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METODOLOGÍA 3. 3 Cinco indicadores para una pedagogía eficaz

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METODOLOGÍA 3. 3 Cinco indicadores para una pedagogía eficaz
ESCOLARIZACIÓN DEL
ALUMNADO INMIGRANTE
EL CURRICULUM
METODOLOGÍA
3. 3 Cinco indicadores para una pedagogía eficaz
Este texto es la traducción de Five standards for effective pedagogy del CREDE, Centre for
Research on Education, Diversity and Excellence de la Universidad de California, Santa Cruz
en http://www.crede.ucsc.edu/standards/standards.html
Se trata de una traducción en la que se han introducido algunas adaptaciones con el fin de
ayudar a la comprensión, aunque intentando ser fieles al texto original.
Indicadores de una pedagogía y aprendizaje eficaces
Los indicadores para una pedagogía y aprendizaje eficaces se han basado en las investigaciones llevadas a cabo por CREDE
(Centro para la Investigación en Educación, Diversidad y Excelencia) y en un análisis exhaustivo de la investigación sobre el
desarrollo, la educación y la diversidad. Los indicadores representan recomendaciones sobre aspectos comunes en los que
coinciden todos los grupos lingüísticos, culturales y raciales de los Estados Unidos, en todos los grupos de edad y en todas las
áreas. Por lo tanto, expresan los principios de una pedagogía eficaz para todo el alumnado. Incluso para el alumnado convencional,
los indicadores describen las condiciones ideales para la instrucción. Para el alumnado con riesgo de fracaso educativo, sin
embargo, la puesta en práctica eficaz de los indicadores es vital. El consenso en la investigación se manifiesta en cinco indicadores:
- Actividad Productiva Conjunta
ƒ Profesorado y alumnado producen conjuntamente.
- Desarrollo lingüístico
ƒ Desarrollo de la lengua a través del currículo.
- Construir significados
ƒ Conectar la escuela con las vidas de los alumnos y alumnas.
- Enseñar a pensar de modo complejo
ƒ Animar al alumnado hacia el reto cognitivo.
- Enseñar a través de la conversación
ƒ La conversación instructiva.
Actividad Productiva Conjunta
Profesor/a y alumno/a producen conjuntamente
Facilitar el aprendizaje a través de la actividad productiva conjunta entre el profesor/a y los alumnos/as
El aprendizaje es más eficaz cuando personas expertas y principiantes trabajan conjuntamente para conseguir un objetivo o
producto común y están motivados, por tanto, para ayudarse mutuamente. Enseñar significa “proporcionar ayuda”, por lo tanto, la
actividad productiva conjunta maximiza la enseñanza y el aprendizaje. Trabajar conjuntamente permite conversar y esto sirve para
enseñar lengua, significados y valores en el contexto inmediato. Enseñar y aprender a través de “actividad productiva conjunta” se
da en todas las culturas, es típicamente humano y probablemente es una parte integral de las personas. Este sistema de “tutoresmentores”, de aprendizaje “en acción” es característico entre los padres y madres de niños/as pequeños/as de pre-escolar, entre
los/as universitarios/as, en la Enseñanza de Adultos y en los servicios de formación para la vida laboral, reciclaje en el puesto de
trabajo, etc. En las escuelas normalmente hay poca actividad conjunta de la que emerjan experiencias comunes y por ello, no existe
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un contexto compartido que permita al alumnado desarrollar sistemas conjuntos de comprensión con el profesor y entre unos/as y
otros/as. La actividad conjunta entre el profesor y los estudiantes ayuda a crear ese contexto común de experiencias dentro de la
escuela. Esto adquiere especial relevancia cuando el profesorado y el alumnado no pertenecen a la misma cultura.
La actividad conjunta y el discurso permiten el nivel más alto de logro académico: el uso de ideas “escolares”, o “científicas” para
resolver problemas prácticos del mundo real. La conexión constante entre los conceptos escolares y los del día a día es básica
para desarrollar los mecanismos a través de los que las personas maduras comprenden el mundo. Profesorado y alumnado deben
compartir estas actividades conjuntas. Sólo cuando también el profesorado está involucrado en estas actividades puede tener lugar
este tipo de discurso que es la clave para construir la competencia escolar.
