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B. 7. Me duele la biblioteca - E
Me
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duele la biblioteca - Javier Leiva-Aguilera
B. 7. Me duele la biblioteca
Javier Leiva-Aguilera
5 octubre 2012
Leiva-Aguilera, Javier (2013). “Me duele la biblioteca”. Anuario ThinkEPI, v. 7, pp. 72-77.
Resumen: Los niños, que en muchos casos todavía no visitan las bibliotecas pero
deberían ser los usuarios de un futuro cercano, crecen en un entorno altamente tecnificado en el que las necesidades de información, cada vez más, se pueden resolver
directamente en internet a través de distintos dispositivos y sin visitar las unidades
de información (ni siquiera de forma virtual). Se plantea la necesidad de que los bibliotecarios tomen conciencia de esta situación para poder construir una biblioteca
que pueda seguir siendo útil a través del tiempo.
Palabras clave: Bibliotecas, Usuarios, Tecnología, Tendencias.
Title: My library hurts
Abstract: Children in many cases do not yet visit libraries but should become library
users in the near future. They are growing up in a highly technical environment in
which information needs are increasingly being met directly online through different devices and without
visiting libraries (even virtually). This article warns about the need to be aware of this situation in order to
build a library model than can remain useful over time.
Keywords: Libraries, Users, Technology, Trends.
Bibliotecas para el s. XXI
Quiero empezar esta pequeña reflexión proclamando mi amor a los libros y al papel. La lectura me llamó a través de cuentos de papel que
por la noche sonaban en mis oídos antes de que se
apagara la luz, y fue ganando terreno en mi vida
con las revistas (también de papel) que corrían
por mi casa y cuyas páginas pasaban una y otra
vez por delante de mis ojos. Más tarde, terminó
de apoderarse de mi mente gracias a las toneladas
de libros (nuevamente de papel) que había en la
biblioteca del Barrio de Gràcia de Manlleu, y que
me llevaba a casa en dosis de entre 200 gramos
y un kilo.
http://www.papelenblanco.com/editoriales/elpeso-en-gramos-de-la-literatura
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Lo de visitar la biblioteca fue un hábito, o
quizá una adicción, que se transformó en profesión: estudié Biblioteconomía y desde entonces
he trabajado en bibliotecas (los primeros años)
o para bibliotecas (desde 2004 hasta ahora). Las
amo, así que mis hijos han tenido carnet de la
biblioteca pública antes que dientes: anhelo que
desarrollen la misma gratitud hacia las bibliotecas
que he desarrollado yo.
Anuario ThinkEPI 2013
En la etapa actual de su vida (tienen ambos
menos de 3 años) la biblioteca es muy útil: hay
cuentos de papel y otros materiales con formas
diversas que ayudan mucho a que vivan una
experiencia óptima de aprendizaje; realmente no
leen (todavía no saben) sino que miran, tocan,
juegan…, y escuchan como otros les leemos (en
la biblioteca, también en casa). Aprenden a través de esa experiencia y yo estoy convencido de
que en este momento los cuentos tradicionales
son una de las mejores herramientas para su
desarrollo.
Pero mis hijos crecerán, necesitarán aprender
cosas que ya no aparecen en los cuentos de los
primeros años y temo que en ese momento desaparecerá definitivamente la posibilidad de que
se enamoren de la biblioteca. La razón es que,
simplemente, no la necesitarán.
“Siento que mi vida del siglo XX
encontraba respuestas en la biblioteca,
pero la del siglo XXI las encuentra
antes de tener que recurrir a ella”
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Me duele la biblioteca - Javier Leiva-Aguilera
Para hacer este pronóstico me baso en lo que
observo en el mundo que me rodea y, sobre todo,
en mi propia experiencia: mi adicción no debía
ser tanta porque se curó sola de un día para otro.
Sigo leyendo, sigo aprendiendo, pero ya no voy a
la biblioteca (o cuando alguna vez me dejo caer
en una es de visita porque, aunque ya no la necesite, el cariño no se ha apagado en mi interior).
