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la sorpresa del amor
IV Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XIX
Jornadas de Investigación VIII Encuentro de Investigadores en Psicología del
MERCOSUR. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires,
2012.
LA SORPRESA DEL AMOR.
Magdalena, Nélida Angelina.
Cita: Magdalena, Nélida Angelina (2012). LA SORPRESA DEL AMOR. IV
Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en
Psicología XIX Jornadas de Investigación VIII Encuentro de
Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
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LA SORPRESA DEL AMOR
Magdalena, Nélida Angelina
Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Rosario. Argentina
Resumen
El amor llega para sorprender y en tal sentido, según Freud, no se
diferencia el amor en general con la transferencia como lazo inédito
entre partenaires.
Cuando surge lo inesperado el sujeto se desabona momentáneamente del inconsciente porque lo que viene no hace cadena, es un arrollamiento, algo irrumpe provocando, no pocas veces, intensa angustia.
En el encuentro con lo real del sexo, lo imposible, lo que no cesa
de no escribirse insiste. Es en este trasfondo de lo imposible donde
surge el acontecimiento inesperado que irrumpe y hay que hacer
con eso.
Cuando el analizante es sorprendido en su decir, lo soporta en
transferencia porque espera de quien está supuesto al saber. En
tanto en el seno de esa experiencia, se va atesorando un saber toda
vez que se produce una fuga que sorprende e introduce el tiempo,
interrumpiendo la atemporalidad del inconsciente.
Palabras Clave
Amor, Sorpresa, Transferencia, Inconsciente
Abstract
Posteriormente en Inhibición síntoma y angustia -1926- señala que
cuando el yo detecta el peligro - ya no sólo exterior sino también
interior- emite una señal de angustia para evitar el desborde que
produciría la emergencia de la angustia automática propia de la
situación traumática en la cual el yo está indefenso, reviviendo la
experiencia del estado de desamparo, origen de la dependencia
del amor.
Una situación que produce un aflujo de excitación que no logra domeñarse, puede originar una demanda de análisis, es decir de un
amor de transferencia.
El fenómeno de la transferencia, provocó profundas modificaciones
conceptuales cuando fuera observado por quien posteriormente
lo acopiara como uno de los cimientos del psicoanálisis. Efectivamente, Freud protagonizó este hallazgo cuando fue testigo de la
experiencia de su maestro, el Dr. Breüer con su paciente Bertha
Pappenheim.
El comentario sorprendido de Freud, volcado en su obra, fue que su
amigo y colega no vinculó el amor de su paciente al fenómeno de
transferencia, como parte de la neurosis, sino que lo atribuyó a los
encantos de su persona.
THE SURPRISE OF LOVE
The love comes as avalanche and here, according to Freud, not differs
love in general with the transfer as singular link between the two.
When it comes the unexpected the person is loose momentarily
about of the unconscious because does not made chain something
breaks causing not rarely, intense distress.
In the encounter with the real of sex, the impossible, what does not
stop not writing, insists. In the referent of the impossible arises the
unexpected event bursts and must be done with that.
When the pacient is surprided in its word, supports in the
transfer because it expected of who is supposed to know. He has
producting knowledge every time that there is a leak that surprises
and introduces the time, interrupting the timelessness of the
unconscious in that experience.
Key Words
Love, Surprise, Transfer, Unconsciou
En el texto Más allá del principio de placer -1920-Freud destaca en
la situación traumática el valor del factor sorpresa. Describe que se
produce una grave perturbación en la economía libidinal sin que el
afectado estuviese preparado para soportar esos niveles. No hay un
apronte angustiado que impida la perforación de la barrera antiestímulos y sobreviene el trauma.
Declara que la angustia ofrece una preparación frente al peligro, el
miedo tiene un objeto determinado que se puede evitar, en cambio
en la situación sorpresiva adversa e intensa, sobreviene el terror y
el aparato anímico no es capaz de dominar esas excitaciones.
Lo pudo ubicar integrándolo a su incipiente teoría y entendemos
que, si bien la sorpresa aparece en el marco de lo no esperado,
aquí emerge desde el trasfondo de sus intensas expectativas, en
una marea de percepciones que buscan escribirse.
