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El Uruguay y el Consejo de Seguridad de
Intervención del Sr. Ministro Rodolfo Nin Novoa en el
Centro de Formación para la Integración Regional (CEFIR)
EL URUGUAY Y EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LAS NACIONES UNIDAS
Montevideo, 26 de agosto de 2015
En este año se cumplen los 50 años de la anterior oportunidad de que Uruguay fuera electo
miembro no permanente del CS en el bienio 1965-1966.
Naturalmente, cabe señalar que el contexto internacional resultaba completamente distinto a las
circunstancias actuales, ya que estábamos en pleno proceso de guerra fría y descolonización, en el
cual los pueblos de África y Asia iban obteniendo la independencia, modificando a su vez,
profundamente, la membresía de la Organización.
Además, hay que recordar que en 1965 eran 7 los temas que integraban la agenda del Consejo,
mientras que actualmente en la Agenda en 2015, hemos identificado más de 50 temas importantes,
como ser la cuestión del Medio Oriente (que incluye entre otros temas, los de Palestina, Siria, Iraq,
Libia, Yemen, la cuestión del Estado Islámico, la lucha contra el terrorismo); los conflictos en África
y el único caso de la agenda en el territorio americano, el de Haití.
Quiero señalar que a pesar de esta dinámica, hay una coherencia que caracteriza a nuestro país en
su posicionamiento internacional, que se refleja en su compromiso con la paz y seguridad
internacionales y con la defensa irrenunciable del Derecho Internacional, que resulta hasta hoy día
uno de los ejes fundamentales de la política exterior del país.
Esta visión de política exterior de Estado es la que ha impulsado al Gobierno Nacional iniciado en el
año 2005 a presentar una nueva candidatura del Uruguay para integrar uno de los órganos
principales de la Organización de las Naciones Unidas.
La responsabilidad que asumimos, implica saber cómo nos posicionamos hoy día frente a la
importancia que ha adquirido el Consejo de Seguridad,
Por ello, quisiera referirme en primer lugar, básicamente a las competencias y métodos de trabajo
del Consejo.
Según lo establece su Carta constitutiva, en los artículos 7 y 24, se señala que “a fin de asegurar
una acción rápida y eficaz...los Miembros (le) confieren...la responsabilidad primordial de mantener
la paz y la seguridad internacionales, y reconocen que...actúa a nombre de ellos al desempeñar las
funciones que le impone aquella responsabilidad”.
Estas atribuciones de la Carta convierten al Consejo de Seguridad en el órgano multilateral más
poderoso creado por los Estados en la historia del multilateralismo, constituyendo el único órgano
de las Naciones Unidas que representa por sí al conjunto de los Estados Miembros de la
Organización.
La integración del CSNU está establecida en el artículo 23 de la Carta. Consta de 5 miembros
Permanentes, nombrados expresamente en la Carta (Estados Unidos, Federación Rusa, Francia,
Reino Unido y China) y diez miembros no permanentes, elegidos entre los demás estados
miembros de la Organización, por períodos bienales.
Para uno de estos últimos cargos es que se postula Uruguay.
Otro punto importante a recalcar es el del sistema de votación del Consejo de Seguridad para la
adopción de sus resoluciones, ya que presenta características que lo diferencian de otros órganos
de las Naciones Unidas, según contenido en el artículo 27 de la Carta que prevé que las
resoluciones sustantivas o de fondo deberán contar con el voto de 9 miembros del Consejo
incluyendo el voto unánime de los 5 miembros permanentes. Es lo que se llama usualmente “el
derecho de veto” de los miembros permanentes.
Si bien no aparece expresamente determinado en el texto, la abstención de uno de los miembros
permanentes no determina el ejercicio del derecho de veto.
Además, el Consejo de Seguridad determina asimismo su propio foro de atracción, al definir por sí y
ante sí, que cualquier hecho ocurrido en el mundo `que puede poner en riesgo “la paz y seguridad
internacionales”, el Consejo puede decidir la incorporación del tema a su agenda, e ipso facto
inhibe la intervención o pronunciamiento de cualquier otro órgano o foro de las Naciones Unidas.
El Consejo cuenta con una Presidencia, la cual rota mensualmente entre sus miembros, según el
orden alfabético en inglés de los países. Esto hace que, de ser elegido en octubre de 2015,
Uruguay pasará a presidir el órgano a partir de su ingreso en el mismo, en enero de 2016.
Por este motivo, interesa saber cuáles serán los temas prioritarios para nuestro país durante su
acción en el Consejo de Seguridad, tema central de esta presentación.
