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SISTEMA DE EVALUACIÓN E INFORMACIÓN DE LA
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SISTEMA DE EVALUACIÓN E INFORMACIÓN DE LA INSTRUCCIÓN Y ENTRENAMIENTO
DEL EJÉRCITO (SIEVI 4.0 ON LINE)
A. INTRODUCCIÓN
La necesidad de adecuarse a la nueva realidad mundial, vecinal y nacional generó la
conveniencia en el Ejército de Chile de desarrollar un proceso de modernización y
transformación junto con la interoperatividad de nuevos sistemas de armas y la homologación del
proceso de métodos de planificación OTAN, acorde con los tiempos en que vivimos. Este
proceso implicó la reestructuración de la organización, despliegue, equipamiento y capacidades
institucionales, con un nuevo enfoque consecuente con la adopción del modelo tácticooperacional de guerra de maniobras. Lo anterior basándose en dos pilares fundamentales que la
sustentan.
El primero de los pilares guarda relación con la estructura de la fuerza, el cual se materializa
mediante la racionalización y reorganización de los medios con el propósito de contar con
unidades completas y mejor entrenadas.
El segundo pilar es la fuerza en el que se sustenta la modernización del Ejército, con una visión
de integralidad y tecnología, que permite concretar sistemas operativos que satisfacen el
ejercicio de la función militar.
Para determinar si estos pilares cumplen sus objetivos deben ser evaluados y validados.
B. SISTEMA DE INSTRUCCIÓN Y ENTRENAMIENTO
1.1 MODELO DE COMPETENCIAS PARA EL PROCESO DE INSTRUCCIÓN Y
ENTRENAMIENTO
El enfoque de competencias es una guía metodológica para el logro de una definición clara y
objetiva del combatiente del Ejército de Chile, ya se trate del combatiente individual, del
combatiente por OME, del SLTP, de las habilidades básicas de combate o de las habilidades
guerreras del combatiente profesional del Ejército.
En la actualidad, la identificación y definición de criterios de desempeño de las competencias de
combate responden a una necesidad básica para una eficiente gestión del más importante
quehacer profesional del Ejército: la instrucción y el entrenamiento. Cabe destacar que este no
es solo un trabajo más, sino que para su correcta aplicación tiene incorporado los medios
necesarios para lograr los estándares deseados.
La utilización de todo método en los diversos campos de la ciencia, la tecnología, el conocimiento
y la técnica, significa responder al cómo de un objetivo planteado; por lo que el método siempre
se encuentra al servicio de un objetivo o propósito, que debe ser usado con rigurosidad, pero sin
rigidez en su aplicación.
Una de las principales ventajas de la utilización de un método es el ordenamiento de las diversas
acciones, planificadas y organizadas para el cumplimiento de la tarea. Así también, garantiza la
calidad en los procesos de gestión, facilitando la obtención de una información oportuna,
necesaria y válida, posibilitando la toma de decisiones acertadas, el control de los procesos sobre
las acciones ejecutadas y la mejora continua.
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El estándar constituye una norma o patrón de medida; además, incorpora un procedimiento que
procura el logro de ciertas capacidades individuales, bajo medidas que oscilan entre un criterio de
desempeño mínimo exigible a un criterio máximo deseable.
1.2 SISTEMA DE INSTRUCCIÓN Y ENTRENAMIENTO
La doctrina es indispensable para el Ejército porque lo provee de un propósito común y una
unidad de esfuerzo; sin la existencia de dicha doctrina, no podría existir un plan de empleo ni un
plan de desarrollo de la Institución con una unidad de propósito. Además de conocer la doctrina
institucional, se deben aplicar sus normas y principios en la planificación, programación y
evaluación de la I/E, tanto en las etapas individuales como colectivas de sus combatientes y
unidades, ya que una eficiente ejecución del SIE permitirá obtener un resultado que concrete los
conceptos de alistamiento y eficiencia operacional, disuasión, potencial de paz y potencial de
guerra del Ejército.
