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El ejército cubano y la dinámica de la transición

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El ejército cubano y la dinámica de la transición
Esta publicación se hizo posible mediante el apoyo proporcionado por el Buró para
América Latina y el Caribe, de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional, bajo los términos del Fallo No. EDG-A-00-02-00007-00. Las opiniones
expresadas pertenecen al autor y no necesariamente reflejan el enfoque de la
Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.
El ejército cubano y la dinámica de la transición
por
Brian Latell*
*Al final del ensayo aparece una nota bibliográfica sobre el autor.
Resumen ejecutivo
Desde hace muchos años, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) han sido
la institución oficial más influyente, poderosa y competente de Cuba, y los
generales más destacados desempeñarán papeles cruciales en todos los escenarios de
sucesión concebibles.
Los generales, o bien ejercerán el mando de un nuevo régimen una vez que Fidel
Castro muera o quede incapacitado, o bien, al igual que los militares de los antiguos
países comunistas de Europa Oriental, se convertirán en cómplices voluntarios al
desaparecer el gobierno marxista. Es probable que la variante crítica sea el grado en que
la unidad institucional (el mando y control militar) se mantenga, a medida que se
desarrolle la transición. La integridad institucional se verá determinada por la cohesión, la
singularidad de objetivo, la profesionalidad, el apoyo popular y la moral del personal
uniformado, así como por las aptitudes políticas y de otra índole de los oficiales de más
alta jerarquía.
Se sabe que, en el pasado, la unidad de las fuerzas armadas solamente se ha visto
sometida a graves presiones en dos ocasiones, aunque las dos veces los hermanos Castro
lograron mantener su autoridad. No obstante, dos formas de transición podrían causar una
seria ruptura en la estructura de mando, lo que aumentaría considerablemente las
probabilidades de que se produjeran acontecimientos capaces de poner en peligro al
régimen. Si se produjeran actos de violencia popular en gran escala, la mayoría de los
observadores de las FAR consideran que muchos jefes de tropas se negarían a seguir
órdenes de desatar fuerzas letales contra los civiles. A esto seguiría el conflicto entre los
jefes y las unidades militares rivales.
En segundo lugar, si el Ministro de Defensa, Raúl Castro, falleciera antes que su
hermano, las tres líneas de sucesión más críticas quedarían abiertas de forma simultánea.
Los planes de transición podrían entonces volverse caóticos, más aun si Fidel Castro, que
ya tiene 76 años de edad, quedara seriamente incapacitado en ese momento. No obstante,
lo más probable sea que Raúl Castro ocupe el poder después de su hermano en sucesión
dinástica ordenada, con el respaldo de una cadena de mando militar unificada. Tanto él
como los generales de mayor relevancia mantendrían a ciertos civiles destacados en
determinados cargos de alta jerarquía dentro del gobierno y el Partido Comunista, pero el
régimen, básicamente, tendría un carácter pretoriano.
El derecho de sucesión del menor de los Castro tiene una base sólida, incluso
independientemente del control que ejerce en el monopolio de la fuerza coercitiva. Su
historial como el ministro de defensa que ha ocupado este cargo por más largo tiempo en
el mundo es impresionante, y su posición se ha visto reforzada en años recientes, al irse
convirtiendo las FAR en fuerza principal de la economía, mediante la administración de
un gran número de fábricas militares y empresas pretorianas que obtienen moneda
convertible para el régimen.
i
Sin embargo, es posible que estas perspectivas de transición pacífica bajo el
control militar estén comenzando a esfumarse. Es muy probable que los cambiantes
papeles y misiones de las FAR estén socavando su unidad y disciplina interna. Por lo
menos cuatro fisuras de corte transversal pudieran estar debilitando el mando y el control,
creando a la vez facciones entre los grupos de oficiales, tanto en sentido vertical como
horizontal.
Tensiones surgidas a partir del Caso Ochoa. Aparentemente, este general era el
admirador cubano de más alto rango de las reformas de Gorbachev en la Unión Soviética.
Su juicio y ejecución, orquestados por los hermanos Castro, provocaron animosidades
que aún perduran.
Tensiones generacionales. Al igual que en algunos países de Europa oriental
durante las transiciones poscomunistas, los oficiales más jóvenes pudieran emerger como
poderosa fuerza reformista. Los jóvenes oficiales liberales, insatisfechos con el control
que los generales partidarios del gobierno han ejercido durante décadas, pudieran exigir
cambios profundos tanto en el ejército como en el país.
Rivalidades entre generales. La unidad y la fraternidad que aparentemente existen
en las altas esferas militares pudieran no ser más que una ilusión. Es muy probable que
los tradicionales jefes de tropas y oficiales del estado mayor, incluyendo a los
administradores de empresas pretorianas, se hayan ido alienando progresivamente unos
de otros, ya que las misiones de las FAR han experimentado cambios y muchos oficiales
se han convertido en beneficiarios de actividades con fines de lucro.
Deterioro de la conducta profesional. Las empresas pretorianas son caldo de
cultivo fértil para la corrupción. Oficiales jubilados y en servicio activo que gozan de
privilegios políticos surgen como una nueva clase nueva comparativamente acomodada,
que está perdiendo aquel contacto estrecho con el pueblo que tradicionalmente
caracterizaba las relaciones civiles y militares.
Cualquiera que sea el rumbo que tome la transición, por lo menos algunos
elementos y líderes de las FAR sobrevivirán y desempeñarán papeles críticos, una vez
que uno de los hermanos Castro, o ambos, hayan muerto. En esa nueva etapa, poderosas
fuerzas exigirán que tanto el ejército como las misiones que éste desempeñe
experimenten cambios radicales. En términos generales, parecen ser pertinentes tres tipos
de cambios:
Reestructuración de fuerzas y misiones. Tanto las FAR como las grandes fuerzas
auxiliares de las mismas deberán ser sometidas a una considerable reducción de personal,
y algunas entidades deberán ser abolidas. Se deberán reducir de forma drástica los gastos
militares, las instalaciones y los inventarios de armamentos, y los sectores y empresas de
las FAR deberán ser privatizados.
Supeditación del ejército al control civil en un sistema democrático. La
designación de un ministro civil de defensa será un punto crítico en la transición. Los
papeles del comandante en jefe, ministro y jefe de estado tendrán que ser repartidos de
ii
acuerdo con la constitución. La escasez de civiles versados en cuestiones militares y
capacitados para supervisar prioridades y gastos militares constituirá un problema
preocupante, tal como lo ha sido en la mayoría de los países de Europa oriental después
de la caída del comunismo.
Internacionalización del ejército. Desde la desaparición de la Unión Soviética, las
FAR han tenido pocos contactos internacionales. Irónicamente, algunos de los más
sólidos han sido con Estados Unidos, incluyendo las conversaciones de alto nivel
sostenidas sobre la línea divisoria de la Base Naval de Guantánamo. Los futuros
gobiernos de Cuba podrían desempeñar papeles constructivos en el mantenimiento de la
paz, al unir fuerzas con las naciones democráticas en actividades de seguridad a nivel
regional e internacional.
iii
El ejército cubano y la dinámica de la transición
Introducción
Desde sus inicios en 1959, el ejército de Fidel Castro, las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR), han sido la única garantía realmente indispensable de su
régimen, así como la institución oficial más poderosa, influyente y competente de Cuba.
Los principales generales de las FAR, a las órdenes de Raúl Castro (quien ha ocupado el
cargo de ministro de defensa por largos años), desempeñarán papeles cruciales en todos
los casos concebibles de sucesión. Una vez que Fidel Castro muera o quede incapacitado,
los generales asumirán el control de un régimen de sucesión pretoriano o, como en el
caso de los ejércitos de los antiguos países comunistas de Europa Oriental, se convertirán
en cómplices voluntarios de la desaparición del marxismo. La variante crítica será el
grado en que la unidad institucional (el mando y control militar) se mantenga, a medida
que se vaya desarrollando la transición.
En años recientes, exhortados por Fidel Castro, los oficiales de más alta jerarquía
han estado preparándose abiertamente para asumir el control de la transición después de
su muerte. Por lo menos al principio, es probable que cuenten con el apoyo de la mayoría
dentro de la elite oficial del país, y que transfieran al nuevo régimen a cierto número de
civiles que actualmente ocupan altos puestos en el gobierno y en el Partido Comunista.
Estos últimos ayudarán a reforzar la legitimidad de un gobierno pretoriano a nivel
nacional e internacional, y algunos de los civiles ejercerán una influencia considerable,
especialmente en lo referente a cuestiones económicas y financieras. Sin embargo,
ningún dirigente de otra institución, incluyendo el partido, diversas entidades estatales y
gubernamentales o las organizaciones de masa, podría rivalizar con los jefes militares, ni
1
imponer políticas a las que se opusiera una dirigencia uniformada unida y disciplinada.
Hay una serie de factores que explican la supremacía del ejército:
•
El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) comenzó a
funcionar como la organización de vanguardia más confiable del régimen por lo
menos cinco años antes de que el Partido Comunista fuera creado en 1965. Unas dos
terceras partes de los miembros del Comité Central original del partido eran oficiales
del ejército o veteranos de la lucha guerrillera. Hoy día, Raúl Castro y otros cinco
generales prestan servicio en el Buró Político, compuesto de 23 miembros. A
diferencia de lo ocurrido en la mayoría de los demás países comunistas, el partido se
formó a partir de las fuerzas armadas, y jamás ha rivalizado con las mismas en
cuanto a influencia.
•
Desde 1989, año en que los servicios policiacos, de seguridad y de inteligencia
del Ministerio del Interior (MININT) quedaron bajo el control de las FAR, éstas han
ejercido un monopolio absoluto de fuerza coercitiva en la isla. Con un personal
militar regular cuyos integrantes se calculan entre 50,000 y 60,000, y otros miles en
el MININT, así como en las fuerzas auxiliares, de reserva y de milicia, el número de
cubanos que llevan uniforme sobrepasa los 2 millones.
•
Históricamente, los civiles, al igual que el personal uniformado, se han mostrado
orgullosos del récord de victorias militares alcanzadas por el país, tanto en el campo
de la defensa como en el de la agresión, desde la invasión de la Bahía de Cochinos,
en 1961, hasta los últimos años de la década de los 80, en los remotos campos del
Tercer Mundo. Un porcentaje considerable de la población ha participado en
servicios de índole militar.
2
•
Las FAR son más representativas del pueblo que cualquier otra institución
nacional de importancia. Durante más de cuatro décadas, ha sido el vehículo favorito
de los jóvenes de bajos recursos y de zonas rurales para ascender
socioeconómicamente. Se sabe de oficiales de alta jerarquía que han alcanzado esos
rangos a pesar de sus orígenes humildes, y que, tradicionalmente, la mayoría de estos
vivía de forma modesta, en estrecha relación con el pueblo.
•
A diferencia de otras instituciones de la isla, las fuerzas armadas han operado
durante más de cuatro décadas con un alto grado de continuidad, fraternidad e
integridad institucional, habiendo experimentado pocas depuraciones, deserciones y
revueltas internas, en comparación con las que frecuentemente han socavado las
instituciones civiles.
•
Desde mediados de los años 90, Fidel Castro ha encargado a las FAR la tarea de
administrar sectores críticos de la economía. Debido a ello, la influencia de éstas
sobre amplias esferas de la política ha aumentado de forma notable. Una fuente bien
informada al respecto (un ex oficial de inteligencia y relaciones exteriores de Cuba)
ha hecho hincapié en que las FAR ejercen “un centralismo abrumador en todas las
áreas relacionadas con la formulación de políticas económicas.”1
•
De manera similar, a mediados de los 90, un ex oficial soviético que conoce el
manejo de las FAR, hizo la observación de que, tras la desaparición de la Unión
Soviética, éstas han seguido disfrutando de un “estatus especial en Cuba”2. También
manifestó que las fuerzas armadas “aún eran consideradas por la mayoría de los
cubanos como defensoras de los intereses nacionales y pilar de estabilidad”.
3
Es cierto que, históricamente, ninguna otra organización de importancia disfrutaba
del respeto que se habían ganado las FAR entre el pueblo cubano. Sin embargo, los
cambios fundamentales ocurridos en años recientes en cuanto a misiones, estructura
y operaciones de las FAR parecen haber socavado la imagen anteriormente positiva
de la organización3. En el pasado, las FAR constituían la institución pública menos
afectada por la corrupción y la venalidad, la más comprometida con el ascenso
exclusivamente por mérito propio, y también la organización con gran número de
miembros mejor controlada de la isla. Sin embargo, para muchos cubanos (los
intelectuales, la creciente comunidad de disidentes, otros elementos no conformistas
y los jóvenes apolíticos), el respeto a las fuerzas armadas está matizado por un temor
genuino, basado en la realidad de todos conocida de que Fidel Castro considera al
ejército como su máximo defensor contra cualquier tipo de oposición o enemigo,
incluyendo a los civiles cubanos.
Durante el verano de 1994, crecieron los temores a un despliegue violento del
poder militar para eliminar a quienes se opusieran al régimen. En el mes de agosto de
ese año, tras serios disturbios de manifestantes contra el régimen que tuvieron lugar
en La Habana (durante los cuales resultaron muertos uno o dos policías y algunos
otros heridos), el gobierno amenazó públicamente con emplear la fuerza que fuera
necesaria para mantener el orden. En la prensa cubana se difundieron ampliamente
palabras de Raúl Castro por medio de las cuales advertía a “los enemigos de la
revolución” que no fueran a cometer errores. “Tenemos más que suficientes cañones
y otras cosas para defender a este país”4, señaló. Si sus palabras no hubieran estado
específicamente dirigidas a los disidentes cubanos, su intención fue esclarecida
4
varios días después. En un discurso transmitido durante el funeral de un policía,
Ulises Rosales del Toro, quien fuera jefe del estado mayor de las FAR en ese
momento, expresó: “Le advertimos a la quinta columna interna… que actuaremos
con firmeza5”.
