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Viaje a pie : dibujos de Alberto Arango Uribe

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Viaje a pie : dibujos de Alberto Arango Uribe
DE ESTE LIBRO HAN SIDO IMPRESOS
VEINTE
EJEYfPLARES
EN
PAPEL MADAGASCAR, DE LAS PAPELERíAS LAFm1A,
1
Al.
20,
NlJ\ŒHADOS
DEL
NINGUNO DE LOS CUALES
SERÁ PUESTO A LA VENTA.
VIAJE
A
PIE
OBRAS
Pensamientos
DEL
MISMO
AUTOR
de un Hejo.
Una Tesis.
EN
Sócrates,
la Sofística
El Padre Elías.
PREPARACI6~:
.v el Estoicismo.
FERNANDO
VIAJE
,
GONZALEZ
A PIE
Dibujos de Alberto Arango Uribe.
EDITORIAL «LE LIVRE LIBRE»
141, Boulevard
Péreire,
141
PARIS
MCMXXIX
Es vropieùuù del autor, qukn
se reserva los derechos de tro.ducción ~' de reproducción.
Copy/'igllt
ùy Fernando
GOllzáll'z, 192!).
VIAJE
A
PIE
,
DOS
AFICIONADOS
FILOSOFOS
21
A
DE
DE DICIEMBRE
DE
1928.
de todo, un autor debe definir su clima interior.
Este enmarca, define el libro. En cada
época de su vida el indi'viduo tiene tres o
cuatro ideas y sentimientos
que constitu}'en su clima espiritual. De ellos, de esos
tres o cuatro sentimientos
e ideas, provienen sus obras durante esa época.
H e aquí, tomadas de nuestro diario de
diciembre de 1928, unas notas que definen
nuestro ambiente interior durante la época
de la realización,
de la j!estación de este
libro:
«Diciembre, S.-Cielo
azul pálido; quieto
al ambiente.
Somos mu}' felices fisiológicamente. El Pacífico debe estar rutilante.
NTES
10
FER~A~DO GO~ZÁLEZ
Todos ~'eni11!os de! mar. Nuestras célulm
son zoófitos mannos, nadan en soluciones
salobres.
»Perpetua lucha es la vida del hombre.
Concentrarse
es el 1I1ftodo para vencer.
»f~n este diciembre
los árboles drbcn
rlar ullas somf'ras mu\' frescas a las orillas
de los ?"Íos del Trópico; las selvas deben te11er un si/c1Icio religioso en estos mediodías.\' el /llar debe es/al' tibio, debe e1nia!'
a las costas tufaradas de ~'ida. N os sentimos
el ail iIllal perfectam Cnt e egoísta .»
N
os llamamos filósofos aficionados
para no comprometernos demasiado y porque ese nomhre es
mucho para cualquiera. Sólo un estoniano,
el conde Keyserling, pudo tener la desfachatez de escribir dos enormes volúmenes
con el título de Diario de viaje de un jilósójo.
Todos nuestros colegas, desde antes de
Thales, han sido modestos. En los ma·
nuales de filosofía la primero que se explica
es aquello de que filósofo quiere decir amigo de la sabiduría; se enseña allí, en las
primeras hojas, a descomponer la palabra
en philos y en sophos, con la cual el estudiante imberbe cree que sabe griego y les
,repite eso a las primas, junto con aquello
que decía Sócrates en Jas alrededores de la
Acrópolis durante sus noches de moralizador: ((Sólo sé que nada sé.»
12
FERNA~DO GONZÁLEZ
Habíamos principiado este diario: «(Sonaban en la vecina iglesia, melancólicamente,
las cinco campanadas ... )), y borramos
eso
porque cran reminiscencias
del estilo jcsuítico de nuestro maestro de retórica, ci padre Urrutia.
Un compañero
nuestro, que
siempre ganaba los premios, comenzaha 3"í
las descripciones
de los paseos a caballo:
((Eran las cinco de la mañana cllando, después ùe recihir la Santa Hostia, salimos
alegres, como pajarillas,
a cahallo,
nosotros y el reverendo padre Mairena ... )
A las cinco (no se puede comenzar de
otro modo,
definitivamente),
abandonamos los lechos, que, entre paréntesis,
han
sido los lugares de nuestras mejores lucuhraciones, inclusas las referentes a Venus.
Salimos hacia El Poblado,
en tranvía,
por una de esas hermosas carreteras antioqueñas que son las más haratas del mundo.
Eran las siete cuando comenzamos a trepar con nuestros morrales hacia la montaña
oriental del valle de los indios sedentarios
del Medellín, por una carretera de un kilómetro que se continúa en una pendiente
pedregosa;
el kilómetro
de carretera
se
hizo para que tres caciques fueran a sus
quintas a digerir rezos y hurtos.
VIAJE
A PIE
13
Pero antes de seguir y para que el libro
se amolde a la definición que nosotros hemos creado, después de inspiramos en el
padre Ginebra, a saber: «Organismo ideo~
lógico impreso», diremos cuál será este
viaje a pie, cuáles sus finalidades, cuáles sus
motivos y cuál el efecto pragmatista que
nos proponemos al escribirlo y al darlQ a
la estampa. El reverendo padre Urrutia
jamás decía dar a luz un libro, y, por haberlo escrito así, uno de nosotros perdió
el curso de retórica.
Diga el lector si eso de organismo ideológico impreso no cumple con lo que enseña el padre Prisco de todo lo definido y
nada más que lo definido. Y como, según
Aristóteles (conste que apenas hemos oído
hablar de él), definir es obra genial, desde
que dimos a luz esa definición nos hemos
apellidado aficionados a la metafísica.
Hacemos muchas digresiones; el lector
ticne quc pcrdonarlo, pues es defecto de
nuestra educación clerical.
El viaje se define así: Medellín, El Retiro, La Ceja, Abejorral, Aguadas, Pácora,
Salamina, Aranzazu, Neira, Manizales,
Cali, Buenaventura, Armenia, Los Nevados, a pie y con morrales y bordones. A
14
FERNANDO GO~ZÁLEZ
propósito
de bordón, observa el coaficionado don Benjamín que los Ignacios afirman que el jesuita debe ser como bordón
de hombre viejo. Esta observación
ennohleció ante nosotros mismos nuestras figuras; nos dió aplomo. Lo airoso a desairado
de la actitud humana depende de la ideología presente entonces en ci campo de la
conciencia. De ahí que aquellos que tienen
gran movilidad espiritual sean también variadísimos en sus actitudes físicas. Respecto
de los bordones,
quedaban
ennoblecidos
por el recuerdo de la disciplina jesuítica.
Vimos y sentimos las nubccillas doradas
por el sol y las sensaciones poéticofisiológicas que produce
el amanecer
al viajero;
pero de esto resolvimos no decir nada porque son tema de estudiante de retórica, así
como resolvimos llamar siempre sol al sol
y nunca astro rey ni Febo.
A la media hora de caminar había nacido
la idea de este libro y habíamos
resuelto
adoptar como columna vertebral moral del
viaje la idea de ritmo.
El ritmo es tan importante
para vivir
como lo es la idea del infierno para el sostenimiento
de la Religión Católica.
Cada
individuo tiene su ritmo para caminar, para
VIAJE A PIE
15
trabajar y para amar. Indudablemente
cuando un hombre y una mujer se atraen,
eso se verifica por sus ritmos; es porque
unidos son importantísimos para la economía del universo. Por ci ritmo podrían clasificarse los hombres ...
Respirábamos el aire de la mañana como
buenos profesores de gimnasia sueca. Esas
inspiraciones hondas nos traían las mismas
emociones que producen en todos los que
han gastado veinte a veinticinco pesos en
literatura estimulante (Dr. Crane, Marden,
Atkinson, -cte.). Cada uno de nosotros se
propinaba una buena dosis de autosugestiones. Entonces fué cuando apareció nítida la idea del ritmo, a saber: para no
cansarse hay que descubrir nuestros ritmos,
ajustar a ellos nuestros pasos y el movimiento de los bordones y acompañarJos de
profundas respiraciones de atleta yanqui.
La salud, la conservación de nuestra elasticidad juvenil, son finalidades del viaje.
j Cuán desconocido y despreciado es el deporte por los colombianos clericales! Quieren mucho el cuerpo humano, pero en la
oscuridad; es un amor de facto.
16
FERNANDO GONZÁLEZ
Necesitamos cuerpos, sobre todo cuer~
pos. Que no se tenga miedo al desnudo.
A los colombianos, a este pobre pueblo
sacerdotal, la enloquece y la mata el desnudo, pues nada que se quiera tanto como
aquello que se teme. El clero ha pastoreado estos almácigos de zamhos y patizambos y ha creado cuerpos horribles, hipócritas.
Observa don Benjamín, ex jesuíta, que su
maestro de novicios, el reverendo padre
Guevara, les ordenó que no se bañaran
durante un año, porque así les sería fácil
conservar la inmaculada castidad de San
Luis Gonzaga. ¿Qué mujer atrevida podría
acercarse a un novicio? Este sistema del
padre Guevara es mucho mejor que el
alambre de púas.
En Colombia, desde 1886 no se sabe qué
sea alegría fisiológica; se ignora qué es euritmia, qué es eigeia.
¿Podría un sedentario de este puehlo
andino comprender al yanqui que se lanzó
en bola de caucho por el Niágara, a al galo
que atravesó el Atlántico en solitaria nave·
cilla de vela? iMeses y meses en medio y
en garras de ese divino monstruo glauco,
oscuro, plata, oro! ¿Podrán nuestras mu·
VIAJE A PIE
17
jeres comprender a la Lindy americana?
El gran efecto del excursionismo es formar caracteres atrevidos. Que el joven se
acostumbre a obrar por la satisfacción del
triunfo sobre el obstáculo, por el sentimiento de plenitud de vida y de dominio.
El hombre primitivo no comprende sino
los actos cuyo fin es cumplir sus necesidades fisiológicas.
¡Los pueblos acostumbrados al esfuerzo
son los grandes. Así, los países estériles
están poblados por héroes. La grandeza
de Roma se explica porque ese puñado de
Rómulos eran hombres desesperados que
tuvieron que robar sus mujeres y sus tierras. Fué el mejor, entre ellos, quien cargó
y corrió más briosamente con su joven sabina; quien mejores músculos y atrevimiento tuvo para la lucha. Así comenzó el
estímulo y de ahí nacieron las sugestiones,
emociones y moral de los fuertes que produjeron a los Gracos, Pablo Emilio, Mario,
César, Nerón ... Cuando fueron ricos y nacieron los complejos literarios, cuando nació esa vulgaridad que se llama emociones
csteticas, que de todo tienen menos de estéticas, vino la raza sedentaria que fué testigo de las invasiones y triunfos sobre
2
18
FERNA!IIDO
GONZÁLEZ
Roma de aquellos bárbaros barbudos, fornidos, orgullosos de sus músculos, de su
moral de hombres de presa y de su estética
de supcrhombrcs.
C
ciencia que se posea es una ventana más para contemplar
el
mundo. Así, el viajero que sea bo.
tánico, gozará de la vegetación; el mine.
ralogista, etc. El hombre de ideas gene·
raIes, como nosotros, goza de todos los
aspectos! pero con la desventaja de la dis·
minución de cada uno de ellos.
El ignorante se aburre en los caminos;
sólo percibe las sensaciones de cansancio y
de distancia. Es como un fardo. Su alma
está encerrada en la carne. Los ojos le sirven sólo para ver la comida, el obstáculo y
la hembra; el oído, para oír ruidos, y el
tacto, olfato y gusto, para los fines primordiales.
Sirve para ilustrar esta idea el considerar
el yo como un prisionero en casa cerrada
y que, mediante labor, fuera abriendo mi·
radares y salidas al mundo.
ADA
20
FERNANDO GONZÁLEZ
Ibamos, pues, de cara al oriente, trepando a Las Palmas, por el camino bordeado de eucaliptus, entregados a nucstro
amor a la juventud, al aire puro, a la respiración profunda, a la elasticidad muscular
y cerebral.
Bajaban serranos y serranas,
';acas y terneros,
todo oliendo a leche y a cespedón.
Entramos
a
despedirnos
de
parientes que veraneaban por allí,
gente sedentaria
que al vernos de
viajeros a pie, nos
mir a ban tristemente como a
vesánicos. Nin·
guno de nuestros
conciudadanos (si es Que en Colombia
aun ticne uno conciudadanos)
podía
comprender nuestros motivos. Para ellos,
se camina cuando se va para la oficina,
cuando se vicne del mercado. No está
aún en las posibilidades mentales de nuestro pueblo el comprender los fines interiores. Cuando nos ven hacer gimnasia nos
VIAJE A PIE
21
miran con ojos cspantados. Una de nuestras criadas huyó de la casa después de
vemos hacer los movimientos de Ling,
diciendo que no trabajaba en casa de locos.
Encontramos en cada pueblo jovcnzuelos
montados en mulas orejonas que nos miraban como a seres extraños. En las posadas nos decían: «Pero, ¿vienen ustedes a
pic?» La señora de la fonda «La Ciénaga»
nos' dijo que si su marido no hubiera estado
allí para recibimos, ella nos hubiera hospedado en el cuarto de los sospechosos.
Todos nos repetían: «Yo, teniendo los veinticinco pesos que cuesta la mula, no me metería por aquí, a pie.» Nuestro pueblo es
muy tímido e ignorante: las frutas hacen
daño; bañarse es perjudicial. Dicen: «La
cáscara guarda al palo.» Todos parecen
educados por el padre Guevara ...
Llegamos al pie de la cuesta para trepar
a Las Palmas, a]a casa donde solemos
beber leche espumosa', postrera, es decir,
última o la bajada, leche olorosa a vaho de
ternero. :La mujercita había salido a buscar
sus vacas y encontramos en ]a casa a su hermana, hermosa quinceña, maestra en escuela campestre del Retiro. Carnes prietas,
quemadas por !a brisa de ]a tierra alta, y
22
FERNANDO GOlllZÁLEZ
espíritu generoso como el de todas las
maestras. Sí; las maestras son muy generosas ... Esta serrana, vestida con un faldín
prensado, en esa mañana de plenitud, nos
trajo algunas emociones e ideas. Pensamos
que la helleza es la gran ilusión; pensamos
que la naranja es una esfera de oro, y que
para comérsela se tira la corteza dorada.
j Aquella falda prensada l. .. Pero no; nosotros no queremos descrihir lo que pasaría,
si fuéramos a comemos aquel fruto de la
altiplanicie andina. No queremos descri~
hirlo porque podrían acusamos de corruptores de la juventud, como lo hicieron con
el maestro Sócrates-ccSócrates, embadurnado de gracia como si fuera con una
mie\>}-los socios de la Juventud Católica
de Atenas, Meletus, Anytus y Glycon.
A nosotros tarnhién podrían acusamos
el hijo de don Jesús y el hijo de don
Enrique. ¿Qué pasaría entonces? Pues que
este areópago de santos montañeros nos
condenaría a perder nuestros empleos judiciales-peor que la cicuta-o ¿Y qué haríamos? De puehlo en pueblo, montados sobre
este esqueleto de los Andes, a pie, iríamos
repartiendo nuestros retratos de andarines,
circuídos de estas leyendas: c(V oyage autour
VIAJE A PIE
23
du monde; araund the 'Warld. Se hablan
ocho idiomas, entre ellos el medellín y el
chihcha. Contribuya con su óbolo para este
viaje que hará progresar la industria del
alpargate,»
Ya ven los lectores a dónde nos llevarían
los de la Juventud Católica si describiésemos a ese hermoso fruto de la
serranía despojado de su corteza
y de cara al sol
naciente, o, mcjor dicho, de cara
a las estrellas, y
nosotros, segú n
D'A n n u n z io,
((Chini sopra di
lei come per bere
d'un calice.» Y,
además, somos filósofos castos. Continuemos, pues, nuestro
viaje de modo Que este libro pueda caer en
manos de pálida virgen. Es nuestro deseo,
además, Que sirva de sermonario a los curas
de esta tierra de santos y santas palúdicos.
T
sobre el lomo andino. Allá
abajo, en ese vallecito del Aburrá
enmarcado por altas cordilleras,
hemos vivido treinta y cuatro años, perseguidos por el diablo, esc anciano que aún
conserva la cola de nuestros antepasados
los monos, recibiendo las ideas generales
a precios carísimos de manos del Negro
Cano, el librero. iQué juventud! Allá, en
la altura, reimos alegremente ...
A la derecha estaba la antena del inalámbrico. La torre se eleva, huyendo de la limitación de las montañas, buscando el ámbito universal. j Qué esfuerzo para levantarse de esta tierra! Esa torre fué para nosotros la representación de la que los romanos llamaban humánitas.
Un romano 'tenía humánitas cuando se
había hecho universal; cuando era un ciudadano del universo. Un Nerón elevó su
REPAMOS
26
FERNANDO
GONZÁLEZ
corazón y su mente por encima de todo
prejuicio humano; llegó al supremo egoísmo; todo la relacionaba con su propio ser,
y, así, se hizo dios. Un Mahondas Ghandi
elevó su corazón y su mente a la inmensa
altura donde sólo existe amor. Este, por
otro método, se hizo tamhién dios, a sea,
hombre. Ambos tcnían humánitas.
En esa mañana olorosa a cespedón sc
levantaba por encima de las colinas que la
circuían, buscando la liberación del límite,
de las fronteras, buscando el espacio, res
C011tllltmis omnibus, haciéndose humana, la
antena de Marconi.
Hay por aJlí fucntccillas más puras que
la pureza, que forman la quebrada Las
Palmas, de cuya agua debe beber el que
quiera redondear su concepto de agua.
Sabe a musgos, a sombra; al beberla vienen
las Îmágenes de monte, de helechales y de
grutas milagrosas. Siente uno que el mundo
está lleno de fuerza, vis vitœ, de esa fuerza
que hace germinar al óvulo. Se siente
deseo de cambiar la frase de Linneo: Omnia animalia ex 0'[,'0, así: Omnia ex vi.
/1X)
~~
C,e! ~.,
t;.J;.
