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1 Quizás una cuestión de topología social: Moebius, la
Quizás una cuestión de topología social: Moebius, la interculturalidad y los
residentes europeos en Alicante1.
Antonio Miguel Nogués Pedregal2
Les étoiles sont belles, à cause
d’une fleur que l’on ne voit pas…3
(Le Petit Prince, XXIV)
Las ideologías, creencias, religión y filosofía, valores y actitudes
son esenciales en el estudio de la unidad geográfica.
Un trozo de pizarra,un río, etc., pueden estar valorizados, culturalizados,
de forma que son radicalmente distintos de las demás
pizarras y ríos no sólo fuera, sino dentro de la misma región.
(C. Lisón Tolosana, 1971:224)
Resumen
Desvanecido el principio de territorialidad y debilitadas las estructuras sociales que
producían significado y ofrecían el marco de interpretación en los lugares de origen, ¿de
qué forma los distintos colectivos que residen en entornos multiculturales se hacen
inteligible el mundo y, especialmente en la costa alicantina, los expatriados de la Unión
Europea? La respuesta se analiza desde una perspectiva que considera lo cultural como
una dimensión que refiere más a los procesos de diferenciación que a la cultura de un
colectivo determinado, y se obtiene mediante una etnografía estadística que incorpora
las posibilidades metafóricas de la topología al trabajo de campo etnográfico. No
obstante, aunque es un trabajo en desarrollo aquí se avanzan algunas ideas y, sobre todo,
preguntas que abren diversas líneas de investigación. Estudio algunos aspectos de las
relaciones interculturales en Alicante a partir del apartamiento de los expatriados
europeos que dibujan las estadísticas. Para ello analizo tres aspectos: la transformación
de las urbanizaciones en lugares, el deseo de escapar al control gubernamental y el
ruralismo, como elementos de una realidad que guarda anclajes coloniales.
Palabras claves: interculturalidad, residentes extranjeros, espacios, turismo
Introducción
En las páginas que siguen adelanto quizás de manera un tanto temeraria, algunas de las
conclusiones a las que me está llevando mi trabajo de campo sobre los residentes
europeos en la costa y zonas de interior de Alicante4. Contra lo que pudiera parecer, esto
1
Publicado en Revista Valenciana d’Etnologia, 2: 33-58 (2007)
Antonio Miguel Nogués Pedregal. Edif. Torreblanca. Avda. de la Universidad, s/n. Universitas Miguel
Hernández. 03202 Elche. [email protected]
3
“Las estrellas son bellas, por una flor que no se ve…” (El Principito)
4
Concretamente en Baix Vinalopó-Vega Baja, y aquellos municipios de interior de l’Alacantí y la Marina
Baixa que conforman la realidad tecno-administrativa de la mancomunidad de la Bonaigua: Aigües,
Busot, Relleu, Sella, Tibi y Torre de les Maçanes (Nogués, 2006).
2
1
no es una excusa con la que proteger los defectos del texto; más bien es una invitación
directa que le curso a Ud. amable lector, para que añada nuevas perspectivas, sugiera
ideas, corrija errores e indique otros caminos de investigación por los que adentrarme,
sobre todo porque la investigación pretende ser también una experiencia de universitas
scientiarum, ya que en su realización busca superar esas distancias que, entre disciplinas
y saberes, imponen los diletantes desde la torre académica que les sirve de refugio5.
Siempre me ha preocupado la noción de continuo, y no sólo porque ésta sea una de las
nociones básicas del pensamiento científico, sino porque han sido y son muchos los
antropólogos que recurren a esta noción para explicar los procesos sociales y culturales
que estudian. Baste recordar a R. Redfield quien, con su acertada referencia al
continuum folk-urbano, plantea una ‘formulación más precisa’ de cómo las
comunidades rurales aisladas y homogéneas ‘cambian en la dirección opuesta cuando
experimentan el contacto y la comunicación con la sociedad urbanizada’ (Redfield,
1941:409-410); o a N. García Canclini quien refiere al ‘continuum de diversidad’ para
explicar la realidad mestiza de las sociedades actuales (1999:109); o la etnografía de
Waldren (1996) que estudia cómo las categorías de insiders y outsiders se re-interpretan
constantemente en el entorno turístico de Deià; e incluso, la mera existencia de
diferentes tipos de movimientos de población ‘difumina la distinción entre las díadas
migratorias, convirtiéndolas en un continuo y mezclándolas en nuevas matrices y
combinaciones más que preservarlas como tipos opuestos fácilmente identificables’
(King, 2002:94)6. De acuerdo con esta idea, y en un proceso socio-demográfico como el
que experimenta la Comunidad Valenciana en donde la población extranjera en 2005
representa el 12,40% de los habitantes (lo que supone un incremento del 25,3% respecto
al 2004) y donde además no es fácil delimitar territorialmente los asentamientos
(municipio, barrio, comarca…) que son de extranjeros, he considerado interesante
retomar la noción de continuo como metáfora para exponer algunas de las conclusiones
a las que me está llevando la investigación en marcha. Si bien, y antes de proseguir,
creo necesario subrayar que la utilización de la idea de continuo (proceso sociocultural)
no la realizo en su orden ‘métrico’, lo que supondría aceptar su divisibilidad (cualquiera
que sea la denominación que le demos a sus unidades constitutivas: comunidades,
colectividades, grupos culturales/étnicos, enclaves…), sino en un orden ‘topológico’.
La topología es una rama de las matemáticas que trata especialmente de la continuidad,
y de las propiedades de las formas geométricas que permanecen invariables en cualquier
situación (estiramiento, compresión, torsión…). Así, por ejemplo, para la topología las
diferentes formas que adquiere una superficie cuando se estira, se comprime o se
torsiona, son equivalentes. En cierto aspecto la topología y algunas de las formulaciones
teóricas más conocidas de la antropología guardan similitudes: las grandes narrativas –
en el sentido de Lyotard—también buscan los universales (en este caso, los culturales)
que subyacen en las distintas situaciones históricas. El objetivo de esta exposición no es,
5
Siguiendo lo que Clifford Jansen ya apuntara en 1969, Russell King subraya la “necesidad de una
síntesis interdisciplinaria que agrupe e integre todo el abanico de perspectivas, paradigmas, posiciones
teóricas y metodológicas con el objetivo de estudiar la migración (o las distintas formas de migraciones)
de una manera holistica (enmarcando la migración en su contexto social) y que reconozca su diversidad
polifacética” (King, 2002:90-91).
6
Recordemos que el estudio de los inmigrantes europeos en el Mediterráneo se aborda en el marco de las
migraciones contemporáneas y como una expresión más de los movimientos transnacionales que
caracterizan la modernidad (Urry, 2000:26-32).
2
por tanto, que Ud. y yo nos perdamos entre argumentos filosóficos y matemáticos sobre
las tres formas aristotélicas de ordenar las cosas (consecutivas, contiguas, y continuas),
sino en mostrar hasta qué punto el empleo de otras perspectivas disciplinarias puede
ayudarnos a comprender antropológicamente lo cultural de una sociedad global7.
Hace varios meses, en un periódico de tirada nacional (El País, 14 de mayo de 2006) me
quedé sorprendido por una fotografía que, como pocas, capturaba el mágico instante de
la relación entre grupos humanos en un contexto de –digamos— normalidad
multicultural (coexistencia de varias culturas en un mismo territorio). El pie de foto era
descriptivo: ‘una pareja de chulapos madrileños celebra la fiesta de San Cayetano en
Lavapiés ante dos vecinos inmigrantes’. Efectivamente, la fotografía recoge el garboso
andar de una señora que, ataviada con un castizo traje de impecable blanco, y un
pañuelo sobre la cabeza que, graciosamente anudado, le sujetaba unos claveles al pelo,
paseaba acompañada por su marido quien, algunos pasos por detrás, vestía cumpliendo
el canon: gorra, chaleco gris con ribete negro, camisa blanca con pañuelo al cuello, y
clavel rojo en la solapa. Apoyados en lo que parece la entrada de un establecimiento,
dos hombres negros de unos cuarenta años miran el paso de los castizos. Uno de ellos,
el más alejado, viste una camisa de manga corta con rayas verdes y mira fijamente al
fotógrafo desde la atalaya que le proporciona el pequeño escalón de entrada a la tienda.
El otro, en camiseta sin mangas, robusto y con bigote, mira el paso firme de la señora,
quien sonríe con disimulado orgullo a la cámara.
Por su parte, el fotógrafo, quién a buen seguro previó la escena antes de que ocurriera,
captó el preciso instante en que las miradas, los giros, los guiños, los trazos y los
silencios, expresaban las emociones y pareceres que constituyen la conciencia objetiva
de una realidad vivida subjetivamente por cada uno. Es ese cruce diagonal de miradas,
la del que desde el segundo plano se fija en nosotros y que resulta complementaria de la
reservada mirada que nos dedica la señora; o la del que, con una mezcla de extrañeza
por el exotismo del atuendo y altivez, mira de reojo a la señora y que, desde el
microanálisis proxémico, se nos presenta como radicalmente opuesta a la silenciada
mirada del chulapo madrileño que esconde la vista al pasar junto a sus nuevos vecinos.
Mirando la imagen me vino a la cabeza la investigación que estaba realizando sobre los
expatriados europeos residentes y la pluralidad cultural que se daba en un contexto
turístico tan consolidado como la Costa Blanca, en el que la industria turística determina
los principales aspectos de la estructura social y económica de la provincia de muchas
localidades (García Andreu y Rodes, 2004). Llevo años estudiando lo cultural en
entornos turísticos, o dicho de otra forma, cómo se producen y reproducen los sentidos
en zonas donde el turismo se presenta y se percibe como un hecho incontestable, y
cuyas leyes de mercado han transformado las normas de sociabilidad. Y la fotografía me
perfiló aún más la pregunta de la investigación que llevaba en curso: una vez
desvanecido el principio de territorialidad y debilitadas las estructuras sociales que
producían significado y ofrecían el marco de interpretación en los lugares de origen, ¿de
qué forma los distintos colectivos culturales que residen en entornos multiculturales se
7
Sobre la relación entre antropología social y matemática se puede consultar: Kay, P. (1971):
Explorations in mathematical anthropology. MIT Press, Cambridge; Ballonoff, P. (ed.) (1976):
Mathematical foundations of social anthropology. Mouton, París; De Meur, G. (ed.) (1986): New trends
in mathematical anthropology. Routledge-Kegan Paul, Londres.
