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Hacer y escuchar
Traductor: Carlos Betesh, Comunidad Chalom, Buenos Aires
Editor: Ben-Tzion Spitz, Gran Rabino, Uruguay
Hacer y escuchar
Mishpatim – 6 de febrero, 2016 / 27 Shevat 5776
Una de las frases más famosas de la Torá hace su aparición en la parashá
de esta semana. Ha sido mencionada para caracterizar la fe judía en su
totalidad. Consiste en dos palabras: na´asé venishmá, literalmente, "Haremos y
escucharemos" (Ex. 24: 7). Qué significa esto y por qué es importante para
nosotros?
Hay dos interpretaciones famosas, una antigua y otra moderna. La
primera aparece en el Talmud Babilónico (1) donde es mencionado para
describir el entusiasmo y la disposición favorable de los israelitas para aceptar el
pacto con Dios en el Monte Sinaí. Cuando le dijeron a Moshé, "Todo lo que ha
hablado Dios haremos y escucharemos", estaban realmente diciendo que en
efecto: Cualquier cosa que nos pida Dios, haremos - diciendo esto antes de oir
cualquiera de los mandamientos. La palabra "escucharemos" implica que aún
no habían escuchado los Diez Mandamientos, ni ninguna de las leyes que
siguieron y que se detallan en esta parashá. Tanta predisposición tenían para
acatar Sus requerimientos que los aceptaron sin saber en qué consistían. (2)
Esta lectura, adoptada por Rashi en su comentario sobre la Torá,
presenta dificultades porque requiere que la lectura de la narrativa esté fuera
del orden cronológico (utilizando el principio de que "no hay antes ni después
en la Torá"). Los eventos del capítulo 24, según esta interpretación ocurren
antes del capítulo 20, donde está la descripción de la revelación en el Sinaí y los
Diez Mandamientos. Ibn Ezra, Rashbam y Rambam disienten con Rashi y leen
los capítulos en orden cronológico. Para ellos las palabras na´asé venishmá no
significan "haremos y escucharemos" sino simplemente "haremos y
obedeceremos".
La segunda interpretación - no en el sentido directo del texto pero aun así
importante - se ha empleado frecuentemente en el pensamiento judío moderno.
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Según
esta
versión,
na´asé
venishmá
significa
"haremos
y
comprenderemos"(3). De ahí se llega a la conclusión de que el judaísmo sólo
puede comprenderse actuando, cumpliendo con los mandamientos y viviendo
una vida judía. En el comienzo está el acto (4). Sólo después viene la captación,
la internalización, la comprensión.
Ésta es una señal y un punto esencial. El pensamiento Occidental
moderno tiende a poner las cosas en un orden inverso. Tratamos de entender a
qué nos comprometemos antes de aceptar el compromiso. Eso está perfecto si se
trata de firmar un contrato, comprar un teléfono celular o encargar una
suscripción, pero no para asumir un compromiso existencial profundo. La única
forma de comprender el liderazgo es liderando. La única forma de comprender
el matrimonio es casándose. La única forma de entender si el ejercicio de una
carrera es buena para uno, es probar durante un determinado tiempo. Aquellos
que caminan por la cornisa de asumir un compromiso sin tomar la decisión
hasta que estén claras todas las circunstancias, verán que mientras tanto se les
fue la vida (5). La única forma de comprender un estilo de vida es asumir el
riesgo de vivirlo (6). Por lo tanto puede entenderse na´asé venishmá:
"Haremos, y eventualmente, después de una práctica extendida y larga
exposición, comprenderemos."
En mi introducción de Convenio y Conversación de este año sugerí una
tercera interpretación bastante distinta, basada en el hecho de que los israelitas
son descriptos en la Torá ratificando el pacto tres veces: la primera antes de
escuchar los Mandamientos y después dos veces más. Hay una diferencia
fascinante en la manera en que la Torá describe las dos primeras respuestas y
luego la tercera:
Todo el pueblo junto respondió "Haremos (na´asé) todo lo que el
Señor nos dijo" (Ex. 19: 8)
Cuando Moshé fue y le dijo al pueblo las palabras y leyes del
Señor, contestaron con una sola voz: "Todo lo que el Señor ha dicho, haremos
(na ´asé) (Ex.24: 3)
Entonces tomó el Libro del Pacto y se lo leyó al pueblo. Ellos
respondieron
"haremos y escucharemos (na´asé venishmá) todo lo que el Señor ha dicho."
(Ex. 24 :7)
Las primeras dos respuestas, que se refieren solo a la acción (na´asé) se
expresan unánimemente. El pueblo responde “todo junto” y lo hacen “con una
sola voz”. La tercera, que hace referencia no solo al hacer sino también al
escuchar (nishmá) no implica unanimidad. “Escuchar” en este punto significa
muchas cosas: oír, prestar atención, comprender, internalizar, responder y
obedecer. Se refiere, en otras palabras, a lo espiritual, la dimensión interior del
judaísmo.
