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Los argumentos (para no discutir) de los jóvenes

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Los argumentos (para no discutir) de los jóvenes
T10//comportamiento
Me gusta desafiar lo que otra persona dice,
sólo para ver qué más dirá.
28%
TENDENCIAS | LATERCERA | Sábado 20 de abril de 2013
Argumentar exitosamente es una
manera de dominar a la otra persona.
Pienso que en una discusión es importante
ser flexible.
39%
34%
Mujeres
Las discusiones implican cooperación de las
partes involucradas.
77%
37%
Mujeres
Hombres
Cifras en % incluyen de acuerdo y muy de acuerdo
FUENTE: Proyecto Fondecyt / Estudio UDP.
Mujeres
80%
74%
Mujeres
Hombres
67%
Hombres
Hombres
LA TERCERA
Los argumentos (para no discutir) de los jóvenes
Nuestra cultura de evitar los conflictos y ser tan desconfiados ha hecho que los jóvenes, a la hora de discutir, más
que la negociación, busquen beneficios personales como demostrar su capacidad intelectual. Esta es la conclusión
de dos recientes estudios. TEXTO: Noelia Zunino
TEXTO: N.Zunino
“TIENES TEJADO DE
VIDRIO”, “como dijo el
experto mundial...”, “a
buen entendedor, pocas palabras”... Son
las frases típicas que escuchamos en la televisión cuando se discute un tema valórico o político o en la junta con amigos sobre
posiciones divergentes. Son frases y dichos
que usamos para contraponer nuestra idea,
para evitar que el otro me desprestigie
frente a terceros... en definitiva, para ganar la batalla de la discusión sin llegar a
puntos medios.
Creemos que mostrándole al otro que hizo lo
mismo tiempo atrás, abusando de la opinión de
un experto o los ataques personales, lo lograremos. Lo cierto es que todos estos argumentos
son considerados falacias. En términos argumentativos, no sirven para ganar una discusión.
Menos, para llegar al valor principal de todo
conflicto: la negociación.
Irónicamente son los que más utilizamos acá.
No somos buenos argumentando, dicen los expertos, porque tenemos la cultura de evitar los
conflictos: “Aquí no pasa nada, todo está bien”.
Y cuando los enfrentamos, creemos que la discusión no llegará a ninguna parte y se cae en
esta retórica de querer ganar.
En la teoría decimos que estamos abiertos al
diálogo. En la práctica, creemos que tiene más
costos negativos que positivos. Y si hay un grupo que tiene mayor convicción sobre esto es la
juventud. La frase ¿y para qué? es el mejor de
sus argumentos: para ellos en las discusiones no
suele haber una resolución de conflictos. Tal es
así que 47% no está ni de acuerdo ni en desacuerdo con la frase “las discusiones implican
una solución exitosa de los problemas”. Por el
contrario, el 41% de los jóvenes afirma que ocasionalmente, frecuentemente o casi siempre,
discutir con una persona crea más problemas
que los que resuelve. Esta es una de las principales conclusiones de dos estudios realizados en
Chile (Fondecyt: Valor, función y complejidad
argumentativa en estudiantes universitarios:
el caso en las regiones de Coquimbo y Metropolitana y Valor y función de argumento y argumentación en jóvenes chilenos de educación
superior: el caso en la ciudad de Santiago, financiado por la U. Diego Portales) que indagaron en casi 400 universitarios cómo argumentan cuando discuten.
“Los jóvenes universitarios no creen que discutiendo se resuelven los problemas. Hay una
reticencia a argumentar que viene desde la casa
y la educación”, dice Cristián Santibáñez, investigador del estudio y académico del Centro
de Estudios de la Argumentación y el Razonamiento, de la U. Diego Portales.
Aquí las principales conclusiones del estudio.
Discutir para tener beneficios propios:: para los
jóvenes, las controversias no tienen la finalidad
de resolver diferentes puntos de vista. Y como
exponer sus razones no asegura llegar a consenso, cuando discuten, más que un beneficio colectivo, buscan el individual.
En parte, esta connotación negativa a argumentar la fuimos aprendiendo desde niños.
“Come y calla” o “si no comes vendrá el viejo
del saco”, es lo que nos han dicho (y hemos
repetido) cuando estábamos frente al intragable plato de guatitas. “Siempre hay una amenaza por detrás en la cultura argumentativa
chilena. Usamos la amenaza porque provoca
una reacción inmediata. No enseñamos a argumentar para convencer al interlocutor”, explica Santibáñez.
Por tanto, con esta práctica, la finalidad de llegar a la negociación en una disputa no es válida
para los jóvenes. Para ellos argumentar es más
bien instrumental: 74% está de acuerdo o muy
de acuerdo con que las razones que expone en
una discusión le sirve para mostrar su capacidad intelectual y 93% para demostrar lo que
cree. Y aunque en menor porcentaje, las discusiones también son un juego: 35% dice que utiliza sus argumentos para provocar.
Creen en la cooperación, pero desconfían: en la
teoría, el 77% dice que es importante en una
discusión ser flexible y otro 72% declara que es
importante la cooperación entre las partes involucradas. Sin embargo, según Santibáñez, esas
respuestas son el resultado de las preguntas políticamente correctas. Porque en preguntas menos explícitas se evidencia cómo, en la práctica,
la desconfianza hacia la otra persona está presente en las discusiones: el 78% cree que el
otro utiliza argumentos para mostrar sus capacidades intelectuales y 35% cree que argumentar exitosamente es una manera de dominar a
la otra persona.
Menos diálogo: en el estudio se encontró que
debido a esta connotación negativa sobre los
conflictos, los jóvenes tienen una menor apertura a discutir con argumentos. Fabio Paglieri,
investigador del Instituto de Ciencias Cognitivas
y Tecnológicas en Roma, Italia, dice que esta
menor apertura al debate podría darse por dos
factores. En primer lugar, porque los jóvenes no
sabrían dialogar. La falta de habilidades argumentativas, explica, provoca que eviten las discusiones para no tener resultados negativos,
como el desprestigio. Y para saber discutir, hay
que estar informados (según el Instituto Nacional de la Juventud, el 54% de los jóvenes declara
no saber qué tipo de sistema electoral rige para
las elecciones presidenciales).
En segundo lugar, podría ser que no quieran
participar en discusiones porque encuentren
que carecen de sentido. Es ahí cuando aparece
el ¿para qué? (a un mes de las elecciones municipales del año pasado, el 54% de los jóvenes
declaraba que en los últimos 30 días no había
hablado con nadie de política, según Injuv).
“Estas dos razones no son excluyentes. Los jóvenes pueden ser, al mismo tiempo, menos capaces y menos inclinados a participar en el debate”, dice a Tendencias Paglieri.
Mujeres más cooperativas: aunque todos valoran la flexibilidad en la discusión, las mujeres
son quienes ven un mayor beneficio en esta actitud. De hecho, a mayor edad, más identificadas se sienten con la cooperación y la búsqueda
de consensos (ver infografía). Debido a esta actitud, según un estudio de la U. de McMaster en
Canadá, ellas tienden a ser mejores líderes, porque tienen un enfoque más cooperativo a la
hora de tomar decisiones.
Hombres dominantes: ellos, en cambio, tienden a querer dominar la situación y a desafiar al
otro para ver la reacción (ver infografía).
Ya en 1992 un estudio concluía, tras analizar a
más de 100 personas, que los hombres interrumpían más seguido que las mujeres y utilizaban la técnica de subir el volumen para
enfatizar los puntos. Esto, según los
expertos, para poder dominar la situación. Incluso en reuniones laborales encontraban que ellos hablaban más que las mujeres.
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