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Apostar al desarrollo El góber imbécil Un cuento

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Apostar al desarrollo El góber imbécil Un cuento
Domingo 12 de Enero del 2014 z REFORMA
OPINIÓN
11
luis
rubio
@lrubiof
A 20 años del TLC, el país se ha transformado
pero menos de lo necesario; es tiempo de entrar
en una nueva era de crecimiento.
Apostar
al desarrollo
¿A
postar por el desarrollo o
por la influencia? Para las
grandes potencias no existe distinción: una cosa se deriva de la
otra. Pero la disyuntiva es real para un
país que todavía está por lograr el desarrollo y satisfacer las necesidades, incluso las más elementales, de su población. El asunto se tornó álgido cuando un brasileño derrotó a Herminio
Blanco como cabeza de la Organización Mundial de Comercio. Muchos le
recriminaron al gobierno por haberse
concentrado en sus relaciones económicas con el exterior en lugar de construir una capacidad de influencia en el
mundo. La derrota duele, pero el país
ha tomado la apuesta correcta, aunque
no con la intensidad requerida.
Parafraseando a Clausewitz, la política exterior es un instrumento de
la política interna, no un objetivo en
sí mismo. En los ochenta, el gobierno
mexicano optó por una estrategia de
desarrollo centrada en la construcción
de una economía competitiva, inserta
en la globalización. El enfoque implicaba romper con la apuesta fundamentada en una economía cerrada, protegida
y saturada de subsidios. En lugar de altos niveles de impuestos destinados a
financiar un enorme gasto público, el
país procuraría dejar que funcionaran
los mercados, la economía se especializara y el mexicano promedio saliera
ganador. El TLC se convirtió en la piedra angular de la estrategia: su fuente
de certidumbre.
Veinte años después de la entrada en vigor del TLC, la estructura de
la economía ha experimentado una
extraordinaria transformación que, si
bien inconclusa, rinde frutos significativos: se consolidó una economía estable; se han logrado tasas de crecimiento superiores al promedio del mundo,
aunque sin duda inferiores a lo deseable; se ha construido una plataforma industrial hipercompetitiva, que compite con las mejores del mundo, y virtualmente todas las nuevas inversiones que
se realizan están concebidas dentro de
una lógica de competencia en una economía global. El reto no debería ser el
replanteamiento del modelo sino concluir el proceso para apalancar el crecimiento futuro en los enormes activos
ya existentes.
Entonces, ¿se debería mejor apostar por la influencia en lugar del desarrollo? Brasil, el país que nos derrotó
en la OMC, tiene una concepción del
mundo y de sí mismo radicalmente
distinta a la nuestra. Ellos se conciben
como potencia emergente, mientras
que nosotros somos más introspectivos y nos percibimos como víctimas.
Brasil ha desarrollado una política exterior que trasciende a sus gobiernos y
está orientada a proyectar el poderío
del gigante sudamericano con una visión geopolítica. En México contamos
con un servicio diplomático profesional que no tiene una estrategia independiente del gobierno y su visión se
acota a la que establece la presidencia.
La influencia brasileña se nota cuando se dan casos como el de la OMC,
donde cosechó décadas de inversión.
Pero nuestra respuesta ha sido la
correcta: la prioridad es el desarrollo. El mexicano promedio vive mejor
que el brasileño promedio, tiene mejores niveles de escolaridad y de ingreso,
las tasas de interés que pagan aquellos
son superiores a las de México. La industria mexicana se ha transformado
mientras que la brasileña sigue relativamente protegida. Por supuesto que
algunos indicadores favorecen a Brasil,
pero donde México ha fallado no es en
el sentido de la apuesta sino en la convicción de lograrlo y la disposición de
hacer lo necesario para hacerlo posible. Contrario a lo que afirman muchos
críticos de la estrategia de apertura, el
problema no es que se haya aplicado
una serie de prescripciones de manera dogmática, sino que se han aplicado
sin convicción y sin determinación. El
resultado es que la tasa de crecimiento económico es muy inferior a la que
podría ser. Es ahí donde se debe invertir, no en una escurridiza influencia internacional que contribuye poco a las
necesidades de la población.
Nada ejemplifica mejor la diferencia en la estrategia brasileña y la mexicana que la industria aeronáutica. Aunque Embraer es un ícono visible en todas partes, México ha construido una
impresionante industria aeronáutica
que hoy emplea más gente que la brasileña y agrega mayor valor que la de
aquel país. La diferencia es que no existe una marca “Mexair” que sea tan visible y proyecte poderío. Sin embargo,
¿a qué país le va mejor en esta industria, qué población tiene mayor probabilidad de acceder a la riqueza? El caso es emblemático porque ilustra dos
concepciones radicalmente distintas
del mundo.
Nuestro problema es que no hemos concluido la revolución que se
inició en los ochenta. El país vive los
de polÍticA
y cosAs peores
catón
La única diferencia entre el sexo por amor
y el sexo por dinero es que por amor sale
más caro...
