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¿Que hubiera pasado sin la reforma de 1981?

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¿Que hubiera pasado sin la reforma de 1981?
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¿Que hubiera pasado sin la reforma de
1981?
Las AFP están preocupadas por el descalabro del sistema y la bancarrota de los
argumentos que utilizaron hace dos décadas para desprestigiar el sistema de reparto. Han
publicitado recientemente, con bombos y platillos, un estudio que asegura que una gran
catástrofe hubiese sobrevenido sobre el país de no realizarse tal reforma. De poco les va a
servir. El hecho mismo de traer nuevamente a la discusión el sistema de reparto ayuda a
mostrar que su restablecimiento gradual es precisamente la gran reforma que hoy se
requiere para terminar con las deficiencias, abusos e incertidumbre del sistema de
capitalización.
El mismo estudio que han encargado demuestra que el antiguo sistema, lejos de estar
quebrado, dejaba superávit. Por otra parte, con motivo de este debate, CENDA ha
profundizado su estudio de factibilidad y necesidad de restablecer gradualmente el
sistema de reparto que ha presentado a la Comisión Asesora Previsional, agregando al
mismo una proyección para el período 2006- 2045 que muestra detalladamente la
factibilidad financiera de establecer gradualmente un sistema compuesto por tres pilares
(ver http://cendachile.cl/node/37 ).
De esta manera, por primera vez, ha quedado disponible para la opinión pública, una
proyección que muestra la evolución interrelacionada de todas las variables relevantes:
aumento del número de adultos mayores, crecimiento del PIB, evolución de pensiones y
gasto públicos, pensiones del sistema de AFP, cotizaciones previsionales, así como la
reintroducción gradual del sistema de reparto, y las nuevas pensiones resultantes. Todo
ello encaja de manera armónica en el marco de supuestos razonables, permitiendo ofrecer
a los chilenos pensiones dignas y definidas y crecientes, tanto para la mayoría sin
capacidad de ahorro y las dueñas de casa, como asimismo y muy especialmente, para la
clase media que vive de un salario.
La historia re-escrita por las AFP
Los periodistas de esa época, recuerdan como los editores de los principales medios los
“pauteaban” para que publicaran todos los días crónicas negativas respecto del sistema de
reparto. Ahora, las AFP se han visto obligadas a asumir el discutible oficio de
historiadoras “contrafactuales.” Tal vez, vienen llegando tarde con la moda que cundió
hace algunos años, que consistía en reescribir la historia asumiendo, por ejemplo, que los
alemanes hubiesen ganado la primera guerra mundial, o la segunda – quiénes se
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dedicaron a este poco edificante ejercicio tenían a menudo ese tipo de ensoñaciones. Han
contratado esta vez a investigadores de la Pontificia Universidad Católica, quiénes se han
prestado para contestar la pregunta “¿Que hubiese ocurrido sin la reforma de 1981?”
Es interesante mencionar que el estudio referido no puede sino empezar desmintiendo
uno de los argumentos más manidos al respecto: que el sistema de reparto era deficitario.
Muy por el contrario, la UC reconoce que en 1981 “La situación financiera del sistema de
reparto hasta el momento de la reforma de 1981 no era deficitaria; los ingresos superaban
a los beneficios pagados en aproximadamente 0.5% del PIB....los ingresos por
imposiciones eran algo mayores que los gastos en pensiones.” De hecho, muestra que las
cotizaciones de entonces alcanzaban para pagar todas las pensiones ¡y quedaba un 30%
como excedente! Tomen nota los que andan por ahí repitiendo como loros que “el
sistema antiguo estaba quebrado.”
