107.
Esta interioridad no es simplemente subjetividad psíquica, sino
también física. En la dimensión vital surgirá lo psíquico con la
conciencia, sin que se pierda la dimensión física. Y no podía el
filósofo uruguayo dejar de jugar con los términos con fuerte carga
irónica y con el ánimo positivo de provocar a lectores e
interlocutores para reflexionar a fondo sobre estas dimensiones.
Por ello, recalcaría con toda fuerza su propuesta básica:
La admisión de esta herejía de la espacialidad de lo
psíquico, reclama como condición previa, la de la herejía
inversa de la interioridad de lo espacial, aún en los niveles
pre-psíquicos y previtales de lo estrictamente físico108.
106
Arturo Ardao, Espacio e inteligencia. Montevideo, Fundación de Cultura
Universitaria / Biblioteca de Marcha, 1993, p. 153, las cursivas son mías.
107 Ibidem, p. 49, cursivas en el original.
108 Ibidem, p. 50.
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Pensando después de 200 años
Y esta concepción amplia e integral de la espacialidad, en la medida
en que fuera adecuadamente retomada, provocará consecuencias
fecundas para la concepción y configuración de la dimensión
perceptiva, tanto como para la afectiva, volitiva e intelectiva. Y
Ardao lo señaló con toda precisión, a pesar de las dificultades de
aprehensión que tal enfoque inicialmente presentaba, sobre todo,
porque estábamos y seguimos estando inercial o rutinariamente
acostumbrados a afrontar estos aspectos de otro modo, el que
responde a dualismos excluyentes como el de una exterioridad
inerte y puro receptáculo en tanto lo continente de un contenido, el
cual suele ser visualizado como completamente ajeno. Frente a eso,
Ardao insistiría:
Hay un aquí de la percepción, que no es el aquí del entorno
físico percibido: es el aquí del lugar del espacio en que se
desarrolla subjetivamente el proceso perceptivo…109.
Si la espacialidad no es trivialmente un contenedor para
contenidos disímiles, si aparece engarzada siempre a la
temporalidad, si es inherente a la condición humana, si constituye
la corporalidad que somos, la simbólica del bicentenario no puede
ser concebida sino como espacial, del mismo modo que fueron
espaciales las concepciones que estuvieron en juego cuando las
independencias y, más atrás, en los orígenes complejos de esto que
denominamos América.
Por ello no podemos renunciar al esfuerzo de pensar con
nuestras propias cabezas. Y es que la condición para confirmarnos
como autores autónomos, protagónicos y participantes en pié de
igualdad o, al menos, con oportunidades más o menos equitativas,
es el propio conocimiento, el conocimiento adecuado de la
situación general y el empuñar las propias responsabilidades
109
Idem, cursivas en el original. No cabe desarrollar aquí todas las implicaciones
epistémicas de la tesis de Ardao. Pero, conviene brindar algunas referencias para
sugerir el marco referencial a tomar en consideración. Arturo Ardao, Lógica de la
razón y lógica de la inteligencia. Montevideo, Biblioteca de Marcha / Universidad
de la República, 2000, 144 págs.; Rubén Tani y María Gracia Núñez, “La filosofía
antropológica de Arturo Ardao: el puesto de la inteligencia en el cosmos” en: Cuyo.
Anuario de Filosofía Argentina y Americana. Mendoza, Universidad Nacional de
Cuyo, n° 20, año 2003, pp. 37-53; Rubén Tani, “Fundamentos de Antropología
Filosófica en Uruguay. Arturo Ardao y la hermenéutica de Dilthey” en:
Antropología Social y Cultural en Uruguay. Montevideo, UNESCO, 2008, pp. 97105. Ya elaborado este trabajo tuve acceso al valioso texto de Yamandú
Acosta, Pensamiento Uruguayo. Estudios latinoamericanos de historia de las
ideas y filosofía de la práctica. Montevideo, NORDAN / CSIC / UDELAR, 2010,
256 págs. En él se brindan valiosos elementos para una comprensión más
pertinente del aporte de Ardao.
