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CUANDO REGRESAN DE MÁS ALLÁ DEL NORTE, VIENEN
CUANDO REGRESAN DE MÁS ALLÁ
DEL NORTE, VIENEN CAMBIADOS:
representaciones sociales de los
jóvenes migrantes retornados en
un municipio de Chiapas
Iván Francisco Porraz Gómez
Introducción
E
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n Chiapas la migración internacional tiene su correlato con la crisis rural que
hoy la impacta, misma que se traduce en una disminución dramática del mercado de trabajo del sector agropecuario, cercenando las posibilidades de flujos
laborales intraestatales que le caracterizaban. Las respuestas inmediatas se tradujeron
en la intensificación de la migración campo--ciudad; la aceleración de los flujos migratorios interestatales, ahora direccionados a entidades del norte del país; y con mayor
intensidad, en los últimos ocho o diez años, de los flujos migratorios internacionales.
Hay que señalar que según las estadísticas muchos de los migrantes son jóvenes.1
429 mil 970 es el número de desplazamientos migratorios registrados a Estados Unidos en 2007, de los cuales el 55 por ciento los han realizado jóvenes cuyas edades
fluctúan entre los 15 y 29 años (INEE 2008, con datos del COLEF, 2007). La dificultad para obtener datos desagregados por municipio y localidad sobre el tema me
hace pensar que no se sabe con exactitud cuántos jóvenes chiapanecos cruzaron
la frontera entre México y EU en un periodo de diez años a la fecha. No obstante,
gracias al trabajo de campo, puedo suponer que muchos de ellos formaron parte
de ese éxodo. Es decir que la cifra dada líneas arriba puede extenderse a entidades
federativas como Chiapas que se insertó al flujo migratorio internacional durante la
década de los noventa y los primeros años del presente siglo.
Esto crea una problemática compleja porque si bien una de las razones principales para emigrar es la falta de recursos económicos y materiales que a largo plazo
se traduce en pobreza,2 existen también otras razones que tienen que ver con la
construcción de un imaginario que hace de la migración internacional un sueño. “El
sueño americano” que liberará a los jóvenes de la marginación y les abrirá un mundo
distinto al de sus comunidades de origen. Sin embargo, muchos jóvenes que no logran cumplir ese sueño y retornan a su lugar de origen, consideran la vuelta al abrigo
comunitario o al hogar como un conflicto individual y colectivo.
Licenciado en Antropología Social por la Universidad Autónoma de Chiapas. Maestro en Ciencias Sociales y humanísticas por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Estudiante del Doctorado por la misma universidad. Desde
2008 participa en estudios sobre juventud migrante retornada de Estados Unidos en el contexto
Chiapaneco. Contacto: [email protected]
A la manera de Hopenhayn y Morán (2007), aquí también uso el genérico masculino para hacer
más fluido el texto, a sabiendas de que nos referimos a jóvenes de ambos sexos.
2
En México, más de una tercera parte de los jóvenes y adolescentes se encuentran atrapados en la
pobreza (El Universal, 11 de septiembre de 2006).
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En este sentido, el presente trabajo analiza la representación social que se crea
al interior de un barrio en torno al joven retornado en la cabecera municipal de
Las Margaritas, Chiapas.3 Donde los jóvenes solteros que tienen experiencia migratoria y regresan a su lugar de origen por voluntad propia, repatriados, entre otros,
y recrean y resignifican los avatares de su vida social y cultural fuera del espacio de
origen; son representados y vistos por los mismos habitantes del lugar como sujetos de desorden o riesgo, por su actitud, vestimenta, entre otros.
En un primer momento describiré el contexto de la migración chiapaneca, a
continuación refiero el concepto de representación social y su utilización en dicha investigación, posteriormente me centro en los casos de algunos jóvenes retornados
que son vistos como sujetos de riesgo en un barrio de la cabecera municipal de Las
Margaritas, producto de entrevistas y estancias de campo realizadas en diversos
periodos entre: enero de 2009 y febrero de 2010. En suma, el objetivo del trabajo
es contribuir a la comprensión de lo que está sucediendo con algunos jóvenes
retornados en el municipio de Las Margaritas, Chiapas que enfrentan problemas
derivados de su incursión en el fenómeno migratorio.
