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LA MUY ANTIGUA, MUY QUERIDA Y JAMÁS OLVIDADA VIRGEN

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LA MUY ANTIGUA, MUY QUERIDA Y JAMÁS OLVIDADA VIRGEN
LA MUY ANTIGUA, MUY QUERIDA Y JAMÁS OLVIDADA
VIRGEN DE LA MANO SANTA
Juan Carlos Riofrío Martínez-Villalba
1
Universidad de Los Hemisferios, Quito - Ecuador, [email protected]
1
Recepción / Received: 20, 08, 2014
Aceptación / Accepted: 13, 11, 2014
Publicado / Published: 12, 12, 2014
RESUMEN
El presente trabajo recoge la historia de un cuadro de la “Virgen de la Mano Santa”, del cual el pueblo guayaquileño fue muy
devoto por cuatro siglos, hasta 1902, cuando un gran incendio en la ciudad lo redujo a cenizas. Alrededor de la imagen se
generaron historias, leyendas, devociones, etc. que la ciudad perdió en el mencionado fuego. Pese a ello, actualmente se
está intentando rescatar la historia de la imagen, como se comenta en este artículo de corte más histórico, que hace uso
de fuentes españolas y americanas. Se trata de un estudio histórico, expuesto de manera cronológica. Luego de una breve
introducción, se analiza la historia de la imagen guayaquileña desde su creación en el siglo XVI, hasta su desaparición en
1902, y los esfuerzos hechos en el siglo XX por rescatarla, para terminar con una breve conclusión.
PALABRAS CLAVE
Cultura guayaquileña, devociones marianas, Historia de Guayaquil, imágenes desaparecidas, tradiciones ecuatorianas.
ABSTRACT
This paper presents the story of a painting of the “Virgin of the Holy Hand”, which the people of Guayaquil were very devoted
for four centuries, until 1902, when a major fire in the city reduced it to ashes. Around the image were generated stories,
legends, devotions, etc. that the city lost in that fire. Despite this, we are currently trying to rescue the history of the image,
as discussed in this article of a more historical point of view, which makes use of Spanish and American sources. This is
a historical study, chronologically exposed. After a brief introduction, the history of the image is analyzed from its creation
in the sixteenth century to its disappearance in 1902, and the efforts made to rescue it in the last century. The paper ends
with a brief conclusion.
KEYWORDS
Guayaquil Culture, Marian Devotions, History of Guayaquil, Images Disappeared, Ecuadorian traditions.
37
La muy antigua, muy querida y jamás olvidada Virgen de la Mano Santa
I. INTRODUCCIÓN
La Virgen de la Mano Santa ha sido la imagen más venerada
en la historia de Guayaquil. Esta devoción llegó a la ciudad
desde su misma fundación; vino desde la otra orilla del
Atlántico, con fama de reina y de obradora de grandes
milagros, para acompañar al pueblo por más de tres siglos.
Lamentablemente, las llamas del terrible incendio de 1902
hicieron ceniza y humo el cuadro que se veneraba y hasta la
iglesia donde colgaba. El presente trabajo analiza la historia
de esta imagen perdida, desde su creación en el siglo XVI
hasta su desaparición en 1902, y los esfuerzos hechos en
el siglo XX por rescatarla.
La perspectiva del análisis es histórica, y su exposición se
hace de forma cronológica. La investigación que ha durado
más de diez años, actualmente se enmarca dentro de la
línea de investigación “Diálogo intercultural y civilizatorio
contemporáneo” y del proyecto “Factores detonantes de la
evolución de la cultura ecuatoriana” de la Universidad de
Los Hemisferios. Para el efecto se han consultado fuentes
ecuatorianas y españolas, estudios, fotos y testimonios que
fueron recogidos por el autor en Guayaquil, Quito e Iruz
(Cantabria, España).
II. LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN
MORENA AL OTRO LADO DEL MAR
La historia de la Virgen guayaquileña comienza en el
montañoso y húmedo valle de Toranzo, en la Cantabria,
al norte de la península Ibérica. No se sabe bien desde
cuándo se plantó en medio de este valle un hospital, que
sería el que después albergaría la devota imagen de Iruz.
Las primeras noticias que tenemos de este edificio son
confusas y remotas. Hoy cuelga en el lugar una lápida
que dice: “Ovechus port in honorem S. Crucis a rei in
coelo conspectae dum / cum mauris praeliretur / Pro
Ildefonsi Rege / Hospicum hocce condere decrevit / A
era DCCLXXII”, cuya traducción viene a ser: “Oveco, para
honor de la Santa Cruz mandó se edificara un hospital,
ya que al estar luchando con otros soldados, contra los
moros, vio aparecerse esta santa señal en el cielo. Peleaba
a las órdenes del Rey Alfonso en la era de 772” (año de
734). La mencionada placa ha sido puesta en duda por los
estudiosos, porque en tal fecha no reinó ningún Alfonso.
De todas formas, se acepta que el texto pudo haber sido
mal interpretado o leído. Otro dato a tener en cuenta es que
esa lápida no ha llegado a nosotros; la que ahora cuelga en
el Santuario de Iruz se la colocó en recuerdo de la anterior
(González Echegaray, 1992, p. 96).
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REVISTA EÍDOS, diciembre 2014
De fiarnos del año transcrito, el hospital se habría fundado
cuando el ducado de Cantabria comenzaba a defenderse
del invasor moro. Allá por el año 714, la tropa musulmana
arremetió en el lado sur del ducado. Conforme avanzaba,
los cántabros habrían tenido que replegarse al norte,
sufriendo grandes bajas. Es natural que entonces desearan
levantar un edificio para hospedar y atender a los refugiados,
resultando espléndido asentarse en medio del valle de
Toranzo. La mención del rey Alfonso habría sido producto
de una inadecuada asociación hecha por quien redactó la
placa muchos años más tarde. Faltaría por explicar por qué
el nombre de Alfonso sonaba tanto, para poder crear una
confusión de esta naturaleza.