El Ejército de Chile orienta su organización, planificación, preparación y capacidades al
desarrollo de una fuerza terrestre eficiente, suficiente y sustentable para cumplir eficazmente
sus misiones en el ámbito de la disuasión, de la cooperación y del conflicto.
El logro de un mayor grado de alistamiento y eficiencia operacional para la guerra significa el
poder cumplir con eficiencia las misiones operativas que se le asignen y, además, ser empleado
eficientemente en otras misiones distintas a la guerra.
El proceso de I/E, como actividad permanente, es el medio por el cual la Institución debe
aumentar y mantener la capacidad y eficiencia de combate de sus combatientes, y un alto nivel
de alistamiento y eficiencia operacional de sus unidades; como un todo, corresponde a la
actividad individual y colectiva más importante del Ejército en tiempo de paz.
La I/E es una función propia del mando. La responsabilidad final por el nivel de I/E logrado por
los combatientes en lo individual y por su unidad en lo colectivo es del comandante de la unidad.
Los comandantes deben buscar que las competencias sean logradas de acuerdo con los
estándares exigidos en la doctrina operacional, situación que debe ser evaluada, certificada o
acreditada de manera formal y sistemática para comandantes subordinados, soldados y
unidades por todos los niveles de mando, según las responsabilidades que establece el SIE.
La I/E debe analizarse como un sistema integrado y dependiente, y desarrollarse desde la
instrucción individual de los combatientes hasta el entrenamiento colectivo de las unidades, de
manera progresiva y continua, y debe corresponder a las necesidades de los combatientes y/o
los requerimientos de la unidad.
Una eficiente planificación, programación, ejecución y evaluación de la I/E permite, en gran
medida, que una unidad pueda cumplir su misión durante la guerra en forma exitosa; por ello, el
propósito de la instrucción es lograr inicialmente que los combatientes adquieran y acrediten sus
competencias como combatientes individuales (FFICI), y adquieran su OME (FFCOME), que el
personal militar profesional de planta que no posee misión operativa mantenga y evidencie
(certifique), las habilidades básicas de combate (HBCs), y luego se entrenen, evalúen y
certifiquen las HGs derivadas de las TEMs de la unidad en razón a su misión operativa
específica de cada combatiente profesional de la Fuerza Terrestre.
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1.3 COMPETENCIAS DE COMBATE Y ESTANDARIZACIÓN
La instrucción militar y el entrenamiento son las actividades más importantes del Ejército en
tiempo de paz. Ellas son las que permitirán que una unidad pueda cumplir su misión durante la
guerra. Por ello, el propósito de la instrucción y el entrenamiento es preparar combatientes,
equipos humanos y Us para el desempeño eficiente de sus funciones.
El cumplimiento de lo anterior, en lo que respecta al personal de la Institución, reviste especiales
características, considerando las capacidades que deben tener las Us que se integrarán con este
personal, a las que se les exigirá el máximo de eficiencia y eficacia en el cumplimiento de las
complejas misiones que se deben cumplir.
En consecuencia, estas misiones demandarán de ellas el máximo de sacrificio, donde el factor
humano constituye el eje de esta potencia de combate. Es así, que la instrucción sistemática y
permanente de cada uno de sus hombres constituye el eje central que debe guiar la instrucción
que permita lograr los objetivos impuestos en tiempo de paz y las misiones encomendadas en
tiempo de guerra.
En este sentido, se hace necesario incorporar estándares de combate que permitan lograr los
objetivos impuestos en tiempo de paz y las misiones encomendadas en tiempo de guerra. Se
hace necesario, además, incorporar estándares de combate que permitan mantener un nivel
básico de eficiencia permanente por sobre la especialidad u OME, contando a su vez con un
factor de medición también permanente de la capacidad de combate individual de los
combatientes.
El estándar constituye una norma o patrón de medida; además, de un procedimiento que procura
el logro de ciertas capacidades individuales, bajo medidas que oscilan entre un criterio de
desempeño mínimo exigible a un criterio máximo deseable.