De repente dejé de necesitarla o, más bien, lo que
necesito para mi desarrollo intelectual lo encuentro de forma más sencilla en otros lugares. Siento
que mi vida del siglo XX encontraba respuestas en
la biblioteca, pero la del siglo XXI las encuentra
antes de tener que recurrir a ella.
“El contenido se actualiza
constantemente y el papel ya no es en
muchos casos el soporte ideal”
Mis hijos han nacido en el siglo XXI y, hoy en
día, el proceso de aprendizaje ha cambiado: los
que aprendemos (chavales, también mayores)
podemos contribuir a crear el conocimiento que
nosotros mismos vamos a adquirir, y el profesor
(cuando es necesario) ha dejado de tener el rol
de sabio y ha pasado a ser un facilitador (¿mediador?). El contenido se actualiza constantemente
y el papel ya no es en muchos casos el soporte
ideal, en primer lugar
porque no ofrece esa flexibilidad necesaria y, en
segundo lugar, porque
en este momento hablar
de contenido no equivale necesariamente a
hablar de letras y gráficos o imágenes fijas.
Así que, en este siglo
XXI, cuando entro en
una biblioteca muchas
veces siento iniciar un
viaje al siglo pasado. Un
pasado que, pese a todo,
existe en mi memoria
y me permite mantener un vínculo… pero
un pasado que no existe para mis hijos y que
podrán obviar si no le
ven utilidad sin que les
represente ninguna carga. Así pues, siento que
mi anhelo no se cumplirá… aunque no estoy
seguro de que eso vaya a ser malo para mis hijos.
Y sin embargo… me duele la biblioteca.
Por favor… ¿alguien puede ofrecer algo de
esperanza a mi desasosiego?
*
*
*
No dejes de ir a la biblioteca
Fernando Jerez
Una sugerencia desde mi
punto de vista, si me lo
permites: no dejes de ir a
la biblioteca. Aunque creas
que lo que vas a encontrar
allí es igual o menos que lo
que puedes conseguir en
otro sitio. En mi caso tengo
la suerte de que las que he
tenido a mi alrededor tienen buenos recursos, estupendos profesionales y
se hacen muchas actividades que no se pueden
encontrar en otro sitio. Y (según mi pronóstico,
y a ello intentaré sumar mi esfuerzo) ofrecerán
muchas más posibilidades en los años que vienen,
que terminarán convenciendo a tus hijos de que
no las pueden abandonar.
[email protected]
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Anuario ThinkEPI 2013
Me
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duele la biblioteca - Javier Leiva-Aguilera
Competir, ese es nuestro futuro
Cristian Maturana
Tal como señalas, nuestros hijos no necesitarán ir a
la biblioteca por los mismos
motivos que íbamos nosotros, comparto 100% esa
parte de la reflexión, y es
por ello que se necesita -en
algunos lugares ya se ha
hecho- cambiar radicalmente el concepto de biblioteca.
Personalmente veo la biblioteca, sobre todo la
pública, como un espacio de encuentro social en
el que nuestros hijos pueden ir a divertirse (lo
digo con absoluto conocimiento de causa, pues
tengo tres hijos y tres sobrinos y aman ir a la
biblioteca, incluso más que ir a jugar o de paseo
a otro lugar), a escuchar un cuento, ver una obra
de teatro, ver una película, jugar, hacer manualidades, compartir con otros niños y niñas.
Veo a la biblioteca pública como la plaza pública, un espacio abierto de expresión, un espacio
para compartir y entretenerse, al mismo tiempo
que fomenta la lectura.
Fuimos muy criticados cuando partimos con
el proyecto de la Biblioteca de Santiago pues
permitíamos que los chicos utilizaran los ordenadores para jugar o chatear. Pues bien, pusimos
justo detrás de los ordenadores sugerentes comics
(mostrando sus portadas), y en estos 7 años que
vamos a cumplir, un 90% de esos chicos que sólo
iban a jugar en los ordenadores ya son lectores
asiduos, y no sólo de comics, pues empezaron
por ahí y poco a poco se fueron interesando en
nuevas lecturas.
http://www.bibliotecasantiago.cl
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La biblioteca no va a morir si nos esforzamos
por ello, y para eso es necesario darle el valor real
y contexto que debe tener, y que no es otro que
satisfacer las necesidades culturales, de información pero sobre todo de ocio. La biblioteca debe
competir con los centros de entretenimiento, con
los cines, debe ocupar esos nichos para poder
subsistir.