Otros datos a tomar en cuenta son las numerosas
escrituras protocolarias que dan fe de que en el siglo
XVI existía un hospital en Iruz y los adornos de veneras o
conchas pegados a la antiquísima torre octogonal, que
recuerdan el paso de la ruta jacobea por este santuario
y por su hospital de peregrinos. Como se sabe, Santiago
de Compostela surge con el hallazgo de las reliquias del
Apóstol, hecho producido en el año 812. El Rey de Asturias,
Alfonso II apodado “el Casto” (c. 760–842), viajará con su
corte al sepulcro convirtiéndose en el primer peregrino
oficial, y será él quien construya una pequeña iglesia para el
Santo. A partir de ahí las peregrinaciones se multiplicarán,
incentivadas por la orden de Cluny y por los reyes cristianos,
que harán generosas donaciones a sus monasterios. De
esta manera la enigmática lápida pudo ser elaborada en el
siglo IX, y el rey Alfonso sería el Rey de Asturias. Explicado
el tema del nombre, resultaría aún necesario reconocer un
defecto en el punto de la fecha, que no sería “DCCLXXII”
(772), sino “DCCCLXXII” (872), año que cuadra mejor con
lo explicado.
En todo caso lo cierto es que, para el siglo XIII, en ese lugar
surgió la devoción a una nueva imagen que acababa de
tallarse. Según los estudios, la talla de Nuestra Señora
del Soto-Iruz data de este siglo. Se trata de una mujer
coronada, sentada en un trono. Sobre su pierna izquierda
se sienta el Niño, que también lleva corona y gobierna el
universo, representado en un globo que sujeta en su mano
izquierda1. Ambos personajes bendicen a la humanidad
con la mano derecha2, cosa que el Niño hace con dos
1
En la época, el globo no representaba el globo terráqueo, pues casi
toda la gente pensaba que la Tierra era plana. El universo solía representarse como una esfera celeste, siguiendo el modelo que diseñó Eratóstenes,
es decir, la Esfera Armilar.
2
En cuanto a la mano del Niño, es indiscutible. Sin embargo, la mano
derecha de la Virgen ha recibido varias interpretaciones. Por ejemplo, se
ha dicho que “en la mano derecha llevaba algo que posteriormente le fue
quitado variando su postura, que se cierra hacia dentro” (González Echegaray, 1992, p. 98). Lo más común es que las vírgenes hieráticas de la época
llevaran en la mano derecha un globo (como la Virgen de Monserrat, de
Castejón y del Camino de Ena, del s. XII; o las de Ginestarre, de Rañín y
de Valdefresno del s. XIII), pero también hay algunas con un cetro, como la
de la Merced, o un frasco, o flor (como la Virgen del Castillo del s. XII). Más
tarde será más común poner flores, lirios, cadenas, rosarios, banderas, escapularios, etc. en la mano de la Señora. A veces llevaban las dos manos
abiertas sin nada, como en Nuestra Señora de los Ángeles de Villanúa del
siglo XI, para presentar al Niño a las gentes, o en actitud orante o protectora.
Si habríamos de poner algo a la Virgen, sería un cetro o una flor, pues el
globo ya lo tiene el Niño.
Juan Carlos Riofrío Martínez-Villalba
dedos alzados, que significan su humanidad y su divinidad,
mientras los otros tres dedos recogidos simbolizan las tres
Personas de la Santísima Trinidad3 . La escultura es mucho
más expresiva y detallada que las tallas románicas de la
Virgen del siglo XII, lo que la ubica en la transición entre el
románico y el gótico: su mirada es más maternal, con cejas
arqueadas, la postura algo más holgada, menos hierática
que las tallas anteriores; lleva túnica estofada y velo que
cae en zig-zag a ambos lados de la cara. Su color primitivo
fue “muy moreno” (cfr. González Echegaray, 1992, p. 98),
aunque después recibió numerosos repintes. Este tipo de
imágenes representan la Sedes Sapientiae, la Sede de la
Sabiduría.
mediante generosas donaciones, se construyó el edificio
más bonito y grande del lugar. Habrán participado en la
empresa las familias más pudientes, como los Ceballos, los
Quevedo y los Bustamante, junto a otras más modestas
como los Castro y los Grijuela. Hoy tenemos prueba
de algunas de sus aportaciones. De ese templo solo ha
llegado hasta nosotros la hermosa torre octogonal ―
construida hacia el año 15734 bajo los nuevos cánones
artísticos―, que sigue coronando la fachada y que fue
emblemática en la época barroca. Durante su primera
época la iglesia y el hospital de peregrinos dependieron de
dos curas beneficiados (González Echegaray, 1992, p. 96).
Figura Nº 2. Torre y convento.
Los frailes de San Francisco, que desde hacía varios siglos
se habían ido estableciendo en las villas de la Costa (como
sucedió en Castro Urdiales, Santander, Laredo y San
Vicente de la Barquera) inician su incursión hacia el interior
de La Montaña, y fundan en 1518 un convento en Reinosa.
Años más tarde llegaron al fértil lugar llamado El Soto, junto
al río Pas, y en 1608 tomaron posesión de templo de Iruz.
Sobra decir que ellos no solo acogieron la devoción que
se tenía a la Santísima Virgen, sino que, animados por
las directrices del Concilio de Trento, la promovieron y
aumentaron.
Figura Nº 1. Virgen antigua.
La imagen acompañó las benéficas obras que se realizaban
en el hospital de peregrinos. A ella acudían con gran
fervor los enfermos y desvalidos de esta vida, buscando
aquella ayuda que ya en la tierra ninguno podía dar. Pronto
comenzaron a caer las gracias del cielo, la imagen comenzó
a prodigar milagros grandes y chicos. Su devoción terminó
traspasando los límites del valle de Toranzo y se instituyó la
fiesta a la Virgen del Soto el 5 de agosto de cada año.