3
hacen inteligible el mundo y, especialmente en la costa alicantina, los expatriados de la
Unión Europea?
Una estadística de la multinacionalidad en la Costa Blanca.
Aunque las cuestiones culturales ni sean ni se entiendan por lo general como cuestiones
cuantificables, creo que si abordásemos las cifras sociales desde una perspectiva
antropológica, esto es, leyendo la famosa primera regla del método sociológico de
Durkheim de “considerar los hechos sociales como cosas” no como un axioma que
objetiva y externaliza la realidad, sino como un presupuesto metodológico que trata los
hechos sociales como si fueran cosas (Desrosières, 1993:16); es decir, si nos
aproximásemos a la estadística desde una actitud instrumental, veríamos que la frialdad
de los números nos ayuda a los antropólogos a hacernos una idea bastante acertada del
contexto general en el que se desarrolla esa cultura viva que es, en definitiva, nuestro
objeto último de estudio. Ya en 1889 el que es considerado uno de los fundadores de la
antropología, el británico sir Edward Burnett Tylor, publicó un artículo8 en el que
adoptó el método comparativo de base estadística, calculando el porcentaje de lo que él
llamaba ‘adhesiones’ (correlaciones) para explicar la reglas del matrimonio y las
prohibiciones del incesto. En este sentido, y siguiendo la noción del propio C. LéviStrauss de que “lo que realmente sucede” es susceptible de tratarse cuantitativamente
según el ‘modelo estadístico’, en alguna ocasión he utilizado el término etnografía
estadística para referirme a la deseable complementariedad entre la descripción
cuantitativa, la investigación documental y bibliográfica, y la explicación de los hechos
etnográficos observados, para comprender desde posiciones teóricas concretas ese
complejo que, de forma anfibológica, la antropología denomina ‘cultura’. Intentaré
explicarme.
Entre otras posibilidades la matemática puede confirmar de modo formal el análisis
antropológico más cualitativo, permitir la enunciación de hipótesis con un armazón
lógico más sólido o, aun, si la complementariedad es buena, alumbrar líneas de
investigación etnográfica. Y el caso que investigo es interesante en este aspecto. Pese a
la paradójica falta de concordancia entre los datos demográficos que se extraen de los
padrones de habitantes, los censos de viviendas y edificios, y las encuestas de población
activa, por citar sólo tres ejemplos –o precisamente por este desencuentro de cifras--,
estoy convencido de que la aproximación antropológica a las estadísticas es la única que
nos puede ayudar a comprender la complejidad social y cultural que aspiramos a
comprender. Veamos los datos9.
Según el Instituto Valenciano de Estadística y, de acuerdo con los datos del Padrón de
Habitantes a 1 de enero de 2005 que se recogen en la Tabla 1, el 12,40% de los
censados no tienen la nacionalidad española, y los mayores contingentes provienen en
orden de mayor a menor de la Unión Europea, América, resto de Europa y África.
8
Tylor, E.B. (1889): On a method of investigating the development of institutions, applied to laws of
marriage and descent’, Journal of the Royal Anthropological Institute, 18:245-269.
9
Debido a la fase en la que se encuentra la investigación, en este artículo sólo analizaré los resultados
estadísticos más sencillos (frecuencias y porcentajes). En la actualidad estoy completando los datos
necesarios para realizar tablas de contingencia, coeficientes de significatividad y diagramas de dispersión
relativos a los análisis de correspondencias múltiples.
4
Procedencia
Alicante
España
Unión Europea
(excl. España)
América
Castellón
Valencia
Com. Valenciana
1.410.749
81,43%
477.794
87,92%
2.221.921
91,94%
4.110.464
87,60%
159.337
9,20%
7.666
1,41%
30.995
1,28%
197.998
4,22%
75.002
4,33%
11.400
2,10%
80.257
3,32%
166.659
3,55%
Europa (excl. UE)
47.957
2,77%
31.988
5,89%
44.929
1,86%
124.874
2,66%
África
32.271
1,86%
13.354
2,46%
28.057
1,16%
73.682
1,57%
7.073
0,41%
1.230
0,23%
10.469
0,43%
18.772
0,40%
1.732.389
100%
543.432
100%
2.416.628
100%
4.692.449
100%
Resto del mundo
Total
Tabla 1. Población de la Comunidad Valenciana según nacionalidad (1-enero-2005). Fuente: IVE
En términos generales, el número de extranjeros con tarjeta o permiso de residencia ha
experimentado un considerable aumento: un 335% respecto a 2001, y un 149,94%
respecto a 2004, lo que supone para el periodo 2001-2005 una tasa media del 14%.
Datos a
31/Dic./2005
Europa
Unión Europea
Resto Europa
África
América
Asia
Oceanía
Apátrida
Alicante
174.934 51,37%
99.810 57,06%
81.854 82,01%
17.956 17,99%
24.864 14,21%
43.884 25,09%
6.290 3,60%
38 0,02%
48 0,03%
Castellón
Valencia
Com. Valenciana
45.700 13,42% 119.894 35,21% 340.528
24.360 53,30% 43.501 36,28% 167.671 49,24%
5.907 24,25% 21.205 48,75% 108.966 64,99%
18.453 75,75% 22.296 51,25% 58.705 35,01%
12.493 27,34% 18.754 15,64% 56.111 16,48%
7.768 17,00% 47.890 39,94% 99.542 29,23%
1.065
2,33%
9.443 7,88% 16.798
4,93%
8
0,02%
297 0,25%
343
0,10%
6
0,01%
9 0,01%
63
0,02%
Tabla 2. Extranjeros con tarjeta o permiso de residencia en vigor. Fuente: Ministerio de Trabajo y
Asuntos Sociales.
Ahora bien si entramos en el detalle, pues los grandes números más que desvelar
ocultan, observaremos que cuando analizamos las dos principales variables
independientes que recogen las tablas demográficas (sexo y edad), podemos perfilar
mejor la caracterización socio-demográfica de los territorios.
Grupo de edad
Menos de 16 años
de 16 a 64 años
Más de 65 años
No consta
Sexo
Hombres
Mujeres
Total
Alicante
12.685 7,25%
130.523 74,61%
31.724 18,13%
2 0,00%
Castellón
Valencia
6.434 14,08%
9.812 8,18%
37.933 83,00% 106.904 89,17%
1.329 2,91%
3.177 2,65%
4 0,01%
1 0,00%
93.053 53,19%
81.881 46,81%
174.934
24.985 54,67% 66.727 55,65%
20.715 45,33% 53.167 44,35%
45.700
119.894
Tabla 3. Extranjeros según grupo de edad y sexo. Fuente: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
5
La comparativa provincial muestra que los porcentajes según sexo se presentan bastante
equilibrados en cada uno de los tres territorios, si bien existe un mayor peso de los
hombres (54,26%) en el conjunto de la Comunidad. Sin embargo, si consideramos la
edad vemos que la pirámide de población de los extranjeros difiere bastante de una
provincia a otra. Alicante es, como confirma la observación, la provincia cuyo
porcentaje de extranjeros mayores de 65 años es más elevado: un nada desdeñable
porcentaje de 18,13% frente al 2,91 de Castellón y el 2,65% de Valencia. Si bien
también se recoge que el 74,61% de la población extranjera residente en Alicante es
población activa (entre 16 y 64 años), de lo que se deduce que debemos investigar la
disparidad que existe, al menos en el plano de las hipótesis, entre la imagen que se tiene
de los extranjeros en la Costa Blanca como colectivo de jubilados y la que presentan los
indicadores estadísticos.
Siendo consciente de los problemas y las limitaciones de las estadísticas sobre los
expatriados europeos en España (Rodríguez et al., 1998:185; Casado y Rodríguez,
2002;), o precisamente por ello, este último dato confirma la necesidad de que
estudiemos etnográficamente el proceso intercultural que sucede en Alicante
diferenciándolo muy bien de la realidad multinacional que evidencian las tablas. Si
confiamos en la demografía del Ministerio vemos que 3 de cada 4 extranjeros residentes
en la provincia alicantina están en edad de trabajar, de lo que se sigue que el principal
ámbito de contacto entre el colectivo no-extranjero y extranjero debe de ser el de las
relaciones laborales, sea como empresarios autónomos (pequeños comercios y empresas
de servicios) o como asalariados. En esta línea, y a falta de terminar los datos fiscales y
laborales apropiados (IAE, Seguridad Social, IBI) y concluir la fase etnográfica, trabajo
sobre la hipótesis de que la construcción del extranjero como opuesto-diferente no se
produce sólo en aquellas ramas de actividad con menor demanda de empleos –
reduciendo la cuestión intercultural a una cuestión de los derechos sociales y/o laborales
de unos u otros—, sino que responde a un planteamiento más general y que podríamos
encontrar en el ámbito de lo que autores como Touraine (2005) denominan ‘la
reivindicación de los derechos culturales’, y que me recuerdan una actualización de la
afirmación de Barth sobre los grupos étnicos: ‘Los límites persisten a pesar del tránsito
de personal a través de ellos. En otras palabras, las distinciones étnicas categoriales no
dependen de una ausencia de movilidad, contacto o información; antes bien, implican
procesos sociales de exclusión e incorporación por los cuales son conservadas
categorías discretas a pesar de los cambios de participación y afiliación en el curso de
las historias individuales” (Barth, 1976:10; en Moreno, 1991:605).