[email protected]
“M
restos del sistema protegido de antaño donde conviven –pero no se comunican– empresas inviables con las más
productivas y exitosas de la economía
globalizada. La fusión no ha sido muy
feliz porque ha limitado la capacidad
de crecimiento de las más modernas
y competitivas, a la vez que ha preservado una industria vieja que no tiene
capacidad alguna de competir. El dilema es cómo corregir estos desfases.
La tesitura es obvia: avanzar hacia el
desarrollo o preservar la mediocridad.
A veinte años del inicio del TLC, resulta evidente que en la política (y política económica) es la inversión de largo
plazo la que paga dividendos. Muchos
de los avatares políticos de los últimos
años, y no pocas de nuestras dificultades económicas, han sido producto de apuestas al corto plazo, mismas
que nunca resultan bien. El TLC es el
mejor ejemplo de que el largo plazo es
lo que trae resultados.
Un cuento
e tomé una pastilla de
Viagra –se quejaba en el
bar un individuo–. Ahora
traigo la pistola cargada, y no tengo
nadie a quien dispararle”... Escapó
del zoológico un gorila (Gorilla gorilla), y trepó en un árbol de la más elegante colonia en la ciudad. Los vecinos, alarmados, llamaron a la policía,
pues aquella presencia en su exclusivo barrio les pareció bastante sospechosa. El oficial de guardia envió a
un elemento especializado en gorilas.
Llegó el hombre. Llevaba consigo un
enorme perro mastín, un poderoso
rifle Magnum y unas fuertes esposas
policiacas. El individuo le entregó el
rifle al presidente de la colonia. “¿Por
qué pone en mis manos esta arma?”
–preguntó el representante, inquieto.
“Le diré –explicó el especialista–. Subiré al árbol y empujaré al gorila hasta
hacerlo caer. Cuando caiga se lanzará el mastín sobre él y lo morderá en
una parte que al gorila le dolerá bastante. Yo bajaré del árbol y le pondré
las esposas. Con eso el peligroso cuadrumano quedará bajo control”. Preguntó el vecino, aún más inquieto: “¿Y
qué debo hacer yo con el rifle?” Responde el tipo: “Si en vez del gorila caigo yo, inmediatamente dispárele al
perro”... Relató la princesita: “Iba yo
caminando por el jardín del palacio
cuando escuché a mis pies una débil
vocecita. Volteé hacia abajo y vi una
ranita que me hablaba. Me dijo: ‘Soy
un hermoso príncipe a quien la bruja
mala convirtió en una fea rana. Si me
llevas a tu cama y ahí me das un besito,
volveré a ser el apuesto príncipe que
fui antes’. Entonces traje a la ranita a
mi lecho, le di el beso que me pedía,
y en efecto, se convirtió en este bello príncipe que ven ustedes”. El papá de la princesita le dice hecho una
furia: “¿Y piensas, desdichada, que te
vamos a creer semejante historia?”...
Susiflor les contó a sus amigas: “Tenía ganas de un chocolate, y tuve que
comprar toda la caja”. Dijo Dulcilí:
“Yo quería una dona, y tuve que comprar toda la docena”. Declaró Rosibel
aún más mohína: “Yo pagué toda una
noche de hotel, y mi novio me hizo el
amor una sola vez”... Un niñito acompañado por otro más pequeño llegó a
la farmacia y pidió una toalla sanitaria. “¿Es para tu mami?” –le preguntó el farmacéutico, extrañado por el
hecho de que un niño solicitara tal
artículo. Contestó el chiquillo: “No”.
“Entonces –quiso saber el de la farmacia– ¿es para tu hermana?” “Tampoco –respondió el niño–. Es para mi
hermanito. El anuncio de la tele dice
que con esto se puede nadar y andar
en bicicleta, y él no sabe hacer ninguna de las dos cosas”... Los hombres a
quienes les gustan los ostiones en su
concha tienen mucho éxito con las
mujeres. Ellas saben que si se comen
eso se comerán cualquier otra cosa. (No le entendí)... Sonó el teléfono
en la casa de Himenia Camafría, madura señorita soltera. Ella levantó el
auricular y dijo: “¿Bueno?” Nadie contestó. Repitió la señorita Himenia:
“¿Bueno?” Entonces escuchó una respiración agitada y una voz gutural de
hombre que le dijo: “Estoy seguro
de que te gustaría que te abrazara, te
besara, te recorriera todo el cuerpo
con lúbricas caricias, y luego te desgarrara la ropa, te arrojara violentamente sobre el lecho y ahí te poseyera en forma salvaje una y otra vez en
todas las maneras posibles hasta dejarte exhausta de placer”. “¡Caramba!
–exclamó admirada la señorita Himenia–. ¿Todo eso puede usted deducir
de sólo dos ‘buenos’?”... El papá de
Pepito lo llamó y le dijo con solemne
tono: “Hijo mío: hablemos de hombre a hombre. Ha llegado el momento de que sepas lo concerniente a las
abejitas y las florecitas”. “¡No, papi!