Fue lógico entonces que los vecinos desearan construir una
casa más grande para su Reina. Desde 1570 se pusieron
manos a la obra y, tras recaudar los fondos necesarios
3
Este es el significado cristiano del símbolo, muy anterior al símbolo
de victoria que procede de las guerras entre franceses e ingleses del siglo
XV. Tampoco es el significado que el mundo pagano daba a la expresión,
donde los dos dedos significaban ―según algunos estudiosos― el auxilio y la fuerza, que eran asociados particularmente con Osiris y Horus: el
primero representa la justicia divina y el segundo, el Espíritu, el Mediador.
Cfr. Cooper, 1988.
Como en otros santuarios, adornan las tapias de este
numerosísimos exvotos colgados para agradecer los
extraordinarios favores dispensados por celestial Señora.
Entre ellos, se certifica el ocurrido a Juan de la Llama, que
se libró de la muerte el 22 de enero del 1609 en la barra
de Suances5, donde naufragó con dieciocho compañeros
más. Encomendándose a la Virgen del Soto, asido a un
remo, Juan permaneció por mucho tiempo flotando sobre
las aguas sin saber nadar, hasta que le recogió una barca.
Entre toda la tripulación fue el único que se salvó de
ahogarse.
4 La torre marca un hito importante entre la tradición gótica y la estética
barroca, que predominará a partir de este momento en la región. En su
remate se encuentra grabada una fecha: 1573.
5
La barra de Suances, ubicada en la desembocadura al mar, tiene el
problema de entrada y salida en la ría de San Martín, que aún hoy sigue
ocasionando numerosos accidentes. Entre otros problemas tiene el de la
escasez de calado, donde cualquier golpe de mar amenaza con llevar a los
barcos contra los espigones. Ello ha supuesto incluso el cierre del Puerto
de Requejada, por su alta peligrosidad.
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La muy antigua, muy querida y jamás olvidada Virgen de la Mano Santa
Otro milagro que se recoge es el concedido a Gabriel
López, vecino de Pámanes, quien estando en la villa de la
Guardia, enfermo de las piernas, y habiendo dispuesto los
cirujanos cortarle una, después de pedírselo con fervor a
Nuestra Señora del Soto, sanó enseguida de ambas. Para
agradecerlo, peregrinó caminando sin dolores ni novedades
durante tres días al Santuario de Iruz, donde publicó el favor
recibido. Constan muchos favores más concedidos por
aquella época. Baste ahora citar uno último, que ha sido
muy celebrado. Se trata del sucedido a un pobre cautivo
torancés que permanecía encarcelado en Argel por los
moros, cargado de grillos y cadenas; por mediación de
Nuestra Señora del Soto se vio milagrosamente liberado
de ellos y transportado a su valle, trayendo consigo las
cadenas, que en recuerdo y testimonio se colgaron en el
camarín de la Virgen6.
La extraordinaria devoción a esta Virgen fue creciendo cada
vez más. Prueba de ello son los numerosos testamentos
del siglo XVI, redactados en la región y en América, donde
aparecen mandas y donaciones para esta Virgen. Una muy
significativa es la de la plata que mandara Francisco de
Cevallos desde Guayaquil para la corona de la Virgen de
Iruz, coronación que se realizó con toda solemnidad el 19
de abril de 16087 . Una copla popular muy antigua (recogida
en González Echegaray, 1992, p. 98) cantaba esta preciosa
estrofa:
La Virgen del Soto, madre,
es pequeñita y morena;
nunca tuvo el Rey de España
mejor soldado en la guerra…
desde América mandas de dinero o joyas, abundante
platería en lámparas y vasos sagrados, para enriquecer el
Santuario.
Con esas aportaciones y con las dadas por los lugareños
más acaudalados para adquirir el derecho a ser enterrado
en las capillas del templo, durante el siglo XVII y XVIII se
fueron construyendo las diversas dependencias de la iglesia
y del convento, y se elaboraron los diferentes retablos y
objetos litúrgicos (cfr. Campuzano, 2004, pp. 35-36).
Tras la desamortización de 1836, el edificio fue
abandonado, hasta que en 1899 se hicieron cargo de él los
monjes carmelitas. Como era de esperarse, la imagen fue
escondida durante la guerra civil que desgarró a España de
1936 a 1939. Al parecer, después fue quemada, por lo que
se la reparó posteriormente, ya que solamente quedó el
rostro estropeado. Pero fue restaurada la talla y la devoción
volvió a nacer, con más fuerza aún. Hoy sigue siendo una
de las más antiguas y devotas vírgenes de Cantabria. El
día 6 de septiembre de 1959 fue coronada canónicamente
Nuestra Señora del Soto como “Patrona del Valle de
Toranzo”, ante millares de romeros de toda Cantabria.
Las últimas restauraciones del convento recuperaron su
brillante pasado y, desde el año 2004, el convento inauguró
su nueva función como Casa Diocesana de Espiritualidad
para servir de lugar de reflexión, retiro y convivencia de
grupos religiosos que anhelen profundizar en la vida
interior. La iglesia sigue abierta para recibir a los devotos de
la Virgen del Soto que deseen acogerse a sus maternales
cuidados.
Toda esa época estuvo inmersa en el sueño de ultramar.
En 1492 se había descubierto América, que enseguida
se idealizó, asimilándola al reino de la bondad y donde
cualquiera podía hacer fortuna. El entusiasmo creció
aún más con la leyenda de “El Dorado”, aquel codiciado
lugar donde las calles se pavimentaban de oro, que fue
buscado con gran empeño por los exploradores españoles
e ingleses. Si bien es cierto que décadas más tarde el
encanto comenzó a quebrarse, la idea de migrar hacia el
continente de la esperanza sedujo los ánimos aventureros
de los cántabros.
Como es de suponer, los viajeros que se enrumbaban a
las nuevas tierras llevaron en el pecho los sentimientos
religiosos que habían echado raíces desde su niñez. Entre
esos, sin duda estaba la piadosa devoción a la Virgen de
sus padres, de sus abuelos, a la Virgen del Soto. Por eso no
es de extrañar que “los indianos” hayan enviado entonces
6 Sainz de los Terreros, quien recoge todos estos favores, anota de este
último que “no constan particularidades del caso, conservado por tradición,
ni se dice más que lo referido; pero es muy elocuente el hecho de existir aún
dichas cadenas en el mencionado camarín” (1906, pp. 126-127).
