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ve y dile a mis hermanos
Jesús y la Magdalena: la rehabilitada, discípula y enviada
Pedro Trigo, s.j.*
S
La cita del título es tomada de Juan 20,17. En este
artículo, el autor analiza el texto en el que aparece esa
frase de Jesús para pasar luego a explicitar qué
significa para la gente en la actualidad. Jesús se
aparece en primer lugar a María Magdalena
relieve eclesial
Ve y dile a mis hermanos
egún muchos estudiosos de las fuentes evangélicas, María Magdalena fue la primera persona
a quien Jesús se apareció.
Se basan en que en la cultura de los evangelistas y de los receptores de los evangelios el
testimonio de una mujer no era fehaciente en el
sentido de que el testimonio público, digamos
oficial, no podía basarse en la palabra de ellas.
Si Mateo y el cuarto evangelio lo afirman, es porque no se podía negar que las mujeres fueron
las que estuvieron presentes en la muerte y sepultura de Jesús y fueron también las primeras
a quienes se dejó ver, junto al sepulcro abierto.
En la lista de las mujeres que da cada evangelista, la única persona que aparece en todas
es María Magdalena, que el cuarto evangelio y
el epílogo de Marcos presentan como la única
destinataria de la aparición. Analicemos, pues,
el texto del cuarto evangelio para comprender
el sentido de esas palabras de envío.
De ella habían salido siete demonios
Antes habría que recordar que según Lucas,
María fue una de las mujeres que acompañaron
a Jesús en su viaje paradigmático de Galilea a
Jerusalén, que ocupa la mayor parte de su evangelio. De ella se dice que Jesús la había librado
de siete demonios, noticia que confirma el epílogo de Marcos.
¿Qué significa esto? Que María había vivido
una vida muy miserable, sin poder expresarse su
persona, secuestrada por un personaje que la
impelía a obrar compulsivamente. Así como en
otros casos se nos informa algo más concretamente del problema específico, en este caso no
sabemos nada. Puede ser la depresión, el desvalimiento, o la cólera o cualquier otro impulso que
la dominaba, no moralmente, como si se hubiera
entregado al pecado1, sino síquicamente. El número siete indica que estaba en el último grado
de alienación, de postración personal.
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Es importante subrayar el comentario del evangelista cuando al asomarse al sepulcro vacío el
discípulo amado dice que vio y creyó, “porque
todavía no habían entendido lo de la resurrección
de los muertos”. María, pues, creía que Jesús ya
no existía. O, mejor, que ya no existía en sí mismo, aunque continuaba existiendo en ella.
María se aferra a sus restos. Por eso, al comprobar que no estaban en el sepulcro, corre a
decírselo a los discípulos y enseguida regresa.
Lo que le contesta al que ella cree el hortelano,
revela la confusión en la que se encuentra: “si
tú te lo has llevado, dime dónde lo pusiste para
que vaya a recogerlo”. ¿Dónde va a ir María cargando con el cadáver de Jesús? Parecería que
María está a punto de caer de nuevo en la alienación, en trance de estar poseída otra vez por
el demonio. También el amor es fuente de alienación y debe ser salvado. Si María no logra
Ellas lo servían
desprenderse de los restos de Jesús, ella deja de
Marcos, al dar cuenta de las mujeres que veían intercambiarse con los demás, deja de ser un ser
a lo lejos la tortura de Jesús, dice que eran las vivo sano y se convierte en una mujer trastorque lo habían seguido desde Galilea sirviéndo- nada: locura de amor.
lo. A diferencia de los discípulos, que trataban
de hacer méritos para subir y llegar a ser servidos, ellas lo siguieron con la misma actitud de
La palabra de Jesús recrea a Maria
Jesús, que no había venido a ser servido sino a
La palabra de Jesús la saca de ese estado. La
servir. Como tenían la misma actitud de Jesús, nombra como la nombraba cuando vivía en esdigamos su mismo espíritu, pudieron seguir con te mundo. Pero ahora quien la nombra es Jesús
él en las horas negras y por eso alcanzaron la vencedor de la muerte. Por eso nombrarla es
gracia de participar también las primeras de la recrearla, convirtiéndola en una mujer nueva,
gloria de la resurrección.