Partiendo de Aristóteles, Lacan postula los modos lógicos de una
escritura, donde se puede ubicar a la sorpresa como algo que surge
de lo contingente en el marco de lo imposible y por ende, como algo
no esperado. Nos preguntamos entonces si Freud estuvo realmente
sorprendido y presumimos que no lo estuvo en cuanto a la transferencia, aunque no fue eximido de la sorpresa del episodio de amor.
El amor llega para sorprender y en tal este sentido, según Freud,
no se diferencia el amor en general, con la transferencia como lazo
inédito entre los partenaires.
Cuando surge lo inesperado impactando, el sujeto se desabona
momentáneamente del inconsciente porque lo que viene no hace
cadena, es un arrollamiento, algo irrumpe provocando angustia.
En el encuentro con lo real del sexo, lo imposible, lo que no cesa de
no escribirse insiste. Es en este trasfondo de lo imposible donde surge el acontecimiento inesperado que llega y hay que hacer con eso.
Cuando el analizante es sorprendido en su decir, lo soporta en
transferencia porque espera de quien está supuesto al saber. En
tanto en el seno de esa experiencia se va atesorando un saber, toda
vez que se produce una fuga, que sorprende e introduce el tiempo
interrumpiendo la atemporalidad del inconsciente.
457
El tiempo de la espera se juega en el análisis montado en la pareja
analítica: analizante y analista que se enrolan en la trayectoria de
una experiencia con inicio y final.
Se mixturan amor y hostilidad en una trama singular donde el analista sostiene el dispositivo con su presencia. Si para Freud ésta era
indistinguible del amor, para Lacan se trata del amor al saber.
El amor se dirige a la falta en ser, buscando cancelarla con la ilusión de completud, en medio de engañosas sensaciones orondas. En
cambio la hostilidad destaca la diferencia y la rechaza, denunciando
la no relación sexual que el amor tapona. Por lo cual la muestra más
genuina de la no proporción sexual es la emergencia misma del amor.
Al revelarse la diferencia lo que aparece es el goce singular de cada
partenaire. Éste es solitario, no hace lazo, no se dirige a la falta de
ser sino al ser del sujeto, a su ser de goce y ahí no hay posibilidad
de ninguna alianza. Donde el goce de cada uno aparece en la escena, la ilusión de unidad entre los dos desaparece.
El amor juega su partida en la transferencia que responde en todo a
los rasgos del lazo social en general, aunque se trate de uno inédito.
Es inédito y específico en tanto no hay una relación dual y el único
sujeto en la escena transferencial hace su emergencia del lado del
analizante, dando eficacia al trayecto de la cura.
Se trata de escribir con el lazo allí donde no hay relación, por lo que
éste se emplaza en el lugar del síntoma. Lo que permite decir que,
como todo lazo social, el lazo analítico es sintomático.
Al respecto consideremos que en el inicio el síntoma como significante de la transferencia, se dirige a un significante cualquiera que
el que llega le atribuye al analista. De tal articulación significante
surge como efecto un sujeto que es un significado y se escribe
con s minúscula porque no es aún el S dividido que emerge de la
remisión significante de la cadena.
Si tal es el planteo ¿qué aparece en este paralelismo? ¿Dónde
ubicar la diferencia entre el amor en su dimensión imaginaria con
efectos sugestivos y el amor de transferencia?
No son equivalentes y se demuestra con la introducción de Lacan
de sus nuevos conceptos, en el seminario 11, que incidieron en la
posición de ambos integrantes de la pareja analítica.
Del lado del analista, instituye el concepto deseo del analista y del
lado del analizante, el Sujeto supuesto Saber que convoca a ambos.
Respecto de este último, se vehiculizan dos supuestos: el saber en
el analista y el sujeto en el analizante.
El amor no se dirige al analista sino al saber que se le supone y la
transferencia permite obstaculizar la intersubjetividad por lo que no
se juega una relación entre dos sujetos.
El único que cuenta en la partida es el que se hace surgir en el
analizante que es quien sostiene un supuesto de saber.
El sujeto y el saber son los supuestos con los que se transita un
análisis. Al final la destitución subjetiva abre el paso desde el SSS
al objeto a que causa el deseo.
Durante el trayecto, en relación a los lugares, a partir del seminario
17 Lacan va a plantear el lazo con el otro como un efecto. Elabora
cuatro discursos que son el amo o maestro, histérico, universitario
y analítico con cuatro lugares delimitados: agente, otro, producto y
verdad.