Chiapas en el contexto de la “nueva” migración
Chiapas, hasta hace dos décadas, era uno de los estados en que el fenómeno migratorio no mostraba gran intensidad, incluso las migraciones internas o interestatales eran consideradas como parte de un acomodo constante de la población
(Fábregas. Cfr. Cruz Burguete 2007:9). Sin embargo, existen trabajos que han documentado que los chiapanecos han migrado por distintas razones dentro de las
fronteras estatales desde hace dos siglos. La migración interna se tiene registrada
desde el siglo XIX, y se relaciona con distintos eventos, desde las necesidades de
subsistencia de campesinos indígenas, la repartición de tierras, y procesos de emigración en búsqueda de tierras en áreas entonces poco pobladas como la Selva
Lacandona, incluso a causa de problemas políticos y religiosos. Al respecto, María
del Carmen García, Alain Basail y Daniel Villafuerte mencionan:
La migración interna en Chiapas ha estado relacionada con la demanda de mano
de obra del mercado laboral (por ejemplo en las zafras cafetaleras o azucareras), la
construcción de infraestructura carretera u otro tipo, los procesos de colonización y
poblamiento de la selva, así como los conflictos religiosos, agrícolas y políticos, incluso
armados (2007: 148).
Se trató de migraciones internas, de regiones altamente pobladas a regiones con
baja densidad demográfica, convocada por políticas gubernamentales o por movimientos espontáneos en atención a las necesidades de tierra o trabajo. Sin embargo,
también se presentaron desplazamientos forzados por conflictos políticos y religiosos.
Por otra parte, con respecto a la migración interestatal en los últimos años se registra
una mayor diversidad de lugares de destino. De acuerdo a Pimienta Lastra y Marta Vera
en su estudio basado en las encuestas del INEGI, reportan que en 1970 residían fuera
de la entidad chiapaneca 90 578 personas. Las entidades receptoras más importantes
eran el Distrito Federal y el Estado de México, siguiéndole en importancia los estados
vecinos de Tabasco, Veracruz, Puebla y Oaxaca. Chiapas se encuentra en el grupo de
emigración media con el 2% de población expulsora, de un total de cinco grupos.
En la década de los noventas, aparecen nuevas entidades receptoras, como fue
el caso de Quintana Roo y Jalisco. Para el año 2000 sobresalen las entidades del
norte como lugar de destino: 20 214 chiapanecos se desplazaron al estado de Baja
California; cerca de 20 500 lo hicieron a Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Sinaloa
y Coahuila. No obstante, el Estado de México con: 49 990 migrantes chiapanecos
y Quintana Roo con: 31 818, siguieron siendo las entidades más importantes de
recepción García y Olivera (2006).
Debo señalar que este trabajo es uno de los resultados preliminares correspondiente a la tesina de
maestría y que continuará con el trabajo de investigación del doctorado.
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Cabe señalar, que la mayor parte de la población migrante, tal como mencionan Pimienta Lastra y Marta Vera (2005), se encuentra en edad productiva. En el
año 2000, la proporción de migrantes internos tenía entre 15 y 49 años de edad.
Asimismo, en Chiapas la proporción de migrantes internos varones era de 48.5%,
la de mujeres alcanzó 51.5%.4 Es decir, que es posible que estén emigrando, parejas jóvenes sin hijos o quizás sólo el jefe(a) del hogar o ambos padres, como un
modus vivendi de supervivencia familiar.
En suma, y con base en los datos de Pimienta Lastra y Marta Vera (2005), puedo
decir que desde los años setenta es visible una tradición migratoria interestatal,
primero a los estados del centro y, a partir de los noventa, su tránsito hacia la zona
turística de Quintana Roo y a algunos estados del norte de la República.
En el caso de la migración internacional se registra un notable incremento en
los años noventa (Villafuerte y García, 2006, 2008; Jáuregui y Ávila 2007; Viqueira,
2008). Esto obedece a diversas causas, entre las que destacan los cambios en los
mercados laborales de los países tradicionalmente receptores, el recrudecimiento
de la pobreza y el desempleo en los países expulsores y el desarrollo de las comunicaciones que posibilitó el flujo de ideas e información en una escala global. Sin
embargo, Chiapas, al igual que otras entidades del sur de México, se inserta a los
flujos migratorios internacionales, específicamente a los Estados Unidos y Canadá,
en los años noventa, incrementándose en los primeros años del presente siglo.