7 Los detalles de la encomienda, del testamento y de los escribanos que
intervinieron en ello constan espléndidamente narrados en Uría, 2005, pp.
142-147.
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REVISTA EÍDOS, diciembre 2014
Figura Nº 3. Virgen actual.
Juan Carlos Riofrío Martínez-Villalba
III. LA VIRGEN DE IRUZ EN LA VIDA
DE LOS CASTRO
A la Virgen le agradó la plegaria de la madre, aunque, no
obstante, quiso que la oración se afianzara con el tiempo10 .
Sin lugar a dudas, el inicio en Guayaquil de la devoción
de la Virgen del Soto-Iruz, que se tuvo por varios siglos,
comenzó con la llegada de los Castro al pacífico puerto.
Surgió sobre todo a partir del milagro que la Señora le
hiciera a don Toribio Castro y Grijuela, por el que le restituyó
una mano. Por eso los vecinos guayaquileños lo llamaron
“Mano Santa”.
Por esos años la situación política en el Virreinato se
había puesto muy tensa, desde que Francisco Pizarro fue
asesinado en 1541. Entonces su hermano Gonzalo, que
tenía un poder casi absoluto en Perú, se rebeló contra
la Corona. Los bandos se dividieron en Nueva Castilla
en pizarristas y realistas. Los leales al Rey armaron su
ejército, que fue dirigido por el capitán Francisco de Olmos
y contaba con el apoyo de los capitanes Rodrigo Vargas
de Guzmán y Toribio de Castro. Tras meses de intrigas, se
desencadenó la batalla que vio su fin el 6 de abril de 1547.
Pizarro perdió y fue ajusticiado, con el Teniente Manuel de
Estacio. Pero temiendo retaliaciones, los tres capitanes
(Olmos, Vargas y Castro) construyeron grandes balsas y
con 140 personas cruzaron el río Amay. El 25 de julio de
1547, día del apóstol Santiago, atracaron en lo que hoy es el
barrio de “Las Peñas” y asentaron en la ciudad de la unión
cimera de los cerros Santa Ana y el Carmen.
La historia de los Castro en el valle de Toranzo se
remonta a los abuelos de Mano Santa. Sus abuelos, Juan
Castro y María de la Calleja, nacieron en 1474 y 1481,
respectivamente, ambos en Cudón (Miengo, provincia de
Santander, en la Cantabria de España). En su juventud
migraron a Iruz, donde se casaron en el año 1500 y
vivieron ahí el resto de sus días. Su primero y único hijo
que conocemos fue Toribio Castro, que nació en 1503 en
la misma comarca y casó con Toribia de Grijuela, de quien
no poseemos muchos datos. Los Castro se caracterizaron
por ser gente de principios, pues en la historia se verá que
se les encomendaron puestos de responsabilidad y que
gozaron de buena fama8. Resulta fácil pensar que habrán
sido gente devota de la ya entonces célebre Virgen del Soto
y que habrán peregrinado a su ermita para pedir por las
necesidades de la familia.
Toribio trabó amistad con Rodrigo de Vargas Guzmán,
natural de Torrejón de Velasco (Reino de Castilla), capitán
que conquistaría Nicaragua y Perú9 . Con él y con Francisco
de Olmos, Toribio partirá para América a probar fortuna.
Luego de varios años de campaña bélica, ellos se asentarán
dentro del Virreinato de Nueva Castilla.
No sabemos cuántos hijos tuvieron Toribio y Toribia, ni
cuándo se casaron. A juzgar por la edad, se habrán casado
tarde para la época, pues de ellos nació en 1545 ―cuando
el padre había cumplido los 42 años― el único hijo que
conocemos de este matrimonio: Toribio Castro y Grijuela.
Pudo ser su único hijo, y si lo fue, en él habrán cifrado todas
sus esperanzas. ¡Cuán grande habrá sido el pesar de los
padres cuando, después del parto, descubrieron que había
nacido únicamente con la mano izquierda, teniendo solo
un muñón en la derecha! ¡Cuánta aflicción y desconsuelo!
Y también, ¡cuánta fe cuando la madre se sobrepuso a sus
lágrimas y decidió peregrinar al Santuario de la Virgen de su
juventud para pedirle que “le pusiera una mano” a su niño!
Semejante petición no se entiende sin la enorme fe de doña
Toribia, ni tampoco sin la difundida fama de la milagrosa
imagen.
8 Como veremos, Toribio Castro participó en importantes gestas bélicas
de la conquista, al lado de don Rodrigo de Vargas Guzmán.
9 Don Rodrigo de Vargas Guzmán fue capitán, conquistador, Gobernador
de la Isla Puná, Alcalde Ordinario de Guayaquil en 1540, Teniente de Gobernador de Guayaquil en 1541 y, de 1547 a 1550, Encomendero de Yagual.
Fue fundador de su linaje en el Ecuador. Casó en segundas nupcias con
Mariana de Robles, que nació por 1520, sobrina del Dr. Francisco Pérez de
Robles, Presidente de la Audiencia de Panamá. Cfr. Borrero, 1981, p. 61.
Toribia seguía estos acontecimientos de su esposo a la
distancia, en Iruz, junto a su pequeño hijo, que ya para 1550
correteaba por la casa. Se dice que el niño destacaba por
su generosidad. Un buen día, cuando el pequeño tenía 5
años de edad (cfr. Aspiazu, 1955, p. 249), alguien se acercó
a la puerta: era un mendigo que pedía un pan. La madre
estaba atareada en las cosas de la cocina y solo se percató
de que su hijo entró a coger un pedazo de pan, que regresó
a la puerta y se lo dio. Al volver su niño, con asombro la
madre observó que donde antes había un muñón, ahora
había una bella mano. Ella exultó en agradecimientos y
loas a la Virgen santísima que al fin había escuchado su
perseverante oración. Enseguida se enteró el resto de la
familia y toda la comarca, que se unió devota a su acción
de gracias. Como recuerdo, al niño le quedó, a manera de
pulsera que nunca se le borró, una línea roja en la muñeca
de la mano. (cfr. Pimentel, 2001b).