De aquí se desprende una consecuencia importante. El judaísmo es una
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comunidad de hacer más que de “escuchar”. He aquí un código de autoridad de
la ley judía: cuando se refiere a la halajá, la forma de hacer del judaísmo
requiere consenso.
Por el contrario, aunque existen indudablemente principios en la fe judía,
en lo referente a la espiritualidad, no hay un único enfoque normativo. El
judaísmo ha tenido sus sacerdotes y profetas, racionalistas y místicos, filósofos y
poetas. El Tanaj, la Biblia hebrea habla con una multiplicidad de voces. Isaías
no era Ezequiel. El libro de Proverbios proviene de una mentalidad distinta a la
de los libros de Amós y Oseas. La Torá contiene ley y narrativa, historia y visión
mística, ritual y rezo. Hay normas de cómo deben actuar los judíos, pero no de
cómo deben pensar y sentir.
Experimentamos a Dios de diferentes maneras. Algunos lo hallan en la
Naturaleza, en lo que Wordsworth llamó “una sensación sublime / De algo
mucho más profundamente fusionado, / Cuya morada es la luz de los soles
ponientes, / y el océano redondo y el aire viviente". Otros lo encuentran en las
emociones interpersonales, en la experiencia de amar y ser amado – lo que Rabí
Akiva expresó cuando dijo que en el verdadero matrimonio “la Divina presencia
se encuentra” entre el esposo y su mujer.
Algunos encuentran a Dios en el llamado profético: “Que la justicia baje
como un río y la rectitud como un impetuoso arroyo” (Amos 5: 24). Otros Lo
encuentran en el estudio, “regocijándonos con las palabras de Tu Torá…pues
son nuestra vida y la extensión de nuestros días; en ellas meditaremos día y
noche.” Aún otros Lo encuentran en la plegaria, descubriendo que Dios está
cerca de todos los que lo llamen de verdad.
Están los que encuentran a Dios en alegría, danzando y cantando como
hizo el Rey David cuando llevó el Arca Sagrada a Jerusalén. Otros – o las
mismas personas en distintos momentos de sus vidas – Lo encuentran en las
profundidades, en lágrimas y remordimientos y en el corazón quebrado.
Einstein encontró a Dios en la “atemorizante simetría” y la complejidad
ordenada del universo. El Rav Kook Lo encontró en la armonía de la diversidad;
el Rav Solovieitchik en la soledad del ser cuando se extiende hacia el alma del
Ser mismo.
Hay una forma normativa de hacer lo sagrado, pero hay muchas formas
de escuchar a la voz sagrada, de encontrar su sagrada presencia, de sentir al
mismo tiempo nuestra pequeñez y la grandeza del universo que habitamos, y
qué insignificantes debemos parecer ante lo vasto del espacio y la miríada de
estrellas.
Pero también sentimos cuán fundamentalmente significativos somos,
sabiendo que Dios ha puesto su imagen y semejanza en nosotros, aquí, en este
lugar, en este tiempo, bajo estas circunstancias, con una tarea a cumplir si es
que nosotros somos capaces de discernirla. Podemos encontrar a Dios en las
alturas y en las profundidades, en soledad y junto a otros, con temor y amor,
con luz enceguecedora y en medio de la oscuridad más profunda. Podemos
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encontrar a Dios buscándolo, pero a veces Él nos encuentra cuando menos lo
esperamos.
Ésa es la diferencia entre na´asé y nishmá. Cumplimos las órdenes de
Dios “todos juntos”. Respondemos a sus mandamientos “con una sola voz”. Pero
escuchamos la presencia de Dios de muchas maneras, porque aunque Dios es
Uno, nosotros somos todos diferentes, y cada uno Lo encuentra a su manera.
(1) Shabat 88 a-b
(2) Existen, naturalmente, distintas interpretaciones acerca de la aceptación de
los israelitas. De acuerdo a una de ellas, Dios “suspendió la montaña sobre
ellos”, dándoles la opción de aceptar o morir. (Shabat 88 a)
(3) La palabra ya tiene este significado en el hebreo bíblico, como en la historia
de Babel, donde Dios dice: vamos a confundir su lenguaje, de tal forma que
no puedan comprenderse entre ellos.
(4) Esta es la famosa frase de Fausto de Goethe.
(5) Esto es similar al planteo de Bernard Williams en su famoso ensayo “Moral
luck” donde hay ciertas decisiones – el ejemplo que trae es la decisión de
Gauguin de dejar su carrera y su familia para ir a pintar a Tahití – donde no
se puede saber si la decisión tomada es la correcta hasta haberla hecho y ver
cómo resulta. Toda decisión existencial de este tipo involucra un riesgo.
(6) Éste, incidentalmente es el enfoque Verstehen de la sociología y la
antropología, en el sentido de que estas disciplinas no pueden
comprenderse desde afuera, deben experimentarse desde adentro. Esta es
una de las principales diferencias entre las ciencias sociales y las naturales.
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