En relación al discurso analítico va a establecer al analista como
objeto a en el lugar del agente, que es el de la ignorancia. Así el a
se dirige al sujeto dividido que en el lugar del otro trabaja y cuyo
producto son los S1 que se van liberando.
De tal forma que el que trabaja no es el analista con su docta ignorancia, sino el inconsciente mismo que interpreta.
El analista como agente hace las intervenciones que surcan las
interpretaciones o pre interpretaciones del inconsciente. Aplica el
corte que sorprende, en ejercicio de la transferencia, como puesta
en acto de la realidad sexual del inconsciente, es decir algo de lo
pulsional se pone en juego, algo del orden de lo real despunta en
relación a un nuevo modo de gozar.
Lo nuevo impone una distancia con lo que se repite, con el amor
como repetición para Freud. El amor lacaniano es invención a partir
de Otro barrado y en posición de incauto de lo real.
Lo nuevo es lo que aparece por fuera de la cadena significante y
del lado de un encuentro con lo real siempre fallido e imposible. Se
escribe como signo de algo nuevo en tanto cesó de no escribirse.
El amor hace nivelar el goce al deseo y uno de los términos de la
pulsión es el empuje o la actividad que imprime la nota del entusiasmo. La satisfacción no subsiste sino de la contingencia que es desde
donde ubicamos el entusiasmo en la actividad de lo pulsional.
El real con el que trabaja el psicoanálisis es la no relación y lo
sexual traumático irrumpe sorprendiendo desde lo contingente. Allí
es donde surge, algunas veces, la invención del amor como manifestación activa de satisfacción.
El amor suple una imposibilidad y Lacan dejando atrás el postulado
freudiano del amor como repetición de elecciones infantiles, propone un nuevo amor.
No se trata de un nuevo partenaire que reemplace al anterior y haga
serie, sino de una invención en la que se sustituye el modo de goce
en el modo de amar.
Nuevo amor es una nueva modalidad para amar y no tiene que ver
con un objeto nuevo. Se expresa en un amor sin límites, más allá
de la ley edipica siendo el único lugar posible donde puede vivir,
por fuera de la ley, después de haber sido confrontado el sujeto al
significante al que respondía.
Es lo que hace signo al no estar en la cadena de significantes, al
estar por fuera. Es signo en tanto no hay remisión significante y por
ende no abona al sentido. Algo hace signo y posibilita una emergencia fugaz, algo como un destello que produce un cambio.
En referencia a lo cual Lacan da como ejemplo en el seminario 20
la decisión de qué hacer con los muebles después de un bombardeo, como situación traumática que arriba con sorpresa y hay que
disponer de esos restos para darles otra aplicación.
458
Así llega el nuevo amor cuando se localiza el modo singular de gozar para darle otro uso a partir de disponer de estas marcas.
En el texto citado agrega, mencionando un poema de Rimbaud, que
el amor es signo de un cambio de discurso. Da cuenta de esto a
partir del acto analítico que promueve la novedad a partir de un
encuentro.
El poema se titula A una razón del cual para finalizar, presentamos
un fragmento:
“Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos y
da comienzo a la nueva armonía.
Un paso tuyo es el alzamiento de los nuevos hombres y su puesta
en marcha.
¡Tu cabeza se aparta: el nuevo amor! ¡Tu cabeza se vuelve: el nuevo
amor!”(Rimbaud, A., 1985, p.63)
En el texto Más allá del principio de placer -1920-Freud destaca en
la situación traumática el valor del factor sorpresa. Describe que se
produce una grave perturbación en la economía libidinal sin que el
afectado estuviese preparado para soportar esos niveles. No hay un
apronte angustiado que impida la perforación de la barrera antiestímulos y sobreviene el trauma.
Declara que la angustia ofrece una preparación frente al peligro, el
miedo tiene un objeto determinado que se puede evitar, en cambio
en la situación sorpresiva adversa e intensa, sobreviene el terror y
el aparato anímico no es capaz de dominar esas excitaciones.
Posteriormente en Inhibición síntoma y angustia -1926- señala que
cuando el yo detecta el peligro - ya no sólo exterior sino también
interior- emite una señal de angustia para evitar el desborde que
produciría la emergencia de la angustia automática propia de la
situación traumática en la cual el yo está indefenso, reviviendo la
experiencia del estado de desamparo, origen de la dependencia
del amor.