IV. EL ARRIBO DE LA DEVOCIÓN A
LAS COSTAS ECUATORIANAS
El niño creció en edad, en fama y en las virtudes que le
inculcó su devota familia. Al cabo del tiempo, Toribia y Toribio
se reunieron de nuevo en Guayaquil, donde ya se radicaron
junto a su querido hijo. En el puerto, el padre había trabado
gran amistad con los principales de la ciudad, como lo eran
Francisco Olmos y Rodrigo Vargas Guzmán, quien contaba
con la fama de haber sido uno de los descubridores de
Nicaragua y Perú. Desde entonces, la historia de Mano
Santa quedará ligada a la figura de este gran conquistador.
10 La historia ha sido narrada por varios de los autores citados en la referencia. En parte seguimos aquí el relato de Pino Roca (1930), precisando
fechas, lugares y personajes en lo que nos resulta posible.
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La muy antigua, muy querida y jamás olvidada Virgen de la Mano Santa
Mano Santa casó con la hija del conquistador don Rodrigo
de Guzmán y de Vargas el año 1565, cuando él tenía
veinte años y ella veintidós. Leonor Guzmán y Vargas era
de Valdemoro, España, pero habrá llegado a Guayaquil
para vivir con su padre por la misma época en que Mano
Santa arribó a América11. En estas tierras surgió el amor. La
diferencia de edad no mermó la felicidad del matrimonio,
que dio a luz a siete hijos: José, Toribio (†1640), Micaela
(†1633), Magdalena, Leonor (†1667), Catalina y María.
Como dijimos, don Rodrigo había sido uno de los vecinos
fundadores de Guayaquil, ciudad en la que luego ejerció
importantes cargos. Había sido Alcalde Ordinario del
Cabildo en 1540 y Teniente de Gobernador en 1541, y
también lo fue de 1547 a 1550. Habiendo hecho tantas
amistades y habiéndole tomado el gusto a la vida porteña,
decidió radicarse definitivamente en estas tierras, hasta su
muerte, junto a su esposa doña Mariana de Robles. Aquí,
en 1561, se desempeñó como Encomendero de Yagual, por
merced otorgada por el Marqués Pizarro, con una renta de
1 150 pesos; dejó la encomienda, pero se la volvió a otorgar
el Marqués de Cañete (Hampe, 1979, p. 113). También fue
Gobernador de la Isla Puná.
Mano Santa supo estar a la sombra de tan importante
trayectoria de su suegro. Consta que el 24 de marzo de
1572, en esta ciudad, don Rodrigo otorgó e “hizo probanza
de servicios y méritos por ser uno de los primeros
descubridores y conquistadores de Nicaragua que después
vino al Perú con Pedro de Alvarado” (AGI, Patronato 118,
R 8). Y fue ese mismo año de 1572, seguramente por sus
recomendaciones, que don Toribio de Castro y Grijuela
(Mano Santa) se posesionó como Corregidor y Teniente
General de la Provincia.
Además, las buenas relaciones que don Rodrigo mantuviera
con los puneños le granjearon la amistad con Diego Tomalá,
quien en la Isla producía y negociaba sal desde el tiempo
de los incas12. Mano Santa vio la oportunidad de negociar
con Tomalá, y el 15 de enero de 1577 le arrendó las salinas
obteniendo un gran poder en el mercado guayaquileño de
este producto. Los ingresos le permitieron adquirir terrenos
en Punta Arenas y entrar en el negocio naval creando el
Astillero Real de Guayaquil. Además, luego consiguió
hacerse cargo de la Encomienda de los Indios de Santa
Elena. La familia fundada por Toribio Castro y Grijuela llegó
a ser la más poderosa de la zona. Por alguna razón la
Virgen quería o permitía que a su niño le fuera bien en los
11 Es decir, después de 1550 (fecha del milagro) y antes de 1565. Consta
que la hija María Castro nació en Guayaquil alrededor de 1568 (no se tienen
datos de la fecha de su fallecimiento). Por tanto, no parece cierto que Toribio
pasó a Guayaquil hacia 1572, como se ha dicho.
12
Según Valencia Salas, “Tomalá gozaba desde el tiempo de los incas
del monopolio de la sal y su comercio. Después de la conquista española, el
Virrey don Andrés Hurtado de Mendoza reconoció este beneficio mediante
provisión del 27 de mayo de 1560. Dieciséis años más tarde, el Virrey Francisco de Toledo ratificó la concesión, el 6 de diciembre de 1676, declarando
que el Cacique de la Puná aprovechaba desde tiempo inmemorial de las
salinas de la isla” (Valencia, 1994, p. 59). Cfr. Vargas, 1981, pp. 101-103;
Salazar de Villasante, 1992, pp. 59-60.
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REVISTA EÍDOS, diciembre 2014
negocios.
Otro hecho significativo de la vida de Mano Santa se dio
en 1587, durante la invasión que intentó perpetrar Thomas
Cavendish en el Golfo13 . El año anterior, el inglés había
obtenido una Real Patente de Corso de manos de Isabel de
Inglaterra, con la que inició en Plymounth un viaje alrededor
del mundo y donde obtuvo pingües ganancias con el
pillaje en las costas. Con posibles intenciones de asaltar
Guayaquil, Cavendish desembarcó en la isla Puná, para
hacerle frente al Cacique Tumbalá. Entonces las defensas
porteñas eran bastante exiguas, pues no se contaba
con artillería para enfrentar al pirata. Sin perjuicio de ello,
el 12 de junio de 158714 el Corregidor de Guayaquil, don
Jerónimo de Reinoso y Piedrola, junto a la gente de Mano
Santa15 que aportó con las embarcaciones y contando con
la ayuda del cacique Tomalá, asaltaron el campamento
corsario y dieron muerte a veinte enemigos16 y obligaron a
Cavendish a escapar a alta mar. Unos pocos no pudieron
embarcarse y con ellos siguió el combate, hasta que vieron
arder la casa donde se refugiaban y tuvieron que rendirse,
acosados por el fuego. Los Castro y Grijuela defendieron
así las propiedades y negocios que tenían en la Isla.