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Observada esta necesidad, se levantaron las denominadas habilidades básicas de combate y
habilidades guerreras comunes para la fuerza terrestre, basadas en sistemas similares
actualmente en uso en otros ejércitos occidentales, adecuadas a las características particulares
de la realidad nacional, considerando diferentes factores, los que fueron convenientemente
analizados para llegar a definir finalmente cada una de las pruebas, las condiciones y los niveles
de exigencia.
Las habilidades básicas de combate definidas para los integrantes profesionales del Ejército son
las destrezas que materializan la capacidad de desempeñarse en una acción de combate,
compleja e incierta, produciendo el mayor daño posible al enemigo. Sin embargo, representan
una parte de los conocimientos y habilidades que todo combatiente profesional debe poseer como
combatiente individual. No representan algo nuevo en el actual hacer de la profesión militar, no
obstante, resulta imprescindible mantener las competencias asociadas a dichas tareas, vigentes y
actualizadas, en concordancia con el requerimiento de operacionalidad que debe cumplir todo
personal militar “profesional”.
Las habilidades guerreras propuestas para los integrantes profesionales de la Fuerza Terrestre
(oficiales, cuadro permanente y SLTs), corresponden a aquellas competencias individuales
específicas y asociadas a las TEMs, que le permiten a un combatiente acreditar su condición de
integrante de una unidad de la fuerza terrestre; esto quiere decir que cuenta con las
competencias individuales comunes y singulares para cada unidad, según la TEM definida y en
función de la misión asignada; son habilidades que se deben entrenar individualmente para
hacer posible la eficiencia de la unidad en forma colectiva.
No obstante lo anterior, las HGs constituyen tan solo una representación genérica de las tareas
(conocimientos y habilidades), que todo combatiente profesional debe poseer para el
cumplimiento de su misión operativa específica en una realidad y lugar de desempeño
determinado.
Las HGs genéricas representan una selección de tareas de desempeño de primer orden, es decir,
constituyen los desempeños esperados (estándares mínimos y máximos), para el cumplimiento
de una misión específica en el contexto de un escenario posible y real.
Las HBCs, así como las HGCs, constituyen un conjunto identificable y evaluable de
capacidades técnicas individuales, capaces de prever desempeños satisfactorios en situaciones
asociadas al ámbito de aplicación, de acuerdo con los estándares establecidos y comunes para
todos los combatientes encuadrados por TD o TOE, ya sea para el Ejército Institución o la Fuerza
Terrestre y que están en una lista de dotación de guerra, sin distinción de género, edad o grado.
El mantenimiento y actualización de dichas habilidades permitirá a los combatientes cumplir
primero con las actividades de combate básicas para desplazarse, emplear el arma y sobrevivir
en el campo de batalla, y posteriormente, con las misiones asignadas en áreas como las
telecomunicaciones, transporte, orientación, primeros auxilios, marcha, técnicas de combate,
técnicas de montaña, tiro y adoctrinamiento.
El entrenamiento permanente de las HGs pretende mantener e incrementar las competencias
individuales específicas como integrante de una unidad por medio de acciones realistas,
relevantes, dinámicas, fundamentalmente orientada al logro de la misión.
Para llegar a un nivel óptimo de instrucción del combatiente, se requiere de un proceso que
permita lograr un nivel adecuado de eficiencia y eficacia, sin importar el grado, arma y/o
especialidad. Para el cumplimiento de lo anterior, se ha diseñado un sistema de instrucción
denominado “Instrucción de habilidades básicas de combate y habilidades guerreras comunes”, el
cual incorpora los estándares de desempeño que le aseguren a la Institución, mediante un
modelo de evaluación y certificación, la evidencia objetiva de la posesión permanente y
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actualizada de las competencias esenciales inherentes a todo combatiente, todo lo cual se
fundamenta en el desarrollo de una instrucción sistemática de cada uno de los hombres y mujeres
del Ejército, que están en condiciones de integrar listas de dotaciones de guerra (LDGs) para la
movilización.
La capacidad física de todo integrante de la Institución es de responsabilidad individual y se
refleja en las pruebas de suficiencia física, que son un requisito previo a la instrucción, evaluación
y certificación de las habilidades básicas de combate y habilidades guerreras comunes. Por tanto,
previo a la certificación, debe darse cumplimiento a lo dispuesto en la cartilla “Pruebas de
Suficiencia Física”.