El trabajo de la UC consigna que el sistema antiguo tuvo “una evolución realmente
explosiva. Esto se debe por un lado a las propias decisiones de las autoridades
económicas y políticas de la época que aumentaron los beneficios del sistema.” Es decir,
lejos de disminuirse los beneficios previsionales de la población, como ocurrió a partir
del golpe militar, los gobiernos del período desarrollista (1924-1973) se preocuparon de
incrementarlas constantemente. Por cierto, el estudio no deja de constatar que, como es
natural, los gastos crecieron al aumentar los beneficios. Presenta un gráfico que muestra
como el gasto en pensiones sube de menos de la mitad de las cotizaciones en 1975, a tres
cuartos de las mismas en 1980, dando la impresión al lector desapercibido que esa era la
tendencia, lo cual ciertamente aparece preocupante. Sin embargo, un gráfico anterior
muestra la brutal caída, tanto de salarios y cotizaciones, pero especialmente del valor de
las pensiones, tras el golpe militar. Se puede apreciar como hacia 1975, las cotizaciones y
por lo tanto los salarios, habían caído en un tercio, como proporción del PIB, mientras las
pensiones habían caído a menos de la mitad. Luego, los salarios y las pensiones se
recuperan parcialmente, sin embargo en 1980 todavía están lejos de alcanzar los niveles
previos al golpe militar. Sin embargo, el gasto en pensiones se recupera más rápido que
los salarios entre 1975 y 1980, lo que explica la “preocupante” tendencia anteriormente
anotada, entre esos años. Si se compara en cambio la situación entre 1971-72 y 1980,
disponible en el mismo estudio, se aprecia que el gasto en pensiones sube
moderadamente, de 2/3 de las cotizaciones en 1971-72, a 3/4 en 1980. Ello luego de una
reforma previa muy importante del sistema antiguo, realizada por la dictadura en 1979,
que subió la edad de jubilación a 65 años, terminó con la jubilación por años de servicio y
rebajó las cotizaciones para pensiones a 18.8% - según el estudio de la UC antes
alcanzaban en algunos casos hasta un 50%, lo que no detalla. Es decir, sin aquella
reforma – que parece importante no olvidar ahora - la cual a esas alturas solo afectó los
ingresos, no los gastos, la proporción de gasto en pensiones sobre las cotizaciones sube
moderadamente, siempre con un importante superávit.
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El trabajo de la UC revisa diversa bibliografía respecto de la posible evolución del
superávit del sistema previsional de reparto, y su eventual transformación en déficit.
Ninguna es particularmente alarmista. Citando la más reciente, publicada por el Banco
Mundial (BM, Zviniene y Packard 2002), por ejemplo, dice “Resulta interesante que las
proyecciones muestran que el sistema de pensiones no tenía grandes problemas
financieros hasta después del 2010. De hecho, desde el 2020 aparecen déficit del orden
del 1% del PIB que crecen hasta el 4% del PIB en el 2050.” Si recordamos que la
privatización del sistema de pensiones ha significado un déficit previsional promedio de
5,7% del PIB desde 1981 a la fecha, las proyecciones del BM para el sistema de reparto
resultan más que alentadoras. Lo mas que puede decir a este respecto, es que “se puede
concluir que hasta el momento de la reforma de 1981, el sistema de pensiones estaba
mostrando algunos problemas financieros, que eventualmente podrían haberse
exacerbado con posterioridad, si no se hubiera realizado la reforma.”
Citando a Corbo y Schmidt-Hebbel (2003), valoran que el impacto de a privatización de
las pensiones sobre el sistema financiero equivale al 31% del desarrollo del mismo entre
1981 y 2001. Es decir, la reforma tuvo un efecto inmenso en términos que ha aumentado
en un tercio, aproximadamente la disponibilidad de capitales de inversión, lo cual, como
mueatra CENDA (ver estudio citado) ha beneficiado enormemente especialmente a los
13 grandes conglomerados que la han recibido la mayor parte. Afirma que “el impacto
sobre el mercado laboral ha sido menos estudiado. Sin embargo, a priori, existen
presunciones para pensar que el impacto del sistema antiguo sobre el mercado laboral
puede haber sido importante.” Finalmente, citan a a Corbo y Schmidt-Hebbel (2003), ara
afirmar que la privatización del sistema de pensiones habría incrementado el crecimiento
del PIB en a lo menos un 0.5% por año.