Chiapas se ha consolidado como uno de los principales estados expulsores de
migrantes; según información de la CONAPO con base en datos de la Encuesta
sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF), en 2008 Chiapas fue el
estado que más migrantes envió a Estados Unidos (14%), incluso por encima de
Guanajuato (8.6%) y Oaxaca (7.2%), estados con una antigua tradición migratoria. (Villafuerte y García 2006, 2008 y 2009; Jáuregui y Ávila, 2007; Rus Diane y Jan
Rus 2008), también otros analistas que han trabajado la migración en Chiapas,
mencionan que la incursión de chiapanecos en el fenómeno a nivel internacional
e interestatal es principalmente de carácter laboral, esto es, tiene como objetivo
atenuar la grave crisis en la que se encuentran miles de familias campesinas que
han visto disminuir su capacidad productiva y con ella el deterioro progresivo de
su nivel de ingresos y el desempleo. En Chiapas el problema del campo es particularmente crítico, pues a la situación de crisis económica se le suman los conflictos
sociales y políticos que viene arrastrando desde años atrás y, a partir del 94, los que
se generaron debido al Movimiento zapatista de liberación nacional.
Un estudio realizado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación refiere que el porcentaje de desplazamientos migratorios de jóvenes sin educación básica
a nivel estatal se presenta de manera diferenciada, como es el caso de Chiapas, Guerrero y Veracruz, donde más del 70% de los jóvenes no había concluido el nivel secundaria (81, 72 y 70%), (INEE, 2008). La referencia anterior y algunos datos adquiridos
en trabajo campo me permiten sostener la idea de que el mercado laboral al que se
insertan numerosos chiapanecos son trabajos que exigen poca calificación: agricultura, construcción, servicios y la maquila en el caso de las mujeres en el norte del país.
Representaciones sociales: breves apuntes
El concepto de representaciones sociales, surge dentro de las teorías psicológicas, pero,
es a través de Émile Durkheim,5 que se derivan sus primeras aproximaciones. Las
representaciones sociales se trata de construcciones socio--cognitivas propias del pensamiento ingenuo o del sentido común, que pueden definirse como un “conjunto de
informaciones, creencias, opiniones y actitudes a propósito de un objeto determinado” (Abric,
García y Olivera (2006) han documentado que hacía la frontera norte muchas jóvenes solteras de
15 y 25 años deciden no sólo prolongar la distancia en el lugar de destino, cuando no el arraigo definitivo, sino que también optan por permanecer solteras o casarse después de los 24 años o más, ya
no con un miembro de la localidad o del estado, sino con un migrante de otra entidad federativa.
5
Que definió a las “Representaciones Colectivas” como portadoras de significaciones sociales, de interpretaciones, de formas de ver el mundo.
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1994 citado en Jiménez, 2006). Es decir, que los individuos o grupos de sujetos
llegan a conocer el mundo en la vida cotidiana bajo estas representaciones.
Las representaciones sociales constituyen, dice Jodelet: una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido, que tiene una intencionalidad práctica y contribuye a la
construcción de una realidad común a un conjunto social (1989: 36). Mientras que para
Moscovici, las representaciones se originan o emergen en la dialéctica que se establece entre las
interacciones cotidianas de los sujetos, su universo de experiencias previas y las condiciones del
entorno y “sirven para orientarse en el contexto social y material, para dominarlo”(Moscovici,
1990: 18). Por tanto, según Moscovici (1990) la representación social se sitúa en el punto de intersección entre lo psicológico y lo social. Antes que nada concierne a la
manera como los sujetos aprehenden los acontecimientos de la vida diaria, las características del ambiente, las informaciones que en él circulan y a las personas del
entorno próximo o lejano.
En suma, y de acuerdo con Pérez: las representaciones sociales son producidas colectivamente, como resultado de la interacción entre los individuos que comparten un mismo
espacio social expresando, a través de ellas, las normas, los estereotipos y los prejuicios de la
colectividad de la cual son el producto (2004:16). Asimismo, hay que señalar que las
representaciones implican a la vez, reconstrucción e interpretación del objeto y expresión del sujeto. Ya que las representaciones no son estáticas, es decir, experimentan cambios, no permanecen inmutables, las fuentes de las cuales se alimentan
las hacen variar. Hay una actividad de construcción y reconstrucción en el acto de
representación (Jiménez, 2006).
Por tanto, intentando ajustarnos al concepto elaborado por Moscovici y otros
representantes de dicho planteamiento, entendemos por representaciones sociales
un contenido de informaciones, imágenes, opiniones, actitudes, discursos, entre
otros, que aparecen en el mundo intersubjetivo en el que vivimos y que los sujetos
sociales construyen a partir de la comunicación permanente entre ellos. Pues, toda
representación lo es de algo o alguien. Por esta razón el proceso está emparentado
con el símbolo. No existe ninguna representación social que no sea la de un objeto, aunque éste sea mítico o imaginario.
De la “facha” a la actitud: representación del joven retornado
Las representaciones se presentan bajo formas variadas. Imágenes que condensan
un conjunto de significados y que pueden ocultar una serie de conflictos entre la
colectividad que lo representa.