Fueron desplegadas, en grandes números, fuerzas uniformadas y encubiertas del
Ministerio del Interior en los vecindarios de La Habana donde habían tenido lugar las
manifestaciones6 y, por primera vez en la historia de la revolución de Castro, sus fuerzas
armadas regulares fueron vinculadas directamente, a los ojos del público, con los temidos
servicios de seguridad y la posibilidad de represión brutal.
Características principales de las FAR
Las FAR han sido siempre la institución más importante en la Cuba
revolucionaria. Se forjaron partiendo de la victoriosa fuerza de la guerrilla de Fidel
Castro y muchos de sus altos oficiales son excombatientes de aquella lucha. Ellos, así
como los soldados regulares, han sido considerados como la esencia de las hazañas más
glorificadas de la revolución: los "soldados cívicos" que son los "portadores de la
tradición y la ideología revolucionarias"7. Por consiguiente, desde los primeros días del
régimen de Castro las relaciones entre civiles y militares han tenido menos altibajos que
en cualquier otro de los países de América Latina. A diferencia de casi todos ellos, en
Cuba, durante más de 43 años, nunca ha habido ni el más mínimo indicio de que se
tramara un golpe militar o una conspiración contra Castro, que siempre se las ha
arreglado para dar la impresión de ser simultáneamente un líder civil y un líder militar.
5
De manera similar, en los aspectos básicos las FAR difieren de las organizaciones
militares en los antiguos países comunistas de Europa Oriental. La población en general
y muchas veces la cúpula civil del Partido Comunista, desconfiaba de la mayor parte de
ellas y les temía. Un experto en sistemas comunistas ha comentado que "en el mejor de
los casos, la legitimidad popular de estas fuerzas armadas era limitada", y a diario se les
recordaba que no se confiaba plenamente en ellas".8 Las percepciones populares estaban
también influidas por la realidad de que estas organizaciones militares dependientes eran
los peones de la política y la estrategia soviéticas. En cambio, durante los 30 años
aproximadamente en que las FAR estuvieron recibiendo apoyo material masivo de la
Unión Soviética sus jefes conservaron completa autonomía operativa e interna. Cuba
nunca fue un integrante del Pacto de Varsovia ni se subordinó estratégicamente al Alto
Mando de las fuerzas armadas soviéticas. Las fuerzas armadas de los países de Europa
Oriental, por el contrario, nunca tuvieron departamentos de planificación estratégica y,
después del comunismo, no estaban preparadas para llevar a cabo una planificación
independiente de defensa ni siquiera para preparar sus propios presupuestos.9 En Cuba,
en cambio, los hermanos Castro por sí solos han planificado y llevado a cabo estrategia y
tácticas militares sin interferencia del exterior.
Tal vez lo que es más importante, a diferencia de algunas fuerzas militares de
Europa Oriental, las FAR nunca se han desplegado para sofocar protestas civiles. Incluso
en Polonia, donde el ejército era la institución más popular después del colapso del
comunismo – con unos grados de aprobación superiores al 75 por ciento – los polacos
recordaban cómo había sido usado por los dirigentes comunistas y sus jefes del Kremlin
para sofocar violentamente a la población civil.10 Las fuerzas militares rumanas, las
6
únicas que se unieron a una revuelta contra un régimen comunista, adquirieron nueva
legitimidad y popularidad como consecuencia de ello.11 Por el hecho de contar con el
apoyo popular, las fuerzas armadas polacas y rumanas tuvieron influencia política en los
años subsiguientes al colapso del comunismo, mientras que los militares en el resto de
Europa Oriental no la tuvieron.
Mando y control militares: la variable de la clave de la transición
La continuidad de la preeminencia de las FAR después de la muerte de Fidel
Castro dependerá, no obstante, de la capacidad de sus mandos para mantener unidad y
disciplina en una situación posiblemente volátil que estará evolucionando con rapidez.
Por consiguiente, la variante esencial en la transición, sean cuáles fueren las
circunstancias concretas relacionadas con la desaparición de Fidel Castro, será la
cohesión y fiabilidad del mando y control por parte de las fuerzas militares. La integridad
institucional, a su vez, estará determinada por la profesionalidad, el apoyo popular, la
disciplina, la moral, y la uniformidad de propósitos entre el personal uniformado, así
como por el liderazgo y habilidad política de su alto mando. Mientras los altos oficiales
conserven un alto sentido de identidad corporativa y no se desorganice gravemente la
estructura jerárquica, las fuerzas militares seguirán siendo la institución dominante en
Cuba después de Fidel Castro. Sin embargo, hay muchas razones para creer que la
cohesión militar se ha deteriorado considerablemente en los últimos años.
Se sabe que su unidad ha sido sometida a dura prueba solamente dos veces en el
pasado. En ambos casos los hermanos Castro consiguieron mantener el mando y el
control al igual que su propia autoridad. Durante el juicio de fines de 1959 del popular
7
comandante revolucionario Huber Matos, y 30 años después cuando el muchas veces
condecorado general Arnaldo Ochoa fue juzgado junto con otros y ejecutado, los
hermanos Castro actuaron con decisión para erradicar los principios de desafío político
contra su autoridad. En ambos casos se conservó el mando y el control aun cuando se
provocó cierta animosidad entre la oficialidad de las fuerzas armadas y en otras áreas de
la elite gobernante. Probablemente la moral y el profesionalismo todavía sufren los
efectos de las tensiones causadas por el caso Ochoa. En la última década, más o menos,
otras fallas graves que se exponen a continuación probablemente han empeorado,
minando de paso la integridad institucional.
Además, cualquiera de las dos hipótesis de transición expuestas a continuación
probablemente tendría efectos desastrosos sobre las FAR. Si ocurriera cualquiera de ellas,
aumentarían enormemente las probabilidades de una inestabilidad generalizada en la isla
que posiblemente llevaría al colapso del régimen comunista.
Levantamiento Popular
En caso de que se desatara una violencia popular que amenazara el régimen,
muchos observadores de las FAR creen que, por lo menos algunos de los altos mandos -como hicieron sus equivalentes en las fuerzas armadas de Europa Oriental cuando los
regímenes comunistas se derrumbaban -- se negarían a usar fuerza mortífera para
restaurar el orden.12 Por consiguiente, los oficiales recalcitrantes se convertirían en
cómplices voluntarios de la posible extinción de la revolución de Fidel Castro. Nunca se
ha sabido que sus fuerzas armadas hayan abierto fuego contra civiles desarmados y, con
8
la probable excepción de algunas unidades especiales, concretamente la Reserva del alto
mando de Castro, aparentemente el personal no ha sido entrenado para hacerlo.
La mayoría de las personas que pertenecen tanto al pequeño número de oficiales
de las FAR y de los servicios secretos que han desertado, como los estudiosos que han
analizado las fuerzas armadas creen que la institución empezaría a resquebrajarse si se
ordenara a las tropas regulares que dispararan contra la población civil. Una de las
consecuencias podría ser un conflicto entre unidades militares rivales y sus mandos y, en
el peor de los casos, una violencia generalizada que provocaría la petición de una
intervención internacional o de misiones para mantener la paz en la isla. El ex oficial
cubano del servicio secreto y funcionario de asuntos exteriores citado anteriormente, que
está familiarizado con los más altos oficiales militares, cree que “una política de
represión total sería... el punto de ruptura de la unidad, la cohesión y la estabilidad
internas, lo que conduciría directamente a una guerra civil”.13
Raúl Castro muere antes que su hermano
Un segundo acontecimiento -- uno que en estos momentos es impredecible -podría enfrentar también a los militares entre sí. Raúl Castro es ahora simultáneamente el
único general cubano de cuatro estrellas, Ministro de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias, Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y Segundo Secretario del
Partido Comunista. La opinión generalizada es que, a una edad de 71 años, bebe en
exceso y se rumora que tiene graves problemas de salud. En caso de morir antes que su
hermano, las tres líneas de sucesión más esenciales del país se abrirían simultáneamente.
9
Fidel Castro, de salud delicada y habiendo cumplido 76 años a mediados de
agosto del 2002, decidiría por sí solo como cubrir estos puestos. Estaría bajo una enorme
presión, sin embargo, ya que nunca ha tomado en cuenta ningún otro sucesor que no sea
su hermano. Es poco probable que eligiera a la misma persona como ministro de defensa
y a la vez como su sucesor en el partido y en el gobierno. Los rivales ansiosos de
ascender en estas líneas de sucesión se disputarían ser los elegidos y probablemente se
enfrentarían entre sí. Naturalmente, Castro podría dejar vacante uno de los cargos o los
dos, el del partido y el del gobierno, dejando sin resolver la sucesión civil, pero tendría
que elegir rápidamente a un nuevo ministro de defensa con el fin de preservar una clara
línea de mando militar. Esta tampoco sería una decisión fácil. Raúl Castro no tiene un
sucesor evidente entre los generales de dos estrellas (División) y de tres estrellas
(Unidad), por lo que la elección del próximo ministro de defensa sería, probablemente,
divisiva.
Un observador extranjero que entrevistó a oficiales en la isla a mediados de la
década de los 90 acerca de las fuerzas armadas "no encontró unanimidad sobre quién es
el general más destacado".14 El General de Unidad Abelardo Colomé Ibarra es el general
de tres estrellas que lleva más tiempo de servicio y es el asociado más cercano de Raúl
Castro desde fines de la década de los 50. Ha sido Ministro del Interior desde 1989, pero
sus críticos creen que el duro y taciturno Colomé, si bien es idóneo para su cargo actual,
carecería de las aptitudes públicas y políticas necesarias para manejar las fuerzas armadas
o para estar al mando de la transición en ausencia de los hermanos Castro. A principios
del 2001 se anunciaron los ascensos de otros cinco generales al rango de tres estrellas:
Julio Casas Regueiro, Primer Viceministro del MINFAR; Alvaro López Miera, Jefe de la
10
Plana Mayor; y los comandantes de tres ejércitos regionales. También con frecuencia se
menciona a otros dos como que ostentan el rango de tres estrellas: Ulises Rosales del
Toro, antiguo Jefe de la Plana Mayor y ahora a cargo de la industria azucarera; y
Rigoberto García Fernández, jefe del Ejército Juvenil de Trabajo.
Se sabe muy poco acerca de estos hombres, por lo que es imposible predecir cuál
de ellos podría ser el más probable sucesor de Raúl Castro. (Abajo se comentan las
tensiones y divisiones entre ellos.) Si el Castro más joven muriera antes que su hermano,
la planificación de la transición se convertiría en algo caótico, más aún si la salud de
Fidel Castro se hubiera deteriorado todavía más para entonces.
La hipótesis más probable de la sucesión
La hipótesis de transición aparentemente más probable es, sin embargo, la de que
Raúl Castro seguirá a su hermano en una sucesión dinástica ordenada con el respaldo de
una escala de mando militar uniforme. Con el apoyo de Fidel Castro, su hermano y los
oficiales de mayor rango que han estado muy unidos a él desde hace mucho tiempo, se
han estado preparando para gobernar por derecho propio. El derecho del Castro más
joven a la sucesión es muy fuerte, con independencia del control de las fuerzas armadas
sobre el monopolio del poder represivo en la isla. Su posición como heredero se basa en
dos amplios tipos de legitimidad que pueden describirse como “conferido” y “ganado”.
Ambos han adquirido realce desde mediados de la década de los 70.
La legitimidad conferida a Raúl Castro proviene enteramente de los repetidos
pronunciamientos de su hermano, a lo largo de los años, sobre la sucesión. Por primera
vez fue designado heredero del poder en enero de 1959, pocas semanas después de la
11
victoria de la guerrilla, y desde entonces siempre ha sido el único centro de planificación
de la transición. Su lugar en la sucesión se ha repetido de forma reiterada durante los años
transcurridos y se ha ratificado periódicamente en los congresos del Partido Comunista y
en los cónclaves de alto nivel del poder del Estado. La línea de sucesión también está
codificada explícitamente en el Artículo 94 de la constitución de Cuba.15 No se sabe de
ningún otro pretendiente que le haya discutido el puesto a Raúl Castro en la jerarquía o
que siquiera se haya percibido como su rival en potencia. Además, varios líderes
prominentes que se cree han competido con él en el pasado en materias de política o
doctrina perdieron cuando fueron destituidos por Fidel Castro.
Esta sucesión dinástica de hecho siempre se ha prestado a críticas en el extranjero
y, asimismo, de forma encubierta, dentro de Cuba. Solamente las monarquías y algunos
de los sistemas políticos más brutales y cerrados del mundo han establecido sus
sucesiones de esta manera. Sin embargo, desde el punto de vista de Fidel Castro las
ventajas superan con mucho a las desventajas. Contando con el respaldo de su hermano
en la línea de sucesión, no ha tenido que preocuparse de maniobras por parte de otros
pretendientes, se ha garantizado la absoluta lealtad de su elegido y puede tener la máxima
esperanza posible de que el trabajo de toda su vida no se deshará totalmente después de
su muerte. Durante los primeros años de la revolución, el derecho de Raúl Castro a
ejercer el poder algún día por sus propios méritos procedía casi exclusivamente de la
decisión de su hermano. Gradualmente, en virtud de sus propios esfuerzos y logros, el
Castro más joven ha reforzado su posición en una multitud de maneras.