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P
O;etS~aCr::i:~;r:c~¿ej~:
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JJ¡-'
nuestros treinta y tres
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años, lejos de las ideas
/
generales
suministradas
//
a precios altísimos por~el
Unos raNegro Cano, lejos
cimos de
del
monótono
r'/
flores inamor de nuestras..l/'7
verosími.
primas, abriles, moradas, carmos los ojos
nosas, servían de
y vimos que
regios lechos amotodo es
rosos a los ¡nsecamor
y
./
tos, a los pist¡los y a
muerte.
/1/
los estambres.
Nos encontramos dos
1'"
28
FER~A¡';DO GONZÁLEZ
vIeJas que sirven de correo hebdomadario
entre Medellín y La Ceja. Reparten en las
casas riberanas al camino todo la que necesita el hombre primitivo: tres a cuatro
noticias, ollas y recados amorosos.
(<Todo depende del ánimo», nos dijo
una de estas viejas al prcguntarle si llegaríamos a La Ceja. j Qué frase tan llena 1
. Desarrollamos la idea de la anciana en
la siguiente forma:
Los que triunfan, la dehen a una creencia
arraigada, ~eneralmente a la creencia en sí
mismos. Son fracasados los que no han
creído en algo que les sirviera de columna
vertebral para desarrollar su personalidad;
algunos, muy interesantes por cierto, creyeron fuertemente, pero la creencia se desvanecía para ser reemplazada. Estos son aquellos de quienes se dice: ({Eran muy inteligentes y nada han realizado; j qué inexplicahle!»
He aquí un joven de facultades mediocres; pero, j qué hermoso porvenir el
suyo! Está hinchado de egoencia como un
sapo bravo. Cree en sí mismo con una
convicción jesuífica. Y es constante en el
amor a sí mismo, como tu estúpido amante
a ti, grácil Julia. Claro que ama su labor,
VIAJE A PIE
29
pues si ama su persona, no se cansa en su
trabajo. Este es malo hoy, pero mañana o
después, ¿Quién será capaz de igualarlo?
El mundo la buscará, lo necesitará. Este
jovenzuelo chilla como una virgen, y al
fin, todos miran y lo perciben y acaban por
creer lo mismo Que él: en la enorme joroba
de su egoencia.
Hay Que curar al fracasado haciéndole
creer en sus fuerzas, en su importancia. Los
educadores (y todœ lo somos, ya del niño,
ya del amigo enfermo, ya del prójimo decaído) deben hacer nacer o renacer la fe en
las fuerzas propias.
Es curioso este ánimo humano; este reino
de la psicología es admirable: el hombre
es lo Que se cree. Por eso dijimos: iQué
hermoso porvenir y Qué hermosa obra la
de este joven Que se cree héroe a predestinado y que chilla ásperamente como una
cigarra hasta Que lo husquen y la perciban
y crean en sus gritos!
Por eso, curad al amigo ahatido, haciéndole creer en sí mismo a en algo que le
sirva de eje, de hilo' madre para tejer la
tela de su vida.
iCuán propia es esta vida moderna, rápida, difícil y varia, para perder toda fe,
30
FERNANDO
GONZÁLEZ
para ir por la vida como madero agua
abajo!
Todos los seres que se ponen en contacto
por primera vez luchan para decidir cuál
sea el amo, para saber cuál abdica de sus
creencias y demás accesorios psíquicos y
convertirse en un admirador, en un esclavo
del otro.
Esta lucha es inconsciente. Pero está tan
unida a la vida, que casi se confunde con
ella. De esta brega terrible, cuyo jadeo nos
pareció percibir al oír a la vieja y al contemplar el amor de los insectos entre las
corolas, salen determinados los destinos individuales y el de la humanidad. De niños
tuvimos intuición de esto, y grabamos
como máxima: Nuestro destino es irrcmcdiable y nadie ticne la culpa de él.
Aquellos toros que luchan ante la vaèada ... , y los insectos gallardos, belicosos,
todo es luchar por el dominio, que pertenece a quien mejor ánimo tenga. El ánimo,
esa fuerza desconocida que nos hace amar,
creer y desear más a menos intensamente.
El ánimo, que no es la inteligencia, sino la
fuente del deseo, del entender y del obrar.
N uestra idea, nuestra pobre oplnión
acerca de un problema jurídico, no fué
VIAJE A PIE
31
aceptada por la Academia, cuando la expusimos ... Después la dijo un pirata lleno de
vida, y la dijo con no sé qué, con cierto
ardor .... y fué aceptada. admirada. No podemos quejamos: la aceptado fué la fuerza
vital de aquel pirata.
En definitiva, 10 que hace mover al
mundo no es sino el ánimo de los héroes.
Al oír a la vieja, también te recordamos
a ti, bendita Julia, y te compusimos este
canto:
¡Oh, tú, amor, mujer y bestia! ¡Bestia
divina en todo: en tu cuerpo prieto, en tu
cabcllera ferina, y en tus ojos ... ! ¡Cuánta
1uz en tus ojos negros! ¡Era como luz en
la noche! Allí, más que en parte alguna,
estaba tu fuerza que se nos imponía, que
nos hacía despreciar nuestro lote de vida,
para admirarte. Era igual cI destello de tus
ojos al destello de los ojos fcrinos entre las
oscuras cuevas.
y así, bestia en todo tu ser, nos destrozaste la personalidad, rompiste con tu sola
presencia los ejes de nuestra individualidad;
32
FERNA~DO GONZÁLEZ
todo nos fué baladí, cxcepto tú, nuestra
vencedora.
Así es el amor. Vencimiento del amante
y triunfo del amado. Era la vida Que encerrabas tú, era tu animo lo Que se imponía
a nuestra pobreza, y por eso te ansiábamos
corno al agua en el desierto.
¿Por Qué inculparte cuando fuiste de
aquel mancebo duro corno manzana, si su
fuerza te atrajo irresistiblementc corno la
luz en la noche al insecto ... y te abandonó
destrozada de amor, pues la vida enccrrada
en él era movimiento, frivolidad, nada de
esclavitud?
Así, pues, siempre es la fuerza vital la
Que domina. En todas las manifestaciones
de este vivir, triunfa la energía descubierta
por el doctor Mesmer; va recorriendo el
tiempo y riéndose de todo ...
Al oír a la VlCJa,se nos iluminó el problema de la vejez, el de la enfermedad, el
del pesimismo, del escepticismo, de la tolerancia, el problema todo de la vida, incluso
el problema social.
La vejez, Que se compone de falta de fe,
VIAJE A PIE
33
tolerancia y amor, no es sino agotamiento
de esa energía que causa todo el fenómeno
variado de la vida .
. Los valores positivos, los del triunfo,
acompañan a la juventud.
Los códigos morales, las virtudes aceptadas, petrificadas, las catalogaron hombres
debilitados ya. Predicador de moral se
llega a ser al declinar de la vida.
Es cierto que hay un estado de alma enfermizo, el estado colombiano, que consiste en estar obnubilado, metido en una
idea como en una concha, en una idea religiosa. A esto, que se llama fanatismo, se le
ha dado un alcance inmenso, y bajo ese
nombre algunos espíritus liberales de América han tratado de clasificar los sentimientos juveniles: el entusiasmo, el amor,
la afirmación imperiosa de su propio valor
y del valor de su obra.
Han perdido de vista que la abundancia
de vida se afirma indefectiblemente, que es
exclusivista. Ya puede ser ilusión el amor
de un joven-vaso de vida-: su ánimo had
que esa ilusión sea realidad.
Al contrario, quien envejece se petrifica
y para él lo imposible adquiere magnitud
inmensa. La vejez, «la hora jorobada del
3
34
FERNANDO
GONZÁLEZ
reumatismo», va acompañada de todas 1m
virtudes que describe el catálogo universitar io.
El problema de los puehlos aparece iluminado por este concepto de nuestra vieia.
Cuando se agota la energía de la raza, aparecen los predicadores de la paciencia y
demás parásitos. Grecia nos da un ejemplo
cuando, al decaer, apareció aquel tábano
sobre el caballo Atenas: Sócrates. Contaha
él mismo que un frenólogo le dijo que su
cabeza cra el nido de las malas pasiones.
Sócrates, fco y frío, lógico como un serrucho, tolerante y descreído, apareció cuando
se acabó el ánimo griego. Surgió la moral,
esc chorro inicuo cie frases que sale de las
bocas sin dientes.
También Alemania de hoy, con sus jóvenes tiesos y de cabeza sonrosada: ahí han
ap arce ido los predicadores de la energía, de
la guerra. Nietzsche-i cómo se alegra la
vida al recordarlo !--fué el goce dionisíaco.
Alemania, a pesar de la confabulación universal, impide que el viejo continente se
co nvierta en erial.
VIAJE A PIE
35
Aquí llegamos con la frase de la vieja,
con ese concepto en que se niega la antítesis
de vejez y de juventud, este concepto en
que se reduce todo a la cantidad de ánimo;
este concepto de que el idearium y las pasiones son meros efectos del ánimo, explicables por la cantidad de energía, y confesamos que esa frase coincidió con nuestra
experiencia. Nos hemos ido alejando de la
juventud y de la creencia. A medida que
crece nuestra pobreza vital, ~umenta nuestra moralidad y nuestro apego a los pre~uicios y al valle en donde el Negro Cano comercia con las ideas generales.
Venid vosotras, ioh, ideas de juventud y
de vida. a ale¡¿rar a los abandonados de la
alegría de sentirse tibios, pletóricos del jugo
sagrado del árbol prohibido! iVenid, jóvenes ideas, retozonas como muchachas de
falda corta!
Esta frase de la vIeJa respondía muy
bien a nuestra experiencia. El hombre,
cuando llega a los treinta años, a esa cima
dorada, principia a anidar filosóficamente.
Dicen que en el niño se reemplazan com-
36
FERNANDO
GONZÁLEZ
pletamente en un año las células que componen su organismo, y que ese renovarse
es lento en el hombre maduro y desaparece
casi completamente en el viejo. T,o mismo
pasa con las ideas y emociones. iQué más
dogmático que un anciano! A los treinta
años el hombre adopta una filosofía. Las
siguientes notas, tomadas de nuestro diario
del día en que cumplimos la edad de Jesucristo cuando lo crucificaron por orden del
diletante Pontius Pilatus, comprueban todo
esto:
((A brU, 24 de 1928.-A pesar de esta abrumadora tristeza, pondré contención y arte
(alegría) en mi vida. Ese es el imperativo
categórico: alegrarnos y alegrar a quienes
nos rodean. Generalmente
nos entristecemos unos a otros; nos amargamos este
relámpago, este epifenómeno que es la vida
humana.
»Estoy triste porque no hallo un fin que
me interese. Si todo es igual, ¿por qué no
adoptar el de la alegría? En eso consiste el
ser buenos, en alegrarnos.
»Caen mis cabellos y mis dientes se ama~
rillean. Crecen las niñas, y crecerán otras,
y vendrán amaneceres, atardeceres, soles y
cielos esplendorosos. i Mis cabellos, en·
VIAJE A PIE
37
tonces, idos, y mis dientes amarillentos!
iQué epifen6meno es mi vida! ¡Qué baga.
tela, tan efímera y deseable, la belleza! No
hay más remedio que irse agarrando a un
propósito que nos escude contra la tristeza
de la decadencia y de la muerte.
)}¿Por qué, si soy un vulgar y despreciable
epifenómeno, esta tristeza? ¿Por qué flo·
recen árboles y florece la belleza femenina,
y sigue el devenir, y yo me quedo, me voy
muriendo?
)}Por momentos quisiera destruir lo bello ... iDeseo horrible del que decae, del
hombre que envejece y que no admite el
hecho, la posibilidad siquiera, de que haya
belleza que no sea suya y que siga el vivir
después de su muerte!
»Tú, futura muchacha de quince años, frívola como el espíritu y como el agua, informe o infinitiforme como el aire, tú,
gracil muchacha, pasarás tu mano larga y
llena de fuego latente como el centro de las
esferas celestiales, pasarás tus afilados· dedos
por los suaves cabellos de mis descendientes. iYo quisiera asesinarte, hermosa y
futura muchacha! ¿Por qué no te haces imposible al mismo tiempo que mi juventud
se aja? En verdad que esto de envejecer,
38
FF.R~AN[)O GONZ.\LEZ
esto de llegar a los treinta y tres años, es
una burla sangrienta
que nos hace el
tiempo, esa suprema necesidad.»
Estas vicjas son felices en el camino. (SOñamos con él cuando
la necesidad
nos
obliga a quedamos en casa.» ¿Qué más propio del organismo humano que vivir al aire
liore, respirarIo en toda su pureza, beber
agua viva, comer los alimentos
que nos
ofrece la tierra, sin intervención
del arte?
Caminar es el gran placer para el cuerpo,
pues todo está hecho para ello.
Hay una prueha a priori de que la organización económica del mundo es absurda:
esa organización
ha creado la ciudad y la
vida sedentaria.
i Hay una lista enorme de
enfermedades
ciudadanas!
Y, para conser"ar la juventud, el ciudadano ha inventado
sustitutos a la vida gitanesca; son la ~imnasia y las preparaciones
químicas. ¿Puede
el arte concentrar
la vida que hay en un
fruto recién cogido, concentrarla
en una
lata? Hoy, los sabios llaman a eso vitammas.
Estas viejas llevan la alegría a los campos.
VIAJE A PIE
39
i Y qué casas estas de las montañas de Antioquia! Parecen nidos de aves puestos
sobre precipicios. Para lle~ar a ellas hay que
ser elástico y ágil como el mono.
Almorzamos en casa de la muchacha que
fué, hace cinco años, la alegría de los escopeteras, cazadores de tórtolas. Hoyes una
señorita de treinta años, endurecida ':1
agriada par la soltería. Cruel destina ci de
la mujer que permanece virgen y soltera.
Se convierte en monstruo duro, pesimista y
vengativo.
L
mojados y tristes al Retiro,
ese criadero de buenas gentes. Para
que el lector comprenda cómo era
nuestra tristeza, diremos que era bíblica; la
Bíblia afirma que el hombre después del
coito es un animal triste.
Vive allí la muchacha que, hace dos
años, en un pueblo del norte de Antioquia,
despertó los impulsos de don Benjamín.
iEl amor! Fueron estos unos amores de
montaña aislada del mar; únicamente en
estos pueblos aislados, en donde vive el
diablo, tiene el amor ese interés misterioso
que le dan el pecado, el diablo y el infierno; únicamente aquí tiene el amor la
atracción del delito. Fueron amores en que
sólo hubo la incitación. Ella-j cuán sabrosas las dos sílabas de su nombre !-exclamaba, tiritando como una mariposa en
peligro,. cuando el instinto y la fuerza reLEGAMOS
42
FERl\A:-¡OO
GONZÁLEZ
concentrados
por doce años de jesuitismo,
vencía los prejuicios de los huenos movimientos: (cj No seas loco!» Amores de los
que llaman castos, pero que son los más
refinadamente
sensuales, pues todo está en
los ojos electrizados.
Tamnién,
quizá por
contraposición,
llaman casta a la paloma.
Los únicos amores castos son los que van
acompañados
de la sinceridad;
se realizan
en donde hay ferrocarriles,
en donde está
cercano el mar.
¡ El amor! Todo él está en los ojos y en
los actos. ¿Para qué sirve la palabra allí?
Una mujer quiere a un homhre: ¿Que el
padre morirá? Que muera. ¿Que resulta el
fin de todo? Que venga ese fin. Pero la
mujer no la dice; en esos casos no hahla;
en esos conflictos le brillan los ojos y obra;
obra como rueda una piedra por la pendiente. Es que el amor es el negocio esencial; el afecto filial, el sentimiento
de honor, las ideas, son accesorios lujosos. la
mismo que los pétalos: la esencial es el pistilo y el estambre.
¡El amor! Todo está en los actos; no se
debe hablar. Por eso decía Enrique Laserre
que las mujeres tienen el pudor en las
oreJas.
VIAJE A PIE
ESCOLIO
PASAJE DE
43
ACERCA DE STENQHAL EN UN
«EL
ROJO
y El.. NEGRO».
A su antigua amante, mujer escrupulosa
y sensitiva, quería reconquistar. Entra por
la ventana, de noche, temeraria e imprudentemente. Ella la recibe con palabras de
odio que no tenían valor real, que eran fingidas, sugeridas por su confesor. Él, mientras le echa el brazo por la cintura, le habla
de algo que a ella le interesa y que es extmiïo al asunto. Así logra ser amado inten-
samente.
Esto nos enseña que las palabras sirven
casi siempre para disimular, para vestir los
actos, para hacerlos amables al bautizarlos,
para tergiversar su origen. Un acto, antes
de estar bautizado, está en la niebla de la
posibilidad, puede ser mil cosas, es indeterminado, vago, inexistente. Una vez que
se le ha dado un nombre queda petrificado.
La palabra es determinadora. Si le pedimo~
un beso a una mujer, la niega indignada.
Es porque entonces afirmamos; afirmamos
que es capaz de regalar el beso. Pero si se
la damos sin hablar de él, todo pasa deliciosamente, porque entonces nada se puede
44
FERNA~DO GONZÁLEZ
afirmar, porque fué acto nuestro, porque
nosotros hicimos el esfuer:;¡:o. Fué que no
hablamos.
En el caso de Stendhal, a esa indeterminación de las intenciones femeninas se
agregó el hacerla a ella más irresponsable
ante sí misma, al obrar en momentos en
que su atención estaba en otra parte.
En el caso de Stendhal sucedió también
que la arraigado en la naturaleza femenina
era el sentimiento de amor, sofocado accidentalmente por la fraseología del confesor. Las ideas de éste estaban en aquella
alma accidentalmente, y sangre suya era el
amor al joven. Para obrar según ideas a
sentimientos accidentales es preciso estar
constantemente recordándolos, trayéndoIos
al campo de la conciencia. Sólo se obra
conforme a una idea a representación
cuando elIa está en la suhconsciencia. De
tal manera que el joven obró sabiamente al
distraer la atención de ella, pues así obtuvo
que su amada obrara de acuerdo con los
sentimientos de la subconsciencia. El pobre
confesor quedó relegado a los momentos
• de meditación intensa. La vida nuestra es
automática, instintiva; la parte de la voluntad y conciencia es mínima.