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Pensando después de 200 años
asumiendo desafíos y tareas innovadoras y aportativas al conjunto,
como se encargaría de poner de relieve incansablemente el
geógrafo y filósofo del conocer de América Andrzej Dembicz. Y es
que este enfoque holístico o de aspiración totalizadora de la mirada
filosófica es relevante, pero tiene sus riesgos de deformaciones,
simplificaciones y dogmatismos infundados. La generalización será
válida y pertinente, siempre y cuando no deforme o caricaturice las
complejidades de lo acontecido, de lo que acontece y de lo que
acontecerá. Será mirada fecunda, si nos permite atisbar hacia
dónde conviene enrumbarnos y esto sólo resultará mínimamente
lograble en la medida en que podamos escudriñar la trama de los
procesos históricos en su espacio-temporalidad.
b) Los momentos del descubrimiento, encuentro o
tropezón: Los espacios en disputa para la época de las
emancipaciones formaban parte de una trama geográfica,
geopolítica y geoestratégica sumamente densa, cuyos antecedentes
se ubican, cuando menos, en las enmarañadas relaciones entre
Portugal y España antes del llamado descubrimiento. A lo largo del
siglo XV se irían desenvolviendo múltiples confrontaciones que
darían lugar a un reparto, literalmente, del globo, el cual quedaría
explícito en Bulas Papales y, particularmente, en el tratado de
Tordesillas de 1494110. Aquí no vamos a entrar en los detalles y
vericuetos de la historia. No insinuando que no sean importantes,
sino más bien, porque procuraremos indicar ciertos puntos nodales
que nos permiten articular una reflexión generalizadora y, eso
esperamos, no reductiva ni simplificadora de estas cuestiones. Lo
que sí sabemos es que estas dimensiones geográficas no formaban
parte de una reflexión, como se diría posteriormente,
‘especializada’, sino que venían unidas a consideraciones religiosas,
míticas, teológicas, morales, etc. Incluso cuando se logró suponiendo que fuera un logro- separar estas dimensiones y
enfocarlas cada una por su lado, las relaciones entre ellas no se
acabaron, sino que fueron relegadas del análisis o manipuladas
hábilmente para obtener los logros anhelados. Desplazarse por el
mundo -mejor dicho, ampliar al máximo el mundo- implicó
también la posibilidad de controlar mediante el uso de la fuerza
inmensas extensiones y, sobre todo, controlar relaciones probables
o reacciones posibles de manera anticipada para proteger lo
110 Una sugerente reconstrucción de estos antecedentes y del estado de la cuestión
hasta inicio de los años 90 del siglo pasado en Therezinha de Castro (1930-2000),
Nossa América. Geopolítica comparada. Rio de Janeiro, Biblioteca do Exército
Editora, 1994, 362 págs.
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Pensando después de 200 años
considerado u obtenido como propio. En pocas y alusivas palabras,
todo el secreto consistía, para decirlo en lenguaje llano, en lograr la
habilidad y los medios suficientes y adecuados para ‘curarse en
salud’ e impedir que los enemigos declarados o potenciales
pudieran quedar en mejores condiciones de lograr sus objetivos
siempre vistos como perversos. Con esto debería quedar claro que
la violencia no surgirá de manera original o presuntamente de cero
para la época de las independencias en la región. No resulta
exagerado confirmar que la violencia constituye un sustrato
histórico permanente. Incluso los periodos de ‘paz’ aparecen como
interludios de violencia gestados en el seno de equilibrios de fuerza
más o menos estables durante tiempos muy acotados y siempre en
relación con espacios también muy determinados. En fin, Ardao
señalaría también la relevancia de este momento desde el punto de
vista espacial, en términos certeros:
[…] Como Condorcet, Hegel, Comte, y más cerca nuestro
Toynbee, Teilhard de Chardin, Jaspers, pensó Humboldt
que el descubrimiento de América estaba destinado a
quedar para siempre como el máximo acontecimiento
espacial de la historia111.