Esta breve reflexión elaborada a partir de unas frecuencias socio-demográficas plantea,
como vemos, algunas preguntas que apuntan directamente al núcleo de la cuestión
cultural para la antropología:¿dónde y cómo se producen la interculturalidad en unos
entornos multinacionales (turistas, inmigrantes, nuevos residentes) donde las leyes del
mercado han sustituido las reglas de convivencia colectiva?, ¿hasta qué punto eluden el
control político los extranjeros mayores de 65 años que no se censan?, ¿podría ser que
confundamos la unidad de análisis estadístico-administrativo (la provincia de Alicante)
con el territorio turístico de la Costa Blanca (la imagen sobre la provincia)?, ¿los
conflictos de carácter laboral (p.ej.: la competencia de las economías emergentes y las
deslocalizaciones) tienen una orientación socio-económica o son movimientos
culturales que conciernen a colectividades?...
6
Expuestos los datos básicos y adelantadas, en forma de preguntas, algunas de las líneas
de trabajo que estoy desarrollando, creo que en este tema de los europeos en España lo
más acertado para la antropología es acercarse a las tablas estadísticas no como si
fuesen un reflejo de la realidad, ni tampoco como si fuesen la realidad, ni siquiera como
un elemento condicionante de ella, sino más bien como un elemento constitutivo de esa
misma realidad. Es decir, los antropólogos que queramos analizar una sociedad
compleja como la nuestra necesitamos entender que las estadísticas, además de mostrar
unas tendencias sociales que vamos a considerar --en términos epistemológicos y no
ontológicos-- como reales, también simplifican ese mismo conocimiento: su relativa
facilidad de obtención y su supuesta potencialidad explicativa ocultan, sin embargo, los
procesos sociales más complejos porque, como apuntara B. Russell, ‘lo evidente es
siempre enemigo del rigor’. Es por ello que debemos tener presente que cuando la
cuantificación matemática de elementos culturales (p.ej.: nacionalidad) adquiere su
plena realización en forma de estadística publicada, entra a formar parte de ese mismo
conjunto de elementos culturales como productora de referentes que, entre otras, son
utilizados para la elaboración de políticas, la conformación de criterios de opinión, el
fundamento de explicaciones, la argumentación política, el gobierno de lo cotidiano, e
incluso la defensa de posturas ideológicas; pero, sobre todo, las estadísticas publicadas
condicionan los mundos posibles, es decir, delimitan la manera en que podemos
concebir otros posibles estados de cosas y de hechos. No obstante, los que queremos
comprender la sociedad desde la antropología no podemos recurrir a los absurdos de la
ignorancia y achacar errores de método (el contexto de la recogida, la imposibilidad de
cuantificar todos los elementos del complejo social, la intervención de los
encuestadores…) para desacreditar los resultados; aunque tampoco debemos caer en el
error, nada infrecuente por otro lado, de considerar los resultados estadísticos como un
metalenguaje que nos sirve para hablar de la sociedad-objeto sin necesidad de
considerar su propio contexto de producción. Más bien al contrario, debemos realizar
algunos esfuerzos por complementar la encuesta etnográfica más tradicional, sea
mediante la observación participante, las historias de vida o las entrevistas, con el
establecimiento de medias e índices matemáticos de manera que podamos corregir
aquello que refiriese F. Simiand: ‘lo que nos despista cuando empleamos abstracciones
estadísticas, no es que sean abstracciones sino que son malas abstracciones’.
¿Cómo llamar a los otros: extranjeros o inmigrantes?
Para la antropología es tan importante lo que se dice como lo que no se dice o,
centrándonos en el objeto de nuestra investigación, tanto los que están censados en los
municipios de residencia y aparecen en las estadísticas oficiales como los que no lo
están. Por esto mismo, y continuando con F. Simiand, lo primero que debemos subrayar
es que, con demasiada frecuencia (¡medida básica!), la estadística agrupa elementos
heteróclitos y tiende a confundir analogía con semejanza10; o lo que es lo mismo, tiende
a confundir indiscriminadamente categorías de elementos que son formalmente
similares según un determinado criterio (p.ej.: conjunto de personas que no son
nacionales de un estado dado) olvidando que, al ser la relación con el grupo de
referencia (nacionales) lo que les dota de homogeneidad y sentido, es esa misma
10
¡Y dado que los números nunca se niegan a ser combinados con otros números, no hay manera de
detectar el error!
7
relación la que debería privilegiarse en cualquier análisis: recordemos que tratar los
hechos sociales como si fueran cosas, no implica que sean cosas. En esto radica el valor
heurístico de la comparación mediante analogías: privilegia el análisis de las relaciones
entre las relaciones contra las simples apariencias, y facilita la construcción de hipótesis
de trabajo.
La primera pregunta que nos hacemos es si la categoría estadística de ‘extranjero’ posee
entidad real (epistemológica) en el contexto multinacional de la Costa Blanca. La
respuesta es no. Cierto es que todos los extranjeros lo son contra el grupo de referencia
(españoles), pero la observación etnográfica nos muestra indubitablemente que las
relaciones que mantienen los españoles (concedida la homogeneidad administrativa de
éstos) con los extranjeros no son homólogas, sino que, muy al contrario, existe todo un
abanico de relaciones según el colectivo de extranjeros de que se trate. En este sentido,
la aseveración estadística nos informa sociológicamente sólo si comprendemos lo que
quieren decir expresiones como ‘extranjeros’ o ‘residentes’ en el contexto social y
cultural que se investiga y, para ello debemos indagar en la significación de dichos
términos a través de su uso. Esto nos plantea una cuestión antropológica fundamental ya
que incide de nuevo en que, como ya sabemos, la administración de la realidad no tiene
porque ser la realidad. O dicho de otra manera, el conjunto de términos de los que nos
servimos para clasificar y ordenar la realidad, no tiene porque ser la realidad que
experimentamos los individuos quienes, por seguir con la escritura hoy injustamente
relegada de Lévi-Strauss, somos los que vivimos los hechos sociales, “y esa conciencia
subjetiva es una forma de su [nuestra] realidad, tanto como lo son sus [nuestros]
caracteres objetivos” (Lévi-Strauss, 1960:17). En otras palabras: que el criterio de
nacionalidad sirva en el orden administrativo-estadístico para clasificar a los habitantes
en extranjeros y españoles, no quiere decir que en la Vega Baja o el Baix Vinalopó se
empleen esas mismas voces para designar la realidad que se vive intersubjetivamente.
Hace mucho que los antropólogos diferenciamos entre los principios que expresan el
universo cultural de los miembros de un colectivo (emic), y los conceptos científicos
que hacen referencia a aquellos principios y que nos sirven para describir dicho
universo cultural (etic). En este caso, la etnografía muestra que la categoría etic de
extranjero no tiene correspondencia con ninguna voz castellana de uso habitual en
Alicante. Esta es, sin duda, una de las características centrales de la multiculturalidad en
la Costa Blanca: no he encontrado ningún dato etnográfico (vocablo o práctica) que
muestre algún principio emic que designe al grupo todos los individuos que no son
españoles. Para verificar esta afirmación me pregunto si tal vez, como dijera M. Mauss,
el que no exista una ‘expresión verbal’ no quiere decir que no exista dicho fenómeno
social. La observación, sin embargo, es contundente en este punto; en el discurso y en
las prácticas existen dos formas de agrupar a los no-españoles: extranjeros e
inmigrantes11. En primer lugar indaguemos en los criterios que siguen los actores para
distinguir ambos grupos (extranjeros e inmigrantes) que, además, resultan excluyentes.
A partir de la hipótesis que delimita el mundo laboral como el ámbito principal de
relaciones entre extranjeros y españoles, según se desprende de los porcentajes de
población de 16 a 64 años, pero en un contexto de reivindicaciones culturales más que
11
Pintadas como ‘Inmigrante maleante. Stop inmigración’ (Santa Pola, 2002), ‘Guiri go home’ (Hospital
Comarcal de la Vega Baja, octubre 2006), ‘Madrilenys go home!!’ (Els Arenals del Sol, marzo 2001)
8
socio-económicas y de procesos de diferenciaciones como expuse más arriba, se
observa que existen dos patrones muy diferentes en la distribución de la población
según procedencias geográficas y la posición en el mercado de trabajo.
Total extranjeros: 190.367
Total
Hom.
Muj.
Total
Ocupados12
56,39% 62,76% 37,24% 100%
Pensionistas
32,13% 37,96% 62,04% 100%
Resto
11,48% 52,05% 47,95% 100
100%
Europa: 106.023 (55,69%)
Total
Extranjeros no-europeos: 84.344 (44,31%)
Hom.
Muj.
Total
Total
Hom.
Muj.
Total
Ocupados
40,80%
60,95%
39,05%
100%
Ocupados
75,99%
63,98%
36,02%
100%
Pensionistas
47,26%
43,55%
56,45%
100%
Pensionistas
13,11%
12,60%
87,40%
100%
Resto
11,94%
51,98%
48,02%
100%
Resto
10,90%
52,15%
47,85%
100%
100%
100%
Unión Europea (68,73% de Europa)
Total
No-Unión Europea (31,27% de Europa)
Hom.
Muj.
Total
Total
Hom.
Muj.
Total
Ocupados
29,89%
59,32%
40,68%
100%
Ocupados
64,77%
62,60%
37,40%
100%
Pensionistas
58,08%
45,40%
54,60%
100%
Pensionistas
23,46%
33,46%
66,54%
100%
Resto
12,02%
52,05%
47,95%
100%
Resto
11,76%
51,82%
48,18%
100%
100%
100%
Tabla 4. Población extranjera según situación laboral y sexo. Elaboración propia con datos del IVE
Una comparativa del conjunto de tablas muestra que son los ciudadanos de la Unión
Europea aquellos que estadísticamente aparecen como el colectivo de población que,
como si fuesen turistas, está aquí para disfrutar y descansar. Además, cuando
consideramos que el carácter heteróclito de la categoría ‘no-UE13’ incluye a ciudadanos
de Suiza, Noruega e Islandia y depuramos la tabla ‘no-unión europea’, el
comportamiento de la distribución se asemeja todavía más a la de ‘extranjeros noeuropeos’.