Luego el estudio entra en materia y realiza una proyección de los ingresos y gastos del
sistema de reparto si no se hubiese producido la reforma de 1981. Sin entrar a discutir la
utilidad de esta “historia contra-factual,” ni tampoco la alambicada metodología en que se
basa el estudio, es interesante en cambio comentar sus resultados. Concluyen que el
sistema de reparto habría arrojado superávit hasta el 2000, luego un déficit que alcanzaría
poco más del 4% del PIB el 2016, el que se reduciría hasta anularse el 2022. Luego se
generan nuevamente superávit hasta el 2031, que supera el 4% del PIB en algunos años.
A partir del 2031 se generan nuevamente déficit, que llegan hasta el 8% del PIB hacia
mediados de siglo. Con todo, el valor presente de todos estos flujos de superávit y déficit
es apenas un 9% del PIB, lo que es bajísimo. Hay que recordar nuevamente que la
privatización del sistema ha arrojado un déficit anual de 5,7% desde 1981 a la fecha, lo
que en valor actual equivale aproximadamente a un 130% del PIB del 2005.
Vale la pena discutir los supuestos demográficos y de evolución de los ingresos y gastos
en que se basa este estudio. En cuanto a la variable clave, que es la demografía, elabora
una complicada serie que considera las cohortes nacidas y que sobreviven año a año, y la
expectativa de vida de cada una de ellas. Es dramático, de paso, apreciar como las
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cohortes reales caen en número luego del golpe militar, y asimismo cuan dependientes
son de los ciclos económicos, puesto que disminuyen nuevamente, por ejemplo, durante
la crisis de los años 1980. Este efecto de la dictadura y las políticas neoliberales no ha
sido estudiado suficientemente. Las cohortes alcanzan su máximo en 1990, cuando se
acercan a las 300,000 personas nacidas vivas. Luego, se impone la tasa decreciente de
aumento de natalidad, y las cohortes realmente nacidas disminuyen anualmente en forma
más o menos constante, con una aceleración luego de la crisis de 1998. Sin embargo, sin
mayor fundamento, el estudio asume que las cohortes vuelven a aumentar de tamaño en
1,2% anual a partir del 2005 y hasta el 2050. Toda su proyección de déficit se basa en
este supuesto. Sumado ese crecimiento con un aumento en la expectativa de vida que
crece de manera importante, el estudio concluye que los jubilados aumentan mucho más
rápido que el PIB. Las cotizaciones, en cambio, crecen el mismo ritmo del PIB, lo cual
genera el déficit anotado.
Parece más simple y claro es estudiar la evolución del número total de adultos mayores,
es decir, las mujeres mayores de 60 años y hombres mayores de 65, y comparar su tasa de
crecimiento con el aumento del PIB. CELADE, el organismo especializado en
demografía de CEPAL, tiene una proyección muy confiable a este respecto, que
considera todos los factores relevantes, entre ellos, la evolución del tamaño de cada
cohorte y su expectativa de vida respectiva. La conclusión de CELADE es contundente y
bien distinta a los supuestos del estudio de la UC. En efecto, como se muestra en el
cuadro que sigue, a partir de un número actual que no excede el 10% de la población,
CELADE proyecta una tasa de crecimiento de los adultos mayores que en el largo plazo
es de 2,6%, harto menor que la tasa de crecimiento proyectada para el PIB. A estas tasas,
los déficit del sistema de reparto proyectados por el estudio de la UC se transforman en
superávit constantes (ver estudio CENDA citado).