Empezó a "ganar" legitimidad por su propio derecho, cuando con sólo algo más
de veinte años, se desenvolvió de manera especialmente eficaz como comandante de su
12
propia columna guerrillera en 1958. En el año siguiente empezó a construir las fuerzas
armadas partiendo de las unidades guerrilleras heterogéneas que él y su hermano habían
comandado, la mayoría de cuyos integrantes eran analfabeta.16 Un número de sus
colaboradores más cercanos -- los llamados raulistas -- eran entonces sus subordinados y
han permanecido cercanos a él desde entonces, tanto personal como profesionalmente.17
Su influencia en el Partido Comunista se vio muy fortalecida a mediados de la década de
los 80 después del Tercer Congreso del Partido Comunista. Un número de raulistas (entre
ellos su esposa, Vilma Espín) fueron ascendidos a miembros del Politburó y del Comité
Central.18 La mayor parte de ellos siguen ejerciendo una influencia considerable en el
partido y en el gobierno así como en las fuerzas armadas, y por lo menos dos de los
familiares masculinos de Raúl Castro han alcanzado altos cargos. El poder de los
raulistas se acrecentó más aún a consecuencia del asunto Ochoa en 1989, cuando el
MININT pasó a estar bajo el control de las fuerzas armadas.
Los derechos de Raúl Castro como heredero se basan firmemente en su
impresionante historial como el ministro de defensa que lleva más tiempo en el cargo en
todo el mundo. Con pocas excepciones conocidas, se ha ganado el respeto y la lealtad de
sus subordinados y, evidentemente, tiene más inclinación que su hermano a delegar
autoridad y a mantener unas relaciones de trabajo de auténtica colaboración con su
personal de rango. Análogamente, se ha ganado el respeto de sus homólogos con los que
colaboró en los antiguos países comunistas y del Tercer Mundo. Su estilo perseverante,
su actitud por lo general reticente, su dominio de los detalles militares y capacidad para
dirigir y organizar han hecho que algunos se refieran a él como “el Prusiano.”19 Un ex
13
funcionario soviético que trabajó con sus homólogos cubanos ha descrito su "voluntad de
hierro" y su "capacidad para establecer y mantener una disciplina rígida”.20
También es consecuente con esta imagen el hecho de que es conocido por su
absoluta ausencia de carisma, su casi nula habilidad para conectar con las masas, y su
reputación de despiadado. Una encuesta llevada a cabo en 1998 y 1999 entre más de
1.000 emigrantes cubanos llegados recientemente reflejó que Raúl Castro era el menos
respetado de los 12 líderes cubanos de alto nivel que se mencionaban. Sólo el 2 por
ciento de los encuestados lo citó como una figura nacional respetada, e incluso quedó un
punto porcentual por debajo del General Colomé, su subordinado de confianza que
encabeza el Ministerio del Interior.21 Esta opinión del Castro más joven está, por lo
general, confirmada anécdoticamente por personas que han viajado a la isla, así como por
desertores y refugiados.22
No obstante, bajo su mando, las FAR han sido la Institución más estable y mejor
dirigida de Cuba. Es la única que ha experimentado un alto grado de continuidad en su
liderazgo, alta moral y profesionalidad. A lo largo de estas décadas sólo ha habido unas
pocas defecciones de altos oficiales23 y no hay síntomas de que se hayan tramado golpes,
de que haya habido descontento organizado o rebeliones por parte de oficiales jóvenes.
Las FAR son probablemente lo que más se aproxima a una verdadera meritocracia dentro
de las instituciones y organizaciones revolucionarias de Cuba. Los ascensos y puestos en
los escalones bajo y mediano del cuerpo de oficiales históricamente se han basado de una
manera abrumadora en el desempeño y los logros, en lugar de en los méritos políticos. Si
bien es indudable que hay excepciones importantes a esta regla -- y en los escalones más
altos es esencial la absoluta lealtad a los Castro -- ninguna otra institución se ha
14
mantenido tan aislada de los reconocidos caprichos y afición a microadministrar de Fidel
Castro como las FAR. Raúl Castro ha sido el único oficial de rango, militar o civil, a
quien se le han dejado las manos relativamente libres. Así pues, el crédito por los logros
de las FAR corresponde en su mayor parte a su habilidad de dirección y de liderazgo. Su
historial no tiene paralelo entre los ministros de defensa de ningún otro país de la
América Latina moderna.
La evolución de objetivos y doctrinas militares
El éxito de Raúl Castro se pone también en evidencia por la habilidad con que ha
guiado a las FAR a través de un número de importantes reorganizaciones y revisiones de
la doctrina operativa.24 Estructurada en sus orígenes casi exclusivamente como una fuerza
defensora de la nación, las fuerzas armadas fueron transformadas en la década de los 70.
Los oficiales cubanos, incluido Raúl Castro, recibieron extenso entrenamiento militar en
la Unión Soviética, convirtiéndose en expertos en la utilización de sistemas de
armamento soviético, incluyendo cazas MIG, submarinos, y todos tipos de artillería
sofisticada y otros equipos de defensa terrestre y aérea. Durante la mayor parte de los 30
años de la relación cubano-soviética Moscú suministró a las FAR -- prácticamente gratis
-- casi todos sus equipos, entrenamiento y suministros, por un valor aproximado anual de
mil millones de dólares. Destacado entre los más ardientes líderes pro-soviéticos en la
jerarquía, Raúl Castro era también el favorito de Moscú en la Habana.
A fines de los 70, las reservas preparadas para cualquier intervención extranjera y
los ejércitos regulares de tierra, mar y aire habían alcanzado una cifra que estaba entre los
175,000 y los 200,000 hombres; otros reservistas representaban unos efectivos de
175,000 a 200,000.25 El Ejército Juvenil de Trabajo, fundado en 1973 para funcionar
15
mayormente como una fuerza laboral agrícola bajo mando militar representaba efectivos
de otros 100,000 personas. Sigue funcionando hoy con un personal estimado entre los
50,000 y los 70,000 integrantes, según la estación del año.26 En años recientes, esta
fuerza ha operado más de 100 granjas, ha administrado huertos de cítricos (más
recientemente devueltos a la administración civil), y continúa produciendo grandes
cantidades de alimentos.
A fines de los 70, el personal uniformado de las FAR, en todas las categorías,
alcanzaba unos efectivos entre los 472,000 y los 510,000. En su punto más alto era la
mayor fuerza militar en América Latina y considerablemente superior a las de países del
tamaño de Cuba en cualquier lugar del mundo. Además, hombre por hombre, durante los
70 y los 80 posiblemente haya sido la mejor y más experimentada fuerza de combate de
cualquier nación pequeña, con la única excepción de Israel.
Durante la segunda mitad de los años 70, la doctrina militar evolucionó de un
enfoque en la defensa nacional a uno que enfatizaba claramente intervenciones
revolucionarias de tipo internacional en países del Tercer Mundo. En sus inicios, y sin
apoyo soviético de ningún tipo, Cuba desarrolló una tenue capacidad de proyección de
poder transcontinental, enviando con audacia decenas de miles de soldados a Angola
donde actuaron decisivamente en la consolidación de un régimen revolucionario marxista
en Luanda. Pocos años después, Fidel Castro persuadió al Kremlin para que se uniese a
Cuba en una gran intervención militar en apoyo de los líderes revolucionarios marxistas
de Etiopía, que en aquel momento estaban en guerra contra la vecina Somalia. De nuevo,
la gran fuerza expedicionaria cubana desempeñó el papel militar decisivo. A fines de los
70 y principios de los 80, el personal cubano militar y de seguridad desempeñó
16
importantes papeles de respaldo en Nicaragua. Misiones asesoras internacionalistas
ayudaron a regímenes de ideología afín y a grupos revolucionarios en muchos otros
países del Tercer Mundo. Entre ellos cabe destacar al país de África Occidental, GuineaBissau, una colonia portuguesa hasta 1974, donde comandos cubanos lucharon junto a
insurgentes nacionalistas hasta lograr la victoria.27
La estrategia militar cambió de nuevo de forma espectacular en 1980. No se
abandonó el internacionalismo -- hubo batallas de gran importancia en Angola inclusive a
fines de los años 80 -- pero no tuvo lugar ninguna nueva intervención notable. El cambio
esencial se produjo cuando Andropov, el Secretario General Soviético, informó a Raúl
Castro que la URSS no protegería a Cuba en caso de haber hostilidades con los Estados
Unidos. Se le dijo a Raúl Castro: “No podemos luchar en Cuba... ¿vamos a ir allá a que
nos partan la cara?”.28 La Habana respondió en mayo de 1980 creando una gran fuerza
nueva de defensa, las Milicias de Tropas Territoriales, bajo la nueva doctrina de la
“Guerra de Todo el Pueblo”. Si bien el ímpetu para todo este cambio tuvo lugar cuando
Jimmy Carter estaba todavía en la Casa Blanca, los líderes cubanos han tratado de culpar
de su decisión a la administración Reagan. Raúl Castro, por ejemplo, dio a entender,
incorrectamente, que las Milicias fueron creadas durante “el período más virulento de la
administración Reagan”.29
Para 1993, las Milicias se habían convertido en una fuerza irregular de 2 millones
de integrantes entrenados intermitentemente.30 Bajo el mando de las FAR su misión no ha
cambiado: proporcionar a las unidades regulares y de reserva de las FAR una capacidad
enorme en todo el país para practicar la guerra de guerrillas en caso de hostilidades
militares de importancia. Su función es la de proporcionar “apoyo táctico y logístico a las
17
fuerzas armadas regulares... y actuar como freno de cualquier posible agresión”.31 El
personal está entrenado y participa en ejercicios que ponen énfasis en la defensa mediante
guerrillas. Como elemento clave y muy costoso de la estrategia de la "Guerra de Todo el
Pueblo” estaba la construcción de grandes complejos subterráneos fortificados de túneles
y búnkers. Un general retirado del ejército de los Estados Unidos visitó uno en 1995.
Escribió que “casi una cuarta parte de la producción anual de concreto de Cuba y 20,000
hombres-año de esfuerzo fueron vertidos en hacer agujeros en la tierra”.32 Este énfasis en
autosuficiencia militar, sacrificio personal y movilización en masa para formar grandes
fuerzas irregulares de defensa, ha seguido siendo la base de la doctrina de defensa del
país en los años transcurridos desde la desaparición de la Unión Soviética.
Las FAR y el Perfeccionamiento de Dirección Empresarial
El empeoramiento de las relaciones con la URSS hizo que Raúl Castro introdujera
también en muchas empresas militares cubanas nuevas técnicas de administración y de
contabilidad inspiradas en el modelo occidental. A mediados de los 80 el llamado
Sistema de Perfeccionamiento Empresarial -- SPE) reemplazó a un sistema de
planificación y control que había sido utilizado desde que se introdujo bajo presión
soviética en los años 70. Para 1986, sin embargo, cuando Mikhail Gorbachev estaba en su
segundo año en el cargo, el viejo sistema “no era más que un cadáver”, según una fuente
bien informada que en aquel momento era un funcionario del gobierno cubano.33 Su
sustituto, el SPE, tenía tres objetivos primordiales:
1) fomentar una mayor autosuficiencia en las FAR y reducir su dependencia de
la URSS;
18
2) aumentar la eficiencia y la productividad en fábricas militares que fabricaban
uniformes, armas pequeñas y bienes de consumo (la Unión de Empresas
Militares -- UEM); y
3) crear un modelo que pudiera ser adoptado en otras áreas de la economía.
Establecer una gran fábrica militar fue el proyecto piloto del SPE, y un equipo de
oficiales de alto nivel cercanos a Raúl Castro -- dirigido por el entonces General de
División Julio Casas Regueiro -- estuvo a cargo del nuevo esfuerzo. Más de 230 fábricas
y empresas militares fueron incorporadas posteriormente al sistema SPE.34 Muchos
oficiales recibieron capacitación especial en el extranjero, muchas empresas adoptaron
nuevos procedimientos de contabilidad, se estimuló la descentralización y una mayor
competitividad y hubo reducciones de personal en algunas fábricas. Los funcionarios
cubanos insistieron en que el SPE no era el primer paso hacia una economía capitalista
sino un "método de dirección" cuyo propósito era hacer más eficientes y productivas las
empresas estatales.35
El SPE no representó la primera vez que el régimen de Castro asignaba a las
fuerzas militares un papel central y ejemplarizante en la producción económica. Durante
un esfuerzo por producir 10 millones de toneladas de azúcar, que empezó al principio de
los 60, y siguió durante la totalidad de los 70, el personal de las FAR había hecho un
despliegue a gran escala para contribuir en las labores de la agricultura. Los soldados
desempeñaron un papel de vanguardia conforme al espíritu del "soldado cívico" tanto en
lo referente a sus responsabilidades civiles como militares. Las FAR fueron retiradas
posteriormente de estas misiones, y, a medida que el SPE reemplazaba el anterior sistema
impuesto por los soviéticos, la dinámica interna de las FAR se convirtió en algo mucho
19
más complicado. El venerado soldado cívico tenía ahora un nuevo compañero: el
"soldado tecnócrata"”.36 Habiendo asumido los métodos capitalistas de negocios en
Europa y América Latina para obtener de la economía mayor productividad y eficacia,
sin duda los compromisos de estos soldado tecnócratas con las prioridades de igualdad
social de la revolución se han visto afectados.