–se echó a llorar el chamaquito ante el asombro de su padre–. ¡Por favor, no me hables de eso! ¡No quiero que me digas nada de las abejitas
y las florecitas!” “¿Por qué?” –se sorprendió el señor. “Mira –explicó el niño–. A los 4 años dejé de creer en el
ratón de los dientes. A los 5 supe que
la coneja no existía. A los 6 ya no hubo para mí Santa Clos. A los 7 aprendí que los fantasmas y las brujas son
pura fantasía. ¡Si ahora me dices que
el sexo tampoco existe, me quedaré
sin nada en qué creer!”... FIN.
juan E.
Pardinas
@jepardinas
Para Savater, el
imbécil muestra
una flaqueza
de espíritu.
El góber imbécil
A Jacqueline Peschard.
l
a frivolidad del poder ya tiene imagen y rostro. Es la foto de un imbécil de ojos azules que se llama Manuel Velasco
y es gobernador de Chiapas. No
utilizo la palabra imbécil como un
insulto ligero, sino como una categoría filosófica. En su hermoso libro, Ética para Amador, Fernando
Savater sostiene que la única obligación que tenemos en la vida
es “no ser imbéciles”. El agreste
adjetivo viene del latín baculus que
significa “bastón”: el imbécil es el
que necesita un bastón para andar.
Savater aclara que esta referencia
no debe enfadar a los ancianos o
a los usuarios de muletas, porque
este tipo de bastón no es un punto
de apoyo físico, sino una flaqueza
del espíritu. Los imbéciles del filósofo español no cojean de los pies,
sino del ánimo. Hay muchas versiones de la imbecilidad, pero todas en común tienen la necesidad
de recargarse en cosas de fuera,
ajenas a la entereza de su carácter. Por ejemplo, un gobernador
que gasta millones para resaltar
sus dotes de liderazgo.
Para Savater, lo opuesto “de
ser moralmente imbécil es tener
conciencia”. La diferencia entre
un gobernador consciente y un
imbécil implica tener una mínima sensibilidad para procesar algunos de los datos que arroja la
realidad. Siete de cada diez chiapanecos subsisten bajo la línea
de pobreza y tres de cada diez no
tiene un ingreso suficiente para
comprar las calorías que su cuerpo necesita. Es el estado con mayor nivel de pobreza en México.
De acuerdo a la Unicef, también
ocupa el primer lugar con prevalencia de bajo peso y talla de niños menores de cinco años. En
el Índice de Desarrollo Humano
de la ONU, que mide variables
de esperanza de vida, ingreso y
analfabetismo, Chiapas tiene el
último lugar nacional. Algunos de
sus municipios viven condiciones
de atraso comparables con países
de África subsahariana, como
Angola y Zimbabwe.
El periodista de Univisión
Enrique Acevedo presentó un reportaje donde se sostiene que la
campaña publicitaria de Manuel
Velasco costó cerca de 10 millones
de dólares, pero la cifra puede ser
mucho mayor. En el presupuesto
de Chiapas para el año 2013 (Art.
11) se asignaron 129 millones de
pesos para el Instituto de Comunicación Social. Este dato permite
estimar una cifra de 10 millones
de dólares en campañas de publicidad. En 2012, durante el último
año del gobierno de Juan Sabines,
se asignó un gasto muy semejante
a comunicación social (123 millones de pesos). Sin embargo, al revisar las cuentas a fines de año, el
gasto en comunicación social llegó a los 427 millones de pesos. La
diferencia entre lo presupuestado
y lo devengado fue de 304 millones de pesos, 250% por encima de
lo aprobado por los diputados en
el presupuesto estatal. ¿Cuál será
el monto real que Manuel Velasco
invirtió en su bastón publicitario?
Hoy es imposible saberlo.
Las prioridades del Imbécil
están claras. Al Órgano de Fiscalización Superior, encargado
de la auditoría del presupuesto
gubernamental, sólo le asignaron 93 millones de pesos en 2013.
El gasto en publicidad es 38% superior a los dineros dedicados a
garantizar la rendición de cuentas y el buen uso del erario público. Además de la autopromoción, Manuel Velasco tiene otra
prioridad en su agenda de gobierno: garantizar la impunidad de su
antecesor. En el sexenio de Juan
Sabines, la deuda publica pasó
de 881 a 16 mil 412 millones de
pesos. Esto es, una deuda neta
de 15 mil 531 millones contraída en seis años. El Moreira del
Soconusco jamás explicó el
destino de esos recursos.
Manuel Velasco Coello es una
piedra en el camino de las reformas estructurales impulsadas por
el presidente Peña Nieto. ¿Vamos
a pagar más impuestos para ver
esos ojitos azules en la pantalla del cine, el anuncio espectacular y el paradero del autobús?
¿A dónde se van los recursos excedentes de la apertura petrolera,
a resolver el problema de pobreza
o a las arcas de la revista Cambio?
¿Cuántos imbéciles aguantará la
República?
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