VIAJE A PIE
45
Conclusiones:
1. Un beso se da y no se pide.
II. En amor nada debe proponerse,
sino hacerse.
Ill. A nadie se le debe proponer con
palabras un acto indebido.
IV. Casi nunca que se propone se
obtiene.
V. Casi nunca Que se comienza acariciando se falla.
VI. Es común Que la mujer se deje forzar, cuando por nada se entregaría.
VII. En amor no se debe hablar y jamás
se debe dar el más leve indicio de
Que se recuerdan los favores o de
que han envanecido.
VIn. Nada del amor se debe subir al
plano de la conciencia con palabras
dichas a la amada.
IX. La voluntad desaparece cuando la
atención está ocupada en otra parte.
X. La mujer es el ser más enamorado
del pudor, del honor, de la buena
reputación y es una esclava del
amor. j Qué deliciosamente frívola!
XI. Cuando no se ha hablado de un
46
FERNANDO
GONZÁLEZ
acto, queda la palabra como el gran
recurso para tergiversarlo,
para que
desaparezca.
Toda mujer que se distrae, se entrega.
XII.
Fué un delirio aterrador
esa noche pasada en El Retiro, en ese hotcl que parece
una jaula desvencijada.
La victrola
del
frente arrulló hasta la una de la mañana
los sueños que nos producía un cuarto dc
,. ....
litro de aguardiente,
y
". - ~
la fi~u ra ~orda
del
\'
...e\ - I~
huésped
quc a cada
j \ '"'~. momento
cruzaba
I,t ~/
t
nuestro cuarto con un
candil en la mano ... La
victrola, el aguardien-
j)
fi
'~f~~2'j~;~
ir
1
v~
f'~1~'
I
F/
r.
~
I
~/
.
I
,,",':':;-0
te, el cansancio y la figura gorda de don Ra·
fael producían
una
desarmonía
psíquica
propia para el fin de
nuestras vidas pecadoras.
VIAJE A PIE
47
En Antioquia hay muchos hombres
gordos y de una gordura muy rara. ¿Por
qué tendrán ese vientre esférico? Es u TI
vientre de yegua; protuberante del ombligo
para abajo; los botones del chaleco semejan una cincha y la bragueta de los pantalones se abre y deja ver los botones, seme·
jando una boca que bosteza. Si ponemos
allí, atravesando el chaieco, de bolsillo a
bolsillo, una cadena de oro ... iEs algo ate·
rrador durante una pesadilla arrullada por
la victrola, después de un cuarto de Iitr<>
de aguardiente y de siete leguas de viaje a
pie! Como si fuera una idea trascendental,
seguían nuestros espíritus en esa noch e
espantosa asediados con el problema de 1a
gordura antioqueña.
Nos levantamos aterrados y escribim()s
el si¡¡uiente tratado de pesimismo. Lo trans·
cribiremos aquí. para Que el lector sep2
cuál es el origen de toda filosofía pesimista,
También escribimos un canto a la alegría:
«La vida del hombre sobre la tierra es
brega y tristeza. Vivir es luchar con el
tiempo, el cual nos arrastra, a pesar de resistirlo. j Qué horrible es, durante algunos
días, vivir! ...
48
FERNANDO
GONZÁLEZ
»El único método para vivir que conserva la alegría, es vivir resistiendo al deseo
que nos urge por el goce; vivir despacio,
inervados _
»Pascal dijo que el método liberta el espíritu. E.sto la dedujo indudablemente
después cie algunos días de vivir sin continencIa.
»La fuerza nerviosa es una cantidad determinada en cada uno y hay que gastarla
con méto do. Educar la voluntad no es otra
cosa que crear llaves de contención para los
nervios; es un problema igual al aprovisionamiento de agua para una ciudad. ¿Qué es
una juer~a? Salir con dos a tres amigos en
automóvi 1. Paner la victrola a cantar Ramona ..., y, después, otro disco femenino.»
Este es el canto a la alegría:
Mej()r que todo es la inervación!
Nada como la regularidad térmica del
organism()!
»i Cuán horrihle es la esclavitud!
»i La esclavitud del alma por los deseos
es de temer como la muerte!
»i Peor que la muerte eres tú, apresuramientol
«j
)j
VIAJE A PIE
49
»Peor que el frío de la muerte eres tú.
Ramona ...• en esta noche en que el huésped
nos deja entrever su enorme panza a la luz
del candil.»
La grafonola acompaña siempre a lo más
delicioso, las circunstancias antecedentes del
amor. Porque, así como el delito. el amor
tiene circunstancias antecedentes. concomitantes y consiguientes. Todo lo agradable
de la vida es antecedentes del amor; todo lo
que llamamos alegría, en cualquiera de sus
manifestaciones, es antecedente del amor.
La perspectiva del amor es el encanto del
viajero, el encanto de todo lo que vive, la
ilusión de todo lo que existe, desde el
átomo hasta Dios. ¿Qué importa el objeto?
Es una disculpa para poder amar. Nacimos
para eso y antecedentes del amor son todos
los heroísmos y todas las obras. Así como
en la fonda desconocida el viajero siente
una alegría vaga que no es otra cosa que la
perspectiva de las figuras femeninas posibles, asimismo está el amor detrás de las
trabajosas obras de un Hegel. .. Las circuns4
50
FER~ANDO GONZÁLEZ
tandas
concomitantes
y subsiguientes
al
amor son tristeza. Entonces
se convence
uno de que la engañó esta madre Naturaleza Que sólo se preocupa
por la especie.
Las circunstancias
subsiguientes
al amor
son iguales a viajar durante días en un tren:
se experimenta
la misma desazón en la colum na vertebral.
¡La grafonola! Todo iha despacio allá en
la antigüedad.
Una Friné o una Aspasia
determinaban
para toda una época las circunstancias del amor y de la gloria; hoy los
reinados
de la belleza
duran a la sumo
quince días; somos más artistas, más frívolos, ¿Podemos leer un libro de quinientas
páginas? ¿Hay algún héroe que lea de seguido ci Dou Quijote de la ;11ancha? ¿Hay
alguna mujer bella cuyo amor dure más de
veinticuatro
horas? No; ningún editor parisiense se atrevería a damos un libro que
tuviese más de ciento treinta hojas. Los
vestidos femeninos son de telas frágiles para
que no duren sino el tiempo de una emoción,
¿Qué se hicieron
aquellas
ropas
eternas que pasaban a las primas? Parece
que nuestros antepasados
no supieron que
el hombre es una máquina muy delicada;
vivían para la eternidad,
y nosotros vi\'i-
VIAJE A PIE
51
mos para el tiempo; y la eternidad es una,
y el tiempo se compone de segundos. Nosotros dejamos el libro de cincuenta y tres
hojas en el asiento del tren o del avión:
iAquella americana, aquella silueta estilizada que vimos a ]a orilla de] mar, leyendo
descuidadamente a Miomandre, y que dejó
el libro sobre la silla de paja! Nuestros antepasados tenían casas de piedra, bibliotecas
de tomos fabulosos, empastados en cuero, y
sus mujeres eran anchas, carnudas. Las
nuestras se parecen a nuestros libros de cincuenta y tres hojas; las leemos, nos leen, y
nos dejamos tirados sobre los asientos de
paja. Todo lo nuestro pertenece al tiempo,
que está compuesto de segundos. Por eso,
en nuestro delirio nos aterraba la gordura
del antioqueño.
Esas mujeres de las grafonolas, esas mujeres cuyos cuerpœ inducimos por sus
voces y cuya boga dura unos quince días,
determinan las modas del amor.
y por eso, porque no tenemos ideas sino
opiniones, porque no hay eternidad, porque no hay sino un pequeño manojo de
segundos y un pequeño manojo 'de emociones, nuestras mujeres son delgadas y lo
único que no les perdonamos es la cons-
52
FERNANDO
GO;'¡ZÁLEZ
tancia. ¿Qué cosa más horrible para nosotros que una mujer constante? Es como
una idea fija; es como un vestido que uno
no se pudiera quitar. El encanto de la
mujer consiste en que nos abandona; es el
mismo encanto de la vida; ¿pues qué sería
de la vida y del amor a ella si no supiéramos que íbamos a morir?
Porque ya no pensamos en la eternidad,
porque somos un manojo de segundos, la
supremo para nosotros es el dinero. También éste se compone de centavos y con él
se compra todo la que se ha inventado
para adornar el tiempo. Por· eso. desde
que Lutero descubrió que en Roma estaban
vendiendo la eternidad, dejamos de creer
en ella, pues es absolutamente evidente Que
todo la venal cs terreno.
E
dinero! Indudablemente el nombre meior para nuestro sil110 es
estc: El siglo del hombre que hace
fortuna. Vivimos a la caza de la fortuna;
gastamos nuestras energías cn la consecución del dinero. Es un afán tan grande
como el que se tenía antaño por la bondad
del alma.
Todo es para nosotros un medio de conseguir dinero; se persiguc la ciencia, para
ello; se desea la moralidad, la honorabilidad social, porque producen dinero; nuestro amor es frívolo y mercenario; por eso es
tan agradable; la cónyuge-vocablo
dellenguaje de los antiguos-se consigue porque
tiene dinero. Deseamos tener carácter,
porque es cualidad para conseguir dinero.
Para eso cultivamos la literatura. Todos los
segundos de nuestras vidas están empapados
L
54
FERNA~DO GONZÁLEZ
de la necesidad de conseguir dinero. Este
es nuestro último fin, indudahlemente.
Nuestras necesidades se han multiplicado;
nuestros placeres son tantos como nuestros
segundos ... j Son tantas las mujeres hermosas y tantas las hagatelas quc adornan sus
cuerpos lransitorios ... y todo se vende! La
moneda o, mcjor dicho, el billetc, es la
piel mágica en que se viaja por países feéricos; ¡el hillete es la imagen de todo la
agradable!
Movimiento
rápido a leguas por hora, a
kilómetros
por minuto ... Es necesario corrcr, acumular
rápidamcnte,
porque nos
deja la vida. Este es el siglo del homhre que
hace fortuna.
Nosotros, el hombrc quc hace fortuna,
porque es un manojo
de segundos y de
emociones, es flaco. alto. demacrado,
huesudo, de maxilares
angulosos,
ojos hriliantes y anhelantes.
El hombre que hace
fortuna es la misma figura del perro cazador. Porque el homhre que hizo fortuna es
gordo y apoplético como nuestros antepasados, lleno de hidratos de carbono.
y morimos de apoplejía, de cánccr en el
hígado, de nefritis, de gota, a los cuarenta
y cinco años. Y generalmente
el hombre
VIAJE A PIE
55
que hizo fortuna es sadista y se derrite por
las niñas de trece a catorce años: son las
dependientas de sus grandes almacenes.
j i Honor al hombre de acción, al joven
cazador, honorable, duro, superhombre,
de
egoencia desarrollada,
cruel!!
j Honor al
hombre seductor que ha metodizado
todo
en orden al dinero! El hombre de acción es
hermoso. j Loor a nuestro hombre recto, de
mirada firme, pletórico de ansias!
Sí; porque el hombre de acción, a pesar
de que se contiene por sistema, es un ansioso; a pesar de que va paso a paso, por
sistema, es un desesperado;
a pesar de que
sostiene el valor de la tranquilidad,
es un
intranquilo.
La paciencia, la contención,
todas las antiguas virtudes de nuestros gordos antepasados, se predican a la juventud, pero no ya
como virtudes,
sino como métodos.
La
moral es pragmatista.
Se aceptan las virtudes de los vicjos tratadistas, pero porque
son útiles.
¿Cómo se cdifican hoy los tcmplos? En
un barrio que se intenta urbanizar, se regalan diez mil varas para una iglesia.j Así
viene la bendición de Dios! Las calles se
regalan al Municipio. Nosotros, cI hombre
56
FERNANDO
GOSZÁLEZ
moderno, practicamos todas las antiguas
virtudes, pero no buscamos agradar a Dios,
sino comprarlo;
la tratamos como los
agentes viajeros a los empleados públicos:
dándolc propinas.
Nosotros, el joven de acción, grabamos
en nuestras oficinas los mandamientos recibidos por este nuevo Moisés, el filósofo
pragmatista.
¿Por qué no roba el hombre de acción?
Porque pierde el crédito. Por eso no roban
los Bancos; por eso no roban los países. El
crédito ha reemplazado al diablo en su
papel moralizador.
El joven pragmatista
tiembla y palidece ante la perspectiva de
perder el crédito, como temblaba y palidecía la monja hermosa después de abrazar
a su amante por sobre los muros del convento, ante la perspectiva del rabo prensil
del diablo. El CRÉDITO. Es una creación
nuestra,
más imponente
que JÚpiter.
iCuántos tratados se han escrito acerca de
este dios!
El mejor ejemplar del hombre que hace
fortuna que hemos encontrado en Colombia, un indio rubio, el Dr. y" nos decía
que su maestro en universidad belga les
daba este imperativo categórico: «No dejéis
VIAJE A PIE
57
constancia escrita sino en último caso, para
que no perdáis el crédito.» Sí; el hombre
cazador teme a la prueba preconstituída;
teme a la prueba material. ¡Qué antiestético es todo lo petrificado! El indicio es
una prueba elegante; con él se puede probar
lo que se quiera, o sea: nada se puede
probar; es indeterminado como todo lo espiritual. No dejar rastro es el ideal en la
acción. Por eso el robo es vulgar, y el
hurto, que consiste en tomar lo ajeno sin
que quede huella, progresa a medida que
aumenta el auge del hombre-fiera. El hurto
consiste en ejecutar un ACTO con la limpieza, suavidad e invisibilidad del viento.
El adjetivo empleado para los negocios y
los hurtos es este: LIMPIO. El hurto y el
negocio son hermanos gemelos. Las cualidades de hurtador y negociante son las mismas; los procedimientos, idénticos. La diferencia está en que el hurtador se lleva todo
el objeto, y el negociante devuelve parte de
su valor en lo que se llama precio.
Como don Benjamín está muy cansado
después de esta noche apocalíptica del Re-
58
FERNANDO GO~ZÁLEZ
tiro, y como un filósofo es un ser parecido
al rumiante, continuemos
filosofando, queridos lectores. ¿Por qué no? ¿Qué nos urge?
Apenas somos aficionados a la filosofía y
a los viajes. Continuemos,
pues, con el estudio de este joven interesante que somos:
Hl hombre
que hace fortuna.
El movimiento
de la vida moderna es
desvanecedor;
ahí, la más difícil es conservar la tranquilidad
de alma, la unidad de
fin y la organización de medios. A cada instante se presentan infinidad
de imágenes
deseables, de posihles finalidades ... LA VOLUNTAD ES TE:-.lTADAA CAnA SEGVNDO. Y por el
solo hecho de vencer esas tentaciones,
se
gasta una cantidad inmensa de energía nerviosa. Por eso nosotros, el joven cazador,
estamos demacrados
y somos angulosos v
flacos.
Predomina en esta lucha fiera el concepto
de hombre activo y hombre pasivo. de \,0
activo y }'a pasivo.
Este concepto
se funda
en nuestra
verdad de que el hombre actúa sobre el
homhre no por la fuerza de la verdad ahstracta-mita
de nuestros
gordos antepasados-,
sino por la fuerza del flúido nervioso. j Lucha fiera en que vence el más dis-
VIAJE A PIE
59
ciplinado, no el que mejor razón tenga!
Lucha fiera que exige metodizarse.
El billete es la finalidad. La cantidad de dinero
sirve de metro para saber ci valor del
hombre. 1Ja pobreza es signo inequívoco de
inferioridad. La pobreza es indicadora de
toda clase de inferioridad. En realidad, el
pobre, fuera de ser peligroso, es un ser que
disgusta. Está lleno de odios y envidias; es
un ser torcido y frustrado; sus cualidades se
han "marchitado.
En este correr apresurado de los segundos, nosotros, el hombre fiera, tenemos
como primer mandamiento LA CONTENCIÓN.
j La contención! Allá en nuestro valle estrecho del Aburrá hemos visto a muchos
comerciantes que corren detrás de las mujeres, detrás de todas las mujeres; hemos
visto que corren afanosamente detrás de los
negocios y del dinero, como si se fueran a
acabar. Se dejan seducir por toda mujer y
dicen que gozan del amor; se dejan poseer
por toda sensación del paladar y dicen que
gozan del ~usto. Nadie goza sino nuestro
joven metódico Que usa de las cosas y no se
deja poseer por ellas. Siempre que el
hombre llega a ser incapaz de prescindir de
algo, se hace esclavo de eIlo y disminuye su
60
FERNANDO
GONZÁLEZ
poder. Es preciso en toda circunstancia, en
todo momento, aun ante la mujer más hermosa, poseerse a sí mismo. Es muy agradable ~ustar de las cosas buenas dondequiera
que se hallen, pero desde el momento en
que entra en el alma la somhra del lazo,
debemos recordar que somos libres, instrumentos libres para reunir los hilletes.
Cuando el espíritu tiene alguna emoción
triste en la contemplación de la belleza,
cuando tiene algún movimiento de impaciencia, de desenfreno, es señal de que no
está gozando de la belleza, sino que es dominado por ella.
Todo la que se le impone, la doblcga y
aminora, la evita el hombre de acción. Y
la belleza es la más peligroso para el impreparado. Nosotros, este potro salvaje que
describimos, evitamos siempre que se menoscabe en la más mínimo la cruel egoencia que deseamos tener. Y quien no sea así,
para nada nos importa.
He aquí, dedicada a los hombres que corren detrás de las mujeres, como si éstas
VIAJE A PIE
61
fueran a acabarse, las normas de nuestro
joven anguloso:
RECOGERSE.
Significa retraer todos los
deseos, los tentáculos que ha sacado el
flúido nervioso hacia el mundo exterior.
Significa unificarse, aislarse con todo lo
suyo en uno mismo. Significa evitar que el
pensamiento se vaporice, que se dilate la
voluntad. Significa comprimirse en un solo
núcleo duro, egoísta. Consiste en no amar,
no desear, no pensar, ponerse en guardia
contra todo. Con este método se adquiere
lo que se llama estado positivo. Nuestro
joven practica este método durante el
treinta por ciento de su tiempo. Y después,
sale el pensamiento o el deseo, controlados
por la voluntad metodizadora, con una
fuerza inverosímil.