Tanto las iniciativas del SPE como las de las Milicias de Tropas Territoriales
ayudaron a amortiguar el golpe cuando se derrumbó el bloque soviético y el presupuesto
de las FAR fue recortado a casi la mitad.37 Ninguno de ellos amortiguaba totalmente la
repentina pérdida de subsidios, pero probablemente contribuyeron a mantener la unión
entre los militares y a reforzar un espíritu de separatismo nacionalista durante los
amenazadores años de la era Gorbachev. Fidel Castro nunca dudó de que el glasnost y la
perestroika socavarían la estabilidad de la Unión Soviética y sus aliados marxistas.
Posiblemente haya sido esencial para Cuba el hecho de que cuando las tensiones con
Moscú estaban llegando a su punto máximo, los oficiales de las FAR ya habían sido
persuadidos de que eran apropiadas las afirmaciones de Castro sobre una mayor
independencia de la Unión Soviética. Para mediados de los años 80, si no antes, incluso
Raúl Castro se había desencantado de la Unión Soviética.38
No es de sorprenderse que después de 1990, cuando se retiró casi todo el personal
soviético se hiciera imprescindible otra reorganización básica y adaptación de la misión
de las FAR. El objetivo internacionalista de Cuba fue prácticamente abandonado,
quedando señalado su final con la retirada negociada de las tropas cubanas de Angola en
1991. En virtud de los gastos de guerra del Período Especial en Tiempo de Paz, los
presupuestos, equipo y personal militares tuvieron que reducirse radicalmente. Para 1996,
20
se había recortado el personal básico de las FAR en unos 100,000 integrantes,39 y desde
entonces el número de las tropas ha declinado todavía más. La mayor parte de la
capacidad militar, especialmente la aérea y naval, ha sido rebajada de forma drástica. El
general retirado del ejército de Estados Unidos que visitó Cuba en 1995 observó, por
ejemplo, que "es dudoso que más del 20% de los 150 aviones de caza de Cuba"
estuviesen en condiciones de volar.40 No obstante, quedó muy impresionado por la alta
moral del personal militar con el que se entrevistó, si bien recalca que no vio unidades de
caza.
Las Empresas Pretorianas de las FAR
Ya desencantado con la Unión Soviética, Raúl Castro parece haber quedado
traumatizado con el derrumbe de los regímenes comunistas de Europa oriental y los
sucesos de la Plaza Tiananmen en Pekín en 1989. Estos acontecimientos transformadores
solo constituían unos precedentes deplorables para Cuba y las FAR. Para Raúl Castro y
sus generales, estas eran experiencias que había que evitar a toda costa. En Europa
oriental las fuerzas armadas no hicieron nada para salvar a los regímenes comunistas y en
Rumanía en realidad ayudaron a derrocar el gobierno. Se puede decir, sin embargo, que
el extremo opuesto no fue mejor. El papel brutal que jugó el Ejército Popular Chino de
Liberación (PLA) cuando mató a un gran número de civiles que protestaban en favor de
la democracia contradecía las tradiciones y doctrinas infundidas en los mandos militares
cubanos. Desde el punto de vista de por lo menos algunos líderes militares, el sangriento
modelo chino no debe duplicarse jamás en Cuba, aun en el caso de que peligrara el
mismo régimen.
21
Los sucesos de la Plaza Tiananmen, por consiguiente, se convirtieron en “un
inquietante fantasma para todos y cada uno de los debates dentro de la clase política
cubana”.41 Se dice que Raúl Castro creía que cualquier crisis de esta índole debiera
evitarse calmando el descontento a través de un mejor desempeño económico.42 Se dice
que declaró en privado que él no asumiría la responsabilidad de “llevar los tanques a las
calles” y, en vez de ello, estaba decidido a encontrar formas pacíficas mediante las cuales
las fuerzas armadas fortalecieran y aseguraran la revolución cuando empeorara su crisis.43
Quería que las FAR asumieran un papel más importante en la economía, creando la
mayor parte del sustento de su propio personal y también ganando divisas fuertes que el
régimen necesitaba de forma desesperada. Aparentemente, los dogmáticos en la cúpula
adoptaron una posición de línea dura y, al principio, Fidel Castro los apoyó o se mantuvo
neutral en el debate que se estaba produciendo. Según informaron al menos dos fuentes, a
medida que se agravaba el problema, se produjeron agudas tensiones y serios choques
entre los hermanos Castro.44
Los peores temores de Raúl Castro pronto se convirtieron en realidad. Al tiempo
que la economía caía entre un 35 y un 50 por ciento después de la disolución de la URSS
brotaron los disturbios civiles más serios en la historia del gobierno de Castro. Se
desataron graves desórdenes, primero en Cojimar, un suburbio de la Habana, en julio de
1993, unos meses después en la ciudad de Regla, y finalmente en el centro de La Habana
en agosto de 1994. Estos “pequeños tiananmenses” obligaron a Fidel Castro a ponerse del
lado de su hermano en el debate acerca de cómo manejar el creciente descontento
popular. Castro había inspeccionado personalmente la escena de los disturbios en La
Habana y trató de calmar a los que protestaban mientras la policía y las fuerzas de
22
seguridad usaban medios no letales para contener la manifestación. Después otorgó a su
hermano y a las FAR considerable autoridad para empezar a extender los experimentos
del SPE más allá de las industrias propias de los militares.
Los conceptos de administración al estilo occidental y de mercado libre habían
sido los elementos básicos del SPE pero se informar que, a principios de los 90, Raúl
Castro se inclinaba más por los modelos chinos. En especial, atrajo su mira el éxito de las
PLA al empezar a administrar sus propias grandes empresas con fines de lucro que él
creía funcionarían bien en Cuba. Al final, esto fue aceptado por Fidel Castro, a pesar de
que sigue obstinadamente opuesto a casi todo lo demás en el modelo económico chino,
dinámicamente emprendedor y que funciona con un alto grado de libertad. A pesar de los
graves riesgos que estas nuevas responsabilidades suponían para la unidad y
profesionalidad de las fuerzas armadas, Castro permitió que las FAR las asumiera.
•
Él se daba cuenta de que, dando a los oficiales acceso a mayores ingresos y
niveles de vida, habría una mayor probabilidad de que le siguieran siendo
leales y, más adelante, comprometerse más aún con el régimen de su hermano.
•
A diferencia de los funcionarios civiles, los oficiales están sujetos a los rigores
de la disciplina militar, en el aspecto burocrático tienen que responder al alto
mando, y han demostrado su lealtad a través de años de servicio y, con
frecuencia, de privaciones.
•
Se le pueden conceder sinecuras bien remuneradas, a oficiales retirados o en
proceso de retirarse que contribuyan a asegurar su lealtad al régimen al mismo
tiempo que acaso se reduzcan los costos de las pensiones gubernamentales.
23
•
Castro temía que, de ser administradas por un personal civil, incluso unas
reformas descentralizadoras limitadas pronto excederían su capacidad de
controlarlas y al mismo tiempo originarían expectativas populares de cambios
mayores.
•
Está reacio a permitir que funcionarios civiles lideren los esfuerzos de reforma
económica, ya que podrían emerger como ejes de la oposició popular o hasta
organizada al régimen populares y, más adelante, como rivales de su hermano
en la sucesión.45
•
Se podía confiar más en oficiales raulistas para que ignoraran los valores y
tentaciones capitalistas incluso a medida que se adaptaran algunos
mecanismos de mercado en la administración económica.
•
Serían menos propensos, pensaba, a sucumbir a la corrupción o a desertar.
En el Quinto Congreso del Partido Comunista de octubre de 1997, la fuerzas
armadas aceptaron la adopción del SPE en toda la economía. Se dice que, en el transcurso
de dos años, aproximadamente 900 empresas (cerca del 30 por ciento del total nacional)
implementaban programas del SPE.46 Se considera que oficiales de las FAR de confianza
están ahora administrando el bulto de la economía.47
•
En la Unión de Empresas Militares están incluidas más de 230 fábricas y
firmas.
•
La industria del azúcar, históricamente la principal fuente de divisas
extranjeras, fue puesta en manos de uno de los hombres de más confianza de
Raúl Castro. El General Ulises Rosales del Toro, antiguo jefe del estado
mayor de las FAR y durante mucho tiempo miembro del Politburó, fue
24
nombrado zar del azúcar en 1997, como Ministro de la Industria del Azúcar.
Es tal vez el de mayor rango y prestigio de los muchos oficiales que han
estudiado administración de grandes empresas en Europa.48
•
Otros ministerios – Transportes y Puertos e Información, Tecnología, y
Comunicaciones, ambos esenciales para el desempeño económico – están bajo
el mando de oficiales de alto rango.
•
El grupo de empresas Gaviota ha evolucionado hasta convertirse en un gran
conglomerado de turismo integrado verticalmente, que administra, entre otros
negocios, hoteles, pequeñas líneas aéreas, servicios de helicóptero, tiendas
para turistas y agencias de alquiler de automóviles. Se dice que, en conjunto,
el grupo gana aproximadamente la cuarta parte de los ingresos de Cuba por
concepto del turismo.49 Al frente del grupo Gaviota está el General Luis Pérez
Rispide, ex jefe del complejo militar-industrial UEM.
•
Otra empresa administrada por las fuerzas armadas, CUBANACAN, maneja,
por lo menos, otras 10 actividades orientadas hacia el turismo.
•
El general de dos estrellas y miembro del Comité Central del Partido, Rogelio
Acevedo, está a cargo de la aviación civil.
•
Un coronel dirige Habaneros, S.A., la empresa responsable de la
comercialización internacional de puros y otros productos derivados del
tabaco.
•
Oficiales activos o retirados son también quienes administran un banco, el
Instituto Nacional de Reservas del Estado, el monopolio estatal de la industria
de la electrónica, zonas de procesamiento para la exportación, una entidad que
25
otorga concesiones y arrendamientos de tierras, y otros sectores clave de la
economía.
A medida que coroneles y generales se iban haciendo cargo de la jefatura de estas
actividades diversas, se hizo evidente que había surgido un tercer tipo de oficial: el
“soldado-empresario”.50 A diferencia del clásico soldado-cívico y del “soldado
tecnológico” que había generado el SPE que aplicaba técnicas de gerencia de Occidente
en compañías militares, los soldados empresarios se dedican a actividades con fines de
lucro que pueden lograr divisas fuertes para el régimen. Trabajan en compañías que son
propiedad del Estado pero administradas privadamente, en empresas mixtas, y en nuevos
proyectos que hacen negocios con inversionistas extranjeros y tratan con el mundo
capitalista.51
El gobierno cubano no ha dado datos fiables acerca de estos oficiales y las
empresas pretorianas que dirigen. Un estudio académico que se hace eco de informes de
medios de comunicación cubanos, indica que estas empresas producen “el 89 por ciento
de las exportaciones, el 59 por ciento de los ingresos por turismo, el 24 por ciento de los
ingresos de servicio productivo, el 60 por ciento de las transacciones al por mayor de
divisa fuerte, el 66 por ciento de ventas al por menor de divisas fuertes, y emplean al 20
por ciento de los trabajadores estatales”.52 No está claro si estas cifras incluyen el trabajo
en la agricultura por parte del Ejército Juvenil de Trabajo y de tropas regulares puestas a
trabajar también en los campos, pero sean cuales fueren las cifras exactas, no hay duda de
que las FAR generan una parte considerable, y al parecer creciente, de la producción
económica nacional.
26
El delegado de Raúl Castro, Primer Viceministro del MINFAR (General de
Cuerpo del Ejército y miembro del Politburó) Julio Casas Regueiro encabeza el gran
Grupo de Administración Empresarial GAESA, que tiene la responsabilidad general de
estas actividades. Un yerno de Raúl Castro, el Comandante Luís Alberto Rodríguez, es su
director ejecutivo.53 Ellos dirigen a una plana mayor de oficiales, muchos de ellos
aparentemente formados en Europa y América Latina, pero no existe evidencia de que
Casas haya estudiado en el extranjero métodos occidentales de administración de
empresas. En todo caso, su nombramiento para que supervisase estos programas parece
tener más relación con sus credenciales políticas que con sus aptitudes de administrador.
Casas tenía 22 años cuando se unió a las guerrillas de Raúl Castro en 1958, y ha sido uno
de sus asociados más cercanos y uno de los raulistas más poderosos del régimen durante
varias décadas.
Al igual que Raúl Castro y casi todos los hombres jóvenes que se le unieron en
esta etapa, lleva uniforme desde hace 43 años. Tiene una gran experiencia como oficial
de plana mayor, incluyendo los cargos que ha desempeñado desde 1969 como
viceministro de defensa de las FAR y como jefe de las fuerzas aéreas y de defensa aérea.
Muy pocas veces aparece en público y casi nunca se ha reunido en Cuba con visitantes
extranjeros. Indudablemente goza de la total confianza de su guía y maestro pero,
aparentemente, no es muy admirado, incluso dentro de las fuerzas armadas.
Prácticamente no se dispone de ninguna información fiable referente a las
empresas pretorianas. Se sabe muy poco de cómo funcionan, de cuán competentes y
exitosos puedan ser realmente como administradores y tecnócratas, cómo son retribuidos
por sus esfuerzos o hasta qué medida están en vigor los principios de auténtico mercado
27
libre. No hay datos confiables referentes al número de personas—tanto militares como
civiles—que han recibido capacitación especial en países democráticos de mercado libre
Ni siquiera se pueden encontrar estimaciones burdas de la cantidad de personas activas y
retiradas de las fuerzas armadas que participan en las empresas.