Por ello, todo integrante del Ejército deberá considerar que el mantener en forma constante una
adecuada condición y aptitud física es vital en su preparación y desempeño profesional, por
consiguiente, cada miembro de la Institución, independiente de su género, grado o función, debe
dar prioridad al mantenimiento e incremento de su rendimiento físico. De esta forma, podrá
mantenerse permanentemente apto para responder con éxito a las exigencias propias de la
profesión militar en los diferentes escenarios y ambientes, tanto en el territorio nacional como
extranjero, donde le corresponda desempeñar sus funciones profesionales.
La autopreparación, instrucción y entrenamiento de las habilidades guerreras debe desarrollarse
durante los períodos de instrucción y entrenamiento, siendo la fase del PEC de “Capacitación y
especialización de comandantes”, el momento definido para la evaluación de las HGs
seleccionadas.
Las destrezas para el combate podrán ser desarrolladas materializando las TEMs y HGs, de
acuerdo con las condiciones de ejecución y requisitos por alcanzar fijados para cada una de
ellas (incorporando las experiencias de combate o de empleo); además, se deben integrar las
condiciones ambientales del combate, tales como bajas de comandantes, visibilidad limitada,
degradación de las comunicaciones, inteligencia incompleta, reglas de enfrentamiento y/o
variaciones extremas de las condiciones atmosféricas; se debe incorporar también la actividad
de una fuerza enemiga (OPFOR), y la materialización de las acciones propias de los apoyos al
combate (logísticas), tales como apoyo de fuego, trabajos para movilidad y contramovilidad de
las unidades (obstáculos), abastecimientos, evacuaciones, trato de prisioneros de guerra, entre
otros.
Para llegar a un nivel óptimo de entrenamiento del combatiente, se requiere de un proceso que
permita lograr un nivel adecuado de eficiencia y eficacia, para lo cual debe ser evaluado
individualmente en las tareas asociadas a su desempeño por cargo y en razón a los estándares
definidos para tales desempeños durante la fase de capacitación de comandantes y,
posteriormente, debe ser certificado por el equipo de evaluadores en los ejercicios colectivos de
la fase de entrenamiento de las armas, servicios y especialidades y fase de entrenamiento
interarmas.
El entrenamiento busca que las unidades alcancen un nivel de alistamiento y eficiencia
operacional óptimo, de acuerdo con los estándares que exige el cumplimiento de las TEMs,
según el tipo de unidad.
El propósito general del SIE involucra la planificación, programación, ejecución, y evaluación de
las actividades o ejercicios de I/E en forma realista y exigente, con el objeto de someter a los
combatientes y unidades a situaciones ambientadas bajo condiciones similares a la realidad del
combate.
La finalidad de este proceso es orientar a los comandantes para que entrenen principalmente
aquellas TEMs que son absolutamente necesarias para la misión y que la unidad no mantiene
su vigencia (período establecido para las TEMs), de acuerdo con las evaluaciones anteriores.
Además de la misión, la que puede ser asignada o deducida según el tipo de unidad, el
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comandante debe integrar otros factores en el proceso de análisis del entrenamiento (METTTC), con el propósito de definir las TEMs colectivas y las HGs individuales asociadas a cada
TEM y que debe entrenar su unidad dentro del período disponible (previo al inicio del
cumplimiento de la misión asignada), donde los comandantes de los diferentes grados y los
combatientes en general logren entrenar orientados por la máxima de “saber combatir” para
enfrentar con eficiencia los desafíos de un eventual campo de batalla, no uno cualquiera, sino el
que por planificación de guerra le podrá corresponder.
Luego de establecer las tareas definitivas (TEMs prioritarias y secundarias), que serán
entrenadas por la unidad en la LTEM, surgen naturalmente algunas tareas individuales que
están asociadas a cada TEM y que se conocen como HGs.
