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En el río de tu Palabra estaremos firmes

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En el río de tu Palabra estaremos firmes
En el río de tu Palabra estaremos firmes
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y
todo lo que hace, prosperará.” Salmo 1:3
Esta escritura me lleva a un lugar especial interiormente y me pregunto: ¿De qué me está hablando la
Palabra de Dios con esta escritura?
El árbol aquí en este Salmo somos nosotros. Comienza hablando del hombre que es bendecido, o sea un
hombre que ha recibido las bendiciones del cielo, y que busca mantener una vida integra, bondadosa,
misericordiosa, dadivosa, perdonadora. Sabe poner a Dios por sobre todas las demás cosas en su vida y
se da cuenta que debe vivir buscando íntimamente a su Dios. La Palabra de Dios se convierte en su
deleite, en su gozo y cuando esto sucede es que entonces reflexiona, profundiza, estudia y considera lo
que Dios dice en todo y para todo.
¿Cuál es el resultado de esta vida consagrada y de entrega? El resultado es que nos lleva a conocer
profundamente la Palabra de Dios, nos abre los ojos del espíritu para entender cuando debemos huir de
aquellos que buscan nuestro mal, y no ceder ante las tentaciones. Aprenderemos a discernir los caminos
que Dios quiere llevarnos y con quien quiere que nos relacionemos. En otras palabras, como Él desea que
llevemos nuestras vidas. Cuando estamos firmes en la Palabra de Dios, eso nos sitúa en una posición de
autoridad y de revelación y desearemos bañarnos y sumergirnos en el río de la Palabra de Dios. Las
aguas del río que salen del trono de Dios traen revelación, traen vida y provisión; traen sanidad,
restauración y restitución de todo lo que se haya perdido en el transcurso de la vida. Cuando el árbol está
firme, o sea tú y yo, reverdeceremos, daremos frutos agradables a Dios y otros podrán ver en nuestro
caminar que hay un Dios que cambia, un Dios que transforma, que trae esperanza y que prospera todo lo
que emprendemos.
Pedro, Juan y Jacobo pudieron haber seguido sus negocios de pesquería, seguir cuidando de sus familias
y vivir vidas buenas, sin embargo ellos tomaron el camino especial de seguir a Jesús y de cambiar sus
vidas de sencillas y sin transcendencia a vidas llenas de excelencia y de frutos. Ellos cambiaron sus vidas
ordinarias a vidas extraordinarias, y esto solo se puede hacer cuando ponemos a Dios primero en todo, y
entonces estaremos firmes, prosperaremos en todo y daremos los frutos para alcanzar a nuestra
generación y dejar el legado para la próxima.
Señor que los ojos se abran, los oídos se destupan y los corazones reciban la gran necesidad de vivir de
acuerdo a tu voluntad y no a la nuestra. Que nuestros labios confiesen que Jesucristo es el Señor y que
tu Santo Espíritu venga y haga morada en nosotros de acuerdo a la Promesa. Él, tu Santo Espíritu, nos
hará conocer todas las cosas del Padre y del Hijo, en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Amén!
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