Indicadores de actividad productiva conjunta
El/la Profesor/a:
1. Diseña actividades de instrucción que requieren la colaboración entre el alumnado para conseguir un producto común.
2. Ajusta las demandas de la actividad productiva conjunta al tiempo disponible para su realización.
3. Organiza el espacio de la clase para acomodar las necesidades del alumnado en el trabajo individual y de grupo.
4. Participa junto con el alumnado en la realización de la actividad.
5. Organiza el alumnado en grupos variados atendiendo a criterios como: amistad, heterogeneidad, lengua, proyecto, o
intereses para promocionar la interacción.
6. Planifica junto con el alumnado el trabajo de los grupos y los cambios de actividad: la presentación de la actividad a todo
el grupo-clase para trabajar en pequeños grupos, recogida, finalización de la sesión, etc.
7. Gestiona el acceso a los materiales por parte de todos los agentes para facilitar el trabajo conjunto.
8. Monitoriza y apoya el trabajo cooperativo entre el alumnado de manera positiva.
Desarrollo lingüístico
Desarrollo de la competencia lingüística y la alfabetización a través del currículo
El desarrollo de la competencia en la lengua o lenguas de instrucción debería ser un metaobjetivo de todas las actividades
educativas a lo largo de la jornada escolar. La competencia en lectura y escritura es fundamental para lograr el éxito académico
tanto si la instrucción es monolingüe como bilingüe. El conocimiento escolar y el propio pensamiento son inseparables del lenguaje.
La lengua social, la lengua académica formal y la lengua de las áreas son básicas para lograr el éxito escolar.
Se debe apoyar el desarrollo de la lengua en todos sus aspectos –informal, resolución de problemas, y académica– a través del uso
y a través de la conversación deliberada y con propósito entre profesor/a y alumnado, no a través de ejercicios repetitivos aburridos
o de reglas descontextualizadas. La lectura y la escritura deben enseñarse por sí mismas y como aprendizajes integrados en las
demás áreas.
Las formas de uso del lenguaje que se trabajan principalmente en el contexto escolar, tales como: formular y responder preguntas,
discutir quejas, usar representaciones; son a menudo desconocidas para el alumnado de lengua adicional y para el de riesgo de
fracaso educativo.
Sin embargo, es posible vincular las formas de hablar del alumnado con la lengua de las disciplinas escolares procurando contextos
de aprendizaje que ayuden a construir éste a partir de las áreas de mayor competencia comunicativa del alumnado.
El desarrollo de la lengua y de la lecto-escritura como metaobjetivo también se aplica a los géneros lingüísticos especializados de
las ciencias, matemáticas, historia, arte y literatura. Un aprendizaje eficaz de las matemáticas se basa en la habilidad de “hablar
matemáticas” del mismo modo que la habilidad de aprender a través del currículo depende de la maestría con que se maneje la
lengua de instrucción. La comprensión de lectura, expresión escrita, expresión oral, comprensión auditiva y los lexicones pueden
enseñarse y deben aprenderse en todas las áreas y todas las áreas pueden enseñarse como si de una segunda lengua se tratara.
La actividad productiva conjunta proporciona un oportunidad ideal para desarrollar el lengua en el terreno de las actividades.
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Indicadores del desarrollo lingüístico
El/la Profesor/a:
1. Escucha al alumnado hablar sobre temas conocidos tales como el hogar y la comunidad.
2. Responde al habla del alumnado, pregunta y hace aportaciones referidas a los comentarios del alumnado.
3. Apoya el desarrollo de la lengua oral y escrita utilizando todo tipo de recursos para mantener conversaciones y elaborar
escritos con un propósito: modelar frases, animar, parafrasear, clarificar, preguntar, valorar positivamente, etc.
4. Interactúa con el alumnado respetando las preferencias de éste con respecto a los tiempos de espera o de silencio,
contacto visual, turnos, o toma de iniciativa.
5. Conecta la lengua y la lecto-escritura del alumnado con los contenidos de las áreas a través de actividades de
comprensión y expresión oral y escrita.
6. Anima al alumnado a utilizar el vocabulario propio de los contenidos específicos para expresar que ha comprendido.
7. Proporciona oportunidades abundantes de interacción entre el alumnado y de éste con el/la profesor/a.
8. Anima al alumnado a utilizar primeras y segundas lenguas en las actividades de instrucción.
Construir significados
Conectar la escuela con las vidas de los alumnos y alumnas
Conectar la enseñanza y el currículo con las experiencias y destrezas familiares y comunitarias del alumnado
Los objetivos de las escuelas se adquieren mejor en contextos cotidianos y significativos culturalmente. Esta contextualización
utiliza los conocimientos y destrezas que el alumnado posee como base para construir los nuevos. Esta aproximación promueve
tanto la autoestima y la confianza cuanto un logro escolar de mayor envergadura.
