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Cada día al despertar me digo: Soy Pablo, estoy aquí y hoy empieza

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Cada día al despertar me digo: Soy Pablo, estoy aquí y hoy empieza
HISTORIAS DE LA CLÍNICA
“Cada día al
despertar me digo:
Soy Pablo, estoy aquí
y hoy empieza un
nuevo día que voy a
vivir intensamente”
Pablo García-Deza de 17 años, aquejado de un tumor
cerebral desde los 18 meses de vida, ha escrito junto
a su madre un libro en el que relata su experiencia
CUN n La historia de Pablo es la de un
adolescente de 17 años curtido en el sufrimiento. Con tan solo un año y medio de
vida le diagnosticaron un tumor cerebral.
Desde entonces ha tenido que luchar contra lo que él denomina ‘la Enfermedad’,
las cirugías y la dureza de los tratamientos
oncológicos. A su difícil historial médico
se le añade una alergia de máximo grado a
los lácteos que le provocó un shock anafiláctico que llegó a poner en jaque su vida.
Además, sufre también asma. Y a pesar de
todo, reconoce, “se puede ser feliz”.
Y por eso Pablo nunca ha tirado la toalla. Apoyado en un entorno familiar y de
amistades incondicional, ha salido vencedor en cada una de las batallas que le ha
planteado su precaria salud. Y, lo que es
más difícil, ha sabido extraer de cada una
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de ellas ganas de vivir y respuestas vitales
tan importantes que muchas personas
que le doblan y triplican en edad no llegarán a obtener a lo largo de toda una vida.
Con año y medio Pablo García-Deza fue
sometido a la primera operación para intentar eliminar el tumor que invadía su
pequeña cabeza. Desde entonces, han
tenido que reintervenirle en varias ocasiones. La última de ellas se la realizó un
equipo de neurocirujanos de la Clínica,
liderado por el doctor Ricardo Díez Valle.
Entre quirófanos y hospitales, en la medida de lo posible, Pablo ha seguido asistiendo al colegio. En ocasiones, ha sentido la
sobreprotección de numerosas personas.
Todas estas vivencias, el apoyo de sus
padres, la alegría de su hermana pequeña,
de sus abuelos y tíos y una enorme fuerza
de voluntad constituyen el motor que le
ha impulsado a seguir sus estudios curso
a curso, a pesar de los frecuentes ingresos
hospitalarios y casi continuos tratamientos. Ha conseguido además ser cinturón
negro de artes marciales. Como su héroe,
Bruce Lee, quien fue capaz de superar una
lesión de médula.
El propio Pablo reconoce: “Ya no recuerdo la última vez que simplemente me
encontré bien”. Sin embargo, un día fue
consciente de que toda esta experiencia
de enfermedad no caía en “saco roto”.
En una ocasión un compañero de clase le
preguntó por su enfermedad. A su amigo
le acababan de diagnosticar un tumor óseo
y estaba aterrorizado. Pablo le relató sus
vivencias, le explicó en qué iba a consistir
el proceso de tratamiento y qué iba a sentir. Se dio cuenta de que había conseguido
tranquilizar a su compañero, quién después le agradeció haberle ayudado a afrontar la enfermedad de una manera positiva.
El afán de ayudar a otros niños y la inquietud de sus padres por proporcionarle
un proyecto de vida a un joven obligado a
Los autores del libro
Mónica Deza y su hijo
Pablo García-Deza
(paciente).
permanecer ingresado en un hospital largos períodos hizo que Pablo se propusiera
junto a, su madre, Mónica Deza, recoger
su historia en un libro: ‘Panambi Reta. La
cueva de las mariposas’. “Tener la suerte
de ser madre de un ser tan extraordinario
como Pablo me animó a querer compartir
su historia” dice Mónica.
Está claro que el sufrimiento no le ha vencido.
Le ha hecho más fuerte. ¿De dónde obtiene
esa fuerza interior?
Pablo (P) —Bueno…, no lo sé. Al principio
y durante mucho tiempo, gastaba mucha
energía en intentar comprender por qué
me pasaban tantas cosas terribles. Tenía
la sensación de que me costaba el triple
que a los demás conseguir tener, no ya una
vida “normal”, sino simplemente “una vida”. Pero me di cuenta de que si yo no era
feliz tampoco lo eran mis padres, ni mis
abuelos; me di cuenta de que yo no podía
cambiar las cartas que me “habían tocado”
en la vida, pero sí podía intentar jugar lo
mejor posible con ellas. Y decidí salir “a
ganar”. Cada día cuando me despierto me
“No podía cambiar las
cartas que me habían
tocado, pero sí jugar lo
mejor posible con ellas”
“Ya no confié en nadie
con bata verde hasta que
conocí al doctor Díez
Valle, Ricardo, el neurocirujano de la Clínica que
me operó la última vez”
“La voluntad es una fuerza
que mueve montañas
pero la más grande de
todas es el amor”
“Si consigo que un solo
niño no tenga que pasar
por lo que he pasado yo,
todo mi esfuerzo habrá
valido la pena”
digo a mí mismo: “Soy Pablo, estoy aquí,
hoy empieza un nuevo día y tengo muchos
proyectos para mí mismo”.
Según reconocen en su libro, una parte muy
importante en la curación de una persona reside en el ambiente, en la alegría y el cariño que
le rodean. ¿Estos factores pueden ser tan importantes como el mejor tratamiento médico?
