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y sé que sigues vivo…
Y SÉ QUE SIGUES VIVO…
Jaime A. Valverde Arciniega
Son las 12 y 30 minutos de hoy 11 de enero y en Bellas Artes casi han
terminado de arreglar el vestíbulo principal, el escenario donde será honrada la
memoria del maestro Don Andrés Henestrosa (1906-2008), fallecido el día de
ayer, luego de una fructífera vida intelectual al servicio de México y de su
querida Oaxaca. Hay música
ambiental como fondo, no pareciera que esta
fuera lo más acertado para este protocolo, pero un violinista rescata la
solemnidad del momento y comienza a ensayar melancólicas notas, no por eso
carentes de maestría, belleza y alegría.
La presencia de miembros del Estado Mayor Presidencial en los pasillos y
puertas de Bellas Artes empaña con su presencia la espera de los restos de Don
Andrés, porque de pronto pareciera que el señor presidente Calderón, a quien
seguramente esperan, fuera a ser quien reciba los honores de los mexicanos;
sus radios de transmisión y sus claves para comunicarse con sus jefes salen
sobrando en esta ceremonia fúnebre.
Empieza a llegar mucha gente vestida de riguroso negro, lo mismo que mujeres
con deliciosos trajes típicos oaxaqueños, bordados con coloridos motivos sobre
fondo negro de terciopelo y olanes.
Hay personalidades relevantes que poco a poco van haciendo su aparición y
despistadamente se deslizan hacia la cafetería del INBA; los toros para ellos
quizás por el momento, se vean mejor desde la barrera, pero eso sí, cuando
empiece
la
función
–porque
parece
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que
vienen
provistos
para
una
representación-, se acercarán al ruedo para dejarse ver por los fotógrafos para
presumir de cultos y aparecer hoy por la tarde-noche y mañana en los diarios y
noticieros de televisión.
Una mujer canta, ensaya en la escalinata principal, mientras que un hombre le
ha dicho a una mujer que lo acompaña, que sería mejor que el Presidente no
viniera a esta ceremonia; la mujer a la que le han hecho el comentario voltea a
mirar a su interlocutor y le sonríe con disimulo.
Son las 12 con 40 minutos, ahora ya no se toca el violín, ya no se canta. Hay
silencio; el murmullo como por olas decrece; se espera el cuerpo del Maestro
Henestrosa a las 13 horas.
Las calvas de los hombres que acuden a despedir al maestro se ven pulcras, no
diría que lustrosas sino mates y limpias; las barbas son bien recortadas, no sé si
eso tenga algo que ver con la cultura mexicana. Hay mujeres con grandes y
espectaculares lentes negros, como para ocultar no se sabe qué, pero desde
luego no es dolor, o si lo sienten, sufren su dolor por dentro pero no hay lágrimas
escurriendo debajo de esos anteojos, el maquillaje luce intacto.
Se encuentran viejos amigos que pareciera que desde hace mucho tiempo no se
vieran, sus abrazos son en apariencia muy afectuosos, por lo menos no se
llenan las espaldas de palmadas estruendosas; se aprovecha la ocasión para
pactar reuniones en desayunos o comidas. Otros comentan que el homenaje al
Maestro será muy sencillo como seguramente a él, interpretan, le hubiera
gustado. Son las 12 con 48 y las radios de los agentes del Estado Mayor
Presidencial dicen palabras embozadas y no se sabe tampoco a qué hora
arribará el Presidente de la República.
Estamos cerca de las 13 horas y los hombres y las mujeres continúan haciendo
citas. Contrario a como tal vez pensaron los meseros de la cafetería, tan sólo
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menos de 20 personas pasaron a tomarse un café con galletas o un jugo, la
expectativa de las propinas se les esfuma, aguardan para después del
homenaje. Pero la chorcha principal está en el vestíbulo.
Cerca de donde estará el féretro con el cuerpo de Don Andrés, hay un par de
macetones de
bellísimos de alcatraces, los que seguramente lucirán su
esplendor a los lados del féretro. Es casi la una de la tarde.
¡Ya llegó, ya llegó...! prorrumpió una bromista voz que salió de entre lo
reporteros. En fin, cada cual busca su manera de matar la espera. De repente a
un costado de la puerta principal, los reporteros de la prensa escrita se empujan,
los fotógrafos y camarógrafos también, parece que se aproxima un personaje
muy importante, pero ni modo, tendrán que conformarse, es Ulises Ruiz, el
actual gobernador de Oaxaca por el PRI, el sucesor y heredero de José Murat.
Preguntarle a Ulises acerca del estado de la cultura en nuestro país, es como
querer sacar sangre de una piedra. Le quitan por tanto las luces de la cara.
Son las 13 con 15 minutos cuando una Corona de flores blancas, la octava,
busca acercarse al muro más cercano al sitio donde será depositado el ataúd,
sin embargo no puede abrirse paso, finalmente el flanco derecho de los invitados
cedió y por ahí la filtran a empujones los empleados de cierta florería que para
ese fin fueron contratados; sin embargo, una señora de edad avanzada en silla
de ruedas, tuvo que permanecer al pie de las escaleras del vestíbulo, no hubo
por dónde acercarla más, ni cómo empujar, ni voluntarios dispuestos a cargarla
con todo y silla para que formara parte del grupo principal que asiste a esta
solemne ceremonia luctuosa.
Un vistazo al conjunto de convocados por la muerte del Maestro Henestrosa
muestra dos cosas: que hay muy poca gente del respetable pueblo, y que la
presencia de los jóvenes es magra.