Los jóvenes solteros que tienen experiencia migratoria y regresan a sus comunidades por voluntad propia, repatriados, entre otros, recrean y resignifican los avatares de su vida social y cultural fuera de su comunidad de origen. Es decir, quienes
han retornado de manera temporal o definitiva, tienden a agruparse y, ante la admiración de otros jóvenes sin experiencia migratoria, producen comportamientos
diferenciados, como el uso de una estética, un estilo o una “facha” muy particular,
como dicen los jóvenes margariteños, cuya apariencia corporal pone en evidencia
ya la vestimenta norteña, ya la del “pocho” o la del joven “rockero”. José Vázquez
habitante del barrio Sacsalum en la cabecera municipal6 de Las Margaritas refiere:
Las Margaritas se sitúa en la región fronteriza. El municipio se ubica en los límites del Altiplano
Central y de las Montañas del Norte, predominando el relieve montañoso. Limita al norte con los
municipios de Ocosingo y Altamirano, al sur con los municipios de la Independencia, Maravilla Tenejapa y la República de Guatemala, al este con Ocosingo y al oeste con los municipios de Chanal y
Comitán. Mario Humberto Ruz menciona que en la región se pueden distinguir tres áreas geográficas y humanas diferentes, producto de la ubicación del municipio entre las tierras altas y las bajas
de la Selva Lacandona: la montaña en el noroeste, los valles en el suroeste, las tierras bajas entre las
regiones este y sur (1982:68). El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), reporta que Las
Margaritas cuenta con una población total de 87,034 habitantes, representa 21.82% de la regional y
2.22% de la estatal; el 49.72% son hombres y 50.28% mujeres. Su estructura es predominantemente
joven, 66% de sus habitantes son menores de 30 años y la edad mediana es de 17 años. Del total de
la población 39,013 personas hablan alguna lengua indígena, es decir que representan el 40.38% de
la población total. Según datos de CONAPO el índice de marginación en el municipio es muy alto,
además hay que tener en cuenta que es el segundo municipio más grande del estado.
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Yo fui migrante, pero me doy cuenta que hay muchos ahora que ya vienen con vestimenta
diferente y se ve más aquí en la cabecera del municipio, cuando es la fiesta de la virgen
de Margarita, la patrona del pueblo, vienen de muchas comunidades y llegan vestidos
de botas, tejano y camisas de los que llevan allá en el norte y otros vienen con aretes por
todos lados y con sus pantalones aguados, también con playeras largas y sus gorras por
atrás de las de equipos que juegan en Estados Unidos, y pues ya los chavos más chamacos se quieren vestir así porque ven que así se visten los que migraron (Julio 2009).
Otra narración de un habitante del mismo lugar comenta:
Me he dado cuenta que a veces los que regresan de Estados Unidos, en especial los jóvenes ya vienen bien diferentes, por ejemplo con sus vestimentas de otros lados, a veces
ya te quedan mirando feo y ni respetan a los mayores, me contaron que en el barrio de
Sacsalum (ubicado en la periferia de la cabecera municipal), una vez un muchacho que
regreso de allá fue amenazar a un señor que le debía dinero al papá del muchacho, con
pistola en mano… (Diciembre de 2009).
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Esos sistemas de referencia permiten interpretar lo que sucede e incluso dar un
sentido a lo inesperado. Es así como se ha ido construyendo la desconfianza hacia el
joven migrante retornado quien para el colectivo es una amenaza y es representado
como un individuo que introduce nuevos valores y estilos de vida contrapuestos a
los valores comunitarios o colectivos. Es decir, el discurso local tiende a identificar al
joven retornado, particularmente el que asume como suyos los patrones culturales
del lugar donde trabajó, como sujeto de riesgo, aunque existe una percepción ambigua, en tanto involucra a jóvenes que son “nuestros” que puede atentar contra la
normativa comunitaria, pues son: “hijos del compadre, del vecino, del hermano o míos”.