Una situación que produce un aflujo de excitación que no logra domeñarse, puede originar una demanda de análisis, es decir de un
amor de transferencia.
El fenómeno de la transferencia, provocó profundas modificaciones
conceptuales cuando fuera observado por quien posteriormente
lo acopiara como uno de los cimientos del psicoanálisis. Efectivamente, Freud protagonizó este hallazgo cuando fue testigo de la
experiencia de su maestro, el Dr. Breüer con su paciente Bertha
Pappenheim.
El comentario sorprendido de Freud, volcado en su obra, fue que su
amigo y colega no vinculó el amor de su paciente al fenómeno de
transferencia, como parte de la neurosis, sino que lo atribuyó a los
encantos de su persona.
Lo pudo ubicar integrándolo a su incipiente teoría y entendemos
que, si bien la sorpresa aparece en el marco de lo no esperado,
aquí emerge desde el trasfondo de sus intensas expectativas, en
una marea de percepciones que buscan escribirse.
Partiendo de Aristóteles, Lacan postula los modos lógicos de una
escritura, donde se puede ubicar a la sorpresa como algo que surge
de lo contingente en el marco de lo imposible y por ende, como algo
no esperado. Nos preguntamos entonces si Freud estuvo realmente
sorprendido y presumimos que no lo estuvo en cuanto a la transferencia, aunque no fue eximido de la sorpresa del episodio de amor.
El amor llega para sorprender y en tal este sentido, según Freud,
no se diferencia el amor en general, con la transferencia como lazo
inédito entre los partenaires.
Cuando surge lo inesperado impactando, el sujeto se desabona
momentáneamente del inconsciente porque lo que viene no hace
cadena, es un arrollamiento, algo irrumpe provocando angustia.
En el encuentro con lo real del sexo, lo imposible, lo que no cesa de
no escribirse insiste. Es en este trasfondo de lo imposible donde surge el acontecimiento inesperado que llega y hay que hacer con eso.
Cuando el analizante es sorprendido en su decir, lo soporta en
transferencia porque espera de quien está supuesto al saber. En
tanto en el seno de esa experiencia se va atesorando un saber, toda
vez que se produce una fuga, que sorprende e introduce el tiempo
interrumpiendo la atemporalidad del inconsciente.
El tiempo de la espera se juega en el análisis montado en la pareja
analítica: analizante y analista que se enrolan en la trayectoria de
una experiencia con inicio y final.
Se mixturan amor y hostilidad en una trama singular donde el analista sostiene el dispositivo con su presencia. Si para Freud ésta era
indistinguible del amor, para Lacan se trata del amor al saber.
El amor se dirige a la falta en ser, buscando cancelarla con la ilusión
de completud, en medio de engañosas sensaciones orondas. En
cambio la hostilidad destaca la diferencia y la rechaza, denunciando la no relación sexual que el amor tapona. Por lo cual la muestra
más genuina de la no proporción sexual es la emergencia misma
del amor.
Al revelarse la diferencia lo que aparece es el goce singular de cada
partenaire. Éste es solitario, no hace lazo, no se dirige a la falta de
ser sino al ser del sujeto, a su ser de goce y ahí no hay posibilidad
de ninguna alianza. Donde el goce de cada uno aparece en la escena, la ilusión de unidad entre los dos desaparece.
El amor juega su partida en la transferencia que responde en todo a
los rasgos del lazo social en general, aunque se trate de uno inédito.
Es inédito y específico en tanto no hay una relación dual y el único
sujeto en la escena transferencial hace su emergencia del lado del
analizante, dando eficacia al trayecto de la cura.
Se trata de escribir con el lazo allí donde no hay relación, por lo que
éste se emplaza en el lugar del síntoma. Lo que permite decir que,
como todo lazo social, el lazo analítico es sintomático.
Al respecto consideremos que en el inicio el síntoma como significante de la transferencia, se dirige a un significante cualquiera que
el que llega le atribuye al analista. De tal articulación significante
surge como efecto un sujeto que es un significado y se escribe
con s minúscula porque no es aún el S dividido que emerge de la
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remisión significante de la cadena.
Si tal es el planteo ¿qué aparece en este paralelismo? ¿Dónde
ubicar la diferencia entre el amor en su dimensión imaginaria con
efectos sugestivos y el amor de transferencia?
No son equivalentes y se demuestra con la introducción de Lacan
de sus nuevos conceptos, en el seminario 11, que incidieron en la
posición de ambos integrantes de la pareja analítica.