Al complementar los resultados de estas tablas con la observación etnográfica,
comprobamos que, para los alicantinos, el criterio principal que culturalmente distingue
a los extranjeros de los inmigrantes es su situación relativa en el mercado laboral. Esta
12
La categoría de ‘ocupados’ incluye: parados y ocupados; la de ‘pensionistas’ incluye: pensionistas de
invalidez, de viudedad u orfandad, de jubilación, y los que realizan o comparten tareas del hogar; la de
‘resto’ incluye: estudiantes y otra población no activa.
13
Categoría que habrá que reconsiderar a partir de 1 de enero de 2007 cuando Rumania y Bulgaria entren
a formar parte de la Unión Europea.
9
se configura como una de las principales variables que debemos investigar, sobre todo
en relación al sexo que, como se observa en las tablas, abre nuevas preguntas de
investigación14. No obstante y aunque no haya profundizado en este punto todavía,
también he recogido evidencias de que el fenotipo desempeña hoy un papel muy
importante en el proceso intercultural en Alicante, como demuestra la distinción
terminológica entre ‘europeos occidentales’, ‘europeos del este’, ‘eslavos’, ‘rumanos’, o
la designación como ‘inmigrante’ a una floristera inglesa que posee una tez que delata
sus orígenes indios.
La cinta de Moebius y los nuevos lugares.
La matemática no se reduce al cálculo. La llamada banda o cinta de Moebius pertenece
al grupo de lo que los matemáticos denominan ‘superficies no-orientables’, y fue
descubierta por el astrónomo y matemático alemán August Fernand Moebius en 1858.
El ‘juego’ que nos propone Moebius consiste en pasar el dedo a lo largo de una cinta,
que tiene convenientemente unidos sus extremos, para que nos demos cuenta de que
podemos recorrer toda la superficie de la cinta sin levantar el dedo. De lo que se deduce
que, dado que no hemos levantado el dedo para ir ‘a la otra cara’, la cinta es una sola
superficie. Y más aún, si en vez de recorrer la superficie pasamos el dedo por el borde,
comprobaremos empíricamente que, contra toda apariencia, la cinta tampoco tiene dos
bordes sino uno solo. Si traigo este ‘juego’ como elemento explicativo de la
investigación no es por sus aplicaciones tecnológicas en las cintas transportadoras de los
aeropuertos, de correos o de empresas de transporte, ni por las aportaciones topológicas
que su ecuación trajo a la geometría no-euclidiana15, sino por su potencialidad para
mostrar el problema de lo discreto y lo continuo como elemento central de la
comprensión socio-antropológica de la interculturalidad en Alicante.
La cinta de Moebius es interesante como modelo antropológico porque no presenta
rupturas (no hay dos caras sino una) al tiempo que muestra una elegante sinuosidad del
movimiento; además, consigue sintetizar con absoluta simplicidad qué es eso de
investigar las relaciones entre las relaciones en un contexto multicultural porque rechaza
las premisas de la vieja teoría de la aculturación que se sustentaba en la existencia de
categorías discretas (culturas, grupos étnicos, sociedades,…) en tanto que poseedoras de
unas características culturales propias y distintivas. Así, ante la desaparición, primero de
lo político y después de lo social como portadores de sentido y como elementos
aglutinantes de lo colectivo (Touraine, 2005:13-15), en un contexto global de anulación
de las distancias por la contracción del espacio-tiempo y de amortiguación de las
diferencias, Moebius nos presta una buena superficie para pensar sobre la
interculturalidad definida en términos de contigüidades y procesos de diferenciación.
1. La movilidad—el movimiento—es uno de los factores estratificadores más poderosos
y codiciado de todos (Bauman, 1999:16; en García Canclini, 1999: 181). En un primer
momento el turismo de elite fue descubriendo las zonas periféricas del Mediterráneo: un
14
En más de una ocasión he visto en varias localidades de la costa anuncios tan significativos como el
que encontré en Santa Pola: ‘Española se ofrece para limpiar. Con referencias’ (énfasis añadido).
15
Recordemos que la matemática griega de Euclides sólo se ocupaba de objetos inmóviles contemplados
en una especie de universo de las ideas, hasta que en el XVII nació la preocupación por elucidar los
fenómenos del movimiento.
10
ejemplo es el reportaje sobre España que apareció en la revista alemana Münchener
Jllustrierte en enero de 1960, y que desde su título Auf den Spuren von Don Quijote
(Tras las huellas de Don Quijote), trasluce aquella imagen llena de estereotipos
culturales que se auspiciaba desde el Ministerio de Información y Turismo. Siguiendo el
mejor romanticismo viajero del XIX, el texto, ilustrado con escogidas fotografías, es un
relato sobre cómo ‘en ocho semanas los tres jinetes alemanes recorrieron 1.700
kilómetros a través de España, desde Gibraltar en el sur hasta la Costa Brava en el
noreste, por montañas, a través de desiertos, pantanos y pueblos abandonados. Ellos
descubrieron una España sin turistas—la España del caballero Don Quijote’.
2. En un segundo momento, la mejora en los transportes y el abaratamiento de los costes
en el tercer cuarto del siglo XX, favoreció la democratización del ocio en forma de viaje
turístico lo que permeó las relaciones coloniales hasta las capas menos habituadas a
ellas en forma de nuevo símbolo de estatus. Con una pensión que se les revalorizaba en
España, los jubilados europeos de clase media comenzaron a llegar a la Costa Blanca a
mediados de los años 60 ‘como pájaros migratorios que huyen de los países fríos en
invierno’ (Gaviria, 1976:148). La mayoría ya conocía España. La ‘invasión alemana’,
como la describe Gaviria (1974:292), se vio favorecida por un decreto de la República
Federal de Alemania (Ley del 15 de marzo de 1968, publicada en el Boletín Federal del
día 22) que regulaba un buen número de medidas fiscales para la promoción de
inversiones de capital privado en países en vías de desarrollo. Los alemanes que
decidieron acogerse a esta nueva ley podían reducir su impuesto sobre la renta, y vieron
en esta ley federal la posibilidad de no ver mermadas sus fortunas gracias a la
desgravación fiscal que se ofrecía. Y comenzó la atroz urbanización de la costa que
padecemos hoy en Alicante y que, al parecer, sólo acabará cuando no haya más terreno
para recalificar o cuando la presión urbanística sobre la moral de los capitulares deje
paso a la responsabilidad política seria; pero colegas mucho más cualificados que yo me
han precedido en el detallado estudio de este desesperanzador aspecto de la realidad
alicantina (entre otros Mazón 1987; Vera Rebollo, 1987; Montiel, 1990; Pedreño, 1990;
Such Climent 1995; Mazón et al. 1996).
3. Una tercera etapa es lo que inapropiadamente se conoce como ‘turismo inmobiliario’.
Los propios Mazón y Aledo (2005) rechazan en la actualidad esa denominación puesto
que son dos fenómenos diferentes, casi incompatibles, y, por tanto, requieren
metodologías y enfoques distintos. Y en esto también les sigo. Es claro que no podemos
confundir la situación social de un expatriado con la experiencia turística que, por su
propia naturaleza, supone una ruptura del cotidiano e implica una temporalidad en la
propia experiencia. Algo que, a nadie se le escapa, es muy diferente de la situación en la
que se embarca quien vende su casa y adquiere una propiedad por valor de 240.000
euros a miles de kilómetros. De lo que se sigue que no podemos vincular ni teórica ni
metodológicamente el estudio de la interculturalidad en la Costa Blanca con el turismo
por más que insistan en hacerlo algunas inmobiliarias, agentes urbanizadores,
promotores o alcaldes con intereses espurios que explican las recalificaciones en virtud
de las necesidades de financiación municipal, y los beneficios del desarrollo en función
de la creación de empleo, la mejora en infraestructuras, la revitalización urbanocomercia, y demás argumentos econométricos.
11
Muchos de los actuales expatriados visitaron España con anterioridad, y muchos tienen
incluso una trayectoria laboral que les ha llevado a residir en varios países. Son muy
escasos los que, como la familia Woolrych, se lanzan a la aventura de trasladarse a
España sin conocerla previamente. Este mismo patrón también se detecta en la Costa del
Sol (Jurdao y Sánchez, 1990:79; tabla 5 en Rodríguez et al. 1998: 189; tabla 6 en King
et al. 1998: 100-101,) y los promotores inmobiliarios que contaminan la costa
mediterránea lo saben. De ahí el tremendo esfuerzo que realizan por informar a los
turistas de las ventajas económicas, la oportunidad de negocio y el bienestar total que
supone vivir lejos de la grisácea Blighty16 (Ilustración 1). Es una enorme inversión en
publicidad que el capital sabe que será satisfecha con creces: ¡es una apuesta de futuro a
caballo ganador!
Ilustración 1. ¿Aburrido de Inglaterra? ¡Qúedate en España!
El proceso de captación comienza desde el asiento del avión, donde el personal de
cabina de pasajeros ofrece gratuitamente a los usuarios revistas con detalladas
informaciones en diversos idiomas sobre compras inmobiliarias en España. He tenido la
oportunidad de viajar por Europa con varias compañías aéreas (regulares y low-fare)
desde distintas procedencias y con diferentes trayectos, y en todas se encuentra este tipo
de publicidad que construye el turismo como fenómeno inmobiliario. Es interesante
comprobar cómo el visitante que aterriza en el aeropuerto de l’Altet sigue siendo
gratuitamente bombardeado con folletos en cuatricromía de papel satinado de 90 grs.
sobre sol y azul mediterráneos, urbanizaciones idílicas que le invitan a living between
Golf and Sea / Leben zwischen Golf und Meer, paisajes frondosos, playas semidesiertas, luxury villas, chalets en primera línea de golf y que, de modo indefectible,
reivindican tener the best estates agencies of the Costa Blanca / Die besten Inmobilien
in der Costa Blanca. Por ello, y aunque muchos investigadores sigan empleando la
definición de ‘no-lugar’ (Augé, 1992: 83), cuando miramos desde la topología social y
16
Blighty es el término coloquial con el que los ingleses se refieren a Inglaterra como la patria, el terruño,
la cuna de uno. Originalmente refería al permiso o licencia para volver a casa que recibían los soldados
durante la I Guerra Mundial.