Los comandantes deben analizar y decidir las TEMs y las HGs que debe entrenar su unidad,
integrando en el proceso de análisis toda su experiencia e iniciativa para lograr el mejor
resultado con los medios puestos a su disposición. En este proceso debe integrar, además, la
experiencia de todo el personal de instructores de su unidad, validando la especialización y la
permanencia en dicha unidad. Existen factores geográficos, ambientales y específicos en
algunas unidades, que no están claramente señalados en los documentos o informes, sin
embargo, están presentes en la experiencia del personal de la unidad. Esta integración es parte
del mando que debe ejercer un comandante y es parte, también, del proceso natural que tienen
las unidades para madurar el necesario trabajo en equipo.
1.4 LA EVALUACIÓN COMO PROCESO
El proceso de evaluación de la instrucción y el entrenamiento debe ser sistemático y
permanente, orientado a identificar, recoger, analizar e interpretar la información para determinar
la medida en la cual se han recibido y asimilado los temas de instrucción por parte de cada
combatiente, es decir, es el mecanismo interno de control que disponen las unidades para
orientar el proceso de instrucción y entrenamiento tanto en lo individual como en lo colectivo. La
gestión de la evaluación es inminentemente de carácter interno, discrecional, debiendo
responder tanto en cantidad como en el tipo de tareas seleccionadas al criterio de pertinencia
asignado como misión y área geográfica.
La finalidad o propósito de la evaluación de las competencias de combate es determinar el nivel
de desempeño que poseen todos y cada uno de los integrantes de las filas del Ejército,
constituye la base fundamental para toma de decisiones.
La evaluación de las competencias de combate se concibe como un proceso de recolección de
información sistemática de evidencias sobre las cuales se pretende determinar el mérito de las
competencias del combatiente para favorecer su desarrollo y eficiencia de combate.
El modelo de evaluación institucional establece sus criterios en virtud de los estándares de
preparación, los que, a su vez, se fundamentan en la reglamentación vigente; todo lo cual define
la doctrina de la instrucción y el entrenamiento, y tiene relación con la repetición, el
ordenamiento y la utilización de los conceptos, procedimientos y aptitudes que la Institución ha
determinado para la formación de las competencias de combate. La consecución de dichos
logros se relaciona con la persistencia del mismo, el apoyo del medio, la propia disposición y la
capacidad real de logro que posea el instruido.
Por otra parte, el enfoque individual precisa, necesariamente, relacionar la actuación de cada
instruido con la de un grupo normativo; en consecuencia, el modelo institucional relaciona el
logro individual bajo una evaluación referida a norma.
La función de la evaluación en este escenario es eminentemente comparativa, selectiva y
certificativa, sin dejar de lado la función formativa que toda evaluación de esta naturaleza debe
considerar.
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El establecimiento de estándares permite, en grupos humanos heterogéneos, encontrar
diferencias, medir aspectos específicos donde el logro individual determina, en gran medida, el
logro colectivo en una organización estructurada, jerarquizada y doctrinaria, y los resultados de
la evaluación permiten una interpretación y generalización amplia referida al total; por ello, el
modelo de evaluación exige instrumentos altamente válidos y confiables, objetivos, precisos y
útiles.
En la primera fase de implementación de campo (in situ) del modelo de evaluación, se han
considerado procedimientos de observación directa (listas de control), y procedimientos de
prueba (pruebas objetivas). La implementación y despliegue de la evaluación de las
competencias de combate precisa el establecimiento de una cultura evaluativa de base, que no
perciba dicha acción de manera desarticulada, parcial, esporádica, espontánea, cerrada, oculta,
subjetiva, ocasional, sino como un proceso integral, permanente, planificado, trascendente,
objetivo, perfectivo, sistemático, cooperativo, intencionado y valorativo.
El aseguramiento de la calidad de los instrumentos de evaluación de la instrucción y el
entrenamiento radica en la validación de constructo, mediante la definición de indicadores de
dominio y un diseño ajustado a los contenidos.