Una leyenda cuenta que en cierta invasión pirata salió Mano
Santa a defender la ciudad, y que de sus manos brotaron
rayos que neutralizaron al enemigo (Pino Roca, 1930).
Parece más legendario el hecho de los rayos, aunque quizá
pueda rescatarse un pequeño núcleo de verdad de las dos
historias antes narradas. En el fondo consta que la Virgen
de la Mano Santa era considerada por el pueblo como
oportuna y eficaz protectora de la Muy Noble y Leal Ciudad
de Santiago de Guayaquil.
Cada día que se levantaba Toribio veía una línea en su
mano que atestiguaba el notorio cariño que la Virgen había
tenido con él. Además se daba cuenta de que, a sus casi
cuarenta años había realizado una carrera insigne, había
hecho dinero, había logrado una familia feliz. Seguramente
se habrá preguntado en varias ocasiones, a lo largo de su
vida, por qué tantos favores recaían en su persona, por
qué la Virgen se mostraba tan misericordiosa con él. Sea
por respuesta a estas inquietudes, sea porque entonces
se empezó a dudar del milagro que el cielo había obrado
13 Cavendish nació en Trimley St. Martín, Suffolk, Inglaterra, el año 1560.
Realizó estudios en Cambridge, pero habiendo perdido todo su patrimonio
se entregó por completo al pillaje por mar. En 1586, luego de obtener una
Real Patente de Corso de manos de Isabel de Inglaterra, inició en Plymounth un viaje alrededor del mundo. Fue el primer corsario que se aventuró a
llegar a nuestras costas. Cfr. Johnstone, 1910; Cavendish, 1975.
14 A veces se pone la fecha en 1584 o en 1591. Consta que Cavendish
abandonó el puerto Plymouth el 22 de julio de 1586 con tres naves llamadas
Desiré, Gontení y Hugh Gallant, y que el 24 de febrero de 1587 recorre las
costas chilenas hasta llegar a Arica, donde fue rechazado por un grupo de
bravas mujeres. De ahí subió hasta la Puna. Cfr. Hoyos, 2008, pags. 51-52.
15 En concreto, fueron sus hijos Toribio y José los que, al frente de varios
de sus trabajadores, enfrentaron la invasión. Pino Roca incluye a Mano Santa, quien para 1587 contaba con 43 años. La mayoría de autores coinciden
en que sólo financió la expedición.
16
Pino Roca (1930) y González Suárez (1890) concuerdan en el número de muertos: seis guayaquileños y veinte corsarios. Pino Roca, además,
añade que nueve guayaquileños y siete enemigos quedaron heridos. Hoyos
(2008, p. 54) analiza y acepta los números.
Juan Carlos Riofrío Martínez-Villalba
en sus miembros, lo cierto es que, en 1584, se decidió a
viajar a su ciudad de origen para conseguir pruebas que
certificaran la veracidad de la restitución de su mano. El 10
de marzo de 1584 Toribio acudió con cuarenta testigos al
Escribano Público del Valle de Toranzo, para certificar lo que
ellos habían visto. Con ese certificado regresó a las costas
pacíficas, para exhibirlo a cuanto incrédulo apareciera17.
Pero Mano Santa aún le daba vueltas a su razón de ser
en la vida y, al ser tan devoto a la Virgen de su mano, a
la Virgen de sus padres, a la Virgen de sus abuelos, a la
Virgen del pueblo que lo vio nacer, decidió traerla. Estaba
muy lejos, en Iruz, y tenía que estar muy cerca de él, y con
él permanecer para siempre. Por eso no dudó en hacer
gestiones para que, en 1583, los agustinos arribaran a
Guayaquil, debidamente financiado el viaje y la construcción
de su Convento de Ermitaños por él y su familia18. Pero,
sobre todo, lo que le movía era construirles el templo que
llevó por nombre “Capilla de Nuestra Señora del Soto”,
en 1594. En el altar mayor, que fue tallado en madera por
artífices del puerto, se puso un lienzo al óleo con la imagen
milagrosa de la Virgen del Soto, circundada con una aureola
y con el divino Niño en sus brazos; a los pies de la imagen
y, casi al extremo de la tela, figuraba otro niño al que faltaba
el brazo derecho. Desde entonces se veneró en Guayaquil
a esta muy antigua, muy querida y siempre amada Virgen.
A continuación se sucedieron algunos hechos amargos en
la vida de Mano Santa. Ya varios hijos suyos habían muerto.
Ahora era la salud de su esposa, doña Leonor de Guzmán,
la que comenzó a resquebrajarse, hasta que un día entregó
el alma al Creador. Se dice que los hombres que han
sido felices en el matrimonio, cuando enviudan tienden a
casarse de nuevo, y fue esto lo que sucedió con Toribio. Al
cabo del tiempo encontró a María de Castañeda, con quien
contrajo nupcias y quien le acompañó en Guayaquil hasta
el final de sus días19.
La historia del milagro de la restitución volvió a ponerse en
tela de duda en estos lares, y fue preciso que don Toribio
Castro y Grijuela hiciera nuevas gestiones para certificarlo.
El 24 de mayo de 1608, el Escribano Real de Iruz, Francisco
17
Según Pérez Pimentel (2001b, voz “Antonio Bastidas y Carranza”),
tales certificados estaban en poder de las hijas solteras del Presidente Diego Noboa Arteta, último poseedor del Vínculo o Mayorazgo de las salinas
de Punta Arenas, pero se quemaron en el Incendio del Carmen de 1902.
En Cantabria, muchos de estos documentos fueron quemados durante la
Guerra Civil española. No pude encontrarlos en el breve viaje que hice a
Iruz en marzo de 2013.