12
abandonamos la centralidad que adquirió el estudio de las diferencias, se comprueba
que los espacios de la contemporaneidad también son espacios de identidad,
relacionales e históricos o, en palabras de MacCannell, ‘vibrantes de gente y de
potencial, y tensos de represión’ (1992:2). Para la antropología que todavía privilegia el
concepto de lugar etnográfico en forma de unidades analíticas (p.ej.: estudios de
comunidad, de barrio o de empresas) los lugares de tránsito resultan insípidos. Sin
embargo, l’Altet y su entorno más inmediato (p.ej.: carreteras de acceso) no pueden ser
explicados como ‘no-lugares’. Sumido en una gran ampliación que se espera finalizará
en 2010, el nuevo diseño aeroportuario contará con las puertas de embarque suficientes
para gestionar unos 20 millones de viajeros al año, un moderno interior que ofrecerá
más comodidades, más servicios y más comercios a los pasajeros, y un aparcamiento de
seis plantas con capacidad para albergar hasta 4.000 vehículos. Pero tampoco los
alrededores pueden ser analizados desde la centralidad de las discontinuidades; más
bien al contrario, es un continuum que se desenvuelve bajo la ilusión de que tenemos
libertad para trasladarnos de una cara de la cinta a la otra. Saliendo del aeropuerto en
dirección a Alicante por la carretera de la costa, en la curva de Urbanova y frente a los
resplandecientes estudios de la Ciudad de la Luz, encontramos un enorme cartel
publicitario en el que un simpático joven, vestido con un impecable traje oscuro a rayas
de corte muy clásico y una corbata con su correspondiente alfiler, nos informa
gratuitamente que no vamos en tránsito hacia ninguna parte sino que ya estamos: You
are in MacAnthony Territory; y, si alguien lo duda, que lo compruebe telefoneando al
número que aparece en el cartel. Gracias al binomio inmobiliario-político, este nuevo
tipo de demarcación territorial nos sitúa en el mapa. No estamos perdidos, ¿o sí?
4. Por recurrir al imaginario global del que participamos todos gracias a Hollywood, se
podría decir que ahora nos encontramos más allá de aquellos primeros encuentros en la
tercera fase. La extensión en las tecnologías de la comunicación que, Giddens dixit,
‘conectan presencia y ausencia’, unida a la amplitud de los procesos migratorios hacia
los centros capitalistas, ha invertido el flujo entre las distintas zonas del globo y, con
ello, la relación centro-periferia. En aquellos países donde las ferias mundiales
constituyeron en el XIX el único modo de observar al otro, el contacto entre culturas
estuvo mediado por el espectáculo de lo exótico en el marco de una relación de carácter
doblemente mercantil: por un lado, el abono de la entrada permitía la observación del
otro que, a su vez, entrañaba su consumo; y, por otro, reforzaba la relación colonial con
las materias primas en forma humana a través de la imagen del otro17. Posteriormente, y
como señalé más arriba, las mejoras en el transporte y el abaratamiento de los costes
facilitaron el consumo del otro in situ –mediado igualmente por una industria turística
que sólo conoce de distancias y precios. Como consecuencia del traslado de los turistas
del centro a las periferias donde habitan los otros surge, dialógicamente, un espacio
turístico que refuerza los vínculos imperialistas (S.G. Britton, D. Nash), induce cambios
sociales y culturales (J. Boissevain) y construye paraísos, mitos e imágenes (T. Selwyn)
(ver en Nogués, en prensa). Hoy, las migraciones han invertido el sentido del flujo de
personas. Pero no es una simple reversión: las periferias se personan aquí sin que medie
ningún dispositivo de los empleados históricamente por Occidente, lo que implica que
los países del centro no saben cómo ejercer control sobre dicho flujo. Citando a Weber
17
Aunque son muchos los escritores que han analizado la relación de Occidente con otros pueblos, los
estudios de E. Said son los que mejor abundan en la relación colonial que se expresa en las imágenes que
tenemos del Otro, primero con Orientalismo (1979) y después con Cultura e imperialismo (1993).
13
diríamos que el centro ha perdido gran parte de su poder al ver mermada ‘la
probabilidad de imponer la [su] propia voluntad dentro de una relación social, aun
contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad’ (Weber,
1922:43).
Esto hace que la situación de contacto cultural controlado que imponían las distintas
versiones de las compañías de comercio colonial, las ferias mundiales y el turismo, no
se repita en el caso de las migraciones actuales y que, por tanto, donde la distancia jugó
un papel determinante en la relación con el otro, hoy sean los procesos de diferenciación
que se llevan a cabo in situ, en el nivel local, lo que resulte determinante para
comprender la dinámica global. Al mismo tiempo podemos deducir que dado que el
espacio-tiempo se encoge, también se dificulta la producción de espacios que, de hecho,
puedan estar o estén vacíos de contenido, o que no sean portadores de significación; es
decir, cada vez resulta más difícil en la contemporaneidad encontrar ámbitos que, ni
relacionales ni históricos, mantengan la separación entre grupos culturales discretos. De
lo que se sigue que si la distancia geográfica y cultural, en el marco controlado de las
relaciones coloniales, ha sido el fundamento de la relación con lo exótico, y ésta se
acorta y se vuelve incontrolable hasta un punto en el que resulta imposible concluir cuál
de las dos parejas (inmigrantes o chulapos) es ahora más exótica en Lavapiés, podemos
concluir que estas dos características glocales de la contemporaneidad abren una etapa
que nos obliga a los antropólogos a plantear el propio objeto de estudio de nuestra
disciplina: la cultura.
Algo similar ocurre en la Costa Blanca. Si pensamos en los pescadores de Santa Pola
empatillando un anzuelo o remallando en el puerto, en vez de la pareja de chulapos
madrileños, y observamos cómo los miran y fotografían los turistas que pasan a la vera,
y en una pareja de jubilados noruegos que vuelven de la compra con sendas bolsas del
Mercadona, en vez de la pareja de inmigrantes, podemos entender que el contexto de la
observación etnográfica nos obliga a interesarnos por las relaciones entre las relaciones,
y no tanto por las influencias de un colectivo cualquiera (turistas, alicantinos, noruegos,
marroquíes, torrevejenses, ecuatorianos, santapoleros o cameruneses) sobre otro cuyos
principios estructuradores, además, siempre están siendo18.
Con el propósito de comprender situaciones parecidas A. Appadurai transformó la
noción de cultura en adjetivo de modo que ‘lo cultural’ nos permitiese hablar de ‘lo que
realmente sucede’ (Lévi-Strauss dixit) en tanto que dimensión que refiere ‘menos a una
propiedad de los individuos y de los grupos y más como un recurso heurístico para
hablar de la diferencia (Appadurai, 1996:12-13; en García Canclini, 1999:62). Con una
mayor atención a los procesos de diferenciación que a las diferencias, esta es la base
teórica desde la que observo los lugares generados por los expatriados europeos,
entendidos como una manifestación particular de interculturalidad.
18
Así se elude también esa ideología del multiculturalismo que tanto abunda y que, mediante toda una
serie de instrumentos de financiación científica, privilegia el estudio de ciertos grupos étnicos y su
conceptualización en detrimento de otros, e invisibiliza la realidad transnacional e intercultural de muchos
territorios (Repič, 2006).
14
‘Los lugares de ellos’
Con estas palabras se refería una informante a la nueva realidad de la costa del Baix
Vinalopó. Cuando le pedí que explicara por qué utilizaba el plural si estábamos
hablando de Gran Alacant, urbanización situada, pese a su nombre, en el término
municipal de Santa Pola, me miró sorprendida y respondió que por qué me preocupaba
de esas cosas si ‘todas son iguales’. ¿Lo son?
Al hablar de expatriados y de ‘sus’ urbanizaciones en la costa mediterránea es imposible
mantener alejados la problemática ecológica, el des-planeamiento urbano, la corrupción
política y todos aquellos aspectos que, de una manera genérica, están indisolublemente
unidos en España desde hace varias décadas (Aledo y Rodríguez, 2002). Pero, como
indiqué más arriba, otros colegas se han ocupado extensa y acertadamente de estas
cuestiones. Aquí me interesa exponer, de manera casi esquemática, algunos aspectos
antropológicos en torno a los expatriados europeos, con independencia de que vivan en
urbanizaciones o moteen los municipios del interior.
Insistir en las motivaciones y razones que tienen los europeos para re-ubicarse en
España puede resultar innecesario ya que son numerosos los estudios que hay sobre este
tema (incluyendo éste) y todos coinciden en lo mismo: el binomio clima-vida saludable,
(incluido un ritmo de vida más pausado que el que tenían en sus países de origen), son
los principales motivos que expresan los europeos a la hora de elegir España como ‘a
place for the rest of your life!’19. Comparando los resultados parciales de esta
investigación con los resultados de otras, las referencias al ‘coste de la vida’ tiene un
menor peso en la tabla de motivaciones, lo que indicaría que el nivel de vida ha
aumentado en las últimas décadas en la Comunidad Valenciana al menos en la
percepción de los europeos. Sin embargo, cuando se indaga directamente en las
entrevistas personales sobre este particular, lo que en la encuesta se consideró como una
motivación, se transforma en una ventaja añadida que todavía encuentran los que han
decidido residir en España; pero nunca es una motivación relevante sobre la que basen
su elección. El abandono de la vida urbana es otro motivo que aparece en las respuestas
y que va adquiriendo mayor importancia en la comprensión de la dinámica social en
Alicante. El ruralismo es una opción que acentúa su presencia entre los europeos que
tienen un poblamiento disperso lo que tiene un papel fundamental en la ocupación y
transformación de zonas de interior y, como veremos en un apartado posterior, nos
obliga a replantear categorías analíticas como ‘urbano’ y ‘rural’.