La validez instruccional corresponde a la gestión propia de cada unidad, se relaciona con la
planificación de la instrucción y el entrenamiento de la cual se desprende la planificación de la
evaluación. Ambas deben reflejar los objetivos planteados para cada período, esto de acuerdo
con la realidad de cada unidad.
La validez consecuencial se desprende de la calidad de lo planificado en relación con los
recursos, tiempos, actividades y lugares. Así también, se relaciona con el propósito de la
evaluación que, como ya se ha establecido, está orientado a mejorar el proceso de instrucción y
entrenamiento en cuanto a la adquisición de competencias del personal, su motivación y el
monitoreo del desarrollo de las actividades en terreno (función formativa), y la calificación
(función certificativa), junto al eventual informe a los mandos.
La confiabilidad de la evaluación se refiere a que los instrumentos utilizados midan realmente lo
que se pretende que midan en circunstancias y situaciones similares. Dicha confiabilidad va a
depender del tamaño de los grupos sobre los cuales se aplica, de la frecuencia de las
mediciones, de la precisión de la corrección y de la claridad de los reactivos. Los tres aspectos
antes mencionados son de responsabilidad de los instructores y sus correspondientes unidades.
1.4.1. AUTOEVALUACIÓN
La primera instancia evaluativa la constituye el propio militar, quien deberá autoevaluar sus
saberes y haceres, con la finalidad de llegar a la instancia siguiente (evaluación formativa), y a
la certificativa final en condiciones óptimas. Para tal efecto, la unidad deberá difundir y promover
las tareas y estándares institucionales correspondientes a dichas tareas, además de disponer de
una biblioteca de consulta con los textos doctrinarios que dicen relación con los contenidos
teóricos y procedimentales de las mismas.
1.4.2. EVALUACIÓN FORMATIVA
La evaluación formativa tiene por función acompañar el proceso de instrucción y entrenamiento
de las competencias de combate, por tanto, debe usarse como guía para la adquisición y
mantenimiento de las habilidades y destrezas requeridas.
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No constituye el estado final del evaluado, pudiendo repetirse hasta la adquisición de los niveles
esperados de desempeño, siempre que la unidad cuente con los medios materiales y el tiempo
requerido para la reinstrucción.
Gran parte de las tareas que definen las competencias de combate tienen relación con tareas
que se instruyen durante el período de especialización técnica; tareas que deben haber sido
instruidas en las escuelas matrices en los períodos de formación correspondientes.
La certificación de las competencias de combate constituye la instancia de evaluación de
producto. La función de la certificación es evidenciar que se poseen las competencias definidas
por la Institución para desenvolverse en un eventual escenario bélico.
La evaluación se ha construido sobre los estándares de desempeño establecidos por la
Institución; estándares que se sustentan en la reglamentación vigente y que constituyen la
exigencia mínima aceptable en la ejecución (estándar mínimo), hasta el desempeño máximo
esperado (estándar máximo).
Los instrumentos evaluativos (listas de control y pruebas teóricas), brindan la opción de
certificación mínima exigida, que adjudica calificación cuatro coma cero (4,0), en función a la
ejecución correcta de los indicadores que consideran el estándar mínimo. No obstante, el
evaluador designado por el comandante de la unidad dispone de la alternativa de certificar al
personal con una exigencia de desempeño que sobrepase el estándar mínimo esto en función
del desempeño autoimpuesto por los evaluados y de los objetivos dispuestos por el comandante
de la unidad como desempeño esperado del personal a su cargo.
1.4.3. EVALUACIÓN CERTIFICATIVA
Habiéndose realizado las etapas de evaluación de requisito, autoevaluación, instrucción,
entrenamiento y evaluación formativa (proceso), se deben certificar las tareas seleccionadas del
mapa funcional correspondiente.
Los parámetros de certificación son comunes para todos los profesionales de la planta
institucional, sin distinción de ningún tipo (género, edad, grado u otro).
1.5 DOCTRINA Y EVALUACIÓN
Es misión de la División Doctrina establecer los parámetros y estándares de instrucción y
entrenamiento de la fuerza terrestre, así como diseñar los métodos e instrumentos para su
evaluación, retroalimentando permanentemente los contenidos en función a los desempeños
obtenidos en la práctica real de las UACs de todo el país.