Proyecciones CELADE: Adultos
Mayores, 2005-2050
Mujeres ! 60
Años
Hombres ! 65
Años
Total Adultos
Mayores
Fuente:
CELADE
Tasas de Crecimiento Anual
(%)
2005
2010
2025
2045
20052010
20052025
20052045
20052050
1,049,295
1,232,425
2,101,678
2,936,687
3,3%
3,5%
2,6%
2,5%
545,108
660,650
1,188,040
1,812,806
3,9%
4,0%
3,0%
2,8%
1,594,403
1,893,075
3,289,718
4,749,493
3,5%
3,7%
2,8%
2,6%
Las cotizaciones previsionales, en cambio, crecen constantemente. Es importante destacar
que las mismas han aumentado desde 859.253 millones de pesos en 1990 a 1,940.844
millones en 2005 (ambas cifras en pesos 2005), lo que arroja un crecimiento promedio de
5,6% anual en el período, que equivale más o menos al promedio del PIB.
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Por otra parte, si compara dicho flujo con el gasto real en pensiones, se aprecia que el
último alcanzó en 2005 a 1,475.985 millones de pesos, considerando todas las pensiones
no asistenciales pagadas por el INP, las que cubren la totalidad de beneficiarios del
sistema antiguo, incluyendo pensionados por vejez, invalidez, viudez, orfandad, etc., pero
asimismo otros beneficios como exonerados y reparaciones, entre otros. Es decir, aún
basada en una cotización rebajada desde 18.8% previa a 1981, a 12,3% en la actualidad,
las cotizaciones efectivamente recaudadas el 2005 permitían pagar las pensiones del
sistema antiguo de ese mismo año, dejando un cuantioso superávit. De esta manera, la
realidad contradice las estimaciones del estudio de la UC, que proyecta un déficit para
este año.
Proyección de CENDA del Sistema de Tres Pilares,
2006-2045
CENDA ha completado recién un nuevo capítulo para su estudio “Factibilidad y
Necesidad de Restablecer Gradualmente un Pilar Previsional de Reparto (ver
http://cendachile.cl/node/37 ),” en el cual hace una detallada proyección de todas las
variables relevantes, interrelacionando todas ellas y demostrando la viabilidad del mismo.
Las principales conclusiones de tal proyección se resumen a continuación.
En forma pionera, dicha proyección contempla de manera integrada la evolución de los
adultos mayores, las pensiones y el gasto público, las pensiones y el gasto del sistema
capitalización, las cotizaciones, los fondos de pensiones, los gastos de administración, y
el PIB. Propone establecer tres pilares, a saber, una pensión pública universal financiada
con fondos generales del Estado, una segunda pensión financiada con los fondos de
pensiones, y finalmente, una pensión financiada con un fondo de reparto, que permite
igualar las pensiones AFP con las que ofrece el sistema antiguo, incluyendo mantener el
derecho de las mujeres a jubilar a los 60 años en las mismas condiciones que los hombres
a los 65.
La proyección se resume en un cuadro que presenta la situación de todas estas variables
para los años años: 2005, 2010, 2025 y, 2045. El modelo maneja muchas cifras y datos,
pero su estructura y supuestos básicos son sencillos. Se parte de la proyección de
CELADE para el número de adultos mayores, manteniendo desde luego la edad de
juibilación de las mujeres a los 60 años. Como se sabe, dicha proyección estima un
promedio de 2.6% anual para el período, con variaciones en el curso del mismo. Para el
PIB se proyecta un escenario de crecimiento. El modelo es de tres pensiones superpuestas
y complementarias: una pensión pública no contributiva, una pensión financiada con los
fondos de capitalización, y finalmente se introduce una pensión financiada con un fondo
solidario, o de reparto. Inicialmente, la cobertura de dichas pensiones es la que tienen en
la actualidad, y la misma sube hasta alcanzar un 85% de los adultos mayores, en todos los
casos. Los montos de las pensiones parten de los niveles actuales, y se elevan
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gradualmente a partir del financiamiento disponible. El modelo se basa en tres fuentes de
financiamiento: a) el gasto público financiado con impuestos generales financia las
pensiones públicas, como ocurre actualmente, y manteniendo el nivel actual en relación
al PIB; adicionalmente, el gasto público financia los compromisos del sistema antiguo y
las pensiones de los uniformados, y durante los primeros años, mantiene un importante
subsidio a las pensiones de capitalización, mediante los bonos de reconocimiento; b) La
segunda fuente de financiamiento son las cotizaciones, las que financian tanto las
pensiones del sistema de capitalización como las de reparto, a partir de su nivel actual de
12.3% de los salarios, el que sube lentamente hasta alcanzar un 16.3% el 2045; c)
finalmente, las pensiones de capitalización se financian complementariamente con las
ganancias del fondo de pensiones, ajustándose los retiros anuales de modo que exista
superávit todos los años y el tamaño del fondo aumente, manteniendo aproximadamente
su nivel actual, en relación al PIB.