Veamos algunas cifras. Observando las estadísticas demográficas de toda la Comunidad
Valenciana comprobamos que, en números absolutos, las comarcas que tienen una
mayor presencia de no-españoles son las que aparecen en la tabla 5 (con la excepción de
la comarca de València que tiene 82.013); también son las que presentan la proporción
más alta de ciudadanos de la UE sobre el total de habitantes; asimismo, el porcentaje de
los ciudadanos de la U.E. respecto al total de extranjeros en las tres se encuentran 10,5
puntos respecto a la que aparece en cuarto lugar (Baix Maestrat), y tan sólo la comarca
19
El anuncio de la inmobiliaria MASA INTERNATIONAL juega con la polisemia del término inglés rest que
puede significar tanto ‘resto’ como ‘descanso’. El mensaje puede leerse como ‘un lugar para lo que te
queda de vida’, o como ‘un lugar para descansar de la vida que has llevado / llevas’.
15
del Valle de Cofrentes con 69,23%, tiene una proporción de ciudadanos U.E. sobre el
total de extranjeros superior a las que aquí aparecen.
Marina Alta
Marina Baixa
Vega Baja
Total
175.310
166.255
325.276
Españoles Esp./Tot
107.122 61,10%
118.154 71,07%
215.353 66,21%
Extranj.
68.188
48.101
109.923
Ext/Tot
38,90%
28,93%
33,79%
U.E.
U.E./Tot
46.719 26,65%
24.667 14,84%
65.086 20,01%
U.E./Ex
68,51%
51,28%
59,21%
Tabla 5. Extranjeros de la Unión Europea por comarcas (1-enero-2005)
Cuando centramos el análisis en el comportamiento de los 441 municipios de la
Comunidad Valenciana se plantea, como hipótesis de trabajo, que pudiera existir alguna
pauta en la ocupación del territorio por los extranjeros y, especialmente, por los
expatriados europeos. En espera de completar algunos datos fiscales y urbanísticos para
realizar algunas correlaciones más explicativas y con referencias territoriales más claras,
se vislumbra un patrón en el régimen de asentamiento de los europeos residentes en
Alicante: una relación inversamente proporcional entre la presencia de estos y la de los
demás colectivos geográficos (Resto de Europa, África, América, Resto del mundo). De
los 23 municipios de la Comunidad Valenciana que cuentan con más de un 40% de
extranjeros –todos en la provincia de Alicante-- sólo las localidades de l’Alfàs del Pi
(27,2% del Resto de Europa), Xàbia (16,04% de América), y Torrevieja (22,08% del
Resto de Europa, 17,95% de América y un 6,94% de África) presentan porcentajes
relevantes de extranjeros que no son ciudadanos de la U.E. Del mismo modo, cuando
consideramos los municipios según el peso relativo de cada colectivo geográfico se
comprueba que, en el caso de los ciudadanos de la UE, esa tendencia se acentúa sobre
todo en los municipios más pequeños, lo que subraya el significado que adquiere en su
uso la oposición entre las denominaciones inmigrantes y extranjeros.
¿Tiene este patrón de ocupación del territorio reflejo en la relación intercultural en la
provincia de Alicante, por ejemplo, en la construcción simbólica de lugares de ellos?
El encabezamiento de este artículo comienza con dos citas que expresan qué es un
lugar: al Principito le gustaba mirar las estrellas porque sabía que, en algún sitio, y
aunque no la viera, estaba su rosa, lo que embellecía al Universo entero. Menos poético
que Saint-Exupéry pero más breve que Lisón Tolosana, Y-F. Tuan sintetiza en su libro
Topophilia qué es un lugar: ‘la gente demuestra su sentido del lugar cuando aplican su
moral o sus criterios estéticos a los sitios y localizaciones’ (Tuan, 1974:235; en Hall y
Page, 1999:151). Y a la vista de que existen numerosas evidencias etnográficas de que
esas colectividades de expatriados europeos mantienen una efectiva dualidad de lugares
(p.ej.: viajando con frecuencia a sus países de origen, produciendo lugares a través del
consumo en pubs, de alimentos de importación, de acuerdo con unos horarios de
restaurantes propios…), podemos preguntarnos qué papel desempeñan esas constantes y
continuadas conexiones transnacionales en la (re)construcción, negociación y
reproducción de las nociones individuales de pertenencia (Repič, 2006) y, en
consecuencia, en los procesos de diferenciación en la Costa Blanca.
Para no extender demasiado esta aportación, dejaré para otra ocasión la descripción
etnográfica de esa efectiva dualidad de lugares, y me centraré en el análisis de uno de
los aspectos más particulares de las relaciones interculturales en Alicante: el
16
apartamiento de los expatriados europeos que dibujan las estadísticas20. Para ello
analizo brevemente tres aspectos: la transformación de las urbanizaciones en lugares, el
deseo de escapar al control gubernamental y el ruralismo.
1. A lo largo del texto hemos dejado entrever que el des-planeamiento urbanístico en los
entornos turísticos de la Costa Blanca se realiza siguiendo unos criterios que, por
decirlo con suavidad, no responden ni a una planificación técnica responsable, ni
tampoco a la existencia de una demanda real en el mercado: el 34% de la oferta total
destinada a segunda residencia que se presentó en el Salón Inmobiliario de Madrid fue
realizada por promotores de la Comunidad Valenciana (El País, edición Com.
Valenciana, 1 de marzo de 2006, pág. 31); de lo que se infiere que primero se realiza la
construcción y después se crea la necesidad mediante la seducción publicitaria. Sirva
también como ejemplo el caso de Marina d’Or en Oropesa del Mar (Castellón) cuyos
gastos publicitarios en todos los medios nacionales de comunicación, incluyendo
publirreportajes, anuncios televisivos en prime-time con la participación de famosas
presentadoras, ascienden a buen seguro a cientos de millones de euros. Aunque este sea
un ejemplo extremo de intervención mercantil sobre un territorio (desgraciadamente
podríamos citar varias decenas), y en el interior se estén dando procesos similares (p.ej.:
Golf Alenda en Alicante), lo cierto es que cuando abordamos el estudio de los lugares
de los residentes europeos nos encontramos con que las urbanizaciones particulares son
“solares ubicados fuera de los núcleos urbanos tradicionales” (Nasarre, 1972:32, en
Jurdao y Sánchez, 1990:65), de lo que se sigue una terrible conclusión: es el sector
privado el que planifica y determina el devenir histórico de un territorio y de la
sociedad.
Ilustración 2. Urbanización deslocalizada en Relleu (Alicante)
Ejemplos como el de la fotografía 2 introducen procesos que, en su origen, responden a
dinámicas socio-económicas ajenas al lugar y, en consecuencia, fracturan la continuidad
en la producción del sentido que tiene el territorio para los vecinos. Esto favorece la
desvinculación progresiva de los vecinos respecto a su capacidad transformativa del
territorio. O dicho de otra manera, dado que la ocupación y transformación del territorio
no es producto de las prácticas culturales de los vecinos de los pueblos, se percibe una
despreocupación por la gestión directa de ese territorio. Un fenómeno que explicaría por
qué calan entre la mayoría de la población los argumentos econométricos de manera tan
20
García Canclini, en referencia al inglés pero extensible a otros idiomas de la misma familia lingüística,
se pregunta de qué forma pueden fusionarse unas culturas que carecen del término mestizo (1999:109).
17
fácil y rápida. Afortunadamente, la creciente oposición a la planificación privada del
territorio, en forma de movimientos ciudadanos independientes encuentra mayor eco
entre la población local (p.ej.: en Elda). En otras ocasiones son los enfrentamientos
políticos entre corporaciones que sólo ven la paja en el ojo ajeno, las que recurren a la
sostenibilidad para oponerse a los procesos urbanizadores de municipios colindantes
(p.ej.: el Ayuntamiento de Elche contra el Programa de Actuación Integrada de Dolores
Golf).
Sin embargo aunque estos territorios se construyen hoy siguiendo sólo los principios
mercantiles del beneficio máximo y carecen de historicidad y de sentido cultural,
¿pueden, de acuerdo con Moebius, llegar a la otra cara de la cinta y convertirse en
lugares para los expatriados extranjeros?
Supongamos que la creciente oposición de los vecinos y las quejas de muchos
extranjeros provocaron la derogación de la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística
(LRAU) de la Generalitat: un ciudadano británico denunció una urbanización en Xàbia,
una asociación un proyecto de urbanización cerca de las Salinas de Calpe (El País, 1 de
marzo de 2006, pág. 26), y el Washington Post (25 de octubre de 2006) en un artículo
titulado In Spain, a tide of development. Land laws on Mediterranean coast enable a
boom but bring corruption21 se hizo eco de las muchas protestas de los propietarios
europeos y lo ejemplificó con el caso de un matrimonio belga de Benissa que se veía
presionado a vender parte de sus tierras o a correr con los gastos (700.000€) de
urbanización del terreno del que eran propietarios. Y se podría seguir.