En primer lugar, el tradicional compromiso con el mantenimiento y consolidación de la paz, aparece
entre una de las prioridades. En efecto, a la hora de participar en el Consejo, Uruguay, como
miembro fundador de Naciones Unidas, reafirmará los principios emanados de la Carta de San
Francisco, que dan sentido y coherencia al sistema jurídico internacional afirmando la estructura del
derecho internacional contemporáneo.
Creemos que para alcanzar la paz duradera, se deben atacar las causas subyacentes a los
conflictos, por lo tanto, promover el desarrollo en todas sus dimensiones, así como la defensa,
promoción y protección de los Derechos Humanos. La estabilidad política; la gobernabilidad
democrática; la integridad territorial de los Estados, son condiciones necesarias para la prevención
de los conflictos.
También, la importancia de la inclusión -social, religiosa, territorial, nacional, étnica, de género,
económica y cultural-, es gobernar mejor, y por lo tanto relevante en la consolidación de la
estabilidad política y la gobernabilidad democrática, base fundamental para la preservación y
construcción de la paz.
Un segundo punto de especial relevancia, es la Diplomacia preventiva, donde vemos un campo
natural de acción. Se entiende que el Consejo de Seguridad debe tener una clara función
preventiva que permita alertas tempranas y respuestas rápidas, que ataquen las causas profundas
de las crisis así como busquen soluciones duraderas a las mismas.
En este sentido, el diálogo, el compromiso, y la solución pacífica de controversias son herramientas
clave de la diplomacia preventiva.
Uruguay entiende que la compleja situación de los actuales conflictos exige enfoques y estrategias
integradas por parte del sistema de mantenimiento y consolidación de la paz de Naciones Unidas.
Se considera esencial la colaboración en el fortalecimiento de las instituciones y las capacidades
nacionales, para que estas puedan enfrentar las causas estructurales que se encuentran en la base
de los referidos conflictos de manera pacífica tornando efectivo el principio de apropiación nacional.
Un tercer tema de importancia fundamental, es el vinculado a las Operaciones de Mantenimiento de
la Paz. En efecto, el compromiso de Uruguay con la Paz y Seguridad internacionales se refleja en
su contribución a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz.
Uruguay ha estado ubicado entre los primeros contribuyentes de tropas en términos absolutos y es
el primero de América Latina y El Caribe, con un despliegue de más de 40.000 cascos azules a lo
largo de la historia de las Operaciones de Mantenimiento de Paz, en los escenarios más arduos y
difíciles.
Por ello, nuestro país hará uso de su vasta experiencia en la implementación de mandatos
multidimensionales y complejos a la hora de planificar nuevas operaciones. Siempre buscando
mantener una relación coherente entre la dimensión del mandato y los recursos otorgados al
mismo.
Por otro lado, la notoria participación en Haití (MINUSTAH) es un reflejo del compromiso que
Uruguay imprimirá en la región, en tanto miembro del GRULAC en el Consejo de Seguridad.
Uruguay ha sido miembro de la Comisión de Consolidación de la Paz entre 2009 y 2012 y ha
desarrollado un cúmulo de tareas de consolidación temprana de la paz, principalmente a través de
su participación multidisciplinaria en las OMP en apoyo al Estado receptor. Todas estas
credenciales serán demostradas en el bienio 2016-2017 por un país que buscará los medios
necesarios para encontrar caminos viables a una paz duradera.
Un cuarto aspecto prioritario se refiere a la Protección de civiles, dado que los conflictos armados
continúan perturbando a muchas partes del mundo, causando devastación y destruyendo la vida y
la dignidad humana. La mayoría de los conflictos son de índole no internacional y dan lugar a
graves infracciones del derecho internacional humanitario (DIH) cuyas víctimas son personas
civiles, que resultan desplazadas, heridas o muertas.
En ese marco, las mujeres y niños enfrentan una vulnerabilidad especial debido a las reiteradas
violaciones de sus Derechos Humanos y libertades fundamentales.
Por ello, podemos afirmar que el Consejo encontrará en Uruguay un socio experimentado en la
elaboración de mandatos que incluyen trabajos de protección de civiles, ya que en el terreno los
cascos azules uruguayos cumplen a diario este tipo de tareas.
Vinculado a este tema, cabe señalar la cuestión de los Niños en conflictos armado, donde
trabajaremos para que el Consejo adopte acciones concretas para hacer frente a la crítica situación
que atraviesan miles de niños víctimas de conflictos armados. Esto se basará en el entendimiento
de que la protección de los niños debe ser garantizada y su reclutamiento por parte de las fuerzas
de seguridad o grupos armados debe ser fuertemente condenado.