18
Consta que la familia Castro tuvo suficientes recursos para tal obra,
porque se dedicó al lucrativo negocio de construir barcos para la corona y
para su propia empresa. Comerciaban con España y con el Lejano Oriente. Toribio de Castro hijo llegó en 1612 a cubrir el puesto de asistente de
Beaumonte, superintendente de los astilleros. Los barcos de entre 600 y
1 000 toneladas costaban al menos 125 000 pesos en 1640 y 200 000
pesos en 1670 (cfr. Clayton, 1980, pp. 230-233). En el asalto de 1624 los
piratas le quemaron a los hijos Toribio de Castro Guzmán y José Antonio
de Castro Guzmán un galeón que valía más de 75 000 pesos (cfr. Aspiazu,
1955, p. 249).
19 Este segundo matrimonio consta en el testamento que Toribio Castro
y Grijuela hizo en Guayaquil ante el escribano Miguel Jerónimo de Bastidas,
el 22 de marzo de 1609, donde expresa que, viudo de Leonor de Guzmán,
volvió a casar con María de Castañeda. No suele recogerse este dato en
otros documentos históricos.
Gómez, nuevamente juntó decenas de testigos, diferentes
a los primeros, que acreditaron la verdad de los hechos
ocurridos.
En el ocaso de sus días, Mano Santa redactó un testamento
en Guayaquil ante el escribano público, Miguel Jerónimo de
Bastidas, el 22 de marzo de 1609. En él instituyó el vínculo y
la obra pía de 4 200 pesos de a 9 reales, sobre sus casas y
demás bienes de Punta Arenas (casas y salinas con pozos y
albarradas ubicadas en la isla Puná, frente a Santa Clara)20.
Tales bienes se destinaban para remedio de las hembras
para sus dotes de casamiento. Designó como patronos
a vita a sus hijos legítimos José y Toribio, después a sus
dos hijas legítimas mayores y luego a sus descendientes,
señalándoles una renta del 10% por la administración de
los bienes21.
Poco después, Mano Santa habrá partido de este mundo
para ver a la Señora que tantos favores le hizo en vida. El
pueblo mitificará su figura22 y sus hijos darán continuidad a
esa devoción que empezó en su padre, que empezó en sus
abuelos, que empezó en sus bisabuelos, que empezó allá
por el siglo XIII. La Virgen llegó a Guayaquil para quedarse.
V. LA DEVOCIÓN SECULAR
DE LA IMAGEN
Como dijimos, la talla de la Virgen del Soto es una de las
más antiguas y veneradas imágenes de Cantabria. El culto
allá no ha cesado con el paso de los siglos, sino que se ha
incrementado. Algo parecido ha sucedido por estos lares.
Desde que en 1594 se construyera la Capilla de Nuestra
Señora del Soto, con los donativos de la familia Castro y
Grijuela, el fervor se ha mantenido. El mencionado templo
estaba situado en los límites de la actual iglesia de Santo
Domingo, cerca de un estero de río que había que atravesar
por un puente de maderos y caña. Según Pérez Pimentel, el
templo “era de naturaleza precaria, de una nave de ancho,
techo de hojas de bijao entrelazadas con lianas, los puntales
de guayacán y amarillo y las rústicas paredes de caña. No
era bonito pero nuestros antepasados llegaron a apreciarlo
mucho” (Pérez Pimentel, 2001a, voz “Ermitaños de San
Agustín”). El lienzo que escenificaba a la Virgen del Soto y a
20 En 1609 Toribio de Castro y Grijuela instituyó el tercer mayorazgo, de
los siete que habría en la Audiencia de Quito hasta 1700. Cfr. Ponce, 1996,
p. 344; Valencia, 1994, pp. 119-120.
21 El Testamento y fundación de Toribio de Castro y Grijuela consta en las
Actas del Cabildo de Guayaquil 1634-1639, folio Ayer F 3791.G9 A35. Cfr.
Anuario histórico jurídico ecuatoriano, vol.1, pp. 487-499.
22
Por ejemplo, se ha dicho que la Virgen le regaló “una mano que no
era común ni de carne y hueso, era de coloración negra y poseía grandes
habilidades. El chico no solo pasó de ser derecho a zurdo, sino que con ella
incluso logró vencer en un duelo de espadas al pirata Thomas Cavendish,
a quien además le dejó marcados sus cinco dedos en el pecho, cuando la
mano se tornó incandescente” (Diario Expreso, 2013, Marzo 31). También
“Se dice que cuando su cuerpo fue exhumado, algunos años después de
su muerte, su mano, su prodigiosa mano negra no se había corrompido ni
se había descompuesto, razón por la cual los guayaquileños la colocaron
en una urna de vidrio, al pie de la imagen de la Virgen del Soto, que se
conservaba en la iglesia de Santo Domingo” (Diario Expreso, 2013, Septiembre 14).
43
La muy antigua, muy querida y jamás olvidada Virgen de la Mano Santa
Mano Santa sufrió los años, los inviernos, la invasión pirata
de 1624, perpetrada por el holandés Jacob L’Hermite, y
aun así, tras numerosos remiendos y empastes, perduró en
Guayaquil, en una de las paredes de la sacristía del templo.
El culto que se tributaba en San Agustín a Nuestra Señora
del Soto siguió afianzándose en el pueblo guayaquileño
durante los siglos XVII a XIX23. Se tiene noticia de varias
donaciones que los devotos realizaron al “Real Convento
de Nuestra Señora del Soto”24.
Sin embargo el incendio de 1902, que asoló 26 manzanas
de la ciudad, con unas 700 casas, y que dejó a la intemperie
a más de quince mil personas, también terminó devorando
este querido y venerado cuadro de la Virgen. Como se dijo,
el cuadro se encontraba en la antigua iglesia levantada en el
cerro del Carmen, en medio de aquella “Ciudad Vieja” que
había sobrevivido tres siglos. La Ciudad Vieja había sido
muy mermada con el incendio de 1896, pero desapareció
absolutamente con el fuego del año 1902.