He constatado que aunque los lugares donde se construyen estas nuevas urbanizaciones
son en la mayoría terrenos baldíos cuyo sentido cultural es patrimonio sólo de los
mayores, la nueva toponimia se incorpora con facilidad y rapidez al universo local a
través de los espacios de ocio. Por ejemplo, la urbanización del Gran Alacant se ha
convertido en un polo de atracción para muchos jóvenes, y no tan jóvenes, de
localidades vecinas que desean, como señalan algunos informantes, ‘ir de turismo sin
salir de aquí’ o ‘conocer sitios distintos a los que aquí’. Los restaurantes extranjeros y
los pubs con ‘todo el sabor de origen’ permiten que los vecinos de Santa Pola y del
Camp d’Elx puedan visitar distintos países en las cercanías de sus domicilios; de forma
que espacios residenciales como Gran Alacant u Orihuela Costa han entrado en el
discurso local como sitios ‘para quedar’; e, incluso, han sustituido cualquier toponimia
anterior para convertirse en referentes para la localización de otros espacios. Aparece un
callejero que, como en el caso del Gran Alacant, refiere a la realidad multinacional (Plz.
de Alemania, Avda. de Escandinavia, c/ Holanda…), a una cultura pan-europea (Bach,
Handel, Hayden, Chopin o Strauss…), o que recurre en ese imaginario híbrido de
memoria cultural vacía y mercadotecnia barata (Urb. Sueño Azul, Urb. Mediterráneo,
Urb. Olivo de Oro, Urb. Brisa Mar…). Sería interesante estudiar en profundidad cómo
la toponimia, llamémosla tradicional por cuanto respondía a las formas de ocupación y
transformación de los territorios, está siendo sustituida según las nuevas formas de
ocupación y transformación de los territorios que, como indicaba, responden a
dinámicas mercantiles ajenas al lugar. Mas, si la metáfora de Moebius es
antropológicamente aplicable, ¿cómo podemos seguir manteniendo que los entornos
21
En España, una marea de desarrollo. Las leyes del suelo en la costa mediterránea facilitan el auge
urbanístico pero traen corrupción
18
turísticos donde residen los expatriados europeos son espacios carentes de sentido
antropológico, des-personalizados y des-localizados, y que no se transforman en lugares
cuando los vecinos que los viven ‘los señalan con deícticos, los dotan de topónimos y
prosopónimos, los cualifican en términos de creencias, valores, ideologías, les dan
sentido’? (Mandly, 2002:109)
2. El segundo aspecto que resulta importante para comprender el apartamiento es,
retomando la problemática que acompaña al censo, que muchos de los residentes
extranjeros en la provincia de Alicante, aunque propietarios de sus viviendas, no están
censados en el municipio donde residen sencillamente porque no quieren aparecer
registrados en ninguna instancia oficial. En las entrevistas mantenidas con los
informantes he constatado que, para muchos, la residencia en España supone no sólo un
descansado retiro a una vida laboral plena de esfuerzos y privaciones sino un
alejamiento, consciente22, del control de cualquier gobierno. Aventurar que quizás sea
porque sus países de origen se caracterizan por una excesiva ‘penetración del estado en
la vida cotidiana’ –por utilizar las palabras de A. Giddens—y la acción gubernamental
en España les resulta, en muchos aspectos, un tanto laxa, es una hipótesis lo
suficientemente atractiva como para querer abundar en esta línea. De hecho, cuando las
conversaciones derivan hacia el plano financiero los temas más recurrentes son dos.
Primero aparece que, como apunté más arriba, España ya no les resulta tan barata o no
lo es tanto como dice la leyenda, lo que ha incrementado su nivel de endeudamiento
hipotecario e influido en la consiguiente caída de su nivel de vida. Esta situación, ha
derivado en que un importante número de extranjeros, aunque jubilados, realizan
trabajos domésticos que podríamos denominar chapuzas. Estas chapuzas además de
ahorrar algún dinero en los arreglos más cotidianos y menos especializados, mantener la
actividad manual y ciertas habilidades mecánicas, también desempeñan una función
social en la construcción simbólica de estas urbanizaciones. La prestación de ayuda
mutua estrecha los lazos de una vecindad que se fundamenta en “el respeto a la
individualidad de cada uno’ (Crespi en Touraine, 2005:157), mediante, la asistencia
diaria a bares y cafés regentados por matrimonios que ofrecen una ‘friendly and familiar
atmosphere’, a la creación de asociaciones de vecinos y clubes deportivos (p.ej.: el
Monte Mar Bowls Club de Gran Alacant), o la edición de periódicos comunales como
Euro-weekly news de la Costa Blanca o el ‘Gran Alacant advertiser’, que es the first full
colour Gran Alacant based magazine, y en la que plantean sus preocupaciones, todas de
carácter urbanístico: como el vandalismo en los espacios públicos, la limpieza de la vía
pública, los parques y jardines públicos, la recogida de basuras ‘from the communal
bins’ y la limpieza de la zona de alrededor de los contenedores y, también,… el campo
de golf.
El segundo tema recurrente cuando la conversación se desplaza por el plano monetario
de la realidad es el creciente control administrativo que hay en forma de fiscalización
directa y transnacional de sus economías familiares. Son varias las reuniones y
seminarios que distintas entidades bancarias y financieras extranjeras organizan para
informar a los europeos comunitarios de hasta qué grado la libre circulación de bienes y
22
La palabra que en alguna ocasión he oído durante mis entrevistas sobre este tema ha sido purposely (a
propósito, intencionadamente).
19
capitales en el off-shore world, y las medidas23 internacionales en política anti-terrorista,
y contra el blanqueo de dinero procedente del tráfico de droga han afectado al secreto
bancario y a la confidencialidad de las transacciones financieras (de capital, bursátiles,
ingresos, pagos…) y cómo este contexto afecta a una posible mala interpretación de las
leyes fiscales españolas que pudiera interpretarse en Reino Unido como una pretensión
of evading tax by non-declaration of capital or income24. Aunque esto se remonta al
inicio de proceso como afirma Gaviria: ‘la evasión fiscal del Impuesto sobre la Renta es
más indignante aun cuando conocida la dureza con que los gobiernos de origen de estos
mismo residentes extranjeros en España les exigen dicho impuesto’ (1976:132). No en
vano, uno de nuestros informantes más privilegiados, reconoce que uno de los motivos
principales que les indujo al matrimonio a preferir España a Francia fue por motivos de
carácter fiscal (Woolrych, 2002:14).
3. El tercer aspecto a tener en cuenta en el análisis del apartamiento de los expatriados
europeos es lo que denomino ruralismo25. Una noción que, siguiendo a E. Said, refiere a
la construcción de la imagen de lo rural por oposición a lo urbano, una especie de
gramática que construye sentidos ordenando elementos conforme a nuevas reglas
sintácticas y semánticas; y que nos permite analizar algunos de los procesos que ocurren
en las zonas de interior de la Comunidad Valenciana en tanto que sólo se imaginan sus
potencialidades como una oferta complementaria al agotado y caduco modelo turístico
de solyplaya.
Hace años el antropólogo valenciano Joan F. Mira, siguiendo a un E. Wolf que afirmaba
que el campesinado existe siempre en el seno de una sociedad más amplia, escribió: ‘si
aceptamos considerar la sociedad rural como una ‘mitad’, lo que importa concretar es su
relación con la otra mitad, con el exterior no-rural. De hecho, aunque todas las
sociedades, salvo muy raras excepciones, han tenido relaciones constantes y estables
con un ‘exterior’, lo que caracteriza estas relaciones en la sociedad rural (en tanto en
cuanto podamos considerarla como un tipo distinto de sociedad) tradicional, es que el
exterior es sólo parcialmente exterior, y que las relaciones con él son esencialmente
asimétricas’ (énfasis añadido, 1975:212). Una manera perfecta de adelantarse a los
acontecimientos que vengo analizando en estas líneas, aunque por entonces resultaba
fácil delimitar el mundo rural. El espacio rural (y, por inclusión, la sociedad rural que lo
ocupaba) se definía teniendo como base los sistemas de explotación, apropiación y
tenencia de la tierra (Martínez Veiga, 1991:196-197) y, por la existencia de unos límites
claros, hasta el punto de que ‘incluso el forastero que se asienta en un determinado
lugar, pronto adquiere conciencia, pongamos por caso, de la personalidad del concejo,
configuración más cerca de la parroquia que del municipio. A la vera del grupo local se
establece una zona vacía de gentes, constituida por territorios de la comunidad y de las
comunidades” (énfasis añadido, Gómez-Tabanera, 1975:195). Sin embargo, la
perspectiva topológica de la realidad intercultural de un entorno turístico como Alicante
nos obliga a replantear las categorías analíticas (entre otras las afijaciones muestrales)
de lo urbano y lo rural, a indagar en la producción de sus contrapuntos ecológico-
23
Sobre todo tras la creación a principios de 2006 en el Reino Unido de la Serious Organised Crimen
Agency y el Proceeds of Crime Act.
24
Evasión de impuestos mediante la fórmula de no-declarar el aumento de capital o los ingresos.
25
Una versión anterior de este apartado se publicó en Nogués Pedregal, 2006: 65-66.
20
culturales y, por ende, a abordar las nuevas relaciones que se establecen a la luz de la
ubicación de lo deseable a tan sólo 15 kms. de la costa.
En este sentido, el creciente número de residentes extranjeros en la montaña alicantina
constituye uno de los síntomas más elocuentes de la valoración que el ruralismo ofrece
del territorio. En cierta forma, como señala Steiner, podríamos considerar al turismo
rural una nueva mitología26 en la que muchos occidentales abandonan la imagen del
homo sapiens para pasar a la visión sencilla y relajada del homo ludens, en la que
desean encontrar ‘no la búsqueda de lo ilusorio, del hecho posiblemente destructor, sino
búsqueda del yo, de la identidad, de la comunidad… como intento de deshacer esa
rapacidad, ese salvajismo suicida de la revolución industrial’ (1974:128), y cuyo mejor
ejemplo se encuentra en las cercanas, ergo complementarias, costas alicantinas. E
incluso podríamos seguir a Todorov e hilar más fino al interpretar la presencia de
residentes extranjeros en la montaña alicantina ‘no tanto como una muestra de la
valoración por el otro, sino como una crítica de uno mismo y no tanto de la descripción
de una realidad como de la formulación de un ideal’ (1989:305).