Y esto aún cuando, al mismo tiempo, reconocería la ruptura de la
cápsula geográfica, por así decirlo, mediante la apertura cósmica en
la segunda mitad del siglo pasado; con el advenimiento de la
“astro-historia”, con todas sus connotaciones postcopernicanas y
posteinsteinianas112.
c) Los tiempos ¿emancipatorios?: Aquí el problema
adquirió dimensiones excepcionales nuevamente. Es que se trataba
de salvar, recuperar y hasta intentar ubicarse en una posición
adecuada en el escenario espacio-temporal histórico mundial. Así
lo señaló con valiosas sugerencias el sociólogo y americanista
alemán, Hanns-Albert Steger, en una síntesis muy lograda por su
precisión y claridad113.
La “Guerra de Sucesión Española” (1701-1714) llevó a un
reordenamiento de Europa, cuyas consecuencias se hacen
sentir hasta nuestros días. El intento de Luis XIV de
“asumir” el Imperio universal español fracasó, si bien los
Borbones ocupan desde entonces el trono español. La
111
Arturo Ardao, Espacio e inteligencia..., p. 204, las cursivas son mías.
Ibidem, p. 106, cursivas en el original.
113 Hanns-Albert Steger, “La geopolítica mundial en tiempos de Simón Bolívar” en:
Alberto Saladino y Adalberto Santana (compiladores), Visión de América.
Homenaje a Leopoldo Zea. México, IPGH / FCE, 2003, pp. 489-497.
112
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Pensando después de 200 años
Guerra de Sucesión separa a Europa por un largo período en
un “continente terrestre” por un lado, y en un imperio
“insular marítimo” por el otro (Gran Bretaña: unificación de
Inglaterra y Escocia en 1707); en potencias “terráneas” y
una potencia marítima “of Europe not in Europe”, como lo
constató el mismo ministro del exterior, Canning, a
principios del siglo XIX.
Las potencias “terráneas” razonan a partir de un
concepto de orden universal, dentro del cual “todo territorio
del planeta (es) o bien un territorio estatal europeo -o de un
estado asimilable a esta categoría- o bien […] un territorio
que aún puede ser ocupado. La potencia “marítima” dispone
del océano, “al margen de todo ordenamiento espacial de
tipo específicamente estatal”; “(el océano) no es territorio
estatal, ni espacio colonial, ni susceptible de ser ocupado.
Está libre de todo tipo de soberanía espacial del estado”114.
Una situación semejante parece que se produce hoy en relación con
el espacio astral o cósmico. Aunque, todo está allí por verse. Y lo
que logremos advertir será seguramente sorprendente y hasta
inimaginable.
Volviendo al contexto que nos ayuda a reconstruir de forma
concisa Steger, en medio de esas tensiones se deberán mover
Simón Bolívar y, por supuesto, todos los intentos de emancipación.
Por cierto, el inicio haitiano es fundamental y permanece casi
invisibilizado en el marco de estas conmemoraciones. Ahí debemos
tomar en cuenta fuertemente que la constitución de la primera
república independiente de Nuestra América, Haití, clausuró el
proyecto imperial napoleónico. Napoleón pretendía hacer pié en
Haití, desde ahí aprovisionar a New Orleans y avanzar por la ribera
del Mississippi hasta el corazón de los USA. Al declararse la
independencia de esa porción de la isla, se ve obligado a cancelar su
proyecto, malvender la Louisiana y restringirse en sus ambiciones
espaciales115.
Por ello resulta adecuada la metáfora del “convoy” de
proyectos “encabezado por Gran Bretaña”, a que haría referencia
Steger, para la segunda década del siglo XIX:
“mare clausum” en el Pacífico Norte (Rusia),
“nación federal” americano-europea (concepto bolivariano),
114
Ibidem, pp. 491-492, cursivas en el original.
Cf. una sugerente exposición en Dolores Hernández Guerrero, La Revolución
Haitiana y el fin de un sueño colonial (1791-1803). México, CCYDEL (UNAM),
1997, 158 págs.