En Chile hace unos meses surgió Kidzania, una
especie de ciudad en miniatura para niños donde
pueden ejercer distintas profesiones, obviamente con un cariz comercial. Nosotros lanzaremos
[email protected] por un día”, donde los chicos
podrán disfrutar de ejercer todas las labores que
realizamos.
Debemos competir, ese es nuestro futuro, y
para ganar esa competencia, lamentablemente,
no podemos mirar hacia las bibliotecas, debemos
mirar hacia los centros comerciales, hacia los bancos, hacia los supermercados, hacia los centros de
Anuario ThinkEPI 2013
entretenimiento, hacia los teatros, hacia los cines,
debemos pelear con ellos y ganar la batalla.
[email protected]
Debemos ser proactivos en la
búsqueda de usuarios
Alberto García-Rodríguez
Entiendo a Javier Leiva-Aguilera, el entorno
en el que nos movíamos ha cambiado, y así van
cambiando las necesidades de los usuarios de
las bibliotecas. Pero para eso estamos nosotros,
los profesionales, para, como indica Cristián
Maturana, hacer de la biblioteca un nuevo ágora, no sólo con libros impresos sino con recursos
multimedia. Y para eso nos tenemos que sentar
y hablar con expertos en marketing que nos
sugieran cómo ir hacia el usuario y no esperar a
que éste venga.
Llevo casi 15 años de bibliotecario, y en estos
tiempos ha cambiado mucho la profesión, pero la
idea es que nos levantemos motivados cada día,
con nuevas ideas, para ir a por el usuario con la
finalidad de que se sienta cómodo, alegre, feliz en
el nuevo ágora que debemos remodelar y reconstruir (muy distinto al que antaño habitábamos).
Pero lo importante es que sepamos que debemos
ser proactivos en la búsqueda de usuarios (niños,
adolescentes, personas mayores, etc.).
[email protected]
La biblioteca será un espacio en
constante transformación
Carme Fenoll
Javier, muchas gracias
por tu reflexión-provocación, porque es muy acertada. Veo que tres compañeros se han avanzado a
algunos argumentos que
quería utilizar para responderte. Me quedo sobretodo
con los de Cristián, pero te
mando algunos más:
Por motivos de mi nuevo trabajo, me desplazo
constantemente a municipios de diversos tamaños, y estoy muy en contacto con los bibliotecarios. Tengo mucha suerte, en muchos casos me
encuentro a profesionales con mucha vocación
y entrega.
Profesionales que, a pesar de la escasez de
recursos, buscan colaboraciones debajo de las
piedras y ejercen de misioneros de la cultura
(bibliotecarias que cenan con no-usuarios una
vez al mes para saber sus motivos, noches en la
biblioteca, etc.).
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Me duele la biblioteca - Javier Leiva-Aguilera
Creo que nos duele la biblioteca en los mismos
términos que nos duele la escuela (como bien
comentas), las plazas (donde se prohíbe jugar con
balones), los comercios locales… Nuestro imaginario es muy diferente del que van a tener nuestros
hijos. Creo que la biblioteca será un espacio en
constante transformación. Lleno de vida y habitado por gente con ganas de compartir. Abierto
por profesionales cada vez más involucrados con
su territorio. Cada vez más imaginativos.
“Luchemos por las nuevas bibliotecas
públicas que queremos para nuestros
hijos”
y de apoyo a la creación. Y por encima de todo,
son lugares de acogida, de convivencia transversal
y de encuentro.