No obstante, como apuntaba un informante, en el discurso del ruralismo se genera una
doble paradoja entre la pretensión que fundamenta el desarrollo sostenible a través del
turismo rural, y la realidad salvaje de una lógica del mercado a todas luces insostenible.
Por un lado, todos los consultores consideran que para la consecución de un desarrollo
sostenible a través de la ocupación residencial del interior de la provincia es necesaria la
participación activa de toda la población local a través de los colectivos vecinales y las
asociaciones de empresarios (Aledo et al. en prensa). Sin embargo, esta pretendida y
buscada participación de los residentes se opone al principio de competitividad e
individuación que rige la lógica del mercado, como hemos observado tras algunas
desafortunadas recalificaciones urbanísticas en la Mancomunidad de la Bonaigua. Y,
por otra parte, la contradicción que se genera en el seno de una lógica del mercado que
al poner en valor los lugares como productos rurales, fractura la propia continuidad
entre ecología y cultura que da valor a esos mismos lugares27. Entendiendo la
elaboración ruralista de la Bonaigua a la luz de estas paradojas, la comarca nace por
oposición a la costa, y se conforma como una estrategia técnica de mercado que se
centra, sólo, en un valor estético limitado al disfrute visual y a la calidad del medio
ambiente.
Ante el ejemplo de la Bonaigua nos encontramos con una interesante dualidad en las
prácticas culturales de muchas zonas de interior de la Comunidad Valenciana. Por un
lado la visión de los vecinos; y, por otro, la de los residentes extranjeros quienes de
acuerdo con la definición ruralista proyectan sobre estos municipios sus sueños de un
lugar mítico; en una suerte de adaptación a la división internacional del trabajo de la
tradición del exotismo colonial europeo que se plasma bien en una extranjerización de
los servicios rurales de hostelería de Sella, o bien en la adquisición y restauración de los
inmuebles de mayor valor etnográfico en Relleu o Aigües. Una pervivencia de imágenes
cuyo análisis, de momento, sobrepasa los propósitos de este artículo pero que mantiene
abierta la investigación.
26
Roland Dufour analizó la pervivencia de veinte mitos clásicos en el escenario turístico en su opúsculo
Les mythes du loisir/tourisme. Centre des Hautes Études Touristiques, Aix-en-Provence, 1977.
27
Para una diferenciación entre poner en valor y dar valor consultar Nogués, 2003:43-51.
21
Resumen del argumento
Esta investigación se sustenta sobre la premisa de que estudiar la interculturalidad en la
provincia de Alicante requiere considerar al turismo como realidad hegemónica en una
contemporaneidad donde la movilidad poblacional es un factor de estratificación
determinante. Y la conclusión afirma que, desde los planteamientos teóricos de la
economía política, la presencia de los expatriados europeos establece una suerte de
dependencia simbólica que condiciona las relaciones entre los distintos colectivos
culturales que se interrelacionan en la provincia de Alicante.
Para el estudio de este movimiento utilizo la metáfora de la cinta de Moebius, por
cuanto recoge muy bien la noción de continuum en los análisis que se hacen desde las
ciencias sociales. En un plano teórico considero que el fraccionamiento de la realidad
(entendida en su plano epistemológico y no ontológico) en unidades de análisis
discretas (aunque sea en el plano metodológico) tiende a privilegiar inconscientemente
el estudio de las diferencias, lo que va en detrimento del análisis de las relaciones entre
las relaciones, que son las que dan sentido al continuum. De ahí que al rechazar la
cultura como sustantivo (como cosa poseída) y convertirla en un adjetivo que cualifica
unas determinadas prácticas, sigo a Appadurai, y analizo no tanto lo que diferencia a los
grupos entre sí, sino lo que los diferencia en función de los otros. Así, al igual que
considero que es más interesante para la antropología abundar en los procesos de poder
que envuelven la significación que en las estructuras del significado, interpreto el
estudio de los procesos de diferenciación: dado que las culturas no existen sino en el
tiempo, entiendo que si me centrara en estudiar las diferencias culturales entre los
colectivos implicaría que, en algún momento de mi argumento, las reconozco como un
a priori que son; mientras que, por el contrario, al estudiar la diferenciación, abordo lo
cultural en tanto que diferenciándose en cada contexto, o cómo se diferencian en cada
contexto según unas relaciones históricas de poder. En definitiva, un pensamiento
contra las ideas que privilegia la visión de lo continuo frente a lo discreto, aunque a
veces resulte muy difícil de implementar porque las categorías desde las que pensamos
existen para obstaculizar esta labor.
La etnografía estadística se centra en los expatriados europeos porque es el colectivo
que, reconocido como tal, está desde hace más tiempo presente en las prácticas
cotidianas de los alicantinos y en el marco de unas relaciones muy específicas que están
marcadas por las leyes del mercado. Es por tanto el histórico que podemos trazar de este
colectivo lo que lo hace especialmente significativo; pero al mismo tiempo, y desde el
habitus de la periferia, los expatriados europeos han sido y son individuos deseables,
primero como turistas, y después, como compradores que adquieren predios rústicos e
inmuebles que carecían de valor. Lo que me lleva a adelantarle algunas de las ideas que
van apareciendo en esta investigación en curso.
En primer lugar, el apartamiento de los expatriados europeos, mucho más expresivo en
un contexto glocal caracterizado por el incremento de los controles y la desaparición de
las distancias, se refleja muy bien en el patrón de ocupación del territorio de los nuevos
lugares, en el alejamiento intencionado (purposely) del control administrativo y fiscal de
los gobiernos, y en el ruralismo. La etnografía evidencia que existe una relación de
22
poder en los procesos de diferenciación que caracterizan la interculturalidad:
especialmente evidente entre aquellos colectivos que, como los ciudadanos de la U.E.,
disfrutan de una posición social simbólicamente más elevada aunque, como demuestran
las cifras de población activa, compitan con los españoles en el mercado de trabajo. La
aceptación de esta relación neo-colonial explica porqué, cuando la relación intercultural
esta mediada por las leyes del mercado aceptadas en el contexto local (p.ej: la
especulación inmobiliaria o la corrupción política) no surgen problemas de
confrontación intercultural y, por el contrario, sí aparecen cuando dicha relación no lo
está (p.ej.: la competencia de las economías emergentes, la situación de pobreza
estructural del África sub-sahariana). Una conclusión que viene avalada también por el
análisis de F. Jurdao y M. Sánchez (1990) quienes, centrándose en Mijas, presentan
como hipótesis de trabajo que ‘la ideología de la fusión de culturas es mantenida como
soporte de un sistema de relaciones económicas basado en la especulación’. Una
hipótesis que acepta Touraine cuando escribe que ‘una coexistencia de culturas
diferentes no tiene sentido: o bien las relaciones entre ellas son administradas por el
mercado o por la violencia’ (2005:191), y que, de momento, mi investigación confirma.
En segundo lugar, la investigación entreve que es el binomio inmobiliario-político el
que ocupa y transforma el territorio, y que esto fractura la continuidad en la producción
del sentido; lo que no implica que se rompa dicha producción sino que se desvincula de
las prácticas generadas desde dentro por la dinámica social y cultural de los municipios,
y se dirigen hacia fuera. Un planteamiento que de confirmarse al término de la
investigación incluyendo el análisis de la propiedad de la tierra y los contratos de
compra-venta entre particulares, como en Mijas, abriría una interrogante que
reivindicaría el poder explicativo de las teorías de la dependencia para comprender las
relaciones interculturales en entornos turísticos. Un sentimiento que se refuerza con la
pretensión de muchos expatriados europeos de construir a home away from home
(Black, 1996:120), cuyas principales preocupaciones sean de carácter urbanístico y de
divertimento: problemas de limpieza pública o de falta de zonas de esparcimiento
(campos golf o canchas de bowling). Sospecho que las repetidas quejas contra el desplaneamiento urbanístico en la Comunidad Valenciana no responden a posturas
ecológicas en favor del entorno para las generaciones futuras, sino a juicios estéticos
sobre actuaciones que afean un paisaje que, de acuerdo con los principios del ruralismo,
se habría construido como elemento central de la relación colonial. El turismo en
general, y el rural en particular, supone un goce para los sentidos y, como en el caso de
la Bonaigua, ese hedonismo radica, inicialmente, en el disfrute de la naturaleza, el
silencio y la tranquilidad que supone la contingencia de las relaciones interculturales.
La conclusión para la provincia de Alicante, pese a lo provisional de los análisis
cuantitativos, es contundente en lo que refiere a los procesos de diferenciación en una
perspectiva intercultural: entre los expatriados europeos se favorece la aparición de una
‘comunidad posmoderna28 que satisface plenamente a aquellos que querrían vivir lejos
del alcance de cualquier forma de control o de cualquier otro comentario que pueda
hacer alguien sobre sus comportamientos’ (MacCannell, 1992:93). Lo que consolida la
idea de que, tras el desplazamiento de lo social, los espacios sociales de la
contemporaneidad se estratifican según las posibilidades que tienen los actores de
28
MacCannell entiende que la comunidad posmoderna es otro tipo de formación social que ha robado la
etiqueta de ‘comunidad’ (1992:92).
23
sumergirse individualmente en la búsqueda de una relación de cada uno consigo mismo
(Touraine, 2005). Por tanto, no sólo se confirma que, como ocurre en la Costa del Sol,
‘la sociedad de los expatriados europeos se ha creado en paralelo a la sociedad española,
de forma que las relaciones sociales se mantienen con los de su propia nacionalidad,
mientras que las relaciones con la población local es limitada’ (Rodríguez et al.,
1998:195), sino que, además, se constata una clara búsqueda de apartamiento respecto a
otros colectivos con los que, en principio, predominan unas relaciones que guardan los
anclajes neo-coloniales de la división internacional del trabajo.
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