(P) —Sin una familia, ni unos amigos como
los míos, no podría haber resistido tantas
operaciones, ni tantos ciclos de quimio o de
radio, ni las complicaciones que han venido
después. Es cierto que hay personas que
curan y ellos lo hacen conmigo cada día.
En situaciones vitales graves se han encontrado una radiografía de la naturaleza humana.
Personas, que les han dado la espalda y otras
que han hecho todo por ayudar ¿De qué lado
se inclina la balanza?
Mónica (M) —Totalmente del lado positivo, por supuesto. La mayoría de las personas son buenas por naturaleza pero, a
veces, esta vida que llevamos tan frenética y vacía de valores no nos deja muchas
oportunidades de demostrarlo.
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Equipo médico. De izda a dcha, los doctores Miguel Marigil (residente Neurocirugía), Sonia Tejada
(Neurocirugía), Ricardo Díez Valle (Neurocirugía), Miguel Angel Idoate (director Anatomía Patológica) y Eva Mª Pay (residente Neurocirugía).
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En la historia que relatan, a menudo en el triunfo ante la enfermedad describen la importancia
del esfuerzo. Pero en otras ocasiones parece
casi fruto de la casualidad.
(P) —Sólo se pueden superar estas situaciones con esfuerzo y estando dispuesto
a darlo todo por conseguir tu objetivo. La
constancia, la voluntad, es una fuerza que
mueve montañas pero la más grande de
todas es el amor a los demás.
(M) —No creo que las cosas pasen simplemente porque sí. Es cierto que en nuestra
vida han existido momentos y circunstancias casi inexplicables, pero maravillosamente mágicas.
Inicialmente, su contacto con la Clínica parece
que fue casi casual.
(M) —No creo en la casualidad. Yo quise visitar la Clínica porque un gran amigo estaba
siendo tratado allí de un cáncer de hígado
y me había hablado maravillas del equipo
de la Clínica. Lo cierto es que en aquel momento no pensé que al cabo de unos meses
iba a estar allí de vuelta con mi hijo.
Pablo, casi desde su nacimiento, ha vivido un
peregrinaje por médicos y hospitales ¿qué supuso su encuentro con la Clínica?
(P) —La verdad es que estaba harto de tantos hospitales y pruebas médicas. Además,
en aquel momento todavía creía que yo le
importaba al neurocirujano que me supervisaba en Madrid y al que le tenía incluso
afecto. Por eso no entendía por qué mis
padres se empeñaban en llevarme a otro
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la ficha
Título: Panambi Reta. La cueva
de las mariposas
n Autores: Pablo García-Deza
y Mónica Deza
n Editorial: Plataforma
n Colección: Testimonio
n Número de páginas: 240
n Precio: 18 euros
n
Los autores destinarán los beneficios a proyectos de investigación
para el tratamiento de tumores
cerebrales pediátricos. La editorial
cede un 0,7% de las ventas de los
títulos de la colección Testimonio a
una ONG.
hospital. Desgraciadamente, luego supe
que aquel médico me había ocultado la
verdad o bien se había desentendido del
seguimiento de mi caso. Fue un golpe tan
duro que ya no confié en nadie con bata verde hasta que conocí al doctor Díez
Valle, Ricardo, el neurocirujano que me
operó la última vez. Él fue tan diferente
conmigo, él me habló como a un adulto,
me explicó los pros y los contras del tratamiento y me dejó decidir. Le considero mi
amigo y confío en él. También me gustó
muchísimo la doctora Sánchez Carpintero.
En el tratamiento de un caso tan difícil tuvo
mucha importancia el trabajo multidisciplinar
de los profesionales de la Clínica, desde los
neurocirujanos, los anatomopatólogos, pasando por todos los especialistas que le trataron.
(M) —En la Clínica, nuestro contacto habitual siempre ha sido Ricardo Díez Valle
y su equipo. Aunque quiero resaltar que
cuando estuvimos en Houston nos dijeron
que el equipo de Anatomía Patológica de
la Clínica especialmente el doctor Idoate
eran de los mejores del mundo.
¿Qué recuerdos atesoran de la Clínica?
(M) —Lógicamente, los recuerdos son agridulces debido a las circunstancias de nuestro hijo. Desde el punto de vista humano y
médico nos llevamos buenos recuerdos.
¿En qué aspectos reside el éxito de un centro
hospitalario en la curación de sus pacientes?
(M) —Lo más importante son las personas.
Tener una visión holística del caso, una buena coordinación interdisciplinar, un equipo
bien formado, médico y técnico, y en la
gestión emocional de los pacientes, especialmente de los niños y de sus familias. El
apoyo psicológico, el cuidado nutricional,
la gestión del tiempo lúdico del paciente.
El acceso a los últimos protocolos internacionales o a consultar a los mejores especialistas. Preocuparse por que los pacientes se
sientan vivos, no solo que sigan vivos. Esto
último me lo ha enseñado mi hijo Pablo.
En definitiva, ¿cuál dirían que es el objetivo de
‘Panambi Reta’?
(P) —Pone de manifiesto la capacidad de
resistencia y superación del ser humano,
y demuestra cómo las cosas más sencillas
nos permiten seguir adelante y creer que
la felicidad existe. Yo me digo a mi mismo
que no tengo que quejarme. Tengo una
vida y, sobre todo, una gran familia. Por
eso quiero donar las ventas a la investigación. Si consigo que un solo niño no tenga
que pasar por lo que he pasado yo, todo mi
esfuerzo habrá valido la pena.
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