Los supuestos del modelo son los siguientes:
Variable
Chile: Sistema Previsional de Tres Pilares
2005
2007-2010
2011-2025
2026-2045
Supuestos
Tasa de crecimiento PIB (% anual)
Gasto público previsional (%
crecimiento anual)
5.0%
5.0%
4.0%
4.0%
3.5%
3.5%
7.0%
5.0%
3.5%
2.42%
2.42%
2.42%
2.42%
3.43%
3.43%
3.43%
3.43%
1,594,403
1,893,075
3,289,718
4,749,493
4.95%
Rentabilidad fondo de pensiones (%
anual)
Cotizantes (% crecimiento anual 9005)
Ingreso imponible (% crecimiento
anual 90-05)
Número de adultos mayores (mujeres
>60, H>65) (CELADE)
Los resultados son los siguientes:
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Las pensiones públicas alcanzan un 85% de cobertura a partir del 2007, y sus
valores mínimos llegan a $99,885 mensuales el 2010, $172,708 el 2025, y
$251,829 el 2045.
Adicionalmente, los afiliados al sistema antiguo, así como los militares,
mantienen el nivel actual de pensiones, y el fisco sigue aportando bonos de
reconocimiento al fondo de pensiones.
Las pensiones del sistema de capitalización aumentan su cobertura desde un
5.2% de los adultos mayores (AM) el 2005, a un 12,4% el 2010, y hasta alcanzar
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un 33% el 2025 y un 85% el 2045. Los montos de todas las prestaciones siguen
aumentando al ritmo de los últimos años.
El fondo solidario de reparto empieza a operar desde el 2007, y cubre a todos los
jubilados por vejez del sistema de capitalización, es decir, alcanza al 12.4% de
los AM el 2010, cifra que sube al 33% hasta el 2025 y al 85% desde ese año en
adelante.
A partir de su implementación el 2007, el fondo de reparto entra a duplicar,
aproximadamente y en promedio, las pensiones de los jubilados por vejez en el
sistema de capitalización, reparando de esa manera el daño previsional de todos
los jubilados por este sistema, incluidas todas las mujeres a las cuales se les
respeta el derecho a jubilar a los 60 años en las mismas condiciones que ofrece
el INP. (Adicionalmente, el fondo solidario debe reparar el daño a los jubilados
por el INP previo a 1993, que afecta a menos personas).
Para ello basta con destinar a dicho fondo un 1.9% de los salarios hasta el 2010,
cotización que sube (con cargo a los empleadores), a un 6% desde ese año y
hasta el 2025, y a 9% en los años sucesivos, hasta el 2045.
El ingreso por cotizaciones, sumado a los subsidios estatales por bonos de
reconocimiento (las pensiones mínimas se reemplazan por pensiones básicas a
partir del 2007), se calcula de modo que alcance para financiar todos los
beneficios, tanto del sistema de capitalización como el de reparto, además de los
gastos de administración, quedando un superávit anual destinado al fondo de
capitalización.
Los descuentos previsionales resultantes son de 12.3% de los salarios hasta el
2010, valor que sube a un 14.3% hasta el 2025, y luego a un 16.8% hasta el
2045. Todos los incrementos son con cargo a los empleadores y destinados al
fondo de reparto. Cabe señalar como referencia que Suecia, por ejemplo, cotiza
actualmente un 16% para el fondo de reparto, y un 2.5% adicional para
capitalización, y su estructura demográfica de hoy es parecida a la que Chile
alcanzará a mediados de siglo.