Sólo el pragmatista que lo ha ensayado
durante mucho tiempo sabe la fuerza de un
alma metodizada, concentrada, cuando en
el momento dado lanza su deseo y su pensamiento hacia un fin determinado.
Nunca se debe meditar a un tiempo en
más de una cosa, y jamás se debe desear lo
que no merezca la pena. El hombre disperso nada hace. Ninguna substancia obra
si no está concentrada.
62
FERNANDO GONZÁLEZ
Nosotros, siguiendo
ci ejemplo
de los
grandes amantes, no amamos sino una mujer en cada tiempo; nosotros, el joven prag·
matista, siguiendo el ejemplo de los grandes
pensadores.
no pensamos sino en un problema a cada tiempo, y siguiendo el ejemplo
de los grandes activos, concentramos
nuestra actividad en nuestra obra: el dinero, representativo de todo lo terreno.
Hacemos constar aquí muy claramente
que el joven pragmatista no ama el dinero
por instinto,
de nacimiento,
por decido
así. Nosotros no admiramos ni predicamos
a favor de los avarientos sin estética, sucios,
innatos. No, aquí se trata de disciplina mental. El joven pragmatista
pretende
saber
cómo se reune una gran fortuna y cómo se
vive una gran vida. El joven pragmatista
admira lo único que hay admirable en este
esferoide: EL MÉTODO,' la capacidad de perfeccionarse que tiene el hombre; la LÓ-GI-CA.
El joven pragmatista es impasible. Dice:
Todo esfuerzo que hagas para atraer a ti
VIAJE A PIE
63
los seres y las cosas es un desperdicio; ]a
fuerza atractiva obra cuando está concentrada en el interior. En todo movimiento
de impaciencia, en todo esfuerzo brusco se
pierde gran cantidad de ese algo que llamamos vitalidad. La fuerza acumulada durante la indiferencia atrae como imán las
cosas buenas. Sólo suceden aventuras deliciosas a quien no las busca. El hombre es
vitalidad, acumulador dc vitalidad, y es pre~
ciso ser metódicos. La vitalidad conserva
el organismo después de formarlo y la defiende; cuando esa fuerza nos abandona,
enfermamos y morimos.
Educar y cducarse es dirigir conforme a
principios científicos la delicada y soberbia
substancia nerviosa. Llegar a ser un hombre
propio para los fines que indican el tiempo
compuesto dc \;cgundos y la tierra compuesta de frivolidades venales.
A
la una de la mañana se extinguió el lánguido amor de la grafonola, cesó nuestro disco del superhombre, desapareció el gordo don
Rafael y nos dormimos. Decía Voltaire
que la vida no era terrible, porque uno
pasaba la mitad de ella dormido. iEs una
observación interesante!
El sueño, así
como la oscuridad en los cuadros, da viveza, hace resaltar nuestras emociones.
iQué dulce es el cuadro de los amantes,
él con la cabeza desmayada sobre el pecho
ondulante de ella! Es el mejor campo de
batalla y el único que nosotros conocemos.
Algunos han comparado el sueño con la
muerte y, engañados, han dicho que la
muerte debe ser agradable porque es como
el sueño. Todos ellos se equivocan; morir
no es dormir. Cuando uno está dormido,
proviene el goce de esa sensación confusa
5
66
FERNANDO
GONZÁLEZ
que tienen todas las células de nuestro organismo, de esa delicada sensación de reposo. El placer consiste en que sabemos
que dormimos. La muerte sería agradable
como el sueño si uno supiera que estaba
muerto y si no fuera para siempre.
En fin, despertamos y continuamos
viajando. Una pelea de perros acompañó
nuestro paso por la plaza del pueblo, y
luego nos perdimos a través de los predios
incultos de esta tierra. Mucho tiempo anduvimos por un sendero de rumiantes, sin
saber para dónde íbamos. Tampoco sabe
mas para dónde vamos al vivir. No era,
pues, grande nuestra tristeza por estar perdidos, pues perdidos estamos desde que
allá, en compañía de nuestros queridos
amigos los jesuítas, no pudimos encontrar
el primer principio filosófico. Cuando le
decíamos al reverendo padre Quirós que
cómo se comprobaba la verdad del primer principio que nos daba, nos decía:
«Ese es el primero; ese no se comprueba.»
Desde entonces estamos perdidos. Y así
como por este sendero nos guiaban las
huellas de un rumiante, asimismo nos guía
por la vida, impidiéndonos la pérdida absoluta, la huella que dejaron en nuestra alma
VIAJE A PIE
67
de niños tres mujeres: la madre, la Hermana
Belén, y tú, Margarita.
En aquella mañana brumosa, al atravesar las charcas del sendero, en donde éste se
perdía, se oían las frases
malhumoradas
de don
Benjamín Que preguntaba
no se sabe a Quién:
«¿Dónde están las huellas?» Es la misma pregunta que dirigimos a las
esferas celestiales en los'
momentos de angustia.
¿y Quién nos va a responder? Estamos solos, irremediablemente solos ...
Al mucho tiempo encontramos un niño
que nos indicó el camino. Este niño llevaba de cabestro un gato negro. iQué
extraño modo de llevar un gato! Todo era
ilógico en esa mañana. Nos dijo el niño que
iba a botar el gato muy lejos; Que muchas veces lo había hecho ya y Que el gato
volvía a la casa. Decididamente lo sabroso
de la vida son las circunstancias antecedentes: el deseo y los actos que ejecutamos
para conseguir un gato; el deseo, las ron-
68
FERNANDO
GONZÁLEZ
das y demás preHminares para conseguir
la amada. j Pero tener un gato y tener una
amada y querer desasirse de un gato y
pretender desasirse de ella!... Ambos tic.
nen uñas. Decía Balzac que la mujer perfecta araña.
j Cuán trágico en el amor el papel representado por el macho! Damos vueltas y
revueltas alrededor de la amada. La hembra, quizá porque sólo es amada mientras
es deseada, va alargando el asedio. Ved
los escorpiones, cómo se pasean días y días
cogidos por sus palpos; el macho de la
araña que se acerca a ella tembloroso, se
devuelve y espera durante días el momento
propicio, si es que antes no es devorado
por ella. La hembra dirige el amor y lo
dirige de un modo lento, saboreado, así
como dirigía Josué la toma de esas pobres
ciudades de la tierra prometida, tocando
trompeta y dando vueltas alrededor de los
muros hasta que a éstos les daba la gana
de caerse. Y una vez que conseguimos un
gato a que logramos el amor de la mujer,
¿cómo desprendemos de ellos? Nos siguen
a todas partes. Las hembras del escorpión
y de la araña devoran a sus amantes y a
nosotros nos devoran con su constancia.
VIAJE A PIE
69
Aquel gato la había llevado el niño al otro
lado de un río y hahía vuelto a la casa.
Recordamos la historia del abogado Raimundo Saldarriaga. DespuéR de mil luchas, después de tres años de rogar y sufrir, logró un amor ilegal. i Casi todos los
amores son ilegales! La legislación, en
este caso del amor, no está de acuerdo con
la vida; el amor legal es una exœpción y
hay quien afirma que ni siquiera es amor.
Aquí se nos ocurre adoptar el hermoso
apotegma del magistrado Juan Evangelista
Martínez: «Hay que adaptar la legislación
a la vida.»
-¿Qué le pasó a usted, Raimundo, con
su barragana?
--Hace cuatro años estoy luchando por
dcsasirme de ella; me voy para otro distrito judicial, y allá me sigue; la insulto y
le pego, y más me quiere. Ultimamente he
adoptado una rabulería para librarme. de
ella. i Para algo ha de servir la profesión!
He resuelto establecer un gallinero moderno en un pueblo retirado y enviarla
allí; el amor que las mujeres tienen por
las gallinas es el único sustituto; ella no
vendrá a molestarme, por no abandonar
las gallinas.
70
FE¡\~ANno
GONZÁLEZ
Raimundo es el mejor abogado de Colombia; su ingenio es riquísimo. Este procedimiento, esta invención procedimental,
¿no
la colocan a la cabeza de los jurisconsultos
del país?
A
día caminamos muy despacio;
los bueyes nos dejaban. ¿Para
qué diablos íbamos a correr? Las
cosas que no han de ser nuestras, no se dejarán coger. Cuando el sol declinaba, sen·
tados sobre una dura piedra, compusimos
este canto:
QUEL
«Un inefable sentimiento de apacibilidad,
una alegría o ebriedad apacible y sana nos
produce el convencimiento de que todo lo
nuestro habrá de llegar al minuto, hora,
día y año. Aquí sentados paladeamos
nuestro futuro que nadie podrá robamos,
ni aun nosotros mismos.
»Nosotros no somos el ansioso; nuestros
ojos guardan las imágenes que a ellos llegan, porque esas son las que debían llegar;
nuestrils manos palpan muy. lentamente las
formas que son suyas, porque ellas son las
72
FERN\NDO r.ONZ/\LF.Z
destinadas; nuestros corazones están listos
para recibir la que el seno del devenir les
guarda. No se gasta nuestra fuerza vital en
perseguir los seres que no son suyos, los
sucesos que no le pertenecen.
Aquí nos
tienes, VID.\, DIOSA DE LOS OJOS MALICIOSOS,
tranquilos, sentados sohre esta dura piedra,
seguros de tu amor; los celos no desbaratan nuestros corazones.
Tú eres la infiel
entre las infieles, a pesar de que no retrocedes ni ahandonas
al amante. Aquí nos
tienes,
sentados
sobre
la dura piedra,
oliendo la grama olorosa a inocencia, llena
de vitalidad, esperando tus dones.
»Las mujeres que han de servimos de
almohada,
bs que han de llorar por nosotros, vendrán a huscamos en donde estemos, si han de ser nuestras.
¿Para qué
correr tras ellas? Vendrá también el oro
que ha de ser nuestro, y vendrá a esta dura
piedra, al escondrijo m:ís oculto, la muerte,
y vendrá cI deshonor,
el dolor y el odio.
¿De qué huimos? ¿Para qué escondemos?
¿Por qué lamentamos?
¿Para qué remordemos la conciencia?
Con recogimiento
recibimos la nuestro; nadie nos pide cuenta
y a nadie se la pedimos.
Somos el que
puede afirmar: el homhre tiene
la que
VIAJE A PIE
73
merece; no tendrá lo que no merece.
Venga, pues, a cada uno lo suyo.
»Hemos perseguido la alegría y a pesar
de que parecíamos alcanzarla, no pudimos. Lo nuestro es lo único que llegará a
nosútros. ¿Y qué será lo nuestro? Parece
que nada sorprendente nos está reservado
en esta pelota terrestre.»
P
una moneda cayó al suelo
sobre el escudo colombiano, decidimos pasar la noche en la casa de
doña Pilar. Desde que no pudimos encontrar el primer principio filosófico aumentó
la cantidad de suerte y azar en nuestro
pobre vivir. Todo compromiso, aun la cita
amorosa, es un torcedor. Hay allí, cerca al
río Piedras, dos casas; nos decidió por la
casa de la derecha el rostro atormentado
del Libertador, en una moneda de diez
centavos. ¿Cara o sello? Y la cara es la de
Simón Bolívar; y, en realidad, es la única
cara interesante de estas cinco repúblicas
intertropicales. ¡Y cómo lo atormentaron!
En su efigie de la moneda de diez centavos, su cabellera conserva el rastro de
los suaves dedos de doña Manuelita Sáenz.
j Es una cara muy tristc la de este superhombre que había terminado ya su obra!
Estaba convencido de que no había liberORQUE
76
FERNANDO
GONZÁLEZ
tado homhres, sino negroides.
Y después
de que lo hicieron morir con una camisa
francesa, prestada,
sin que huhiera
ninguna figura femenina a su lado, han puesto
su efigie en las plazas, para que siguiera
contemplando
nuestras malas pasiones, y
en las monedas para que su cara decidiera
si nos quedábamos
en la casa de la derecha. i Pobre Simón Bolívar, que libertó
cinco repúhlicas,
y que apenas se fueron
los españoles vió que no hahía quedado
sino un hombre:
él, solitario,
en un
desierto de alimañas!
En la casa de la derecha
viven doñ a
Pilar y su anciano marido. Son gentes de
otro tiempo; han tenido un álbum de au~
tógrafos. Colombia fué el país de la literatura hasta por ahí al final del siglo. Un
soneto era entonces lo que es hoy para un
ioven ex ministro el ser agente de la casa
Halle Garteo. Era el tiempo de nuestro
apasionamiento;
fué el tiempo dd idealismo. Entonces
un Rojas Garrido amaba
sus ideas mucho más que su vida. ¡Qué
almas tan apasionadas
aquellas de la Colombia liberal!; era un país digno y heroico. Fué la del sesenta y tres una Constitución que admiró por su idealismo
a
VIAJE A PIE
77
Víctor Hugo. Aquellos hombres eran
poetas, héroes y quijotes sin tacha. ¡Pero
~n todo hemos sido desarmónicos! Un
sátiro de Cartagena dió principio a la descomposición
moral.
Comenzaron
vendiendo a Panamá y hoy está casi todo vendido. Ya Colombia no hace versos. A la
sombra del Simón Bolívar atormentado de
las plazas pÚblicas, a la sombra de las
iglesias y sirviendo de moneda la cara angulosa del Libertador, se reparten los dineros. No tenemos ideas; no tenemos sino
opiniones; de vez en cuando hacemos un
soncto a Cristo Rey y por eIlo nos envían
como diputados.
Ya en este álbum, dice doña Pilar, no
(;scriben nada interesante. i Qué vamos a
escribir, si apenas sabemos que estamos
perdidos, que vamos para Abejorral a trazar dos cuadras de carretera, devengando
mil pesos mensuales! j Qué vamos a escribir, si apenas sabemos que ya casi acabaron de robarse el dinero yanqui! ¿En
dónde está la agricultura? ¿Qué obra productiva? iQué vamos a escribir, si apenas
pasan por la casa de doña Pilar a vendemos amulctos·, automóviles y salchichas,
los rubios agentes viajeros ... !
78
FERNANDO
GONZÁLEZ
Los libros de doña Pilar, desde mil novecientos
tres están llenos de miseria.
Todos los que han pasado desde entonces
tienen el alma oscura. Además, el mundo
espiritual
es tan miserable generalmente;
apenas se hermosea en un genio ...
y qué horrible fué la noche, picados por
anim~dillos invisibles, miriadas que transitaban por la piel y que nos hicieron delirar nuevamente:
soñábamos
que nuestro
cuerpo cra Colombia y que los innúmeros
animalillos
eran las generaciones
hahidas
desde Rafael Núñez.
Pero hay en el álbum de doña Pilar un
autógrafo
que dice: «i Viva Colombia!,
1906.-Carlos E. Restrepo.»
Sí; durante este período oscuro ha habido un hombre que ha querido al país
más que a sí mismo, y tiene la misma cara
angulosa y triste del Simón Bolívar de
Santa Marta y, quizá, también morirá con
una cam isa prestada.
Noche
horrible
aquélla,
pues roncaba
además a nuestro lado el hombre gordo de
Medellín. Venía de las olimpiadas de Cali,
borracho, este señor José 1'v1aría: ((¿Que no
hay pieza? j Bien pueda cobrar
la que
quicra! j Aquel vicjo ladrón de Manizales
79
VIAJE A PŒ
que me alquiló esta mula L.. ¡Pagué cien
pesos, y vea usted lo que me dió! ¡Cómo
despilfarran dinero
esos manizaleños en
~
los tales cables! i El
Valle del Cauca no "': ~.'\
sirve para nada! No
hay como Medellín,
en donde se pro:;::'-1,{~:?
pugna por las carre- IA,'II')..
I
I
,1.
,'---''.' ri,.
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teras.»
Entonces vimos
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claro el significado ,\~" )~'
f.' V
del hombre gordo.
~~
.>.(
Este es un producto
del t ró pico, as í ::.¿....,...-.JV~).•',
como las cucurbitá::-.-'
ceas que cubren las tierras del Retiro. El
hombre gordo es el hombre exagerado; carece de la que llamaban los clásicos y los
moralistas antiguos el sentido de la medida.
Son muy peligrosos; caen sobre los individuos y sobre los pueblos como una montaña aplastadora:
dos hombres gordos
idearon la Carretera al Mar, que ha sido
nuestra ruina, y dos hombres gordos han
~astado en eso diez millones. Toda nuestra
vida de repÚblica ha sido vida de hombres
r
,
:"
/
I
80
FERNANDO GO~ZÁLEZ
gordos. Siempre hemos carecido de la deli.
cadeza del animal de sangre. Ser un hombre
flaco consiste en aceptar la idea o la sensación actual de un modo equilibrado. a sea,
armonizándola con su complejo espiritual.
A los antioC}ueños los domina un deseo o
una idea y se desparraman.
El principio básico del hombre culto es
NO DEJARSE ARRASTRAR
POR
LO BUENO QUE
La educación es
centrífuga; se adopta un principio o una
ciencia como núcleo alrededor del cual se
va dilatando el conocimiento y la vida en
círculos concéntricos. Por eso el hombre
culto es el hombre vertebrado. El psicó.
lago, por ejemplo, tiene su ciencia como
un núcleo Que da el coloridü a toda su
formación mental, sin desdeñar los demás
conocimientos. El uno absoluto, que es el
todo y Que aprehendería el hombre por
intuición, si fuera infinito, podemos compararJo con una circunferencia cuyo centro
esté en todas partes. Así, es centro de la
infin ita realidad cualquiera ciencia a cualquier propósito; desde ellos se llega a percibir una remota vislumbre de la infinito.
El hombre culto se limita y contiene aca·
tanda su imperfección; es un reconoci-
ESTÁ FUERA DE SU CAMINO.
VIAJE A PIE
81
miento de la incapacidad para abarcarlo
todo. La cultura consiste en el humilde
reconocimiento
de nuestra imperfección
y del deber en que estamos de vivir conforme a nuestro plano actual. Para ad·
quirir el éxito es necesario darle todo
nuestro corazón al fin perseguido y desechar todo la demás en cuanto no tenga
relación con él y por bueno y agradable
que sea. Esta es la filosofía del hombre
gordo de Medellín que roncaba sin medida
en la casa de doña Pilar, soñando, quizá,
en propugnar por las carreteras.