No sé en qué se convertirán las bibliotecas
cuando tus hijos, nuestros hijos, dejen de leer
cuentos, pero estoy segura que podrán seguir
utilizándolas…
La biblioteca que describes realmente tiene
poco futuro, pero las que yo conozco no tienen
nada que ver. Así que me aventuro a pronosticar
que hay larga vida para las bibliotecas que tienen
capacidad de adaptación, para las que ofrecen
servicios más allá de la lectura, para las que sigan
siendo un lugar donde los ciudadanos se sientan
acogidos…
[email protected]
La biblioteca en los espacios colectivos
Cuando nuestros hijos sean adolescentes,
nuestras bibliotecas han de ser capaces de sorprenderles. Pero el reto está en buscar que sean
ellos los que sorprendan a los bibliotecarios con
sus propuestas. Y lo tienen bien: a diferencia
de la mayoría de nosotros, conservan un buen
recuerdo de las bibliotecas. Sus padres piensan
que es un buen lugar para ellos y aunque no la
visiten frecuentemente, creo que las encuentran
imprescindibles y que impedirían su cierre si fuera
el caso. Reinventemos las bibliotecas y hagámoslas eficientes. Seamos exigentes, provocadores y
arriesgados. Toni Puig dijo una vez en un foro
profesional: para los bibliotecarios desmotivados
Viagra y, si no funciona, los tiramos del campanario.
Hagamos un trato: luchemos por las nuevas
bibliotecas públicas que queremos para nuestros
hijos. Como decía Mario Benedetti: contra el optimismo no hay vacunas.
[email protected]
Larga vida para las bibliotecas que
tienen capacidad de adaptación
Anna Bröll-Nadal
Las bibliotecas que yo
conozco las utiliza gente de
todas las edades porque,
además de cuentos, ofrecen
otros muchos servicios que
seguramente son de utilidad para mayores de tres
años.
En mi ciudad, las bibliotecas son centros culturales, de aprendizaje, de ayuda a la búsqueda de
empleo, de ocio, de acceso a contenidos digitales
Enzo Abbagliati
Javier, sencilla pero contundente provocación. Creo
que es una reflexión que
quienes creemos en el valor
transformador de las bibliotecas no dejamos de hacernos ante los cambios que
los paradigmas de acceso a
la información y construcción del conocimiento están
viviendo.
Quizá una de las rutas de exploración para
encontrar nuevas certezas (que de eso se trata
todo esto) tiene que ver con cómo la biblioteca
se perfila en los espacios colectivos. Esta nueva
ciudadanía global que está tomando las calles los
últimos años, no sólo se está levantando contra
políticas económicas y/o regímenes autoritarios.
Hay en ella también una pulsión por recuperar
los espacios comunes a partir de un ejercicio más
consciente de la ciudadanía. Es una revuelta del
“nosotros” frente a la atomización de la sociedad.
Y en eso la biblioteca tiene experiencia. La
biblioteca siempre ha sido parte del “nosotros”,
pero parece llegada la hora de repensar cómo
es parte de ese “nosotros”. Históricamente lo ha
sido desde la intermediación con contenidos (y
respuestas) que no estaban disponibles en otros
lados. Ahora parece que debe vincularse con el
“nosotros” desde la intermediación con nuestras
propias habilidades y competencias (ayudando a
descubrirlas y desarrollarlas) y la intermediación
con la dimensión social de la información y el
conocimiento.
En última instancia, las bibliotecas no dan
acceso a contenidos, sino que colaboran en la
construcción, diseminación, reelaboración permanente y preservación de sentido para las comuni-
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Me
duele la biblioteca - Javier Leiva-Aguilera
dades que atienden. Tus hijos (y los míos) seguirán
reconociéndola y usándola en la medida que
nosotros tengamos la capacidad de transformarla, de sacarla a las calles, meterla en los móviles,
esas mismas calles donde hoy la ciudadanía está
buscando colectivamente respuestas, esos mismos
móviles que hoy usan para encontrar respuestas.
Que los manifestantes de la Puerta del Sol el 2011
se hayan dotado a sí mismos de una biblioteca,
me parece una luz de esperanza que puede calmar algo tu desasosiego.
