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¡Jesús, Ayúdame! - Iglesia Biblica Bautista de Aguadilla, Puerto Rico

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¡Jesús, Ayúdame! - Iglesia Biblica Bautista de Aguadilla, Puerto Rico
11/17/2013
Tito Ortega
¡Jesús, Ayúdame!
(Serie en Mateo #45)
Audio del Sermón
Mateo 20.29–34 (RVR60)
Dos ciegos reciben la vista
(Marcos 10.46–52; Lucas 18.35–43)
29
Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. 30Y dos ciegos que estaban sentados junto al
camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten
misericordia de nosotros! 31Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más,
diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 32Y deteniéndose Jesús, los llamó, y
les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
34
Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
Este es el último milagro de sanidad que Marcos registra, y revela en forma especial la
ternura y disposición del Señor hacia el servicio.
No hay contradicción entre lo que dice aquí: “al salir de Jericó”, y Lucas 18:35:
“acercándose Jesús a Jericó”. Sucede que había dos Jericós, la ciudad vieja y la nueva,
separadas entre sí, de manera que probablemente este milagro tuvo lugar entre ambas.
a. Su condición de necesidad (v. 46) descrita con unos pocos trazos magistrales.
Bartimeo era ciego, como resultado era pobre y se veía obligado a mendigar. Dependía de
otros para su ayuda y sostén. ¡Cuán miserable, pues, era su posición!
Sólo Marcos menciona su nombre, quizás porque era conocido en la iglesia del
tiempo de los apóstoles. Mateo, en su relato paralelo (20:30), indica que Bartimeo tenía un
compañero, quizás más silencioso que él y razón por la cual ni Marcos ni Lucas hacen
referencia a él.
b. Su clamor angustioso (vv. 47, 48).
(i) La oportunidad que se le presentó (v. 47) era única, pues Jesús no volvería por
allí. Al oír que pasaba Jesús, enseguida comenzó a dar voces y a llamarlo. No podía verlo para
acercarse, pero sí podía clamar. Sin duda, había oído hablar de él y de los milagros que había
hecho, y había llegado a la conclusión de que Jesús era el único que podría hacer algo por él.
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Su fe discernió en Jesús al Hijo de David, el Mesías tan esperado. Es la primera vez
que en Marcos se emplea este título. ¡Qué paradoja! ¡Mientras Israel era ciega a la presencia
del Mesías entre ellos, un judío ciego sí lo percibió! Notemos que el Señor no le reprendió por
emplear este título sino que lo aceptó porque le correspondían.
(ii) Los obstáculos que superó (v. 48), representados en aquellos que quisieron
hacerlo callar. Probablemente lo consideraban una molestia, y podrían resentir cualquier
demora posible. Tal vez, había otros que se oponían a lo que Bartimeo estaba diciendo. Sin
embargo, todo esfuerzo para silenciarlo fue en vano. Nada le impediría ser escuchado. No
cedió a las presiones de los que le rodeaban. Sabía lo que quería y nadie podría impedir que
lo consiguiera.
No sabemos exactamente por qué la multitud hizo esto. Posibles respuestas: a.
La gente tenía prisa por llegar a Jerusalén y no quería que aquel mendigo ciego retuviera a
Jesús; b. estimaban que sus gritos no estaban en consonancia con la dignidad de la persona a
quien se dirigía; c. no deseaban que Jesús fuese proclamado públicamente como “el Hijo de
David”; y d. sabían que a sus dirigentes religiosos no les gustaría aquello.1
¡Era irónico que mientras que la nación de Israel estaba ciega a la presencia del
Mesías, un judío ciego tuviese verdadera visión espiritual!2
Su fe le hizo clamar hasta ser oído. Quizás había escuchado la promesa “Y todo
aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (Joel 2:32).
c. La compasión del Señor (v. 49). ¿Pasaría de largo el Maestro? ¿Habría de hacer oídos
sordos a su clamor? Claro que no.
(i) Se detuvo en el camino porque distinguió el clamor del ciego entre todas las
demás voces a su alrededor. Ni con Bartimeo ni ahora está demasiado ocupado para atender
el clamor de un alma necesitada (Salmo 34:6; 145:18, 19).
(ii) Jesús se revela a través de los Evangelios, no sólo como muy poderoso, sino
también como muy misericordioso (véase más arriba sobre 1:41). Se detuvo y ordenó a la
gente que llamara al hombre que estaba sentado junto al camino. Con entusiasmo le dieron
el mensaje al mendigo. Le dijeron, “Ten ánimo”. Este mandato tan lleno de aliento y
esperanza, se oyó de labios de Jesús una y otra vez mientras estuvo en la tierra. Además, él
es “el mismo ayer y hoy y por los siglos”. Esto se ve por el hecho de que, después de su
ascensión al cielo, el Señor seguía pronunciando la misma exhortación alentadora. Para más
detalles y una lista de pasajes, véase más arriba sobre 6:50b. La gente que estaba a su
alrededor le dijo al ciego que se pusiera en pie, y para darle más ánimo, añadieron: “Él te
llama”.