C
vespertino en El Vergel,
cerca de Aranzazu, a unos mil novecientos metros de altura, la posada de don Manuel Ospina. La casa mira
al occidente, y allá, en el abra por donde
corren las quebradas de esa tierra, en tarde
del 28 de diciembre, cuando el sol está en
el hemisferio Sur, en tarde de nubes bajas,
vimos hundirse el sol (el Febo del padre
Urrutia) como globo de oro, inmenso.
Nubes plomizas lo surcaban. Descendió
con majestad. Así mu'rió, de pies, como
emperador, el gran Dioclesiano. Apenas
hundido allá en nuestro monstruo deseado,
el gran Pacífico, principió la gran fiesta
dionisíaca de sus colores en las nubes de
tierra fría, unas bajas y otras altas. A cada
minuto cambiaban los colores. Por donde
murió había una ceja de oro, lejana; encima, nubes plomizas, ocre, y una ,abertura
REPÚSCULO
84
FERNANDO
GO;-'¡ZÁLEZ
de plata en el cielo. Después, por debajo
de ese oro y plomo, unas crestas negrísimas que eran los picos de las montañas.
Luego, azul pálido y oro sobre la lejana
cordillera; azul desteñido, con el gran lucero verpertino. y el oro de la cordillera
se fué borrando. iEn verdad que es her-·
moso nuestro esferoide!
Porque don Benjamín está triste a causa
de estas noches de insomnio, hemos recordado este atardecer. Don Benjamín dijo:
«(Mi herida del calcañar se abrió y no
puedo caminar.» En El Buey conseguiremos para don Benjamín un caballo de ojos
mansos, un caballo flaco para que siga
paso a paso, pues somos aficionados a la
filosofía, y el filósofo es un rumiante amigo
de la lentitud. El caballo brioso es como
joven pródigo.
Lo único propio que tenemos es nuestra energía; está encerrada dentro de nuestros cuerpos formados de huesos, carne y
piel. Lo nuestro está limitado por nuestra
piel; ella es nuestro lindero. j Qué bien
alindados estamos los hombres!
Dice El Eclesiastés que no demos nuestra energía a las mujeres. Eso nuestro, la
energía, lo dilapidamos en el deseo desor-
VIAJE A PIE
85
denado. ¿Qué debemos hacer? Acumular
fuerza y gastarla con método; porque el
avaro de su fuerza es un miserable. Hay
que dade a la fuerza su destino, que es
gastarse. j Quieto aquí, corazón! Esta boca
nos devora y nos devoran estos corazones
ansiosos. El método y la contención son
los que pueden hacer del hombre un bípedo interesante. ¿Por qué gastar siempre?
Somos pródigos. El gasto normal se efectúa sin esfuerzo, es una irradiación de la
energía, cuando ésta abunda. iHemos hecho un encuentro! La fuerza irradia; así
se gasta científicamente. Nos devoran esta
boca, este corazón y estos ojos. Este sentimiento
del desorden hizo decir lo
siguiente: «No des tu fuerza a las mujeres.»
(E clesiastés.) «El método liberta el espío
ritu.» (Pascal.) «El hombre es doble; el
bien y el mal luchan en él.»
Un caballo brioso es como joven pródigo. La vida cósmica es lenta, reposada.
Natura non facit saltus. Unicamente el
hombre es animal pródigo, desordenado,
saltarín y, al mismo tiempo, animal triste.
Los animales domésticos han sido contagiados de tristeza y desorden por el
hombre. La casa del hombre es el lugar
86
FERNANDO GONZÁLEZ
del pecado. Toda la vida cósmica es ordenada, metódica y alegre. El mono, el
perro, el caballo, han sido corrompidos en
la casa del hombre.
Pues sí; para don Benjamín conseguiremos un caballo manso, silencioso y que
sea consonante de nuestros ensayos.
Como don Benjamín está triste, compusimos un ensayo acerca de la tristeza:
«EL HOMBRE DESPUÉS DEL COITO ES ANIMAL
TRISTE,»)
Porque es la entrega de nuestra fuerza
vital. Ella, mientras estaba en nosotros,
nos hacía desear; hermoseaba el universo,
pues de no ser así no desearíamos.
Entregamos la vida en potencia para la
formación de otros seres. Somos entonces
la imagen del saco vacío. El organismo
queda flácido. Por eso dice la Biblia que
es animal triste; es una tristeza orgánica,
dc cada célula, diferente a la que causa una
emoción concreta, espiritual. j Los vicjos
de Voronoff! A la flacidez, a los músculos
vacuos, tristes, sucede la plétora, brillo e
VIAJE A PIE
87
inervación. «Es un animal triste», o sea un
enervado. Eso no es tristeza; eso lo tienen
los otros animales. Verdadera tristeza no
hay sino en el hombre; el resto del cosmos
es energía armoniosa. Así, pues, don Benjamín apenas está enervado, a causa del
insomnio producido
por los hombres
gordos de Antioquia.
En el universo, sólo en el hombre se
encuentra la irregularidad y la tristeza de
estar perdido, de la contradicción de sus
múltiples deseos. j La irregularidad! Todos
los otros seres cumplen su destino dentro
de la regla inmutable y están contentos; de
todo el universo, menos del hombre, sale
una armonía que es como canto de alabanza a la suprema energía o suprema ley
que se llama Dios.
Esta observación nos ha llevado a colocar la causa de la tristeza humana en la
irregularidad del vivir del hombre; y es
irregular porque el hombre de hoyes
apenas un ensayo, complicado como todo
lo que es ensayo.
Los datos del problema son estos: todo
es alegre y en el hombre hay tristeza; todo
vive según medida y normas, menos el
hombre, que es irregular y desmedido.
88
FER:-¡.>\~DO GO:-¡Zt\LEZ
Dehe haber una relación de causa a efecto
entre estos factores.
De esta inconformidad
humana nació el
misticismo, que consiste en colocar nuestros destinos en otra existencia que vendrá
después de la muerte. Dicen los místicos:
«El hombre está triste porque la tierra no
es su patria, porque aquí está desterrado,
porque aquí no es su medio ambiente.»
Esta es la explicación más antigua que se
ha dado de la tristeza del hombre. Es una
explicación que tiene por complemento
la
hipótesis de una dualidad: cuerpo y espíritu. Este, que no forma parte del universo corporal y visible, está llamado a
satisfacerse, o sea a cumplir su fin, en otra
existencia, cuando abandone su unión con
ci cuerpo. Tenemos
así que, según esta
explicación,
la tristeza, ese fenómeno humano, proviene de la incompatibilidad
del
espíritu y del mundo material; no es otra
cosa que la inadaptabilidad
del hombre al
medio impropio en que vive transitoria.
mente.
De aquí el concepto de Job: «Guerra
es la vida del hombre sohre la tierra»); y
de aquí el método místico de contradecir
el cuerpo y de hipertrofiar
una sola idea
VIAJE A PIE
89
y un solo deseo: la idea y el deseo de
Dios.
Nuestra hipótesis para explicar la tristeza del hombre es que somos un ser
nuevo en el universo; y como ser nuevo,
imperfecto y complicadísimo en su funcionamiento, como el primer telar que se
inventó. iCómo se enredaban y se contradecían las múltiples partes de ese primer
telar!
Somos un ser nuevo. Esta extraña modalidad de la materia que llamamos espÍritu aun no ha aprendido a vivir, a obrar;
desea contradicciones; no sabe de dónde
vicne ni para dónde va y se admira al ver
que posee ese don raro de volver sobre sí
misma. En fin, esta es una hipótesis que si
la continuamos puede dañar este libro.
¿Quién puede soportar hoy la scriedad de
un tratado de metafísica, por más que
tenga su origen en la consecución de un
caballo manso?
D
de escribir
en el álbum de
doña Pilar, sali.
mas al camino y abandonamos el camino. El camino
es casi toda la vida del
h am b re; cuando está en
él sabe de dónde viene y
para dónde va. Caminos son los códig~s,
y las costumbres, y las modas. El método
es un camino. Por eso Jesucristo, cuando
quiso manifestar su infi·
nita importancia,
dijo
que El era EL CAMINO.
Pero nosotros sentimos
en casa de doña Pilar la
rebeldía contra el camino, contra esa línea por
donde van todos los
hombres, por donde van
ESPUÉS
92
FERNANDO GO~ZÁLEZ
los arrieros, los a~entes comerciales. Sentimos odio por la limitación. Hay en el
corazón humano el deseo extraño de librarse del límite. ¿Será este el secreto de
la grandeza de Jesucristo y de Sócrates?
Los dos dominaron ci universo, dieron
normns al mundo, y ninguno de ellos
escribió. Una vez escribió Jesucristo,
pero la hizo en la arena y nadie supo
Qué. No escribieron, es decir, no se
limifaron. ¿Por qué hablan del poder de
la Imprenta? ¿Qué escritor es comparable a
esos DOS que nada escribieron y que dominan la humanidad como dos infinitos
caminos invariables? ¿Será éste el secreto
de la belleza en las obras de Shakespeare?
Ese Hamlet apenas pronunció unos dos
monólogos de ideas ilimitadas; quedó
vago, semejante a esos DOS que nada escribieron. Todos los grandes héroes están
en la leyenda; los limitados, los hombres
biografiados, los que han concretado su
pensamiento y su vida, son pobres hombres. despreciables como todo hombre.
El hombre es un animal que suda, que
digiere, que elimina toxinas, que desea la
mujer ajena y todo la ajeno, y que apenas
por instantes piensa. De vez en vez apa-
VIAJE A PIE
93
rece una luz en esa inmensa noche del alma
encarnada; apenas por instantes separados
por siglos aparece un sentimiento o una
idea noble para salvar, redimir este saco
humano de podredumbre. ¿Cuánto hace
que le dieron la cicuta a Sócrates o que
crucificaron a Jesucristo? De ahí para acá
no hay sino sudor y deseos de rapiña.
La humanidad se agarra desesperadamente a sus grandes hombres; les compone
sus vidas con leyendas; corrige sus actos,
los pule, pues los grandes hombres fueron
en realidad seres vulgares el noventa y
ocho por ciento de sus· vidas. Apenas
mucre uno que haya logrado pensar, sentir
y obrar, lo coge la humanidad desesperadamente y perfecciona su imagen. j Y qué
sería del hombre si no fuera por estos semidioses que lo sugestionan y lo obligan
por momentos a inhibir, no los instintos
de la fiera, sino del animal sucio que es!
No ha habido San Francisco, ni César ni
Spinoza. A ellos los creó la humanidad
guiada por el deseo de purificarse.
j Qué aridez nuestras vidas dentro de sus
límites de los caminos y de la piel! Casi
todo el tiempo vivimos porque la entrada
a la muerte está muy bien guardada. j Y lo
94
FERNAt\OO
GO:-JZÁLEZ
que es el concepto de Santo y de Héroe!
Seres que inhibieron sus pasiones horrihles; seres que lucharon con la monstruosidad. Fueron hombres que desearon no
serio. El Héroe y el Santo son el resultado
del asco que tiene ci homhre por sí mismo.
¿En dónde está la serenidad? Leonardo
da Vinci apenas tenía momentos para dedicar a sus ohras. La serenidad del más
sereno y la sabiduría del más sabio eran
momentos.
El camino hace adelantar y al mismo
tiempo es un ohstáculo. ¿Quién se atreve
a modificar el camino? ¿Cuánto hace que
los caminos de la humanidad son Jesucristo y Sócrates? Por eso el hombre progresa muy lentamente; un genio cada diez
mil años y en el intervalo el homhre practica, deforma, pervierte las emociones o
ideas legadas por ese genio; algo bueno le
queda. j Cómo han deformado en mil novecientos veintinueve años el camino de
Jesucristo! La Cruz es ya de oro, sobre
pechos de púrpura y en palacios de mármol.
El camino es la línea de menor resistencia; para abandonarlo tiene que esforzarse el espíritu. ¿Quién la ha dejado?
VIAJE A PIE
95
Uno que otro loco, y los reformadores
Salón y Licurgo simularon la locura para
disculparse de querer reformar las instituciones.
Nosotros volvimos al camino, ya muy
tarde. rotos. hambrientos. El hambre y la
desnudez son Jas consecuencias de abandonar el sendero. Apenas habíamos adelantado diez kilómetros hacia el sur. Amar
y abandonar el camino ha sido toda nuestra vid~. j Pero siempre hemos vuelto!
Cada dos años pedimos perdón a Dios y a
los prejuicios. Es que vamos irremediablemente perdidos desde aquel año aciago de
mil novecientos cinco en que no pudimos
encontrar el primer principio filosófico,
allá en la grata compañía y colaboración
del reverendo padre Quirós S. J.
Llegamos a la posada «El Buey» malhumorados. Estaba allí un yanqui, agente
viajero. ¿Qué más insoportable Que un
hombre Que vende, cuyo oficio es sugestionar, aplicar el método Marden? Ese fué
el origen de nuestra antipatía. Oimos que
decía a sus peones arrieros que el Clero
colombiano era una peste y que el país
estaba en la barbarie. Cerca a nosotros
había un freno; Jo cogimos por las riendas
96
FER~ANDO GO~ZÁLEZ
y le dimos dos frenazos al mÍster en la caheza, diciéndole:
«Sólo nosotros,
los colombianos, podemos hablar mal de Colombia, y sólo nosotros, los católicos, podemos
renegar de los curas.)) Nos fuimos huyendo
y llegamos a Abejorral,
el dulce nido de
los empleados
públicos, la cuna de los
ordenadores
de papel de oficio, a las diez
de la noche. ¿Habríamos
matado al míster? No pudimos dormir, pues esperábamos al funcionario
de instrucción.
Sólo el marido puede insultar a su mujer;
sólo el nacional
puede hablar mal de su
país. j Qué grán verdad ésta! Al fin, a las
cinco de la mañana, nos dormimos beatificamente.
¿No merecíamos
el cielo, después de haber expuesto nuestras vidas por
estos clérigos de cuyas sotanas sale un olor
sui ,¿éneris, mezcla de santidad y de billetes
viejos? Soñamos Que un ángel de formas
femeninas nos subía al cielo muy suavemente. Llegamos, sacaron una enorme balanza; el ángel echó en un plato este libro
y todas nuestras dulces locuras; echó en ci
otro un freno, un freno tan pesado Que la
balanza cayó hacia esa parte hasta perderse
en las estrellas. No pudimos contener
la
risa al pensar en el peso enorme Que ha-
VIAJE A PIE
97
bía adquirido el freno ... ¿Qué sería del
míster si le diéramos con esta freno celestial?
iCuánto pesan la!! buenas obras!
7
E
RAN los
días del censo y la población
de Abejorral disminuye. Ese Abejorral es la cuna de los Ministros.
de los Jueces. Alcaldes y de todos los
Secretarios de las oficinas. De Abejorral
es Clodomiro Ramírez. ese Clodomiro
lento. suave y embadurnado
de goce;
ese Clodomiro Que en Grecia hubiera
sido con Epicuro fundador de la filosofía del placer. Nació en Abejorral
don Dionisio Arango. Presidente de la
Corte Suprema. y Que cs el genio del
sentido común. ¿Y qué Gobernador. Ministro o Secretario de Juzgado y Alcaldía
no es un Gutiérrez. un Arango. un Jaramillo de Abejorral? El arte de enseñar
está monopolizado
por los Betancourt.
Todos los de Abejorral son semicachacos
y semiletrados.
100
FERNANDO Cm;ZÂI.EZ
Allí fué, y sólo allí pudo ser, en donde
conseguimos
el caballo blanco,
filósofo,
lento, un genio
del caminar
despacio,
para don Renjamín. i Ya éramos tres! Dos
aficionados a la filosofía y un cabalIo aficionado a la lentitud.
pitagórico.
j Eramos
tres! El número
Dios
son
tres
~ ,Ir .
persdnas;
nos.,;~!lil--~_
otros éramos tres
ir,l
animales
y un
sa la fi lósofo.
¿Por
Qué es
ta n
importante
el nL¡merO tres?
A causa de que
dos no pueden
convivir pacíficamentc; es preciso
el tercero
que
5Írve, unas veces,
para gastar en él el mal humor, y otras, de
conci liador.
Esos franceses ingeniosos
comprendieron que el matrimonio,
la unión de dos,
era un absurdo, como la es una mesa de
dos patas. Entonces
inventaron
el matrimonio de tres: el marido Que paga, la mujer
I
VIAJE A PIE
101
el amigo. Ese es el ménage à trois. j Pobre
marido que paga, que contempla a la mujer
en deshabillé y que sufre por la noche el
cansancio de amor de la mujer! Pero el
marido es el amigo de otro ménage à trois!
Sin el amigo de su mujer, en marido no
podría salir de casa y ser el amigo de otra.
j Qué bella combinación!
Sólo a esos ilustres conciudadanos de Raimundo Poincaré
podía ocurrírseles arreglar así esta respetable institución que los romanos pusieron
bajo la protección del dios Himeneo.
i Cómo cambian tos tiempos! ¿Qué se hizo
Himeneo? Ya se ha olvidado hasta el origen de su nombre.
y un marido francés quiere al amigo de
su mujer entrañablemente.
El número tres es pitagórico. El Go.
bierno se compone de tres, Ejecutivo.
Legislativo y Judicial; este último hace un
papel triste, el mismo del marido en el
ména;;e à trois; tres son los elementos del
universo, aire, tierra yagua.
y
felices bajamos esa pendiente
para llegar al río Arma. El sol
produce allí sensaciones de vida.
Todas las células del cuerpo gozan
de la sombra y cI calor. iQué hendidura tan
inmensa le ha hecho el río Arma a los altos
Andes: Allá, en la hondonada, donde se
juntan la quebrada Circe y el río, entre
inmensos árboles, soñamos vagamente. Allí,
en pleno cielo del trópico, bajo ceibas inmensas y trepadoras lascivas que abrazan
desesperadamente a los árboles, se adormilaron nuestras funciones fisiológicas y so~
ñamos; soñamos con las ideas generalcs.