115
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Pensando después de 200 años
“Santa Alianza” reaccionaria (Europa Continental),
“Doctrina Monroe” aislacionista (Estados Unidos),
“Equilibrio” del libre comercio (Inglaterra)116.
Generalmente, cuando se estudian los procesos de independencia
en la región, se suele ignorar la presencia decisiva de El Caribe y
apenas se alude a todo este complejo de intereses encontrados y en
pugna. Aquí la noción de “cooperación antagónica” de August
Talheimer, recuperada por Luis Suárez Salazar, resulta de gran
interés y fuerza heurística117. Permite vislumbrar ese permanente
esfuerzo de tira y afloje entre las potencias para hacerse cada una
con lo que más les gusta. Por tanto y es lo que deseamos destacar,
no estamos frente a relaciones bilaterales, sino a complejas
relaciones convergentes y o divergentes, según convenga a las
partes.
d) Mirando hacia el futuro desde el siglo XXI: En
perspectiva aparecen múltiples facetas a considerar en este
presente henchido de dificultades y de posibilidades. Para
comenzar habría que ver qué queda pendiente de estos
movimientos emancipadores, para no entrar en el juego de la
conmemoración oportunista que se dedica a echar más incienso a
unos héroes y heroínas, seres supuestamente extraños, pero, al fin,
sólo de carne y hueso. ¡Que eso fueron y eso somos! Al alejarlos con
ese modo de extrañamiento, lo único que se logra -habría que ver si
premeditadamente buscado- es paralizarnos en nuestras
capacidades creativas. Ellos/as se nos presentan como
inalcanzables y sólo nos quedaría rendirles una especie de culto
desarmante. Claro que esto conduciría a una situación muy trabada
en términos de proceder histórico efectivo. En palabras muy duras,
pero no menos acertadas, lo consignaba así el intelectual peruano
Jorge Guillermo Llosa en aquellos años 70 del siglo pasado,
convulsos y plenos de insurgencias. Conviene reflexionar sobre la
vigencia de sus aserciones cuatro décadas después. Decía Llosa:
116
Steger, op. cit., p. 494.
“La categoría “cooperación antagónica” entre las potencias imperialistas fue
acuñada por el marxista alemán August Talheimer, después de la segunda
posguerra con vistas a explicar las intrincadas relaciones de integracióncooperación-competencia-conflicto que constantemente se producen entre las
principales potencias imperialistas, aun en los momentos en que una de ellas
mantenga una posición hegemónica o dominante en sus relaciones mutuas y, por
tanto, en los asuntos internacionales” (Luis Suárez Salazar, “Las bicentenarias
luchas por la verdadera independencia de nuestra América: algunas lecciones de la
historia” en: Bicentenario de la primera Independencia de América Latina y el
Caribe. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2009, p. 16, nota 27).
117
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Pensando después de 200 años
… tratar de vivir como lo que no se es, es el seguro camino
de la alienación y a todo lo que ella comporta; rencor
destructivo, frustración, servilismo, imitación, simulación,
dependencia…118.
Si así fuera, ¿cómo salir o rebasar semejante situación? ¿Cómo
colocarnos en posición creativa, inventiva, propositiva, para vivir
como lo que somos y deseamos ser en plenitud?
Ese es el desafío que debe afrontar esta mirada hacia el
futuro, si quiere estar a la altura de demandas y expectativas, las
cuales requieren cubrir integralmente con sus exigencias
filosóficas. Para lograr consolidarnos como autores autónomos y
autoras autónomas en apertura intelectual plena al mundo, como
nos enseñara insistentemente Andrzej Dembicz.
Aquí el espacio, lugar, sitio, región, ámbito se debe repensar
como topos y abrirnos a la presencia de la utopía como generadora
de esas tareas pendientes y todavía inconclusas, a más de todas las
renovadas, las cuales constituyen el fruto -¡ojalá maduro!- de
nuestra inventiva desbordante. Salvo que nos consolemos dejando
todo allí, pendiente, librado a su suerte. Pero, si asumimos nuestro
rol de sujetos plenos, entonces el panorama se ilumina
esperanzadoramente.