¿Se da también acceso, a oficiales jóvenes y de nivel intermedio, a la retribución
adicional que conlleva la administración de empresas? ¿Cuáles son los criterios que se
aplican para la asignación sinecuras a oficiales retirados o próximos a retirarse? ¿Qué
clase de pruebas políticas y de lealtad hay que superar para conseguir tales puestos? ¿Son
sinecuras permanentes o hay una rotación normal de entradas y salidas de los puestos de
administración sobre la base de sus capacidades y resultados? ¿Se despide a quienes no
dan la talla? Además, no está claro en qué medida colaboran los oficiales con tecnócratas
civiles que tienen responsabilidades en las áreas de finanzas, gerencia y producción. Todo
esto, naturalmente, forma parte del secretismo que siempre ha rodeado a casi todo lo que
tiene relación con las fuerzas armadas. Este secretismo difícilmente da a entender que
haya un nuevo modelo económico que va evolucionando hacia un tipo de empresa de
auténtico mercado libre o de una competencia meritocrática.
Empresas pretorianas y dinámica de la transición
Una fuente bien informada, citada aquí con frecuencia, es más optimista. Afirma
que la administración de la empresa pretoriana no tiene ninguna semejanza con el
enfoque de las FAR de “economía de mando” de los años 60 o con la administración
estilo prusiano.54 También sostiene que los nuevos empresarios militares están logrando
28
una “transparente rendición de cuentas” al tiempo que están satisfaciendo “las demandas
de los mercados y de los clientes”.
Sin embargo, la evidencia de tal afirmación no es muy sólida. De hecho, las
empresas pretorianas parecen funcionar, más que otra cosa, como monopolios protegidos,
concedidos a los favoritos del régimen con fines políticos y económicos. Solamente los
raulistas leales, aparentemente, cuentan con la suficiente confianza de los Castro para
tener acceso a actividades empresariales que dependen de capital extranjero. Sin duda el
régimen acepta, como parte del trato, que la mayoría de estos oficiales se involucre en
alguna forma discreta de malversación de bajo nivel para mejorar su estándar de vida.
Posiblemente exista también una especie de entendimiento de que ellos puedan apartar
unos ahorros como seguro personal contra la incertidumbre de la era post-Castro. Tal
convenio fáustico por parte del régimen puede producir importantes beneficios a corto
plazo pero, con el tiempo, es probable que socave la unidad y la profesionalidad dentro
de las fuerzas armadas y, por consiguiente, enturbie las perspectivas de una transición sin
sangre.
De hecho, evidencia recogida de varios lugares indica que las empresas
pretorianas son criaderos de corrupción. Se rumora abiertamente que el mismo General
Casas Regueiro, primer viceministro de defensa a cargo de estas actividades, es un
corrupto. Una fuente ha hecho la observación de que sobre él hay sospechas de
“corrupción a gran escala” y en Cuba se le considera un “déspota”.55 Otra fuente afirma
que el suyo es “el caso más obvio de corrupción descarada dentro de las fuerzas
armadas”.56 Hasta ahora, este aliado íntimo de Raúl Castro, de 66 años, ha disfrutado de
inmunidad. No ha ocurrido lo mismo con otros altos oficiales. El General Tomás Benítez,
29
ex jefe de Gaviota, fue despedido “por recibir comisiones de clientes extranjeros”, y dos
coroneles – el ministro y el viceministro de comercio interior – fueron depuestos en 1995
por fraude económico.57 El régimen ha decidido no convertir ninguna de estas
irregularidades en notorias causas públicas, como se hiciera con el enjuiciamiento de
Ochoa, ni tampoco usarlas para lanzar cruzadas públicas contra la corrupción en las
fuerzas armadas. Hacer una de estas cosas podría muy bien alterar el delicado equilibrio
entre cuánta corrupción es aceptable y qué clase de conducta no lo es.
Además, no hay evidencia clara de que los gerentes militares hayan tenido éxito
en aportar nueva eficiencia o productividad notable a sectores de la economía que están
en dificultades. Raúl Castro admitió, en mayo de 2001, que “el proceso de mejoramiento
de empresas en las FAR no había avanzado con el dinamismo que se esperaba".58 El
fundamental sector del azúcar, por ejemplo, ha seguido languideciendo bajo la
administración del General Rosales del Toro, uno de los oficiales de las FAR más
respetados y, acaso, el más destacado ejemplar del nuevo soldado-empresario. Desde que
se convirtió en zar, las zafras de azúcar se han mantenido invariablemente entre las más
bajas en los tiempos modernos.
Este año, el General Rosales por fin ha anunciado que cerraría un buen número de
ingenios azucareros – dejando sin empleo a muchos trabajadores – y que reduciría
considerablemente la tierra dedicada a la caña de azúcar, con el fin de fomentar mayor
eficiencia y otras alternativas de desarrollo. Esta decisión, no obstante, llegó demasiado
tarde, probablemente porque tuvo muchas dificultades para convencer a Fidel Castro y a
otros líderes de línea dura de que una manera tan cruda de cortar costos al estilo
capitalista estuviera justificada. Los administradores de empresas en otros sectores
30
probablemente se enfrentan con las mismas limitaciones al tratar de introducir eficiencias
del tipo de mercado libre en la economía regimentada de Cuba, si bien no hay evidencia
real de que otros estén tratando enérgicamente de hacerlo.
Como resultado, por consiguiente, la decisión sin riesgo político de colocar
oficiales raulistas de confianza al frente de empresas con fines de lucro, puede no estar
justificada desde el punto de vista económico. No se puede esperar que militares de
carrera, muchos de ellos con condecoraciones por servicio activo y limitado contacto
anterior con profesionales del mundo civil, trasciendan con facilidad las rigideces y los
prejuicios de su cultura burocrática. Parece que esto sería especialmente aplicable a Cuba
debido a la bien conocida aversión de Fidel Castro a cualquier descentralización
económica o descompresión política que pudiera asemejarse a los odiados glasnost y
perestroika, los cuales está convencido de que destruyeron la Unión Soviética.
Por lo tanto, la mayoría de los oficiales, incluyendo a los cercanos a Raúl Castro y
entrenados en el extranjero, lo pensarán dos veces antes de complicarse la vida con Fidel
Castro. Recuerdan muy bien lo que le ocurrió al General Ochoa. Comprenden que
mientras Castro ocupe el poder, deben funcionar dentro de una economía regimentada y
controlada centralmente en la que la implementación de las verdaderas innovaciones
conlleva un riesgo considerable. Saben también que, llegado el caso, ni siquiera Raúl
Castro podría protegerlos de las iras de su hermano.
Las contradicciones y peligros para ellos como individuos y para la
profesionalidad de las FAR son, por tanto, amedrentadores y, con toda seguridad,
también cada vez mayores. Si los oficiales a cargo de las empresas pretorianas no
consiguen generar ganancias económicas de consideración, o si de alguna manera cruzan
31
la confusa línea de lo que es permisible, pueden tener que rendir cuentas. Si, por el
contrario, su éxito es demasiado evidente o parecen vivir de manera muy extravagante,
pueden antagonizar a Fidel Castro. También se expondrían a la reacción negativa de sus
colegas de armas y de los civiles que no tienen un acceso similar a negocios de gran
escala con divisas fuertes. Por otra parte, burócratas civiles y otros profesionales ya
molestos, muchos de los cuales probablemente piensan que podrían administrar empresas
con mayor eficiencia y productividad, se sentirán todavía más alejados de las FAR.
Finalmente, y algo que es de gran importancia para la transición, las empresas
pretorianas probablemente están alimentando nuevas y amargas divisiones dentro de las
mismas FAR. Los oficiales raulistas, que cada vez más, constituyen una nueva clase
privilegiada en Cuba, pueden ser más y más menospreciados por oficiales menos
políticos, más tradicionales y profesionales, especialmente por aquellos que tienen mando
de tropas importantes. La unidad, disciplina, y profesionalidad de las FAR parecen, por
consiguiente, estar corriendo un riesgo cada vez mayor.
Cómo las fallas podrían afectar la transición
Si no se corrigen éstas y otro gran número de fallas que podrían desestabilizar a las FAR,
se irá erosionando progresivamente la integridad institucional y, por consiguiente, la
posibilidad de una transición pacífica. Desde su inicio, las fuerzas armadas han dado la
impresión de ser una organización monolítica; pero, en realidad, hay por lo menos cuatro
tipos básicos de fisuras que las atraviesan y que, aparentemente, están debilitando el
mando y el control y creando facciones de grupos de oficiales tanto vertical como
horizontalmente.59 La mayor parte de las divisiones se han producido desde 1989 y las
32
crisis del comunismo internacional. Probablemente se acentuarán en la transición post
Fidel Castro.
El asunto Ochoa
El general de dos estrellas Arnaldo Ochoa fue uno de los oficiales más
condecorados, populares y respetados que jamás hayan producido las FAR. A fines de los
años 50, siendo un adolescente, se unió a las guerrillas de Fidel Castro y participó en casi
todas las campañas militares importantes hasta que fue ejecutado en el verano de 1989 al
ser acusado de tráfico de drogas. Sin embargo, quienes han estudiado a fondo el caso,
coinciden hoy en la opinión de que los hermanos Castro llegaron a la conclusión de que
Ochoa representaba una grave amenaza para la hegemonía política de ellos puesto que se
sentía atraído por las reformas liberalizadoras que en aquellos momentos estaban
inundando los países comunistas. No fue pura coincidencia el hecho de que su
enjuiciamiento público en un discurso de Raúl Castro se produjera a los pocos días de la
matanza en la Plaza Tiananmen y cuando los regímenes comunistas en Europa Oriental
estaban empezando a desangrarse. Raúl Castro lo acusó de deslealtad y de estar
planeando su deserción; pero las imputaciones de tráfico de drogas fueron agregadas más
tarde. En realidad, Ochoa probablemente se había destacado como el admirador de las
reformas de Gorbachev en la Unión Soviética más influyente y de más alto rango. Los
hermanos Castro temían que en las FAR se estuviera formando una “generación
perestroika”.60
El prolongado juicio de Ochoa y la sentencia fueron advertencias brutales a
cualquier otro que pudiera sentirse tentado a cuestionar la autoridad de los Castro. Su
33
ejecución, junto con la de otros pocos, fue aprobada por un tribunal militar de honor
compuesto por más de 40 generales de alto rango – de hecho, implicando a todos ellos en
su muerte. Varios desertores que abandonaron Cuba más tarde, entre ellos oficiales de
medio rango de las FAR, han comentado que se alejaron irreversiblemente del régimen
debido a la forma maquiavélica con que trató al general. No hay duda de que muchos
otros que todavía están en servicio activo comparten esos sentimientos. Estos
antagonismos podrían brotar durante la transición, puesto que los admiradores de Ochoa
tratarían de vengarse de los oficiales a quienes ellos culpan de haberle traicionado
descaradamente. Raúl Castro sería el blanco más probable. La forma en que manejó la
crisis, unas veces con ineptitud y otras con crueldad, puede haber consolidado la
oposición por parte de oficiales todavía poderosos que solo están esperando su
oportunidad de desquitarse una vez que Fidel Castro haya desaparecido.
Raúl Castro también utilizó el asunto Ochoa para purgar completamente la
dirigencia del Ministerio del Interior y convertirlo en una agencia del MINFAR. El
general Colomé fue nombrado ministro al tiempo que tal vez cientos de oficiales de
carrera fueron despedidos. Algunos observadores extranjeros han llegado a la conclusión
de que en los doce años transcurridos desde la ejecución de Ochoa, las tensiones
desestabilizadoras que provocó se han amortiguado por el hecho de que miembros de la
“generación perestroika” reconocieron que las reformas de Gorbachev a fin de cuentas
sólo trajeron calamidades.61 Otros piensan que el hecho de injertar las funciones de
seguridad interior y policía del MININT en las fuerzas armadas presagia “consecuencias
potencialmente mortales para el régimen”.62 En un gran número de transiciones de
Europa Oriental, los ministerios del interior fueron las primeras instituciones del pasado
34
comunista que se reformaron o se disolvieron, generalmente bajo intensas presiones
populares. Por esto, la decisión del 1989 de Raúl Castro de vincular el MINFAR con el
MININT podría poner en riesgo el futuro de ambos.
Estrés Generacional
Fuera de Cuba se sabe muy poco de los movimientos que hay dentro de las FAR y
de las actitudes de su personal. En los medios de comunicación de Cuba muy pocas veces
se revela información acerca de los ascensos, nuevos destinos y jubilaciones de oficiales
de alto rango. Los sitios Web oficiales solamente dan datos superficiales en cuanto a los
asuntos de personal. No obstante, hay buenas razones para conjeturar que las tensiones
generacionales han empeorado en el transcurso de los últimos doce años. El reciente
ascenso de Álvaro López Miera – que se supone tiene entre cincuenta y cinco y sesenta
años – al rango de tres estrellas y para actuar como jefe del estado mayor tal vez refleje el
reconocimiento por parte de Raúl Castro de que hay que ascender a los oficiales de
confianza más jóvenes. Por lo menos una fuente bien informada indica, además, que un
buen número de coroneles relativamente jóvenes ha sido ascendido al rango de una
estrella.63
No obstante, muchos oficiales de la cúpula, entre ellos casi todos los generales de
alto rango, han pasado, con mucho, las edades de retiro que son normales en otros países.
El General de Unidad Rigoberto García, Jefe del Ejercito Juvenil de Trabajo, tiene
alrededor de setenta y cinco años. El zar del azúcar Rosales del Toro, Julio Casas,
Abelardo Colomé, y los comandantes de los tres ejércitos regionales tienen unas edades
comprendidas entre los 61 y los 66 años. Estos cuatro han ocupado los mismos cargos
35
desde 1989 ó 1990. Todos son elementos destacados de la generación revolucionaria
forjada en las campañas de la guerrilla a fines de los 50. Muchos otros pertenecientes a su
generación también tienen altos rangos y al ocupar dichos puestos han bloqueado el
progreso de oficiales más jóvenes. Después de su deserción, varios oficiales más jóvenes
han descrito las muchas razones de su alejamiento, incluyendo las nuevas misiones
humillantes de las FAR relativas a la agricultura, una estructura de mandos sobrecargada
en los altos niveles, la falta de espacio libre y de puestos interesantes, la reducción
drástica de las fuerzas armadas, y el empeoramiento de la corrupción en la institución.