Para alegría de muchos vecinos, en 1963 se levantó un
templo dedicado exclusivamente a Nuestra Señora del
Soto al sur de la ciudad25, en los terrenos donados por
don Pedro de Robles. El artista de la estatua, que tiene
las dimensiones reales de un cuerpo humano, no tomó en
cuenta —seguramente por desconocimiento— los rasgos
de la Virgen de Iruz, pero sí recogió en una nueva expresión
artística los conceptos esenciales de la Mano Santa. La
tez de los personajes es blanca, muy blanca, de tiernos
gestos. Tanto la madre como el Niño levantan su brazo
derecho bendiciendo la humanidad, de forma cercana a
la talla de Iruz, pero he aquí que al Niño le falta la mano
izquierda26. En el barrio se considera que este hecho refleja
bien cómo el Hijo ha querido cargar con nuestros defectos,
males y dolores, para redimirlos asociando a esta misión a
su Madre Santísima.
El pueblo porteño pasó más de medio siglo con el vacío
de no tener una Virgen propia a la que acudir, que intentó
suplirse de alguna manera. El acto más significativo fue
el de la presentación del cuadro “Santa María, Madre de
Guayaquil” pintado por Arturo Guerrero, que se realizó en
el centro de convenciones Simón Bolívar, el 18 de mayo de
2011, en presencia de obispos y vicarios de la Arquidiócesis
de Guayaquil. Desde luego, esa oportunísima iniciativa no
“compite”, ni va en desmedro de las múltiples devociones
marianas que puede tener una ciudad. Piénsese, por
ejemplo, en las diversas Vírgenes “de Quito”: la Virgen alada,
la de la Merced, la del Buen Suceso…, cuya variedad es fiel
muestra de la intensa piedad mariana de esta sociedad.
El cuadro de Mano Santa y la devoción a esta Virgen
tuvieron el mismo final que la Ciudad Vieja, pero con ella
también tuvieron el mismo resurgir. En las últimas décadas
del siglo XX brotará, cada vez con más fuerza, la aspiración
de recuperar el Guayaquil perdido, la Ciudad Vieja, el
pueblo olvidado… Primero serán los historiadores los que
rastreen las pistas del pasado, luego los arqueólogos,
luego los museos, seguidos por la gente dedicada a la
cultura, al arte, a la literatura… Los arquitectos volverán a
parar la Casa Rosada que ya estaba caída, así como otros
derruidos edificios, y en el sur de la Ciudad volverá a nacer
una tierna devoción a la muy antigua y nunca olvidada
Virgen de Guayaquil.
23 Algún dato de ella lo recoge Ponce Leiva (1992, t. II, p. 23) quien observa que en la ciudad de aquel tiempo había 4 templos: “el parroquial, que se
llama Iglesia mayor, y su advocación es Santiago, y 3 en los 3 conventos de
frailes: el de San Pablo, en Santo Domingo; el de Nuestra Señora del Soto,
en San Agustín, y el de San Francisco, en su convento”.
24 Por ejemplo, Pérez Pimentel comenta de Jacinto de Bejarano y Lavayen (c. 1752-1820), de quien se dice que “era su costumbre socorrer a los
pobres y entregar limosnas para el culto divino, daba 8 pesos mensuales al
“Real Convento de Nuestra Señora del Soto” y era miembro de la Cofradía
de las Ánimas, de la Iglesia de San Agustín” (2001b).
44
REVISTA EÍDOS, diciembre 2014
Figura Nº 4. Virgen de la parroquia.
El templo actual de Nuestra Señora del Sur de Guayaquil
es cada vez más concurrido, especialmente en Semana
Santa, cuando traen el Cristo del Consuelo, que viene
desde la iglesia vecina (ubicada en Lizardo García y la A),
seguido por miles de fieles. En tales ocasiones alguna
gente pasa toda la noche en vigilia, a los pies de la Virgen
de la Mano Santa y de su Cristo27.
25
La Capilla está ubicada en la D, entre Nicolás Segovia y Guerrero
Martínez. El barrio ha tomado el nombre de “Ciudadela Virgen del Soto”.
26
El autor se refiere al Niño Jesús, no al Niño Mano-Santa (nota del
editor).
27 Cfr. los testimonios de los fieles recogidos en el diario El Universo, el 8
de abril de 2007 y el 24 de abril de 2011.
Juan Carlos Riofrío Martínez-Villalba
Actualmente, el artista londinense Dominic Maffia ha
pintado un cuadro de 1,9 metros de altura por 1,2 metros
de ancho, con el objetivo de rescatar la vieja devoción. Lo
ha hecho utilizando técnicas de pintura e imágenes de la
época. Además, ha añadido al cuadro muchos elementos
simbólicos, que convendrá analizar con más detalle en otro
estudio. Esta imagen será colocada en la Iglesia del cerro
Santa Ana, donde antiguamente colgó el viejo cuadro de la
Virgen de la Mano Santa.
VI. CONCLUSIONES
Guayaquil ha tenido una devoción mariana propia, desde su
misma fundación. La Virgen del Soto ha acompañado la vida
de los primeros moradores de Guayaquil y las generaciones
sucesivas. Venía ya en el alma de Toribio Castro el 25 de
julio de 1547 cuando atracaron con los primeros colonos
del puerto por el barrio de las Peñas; en esos momentos
él y su esposa Toribia rezaban constantemente a esta
Virgen por la mano de su Niño. Años más tarde llegó en
persona al puerto, el milagro de la Mano Santa. Los Castro
y Grijuela financiaron, además, la venida de los agustinos
y la construcción del templo a su Virgen amada, la misma
que se veneró de forma ininterrumpida por tres siglos, hasta
que en 1902 el fuego se llevó todo recuerdo. El pueblo
porteño pasó más de medio siglo con el vacío de no tener
una Virgen propia a la que acudir, lo cual intentó suplirse
de alguna manera. Pero la devoción que una vez nació, hoy
se niega a morir: hoy el antiguo cuadro se vuelve a rescatar.
VII. REFERENCIAS
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Figura Nº 5. Pintor y cuadro.
Figura Nº 6. Cuadro.
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Fly UP