Esta labor se viene desarrollando desde el 2005, con el levantamiento de los estándares para el
combatiente individual (FFICI), con sus respectivas evaluaciones; trabajo realizado por militares
con la asesoría de expertos, técnicos y personal de apoyo externo.
Durante el 2006 y 2007 se concluyó la primera y segunda etapa programada del plan de gestión
de la instrucción con la entrega a las unidades del país del mapa funcional del combatiente
individual, el manual de adoctrinamiento, cartillas de OMEs y el programa informático SIEVI 2.0
(Sistema de Evaluación de la Instrucción).
Entre el 2008 y el 2010, se consolidó el desarrollo del plan con la entrega de gran parte de las
OMEs de la FT con sus respectivos mapas funcionales, cartillas y evaluaciones, además de
incorporar para toda la planta profesional militar de la Institución los estándares, la evaluación y
el modelo de certificación de las habilidades básicas de combate.
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Con la incorporación de la nueva doctrina se incrementó la necesidad de establecer estándares
para el entrenamiento de las unidades, material que se encuentra hoy a disposición de la FT con
sus correspondientes fichas de tareas para la evaluación.
El 2011 y 2012, luego de un profundo proceso de análisis, se levantaron las habilidades
guerreras comunes, en una cartilla que contiene los estándares y las orientaciones necesarias
para su aplicación en las Unidades.
El Sistema de Evaluación (SIEVI 4.0) ha sido diseñado con la finalidad de contribuir al
mejoramiento de los procesos de instrucción/entrenamiento y sus resultados. Considera la
tecnología computacional como un medio para mejorar la eficiencia de la gestión de la
instrucción y el entrenamiento, incorporando parámetros de medición o indicadores que permiten
demostrar el grado de cumplimiento de las tareas asignadas.
La evaluación de estándares permite conocer el nivel de las capacidades y competencias
demostradas por el personal en sus diferentes unidades de destino y entrega información a los
mandos respectivos para el control y la verificación de los estándares de eficiencia exigidos
individualmente para los integrantes de los CDOs, UACs, URs, UCs y UFs.
La evaluación es de responsabilidad de cada comandante y debe ser aplicada de acuerdo con
las disposiciones y requerimientos que la Institución ha validado.
1.6 SISTEMA DE EVALUACIÓN DE LA I/E (SIEVI 4.0)
El Sistema de Evaluación de la Instrucción y el Entrenamiento del Ejército de Chile es una
herramienta informática que llega a todas las unidades del país a través de la Intranet Ejército, a
la cual tienen acceso los distintos niveles de usuarios habilitados.
Los niveles de usuario corresponden a los puestos o cargos que ocupan determinadas personas
en la Institución según la orgánica de paz del Ejército.
El Sistema de Evaluación replica la estructura institucional asegurando que se mantenga un flujo
de información adecuado hacia todos los mandos que deban estar informados de los
desempeños de los combatientes y unidades en las tareas y misiones de combate asignadas.
El Sistema posee 5 niveles de usuario, desde el Comandante de Operaciones Terrestres hasta
los Comandantes de UFs. Cada uno de los cuales tiene distintos niveles de responsabilidad en lo
referido a la evaluación, análisis y toma de decisiones pertinentes a las competencias de
combate que el Sistema gestiona.
El objetivo del Sistema es la evaluación estandarizada del desempeño individual y grupal del
contingente ordinario y especial, la tropa profesional, el cuadro permanente y los oficiales en las
tareas de instrucción militar de combate y entrenamiento de las unidades e informar a los
respectivos mandos de los resultados obtenidos en cada fase y período de instrucción y
entrenamiento.
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RDIE - 20001, Reglamento de Instrucción Militar.
RDIE - 20002, Reglamento de Entrenamiento Militar.
MDIE-80005, Habilidades Básicas de Combate.
MDIE-80008, Habilidades Guerreras Comunes para la Fuerza Terrestre.
CDIE-80001, Pruebas de Suficiencia Física.
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