Se supone que la reforma rebaja sustancialmente los gastos de administración,
sometiendo al sistema a una reingeniería profunda, que establezca la afiliación
única al sistema nacional (en lugar a una AFP), eliminando con ello los gastos de
comercialización, centralice en el INP todas las funciones que presentan
economías de escala tales como recaudaciones, administración de cuentas,
pagos, seguros, etc., dispersando al mismo tiempo la gestión de fondos en
muchos operadores, con alternativa de un operador estatal – es decir, un
esquema similar al Sueco. De esta manera, los costos bajan del 2.3% actual al
1% hasta el 2010 y luego al 5%, de los salarios.
La estructura de cotizaciones evoluciona de modo que la parte destinada a
capitalización disminuye moderadamente, de 10% de los salarios el 2005, a
9.4% el 2010, 7.8% en los años siguientes hasta el 2025, y 7.3% en los años
sucesivos.
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Aún bajo supuestos de rentabilidad del fondo muy conservadores (ver tabla
arriba), es posible considerar un retiro anual de ganancias significativo destinado
a suplementar las pensiones de capitalización.
Considerando las tres pensiones del sistema, el monto promedio que perciben los
adultos mayores mejora rápidamente, de $149,125 mensuales el 2005, a
$187,095 el 2010, a $382,797 el 2025 y $1,338,501 el 2045.
Las tasas de reemplazo respectivas, es decir, la relación entre las pensiones
promedio de los adultos mayores y los salarios imponibles de los cotizantes,
sube de 42,9% el 2005, a 45,5% el 2010, a 56,1% el 2025 y alcanza 59,6% el
2045.
Comparado con el Producto Interno Bruto, el gasto público previsional mantiene
el nivel actual de alrededor de 5%, pero la parte destinada a pensiones civiles
sube de 3.8% el 2005 a 4.9% el 2045. Las cotizaciones suben desde el 3% del
PIB el 2005, a 3.3% el 2010, a 5,1% el 2025 y alcanzan 9,5% del PIB el 2045.
Finalmente, el fondo de pensiones evoluciona creciendo desde el 70% del PIB
en el 2005 hasta alcanzar un máximo de 85% el 2025 y estabilizarse en un 70%
nuevamente, el 2045.
Los resultados anteriores se resumen en la tabla que sigue.
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2005
2007-2010
2011-2025
2026-2045
Resultados
Cobertura Adultos Mayores (AM) con
pensiones públicas (%)
Cobertura AM con pensiones
capitalización (%)
Cobertura AM con fondo solidario (%)
73.90%
85%
85%
85%
5.2%
12.4%
33.0%
85.0%
0.0%
12.4%
33.0%
85.0%
Pensiones públicas AM, valor mínimo
($/mes)
$41,013
$99,885
$172,708
$251,829
$147,293
$146,365
$185,034
$257,421
$124,592
$139,216
$279,207
$246,065
$0
$139,216
$230,243
$294,119
Beneficios totales pagados a Adultos
Mayores, promedio ($/mes)
$149,125
$187,095
$382,797
$797,605
Ingreso imponible, promedio ($/mes)
Tasa de reemplazo
$347,534
42.9%
$411,339
45.5%
$682,037
56.1%
$1,338,501
59.6%
12.3%
12.30%
14.30%
16.80%
0.0%
2.3%
1.87%
1.00%
6.00%
0.50%
9.00%
0.50%
10.0%
9.43%
7.80%
7.30%
$41,107,587
$65,767,311
$120,531,447
$194,427,674
5.0%
3.8%
3.0%
70.3%
5.2%
4.2%
3.3%
83.8%
5.2%
4.7%
5.1%
85.3%
5.2%
4.9%
9.5%
69.2%
Pensiones Públicas AM, promedio
($/mes)
Pensiones capitalización AM, promedio
($/mes)
Pensiones fondo solidario AM,
promedio ($/mes)
Descuento previsional total (%
salarios)
Incluye: Aporte fondo solidario
Costos de administración y
seguros
Aporte cuenta individual