Los oficiales más jóvenes podrían surgir como un elemento político impredecible
cuando empiece la transición, exactamente como ocurrió en varios países de Europa
Oriental. El descontento de los progresistas con el ritmo al cual se estaban llevando a
cabo tales reformas en esos países “condujo a la aparición espontánea de organizaciones,
por lo general compuestas de oficiales jóvenes, cuyo objetivo era el de actuar como
grupos de presión en favor de reformas más rápidas”.64 Tales organizaciones en Polonia,
Checoslovaquia, Rumanía, Hungría y Bulgaria trataban de implantar sus agendas de
reformas y, en el proceso, socavaban la cohesión de las fuerzas armadas. Tenían
diferentes trayectorias y grados de influencia, pero su aparición puso de manifiesto
“problemas de cohesión e indicaban una profunda división entre los oficiales jóvenes y
los de mayor rango y edad”.65 En Bulgaria, por ejemplo, después de una considerable
oposición, el alto mando de las fuerzas armadas aprobó la creación de una organización
independiente de oficiales – la Legión Rakovski de Oficiales – compuesta mayormente
por oficiales jóvenes.66 En Rumanía, “un gran número de oficiales de nivel básico y
medio… exigieron la purga de la mayor parte de los oficiales militares de mayor rango y
36
edad del país”.67 Estas dos últimas experiencias podrían repetirse fácilmente en Cuba a la
muerte de Fidel Castro.
Rivalidades y tensiones entre los oficiales senior
La aparente unidad y espíritu fraterno entre los altos niveles de la oficialidad,
probablemente no es más que una ilusión que oculta divisiones profundas y crecientes.
Casi no existe evidencia empírica en cuanto a sus actitudes y aspiraciones con respecto a
la Cuba de después de Fidel Castro, pero sus debilidades y la planificación sin disfraces
de la transición, por parte del régimen, con seguridad les ha hecho pensar en cuál será su
suerte, así como la de Cuba. Inevitablemente, tienen diferentes opiniones y prioridades
que se han ido formando según las experiencias de cada uno, en especial durante el
tumulto institucional de los últimos doce años, y éstas reducirán su capacidad para
trabajar juntos durante la transición. Es cierto que existen muchas animosidades
personales, que han ido empeorando durante años, las cuales podrían surgir durante la
transición y, sobre las bases de un análisis inductivo de las FAR, es razonable especular
que también hayan surgido intensas rivalidades y animosidades entre grupos.
Los comandantes tradicionales de tropas probablemente se han alejado de manera
gradual de los oficiales del alto mando raulista (incluyendo los directores de empresas
pretorianas). Un especialista académico cita evidencia basada en hechos anecdóticos para
llegar a la conclusión de que “hay mucho rencor, desconfianza y celos entre los
burócratas (raulistas) del MINFAR y los comandantes en el campo”.68 Argumenta que
los tres comandantes regionales del ejército – todos generales de unidad – deben su
lealtad principalmente a Fidel Castro y no a su hermano. Por la fuerza del gran número de
37
soldados y armas que tienen a su disposición, Leopoldo Cintra Frías (Ejercito
Occidental), Joaquín Quinta Solas (Ejército Central), y Ramón Espinosa Martín (Ejército
Oriental) manejan el mayor poder bruto. Estos generales, que han ocupado dichos puestos
desde el período 1989-90, no se cree que hayan estudiado administración de empresas en
el extranjero, que participen en la dirección de industrias o empresas, o que tengan fácil
acceso a cuentas en dólares. Tanto ellos como los oficiales de su plana mayor, y muchos
otros bajo su mando tienen, probablemente, un punto de vista más tradicional acerca del
papel de las FAR, al tiempo que resienten profundamente a los tecnócratas raulistas y a
los empresarios dolarizados. Estos comandantes de tropas, en especial Cintra Frias, que
tiene la base en el área de La Habana, podrían tener suficiente poder y autoridad para
hacer demandas y presionar durante una transición, inclusive a Raúl Castro. Estas
presiones serian difíciles de rechazar inclusive por el mismo Raúl.
Erosión de la Profesionalidad
Varios otros sucesos han venido erosionando la tradicional profesionalidad de las
FAR desde 1989. Un astuto observador ruso comentó en 1995 que los expertos rusos, por
lo general, tienen un “gran respeto por la dedicación y profesionalidad de la oficialidad y
la dirigencia militar”,69 pero añadió que la opinión de una minoría sostiene que, como
consecuencia de sus nueva reglas económicas, las fuerzas armadas “pueden estar en
rumbo del deterioro moral”. Toda la evidencia de lo que ha ocurrido desde entonces
indica que esta ha sido la principal tendencia. Las empresas pretorianas se han convertido
en campos de cultivo para la corrupción que socava inevitablemente la unidad y la
profesionalidad militar. Un experto académico comentó, por ejemplo, que determinados
38
gerentes en las empresas “tienen acceso a cuentas en dólares, ganan altos sueldos, y
reciben beneficios adicionales”. 70 Otros han observado que grandes extensiones de
tierras para uso agrícola han sido entregadas a militares que aparentemente se comportan
como propietarios virtuales. Además, los frecuentes cambios de objetivos y de doctrina
operativa desde 1980 han afectado, con toda seguridad, la moral y la disciplina. Sin lugar
a dudas, el mayor daño lo han hecho los cambios desde el colapso de la URSS por
haberse deteriorado de forma considerable los presupuestos, la fuerza laboral, la
preparación para entrar en acción y las tropas que han sido puestas a trabajar en los
campos.
En conclusión, la profesionalidad de las FAR se caracterizaba tradicionalmente
por su acercamiento a la población civil que, a su vez, tenía un gran respeto y admiración
por el personal militar. En este sentido las relaciones entre la población civil y las fuerzas
armadas eran muy distintas a las existentes en casi todos los países comunistas de Europa
Oriental, donde las fuerzas armadas contaban con muy poco o ningún respeto. Después
de que se derrumbaron los regímenes comunistas, los gobiernos que les sucedieron se
ocuparon de la reestructuración y subordinación de las fuerzas armadas. En la República
Checa, el sentimiento contra los militares era tan fuerte que un movimiento pacifista se
estrechó vínculos y ejerció presión para abolir las fuerzas armadas.71
No es probable que la población civil cubana llegue a tener, en algún momento
cercano, una opinión tan agresivamente negativa de las FAR, pero varias indicaciones
sugieren que hay una tendencia en tal dirección. Muchos integrantes del partido, de la
burocracia del gobierno y de la clase política, han venido expresando discretamente en
términos generales su insatisfacción con el papel de las FAR de fijar la política central.
39
La evidencia, basada mayormente en incidentes anecdóticos indica, que los oficiales de la
cúpula se han vuelto arrogantes de forma manifiesta en sus tratos con la población civil.
Por ejemplo, en 1994 se citó en los medios de comunicación cubanos a un mayor general
que advertía que “ciertamente la vida tendrá que avanzar paso a paso hacia lo que se está
haciendo en las fuerzas armadas”.72 Una sociedad militarizada guiada por una elite
pretoriana no era el ideal personificado durante mucho tiempo por el soldado-cívico que,
históricamente era uno que pertenecía a la población civil.
Perspectiva a corto plazo para un régimen raulista
Una vez que esté en el poder por su propio derecho, es probable que Raúl Castro
insista en la importancia de la continuidad en el liderazgo y la política, al tiempo que
traza nuevos rumbos. Con toda certeza honrará profusamente la memoria de su hermano,
institucionalizando un culto póstumo de personalidad e insistiendo, por lo menos en su
aspecto retórico, en que los principios fidelistas de estoicismo y heroísmo revolucionarios
guíen al nuevo régimen. Sin embargo, la ideología marxista quedará relegada, como en
China, a la observación periódica de ciertos ritos. Al carecer de la personalidad
carismática de su hermano, Raúl Castro abandonará también en gran parte los métodos de
movilización de masas que han prevalecido en las últimas décadas. El nuevo régimen
será realista en cuanto a la necesidad de calmar la opinión pública y es probable que, casi
de inmediato, suavice las normas económicas más restrictivas que Fidel Castro ha
mantenido tercamente. Lo más probable es que el nuevo régimen también permita el
crecimiento del sector privado de Cuba, el cual es hoy pequeño y marginal. Raúl Castro
puede tomar también la decisión, por razones de conveniencia política, de permitir que
40
elementos civiles se unan a sus generales y coroneles en la administración de empresas
que participan en transacciones de grandes sumas de dólares.
Sin duda, él y sus generales reconocen que las expectativas populares en cuanto a
un cambio económico y político notable han crecido continuamente debajo de la
superficie; pero un régimen raulista, por lo menos al principio, lo más probable es que no
admita la suavización de las prohibiciones actuales sobre la expresión política
independiente. Es probable también que los generales estén de acuerdo en que cualquier
apertura política repentina incontrolada haría aumentar desmesuradamente las
expectativas de cambios estructurales fundamentales y, con ello, se provocara una gran
inestabilidad. Al menos al inicio, no es de esperar que se produzca un glasnost o una
perestroika cubanos.
Un régimen raulista puede ser, no obstante, más receptivo en lo referente a
mejorar las relaciones con los Estados Unidos, que lo que jamás haya sido Fidel Castro.
Su supervivencia durante un cierto tiempo puede depender de los beneficios que se
obtengan de un mejoramiento de las relaciones. Un astuto observador de las fuerzas
armadas cubanas ha especulado, por ejemplo, que Raúl Castro adoptará un “enfoque más
pragmático” con la esperanza de normalizar relaciones bilaterales, ya que esto podría
ayudarle considerablemente a consolidar su gobierno.73
De todas maneras, los obstáculos para mejorar las relaciones serían formidables.
De acuerdo con los términos de la Ley de 1996 de Solidaridad Democrática y Libertad de
Cuba (Helms-Burton) un régimen sucesor que incluyera a Raúl Castro no reuniría las
condiciones necesarias para que los Estados Unidos suavizara el embargo y las
restricciones afines y pudiera ofrecer ayuda bilateral. También sería difícil para un
41
régimen raulista cumplir con otros requisitos de la ley, aun en el caso de que la cúpula
iniciara un proceso de liberalización política.74 La ley exige, por ejemplo, que se legalice
“toda actividad política”, que se programen “elecciones libres y justas para crear un
nuevo gobierno”, que “sean liberados todos los prisioneros políticos”, y que sean
disueltas ciertas instituciones estatales coercitivas. Si no hay una nueva legislación que
invalide la definición Helms-Burton de qué constituye un “gobierno de transición” las
relaciones Cuba-EE.UU. seguirían congeladas.
Las perspectivas de un régimen raulista más allá de su primer año o incluso de
unos meses en el poder son, en el mejor de los casos, bastante inciertas. Después de la
muerte de Fidel Castro, todo parece indicar que las expectativas de un cambio real, por
parte de la población, serán muy intensas, e incluso podrían hacerse patentes mediante
grandes manifestaciones a favor de una liberalización rápida y de gran alcance. No hay
duda que el autor y los signatarios del Proyecto Varela intensificarán enormemente su
cabildeo y organización de actividades; y un gran número de cubanos que se han
mostrado políticamente apáticos o han sido intimidados por las fuerzas de seguridad,
también buscarán cambios políticos y económicos fundamentales. Probablemente
tendrán, por lo menos, el apoyo tácito de muchos de los líderes civiles y, asimismo, de
por lo menos algunos militares de alto rango. Las tensiones resultantes obligarán a la
cúpula de las FAR a tomar unas decisiones muy difíciles que amenazarán su autoridad y
su control.
42
Reforma de las FAR durante la transición
Si bien la sucesión raulista parece ahora la más probable de las tres hipótesis que
se han descrito en este estudio, es imposible predecir cuándo ocurrirá esto. La salud de
Fidel Castro se ha deteriorado visiblemente; por otra parte, no se sabe que padezca de
ninguna enfermedad mortal. Sigue actuando con energía, en público y en privado, y con
la clara decisión de seguir al frente mientras pueda. Si muere a la misma edad que su
padre, podría estar todavía aferrado al poder otros seis años o más.
Cuanto más tiempo duren las tendencias actuales – mayormente negativas para el
régimen – más serán las oportunidades de que se produzca una de las hipótesis
turbulentas. Todavía se sabe menos cerca de la salud de Raúl Castro, y en las ocasiones
en que, periódicamente, ha desaparecido de la vista del público por largas temporadas, se
ha intensificado la especulación alrededor de su estado físico con respecto a la sucesión
de su hermano. Además, se ha ganado muchos enemigos y, al contrario de Fidel, que
siempre está rodeado de una guardia personal masiva y sofisticada, Raúl Castro puede ser
más vulnerable a intentos de asesinato. Si muere antes que su hermano, las perspectivas
de una transición tranquila y pacífica después de la muerte de Fidel Castro serán muy
inciertas.