partícipe de su resurrección. Es el nuevo Adán
Es obvio que Jesús no trata de invertir el pa- que en el nuevo jardín, el primer día de la nuetriarcalismo por el matriarcalismo. Por eso se va creación, nombra, es decir, da existencia peralude a esa actitud, que no es una actitud auto- sonal, a la nueva mujer.
mática de las mujeres. Pero la costumbre de serEs la segunda vez que Jesús salva a María. La
vir podía llevar a servir no por obligación sino vida de María había muerto con la vida de su
con libertad liberada. Y en ese sentido ellas te- amado. Su amado resucitado la llama de la muernían ventaja.
te haciéndola partícipe de su existencia resuciAsí pues, el punto de partida de Magdalena tada.
es que el encuentro de Jesús con ella la había
La pregunta es qué forma tomará esta nueva
rehabilitado y que ella se había entregado a esa existencia. María sabe que es una existencia con
relación como la vida de su vida y que esa en- Jesús y para él, pero ya definitivamente. Como
trega la había llevado a dar de sí de modo so- Jesús ha llegado a su meta, ya no necesita que
bresaliente, de manera que en esa entrega se lo sirva. Por eso María lo que hace instintivahabía edificado como una persona eximia.
mente es echarse a los pies de Jesús.
Pero ésa no puede ser su vida: esa manera de
concebir el amor acaba en la muerte. Ése es el
María murió con Cristo
contenido de los mitos de amor del Occidente,
Pero Jesús, su vida, había muerto. ¿Qué sería mitos incompatibles con el cristianismo. El abrazo
ya para ella vivir? Ella no se lo podía si quiera es una manifestación simbólica, no un modo de
plantear. Por eso, en cuanto acaba el descanso vivir. Si obsesivamente se lo quiere convertir en
sabático, regresa adonde había visto que lo ha- un modo de vivir, el amor acaba en la muerte.
bían sepultado. Va al sepulcro para sentir la iluMaría es salvada de nuevo por una palabra
sión de estar con él. Sin embargo, esa relación de Jesús: “ve a mis hermanos y diles”. Jesús conmutua en la que había consistido su vida, en la vierte la vida recreada de María, en envío. En
que la primera palabra la había tenido él, ahora adelante María será la envidada a los enviados,
quedaba reducida a la relación de ella con él: al la enviada de Jesús.
recuerdo de lo vivido y de él como viviente.
Como María ama a Jesús, como para ella, lo
Porque ahora él ya no vivía.
único esencial es hacer lo que él le diga, lo suelta y se va de su presencia sin ninguna nostalgia.
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Pues bien, al encontrarse Jesús con ella, ya
que en ese estado ella no podía tomar la iniciativa, su persona había por fin aflorado y se había disipado ese factor perturbador. Jesús, al
interesarse por ella, mediante su relación personal, había conseguido que renaciera a la vida
verdadera, a la vida personal, al uso de la libertad, a la liberación de esa libertad, a las relaciones humanizadoras, a ella misma y a la posibilidad de entregarse personalmente de manera
que al salir de sí se encontrara por fin a sí misma. Se podía decir que con Jesús vivía, más aún,
comenzó a vivir. Jesús la había puesto a valer.
Ella había correspondido entregándose a Jesús, viviendo para él desde lo mejor de ella misma, creciendo con esa relación hasta hacerse
una mujer cabal.
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contenido de la vida eterna, es decir de la misma vida interna de Dios, que Jesús nos comunicó y que, si la aceptamos y vivimos en este
mundo, viviremos para siempre, después de morir, en la casa de Dios.
¿Qué dice esta escena para nuestra misión?
Primero, que nuestra misión está basada en
un encuentro personal con Jesús que nos rehabilita y recrea. Un encuentro al que correspondemos con todo lo que somos. Este encuentro
no puede faltar. Pero no puede ser cosa del pasado. En el amor no se puede vivir de rentas. El
encuentro tiene que ser actual. Y progresivo, cada día más totalizador. No está en nuestras manos decir que sí para siempre ya que somos estructuralmente abiertos. Lo propio del ser humano es reiterar incesantemente sus decisiones.
Si no se ha dado este encuentro, si la persona
no ha tenido experiencia interna, de que Jesús
es el tesoro de su vida, no es posible ser su enviado.