Los investigadores de la educación recomiendan aumentar la instrucción contextualizada. Lo habitual en las escuelas es enseñar
reglas, abstracciones, y descripciones verbales que, a su vez, se enseñan a través de reglas, abstracciones, y descripciones
verbales. Las escuelas deben apoyar al alumnado de riesgo proporcionando experiencias que muestran que los conceptos
abstractos surgen del trabajo de todos los días y se aplican a éste.
“Comprender” significa conectar los aprendizajes nuevos con los viejos. Apoyar al alumnado a realizar esas conexiones fortalece el
conocimiento recién adquirido y aumenta el interés de éste en las actividades de aprendizaje. Los teóricos de la educación están de
acuerdo en que lo que dota de significado al aprendizaje escolar es la conexión de éste con las experiencias personales, familiares
y de comunidad que posee cada alumno/a. La educación eficaz enseña cómo las abstracciones escolares salen de la aplicación de
las mismas al mundo real. La colaboración con padres, madres y comunidades revela fórmulas apropiadas de participación,
conversación, conocimiento e intereses que puede dotar de significado a la lecto-escritura, las matemáticas elementales y la ciencia
para todo el alumnado.
Indicadores de contextualización
El/la profesor/a:
1. Comienza actividades que el alumnado conoce previamente de su casa, de su comunidad o de su escuela.
2. Diseña actividades de instrucción que son significativas en cuanto a las normas y conocimientos de la comunidad local.
3. Adquiere el conocimiento necesario sobre las normas y conocimientos locales hablando con el alumnado, sus familias,
miembros de la comunidad o leyendo documentación pertinente.
4. Ayuda al alumnado a aplicar lo aprendido en casa y en la comunidad.
5. Planifica y diseña actividades de aprendizaje basadas en su experiencia en la comunidad en colaboración con el
alumnado.
6. Proporciona oportunidades para que las familias participen en las actividades de instrucción en el aula.
7. Varía las actividades para incluir preferencias del alumnado (colectivas, cooperativas, individuales, competitivas).
8. Varía los estilos de conversación y participación para incluir las preferencias culturales del alumnado tales como narración
colectiva, llamada-respuesta, y la exposición grupal, entre otras.
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Enseñar a pensar de modo complejo
Animar al alumnado hacia el reto cognitivo
Al alumnado con riesgo de fracaso educativo, especialmente al de lengua adicional, se le exime habitualmente de los retos
académicos ya que se le considera de habilidad limitada y no se lleva a cabo una evaluación fiable de su progreso porque los
instrumentos para llevarlo a cabo son inadecuados. Por lo tanto, se rebajan los niveles y el feed-back y se dificulta el logro de los
objetivos. Aunque estas políticas estén, en ocasiones, basadas en planteamientos de buena voluntad, el resultado es que a un
número importante de alumnos/as se les niegan los mínimos que les permiten progresar: estándares académicos altos y evaluación
significativa que permita un feed-back fiable y un apoyo adecuado.
Existe un claro consenso entre los investigadores de la educación en lo que se refiere al alumnado de riesgo: necesita instrucción
que suponga un reto cognitivo. Esto significa que requiere tareas que exijan pensamiento y análisis, no sólo ejercicios repetitivos,
rutinarios y centrados en el detalle. Esto no supone que se ignoren las reglas fónicas, o que no se memoricen las tablas de
multiplicar, sino que hay que dar un paso más, avanzar hacia la exploración profunda de materiales interesantes y significativos.
Hay muchas maneras de introducir la complejidad cognitiva en la enseñanza del alumnado de riesgo. Hay razones para creer, por
ejemplo, que un currículo bilingüe proporciona retos cognitivos que lo hacen más interesante que uno monolingüe.
Trabajar con un currículo que supone un reto cognitivo requiere una graduación cuidadosa de las tareas de tal manera que el
alumnado se vea motivado para avanzar en la consecución de los objetivos cada vez más complejos. No se trata de realizar
ejercicios repetitivos de un tipo ni tampoco de retos imposibles de asumir que desanimen. Conseguir el equilibrio y proporcionar el
apoyo adecuado es, para el/la profesor/a, una tarea que supone un verdadero reto cognitivo.