Fondo Pensiones al fin del período
(millones $)
Gasto público previsional / PIB
incluye: Pensiones civiles
Cotizaciones / PIB
Fondo Pensiones / PIB
Fuente: Elaboración CENDA (ver planilla Excel en http://cendachile.cl/files/Inversiones_AFP.xls
La opinión pública del país, convencida desde siempre que la privatización del sistema de
pensiones había sido un gran fraude que perjudicaba a la mayoría en beneficio de un
reducido sector, ahora se está manifestando de manera sensible. Serios estudios han
develado que el rey estaba desnudo: la privatización de las pensiones sólo sirvió, hasta
ahora, para traspasar masivos recursos desde los bolsillos de los trabajadores y las arcas
fiscales, y prestarlos, principalmente, a un reducido grupo de grandes conglomerados
económicos. Aparte de enriquecer a los propietarios, directores, y altos ejecutivos de la
parasitaria industria de administración y seguros creada por el nuevo sistema –
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estrechamente ligados, muchos de ellos, a la dictadura de Pinochet. Mientras tanto, los
beneficios que entrega son menos de la mitad de los que ofrece el sistema antiguo, y
menos en el caso de las mujeres. Todo esto ha tocado fondo. Los abusos fueron
demasiados. La unanimidad del país ha decidido reformarlo.
En un primer “round,” lograron forzar la mano de las más altas autoridades, para
conformar una “Comisión Asesora de Reforma” llena de partidarios suyos, que sólo ha
propuesto dejar establecida legalmente la significativa rebaja de derechos previsionales
que de facto genera el “nuevo” sistema, aparte de aumentar las obligaciones personales y
fiscales para con el mismo, sin tocarlo en lo esencial. A pesar de ello, se extiende en el
país el convencimiento que la reforma debe ir al fondo del asunto, corregir la extrema
unilateralidad del diseño del sistema actual – el único en el mundo que descansa sólo en
la capitalización -, que es la causa principal del problema. Crear un nuevo sistema
previsional que descanse sólidamente en tres pilares bien equilibrados: una pensión
pública básica universal de a los menos $100.000 mensuales, el restablecimiento gradual
del sistema de reparto, y una reingeniería a fondo del pilar de capitalización, afiliación
general al sistema nacional (no a una empresa), centralizar de las funciones con
economías de escala y dispersar la gestión de los fondos, “a la Sueca.” Lo primero que
hay que hacer con la reforma es reponer a todos los chilenos derechos equivalentes a los
que el sistema antiguo ofrece a sus afiliados – que todavía, felizmente, alcanzan a tres de
cada cuatro adultos mayores. Especialmente a las mujeres, a quiénes el sistema antiguo
reconoce el derecho a jubilar a los 60 años con exactamente los mismos criterios que los
hombres a los 65. En ambos casos, les ofrece pensiones de por vida y que se aproximan
bastante a las últimas remuneraciones. Luego, la reforma deberá mejorar los derechos de
todos. Esta opinión se abre paso mayoritariamente en medios técnicos y académicos de
un amplísimo arco político. Así lo confirma la “Declaración de Santiago de los
Académicos de Chile por una reforma Previsional Solidaria,” firmada recientemente por
autoridades de 10 universidades nacionales, y numerosos centros de estudios, entres los
que se cuentan CED, Chile 21 y CENDA, entre otros (ver www.cendachile.cl).