1
Hendriksen, William. Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Marcos. Grand Rapids,
MI: Libros Desafío, 1998. Print.
2
MacDonald, William. Comentario Bíblico de William MacDonald: Antiguo Testamento y Nuevo
Testamento. Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial CLIE, 2004. Print.
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No muchas semanas antes, las mismas palabras, “Él te llama”, le fueron dichas a
María. La persona que se las había dicho era Marta, su hermana. Hay por cierto una
semejanza entre los dos relatos. Jesús llamaba a dos personas profundamente atribuladas: a
Bartimeo, que sufría por su pobreza y ceguera; a María—Marta también, por supuesto—
sufría a causa de la pérdida de un hermano querido. Aún en el día de hoy, y por supuesto
siempre, en tales circunstancias de la vida Jesús nos llama a su lado, porque es un Salvador
maravilloso. Su llamado es para consolar, animar y, como en este caso, para sanar y
restaurar.3
Notemos que el Señor se valió de otros para hacerle llegar su mensaje (2
Corintios 5:20, 21).
d. La confianza que demostró (vv. 50, 51):
(i) Abandona todo impedimento posible (v. 50a). “Arrojando su capa”, donde
seguramente guardaba el dinero que le daban, y que le servía de abrigo a la noche. No quería
correr el riesgo de tropezar al ir al encuentro del Hijo de David. Así el Señor quiere que
abandonemos nuestra ‘capa’ de respetabilidad, temor al hombre, autoconfianza, y todo otro
impedimento que pueda interponerse en el camino hacia Dios.
(ii) Acude al Señor en forma inmediata (v. 50b), sin demora alguna, y lo hace
esperanzado. No todos responden con prontitud al llamamiento. Pero aquel hombre sí lo
hizo. Allí estaba la oportunidad de su vida. Su corazón saltó de gozo: Tirando a un lado su
manta, se levantó de un salto y vino a Jesús. 4
(iii) Afirma su necesidad (v. 51). Bartimeo sabía exactamente cuál era su mayor
necesidad. Por eso no se acobardó y pidió un milagro.
El Señor le preguntó qué quería que le hiciera no porque no lo supiera sino
porque deseaba que Bartimeo hiciese pública su petición, que expresara su necesidad y
evidenciara su fe. Al decir “Maestro”, empleó el título “Rabboni”, que significa “mi maestro”.
Era, pues, una expresión de fe personal.
El Señor también pregunta hoy: “¿Qué quieres que te haga?” Es como si nos
ofreciese un cheque en blanco, firmado por él, para que lo llenemos con lo que necesitamos.
e. La consecuencia gloriosa (v. 52):
(i) Salvado por fe (v. 52a). Bastaron las palabras “Vete, tu fe te ha salvado” para
que el prodigio soñado se convirtiese en una realidad palpable. El resultado fue inmediato,
sus oios fueron abiertos.
(ii) Siguiendo con gozo (v. 52b). Su gratitud al Señor se expresó en un discipulado
fiel y en alabanza a Dios (Lucas 18:43). Asimismo, él fue el motivo de la alabanza de otros.
3
Hendriksen, William. Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Marcos. Grand Rapids,
MI: Libros Desafío, 1998. Print.
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Sin duda esto alentó y alegró el corazón de Jesús en su camino hacia Jerusalén.
Fue bueno que Bartimeo buscase aquel día al Señor, porque el Salvador nunca volvió a pasar
por aquel camino.5
¡Qué preciosa ilustración del camino de salvación! “Invócame en el día de la angustia; te
libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15; 1 Corintios 10:31).6
BOSQUEJO DEL TEXTO
DETENIÉNDOSE EN EL CAMINO (10:46–52)
a. Su condición necesitada (46)
b. Su clamor angustioso (47–48)
(i) La oportunidad que se le presentó (47)
(ii) Los obstáculos que superó (48)
c. La compasión del Señor (49)
(i) Se detuvo en el camino
(ii) Su disposición para atenderlo
d. La confianza que demostró (50–51)
(i) Abandonando todo impedimento (50a)
(ii) Acudiendo al Señor (50b)
(iii) Afirmando su necesidad (51)
e. La consecuencia gloriosa (52)
(i) Salvado por fe (52a)
(ii) Siguiendo con gozo (52b)7
5
MacDonald, William. Comentario Bíblico de William MacDonald: Antiguo Testamento y Nuevo
Testamento. Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial CLIE, 2004. Print.
6
Hendriksen, William. Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Marcos. Grand Rapids,
MI: Libros Desafío, 1998. Print.
7
Morris, Carlos A. Comentario bı́blico del continente nuevo: San Marcos. Miami, FL: Editorial Unilit, 1992.
Print.
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