Si la emancipación la visualizamos como cuestión de
espacio, cabría pensar que el espacio se nos achicó desde las
propuestas confederales de aquellos lejanos finales del siglo XVIII y
principios del XIX hasta la última reunión de quienes detentan el
poder ejecutivo en Cancún hace unas semanas. Ese espacio,
¿debemos volver a agrandarlo? Si por achicar entendemos cercanía,
voluntad fraterna de colaboración, apoyos tecnológicos para
reducir espacios y tiempos, podríamos hasta pensar que algo hemos
avanzado. Si por agrandar entendemos ampliar nuestras
capacidades al máximo, construir nuevos ámbitos de convivencia,
borrar fronteras ficticias, responder a la seguridad colectiva,
aumentar los sentimientos de pertenencia sobre soportes
constatables y sólidos, etc., entonces sí tenemos por delante la tarea
de agrandarlo119. Y estas labores conformadoras del espacio
118
Jorge Guillermo Llosa (Lima, 1925), La dificultad de ser latinoamericano –
ensayos-. Prólogo de Jorge Basadre (1903-1980). La Paz, Universidad Mayor de
San Andrés, 1976, p. 32.
119 Sobre integración remito a mis trabajos “Hacia unas nuevas bases discursivas
para la integración” en: Revista Mexicana de Política Exterior. México, Instituto
Matías Romero (S.R.E.), n° 84, octubre 2008, 43-68 y también “Ideas e
imaginario simbólico para la integración de Nuestra América (reivindicación del
trabajo teórico de y para las amplias mayorías ante los desafíos de la hora actual)”
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compartido tienen que ver con las tres instancias de la
temporalidad, las cuales ya desde Agustín de Hipona aparecen en
relación compleja: pasado, presente y futuro. La pregunta que se
impone podría enunciarse como sigue: ¿se puede mirar de manera
efectiva y, sobre todo, construir un futuro alternativo sin memoria
del pasado y sin acción gestora en el presente? Aquí recupero la
imagen del colibrí, que ya hace muchos años brindara para la
filosofía120. La filosofía no está condenada a operar como búho de
Minerva o lechuzo que levanta su vuelo al atardecer, cuando el
proceso histórico ya pasó, sólo para decirnos que lo acontecido no
podría haber ocurrido de mejor manera. Más bien, requiere de un
pensamiento auroral o cenital, anticipador del futuro como la
calandria y constructor del mismo en el presente como lo
simbolizara el colibrí. Estas tareas siguen estando vigentes.
La espacialidad propia sigue siendo una demanda sentida y
una necesidad radical. Esta espacialidad está concebida como
ámbito de ejercicios libres. Ello se hace factible cuando existen
posibilidades y se abren puertas para elegir y optar con
responsabilidad plena. Esto lo veía muy claro hace ya muchos años
el jesuita vasco salvadoreño Ignacio Ellacuría (1930-1989), quien
junto con un grupo de sus compañeros, tuvo que pagar un precio
muy alto por luchar en este sentido. En su obra filosófica más
destacada y que quedó inconclusa a causa de su asesinato, señalaba
con precisión:
Posibilidades no es aquí aquello que no es imposible, ni
siquiera aquello que es positivamente posible, sino aquello
que posibilita. Y posibilitar consiste formalmente en dar un
poder sin dar una necesidad fija y unidireccional de
realización de ese poder. Aquí, el poder es optar. Las
posibilidades no dan el poder para optar, pero sí dan el
poder optar; el poder para optar es algo que el individuo
humano trae consigo, pero para poder optar con ese poder
de opción se requieren estrictas posibilidades posibilitantes.