Si la persona cree que con la ayuda de Dios
ella se ha portado bien, aun en medio de sus
deficiencias, de tal manera que en cierto modo
tiene derecho a la recompensa porque le está
dando lo mejor de sí, esa persona no sabe quién
es ella ni quién es Dios para ella ni tampoco
Es mejor para ella obedecer su palabra que ex- quién es Jesús, es decir qué papel ha tenido y
perimentar su cuerpo. Sabe que no lo volverá a tiene en su vida.
ver ni a abrazar en este mundo. Pero no se deEsa persona no vive como enviada de Jesús
vuelve como la mujer de Lot. María cuando se sino como un empleado que está labrándose su
despega de Jesús para cumplir su misión no de- futuro en este negocio tan bueno para los demás
ja nada atrás. Sabe que Jesús está sólo adelante. y para ella. Esa persona no sabe que Dios es
Ha subido al Padre. Ella camina hacia él hasta gratuito y que la ha estado sosteniendo de la
que se encuentren definitivamente en la casa del mano y quitándole los obstáculos del camino
Padre materno. En adelante vive de su pala- porque, conociendo su debilidad, sabía que no
bra.
tendría fuerzas para superarlos. No es fácil que
Vive en su nombre, como enviada de él, como ande enteramente agradecida de su amor consel Padre lo envió a él al mundo. Lo que se va a tante, previniente y sanante. Y es imprescindible
encontrar no son gente sin ningún vínculo con que la persona llegue hasta ahí para que viva
ella. Jesús la envía a sus hermanos, que serán como enviada. Éste es, pues, el punto primero.
ya para siempre hermanos de ella también.
Pero no basta.
La envía a decirles que miren hacia adelante.
Jesús no está aquí, no es un cadáver: les preceVivir como enviada
de ante el Padre, adonde se van a encontrar paEs imprescindible que la persona se sepa perra siempre con él. Mientras tanto a ellos y a ella
les toca reunir a las hijas e hijos de Dios que sonalmente enviada: que no vive desde sí ni
están dispersos, hacer de la humanidad una so- para sí sino para cumplir la misión. Está bien
la familia, empezando por los pobres, como hi- que nos amemos como hermanos; pero nosotros
zo el Señor y sin excluir a los tenidos como in- no somos maestros ni guías ni jefes. Él es el salvador, él nos lleva en su corazón y así, al hacerdeseables.
Pasemos ahora al contenido de la misión: al se nuestro hermano, al definirse por la relación
hacerse Jesús nuestro hermano, nos introduce con nosotros, nos introduce en su relación filial
con el Padre materno.
en su relación filial con Dios.
Como se ve, la relación con lo anterior es toEs interesante anotar que según el cuarto
evangelio es en esta escena donde Jesús revela tal: en efecto, si la persona no ha experimentacabalmente su misterio. El misterio consiste en do a Jesús como aquel en quien el Padre materque, al hacerse Jesús nuestro hermano, su Padre no nos introduce en su misma vida, no puede
es también nuestro Padre y su Dios, nuestro anunciarlo desde dentro. Lo dirá como algo
Dios. Ése es el contenido del reinado de Dios aprendido, como un encargo de una institución.
que Jesús hace presente y proclama. Éste es el No lo hará presente al decirlo. Aludirá sólo a un
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contenido meramente ideológico, aunque asienta a él con sinceridad. Uno no puede vivir para
comunicar una buena nueva, si ella no le llena
el corazón.
Pero además, la persona no lo hace sólo porque le salga de dentro sino también porque el
propio Jesús la ha llamado para hacerla su testigo, como enviada a las hermanas y hermanos.
Esa persona vive llevando el nombre del Señor.
Ya lo que haga no le deja sólo bien o mal parada a ella sino que santifica el nombre de Jesús
y de su Padre materno o lo profana, porque ella
lleva ante sus conciudadanos ese nombre sagrado.
El que se sabe enviado nunca deja de admirarse de la confianza que Dios y Jesús han tenido en él. Sabiendo que ellos son gratuitos, se
alegra de que quieran servirse de él y trata con
toda humildad y verdad de hacerlo en verdad
presente con sus palabras y obras. Para trasparentarlos procura no tenerse por importante para no desviar la atención hacia su persona. Su
mayor alegría es vivir como su enviado.
El contenido del envío: el reinado como camino al reino.
Lo primordial del enviado es ser hallado fiel.