Tendidos sobre la yerba, a la orilla de
aquel río pagano, a lias tres de la tarde,
contemplamos que descendía lentamente de
las faldas del Arma una teoría de mujeres
jóvenes al parecer; sus vestidos eran exci. tantes, vaporosos; la brisa soplaba contra
Q
UÉ
104
FERNANDO
GONZÁLEZ
ellas y les determinaba
las formas. ¿Por
qué no detenían graciosamente
l'os vestidos para defenderse del impudor del viento,
como hacen las niñas honestas, y por qué
tenían esas miradas provocadoras?
Porque
ellas eran las ideas generales, las ideas de
todos los bachilleres,
las ideas de la educación púhl:ïca. i Pobres muchachas
rameras! Algunos han dilapidado
su juventud
en los alcoholes y nosotros la dilapinamos
en medio de estas graciosas mujeres desvergonzadas, las ideas generales.
Los primeros principios de todas las ciencias son ideas generales. ¿Cuál de esas proposiciones amplias, cuát de esas muchachas
no ha sido nuestra, no ha estado en lo~
brazos cnvolventes de nosotros, bachilleres
jesuíticos?
Colombia
es el país de Jas ideas generales. Todos los jóvenes colomhianos
estamos ojerosos dehido al trato constante con
estas muchachas que no defienden graciosa.
mente sus vestidos de ras acometidas
de
Eolo, como dccía el padre Urrutia.
Desde que la democracia inventó la educación pública, gratuita, ha llegado a ser
espantosa la prostitución
de las ideas generales. Nosotros las hemos visto entrar en
VIAJE A PIE
105
las zapaterías, en las carnicerías. ¡Qué
horror! ¿No habéis lJeído gruesos tomos
escritos por carniceros a abogados en que
éstos cuentan sus relaciones con ]as ideas
generales?
Un enamorado de ellas, un colombiano
víctima de ellas, quiso en mil novecientos
veintidós introducir a] país las ideas especializadas, esas muchachas castas cuya única
diversión es ir al cine con sus fríos amigos,
Tos jóvenes ang]osajones. ¿Qué pueden
temer a] lado de esos jóvenes tiesos, cuyas
manos están siempre a ]a vista? Y el General Ospina, después de una vida de crápula
entre las ideas generales, introdujo los expertos; unos americanos e ingleses sin noticia siquiera de las ideas generales, y cada
uno de elllos con una sola mujer suya, abso]utamente suya. Estos hombres fueron los
técnicos, y esas mujeres fueron las ideas
(;specializadas.
¿Y qué iba a pasar en este trópico ardoroso, sensual? Pues que esas señoras honestas dejaron de serio; se entregaron a Esteban
JaramilIo, Ministro de Hacienda; se entregaron a un sobrino del padre Maru]anda; se
entregaron a] mismo Genera] Ospina, a
pesar de sus setenta y tantos años, y se en-
106
FERNANDO GONZÁLEZ
tregaron-j admiraos l-a]
doctor Lázaro
Tobón. AJlí las hemos visto, en su oficina,
en forma de gruesos volúmenes; y en la
teoría que bajaba hacia un remanso del río
Arma, venían esas anglosajonas más impúdicas, más carnosas y menos agradables.
Aquí no hay ideas propias. Colombia es
el comunismo ideológico.
Llegaron las ideas generafes a donde estábamos reclinados y formaron tal algarabía
que nos hicieron levantar y despedimos
con estas palabras: «Oigan, señoras, y perdonen que las Jlamemos así; nosotros estamos hastiados de ustedes; venimos desde
muy lejos en busca de una idea nuestra,
sólo nuestra, aunque sea por el espacio
de diez segundos; vamos a recorrer lia tierra en busca de una idea que no haya sido
poseída por el doctor Emilio Robledo. La
encontraremos en Manizales, o en Buenaventura, aunque sea una de esas ideas negras
que hay aJlá...»
Cuando salía la luna, rojiza como una
vieja idea general, abríamos nosotros la
puerta de trancas que da acceso a la ca!\a
VIAJE A PIE
107
de la eIlástica Julia; es en la media falda,
en clima ardoroso, oloroso a gramíneas.
Allí dormimos, sin mantas, desnudos. ¡Qué
tierra pagana es la tierra caliente! Dormimos desnudos, con la sangre tibia y la ima.
ginación calentada por las ideas generales
y por el cuerpo vibrátU de Julia. Julia es
la hija de la dueña; idieciséis años en aquella tierra olorosa a yerba! Su novio era
un marinillo. Hace pocos días comenzó a
decir a Julia que su padre se oponía a los
amores porque ella era de origen lliberal.
Aquí está el antioqueño dominado por el
cura y la ignorancia. Mientras don Benjamín se bañaba la herida del calcañar recibió miradas de pasión de la desgraciada Julia. Nos dormimos pensando en ese marinillo que en tas vertientes del Arma, al lado
de la vibrátil Julia, se preocupaba por el
partido conservador ... Don Benjamín, ya
dormido, repetía: «Yo me hubiera inquietado más bien por la conservación de la
especie; yo también soy conservador.»
¿Aquí es preciso averiguar por qué don
Benjamín se llevaba todo el amor ... ? El
tratadista más antiguo, eb cura de Hita,
sostiene que las cualidades del buen amante
son la mesura, el sosiego y la lozanía. Don
108
FERNANDO GONZÁLEZ
Benjamín es valiente, mesurado y lozano.
Sus maneras amplias, de curva suave y sacerdotal, sugcrían a Julia ci dcsvanecimienta lento en cI infinito colchón de plumas del
nirvana ... y sus ojos azulcs, que revelan el
fuego intenso y disperso del ciclo azul: de
los trópicos,
mirahan
a Julia reposadamente. La mirada fija, concreta, no es amorosa; la mujer se asusta. i Pero esa mirada
de don Benjamín,
que la dice todo, es
como una tazada de opio!
El caballo pacía. Feliz tú, compañero,
a
Quien no atormentan
las hemhras, como le
sucedía a aquel vicjo pariente de Platón Que
dialogaha con Sócrates en el Pireo. Pero
no; i desgraciado
tú! ¿.Oué hay agradable
que no sea circunstancia
antecedente
del
amor?
S
a pie la vertiente del Arma
tuvimos la impresión nítida de la
dureza y pesadez que nos atrae hacia
la tierra. iQué dificultad para elevarse!
Somos hijos de la tierra y sus parásitos; nos
Nga a ella, como un cordón umbilical, la
ley de la gravedad. Por momentos la abandonamos, nos parece que existe otro ser
que nos llama hacia las alturas aéreas; nos
parece abandonar todo lo terrestre y después caemos más definitivamente abrazados
a su seno materno; somos únicamente materia dura. materia grave. Cuando levantábamos las piernas para trepar hacia Aguadas tuvimos la impre8ión nítida de la atracción terrestre. Esta esfera dura es nuestra
cuna y nuestro sepul'cro. ¿Por qué deseamos
abandonar esta madre? ¿Por qué los ímpeUBIENDO
110
FERNANDO
GONZÁLEZ
tus de elevarse? ¿Por Qué el Santo y el
Héroe? Es un indicio, un leve indicio, de
Que hay en nosotros algo Que no es terrestre.
Ese leve indicio ha creado la metafísica y
el misticismo.
Trepando por esa vertiente meditamos
acerca de la atracción y del péndulo. La
ley de éste es verdadera en todas las mani~
festaciones de la vida: Todo alejamiento de
la línea vertical trae otro correspondiente
hacia el lado opuesto. El péndulo tiende,
debido a la atracción terrestre, a disminuir
las reacciones hasta Quedar en posición vertical; no sucedería así con un péndulb ideal
sobre el cual no ejerciera su atracción la
tierra; pero entonces no habría línea vertical y no se movería el péndulo; toda posición sería justa, indiferente. El péndulo
tiene repugnancia a separarse de la línea
Que se dirige aIl centro de la tierra. Es
cuerpo suspendido Que siempre señala a
desea señalar hacia el centro Que la atrae.
Nosotros somos péndulos atraídos irremediablemente hacia el centro de la materia.
El movimiento no es otra cosa que las reacciones de los seres efectuadas para recuperar la tínea dirigida al centro de la gravedad. Y la tierra, y los planetas y todos lOB
VIAJE A PIE
111
soles se mueven. ¿Qué centro de gravedad
los atrae? Los atrae la perfecta armonía,
el fin de los fines, Dios.
Ved cómo trepando la vertiente hacia
Aguadas terminamos en un misticismo trascendental.
D
Bcnjamín, ex jesuíta, conserva
amistades entre el clero viejo y
también resabios de buena mesa
conventual. Con una carta de otro cl!érigo
fuimos donde el padre X. Hace cincuenta
años está allí de cura y ya se olvidó de su
tierra del Peño!. Nos dió leche cremosa,
y su sobrina tiene unos ojos tan limpios,
grandes y brillantes que allí comprendimos
por primera vez lo que es el aspecto de l!a
virginidad de cuerpo y alma. j Qué ojos!
El cura es delgado, seco de carnes y no
puede comprender el boxeo; habla despectivamente de Renault y de Uzcudum. Los
místicos no comprenden otra lucha que la
brega con el mundo, el demonio y la carne.
¿Por qué ponen tres? Después de leer muchas vidas de santos podemos afirmar que
el único enemigo es ta carne; el diablo se
ON
8
1] 4
FERNANDO
GONZÁLEZ
presenta en las suaves curvas de la carne; el
mundo, ¿qué es el mundo sino la mujer?
La carne inventa sofismas intelectuales
para dominar al místico. El gran enemigo
del cura es la carne. ¿Por qué se dividió la
Iglesia? ¿Cuál fué I~acausa verdadera de la
separación de Lutero? Que los frailes ale.
manes estaban cansados de dormir solos, a
mejor dicho, de dormir con el diablo.
Porque nadie duerme solo; a dormimos
con la dulce compañera, a el diablo viene
a ocupar Sll puesto. Y dormir con el diablo
no tiene gracia. j Es un col~ga!
El cura no quiere al obispo; cI cura desea
que el obispo se muera después de recibir
los Sacramentos y se vaya para el cielo; el
cura desprecia a la mujer porque, en veces,
no la ha tratado en el lugar que a ella le es
propio; ya )'0 dijo el cura de Hita que para
dos cosas nace el hombre, a saber: ((Para
haber mantenencia y para haber ajuntamiento con fembra placentera.» Tampoco
comprende el cura el cultivo del cuerpo
humano. «Un viaje así, a pie, apenas para
cumplir una penitencia.» De ello se trata,
contestamos con aires de misterio. Entonces don Benjamín recibió miradas amorosas
de la sobrina. Don Benjamín, que es lozano
VIAJE A PIE
115
e mesurado, es cuerdo e non sañudo, nin
triste nin airado ...
«Es
una
penitencia,
padre ... », repetía
A la sobrina le brillaron
más, húmedos, fos ojos.
don Benjamín.
E
Aguadas vimos un entierro. Ante
la idea de la muerte cesa nuestro
atrevimiento. Seis hombres llevaban el ataúd y ellos mismos eran el cortejo fúnebre. No
h a'bía m ás. Lo
único esencial en
un entierro es el
\,
cadáver y el sep u 1t u re r o. Las
andas y el coche
son accesorios;
las lágrimas s a n
un lujo; las mujeres enlutadas y
. los viejos barrigones que hablan
de la brevedad
N
118
FERNANDO
GONZÁLF,Z
de la vida, son una gloriona irónica
para el muerto. La única escena de la
vida en que la riqueza es una tontería
sin sentido es un entierro. Esc entierro de
Aguadas nos hizo experimentar el terror
de la muerte porque allí no había ~ino et
cadáver y el sepulturero. El cadáver tiene
la inexpresibilidad absoluta; no se le puede
aplicar ningún adjetivo; no está serio, ni
triste, ni aburrido, ni inconforme; todas las
cosas tienen un significado, menos los cadáveres. Un hombre muerto queda tan vacío
que es un indicio aterrador de que su parte
escncial se fué no se sabe para dónde. Este
indicio es el que nos hace entrar a las iglesias, a las pagadas o a las mezquitas, a
donde quiera que dicen estar el Dios
escondido que tiene en su poder los destinos de eso que nos abandona con el último
suspiro.
y ci cadáver pesa más; al morir nos
hacemos más terrenales; nos llama más
fucrtemente la tierra ...
Sentimos miedo en Aguadas. Sentados en
una banca de la plaza, al lado de un poli-
VIAJE A PŒ
119
cial, hojeamos un tratado acerca de la
muerte, escrito por un alemán y encontrado en la botica. A pesar de esta lectura,
no pudimos encontrar todos los motivos
de nuestro pavor ante la muerte.
Meditamos. Nos miramos hacia adentro
aterrorizados, así como lo hicimos tantas
veces en ~a umbrosa capilla jesuítica bregando por asir los picaruelos e invisibles
animalillos que eran nuestros pecados, para
arrojarlos humildemente en la sotana
olorosa del padre
Cerón. Minúsculos
pecados, pecadillos
inasibles, pero que
el sacerdote, y nosotros ahora, calificamos de monstruos. Porque eran
pecados de deleitación, eran pecados
de
circunstancias
antecedentes. Premeditar. He ahí el
pecado
humano.
Nosotros, bachilleres jesuíticos, hemos premeditado, hemos abusado de nuestra razón
120
FERNANDO
GONZÁLEZ
desde aquel lejano año de mil novecientos
dos hasta esta cima dorada en que nos encontramos. Y nada hemos ejecutado; premeditábamos en los sutiles labios de las
primas y en lia dulce sonrisa volteriana.
N os record~mos acurrucados en ci rincón
penumbroso de la capilla, al lado del confesonario, de esa severa casiHa en donde
tuvo sus orígenes la psicología introspectiva,
revisando nuestra alma, desplegando sus
dobleces, atentos, buscando los animalilFos
de nuestra premeditación, con fruiciones
de placer superiores a las que experimenta
la mujer hermosa que recorre con sus dedos
sensitivos las medias de seda. Nuestro
mayor pecado estaba en el goce del examen;
agrandábamos el animalillo para asombrar
al padre Cerón. ED pecado es lo que hace
interesante al hombre. El mismo padre
Cerón hacía una pausa admirativa en su
ronroneo y entornaba los ojos cuando le
presentábamos un vistoso insecto; cuando
le describíamos sus delicadas alas, sus filigranas en que hacía juegos de perversidad
la deleitación. Y nuestras almas se perfeccionaban así en el pecado; allí fué donde
aprendieron ros veinte tomos de los siete
pecados capitales. iQué soberbia en nues-
VIAJE A PIE
121
tra humildad!: se inclinaban más nuestras
cabezas, se hacían más humildes nuestros
ojos, pero se erectaba más nuestro orgullo
satánico cuando el jesuíta separaba de nuestras bocas su peluda oreja, nido de todas
las complicaciones e hibrideces de los siete
insectos capitales y decía silabeando: «i Perversidad 1...» Sí; nosotros somos los hijos del
confesonario; ésa fué nuestra universidad;
allí fué nuestro maestro de psicología el
Diablo que con su cola prensil hurgaba
y revolvía nuestras almas ...
Por eso la psicología introspectlva es in~
vento nuestro,;nvento
de los pueblos latinos que se confiesan. Los angllosajones, al
suprimir el confesonario, atentaron contra
el progreso del alma; acabaron con el taller
en donde el espíritu se modelaba y perfeccionaba en la delcitación y en el estudio
de sus perversidades.
¿El señor Fabre? ¿Qué vale eB señor
Fabre con sus insectos al lado de nosotros
con nuestros pecados? ¿Qué vale la paciencia del señor Fabre? Este señor llevaba los
alacranes a su casa, les preparaba vivienda
confortable y durante horas, y días, y meses,
los atisbaba con de€~o igua~ al de los ancianos que atisbaron a Susana en el baño.
122
FERNANDO
GONZÁLEZ
Por supuesto Que Fabre publicó varios
tomos como producto de su curiosidad, y
de los viejos no sabemos si pudieron sorprender los ocultos secretos de Susana.
j Oh, tú, lejana muchacha, tú fuiste la
mujer perfecta; tu cuerpo fué, en nuestra
imaginación jesuítica, el resumen de la perfección; tú fuiste creadora de nuestra imaginación. ¿Por Qué eres hoy tan fea?
Leyendo a los latinos parece Que no hayan
tenido esfuerzo y constancia. j tan graciosos
y a,!1radables son! Leyendo a los alemanes
Queda uno con la impresión de que trabajaron mucho; le parece a uno contemplar
a un hombré Que jadea y suda al trepar
una pendiente con un gran peso a la espalda, o contemplar a un magistrado Que
redacta una sentencia.
Con cuánta sencillez, por Qué pendiente
tan suave iba nuestra imaginación cuando
creaba tus labios, oh prima, cuando creaba
la fuerza interna Que al expandirse hacía
brotar !!as pentélicas curvas de tu cuerpo:
panales del himeto, columnas del templo
de Salomón, concavidades y convexidades
de pequeños cielos a donde nos agachábamos a llorar, a llorar por nuestros horribles
pecados.
VIAJE A PIE
123
De aquí que el vulgo crea más profundos
a los alemanes. Nosotros no hemos dudado en prestarle a jóvenes hermosas-toda
joven es hermosa y toda fea es vieja-los
tratados livianos de Bergson; esas profundidades son cristalinas. Pero a un alemán
hay que leerlo en un cuarto oscuro, con luz
artificial, en un laboratorio, con cuaderno
de notas, etc. iEs como trabajar la tierra!
Hay que vestirse y prepararse para ello.
i Pobres sabios alemanes! Para 1leerlos y
para comprenderlos es preciso ser raro,
casposo y misógino. ¿Será por eso por lo
que aborrecen a las mujeres? ¿Será venganza? No querer a las mujeres
es tan absurdo
como suicidarse.
i No querer a las
mujeres! Se neces i ta ser muy
alemán
para
ello. Rojizos; la
sangre está como
regada debajo
de ese cutis y
debajo
de ese
cuero cabelludo
124
FERNANDO
GONZÁLEZ
rapado y lavado. Caminan
tiesos como
imperativos
categóricos
estos jóvenes alemanes que nos llegan con una cartera
de prospectos, muestras y catálogos debajo
del brazo; son como el DEBER parado a la
kaiser. ¿Qué es el imperativo
categórico
de Kant? Contemplad
a un agente del choricero Bock y la entenderéis
mejor que en
los gruesos volúmenes de Kœni~sberg.
j Los alemanes!