Hay también varios elementos que favorecen la posibilidad de que la población no
esté dispuesta a aceptar un régimen raulista a menos que éste se comprometa casi desde
el principio a cambios políticos de gran alcance. El notable desafío que significó el
Proyecto Varela, la aparición de varios disidentes y opositores que posiblemente podrían
atraer a un gran número de seguidores, el papel más influyente de la Iglesia Católica y el
43
desarrollo de grupos sociales y económicos que gozan de mucha autonomía fuera del
régimen, dan a entender que algunos de los cimientos de la dinámica política de la isla
están cambiando de dirección. Después de la muerte de Fidel Castro, de producirse
protestas que amenacen el régimen, el mando y el control en las FAR (y posiblemente
también en el MININT)75 podrían quebrarse si se ordenara a las unidades regulares que
emplearan violencia a gran escala contra la población civil.
Sea cual sea el rumbo que tome la transición, al menos algunos de los líderes e
integrantes de las FAR sobrevivirán y desempeñarán papeles fundamentales después de
la desaparición de los dos Castro o uno de ellos. En esa nueva era de Cuba, será esencial
que se alteren radicalmente las fuerzas armadas y sus objetivos. Así pues, sea cual sea la
hipótesis de transición que se convierta en realidad o cuando ésta se empiece a revelar,
una de las máximas prioridades en el período postrevolucionario será la reforma de las
fuerzas armadas. Serán necesarios cambios grandes y pequeños, superficiales o de
enorme impacto. Algunos de los más importantes de esos cambios necesarios se discuten
a continuación en tres amplias categorías: 1) reconfiguración de las fuerzas armadas y sus
objetivos; 2) sometimiento de la fuerzas armadas al control civil en un sistema político
democrático liberal; y 3) establecimiento de nuevas y amplias relaciones internacionales.
Reconfiguración de las fuerzas armadas y sus objetivos
Las FAR y sus fuerzas auxiliares, hoy día mucho más pequeñas, pobres y débiles
que en sus buenos tiempos, tendrían que reducirse todavía más. Con una población de
aproximadamente 11 millones de habitantes, Cuba mantiene unas fuerzas armadas
regulares de entre 50,000 y 60,000 personas. Guatemala, con una población algo mayor,
44
tiene unas 30,000 personas en uniforme.76 Las FAR mantienen también una gran fuerza
de reserva así como el Ejército Juvenil de Trabajo, y también puede llamar a filas a casi
unos 2 millones de miembros, aproximadamente, de las Milicias de Tropas Territoriales.
Los altos mandos cubanos, sin embargo, han reconocido cada vez más que, para ellos, no
existe virtualmente peligro de un conflicto militar convencional.
Sin fronteras terrestres que defender, sin enemigos tradicionales y sin convenios
de defensa, bilaterales o colectivos con otras naciones, las fuerzas armadas cubanas
debieran reducirse considerablemente y las grandes unidades auxiliares debieran abolirse.
Los tres grandes ejércitos regionales resultan obsoletos y no son necesarios para las
necesidades de defensa de la Cuba contemporánea. Debieran licenciarse y, acaso, ser
sustituidos por regimientos móviles aéreos que pudieran trasladarse rápidamente
alrededor de la isla, si fuera necesario. Varias unidades especializadas – por ejemplo, las
Tropas Especiales de Comando y la Alta Reserva de Comando – serán superfluas en la
era post-Castro. La protección de los líderes debiera pasar a ser una responsabilidad civil.
Habría que prestar considerable atención a la prestación de beneficios de
jubilación al personal que sirvió honrosamente.77 El servicio militar obligatorio debiera
ser sustituido por fuerzas voluntarias profesionales. Varios elementos y funciones del
MININT, en especial los vinculados a vigilar, intimidar y tratar brutalmente a los
disidentes, debieran ser eliminados. Habrá que reestructurar en lo fundamental otras
fuerzas de seguridad, colocarlas bajo nueva dirigencia y someterlas a intensas revisiones
en lo referente a su desempeño en el campo de los derechos humanos.
El presupuesto de defensa, los inventarios de armas y pertrechos, así como el
número y medidas de instalaciones militares, debieran reducirse en la era
45
postrevolucionaria. Una base militar, y posiblemente más de una, ya se ha dedicado a
usos civiles o militares, y también debieran privatizarse otras. Las complicadas redes de
túneles y fortificaciones subterráneas que se construyeron como parte de la estrategia de
defensa de “La Guerra de Todo el Pueblo” serán superfluas. De hecho, las grandes
cantidades de armas almacenadas en estas instalaciones podrían significar un grave
peligro si fueran saqueadas. Las FAR tendrán que abandonar cualquier programa o
capacidad de desarrollo de armas biológicas, preferiblemente bajo supervisión
internacional. Todas o prácticamente todas las industrias y empresas de las FAR deberán
privatizarse.
Sometimiento al Control Civil
Las experiencias en Rusia y en los países de Europa Oriental después de la caída
del comunismo demuestran que, también en Cuba, las transiciones a un gobierno
democrático y al control civil de las fuerzas armadas será lento y difícil. Una gran
cantidad de publicaciones académicas que analizan estas transiciones ponen de relieve los
muchos problemas a los que habrá que hacer frente, partiendo de la base de que muy
probablemente una cantidad considerable de miembros de las FAR seguirá en funciones
durante la transición. El nombramiento de un civil como ministro de defensa constituiría
una separación esencial. La diferenciación de papeles y responsabilidades
(preferiblemente a través de nuevas disposiciones constitucionales y legales) del
comandante en jefe, del ministro de defensa y del jefe del estado mayor de las fuerzas
armadas, también podría resultar intimidante, como ocurrió en algunas de las naciones de
Europa Oriental. Además, al igual que en aquellos países, habrá un sinnúmero de civiles
46
cubanos que tendrán buenos conocimientos de asuntos militares, por lo que reunirán las
condiciones para supervisar y vigilar las decisiones que se tomen a nivel nacional en toda
la gama de asuntos militares.
No hay núcleos de estudiosos (“think tanks”) civiles ni centros universitarios
capacitados en asuntos militares. Por tal razón será extremadamente difícil lograr una
supervisión bien informada de los militares por parte del personal civil. El secretismo
tradicional de los militares, la desconfianza mutua entre civiles y oficiales, y la falta de
experiencia en negociaciones sobre gastos y prioridades militares, complicará
enormemente las relaciones entre civiles y militares.
Internacionalización
Desde la desaparición de la Unión Soviética y la retirada de Cuba del
internacionalismo revolucionario en el extranjero, las FAR han tenido poco contacto con
la comunidad internacional. Después de la evacuación, a fines de 2001, de las
instalaciones en Lourdes dedicadas a recoger información secreta, se cree que quedan en
la isla muy pocos militares rusos. Hay, tal vez, una docena de agregados militares
cubanos en capitales extranjeras y es probable que haya aún menos representantes
militares extranjeros en La Habana. La cooperación o los intercambios militares con otros
países son ahora de índole excepcional.
Irónicamente, uno de los ejemplos más notables es el intercambio constante que
se produce en la cercanía de la Base Naval de EE.UU. en Guantánamo.78 Estas
conversaciones empezaron a mediados del año 1990 y al principio tenían lugar entre el
comandante de la base de EE.UU. (un capitán de las Fuerzas Navales) y un brigadier
47
general cubano que encabezaba la división del área de Guantánamo de las FAR. En 1999,
el lado cubano aumentó la categoría su representante. El Brigadier General José Solar
Hernández, subjefe del Ejército Oriental, y miembro del Comité Central del Partido
Comunista, se ha estado reuniendo con el comandante de la base de EE.UU. Discuten
asuntos locales, con el fin de limitar la posibilidad de incidentes y reducir tensiones entre
fuerzas militares situadas a tanta proximidad. En esta área de Cuba, tan árida en ciertas
estaciones, está en vigor un acuerdo informal de aviso en caso de incendio. Ambos lados
han llevado a cabo “maniobras coincidentes de lucha contra incendios”, en las que han
participado helicópteros que llevan bolsas de agua. Se dice que cada lado está preparado
para ofrecer al otro apoyo médico en casos de emergencia, por ejemplo, en la evacuación
de víctimas de quemaduras al hospital más cercano.
Las conversaciones en la “Línea de la Cerca” subieron de nivel a principios de
2002, cuando se preparaba la base de EE.UU. para encarcelar a personas sospechosas de
pertenecer al grupo terrorista Al Qaeda. El gobierno cubano fue informado con
anterioridad respecto a la decisión de utilizar la base, y se comunicó el plan al General
Solar, así como lo que las tropas de a su cargo iban a observar, con el fin de que el
gobierno cubano no se sorprendiera. Pocos días más tarde, la Habana emitió una
declaración favorable y poco después Raúl Castro dijo a los periodistas que, si alguno de
los sospechosos de Al Qaeda se escapara, sería devuelto a Guantánamo. Con la salvedad
de las sesiones semestrales de revisión de los acuerdos sobre emigración, que sostienen
los dos gobiernos, estas conversaciones constituyen el nivel más alto de reuniones
regulares entre oficiales de Cuba y de EE.UU. Aparentemente, se llevan a cabo sin
48
asperezas, y con un mínimo de pose política por parte del lado cubano. Son una excelente
base para un diálogo más amplio entre militares en algún momento en el futuro.
Además, desde fines de 2000, las Tropas Guardafronteras del MININT han
institucionalizado contactos regulares con un oficial del Servicio de Guardacostas de
EE.UU. estacionado en la Habana. El Centro de Información para la Defensa, con base en
Washington, ha patrocinado contactos entre personal de alto nivel de las FAR y oficiales
retirados de alto rango de EE.UU. Desde 1987, siete u ocho delegaciones de EE.UU. han
visitado Cuba y, por lo menos en dos ocasiones, los miembros se han reunido con uno de
los hermanos Castro, o con ambos. Hasta hace uno o dos años, la iniciativa para estos
contactos provenía enteramente del lado de EE.UU., pero desde entonces sus homólogos
cubanos parecen haber estado más interesados en subir de nivel e intensificar los
intercambios. Un homólogo cubano del centro de investigaciones para la defensa ha
llegado más allá, por ejemplo, proponiendo ideas para la investigación conjunta. 79 No
obstante, todos los contactos han tenido lugar en Cuba; su gobierno no ha permitido a
ningún funcionario del MINFAR que viaje a los Estados Unidos.
Estos contactos limitados constituirán puntos de lanzamiento útiles cuando
empiece la transición política. Los militares post-Castro tendrán que ser reintegrados en
arreglos regionales e internacionales de seguridad. Probablemente el personal cubano
sería bienvenido y participaría eficamente en misiones internacionales pacificadoras, y en
especial en aquellos países africanos donde han tenido una gran experiencia. Las
academias y escuelas militares cubanas debieran abrirse a profesores y estudiantes
extranjeros. Los oficiales cubanos y el personal sin cargo determinado debieran recibir
formación en países vecinos y en Europa. Finalmente, el personal de todos los niveles
49
debiera ser entrenado por organizaciones internacionales para efectuar misiones de lucha
contra el terrorismo y contra el tráfico de drogas, lo cual, después de Castro, debiera estar
entre las principales preocupaciones nuevas de las fuerzas armadas del país.
50
Acerca del Autor
Brian Latell es “Senior Associate” del Centro de Estudios Estratégicos e
Internacionales de Washington, D.C. También imparte clases en la Facultad de
Relaciones Exteriores de la Universidad de Georgetown, de la que ha sido miembro
adjunto desde 1978. Dicta cursos sobre Cuba, América Latina y las relaciones entre
EE.UU. y Latinoamérica, así como acerca de la Crisis de los Misiles en Cuba.
De 1990 a 1994, el Dr. Latell fungió como Oficial Nacional de Inteligencia para
América Latina. Su labor como especialista en América Latina para la Agencia Central
de Inteligencia y el Consejo Nacional de Inteligencia comenzó en los años 60. Asimismo
prestó servicio en calidad de Oficial de Inteligencia de la Fuerza Aérea de EE.UU. El
último cargo que desempeñó en el gobierno (1994-98) fue el de Director del Centro de la
CIA para el Estudio de la Inteligencia, donde al mismo tiempo fue Presidente del Consejo
Editorial de Studies in Intelligence, la revista de los profesionales de dicho organismo. Se
jubiló del servicio gubernamental en 1998.
El Dr. Latell ha publicado numerosos trabajos sobre temas relacionados con
Cuba, México y otros países latinoamericanos, así como cuestiones de inteligencia
extranjera. Fue coeditor de Eye in the Sky: The Story of the Corona Spy Satellites
(Smithsonian Press, 1998).
El Dr. Latell fue galardonado con la “Distinguished Intelligence Medal”, que
otorga la CIA, así como el Premio Helene M. Boatner y la Medalla de Plata del
Bicentenario, que confiere la Universidad de Georgetown. Además, forma parte de la
junta directiva de la Asociación de Ex Oficiales de Inteligencia.
51
Notas
1
Domingo Amuchástegui, 1999, “Cuba’s Armed Forces: Power and Reforms,” [Poder y reformas
de las Fuerzas Armadas de Cuba] en Cuba in Transition (Washington, D.C.: Association for the Study of
the Cuban Economy), 111.
2
Andrei Shoumikhin, 1995, “Russian Vicissitudes and Cuban ‘Scenarios’: Evolving Paradigm of
Interrelationship.”[Vicisitudes rusas y las ‘hipótesis’ sobre Cuba: ejemplo de una relación en fase de
evolución] International Research 2000 (marzo), 13.