¿Y cuál es el mensaje que se nos ha encargado
trasmitir? Que todos somos hermanas y hermanos porque todos somos hijos e hijas del Padre
materno común.
Esto no es nada obvio. Más aún, parece evidente lo contrario: muchos se sienten individuos sin
lazos constituyentes, otros sienten que tienen algunos hermanos, bien sea de carne y sangre, bien
de afinidad o de interés común, pero fuera de
ellos, los demás no son nada suyo o más bien
competidores o incluso enemigos. Esto resulta
especialmente palmario en esta época globalizada en la que todos estamos en presencia de todos,
pero en la que el desconocimiento de los otros,
incluso el sacrificar a los distintos para el provecho mío y de los míos, es un hecho macizo.
Ser todas y todos hermanas y hermanos es un
vínculo rigurosamente trascendente, No nace de
nuestra historia. Sólo lo establece el hecho de ser
todos hijos del mismo Padre materno, de Papadios. Ahora bien, no somos hijos de Dios por el
hecho de habernos creado. El Creador nos da
nuestro ser. El Padre nos da su propio ser. ¿Por
qué podemos afirmar que nuestro Creador se ha
hecho también nuestro Padre materno?
Lo afirmamos porque su Hijo único y eterno,
al hacerse nuestro hermano, al llevarnos en su
corazón, nos ha introducido en su relación filial
intradivina. Jesús se ha hecho hermano nuestro,
tanto como es hijo de Dios. Al definirse por su
relación con nosotros, nosotros hemos entrado
a formar parte de su relación con Dios. Cuando
él está con Dios, está como nuestro hermano y
cuando está con nosotros está como hijo de
Dios. Nunca es sólo hermano o sólo hijo. La
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buena noticia que se nos encarga comunicar es
que nuestro primogénito ya ha llegado al llegadero de todo, que no es disolvernos en la materia del universo para que prosiga la evolución
sino ser recreados por Dios en la propia comunidad divina.
Nosotros vivimos en camino hacia él. El camino consiste en vivir como hijas e hijos verdaderos de Dios, con confianza filial, confianza
absoluta porque él ya nos ha dicho que sí incondicionalmente a través de su Hijo. Esta confianza se traduce en disponibilidad a su designio
sobre nosotros, que no es otro que el que contribuyamos a hacer de este mundo la familia de
las hijas e hijos de Dios. Es decir que nuestra
existencia filial se expresa haciéndonos hermanos de todos.
Vivir como hermanas y hermanos no es una
de tantas relaciones, es más bien la cualidad que
debe impregnar a cada una de la relaciones, de
manera que todas acaben siendo fraternas. Relacionarnos con nuestros padres como hermanos
hijos, con nuestros hijos como hermanos padres,
con nuestros hermanos de carne como hermanos en Cristo, con los compañeros de trabajo,
de vida o de partido como hermanos compañeros, con los desconocidos como hermanos desconocidos, con los diferentes como hermanos
diferentes, con los enemigos como hermanos
enemigos. El empeño constante para que cada
una de las relaciones armonicen con la fraternidad en Cristo, es una tarea inacabable: la tarea
de la humanización y salvación de todas las relaciones.
Ahora bien, habrá relaciones que no pueden
armonizar con ella. Entonces tenemos que dejarlas. Aunque nos duela el alma. Si no, no somos cristianos ya que nos definimos, no por la
fraternidad en Cristo de las hijas e hijos de Dios,
sino por la relación que absolutizamos.
En esto consiste la misión a la que nos han
llamado. Una misión que exige concretarse de
múltiples modos, pero todos como canales y
expresiones de lo que acabamos de decir.
* Miembro del Consejo de Redacción de SIC.
NOTAS
1 La imagen de la Magdalena como prostituta no tiene asidero ni en los evangelios
ni en la tradición de los primeros siglos. La identificación viene posibilitada y casi
sugerida cuando en la edad media se equiparan demonios y diablos. Eso tiene que
ver con el imaginario de las tribus germánicas. En la antigüedad, tanto grecolatina
como palestiniense, no era posible esa equivalencia. Los demonios o espíritus eran
fuerzas ahumanas, que podían ser positivas o negativas, por eso se especifica un
mal espíritu o un espíritu impuro. La necesidad de discernir se basa en que puede
tratarse de un mal espíritu o del propio espíritu o del buen espíritu.
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