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La Srta - St Matthew Parish

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La Srta - St Matthew Parish
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La Srta. Oseola McCarty que murió en 1999 y vivió en Mississippi, el epicentro para el
movimiento de derechos civiles entre los afroamericanos durante la década de 1960, fue una de
esos raros individuos que había disciplinado sus deseos. Después de abandonar la escuela al
terminar el sexto grado, por los próximos 78 años ella lavó y planchó la ropa sucia de gente
blanca. Ella nunca dejó el hogar donde ella creció; ella nunca se casó, nunca tuvo hijos y nunca
manejó un coche. Su televisor tenía un solo canal, pero eso no importó porque ella raramente la
miraba. Más tarde en la vida ella compró un acondicionador de aire de ventana, pero sólo lo usó
cuando tenía invitados. Ella siempre vivió sola después de que su tía murió en 1967.
El 26 de julio de 1995, cuando tenía 87 años, la Srta. McCarty dio $150.000 a la Universidad del
Sur de Mississippi para proporcionar becas para estudiantes negros. ¡¡30 años antes esa
Universidad aún no admitía a estudiantes negros!!
Ella dijo, "iba a la escuela y regresaba a casa y planchar. Guardaba el dinero y lo ahorraba.
Cuando tuve suficiente, fui al banco a ponerlo en el Primer Banco de Mississippi. El cajero me
dijo que sería mejor ponerlo en una cuenta de ahorros. Yo no sabía. Yo sólo seguí ahorrando."
Después de que su tía murió en 1967, hizo un plan para regalar los ahorros de su vida. Contacto a
un abogado y luego fue a su banco. Un funcionario puso 10 monedas sobre la mesa. Él le explicó
que ella podría indicar cuánto quería dejar a varias personas, colocando el número apropiado de
monedas en cada uno de sus nombres escritos en trozos de papel. Dio tres a su primo, uno a su
iglesia y seis a la Universidad de Mississippi.
"Yo vivo donde quiero vivir, y vivo de la manera que quiero vivir. Yo no podría conducir un
coche si tuviera uno. Soy demasiado vieja para ir a la Universidad. Entonces planeé hacer esto.
Lo planeé yo misma,' ella dijo a New York Times.
Casi todos nosotros después de escuchar la historia del evangelio sobre el joven rico no nos
consideraríamos ricos. Pero ¿a qué nos aferramos nosotros más que a nuestra confianza en
Jesucristo? Cuando hay una opción, ¿qué o a quien elijo? ¿Es Dios y Su amor la fuente de mi
seguridad? Nadie va a holgazanear, olvidándose del trabajo, olvidándose de sus familias, y
dejarlo todo en las manos de Dios. Eso no es lo que la fe pide de nosotros. ¿Pero cuándo
afrontamos un punto decisivo o crisis en nuestras vidas, en nuestro miedo e incertidumbre,
donde miramos, en quién buscamos aseguramiento? Quién sabe cuándo llegará el momento
cuando se nos pide renunciar a algo o a alguien si verdaderamente somos seguidores de Cristo.
Hoy Jesús parece decir que el punto fundamental es, que cuando el tiempo para elegir llegue
Cristo nos invita otra vez diciendo, "Ven y sígueme."
Esto me lleva a recordarles que este pasado jueves 11 de octubre, fue el 50 aniversario de la
apertura del Concilio Vaticano Segundo por el Papa Juan XXIII. Oficialmente ahora estamos
celebrando el "Año de la Fe". En nuestra parroquia nos centraremos en la justicia o
específicamente las Enseñanzas Sociales Católicas de la Iglesia Católica como se nos presenta en
los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo Católico.
El mes pasado hemos reflexionado sobre la primera de estas enseñanzas sociales católicas, "el
bien común". Esperemos que esto ayudó a informar a nuestras conciencias en el período previo a
la votación en noviembre.
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Durante octubre, popularmente conocido como el mes de "Respeto a la Vida", reflexionaremos
sobre el segundo tema de la Doctrina Social Católica, "la dignidad de la persona
humana/sacralidad de la vida humana".
Y entonces, a luz del joven rico en el Evangelio y la historia de la Srta. McCarty de Mississippi y
conscientes de que la Enseñanza Social Católica está interesada en una calidad de vida que
refleja el deseo de Dios para todos los seres humanos, desde el vientre a la tumba, ¿cómo es que
vamos a hacer la decisión de poner nuestra confianza en Cristo y seguirlo durante este "Año de la
Fe?"
Al igual que la Srta. McCarty invirtió la mayoría de los ahorros de todo una vida en la
Universidad de Mississippi para beneficio de los estudiantes afroamericanos, una decisión que
habla volúmenes acerca de una mujer pobre que se preocupa por la vida de otros, ¿cómo vamos a
invertir en la sacralidad de la vida, este segundo tema de la Enseñanza Social Católica?
Todos nosotros aquí seguramente defendemos la sacralidad de la vida en el vientre de la madre.
¿Pero estamos dispuestos a denunciar los otros males de la sociedad que ponen en peligro la
sacralidad de la vida del niño fuera del vientre?
¿Estamos dispuestos a luchar contra los males de la prostitución, el tráfico sexual y la
explotación de mujeres y niños? ¿Estamos dispuestos a decir no a las políticas de Gobierno que
apoyan la guerra, el racismo, la pena de muerte, tortura, sexismo, homofobia, aborto y eutanasia?
¿Son la contaminación ambiental, la falta de cuidado de salud, educación, la falta de viviendas
asequibles, la injusta deportación de personas de nuestro país y el maltrato a los inmigrantes
repugnante a nosotros con el fin de defender un país más justo? ¿Y enseñar a nuestros hijos a
defender lo que es justo y bueno?
Proteger y respetar la vida del niño en el vientre, dar a luz al niño, estar preocupado por el
bienestar del niño es muy importante. Pero aún ninguna pareja cristiana o monoparentales
pueden estar preocupadas sólo por su relación familiar y privada. Si nosotros como católicos
estamos preocupados por el bien común debemos estar en solidaridad con el mundo a nuestro
alrededor.
Una pareja o una madre soltera no sólo debe nutrir la sacralidad de la vida con sus hijos en el
vientre y en el hogar, pero ellos tienen el reto de trabajar hacia la eliminación de los males
sociales que ponen en peligro la sacralidad de ese niño fuera del vientre.
Al comenzar este Año de la Fe, mientras nos enfocamos en la Enseñanza Social Católica, y
celebramos el mes de "Respeto a la Vida" en octubre, recordemos que la misión social de la
Iglesia es expresarse en términos de liberar a los oprimidos, llamando a la conversión a nuestros
opresores y eliminando las estructuras de opresión. En pocas palabras esa fue la misión de
Jesucristo. Si nosotros andamos en este trabajo de la justicia, quizá no hemos invertido una gran
suma de dinero, como lo hizo la Srta. McCarty con la Universidad de Mississippi, pero habrá
invertido un espíritu de fe en Cristo Jesús para las generaciones por venir.
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