Uruguay buscará fortalecer el rol de la Representante Especial del Secretario General para niños
en conflictos armados a los efectos de poner fin al reclutamiento de niños por parte de las fuerzas
de seguridad o grupos armados.
El país se encuentra firmemente comprometido con la defensa de los derechos de los niños y así lo
ha demostrado, tanto a través del liderazgo asumido en la promoción y negociación anual de la
resolución sobre los derechos del niño de la Asamblea General de Naciones Unidas, como en su
reciente decisión de recibir a niños sirios como refugiados en el país.
A su vez se trabajará en pos de los grandes desafíos para alcanzar una paz duradera: la
reinserción de niños soldados en la sociedad, las dificultades derivadas del rol que desempeñan en
el hogar, así como el impacto del conflicto en su diario vivir y en su futuro.
Otro eje de acción central, se refiere a la temática Mujer, Paz y Seguridad. El trabajo sobre Mujer,
Paz y Seguridad debe considerarse bajo propuestas concretas: prevención, participación,
protección y consolidación de la paz, socorro y recuperación.
En tal sentido, Uruguay planteará como uno de los principales problemas, el de la violencia contra
niñas y mujeres en sus variadas formas. Se buscará que los asuntos de violencia sexual sean
abordados en los esfuerzos de mediación, acuerdos de paz, arreglos de cese al fuego, arreglos de
seguridad y mecanismos de justicia transicional.
Uruguay busca plantear una visión por la cual el empoderamiento económico y político de la mujer
son claves para la prevención a largo plazo de la violencia sexual y la violencia contra las mujeres.
Se entiende como fundamental la adopción de una perspectiva de género que contemple
adecuadamente las necesidades de las mujeres y las niñas en todas las situaciones de conflicto y
especialmente en la rehabilitación y reconstrucción post- conflicto.
En ese marco, trabajaremos para incorporar un mayor número de mujeres en las fuerzas de paz,
entendiendo que la participación de las mismas colaborará con una visión inclusiva de las mujeres
en las instancias de conflicto y post conflicto.
Es la visión de Uruguay que el Consejo de Seguridad tiene un claro rol que desempeñar a través de
la implementación de esta agenda, avanzando hacia una participación plena de la mujer en la
resolución de conflictos y consolidación de la paz.
Respecto al tema del Desarme y no proliferación, Uruguay mantiene una activa política en materia
de desarme y no proliferación basada principalmente en sus compromisos internacionales, que
tiene orígenes en su calidad de miembro fundador del Tratado de Tlatelolco, que estableció la
primera área libre de armas nucleares a nivel mundial.
Uruguay tuvo la Presidencia de la Primera Comisión en 2009 y en 2010 ocupó una de las
Vicepresidencias de la última Conferencia de Revisión del TNP.
Asimismo, se le dará importancia al fortalecimiento y universalidad del Tratado de No Proliferación
(TNP), con el objetivo de tener un mundo libre de armas nucleares lo más pronto posible, así como
para la entrada en vigor definitiva del Tratado para la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares
(CTBT).
Al trabajo en materia de armas nucleares, Uruguay sumará su compromiso de fortalecer la
normativa internacional en lo concerniente a armas químicas y biológicas.
En lo que hace referencia a las armas pequeñas, Uruguay trabajará, en el marco de las
Operaciones de Mantenimiento de Paz, por una mayor reinserción de los combatientes en la
sociedad, buscando así que abandonen los grupos armados. A su vez, Uruguay fue un gran
impulsor del Tratado del Comercio de Armas Pequeñas (recientemente firmado y ratificado).
Por último hay dos aspectos que hacen a la eficiencia del Consejo.
Por un lado, los Métodos de Trabajo.
Sin perjuicio de la discusión sobre la reforma de la composición del Consejo de Seguridad como tal,
para Uruguay es posible aumentar la transparencia, rendición de cuentas y eficacia de la labor de
este órgano a través de la mejora en sus métodos de trabajo.
Por este motivo, nuestro país forma parte del grupo ACT (Accountability, Coherence and
Transparency), promoviendo esfuerzos concretos y pragmáticos que permitan al Consejo de
Seguridad desarrollar en forma más democrática, legítima y genuina su mandato dentro del
contexto institucional, jurídico y político existente.