Escriben a sus jefes -el
director de la casa es como un generalque aquí, en Colombia, no hay sino indios.
Son espías; humildes
con los superiores
hasta el servilismo y déspotas con los inferiores. El gerente de un Banco alemán es un
dios rubio, cabeza de algodón rosado; p.arece
el niño que .pintan en los avisos del jabón
Reuter, ya crecido. El gerente de un Banco
alemán hace suicidar a sus dependientes
con su tiranía y se arrodilla delante de los
miembros de la Junta Directiva.
«Se suicidó el contador del Banco Alemán Antioqueño, quien acababa de regresar de Europa, donde pasó las vacaciones. Días dese
pués de llegado de Berlín, se encerró en
su pieza del hotel y se hizo un disparo de
revóLver sobre el corazón. Se ignoran los
móvi les.- e orresponsal.-Ba rranquilla.))
VIAJE A PIE
125
Lo más notable de los alemanes son sus
cabezas. No sabemos explicar por qué esas
testas afeitadas nos impresionan más que
los nevados de los Andes a nosotros, peludos del trópico.
V
de noche, tristes, atormentados
ante la idea de la
muerte. Teníamos
miedo. ¿Por
qué tiene miedo
r \
\.
don Benjamín?
/ -\.,. J'- \if.• '"
Para
averiguarlo
~ ("
~ J ~~¡
buscamos la oscu- '
ridad,
reminis'
rencia de la penu m b r a en (lue '.
estaba el conf~sonario
del padre
\
Cerón.
En
ia \1
oscuridad se exa\.
m ina mejor
el
IAJAMOS
pII
alma .•.•.
et
"'-
-
Nos miramos
>11
_~.
por dentro y vimos allí confusos sueños,
formas de amor, ansias de riqueza y miedo
a la muerte.
128
FEnNANDO cm:zÁLEz
La tierra está cubierta con la obra del
hombre: cultivada casi toda como un jardín; cruzada por caminos suaves por donde
circulan la riqueza y et hombre mismo llevados por la rueda, ci invento de Teramenes; el agua del mar convertida en un
camino; cubierta de templos para adorar y
conseguir la amistad de la fuerza oculta;
cubierta de fábricas para embeJlecerlo
todo ... j La cáscara terrestre está labrada
por d hombre!
Nos miramos por dentro en el camino
solitario y oscuro y pensamos que esta labor sólo es humana, pues ningún animal
hace otro trabajo que el momentáneo ordenado por su instinto.
¿Qué vimos en nuestras almas? Que son
tres los motivos de esta inmensa obra; que
en n080tros hay hambre, amor y miedo.
Todos sus trabajos los ha ejecutado el
hombre debido a estas tres causas; todo
su desenvolvimiento es motivado por ellas.
Estos móviles son también Jas de todo
lo que existe, pero, como el hombre razona,
son trascendentales en él.
La "ida es movimiento causado por los
tres grandet; factores llamados hambre,
V IAJE A PIE
129
amor y miedo. Todos los demás están comprendidos allí.
Consideremos, pues, al hombre -en sus
tres aspectos de hambriento, amante y miedoso. Toda la invención y. toda la ideología
humana caben aquí, en estas tres casillas.
Durante toda su vida el hombre está bajo
el imperio de estos motivos; ellos son míticos; todos actúan en los varios períodos
de su vida, pero en la juventud prepondera
el amor, y en la vejez el miedo a la muerte.
Nosotros, entre Aguadas y Pácora, en noche
oscura, estábamos en las garras de~ miedo.
i Aquel entierro elemental y este Dios escondido que tiene en su poder los destinos
de eso que nos abandona cuando los pulmones cesan de ondular! ¿Qué hace el
hombre en la juventud? Amar a la mujer.
¿Y qué hace el viejo? Tocar en la muda
puerta que separa esta existencia del más
aHá posible.
¿Qué hemos visto? Hemos visto a unos
traficando y a otros sembrando; obraban
por el motivo del hambre. Hemos visto a
la juventud, hombres y mujeres, mirarse
con ansia. «Los caballeros miraban a las
damas y éstas bajaban los ojos.» Los jóvenes
detrás de las mujeres, y éstas felices y fing
130
FERNANDO GONZÁLEZ
giéndose perseguidas. Hemos visto en la
catedral a los viejos canónigos que movían
los labios y producían un sonido de abejas;
y vimos al:1í a otros viejos arrodillados
frente a los altares, que se golpeaban el
pecho, besaban el sucio y tocaban con los
nudillos de los dedos como para que les
abrieran la entrada a las bodas de Camacho.
Todo eso a impulsos del miedo.
Te vimos a ti, grácil Julia, en un rincón
de nuestras almas de treinta años. En la
juventud el hombre está principalmente en
las garras del amor: O va detrás de la-smujeres, o huye de ellas y en noches aterradoras de insomnio, en la celda de un convento, las quiere aún más al disciplinar su
carne que cuando iba tras ell'as. j Irremediablemente la juventud está en las garras del
amor!
Estudiar al hombre y toda su obra y
mundo interior desde el punto de vista del
hambre, el amor y el miedo, es el único
método científico.
En el espacio de tierra que rodeaba a un
hombre y a una mujer unidos por el instinto
de la procreación-esencia
rudimentaria del
amor-, en ese espacio de donde cogían con
qué saciar sus hambres, estaba cMorigen
VIAJE A PIE
131
de las naciones en que está dividido el
mundo.
El amor unía bajo un mismo techo a un
hombre y a una mujer, y el amor y el
hambre unían bajo un mismo cielo a las
familias próximas por la sangre y por la
configuración de la tierra. El hambre impulsaba a unos grupos a robar a los otros.
Así, porque el hombre es amante y hambriento, apareció lia familia y la nación;
apareció la organización política y todos los
der~('hos. El hombre. al legislar, quiso amparar sus riquezas y defender sq amor.
La formación de un pueblo, su desarrollo, sus depredaciones y el desenvolvimiento
de su retigión pueden contemplarse detalladamente en los libros santos del pueblo
judío. A impulsos del hambre y del amor
se formó la familia de Abraham; el hambre
los llevó a Egipto y de alllí los sacó y les
hizo recorrer la tierra en una carrera ceno
tenaria de robos y asesinatos. En este pueblo, el más hambriento, el pueblo de la
banca, del anatocismo, aparecen hipertrofiados los tres móviles de la acción humana.
La religión, el miedo a lias fuerzas ocultas,
el miedo a la muerte, aparece allí desde la
forma bárbara del Dios escondido que
132
FERNANDO GONZÁLEZ
hablab(l a Moisés en la zarza ardiente, desde
el Jehová terrible que los protegía del ene~
miga y les regal;aba la tierra con la orden
terminante de arrasarla, de no dejar ancianos, ni mujeres, ni siquiera animales, hasta
la forma superior de Jesucristo. Era tanto
el horror de los judíos por la muerte, era
tan parecido al nuestro, que la última etapa
de su religión fué la resurrección hasta de
la carne. Mientras fué un pueblo joven
estuvo bajo las garras del hambre, y su dios,
Jehová, fué el protector de sus riquezas
y el sustentador de ellas; cuando fué un
pueblo viejo, bajo laR garras del miedo a la
muerte, Jehová se transformó en el dulce
dios que promete la resurrección y la felicidad eternas.
Estos motivos de la acción humana y
sus deriv&ciones se desarrollan armónica·
mente.
Allá, en el clan a en la tribu, cuando
el hombre estaba dominado principalmente
por d hambre, el amor de la mujer era para
ci luchador fuerte, para el guerrero adornado de plumas; después, para el hombre
rico y hábil' y para el metafísico que conoce
los misterios de ultratumba.
Hace unos cuarenta mil años existía en
VIAJE A PIE
133
la tierra un extraño animal. Había vivido
en las ramas de los árboles, comiendo frutas; a medida Que la tierra pro~resaba en su
consolidación, se iban delimitando las estaciones, y en invierno no había frutas.
Este animal extraño, cuyas patas posteriores eran más largas, bajaba de los árbo1les
durante los invier~\\"- (
nos, se apoyaba
',:i
'en
los troncos, en
. l
posición bípeda, y
, . '-miraba allá lejos;
i;-
Îl
a veces se "ercibía
en sus ojos lin re\. lámpago
mali'1
••• -¡\
cioso; era esto la
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materia bruta del
/ ~ ,i!)
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ingenio de V 01,1
laire. Sus mandí1/
-.~~.- ~bulas eran salien.
~
f.
" ..,
'1
J~'~
PO\:;
---:...
te:;, a argadas. Los
'músculos elevadores de la inferior eran poderosos y
estrechaban el cerebro. Con esos labios
horribles acariciaba a la amada ... Comenzaron a llegar los inviernos y el
extraño animal a sentir hambres largas.
Impulsado por el hambre descendió de los
/I1t-~~
tt
f~1~~)
'~
-j
... ~'fL¡: ' '"
\
134
FERNANDO GONZÁLEZ
árboles para alimentarse de carne, para ascsinar otros animal!cs.
A través de las inmensas extensiones heladas iba este animal, a ratos en posición
bípeda. i Contempladlo
allí, apoyado en un
árbol, bípedo ya!
¡El hamhre, y con él la
necesidad de levantarse para percibir desde
lejos la presa, hizo Que nuestro padre, nuestro venerado padre ci homínido,
llibertara
las pata.s delanteras
y las convirtiera
en
manos! Ya no cogerá con las mandíbulas;
desde entonces, por eso, éstas se acortarán,
los músculos clevadores de la inferior no
estrecharán
el cerehro.
Por eso nuestro
padre está ya listo para sonreír. Ahí está
el rostro humano, ahí está la divina sonrisa
de Gioconda, ahí está todo el futuro en la
figura de nuestro padre cuando ahandonó
la vida arbórea
y se apoyó,
parado en
dos patas, para mirar más lejos, para huir
de la muerte.
i Apareció la mano! Y la mano lihertó
al espíritu; libertó las mandíbulas
y creó
la sonrisa. Ya no serán los l'ahios únicamente los Que aman; será la mano, la mano
hábil para manejar el hacha, para manejar
todos los instrumentos,
será la mano la Que
acariciará en el amor.
oo.
VIAJE A PIE
135
Las yemas de los dedos son la parte más
sabia del organismo humano; el hambre las
creó; el amor las creó; el miedo las creó.
Pues el homínido que estaba allí de pies
y recostado al tronco de un árbol se colocó
en posición bípeda porque tenía hambre,
y miedo, y porque amaba. Los inventos del
hombre se dividen en dos grupos: para atacar y para defenderse, inventos de hambre
e inventos de miedo; en los primeros, ya
que el amor es un ataque, están los de Pa
divina brega.
iLa mano! iQué universo tan inmenso
de consecuencias fué el invento de la mano!
El hacha, el gancho, el cuchillo, el bastón,
la palanca ... , todo es una prolongación de
la mano. Las yemas de los dedos calculan
la resistencia, el calor, las curvas ... y antes
de ellas el amor no era el amor: era un
momentáneo acto de fieras. iLas mandíbulas! No; los dedos fueron los inventores y
son los depositarios del amor. Pensad en
la mano lar~a, estrecha y sensitiva, en la
mano de la mujer.
y el hombre aprendió a sonreír. Dijo
Emerson que el fin de la humanidad era
crear un rostro apacible y risueño. iQué
pensamiento
tan completo! Cuando el
136
FERNANDO
GONZÁLEZ
homínido sonrió por primera vez fué porque de su confuso organismo se había desprendido, especializada ya, la chispa del
espíritu. Un rostro sonriente y apacible,
pues el fin de l'a acción humana es quitar
el hambre y el miedo, y el hombre que no
tiene hambre ni miedo, el hombre perfecto,
está apacible. Y porque la inteligencia es
el arma suprema, mucho más poderosa que
las escamas de los animales primitivos, que
la caparazón ósea, que las uñas y los colmitlos, y porque ella comprende, el hombre
perfecto sonríe y es apacible.
j Los gestos horribles que haría nuestro
padre hace cuarenta mil años 1Era una masa
animal en que estaban en potencia Emerson, France, este poeta mediocre y agradable ... ; y toda esta genialidad en potencia
bregaba en él por desarrollarse en conmociones más horribles que las geológicas.
Esta es la tendencia de que nos habla la
psicorogía zoológica. Pensad que nuestro
padre no se podía defender, ni quitar el
hambre, ni amar tranquilamente.
Era el
animal más desamparado, y la chispa del
ingenio de Voltaire que a ratos se percibía
en sus ojos sólo servía para atormentarlo.
137
VIAJE A PIE
y por eso, porque fuimos el animal más
desamparado, porque fuimos el animal que
más hambres y terrorés padeció, hemos llegado a ser tos reyes de la tierra, pues para
la grandeza se necesita una grande escuela
de sufrimiento. Es una observación común
que los pueblos grandes se desarro1\aron en
donde la tierra era estéril, en los peñascos
en donde se refugiaban los aventureros de
los cuatro puntos cardinales, en donde imperaba el hambre y
el terror. Un puñado de asesinos
hambrientos fueron
los que se ampararon en la roca Tarpcya y fundaron a
Roma; otro puñado
de aventureros se
estableció en la roca
de la Acrópolis, y
allí, en esa tierra
«en donde el aire es
más sonoro que en
parte alguna»,
en
esa tierra estéril
que sólo produce
cosas bellas, már-
.•.
138
FERNANDO
GONZ . \LEZ
mol pentélico,
olivares, viñedos, apareció
Fa ciudad ((coronada de violetas», la ciudad
de Palas Atcnea, cuya estatua cayó de los
cielos, y allí inventó Triptolemo
la agrio
cultura. En esa roca apareció la flor más
exquisita de la humanidad.
Y la causa fué
el hambre. En la La'conia estéril, porque
sus habitantes sólo podían vivir de la rapiña, apareció Esparta, el heroísmo inverosímil. Yen nuestros tiempos Inglaterra es
la reina de los mares porque está en un terrón árido. y así como el homínido se hizo
bípedo para atacar su presa, los ingleses se
hicieron
marinos para robar en toda la
tierra. Y los grandes ingenios se criaron en
los hogares en donde reinaba el hambre.
¿Oué heredero ha sido geniarr Las biografías de los grandes comienzan siempre así,
poco más o menos: Sus ascendientes vinieron de Inglaterra o de España a causa de la
persecución contra los judíos o contra tal
secta de protestantes;
se establecieron en cI
estado de Ohío. Su abuelo era un leñador
muy pobre que para sostener sus siete
hijos .. ,
Indudablemente
el hijo del homínido que
por primera vez sonrió, o que por primera
vez cogió un pedazo de sílex y formó un
VIAJE A PIE
139
hacha, debió ser uno de los más hambrientos de aquella oscura época. Para sonreír
por primera vez es preciso que haya sentido
mucha hambre; que haya cazado, después
de una gran hrega, un antílope y que, ya
satisfecho, haya mirado hacia d poniente
y sonreído al sol que moría.
El hambre es la causa de que el hombre
arañe y horade la tierra y dé caza a los
animales; lo impulsa a la invención de armas
para la caza y de máquinas para la producción.
Pero, ¿.cómo nacieron los dioses? ¿Cómo
nació el DiaMo? Allá, en las remotas edades
en que nuestra mente era pre-16gica, cuando
el hombre no estaba aún familiarizado con
el principio de causalidad y en que cada
fenómeno se producía por una voluntad
oculta e inherente a las cosas, el hombre
creó un monstruo, una divinidad monstruosa, que se llamaba el Totem.
¿Quién era? Era la fuerza inmanente es-
140
FERNANDO GONZÁLEZ
parcida en los seres, d mana de los australianos y el ka de los egipcios. Era una
fuerza, una voluntad, esparcida en todo;
cra lo que hacía germinar, la que destruía,
era la muerte y era la vida. Era una divinidad monstruosa. Allí estaban el Dios y
el Diablo, Que aun no se habían especializado en liafi~ura benéfica y venerable del
uno yen la atormentada y maligna del otro.
Dios y el Diablo eran una sola persona,
cran ci Totem de los clanes. Este Totem
causaba las muertes y las guerras; hacía productiva la caza, vencía al enemigo, alejaba
l'a desgracia. El dios de los primeros hombres era también ci diablo; era la fuerza
Que crea y la Que destruye; la energía Que
hace germinar y la Que produce la muerte.
Al cabo de muchos años se individualizó
el dios en forma de fetiche. «En medio de
las chozas-dice
el profesor Moret, y se
trata ya de agrupación sedentaria y Que
tiene, por consiguiente, útiles para Pa agricultura-se eleva un edificio de tierra amasada y trabada con materias vegetales, no
sin ciertas pretensiones
arquitectónicas,
cuyo perfil anuncia la Que será una Naos
de la época faraónica: primer esbozo de
templo, la m:smo Que ci fetiche es la pri-
VIAJE A PIE
141
mera manifestación de un dios provincial.»
Sí, indudablemente, el dios individualizado sucedió ab dios que era la fuerza vaga,
universal, destructora y creadora.
S
un grito de alegría en la noche.
Ya comenzaba a sonreír esa despeinada muchacha madrugadora que lIa.
man la mañana, cuando sonó este grito
de alegría. En esa noche en que nos mirábamos por dentro, guiados por el miedo a
la muerte, habíamos encontrado el origen
del Diablo; vimos nacer al Diablo y vimos
fambién sus gateos monstruosos por la
heEada tierra prehistórica. iPor fin teníamos
una idea nuestra, sólo nuestra!
Antaño estaban en el mago el sacerdote,
el médico, el legista. También en el Totem
estaban el bien y el mal, la fuerza destructora y la creadora.
El progreso no es otra cosa que especia.
lización, y así como el médico es una derivación especializada del mago, asimismo
el Totem se dividió en dos: Dios y el
Diablo.
Los datos históricos comprueban nuestra
ONÓ
144
FERNANDO
GONZÁLEZ
teoría. Luzbel, según los judíos, era el alter
ego de Dios; cra la persona que estaba
a su derecha; era la mano de Dios, tan poderoso que promovió en el Cielo una revolución más terriblb que las mejicanas.