Esta distinción fundamental resuelve el problema del
reconocimiento formal de la libertad, que no se apoya en la
posibilitación real de las condiciones de esa libertad: si se
en: Nelly Mainero (edición y compilación), Integración, cooperación e
internacionalización de la Educación Superior. San Luis, Argentina, Universidad
Nacional de San Luis, 2009, pp. 65-99.
120 Cf. María del Rayo Ramírez Fierro, “Colibrí” en: Horacio Cerutti-Guldberg
(Director), Diccionario de Filosofía Latinoamericana. Toluca, Universidad
Autónoma del Estado de México, 2000, pp. 74-76.
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Pensando después de 200 años
tiene el poder para optar, pero no se puede optar, porque no
se cuenta con posibilidades reales, se está negando la
libertad humana, la libertad histórica121.
Si no hay posibilidades reales, hay que construirlas. Hay que
hacerlo para posibilitar la libertad humana histórica plena. Para
ello se requiere, en no pocas ocasiones, la capacidad y la entrega
indispensables para forjar el ámbito de las posibilidades y quedar
así en condiciones de optar. Cuando parece que no hay opciones o
cuando no las hay de plano, sólo queda construirlas para dar lugar
al poder de optar. Y para ello es menester construir el poder que
nos permite hacer122. Ahora bien, para construirlo hay que usar las
manos o, para decirlo en otra expresión, poner manos a la obra. Y
esto es trabajo corporal de unos cuerpos que somos y no que
tenemos. Modificar así radicalmente la percepción de nuestro
cuerpo resulta requisito indispensable para poder actuar en
consecuencia123. En palabras de la pedagoga mexicana Norma
Durán, “El cuerpo es el lugar de la experiencia de vida, porque es el
espacio en donde el cielo y la tierra se dan cita”124. La misma autora
nos brinda, más adelante en sus avances de tesis, una síntesis de
metáforas sugestivas.
Ahora las comunicaciones entre seres humanos inundan y
ahogan la memoria en lugar de enriquecerla y estabilizarla.
Antes las comunicaciones y clasificaciones solían recurrir a
metáforas relacionadas con el cuerpo: el diálogo era cara a
cara; el combate era cuerpo a cuerpo; la justicia era ojo por
ojo y diente por diente; el encuentro era entre corazones; la
121 Ignacio Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica. Madrid, Trotta / Fundación
Xavier Zubiri, 1991 [la edición de la UCA en El Salvador es de 1990], pp. 411-412.
Agradezco a Irlanda Amaro, quien por medio de su tesis me volvió a llamar la
atención sobre estos fragmentos de Ellacuría.
122 Sobre la relevancia del poder-hacer remito a mi Democracia e integración en
Nuestra América (ensayos). Mendoza, Argentina, Editorial de la Universidad
Nacional de Cuyo, 2007, 182 págs.
123 Cf. Norma Delia Durán Amavizca y María del Pilar Jiménez Silva
(coordinadoras), Cuerpo, sujeto e identidad. México, IISUE (UNAM) / Plaza y
Valdés, 2009, 226 págs. En este libro se incluye un trabajo mío, el cual ha
aparecido también en Brasil. Cf. “Consideracoes para uma recuperacao do corpo
no pensamento latino-americano contemporáneo” en: Redes. Revista Capixaba de
Filosofia e Teologia. Vitória, Instituto de Filosofia e Teologia da Arquidiocese de
Vitória / Faculdade Salesiana de Vitória, año 7, n° 13, julo/dezembro 2009, pp. 931. Agradezco a Antonio Vidal Nunes la iniciativa de reeditarlo y su generosa
traducción al portugués.
124 Cf. sus avances de tesis doctoral.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
solidaridad era trabajar hombro con hombro; los amigos
iban brazo con brazo y el camino se hacía paso a paso.