Esta representación se afianza sobre todo en aquellos que adoptaron prácticas y
formas de conducta diferentes a la comunidad, propiciando una percepción de rechazo, en la que corren rumores que hacen del joven retornado un factor de peligro. Tal
rechazo los obliga a salir nuevamente de la comunidad y enfrentarse otra vez a un espacio desconocido del que tal vez intentó desprenderse al decidir regresar a su casa.7
Consideraciones finales
La representación aparece como la reproducción de un discurso que identifica al joven retornado con el desorden y la delincuencia. Es decir, hay una noción compartida de lo que es ser migrante retornado, con toda la carga valórica y simbólica que
esto conlleva. Por lo tanto, muchos de los jóvenes retornados perciben un espacio de
conflicto tanto a nivel personal como en la colectividad, sienten que con su presencia en la comunidad, el pueblo o el barrio, violentan esos espacios, pues las prácticas
que adoptaron en otros lugares representan una amenaza para las instituciones tradicionales. Aunque en el municipio los jóvenes no enfrentan tal situación de manera generalizada, no debe perderse de vista la vulnerabilidad y los riesgos que jóvenes
de origen campesino enfrentan al ser arrojados a un espacio social al que no se integran sino que, por el contrario, los excluye y discrimina, arrojándolos a pequeñas
comunidades de “pandilleros” o subculturas como única forma de sobrevivencia.8
Por ejemplo en el municipio de San Pedro Michoacán dos jóvenes presuntamente migrantes fueron encarcelados ya que fueron acusados por “quebrantar” las normas de convivencia de la comunidad. (Cuarto Poder, 8 de febrero de 2010).
8
Al respecto, está el caso de las Maras en Centroamérica, México y Estados Unidos, en donde pertenecer a éstas implica un desarraigo familiar y la incorporación a los «homies» del barrio, el grupo
primigenio y la señal más inteligible de lealtad y pertenencia. Otro problema recurrente es la vulnerabilidad de caer en las drogas por ejemplo un estudio hecho por el DIF y los Centros de Integración
Juvenil (CIJ) en algunas ciudades del país reveló que los menores de entre 12 y 17 años de edad que
no tenían ningún contacto con las drogas en México y que vivieron y trabajaron durante más de
tres meses en Estados Unidos ahora consumen marihuana, cocaína, crack, metanfetaminas, éxtasis,
solventes inhalables y heroína. El 62% de los jóvenes mexicanos que son deportados iniciaron el
consumo de drogas en Estados Unidos, (El Universal, octubre 2007).
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El propósito de este artículo es contribuir a un esfuerzo: analizar el fenómeno
migratorio, construir su historicidad y sus puntos de inflexión en un espacio y
contexto determinado, en este caso, el municipio de Las Margaritas, su cabecera
municipal y otras localidades9 a partir de sus actores más vulnerables: los jóvenes.
Como se ha señalado son resultados preliminares, sin embargo es necesario compartirlos y someterlos a discusión y un posterior enriquecimiento tanto en la parte
teórica como en la empírica, con el fin de integrar una explicación detallada de la
realidad de los jóvenes migrantes en Chiapas.
Migración y jóvenes en el estado de Chiapas es un marco relacional complejo,
con múltiples posibilidades y limitaciones en el mundo real, en el que están en juego los términos de las dimensiones sustantivas de la vida en sociedad, esto es, la del
desarrollo individual y colectivo que justifica su acercamiento analítico. Cabe señalar, que el cambio en la concepción de ser joven en el mundo rural o semi-rural, en
su confrontación con lugares o espacios laborales parece tener cabida la utopía que
se construye que va desde la idea de ayudar a la familia, la de salir de la casa, de la
comunidad, vivir otras experiencias hasta la de ejercer una vida sexual más abierta
en los lugares de destino es contrapuesta con la realidad desde donde se construyen
las condiciones de vulnerabilidad del sujeto de riesgo en la comunidad cuando retorna, sujeto de riesgo en el lugar de llegada, por ser joven y hacer comunidad con
otros jóvenes para ejercer prácticas disímiles y divergentes a las antes establecidas.
Se hace necesario pues dilucidar, analizar y ubicar las continuidades, rupturas y
especificidades de las rutinas, interacciones y expresiones de las nuevas representaciones juveniles en el contexto migratorio. Por eso es necesario salir del abismo de
las reflexiones interminables de lo juvenil como una categoría polisémica, e internar
revisar y adentrarnos a las transformaciones que está haciendo la migración de lo
juvenil y viceversa. Ningún fenómeno social resulta nuevo, sin embargo, en el ir y
venir del individuo se generan nuevas interpretaciones en un espacio y tiempo definido. Por tal motivo, el presente trabajo comparte la experiencia vivida en el proceso
de investigación, con el propósito de compartir la reflexión que me suscita la grave
situación de numerosos jóvenes migrantes del sur--sureste del país; se conoce muy
poco sobre ellos, pero contribuyen constantemente en la sociedad chiapaneca. Por
lo tanto es necesario seguir explorando esta realidad tan difusa y responder a otros
cuestionamientos que se generan día a día, todo para poder adentrarnos y explicar lo
que acontece en México con la exclusión de los jóvenes en muchos espacios.
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9
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