El diálogo permanente con los Estados miembros de Naciones Unidas no integrantes del Consejo
de Seguridad es un compromiso y un desafío clave, ya que solo a través de un manejo de
información transparente y precisa, se podrán entablar relaciones que redunden en un
cumplimiento cabal y adecuado del mandato del Consejo, en beneficio de todos los Estados
Miembros.
Del mismo modo, nuestro país propiciará un mejor conocimiento transversal y una racionalización
de la información producida y de las acciones emprendidas en el terreno por las diversas Agencias,
Fondos, Programas y otros Organismos de las Naciones Unidas.
Entre los esfuerzos en este sentido cabe destacar la propuesta presentada por el grupo ACT, con el
propósito de lograr una limitación del derecho de veto de los miembros permanentes para los casos
de Genocidio, Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad.
Esto nos lleva a otro eje central de nuestra acción, referido a los Derechos Humanos y el Derecho
Internacional Humanitario. En efecto, el compromiso del Uruguay con la protección de los Derechos
Humanos además de estar reflejado internamente de manera clara, tiene un componente externo
muy importante, que se aprecia en la participación activa del Uruguay en las diversas instancias del
sistema internacional de promoción y protección de los Derechos Humanos.
Uruguay formó parte del Consejo de Derechos Humanos en el periodo 2011-2012 y
buscara
colaborar en la coordinación de los diversos organismos de NNUU enfocados en esta materia, dado
que se entiende existe una fuerte interdependencia entre la protección de la paz y seguridad
internacional y los Derechos Humanos.
En el Consejo de Seguridad, Uruguay mantendrá una voz pro-activa y constructiva en relación a la
respuesta del sistema de Naciones Unidas ante situaciones de graves violaciones de los DD.HH.
como el genocidio, la limpieza étnica, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra.
Asimismo, se buscará promover el fortalecimiento y preservación de las normas del Derecho
Internacional Humanitario a fin de asegurar la plena vigencia de los principios de humanidad,
neutralidad, imparcialidad e independencia, defendiendo primordialmente el acceso rápido e
ininterrumpido del personal humanitario, así como para asegurar condiciones adecuadas de
seguridad para el cumplimiento de sus tareas.
Uruguay también se destaca por su activismo en la defensa del derecho a la inclusión social de las
personas LGTBI, y hará de la protección de sus derechos una bandera de referencia en su
participación en el Consejo de Seguridad.
Por todo esto el Uruguay entiende que existe una necesidad de contar con un componente de
derechos humanos en las operaciones de paz, y hará las propuestas correspondientes.
Por último, queremos referirnos al Estado de Derecho, la Justicia Internacional y el Derecho
Internacional, que para nuestro país son valores complementarios y que se refuerzan y enaltecen
mutuamente.
Es imposible pensar en el siglo XXI en Paz sin Justicia, como tampoco pueden concebirse ambas
sin la plena vigencia del Estado de Derecho, tanto a nivel nacional como internacional.
El Derecho Internacional es, para Uruguay, el marco ineludible de actuación de la comunidad
internacional, y el único dentro del cual la Paz y la Justicia pueden concebirse y desarrollarse en
forma sustentable.
En tal sentido, Uruguay promoverá un tratamiento activo de estos temas en la agenda del Consejo
de Seguridad. Del mismo modo, se propiciará la más amplia cooperación posible entre el Consejo y
los mecanismos de Justicia Internacional, así como el apoyo al fortalecimiento de los procesos de
consolidación del Estado de Derecho a nivel nacional y la justicia transicional.
Uruguay es parte del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, y ha sido el primer país de
América Latina en implementar completamente el Estatuto, a través de una legislación modelo
sobre la cooperación con la Corte, y el primero en su región en ratificar las enmiendas de Kampala.
Su apego al Derecho Internacional se manifiesta no solo en su posicionamiento político tradicional y
unánimemente reconocido, sino también a través del respeto y la observancia de los fallos de
tribunales internacionales tales como la Corte Internacional de Justicia y la Corte Interamericana de
Derechos Humanos.
Por último, queremos referirnos al regionalismo. Uruguay reconoce el rol primario que la Carta de
las Naciones Unidas confía al Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la Paz y Seguridad
internacionales y reconoce el rol complementario de los organismos regionales y subregionales.
Entendemos que el sistema de Naciones Unidas puede y debe beneficiarse de la interacción con
los sistemas regionales y subregionales en el mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales, no significando ello un menoscabo al rol que la Carta le otorga al Consejo de
Seguridad en dicha tarea.
Un aspecto que se viene discutiendo a nivel de la Asamblea general pero de central importancia
para el mejor funcionamiento del Consejo se refiere al Proceso de reforma, incluyendo la
ampliación y reforma del Consejo de Seguridad.