3
Un sondeo de opinión pública entre 1,023 personas emigrantes cubanos recién llegados, llevado
a cabo en 1998 y 1999 indicó que más de las dos terceras partes de los encuestados citaban a las FAR como
una de las organizaciones oficiales que más odiaban. Solo uno de los que respondieron citó a las FAR como
la institución “más querida”. Los encuestados, evidentemente, estaban en contra del régimen y no
representaban a la población cubana en general pero, sin embargo, sus opiniones negativas acerca de los
militares podrían ser un indicio de actitudes compartidas que acaso contribuirían a la formación de
organizaciones durante la transición después de Castro. Ver “Measuring Cuban Public Opinion: Project
Report,” [Informe de Proyecto: medición de la opinión pública cubana], por US Agency for International
Development (USASID) y University of Florida (UF), 1999, USAID-UF, Septiembre.
4
FBIS-LAT-94-151, 5 de agosto de 1994, 5.
5
FBIS-LAT-94-152, 8 de agosto de 1994, 35.
6
FBIS-LAT-94-151, 32.
7
Jorge Domínguez, 1978, Cuba: Order and Revolution [Cuba: Orden y Revolución] (Cambridge,
Mass.: Harvard University Press), 342 describió el “soldado cívico” en la Cuba revolucionaria, en quien
“se funden la vida civil y la militar”.
8
Michael Radu, 1996, Collapse or Decay? Cuba and the East European Transitions from
Communism [¿Colapso o descomposición? Cuba y las transiciones del comunismo en Europa Oriental]
(Miami: Cuban American National Foundation), 28-29.
9
Thomas S. Szayna & F. Stephen Larrabee, 1994, East European Military Reform After the Cold
War: Implications for the United States [Reforma militar en Europa Oriental después de la guerra fría:
implicaciones para Estados Unidos] (Santa Monica, CA: National Defense Research Institute, RAND), 19.
10
Mark Kramer, 1998, “The Restructuring of Civil-Military Relations in Poland Since 1989,” [La
reestructuración de las relaciones civiles-militares en Polonia desde 1989] en Civil-Military Relations:
Building Democratic and Regional Security in Latin America, South Asia, and Central Europe, [Relaciones
civilies-militares: la creación de la seguridad democrática y regional en América Latina, el Sur de Asia, y
Europa Central] ed. David R. Mares (Boulder, Colo.: Westview Press).
11
Larry L. Watts, 2001, “The Crisis in Romanian Civil-Military Relations,” [La crisis en las
relaciones civiles-militares en Rumanía] Problems of Post-Communism [Problemas del postcomunismo]
(Julio/Agosto).
52
12
Irving Louis Horowitz, 1995, “Military Autonomy and Dependency,”[Dependencia y autonomía
militar] International Research 2000 (Marzo), 5, dice “Mi conjetura es que las fuerzas armadas jugarían un
papel pasivo, más que activo, en un levantamiento concertado”.
13
Amuchástegui 1999, 113.
14
Henry W. Goethals, 1995, “Una visita a Cuba 1995: Entrevistas con funcionarios del gobierno
cubano”, International Research 2000 (Marzo), 4.
15
La constitución establece: “En caso de ausencia, enfermedad o muerte del Presidente del
Consejo de Estado, el Vicepresidente Primero le sustituye en sus funciones”.
16
Louis Perez, 1976, “Army Politics in Socialist Cuba,” [La actividad política del ejército en la
Cuba socialista] Journal of Latin American Studies, 8:2 (Noviembre), 259.
17
El término y el concepto de un grupo de elite en la dirigencia especialmente cercana a Raúl
Castro fueron desarrollados por Edward Gonzalez, 1979, “Institutionalization, Political Elites, and Foreign
Policies,” [Institucionalización, elites políticas y políticas exteriores] en Cuba in the World, [Cuba en el
mundo] eds. Cole Blasier y Carmelo Mesa-Lago (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press) and other
works [y otros trabajos].
18
Brian Latell, 1986, “Cuba after the Third Party Congress,” [Cuba después del Tercer Congreso
del Partido] Current History, Diciembre.
19
El que fue por mucho tiempo jefe de la inteligencia extranjera de la Alemania Oriental
comunista, ha escrito que “Los amigos de Raúl le tomaban el pelo por su puntualidad y le llamaban ‘el
prusiano”. Markus Wolf, 1997, Man Without a Face: The Autobiography of Communism’s Greatest
Spymaster [Hombre sin cara: la autobiografía del más grande jefe de espionaje del comunismo] (New
York: Random House), 311.
20
Mikhail Zubatkin, 1995, “Revolutionary Armed Forces of Cuba: Role and Position, Today and
Tomorrow,” [Las fuerzas armadas revolucionarias de Cuba: su papel y posición, hoy y mañana]
International Research 2000 (March), 2.
21
USAID-UF 1999, 100.
22
Un ex comandante del ejército de las FAR, entrevistado en Miami en septiembre de 2002
expresó opiniones desfavorables de Raúl Castro. Lo describió como “dictatorial” y alguien que inspira
temor, pero no admiración.
23
No se sabe de ningún general que haya desertado desde mayo de 1987, cuando el as de las
Fuerzas Aéreas, el General Rafael del Pino, voló a Miami.
24
Para ver análisis exhaustivos de las instituciones militares durante las décadas de los 60 hasta
los 80, ver: Jaime Suchlicki ed., 1989, The Cuban Military Under Castro [Las fuerzas armadas cubanas
bajo Castro] (Coral Gables, Fla.: University of Miami).
25
Defense Intelligence Agency, 1979, Handbook of the Cuban Armed Forces [Manual de las
fuerzas armadas cubanas] (Washington, D.C.: Defense Intelligence Agency), 1-12.
26
Mayor General Edward B. Atkeson (ret. USA), 1996, “A Glimpse of the Cuban Military in
1996” [Una ojeada a las instituciones militares cubanas en 1996] Landpower Essay Series, AUSA Institute
of Land Warfare, No. 96-4 (Mayo), 352.
53
27
Piero Gleijeses, 2002, Conflicting Missions: Havana, Washington, and Africa, 1959-1976
[Misiones incompatibles: la Habana, Washington, y África] (Chapel Hill, N.C.: University of North
Carolina Press), 212.
28
Mario Vázquez Raña, 1993, “Interview with Raúl Castro,” [Entrevista con Raúl castro] El Sol
de México, Abril 21.
29
Vázquez Raña 1993.
30
Phyllis Greene Walker, 1995, “The Missions and Doctrine of the Cuban Revolutionary Armed
Forces,” [Las misiones y la doctrina de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba] International
Research 2000, (March), 6.
31
Phyllis Greene Walker, 1996, Challenges Facing the Cuban Military, [Retos a los que se
enfrentan las instituciones militares cubanas] Cuba Briefing Paper Series, Number 12, Washington, D.C.,
Georgetown University (October), 2.
32
Maj. Gen. Edward B. Atkeson, (ret. USA), 1995, “Castro and Cuba -- Dug in and Dangerous,”
[Castro y Cuba – atrincherado y peligroso] Army (Junio), 313.
33
Domingo Amuchástegui, “The Military in Cuba,” manuscrito inédito, 4.
34
Amuchástegui IBID, 9.
35
Juan Carlos Espinosa, 2001, “Vanguard of the State, The Cuban Armed Forces in the
Transition,” [La Vanguardia del Estado; las fuerzas armadas cubanas en la transición] Problems of Post
Communism [Problemas del postcomunismo] 48:6 (Noviembre/Diciembre), 23, cita una fuente del
gobierno cubano.
36
Frank O. Mora, cuyos varios trabajos sobre las instituciones militares cubanas han contribuido
de manera considerable a lo publicado sobre el tema, ha acuñado este útil término.
37
Frank O. Mora, 2002, “Raúl Castro and the FAR: Potential Future Roles in a Post-Fidel Cuba,”
[Raúl Castro y las FAR: posibles papeles futuros en la Cuba post-Fidel] manuscrito inédito, 4.
38
Domingo Amuchástegui, 2002, Entrevista llevada a cabo por el autor, Miami, Enero 29.
39
Greene Walker 1996, 2.
40
Atkeson 1995, 313.
41
Amuchástegui 1999, 113.
42
Después, en agosto de 1994 en el punto más alto de violencia contra el régimen, declaró
públicamente que “los frijoles tienen más valor que los cañones”. FBIS-LAT-94-151, p. 5.
43
Amuchástegui 1999, 113.
44
Amuchástegui 1999, 114 y Humberto León, 1995, “The Military Chiefs – Biographic
Information,” [Los jefes militares—Información biográfica] International Research 2000 (Marzo), 5.
45
Shoumikhin 1995, 11. Shoumikhin, quien durante mucho tiempo ha sido un observador
profundo de la revolución cubana, fue Presidente del Centro para la Solución de Conflictos en Moscú en
1995. Destaca el hecho de que Castro no permitirá que los civiles “alcancen una verdadera prominencia
nacional, especialmente si tal fama proviniera de reformas económicas acertadas...”
54
46
Domingo Amuchástegui, “FAR: Mastering Reforms,” Cuba in Transition, [FAR: Dominando
las Reformas, Cuba en transición] Volumen 10, 2000, p. 436.
47
Amuchástegui 2000, 438.
48
Maj.Gen. Edward Atkeson (ret. USA), 2002, Entrevistado por el autor, Abril 23, Arlington,
49
Mora 2002, 9.
Virginia.
50
Juan Carlos Espinosa describe este nuevo modelo de las FAR como “un soldado-tecnócrata”
con mayor autonomía y mayor acceso a la economía internacional apoyada en el dólar.
51
Espinosa 2001, 24.
52
Juan Carlos Espinosa and Robert C. Harding III. “Olive Green Parachutes and Slow Motion
Pinatas: The Cuban Armed Forces in the Economy and in Transition,” [Paracaídas verde oliva y piñatas en
cámara lenta:las fuerzas armadas cubanas en la economía y en la transición] manuscrito inédito.
53
Mora 2002, 12.
54
Amuchástegui 1999, 14 y Amuchástegui 2000, 439.
55
Humberto León, 1995, “Impact of the Economic Crisis in the Cuban Revolutionary Armed
Forces (FAR),” [Impacto de la crisis económica en las Fuerzas Armadas Revolucionarias] (International
Research 2000 (Marzo),7.
56
Mora 2002, 13.
57
Mora 2002, 13.
58
Granma, Mayo 18, 2001, citado por Juan Carlos Espinosa 2001, 23.
59
Entre otras varias fuentes de tensión dentro de la FAR, que pueden no ser de tanta importancia
para la dinámica de la transición están: 1) las nuevas misiones agrícolas que han reducido a los soldados a
vidas de peonaje rural; 2) resentimientos latentes desde la larga y sangrienta intervención de Cuba en
Angola, así como intervenciones menores, como la de Granada en octubre de 1983, que causó numerosas
muertos y heridos entre los cubanos; y 3) oposición a la doctrina de la “Guerra de Todo el Pueblo”
introducida en 1980, la movilización de los MTT, y el enorme despilfarro en túneles y otras fortificaciones.
60
La evidencia de la influencia del glasnost y la perestroika sobre los oficiales de las FAR están
dispersas y la mayor parte se basa en hechos anecdóticos. Richard Millett, 1993, “Cuba’s Armed Forces:
From Triumph to Survival,” [Las fuerzas armadas cubanas: del triunfo a la supervivencia] Cuba Briefing
Series, Número 4, (Washington, D.C.: Georgetown University), Septiembre, entre otros, ha usado este
término. Ver también, León 1995, 3; y Goethals 1995, 2.
61
Goethals 1995, 2.
62
Radu 1996, 35.
63
Domingo Amuchástegui, 2002, correspondencia por E-mail con el autor, Octubre.
64
Szayna and Larrabbee 1995, 33.
55
65
Szayna and Larrabbee 1995, 34.
66
Dale R Herspring, 1992, “Civil-Military Relations in Post-Communist Eastern Europe: The
Potential for Praetorianism,” [Relaciones civiles-militares en Europa Oriental después del comunismo: el
potencial para el pretorianismo] Studies in Comparative Communism 25: 2 (Junio), 106-7.
67
Herspring 1992, 117.
68
Mora 2002, 13.
69
Shoumikhin 1995, 14.
70
Juan del Águila, 1998, “The Cuban Armed Forces: Changing Roles, Continued Loyalties,” [Los
papeles cambiantes de las fuerzas armadas cubanas. Lealtades que perduran] en Cuban Communism, eds.
Irving L. Horowitz y Jaime Suchlicki (Transaction Publishers, New Brunswick, NJ), 518.
71
Kramer 1998, 104-106.
72
Juventud Rebelde, Octubre 16, 1994.
73
Mora 2002, 16.
74
Ver Título II, Sección 205 (a) of Helms-Burton.
75
León 1995, 8 argumenta que sería así.
76
Estas y otras cifras son del Banco Mundial, 2002, World Development Indicators 2001,
[Indicarores mundiales de desarrollo 2001] (Washington, D.C.: World Bank).
77
Ricardo Donate-Armada, 1995, “Preliminary Analysis of Retirement Programs for Personnel in
the Ministry of the Armed Forces and Ministry of Interior of the Republic of Cuba,” [Análisis preliminar de
los programas de retiro para personal del Ministerio de las Fuerzas Armadas y Ministerio del Interior de la
República de Cuba] Cuba in Transition, 5.
78
Esta sección se deriva en parte de conversaciones con funcionarios bien informados de la Oficina
de Asuntos Cubanos, Departamento de Estado de USA, mayo de 2002.
79
Bruce Blair, Director, Center for Defense Information, 2002, Entrevistado por el autor,
Washington, D.C., Mayo 17.
56
Referencias
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Loyalties.” [Los papeles cambiantes de las fuerzas armadas cubanas. Lealtades que
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Fuerzas Armadas y Ministerio del Interior de la República de Cuba] Cuba in Transition,
5.
57
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60
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