Del lado del analista, instituye el concepto deseo del analista y del
lado del analizante, el Sujeto supuesto Saber que convoca a ambos.
Respecto de este último, se vehiculizan dos supuestos: el saber en
el analista y el sujeto en el analizante.
El amor no se dirige al analista sino al saber que se le supone y la
transferencia permite obstaculizar la intersubjetividad por lo que no
se juega una relación entre dos sujetos.
El único que cuenta en la partida es el que se hace surgir en el
analizante que es quien sostiene un supuesto de saber.
El sujeto y el saber son los supuestos con los que se transita un
análisis. Al final la destitución subjetiva abre el paso desde el SSS
al objeto a que causa el deseo.
Durante el trayecto, en relación a los lugares, a partir del seminario
17 Lacan va a plantear el lazo con el otro como un efecto. Elabora
cuatro discursos que son el amo o maestro, histérico, universitario
y analítico con cuatro lugares delimitados: agente, otro, producto y
verdad.
En relación al discurso analítico va a establecer al analista como
objeto a en el lugar del agente, que es el de la ignorancia. Así el a
se dirige al sujeto dividido que en el lugar del otro trabaja y cuyo
producto son los S1 que se van liberando.
De tal forma que el que trabaja no es el analista con su docta ignorancia, sino el inconsciente mismo que interpreta.
El analista como agente hace las intervenciones que surcan las
interpretaciones o pre interpretaciones del inconsciente. Aplica el
corte que sorprende, en ejercicio de la transferencia, como puesta
en acto de la realidad sexual del inconsciente, es decir algo de lo
pulsional se pone en juego, algo del orden de lo real despunta en
relación a un nuevo modo de gozar.
es donde surge, algunas veces, la invención del amor como manifestación activa de satisfacción.
El amor suple una imposibilidad y Lacan dejando atrás el postulado
freudiano del amor como repetición de elecciones infantiles, propone un nuevo amor.
No se trata de un nuevo partenaire que reemplace al anterior y haga
serie, sino de una invención en la que se sustituye el modo de goce
en el modo de amar.
Nuevo amor es una nueva modalidad para amar y no tiene que ver
con un objeto nuevo. Se expresa en un amor sin límites, más allá
de la ley edipica siendo el único lugar posible donde puede vivir,
por fuera de la ley, después de haber sido confrontado el sujeto al
significante al que respondía.
Es lo que hace signo al no estar en la cadena de significantes, al
estar por fuera. Es signo en tanto no hay remisión significante y por
ende no abona al sentido. Algo hace signo y posibilita una emergencia fugaz, algo como un destello que produce un cambio.
En referencia a lo cual Lacan da como ejemplo en el seminario 20
la decisión de qué hacer con los muebles después de un bombardeo, como situación traumática que arriba con sorpresa y hay que
disponer de esos restos para darles otra aplicación.
Así llega el nuevo amor cuando se localiza el modo singular de gozar para darle otro uso a partir de disponer de estas marcas.
En el texto citado agrega, mencionando un poema de Rimbaud, que
el amor es signo de un cambio de discurso. Da cuenta de esto a
partir del acto analítico que promueve la novedad a partir de un
encuentro.
El poema se titula A una razón del cual para finalizar, presentamos
un fragmento:
“Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos y
da comienzo a la nueva armonía.
Un paso tuyo es el alzamiento de los nuevos hombres y su puesta
en marcha.
¡Tu cabeza se aparta: el nuevo amor! ¡Tu cabeza se vuelve: el nuevo
amor!”(Rimbaud, A., 1985, p.63)
Lo nuevo impone una distancia con lo que se repite, con el amor
como repetición para Freud. El amor lacaniano es invención a partir
de Otro barrado y en posición de incauto de lo real.
Lo nuevo es lo que aparece por fuera de la cadena significante y
del lado de un encuentro con lo real siempre fallido e imposible. Se
escribe como signo de algo nuevo en tanto cesó de no escribirse.
El amor hace nivelar el goce al deseo y uno de los términos de la
pulsión es el empuje o la actividad que imprime la nota del entusiasmo. La satisfacción no subsiste sino de la contingencia que es desde
donde ubicamos el entusiasmo en la actividad de lo pulsional.
El real con el que trabaja el psicoanálisis es la no relación y lo
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