Indicadores de actividades que suponen un reto cognitivo
El/la profesor/a:
1. Se asegura de que, en cada ocasión, el alumnado sea consciente de la totalidad del tema para facilitar así la comprensión
de las partes.
2. Presenta indicadores que supongan un reto para el alumnado.
3. Diseña tareas que ayudan a avanzar la comprensión del alumnado a niveles más complejos.
4. Ayuda al alumnado a lograr una comprensión más compleja construyendo nuevos conocimientos sobre los éxitos previos.
5. Proporciona feed-back directo y claro sobre la consecución de los niveles previstos a través de las producciones del
alumnado.
Enseñar a través de la conversación
Involucrar al alumnado a través del diálogo, especialmente la conversación instructiva
La capacidad de pensar y las habilidades para formar, expresar e intercambiar ideas se enseñan mejor a través del diálogo, de las
preguntas y de compartir ideas y conocimiento. En la conversación instructiva (CI) el/la profesor/a escucha atentamente, intenta
adivinar el significado intencional y ajusta sus respuestas para apoyar los esfuerzos del alumnado-lo mismo que en seminarios de
graduados o entre las madres y sus criaturas pre-escolares. Aquí el profesorado relaciona el conocimiento formal, escolar con el
conocimiento individual, familiar y comunitario del alumnado. La CI proporciona oportunidades para el desarrollo de las lenguas de
instrucción y las áreas del currículo. La CI es una estrategia de apoyo y colaboración que construye una subjetividad
interrelacionada y un sentido de comunidad. La CI consigue individualizar la instrucción. La mejor manera de ponerlo en práctica es
a través de actividades productivas, ya que proporcionan el marco ideal para el desarrollo de la lengua, permiten una
contextualización adecuada y un reto cognitivo preciso y estimulante.
Puede parecer un concepto paradójico si valoramos que la instrucción implica autoridad y planificación mientras que conversación
implica igualdad y capacidad de respuesta. Sin embargo, la CI se basa en asunciones que son fundamentalmente diferentes de las
de las clases tradicionales. El profesorado que lo utiliza, al igual que los padres y madres en las estructuras de enseñanza
naturales, asumen que el/la alumno/a tiene algo que decir más allá de las respuestas conocidas que el adulto puede anticipar. La
persona adulta escucha atentamente, adivina el significado pretendido y ajusta sus respuestas para apoyar los esfuerzos del
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alumnado-en otras palabras, se involucra en una conversación. Un conversación de características tales que revela el
conocimiento, las destrezas y los valores –la cultura– del aprendiz, posibilitando que el/la profesor/a contextualice su enseñanza
para ajustarla a la experiencia de éste/a.
En los Estados Unidos la conversación instructiva es poco habitual. La mayoría de las veces la enseñanza consiste en el recitado
de un guión en el que el/la profesor/a repetidamente asigna tareas y las evalúa. Las aulas y las escuelas sólo se transforman en
comunidades de aprendices a través de la enseñanza dialógica y cuando el profesorado reduce la distancia entre él y su alumnado
construyendo las lecciones a partir de la comprensión de las experiencias e ideas de cada parte y haciendo de la enseñanza una
actividad cálida, interpersonal y cooperativa.
Indicadores de la conversación instructiva
El/la Profesor/a:
1. Organiza la clase para facilitar la conversación entre el/la profesor/a y grupos pequeños de alumnos/as de manera regular
y frecuente.
2. Tiene un objetivo claro que guía la conversación con sus alumnos/as.
3. Se asegura de que el alumnado dispone de más tiempo que el/la profesor/a para hablar.
4. Guía la conversación para que incluya los puntos de vista del alumnado, sus juicios y razones usando evidencia textual y
otro tipo de apoyo relevante.
5. Se asegura de que todo el alumnado participa en la conversación según sus preferencias.
6. Escucha atentamente para valorar los diferentes niveles de comprensión de los alumnos y alumnas.
7. Apoya al alumnado en la conversación preguntando, parafraseando, alabando, animando, etc.
8. Guía al alumnado para preparar el producto que indique que se ha conseguido el objetivo de la conversación instructiva.
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