[email protected]
Los soportes físicos deben ceder el
protagonismo a las personas
Yusef Hassan
En mi opinión la biblioteca debe transformarse hasta convertirse en otra cosa
radicalmente diferente, un
centro con la misma utilidad
social pero necesariamente
con diferentes funciones,
adaptadas al siglo en el que
vivimos. Un centro donde
los soportes físicos cedan el
protagonismo a las personas, a las nuevas formas
de aprendizaje y creación.
[email protected]
La biblioteca pública como espacio
público de verdad
René Ortega
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Te voy a contar un breve capítulo de mi vida,
quizás uno de los más importantes, pero que,
como suele suceder, sólo reconocemos como tal
años después de que ha pasado.
En mi época de estudiante solía pasar gran
parte de mi tiempo libre entre clases en la biblioteca. Tuve la suerte de estar en una universidad
que tenía una biblioteca con estantería abierta.
Debo decirte que nunca he visto tanta interacción social como la que se producía en ese lugar
maravilloso, de grandes ventanales, ya que los
libros estaban organizados en zonas que no impedían la vista hacia el exterior. Muchas veces soñé
despierto, y alguna que otra noche también dormido, que el día que dejara mi corazón de latir,
deseaba regresar como un fantasma que habitara
eternamente ese espacio ideal, saltando de un
libro a otro, mezclándome con los personajes de
cada uno de los miles de volúmenes y divagando
entre la gente y sus conversaciones.
A lo que voy es que la biblioteca tiene que
cambiar su diseño y sus reglas. La biblioteca públi-
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ca debe ser un espacio público de verdad. Debe
ser un foro en medio del cual cada uno pueda
alimentarse de lo que le dicen esos libros amigos,
y entre ellos compartir las ideas con la gente,
teniendo la posibilidad de caminar, desplazarse,
tirarse en los rincones y compartir con los amigos,
familia e incluso desconocidos, los últimos tesoros
encontrados en el laberinto.
Idealmente que cada visitante se convierta
en un habitante y que así como cada cual tiene
el mapa mental de su casa en la cabeza, también tengamos el de nuestra biblioteca, y digo
nuestra porque la biblioteca debe ser necesaria
para vivir. Que seamos capaces de -con sólo una
mirada- detectar que hay algo nuevo, algo que
no quiero perderme y que puedo compartir. La
biblioteca no debería ser un espacio de silencio.
Para eso están las salas de lectura. La biblioteca
debería ser una segunda casa. El lugar de partida
o llegada cada fin de semana, cada tarde o cada
mañana, cada hora de almuerzo. Y que tenga
todas las tecnologías del mundo, da lo mismo.
Mejor, una biblioteca conectada e interactiva,
pero con los libros a mano, donde día a día los
pueda ver y tocar y sentirlos como viejos amigos
que envejecen con nosotros.
No importa que pasen los años y estemos en
un nuevo siglo. Así como nosotros, nuestros hijos
y las nuevas generaciones necesitan un lugar en
el cual encontrarnos con nosotros mismos y con
lo que hemos llegado a ser, donde sintamos la
calidez de la conversación y el intercambio de
experiencias que por milagro o magia, las generaciones pasadas también nos hablen desde los
libros y nos cuenten sus historias, un lugar que
llamemos hogar, donde se diluya el tiempo y el
espacio.
Mi biblioteca va donde yo estoy y
me proporciona lo que necesito:
información de calidad
Mari-Carmen Marcos
Según leía tu historia
veía la mía propia. Fui adicta a los libros desde que tengo capacidad de recuerdo,
devoraba cuentos, tebeos,
ensayos, novelas…
Desde que apenas tenía
6 años pasaba muchas tardes en la Biblioteca de Santa
Orosia, en el barrio de las
Delicias (Zaragoza), a escasos metros de mi casa.
De más pequeña, leía los cuentos y hacía los
deberes, al crecer usaba las enciclopedias para
los trabajos de clase… Y en la adolescencia me
ocupaba buena parte del tiempo coquetear con
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los chicos de otras mesas, lo cual era un aliciente
importante para seguir yendo a la biblioteca.