Y ahora la corporalidad debe desenvolverse en contextos
extremadamente destructivos y se renuevan las exigencias de
creatividad en situación de “colapso” mundial, para utilizar la
expresión del colega filósofo e internacionalista costarricense,
Eduardo Saxe-Fernández. El colapso remite a la exigencia fuerte de
cambiar las reglas del juego de manera radical, porque seguir de
modo inercial en lo que se está, no sólo conduce a más de lo mismo,
sino a la destrucción ya apreciable de la vida humana y del globo
como tal. Colapso aparece como algo más que simple amenaza o
peligro. Es destrucción encadenada y terminal125. Es una noción
instrumental útil, porque nos permite estudiar articulada,
interrelacionada y encadenadamente las crisis energética,
ecológica, financiera, civilizatoria y nos conduce a la raíz ontológica
del problema.
La profundización de cada una de estas crisis, hace evidente
no sólo la magnitud de una crisis de la hegemonía
estadounidense, sino también, la existencia de un colapso
ontológico que se manifiesta en el creciente número de los
Genocidios, las masacres, los asesinatos, las torturas, las
enfermedades,
el
hambre,
los
secuestros,
los
encarcelamientos, las persecuciones, el odio y la venganza,
la prepotencia y el exclusivismo, el amor a la violencia
(cultura del asesinato), la extinción del grupo social, la
desaparición de las costumbres, de lenguajes, de
imaginarios, la represión sicosocial y particularmente
sexual, y la agresión contra seres vivos e inanimados, todo
acompañado de un culto a la Violencia, alcanzan niveles
delirantes a principios del siglo XXI…126.
¿Qué hacer? No cejar, no bajar los brazos, para volver a las
metáforas corporales, no darnos por vencidos antes de tiempo. Y
esto sólo puede hacerse desde la organización de las bases sociales
con plena decisión de participación protagónica y responsable en la
vida pública. El futuro avistado deseamos que sea de dignidad
plena y para ello no podremos renunciar a filosofar y a actuar
125
Cf. Eduardo Saxe-Fernández y Bryan González Hernández, “Colapso mundial y
el nuevo nomos de la tierra” en: Alcindo José de Sá (organizacao), Nas geografías
da violencia… O renascer dos espacos de civilidade? Recife, UFPE, 2009, pp. 91146 y Eduardo Saxe-Fernández, Colapso mundial y guerra. San José, Costa Rica,
AMO al Sur editorial, 2005, 383 págs.
126 “Colapso mundial y el nuevo nomos…, pp.93-94.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
transformando este presente insoportable. Y es que, para decirlo de
nuevo con palabras de Norma Durán, “el acto de conocer el mundo
es el acto de apropiación y transformación del lugar en que a cada
uno le toca vivir”. Y ésta es labor o quehacer inevitable, aunque se
la pretenda eludir de forma insensata.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Acerca del autor
H
oracio Cerutti-Guldberg. Nació en Mendoza, Argentina,
en 1950. Naturalizado mexicano el 18 de febrero de 1993.
Es Licenciado y Profesor (Maestro) en Filosofía por la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo,
Mendoza, Argentina. Doctor en Filosofía por la Universidad de
Cuenca, Azuay, Ecuador. Becario de Posgrado en la Fundación
Bariloche, Río Negro, Argentina. Becario de Postdoctorado
Fundación Alexander von Humboldt, Nürnberg, Alemania. Ha sido
Profesor en las Universidades de Salta, Argentina; de Cuenca,
Ecuador y Pedagógica Nacional en México. De 1982 a la fecha es
Catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México:
Investigador en el Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos y Profesor de Filosofía Latinoamericana,
Historia de las Ideas y Filosofía Política en la Facultad de Filosofía
y Letras.
Ha recibido el Estímulo Catedrático nivel II. Es Investigador
Nacional nivel II. Doctor Honoris Causa (2006), Universidad
“Ricardo Palma”, Lima, Perú, “por sus contribuciones para el
desarrollo de una filosofía humanista latinoamericana”. Doctor
Honoris Causa por la Universidad de Varsovia.