Este proceso ha recogido los antecedentes sobre la reforma del Consejo hasta la fecha. Es
interesante destacar que la necesidad de modificar en forma sustantiva la composición del Consejo
de Seguridad, está ligada con los temas de legitimidad, representatividad y eficiencia.
Para que el órgano Consejo de Seguridad funcione, tiene que tener legitimidad, esto es el
convencimiento que existe en un actor de un sistema de que una regla o institución debe ser
obedecida: en el caso del Consejo la legitimidad deriva de que los estados, al firmar y ratificar la
Carta de la ONU, en San Francisco, otorgan legitimidad al sistema.
La representatividad implica la adaptación del CS presente a los cambios de la situación
internacional en los últimos setenta años. Una diferencia que va desde los 51 miembros iniciales a
los actuales 193. A su vez el número de miembros permanentes debería ser aumentado para
cumplir con los reclamos del mundo en desarrollo.
El concepto de eficiencia hace referencia a que cualquier reforma en la composición del Consejo
debe contemplar un número de miembros que permitan que el órgano funcione en forma efectiva.
En la actualidad se debaten dos propuestas generales de reforma, una de ellas contempla la
ampliación del número de miembros permanentes en el Consejo y el otro una ampliación
simplemente de miembros no permanentes con posibles ajustes en los mandatos que permitan la
reelección de algunos de estos nuevos miembros.
Por último, en este contexto, creemos relevante destacar las oportunidades que representa integrar
el Consejo de Seguridad para nuestro país.
Por un lado, debemos hacer referencia al hecho que un país de las dimensiones del Uruguay,
resulta importante la participación en las actividades del Consejo de Seguridad porque implica un
reforzamiento del modelo de inserción internacional del país. Del Uruguay internacionalista,
con una larga reputación de seriedad dentro del ámbito de las Naciones Unidas, del Uruguay de la
tradicional contribución a las causas globales a través de las Naciones Unidas y las demás
instancias regionales, sus aportes a la paz y seguridad internacionales, al desarrollo y a los temas
de vanguardia en la agenda internacional, en el marco de los derechos humanos, económicos,
sociales y culturales, surge el claro compromiso con la dignidad humana y la plena participación de
todos en igualdad de condiciones y sin ningún tipo de discriminaciones.
La participación en las sesiones del Consejo de Seguridad permiten a su vez una incidencia directa
en el manejo y administración de los conflictos internacionales en el seno del órgano, ya sea de
aquellas operaciones de paz en las que el Uruguay se encuentra involucrado, por encontrarse
participando con efectivos militares o funcionarios civiles en el terreno de operaciones, ya sea por
existir intereses económicos o comerciales que pudieran ser del interés estratégico del país.
Es en el caso de las operaciones de paz en las que se encuentra participando Uruguay, como es el
caso de la MINUSTAH en Haití, o de la MONUSCO en la República Democrática del Congo que
constatamos claramente la importancia de un asiento en el Consejo. Es en el seno del Consejo de
Seguridad, y no en los demás foros de las Naciones Unidas, en el que se deciden los mandatos de
estas operaciones y las modificaciones que se pudieran hacer a los mismos y que hacen que una
fuerza, por ejemplo, deba ser más o menos proactiva en una situación determinada. Así, si se
quisiera establecer una fuerza rápida de intervención, o se determine una modificación en las
reglas de enfrentamiento y el uso de la fuerza, la presencia del país durante la discusión en el
Consejo de estas importantes modificaciones, permitirán la expresión de la posición nacional en la
materia, en su carácter de país contribuyente y un mejor acceso a la discusión y mejoramiento de
los cambios propuestos. Este sería un ejemplo claro de aumento de la capacidad de incidencia del
país en un tema concreto y no menor.
En este marco de negociaciones, Uruguay estará involucrado en las decisiones de los temas de la
Agenda del Consejo de Seguridad, al más alto nivel político internacional.
Es cierto que quienes participen de estas negociaciones quedarán expuestos a recibir presiones de
los principales actores involucrados para lograr que el país se pronuncie en uno u otro sentido en
las votaciones del Consejo, por lo cual también deberemos estar preparados para soportar este tipo
de presiones.
En suma, las ventajas para nuestro país son, la mayor visibilidad del país que potencia su
proyecto de inserción internacional y generación de consensos que permitan reafirmar la
presencia de nuestro país en el mundo de las Naciones Unidas, llevando a un ámbito de
primer nivel las aspiraciones de todos los uruguayos.
Muchas gracias.
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