También estudié Biblioteconomía (yo en la
Universidad de Zaragoza), y después Documentación. Paradójicamente, fueron esos últimos
años de la carrera (en la Universidad Carlos III de
Madrid) los que me acercaron tanto a la biblioteca que, sin darme cuenta, fui saliendo de ella (su
forma, su edificio, sus pasillos y sus papeles) para
adentrarme en ella (en su fondo, en sus contenidos, en sus bases de datos).
Hoy me da algo de vergüenza reconocer que
siendo investigadora en Documentación, no consigo reconocer la cara de más de 2 ó 3 bibliotecarios de mi universidad… En cambio sí sé cómo
descargarme los artículos que necesito para mi
trabajo con tan sólo algunos clics desde mi despacho, desde mi casa, desde una cala de la Costa
Brava o desde Hong Kong, porque mi biblioteca
va donde yo estoy y me proporciona lo que necesito: información de calidad.
[email protected]
La biblioteca es una marca potente,
que necesita una reconversión
importante
Begoña Aguilera
Amigo no lector. Él no
tiene el hábito de leer incorporado en su día a día. Pero
lee para informarse, cuando
le hace falta. El viernes vino
con un libro bajo el brazo.
Un libro que había sacado
de la biblioteca, y me confesó que cuando lo necesita
va allí a buscar cosas que
no encuentra en otros sitios. Sobre todo dvds,
pero no sólo. En este caso se llevó, porque fue a
buscarlo expresamente (ojo, incluso consultó el
catálogo) un libro sobre los antiguos parques de
atracciones de Barcelona.
Tangencial, puramente tangencial, tal vez
anecdótico, pero yo pensé que si no hubiera
bibliotecas, mi amigo no hubiera podido tener
la información que necesitaba. Y que hay mucha
gente como mi amigo que van a la biblioteca a
buscar “cosas”… Incluso tal vez otros “no lectores”.
Creo que la reflexión de fondo tendría que ser
que tenemos una marca potente: “Biblioteca”,
que el usuario reconoce con facilidad. Hace falta
renunciar a todo aquello que estábamos haciendo por inercia y redefinir el “core business” del
tema. Aunque eso sea menos ortodoxo.
Ejemplo número 1. Biblioteca escolar. Pequeña, sobre 2.000 ejemplares. ¿Hace falta catálogo?
Así, de entrada, no. Hace falta que la biblioteca
sea útil a los docentes, que forme parte de la
vida educativa del centro y del aprendizaje de
los niños. Eso ha de venir primero. El catálogo ya
vendrá después, o no vendrá.
Ejemplo número 2. Biblioteca pública. Soy
ciudadana, no tengo tiempo para nada. Pero si
tengo la “biblio” al lado de la piscina donde llevo a mi hijo a aprender a nadar, y me hace fácil
(y atractivo) el proceso de préstamo: vendré, en
diez minutitos, a buscar cuentos para mis hijos,
una “peli” y, a lo mejor, si encuentro un rincón
cómodo, me perderé unos minutos más a echarle
un vistazo a una revista.
Ejemplo número 3. Colegio profesional con
una biblioteca que nadie usa. Ahora se mudan y
se van a un edificio nuevo. ¿Qué hay que hacer
con la biblioteca? Pues seguramente expurgar
el 80% de la colección, guardar lo de reserva en
unas estanterías molonas y montar nuevos servicios DI-GI-TA-LES para que todos los colegiados
reciban en su ordenador (que cuando necesitan
la información es cuando están trabajando y no
tienen tiempo de venir a nuestra sede…) la información que necesitan. Sea un dosier de prensa
o un boletín de noticias, o lo que sea. Generar
contenidos.
La biblioteca es una marca potente, que necesita una reconversión importante (y nosotros también); o nos reconvertimos o nos reconvertirán...
ah, no, que ya nos están reconvirtiendo… para
llegar al mismo sitio: al usuario.
O llámelo cliente, da igual.
[email protected]
Lo esencial es que responda a
necesidades
Javier Leiva-Aguilera
Has dicho la palabra clave, en mi opinión:
usuario. Da lo mismo lo que nosotros creamos
que es o debe ser una biblioteca. Lo esencial es
que responda a necesidades.
Anuario ThinkEPI 2013
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