Entre sus libros más recientes y reediciones cabe
mencionar: De Varia Utópica (Ensayos de utopía III). Bogotá,
Universidad Central, 1989, 239 pp. Presagio y tópica del
descubrimiento. México, UNAM, 1991, 156 pp. Filosofía de la
liberación latinoamericana. México, Fondo de Cultura Económica,
tercera edición corregida y aumentada 2006, 527 pp. Memoria
comprometida. Heredia, Costa Rica, Universidad Nacional, 1996,
170 pp. Hacia una metodología de la historia de las ideas
(filosóficas) en América Latina. México, Miguel Ángel
Porrúa/UNAM, segunda edición, 1997, 214 pp. Filosofías para la
liberación. ¿Liberación del filosofar? Toluca, Universidad
Autónoma del Estado de México, segunda edición, 2001, 221 pp.
Filosofar desde Nuestra América. México, Miguel Ángel
Porrúa/UNAM, 2000, 202 pp. Experiencias en el tiempo. Morelia,
Editorial Jitanjáfora, 2001, 109 pp. Historia de las ideas
latinoamericanas ¿disciplina fenecida? en colaboración con Mario
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Magallón Anaya. México, UCM/Casa Juan Pablos, 2003, 181 pp.
Configuraciones de un filosofar sureador. México, Ayuntamiento
de Orizaba, Veracruz, 1ª reimpresión corregida, 2006, 168 pp.
Utopía es compromiso y tarea responsable. México, CECyTE,
N.L.-CAEIP, 2010, 128 pp.
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Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
El Proyecto Centro de Altos Estudios e
Investigación Pedagógica (CAEIP), representa
una de las cuatro funciones sustantivas del
CECyTE, N.L.: Investigación (las otras tres
son la Docencia, la Vinculación y la de
Tutorías).
El Dr. Luis Eugenio Todd Pérez, Director
General del CECyTE, N.L. es el autor de este
Proyecto que se planta como objetivo general:
Generar información y nuevos conocimientos
de educación, útiles para el diseño de las
políticas y acciones educativas.
Sus objetivos particulares son:
1. Formar recursos humanos para la
investigación educativa.
2. Incidir mediante la investigación en la
creación de conocimientos en la educación
básica.
3. Contribuir a la formación de recursos
humanos de extracción magisterial para la
investigación educativa en Nuevo León.
4. Divulgar los conocimientos derivados de los
hallazgos de las investigaciones mediante
conferencias, publicaciones e inserción en la
red.
101
Obras publicadas
Disponibles en www.caeip.org
SERIE: ALTOS ESTUDIOS
1. Aprender a enseñar Español
2. Aprender a enseñar Matemáticas
3. Aprender a enseñar Ciencias Naturales
4. Aprender a enseñar Historia
5. Aprender a enseñar Geografía
6. Aprender a enseñar Educación Cívica
7. Aprender a enseñar Educación Artística y
Educación Física
8. Aprender a enseñar… en la escuela primaria
9. Educación. Presencia de mujer
10. La democracia en la escuela. Un sueño
posible
11. Pescador. Pensamiento educativo
12. Formación ciudadana. Una mirada plural
13. Reconocimiento. A personajes nuestros
14. El medio ambiente. En la formación de los
futuros profesores
15. Lo esencial de los valores
16. Educación ciudadana para una cultura de
la legalidad
17. Utopía es compromiso y tarea responsable
18.Concepto y fundamentos de los derechos
humanos
19.Arte, Ciencia y técnica
20.Democracia, cultura y sociedad
21. La utopía de Hidalgo
22. El enfoque por competencias
23. Semiótica y teoría de la comunicación.
Tomo I
24. Semiótica y teoría de la comunicación.
Tomo II
25. Aproximaciones al arte contemporáneo
26. La negociación en la psicología social.
Nuevos campos, nuevos conceptos
27. Valores democráticos, Arte y Utopía
28. Pensando después de 200 años
Horacio Cerutti-Guldberg
Pensando después de 200 años
Pensando después de 200 años;
terminó de imprimirse en julio de 2011.
En su composición se utilizaron fuentes del tipo Georgia.
La edición fue coordinada y supervisada
por Ismael Vidales Delgado.
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Horacio Cerutti-Guldberg
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