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Un reportero de Canal 22 que se puso nervioso ante la espera y quizás ante
otras órdenes de trabajo por cumplir que ya experimentan cierto retraso, lo que
provocó que se le cayera su cámara, misma que inexplicablemente salió ilesa
del trance, de no haber sido así, el trabajador de la lente la tendría que pagarla o
irse a la calle, así son las bárbaras políticas de algunos medios, en este tipo de
accidentes.
Son las 13:30 y hay media hora de aparente retraso en el inicio del grave ritual.
Las pantallas publicitarias del Palacio de las Bellas Artes anuncian a la
Compañía de Danza Contemporánea de José Limón; al Ballet folklórico de
México bajo la dirección de Norma López; y a Triciclo Rojo, Danza
Contemporánea.
Pero parece que ahora sí ¡ Ahí viene… ! hay personas que se acicalan y frente a
la entrada principal se forma una valla, son las 13:33 y la carroza se asoma lo
más cerca posible a la puerta principal. A las 13:35 el auditorio prorrumpe en
aplausos y gritos de ¡Viva...Viva Henestrosa! y mientras el féretro que contiene
los restos del maestro es colocado en el lugar de honor, la música no cesa,
luego una soprano canta en zapoteco y el ambiente se siente triste y el aire
escaso. El féretro es de madera que a la vista salta que es finísima, pero a nadie
le importa, hay lágrimas en los ojos de los familiares y seres queridos más
cercanos al Maestro, pero no en aquellas mujeres provistas de aparatosos
lentes negros.
Ya van más de 10 minutos de música cuando una persona sube a grandes
zancadas al lugar donde el conjunto de Cámara hace su trabajo, le pide al
Director que por favor interrumpa la música, justo cuando el presidente Calderón
ya está montando la primer guardia de honor, en compañía de funcionarios y
familiares del Maestro; parece que desde su toma de posesión en San Lázaro se
acostumbró a llegar subrepticiamente a todos los eventos y este no fue la
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excepción. Es raro ver en México a un Presidente que llegue de puntitas a un
evento.
A Calderón lo acompaña su esposa; ambos lucen de riguroso luto. Los
flachazos de las cámaras fotográficas iluminan una y otra vez la cara del
Presidente en su papel de circunstancia; su rostro aparenta ser grave ante los
reporteros y las cámaras. Medio minuto después de iniciados los flachazos el
Presidente apura la ceja izquierda y la levanta, se le había olvidado el consejo
que sus asesores de imagen le han recomendado para aparentar firmeza y
decisión. Su ceja alzada se queda así hasta que los reporteros gráficos terminan
su labor. El Presidente abraza a los familiares del Maestro Henestrosa, se
solidariza con ellos y acto seguido empieza a saludar al resto de invitados
principales que están dispuestos a los costados del féretro; cuando le falta una
persona para llegar a donde está Ulises Ruiz, éste, en notoria maniobra para no
darle la mano a Calderón se quita del lugar y aprovecha para montar su propia
guardia a un costado del ataúd.
Al retirarse Calderón, luego de cinco minutos, hay en la gente la sensación de
que ni hubiera estado.
El ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente está presente, lo mismo que
un impuntual Jacobo Zabludovsky que hizo presencia mucho antes de dar
comienzo el homenaje, ahí estaba sentado en primera fila, cada vez más
parecido a su figura del Museo de Cera de la Ciudad de México, erguido y con
un maquillaje y traje impecables. Gerardo Estrada estaba en algo así como en
papel de jefe de relaciones públicas del ex Rector, abriéndole paso por aquí y
por allá.
Homero Aridjis apareció como si se acabara de levantar de la cama o como si
recién se hubiera enterado del deceso del Maestro Henestrosa, llegó ya muy
cerca de que el cuerpo de Don Andrés abandonara Bellas Artes, presuroso
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buscó la manera encontrase con los familiares, mientras miraba hacia todos los
rostros buscando que alguien lo ayudara en su propósito o por lo menos le dijera
algo.
La Martiniana, la Canción Mixteca y Dios Nunca Muere hicieron deslizar muchas
lágrimas en los ojos de los familiares de Don Andrés. La tristeza en sus cuerpos
y rostros era tan palpable que estremecía.
En medio de algunos apretujones, se hicieron algunas guardias al cuerpo del
Maestro, para después abreviar tiempo y sólo permitir que quien se quisiera
despedir de él, lo hiciera desfilando frente al féretro de madera colocado sobre
una pulcra y muy fina alfombra roja. Y ante el dolor del adiós a este gran
mexicano, no faltó el optimista que esgrimiendo su mejor cara triste, se
autorretratara con su celular teniendo por fondo el escenario de la muerte.
A las 14:39 el cuerpo del Maestro Andrés Henestrosa abandonó el vestíbulo del
Palacio de Bellas Artes, ante un recogimiento mayor que fue absolutamente
contrastante con la expectativa y hasta algarabía de la espera. El dolor por la
partida flagelaba aún más a sus familiares, a su hija Cibeles, a sus tres nietos y
siete bisnietos, mientras que los vivos se despedían entre sonrisas, unas
discretas y otras no tanto, con sus desayunos y comidas ya en agenda,
concertados antes de la ceremonia. Alí Chumacero el poeta dijo unas palabras,
pero muchos, ya no escucharon porque estaban retirándose.
Ya afuera de Bellas Artes el organillero, ajeno a todo cortejo fúnebre pedía
cooperación al dejar oír las notas musicales de su artefacto, como él decía:
"Pa’que no se muera la tradición...”.
Avenida Juárez vio cruzarse por entre los automóviles a un buen número de
mujeres, 10 ó 20 vestidas de tehuanas, quizás algún curioso las percibió o hasta
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algún turista pretendió una foto, sin enterarse del dolor por la muerte de uno de
los más grandes mexicanos de la cultura, cronista, historiador, literato y poeta.
Descanse en paz el Maestro Andrés Henestrosa.
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