Lo principal para que la reforma llegue al fondo es precisamente restablecer el pilar de
reparto, que es el que sostiene de modo principal a los sistemas de pensiones en todo el
mundo – también el chileno hasta 1981. El principio de reparto es muy sencillo y fácil de
administrar. Los trabajadores activos descuentan una parte de sus salarios para pagar
pensiones “altiro” a los pasivos. Dicho mecanismo fue el que dio origen a los sistemas de
pensiones hace más de un siglo y lo inventaron los propios trabajadores de los colectivos
más grandes y estables. Los gobiernos simplemente generalizaron el sistema a nivel
nacional. El sistema de reparto se basa en las dos variables más establemente crecientes
de la economía: el número de trabajadores asalariados ocupados y el nivel medio de
salarios. Ambos crecen todos los años, incluso durante la mayoría de las recesiones
(donde el primero no alcanza a absorber a los nuevos trabajadores, y el porcentaje de
cesantía aumenta al mismo tiempo). Por lo tanto, el flujo de cotizaciones de los activos
crece siempre, mucho más rápido que el número de pasivos, y por lo mismo puede
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garantizar a todos los últimos pensiones definidas y de relativamente buena calidad. Por
el contrario, los fondos de capitalización son caros de administrar – en lugar de cobrar y
pagar, como en el reparto, acá hay que cobrar, gestionar por cuarenta o más años,
recuperar (si se puede) y luego pagar; y están sujetos a la incertidumbre de las dos
variables más fluctuantes de la economía: las bolsas de comercio y las tasas de interés.
Por este motivo, ningún país sensato permite que las pensiones de sus mayores descansen
exclusivamente sobre esta base, si bien muchos la han establecido como complemento de
las pensiones y como apoyo al desarrollo de la economía.
El tema de fondo de la reforma es quién se queda con el flujo de cotizaciones
previsionales, que es una suerte de “gallina de huevos de oro”, una confiable “vaquita
lechera,” un verdadero “chorro” de dinero que sale mes a mes de los bolsillos de los
trabajadores. Hasta 1981, y desde sus inicios, este flujo se utilizaba para pagar pensiones.
A partir de 1981, todas las pensiones, tanto las del sistema antiguo que son la abrumadora
mayoría, como las pocas que pagan las AFP, se han pagado íntegramente con fondos
públicos. ¿Adonde han ido a parar las cotizaciones, los huevos de oro de la gallina, la
leche de la vaquita?
Del 12,5% descontado a los trabajadores, las AFP y Cías de seguro coligadas se han
embolsado ellas mismas, de entrada, un 2,5%, es decir, un quinto. Adicionalmente, las
segundas se han apropiado de escandalosas comisiones - y los fondos completos - de
aquellos que han contratado pensiones vitalicias. Este es el único seguro de vida del
mundo en el cual la prima se paga al contado y por adelantado. Encima, cobran
comisiones que alcanzaron al 7% del fondo individual.
El grueso de las cotizaciones, sin embargo – así como los intereses y ganancias que las
han incrementado -, ha ido a parar a manos de un reducido número de grandes
conglomerados, en forma de préstamos y capital. El 50% del fondo total está en manos de
200 grandes empresas que operan en Chile, la mitad de esa parte está en manos de 13
grandes grupos económicos – incluyendo los grupos dueños de las AFP. El grupo
propietario del Diario La Tercera, por ejemplo, es acreedor de 1,508 millones de dólares
de los fondos de pensiones . El 30% del fondo total está en el extranjero, la mitad
invertido en sólo 8 grandes fondos de inversión internacionales. Es decir, el 80% de las
cotizaciones, intereses y ganancias, ha ido a parar a manos de estos grupos. El 20%
restante se ha prestado al Estado y a algunas de sus empresas. Parte importante de lo
prestado al Estado se ha traspasado de vuelta a las AFP en forma de bonos de
reconocimiento. Sólo una pequeñísima parte de los fondos ha “chorreado” hacia
empresas más pequeñas, y a la población en general en forma de préstamos hipotecarios
(5% del fondo total), obras de infraestructura (1,8% del fondo total), etc. Esto es lo que
quieren mantener durante otros veinte años. Que el Estado pague todas las pensiones,
mientras ellos se queden con todas las cotizaciones.
Manuel Riesco
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junio 2006
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