Los antiguos, todos, hacían sacrificios
humanos a los dioses, para aplacados: éstos
son indicios casi necesarios de Que Dios y el
Diablo eran uno mismo.
Pero el progreso humano todo lo especializa. Las fuerzas destructoras, el mal, fué
<:oncrctándose poco a poco en el Diablo,
hasta personificarse en esta figura negra,
interesante y de rabo prensil que es ci
dios de Fos pecados capitales.
También rué <:onccntrándose toda la idea
de bien en la figura de Dios. Al principio
todo era una inmensa masa ígnea y de ella
fueron separándose los astros. También fué
el hombre primitivo una inmensa masa de
genialidad en potencia de que fueron separándose poco a poco las facultades especializadas, y el Totem fué una inmensa
masa de miedo, inmensa masa de la desconocido que se dividió en dos reinos, el
Cielo y d Averno. Porque todos los dioses
de los pueblos y todos los diablos de la
tierra han tenido sus ministros; en todos
VIAJE A PIE
145
los olimpos hay innumerables semidioses
ejecutores.
El Totem apareció porque el hombre
ignoraba el principio de causalidad, y eternamente existirán Dios y el Diablo, porque
jamás eD hombre llegará a conocer todas
las causas.
Pero Colombia es el país del Diablo.
Porque aquí se cree más en él y se le teme
y ejerce oficio trascendental. Es el rey de
los Andes. Colombia de hoyes un clan
resucitado. Por todas partes, en los pueblos
tristes, en los caminos retorcidos, en lias
selvas y en los puentes se percibe a este ser
omnipotente. ¿Podrían existir el cura y el
partido conservador si el Diablo no estuviera aquí, si no fuera con ellos condómino
del país? Vimos al Diablo en los ojos tristes
de amor insatisfecho de las niñas de Aranzazu y de Pácora ... Esos ojos melancólicos,
empapados de amor y que reniegan del
amor y de sí mismos porque saben que en
ese vago sentimiento y en esos hermosos
ojos está el Diablo. Lo vimos o lo sentimos
en los caminos, al anochecer y cuando se
desvanece la noche, en el silbo del pájaro
solitario. Y al pasar los puentes sobre los
torrentosos ríos percibimos d eco de los
10
146
FERNANDO
GONZÁLEZ
pasos de Mefistófeles.
Leímos las inscripciones Que ha dejado en los puentes. También se ha visto al Angel rebelde atormentar a los pocos Que no han obedecido
al
cura, a los liberales ... Pobres seres ignorarrtes, que creen más aún en el Diablo Que los
conservadores
y a Quienes ese clemcntat
deseo de distinción llevó a la rebeldía. Allí
está el caprípedo
al pie de sus lechos de
moribundos
conversos;
mueren con lágrimas y contorsiones
aterradoras
y sirven de
tema el domingo siguiente para la plática
dantesca: es un paralel:o entre sus impías
vidas y sus muertes ejemplares.
En nuestra aldea, allá en nuestro Envigado, nos atormentó
la niñez la tumba del
suicida liberal Burgos, Que murió inpenitente y cuyos huesos reposan en el muro
sur del vetusto cuadrilátero
de cipreses, en
ci lado Que da a un platanar. Allí se apoderó el Diablo
de su cuerpo, el Diablo
convertido
en musicales
y dulces abejas
angelitas.
j Pobre país, país
de miseria, país del
Diablo, país negroide,
indio, español, sin
rumbo y sin conciencia
aún! j Pobre país
en Que son condóminos
EL CURA. EL BACHILLER Y EL DIABLO!
E
Diablo es el gamonal de ros pueblos antioqueños. Estos son caseríos edificados en las cimas de las
cordilleras o tendidos en la vertiente. Para
llegar a ellos desde otro hay que bajar a un
río, a la cortada que·et agua ha hecho a los
Andes juveniles y altos, caminar por la
hondonada, atravesar un puente y subir
casi gatcando hasta la cima del otro repliegue.
Cuando el viajero va descendiendo, o
mientras trepa la vertiente opuesta, contempla cascadas, casuchas inverosímiles
puestas en los desfiladeros, semejantes a
los cromos que hay en las cantinas de l'as
aldeas; árboles inmensos entregados a' la
lascivia de las trepadoras; hermosas praderas; sembrados de café, plátano y maíz.
¿Qué hay en la tierra más hermoso que el
sietecueros florecido o el carbonero somL
148
FERNANDO
GONZÁLEZ
nífero? Cuando el viajero transita por la
orilla del ríù huele la tierra caliente, a par~,
a yerbas abrasadas por el sol. Por allí, al
ruido de sus pasos, huyen los lagartos rapidísimos y tornagolados, y se oye el canto de
los carriquíes. Arriba, cantan la mir1a y el
cinsonte, y en las rcvucJ.tas lóbregas del difícil camino de la montaña sorprende al
viajero el silbo burlón, casi humano, del
pájaro solitario. Estas aves son de plumaje
oscuro, y las de la orilla del río de p~umas
verdes y rojas, como si hubiesen absorbido
toda la luz. Desde la cima se perciben los
nevados; son de curvas graciosísimas, semejantes a los senos de la amada en el Cantar de los Cantares.
Sí; Lucifer, el que lleva la luz, Luzbel,
luz bella, era la mano derecha de Dios,
y se convirtió en Belzebuth, en el Diablo,
que significa el calumniador. Se apartó de
Dios todo el mal.
¿Cómo sucedió esto? Fué una evolución
histórica, como todo en la vida. Los
nombres det mal son los mismos de los
dioses rivales; todo el mal se atribuía
VIAJE A PIE
149
al dios vecino, y todo el bien al propio.
Así se fué creando en log pueblos absorbentes la figura del Diablo, mediante
una mezcla de caricaturas de los dioses
enemigos.
Pero, ¿de dónde le vino et chic al maestro rabudo? Le vino de aquellos tiempos
oscuros, cuando renacía la luz. RENACIMIENTO, cuando los dioses griegos, desnudos, blancos y tentadores. fueron desenterrados del lodo en que los habían hundido varios años de barbarie; un lodo
pseudomístico semejante al de nuestro país.
E il diabolo!, gritaban los curas al ver
aquellos mármoles en que la eigeia superaba a la vida. Así fué como d maestro
rabudo se convirtió en Apolo y Minerva,
Neptuno y el ventripotente Baco. Hoyes
una figura interesantísima; es el que induce a las muchachas a renegar de las faldas largas y de las telas gruesas; es el maestro de las curvas vibrantes; es el instigador
de las comprobaciones y de los descubrimientos. Le aplicamos el adjetivo interesante que se aplica también a los políticos
audaces y a todos los aventureros.
Desde León XIll la Iglesia brega por
arrebatarle al Maestro el reino del amor,
150
FERNANDO GONZÁLEZ
de la Iliteratura, la estética, la ciencia y el
arte. No la ha obtenido. De la Iglesia es el
amor legal, venerable institución, por
cierto; la ciencia académica, la de los
hombres de ochenta y nueve años; el arte
de las estatuas vestidas. La ciencia absorbe
todo et tiempo de los sacerdotes sabios:
están ocupados en amoldar las imprudentes historias bíblicas a los descubrimientos de Be\z{'buth.
iLas estatuas y pinturas vestidas! ¡Qué
desilusión
fué
la
nuestra cuando hace
veinticinco
años le
alzamos el vestido al
intrépido
Pablo de
Tarso allá en la sacristía de la i~lesia de
nuestro pueblo y vimos
Que su cuerpo era un
tahlón de madera ordinaria! Comenzó así la
Que ha llamado nuestra
anciana tía la pérdida
de nuestra fe. Desde
entonces no creímos en
Envigado.
Igual desilusión sufrió Raimundo Lu~io
VIAJE A PIE
151
cuando su amada le mostró, para apacÎguarlc el ardor bélicoamoroso, un seno
canceroso. El dejó de creer en las mujeres
y se hizo monje. Nosotros le perdimos el
miedo al brioso Pablo; le perdimos eti respcto y nos hicimos jefes liberales en nuestra
aldea. ¿Cómo no? Pablo debía tener un
cuerpo membrudo y peludo, i y era un
tablón insubstancial!
A
está Aranzazu, ci pueblo más
pueblo; se le aparece al viajero
que va para el sur, repentinamente, cual hilera de jaulas sostenidas en
guaduas. Las piedras de sus calles son muy
duras para los pies cansados. Por lia calle
larga y tortuosa se oye el acompasado
martillo que cae sobre el hierro de las he
rraduras en la fragua; caras son rosadas y
curiosas se asoman a las ventanas, que son
de madera viejísima y sin barniz, como
los restos de los ataudes en su camposanto,
y a la salida se aparece, también repentinamente, el cementerio; todo él se domina
desde el alto en donde termina la calle tortuosa. Es una pendiente regular, cubierta
de cruces e iluminada por el sol mañanero.
Allí terminan esas vidas pueblerinas, que
tuvieron apenas unos cinco incidentes;
esas vidas sencilLas, atormentadas por el
LLÍ
J
154
FERNAl'IDO
GONZÁLEZ
Diablo y por la vecindad de este solar de
los muertos. Aranzazu es toda la idea de
pueblo y nada más Que la idea de pueblo.
y su cementerio es la perfección de la idea
de cementerio.
En Aranzazu cf amor no es otra cosa
Que unas cuantas figuras para disimular I:a
procreación; la mismo el nacer y el morir.
Allí se encuentran los actos elementales y
el egoísmo íntimo del animal. En estos
pueblos andinos Que cultivan el café, en
donde no hay baños. en donde cada mes
o meses van las mujeres al verde y dulce
remanso de la Quebraba y los mozos a
atisbarlas por entre el rastrojo. hay un déspota que sirve de elector. mediante el púlpito y el confesonario. Yesos vivientes sencillos van a votar por los hidrocéfalos Que
han designado los obispos. Votan. porque
allí. en el cementerio, está el Diablo espetando a los liberales.
A
día fué el de las aventuras. Se
nace aventurero;
~s aventuras
están dentro de nosotros y se realizan. Por dentro llevamos la carreta de
nuestras vidas. Un bobo puede recorrer
toda la tierra y nada le sucederá; pueden
haberlo fusilado en Méjico, y nada le habrá sucedido. Aventurero es aquel que
reaNza su corazón por el mundo; el tipo
lleno de vida que crea las circunstancias y
cuya llegada produce una transformación
del ambiente.
Aquel día vimos nacer al Diablo y seguimos sus gateos monstruosos, su juventud
inquieta y su madurez elegante. También
encontramos al MÍSTER. Este desempeña un
papd importantísimo en nuestro país. Somos el pueblo que toma dinero a mutuo,
con interés; somos el pueblo nuevo que
sólo ha aprendido de los civilizados a beQUEL
156
FF:RNA~DO
GO;-'¡ZÁLEZ
ber whisky, a corner carne en conscrva y a
vestirse como en París. Y el MfsTER nos
presta ci dinero y nos vende aquellas cosas.
MfsTER
es todo el que tiene los ojos
azules, no sabe cspolear ra mula, ni arrc~.1arle la barbada al freno. Es un rey en la
fonda; los arrieros la tratan cun cuidados
femeninos y algo irónicos. ¿Preguntáis por
los árboles, aves e insectos? Sois entonces
el MfsTER.
Sol abrasador, y subiendo esa pendiente
abrumadora de las Colles nos encontramos
al MfsTER parado en mitad de la pendiente
y del sol que derretía su redonda cara dc
mantequilla sin la raíz de un pelo para servirle de sombra. La mula, con su enorme
carga, unos hatillos repletos de muestras
de mortadela, a su liado, y el arriero envigadeño con esa voz que reserva para ellos,
le contestaba: «Si le doy palo, mÍster, se
echa.» Así viajan desde Pasto hasta Puerto
Berrío, como los patos desde el Canadá
hasta la Patagonia; y como los patos, algunos se quedan desbandados. Se casan con
una colombiana que a los pocos días olvida el españo~ y no aprende el inglés, rccitan nuestros refranes sucios y beben
aguardiente.
VIAJE A PIE
157
Llega el MisTER a Manizales y a los pocos
días, a las cinco de la mañana, salen tres
jumentos con cargas de mantas, conservas
y rollos de películas kodak; detrás va el
MfsTER, con anteojos verdes, guantes de
lana, botas de cuero y en el bolSillo media
libra de manteca de cacao. A su lado el
técnico paramista de Manizales, quien la
víspera dió al MisrER la receta de sus provisiones:
«Una caja de ampolletas de nitrito de
amilo; cinco pares de pancla; mortadela,
salchichón, sallmón, en grandes cantidades;
un frasco de yodo y una cuerda fina de dos·
cientos metros.))
Siempre dice el MisTER, la víspera del
viaje, que él es muy buen alpinista. No
sabe que afirmar esto enfrente de los Andes
es la mismo que jactarse de buen amador
quien sólo ha Querido rubias anl1losajonas
ante una de esas venus negras del valle del
Cauca. j Vea usted que hay diferencia! El
buen allpinista sólo se acerca a la nieve perpetua y el buen amador se quema en ese
horno babilónico.
A los cuatro días regresa con sus conservas intactas, con los labios abiertos por el
frío-como
flores de frailejón-y
con dos·
158
FERNANDO
GONZ,\LEZ
cientos rollos impresos por la nieve. ¡Pobre
MfsTER alpinista! j Alpes civilizados, tibios,
con ferrocarriles! Escribe a su casa: «Aquí
no hay caminos.» Y apenas acaba l'a carta
se embadurna de manteca de cacao los
labios, las narices escamosas y otras partes
más son rosadas de su cuerpo de Mfsn:R.
O
señor Diablo, maestro rabudo
y tortuoso, no nos atormentes
en esta vida ni en la hora de la
muerte. Así sea. ¿Sería el Diablo, o sería el
trasnocho lo que nos tenía tristes, sentados
en la plaza de Salamina? Nos preocupaba
la idea de que el Diabllo fuera a vengarse
de nosotros dejándonos en el corazón esc
sentimiento que teníamos de absoluto desconsuelo. ¿Serían los carboneros somníferos?
Las plazas de los pueblos no son sino
agradables. Allí se vive despacio porque
no hay acontecimientos y el tiempo dura
mucho cuando pasa sin emociones. Cinco
o seis odios y prejuicios tan grandes y pc·
rennes como los cinco o seis carboneros,
yarumos y cedros de ta plaza: esa es el alma
tranquila de sus habitantes, el boticario, el
cantinero, el cura. Se parecen a la plaza
H,
160
FERNANDO
GONZÁLEZ
sus vagos y dormilones habitantes. En ella
se destaca la iglesia penumbrosa, consonante del confuso misticismo del boticario.
Las puertas del ((marco de la plaza» están
atravesadas por una cinta grasienta, a un
metro de altura. La formaron el boticario
y sus amigos al voltear su cabeza para contestar al conter.
tulio sentado a su
lado o para mirar
al transeúnte. Las
mujeres carecen
de este placer de
ir a las tiendas de
la plaza. Van a la
iglesia, a nada, a
sentir correr sus
vidas insípidas.
¿Insípidas? No; ci
cura es todo para
ellas. Cuando se
la llevan a otro pueblo, lloran ... , pero el día
en que llega el nuevo, recién ordenado,
con hebillas de plata en los zapatos, oliendo a sacristía. es igual al día en que se echa
el toro en la vacada viuda. Caminan hinchados de orgullo y revolviendo la capa,
en actitud de cobijar ai país ...
VIAJE A PIE
16]
El viajero goza mucho; es motivo de cÜriosidad y de amor; es un acontecimiento,
pero sólo durante ocho días; desde entonces comienzan las plazas a apoderarse
de su espíritu. Después de vivir dos meses
allí, sólo Quedan en el alma cinco o seis
odios.
El Diablo, el cura, el hachiller, el míster, el arriero y el mendigo. Ahí está nuestro país.
El arriero del bueyes apacible, y el de
la mula es renegado y violento. Se les ha
contagiado el carácter .de sus animales. Va
el buey lento, pero siempre igùal y seguro
como un metafísico alemán; es la mula,
híbrida maliciosa Que se finge cansada y
Que aprovecha el primer descuido para
desviarse a pacer o para echarse en el camino. De ahí los gritos y maldiciones Que
llenan el sendero col!ombiano. Afirma el
arriero Que la mula no camina si no se la
dice puta y otros improperios sonoros Que
debían ser alabanzas, porque ellos han
acompañado nuestro progreso lento.
11
162
FERNANOO
GONZÁLEZ
El mendigo. Así como Aranzazu es la
idea de pueblo, el mendigo únicamente es
perfecto en nuestras montañas tristes y
pobres. Mendigo el vestido; mucho más
mendigo et cuerpo y mucho más el alma.
Todo él está flaco; la único gordo, sonrosado y satisfecho es la pierna ulcerada que
esgrime con l'a seguridad y aplomo de un
espadachín. Entre esta gente nuestra, dura
y pobre, la compasión
está lejos, muy
honda, y por eso el mendigo apela a medios heroicos. La llaga en la pierna arrcmangada; la llaga de bordes gruesos, defi·
nidos, sin transiciones, puesta ante el tran·
seúnte como revólver contra d pecho, y las
imágenes de santos, las medallas que ven·
den los franciscanos, colgadas del cuello.
La úlcera y la religión son l'os instrumentos
de su trabajo.
Por las revueltas del camino de Santa
Bárbara encontramos al mendigo típico.
Se había construído en un recodo, en donde
la toparan repentinamente
los ojos del
viajero, una guarida compuesta de techo
de paja sobre cuatro estacas; encendió
treinta velas al l~do de treinta imágenes
de santos, desnudó su pierna dcspcllejada.
No pedía. Rezaba y miraba a los tran-
VIAJE A PIE
163
seúntes con ojos inexpresivos y espantosos,
pues cuando algo es sobrehumano
se confunde con la inexpresivo.
No es humilde; domina a los hombres;
les recuerda que son podredumbre.
Sabe
que se da limosna porque se sufre al sentir
l'a posibilidad de la miseria y se goza al dar.
Por eso, el mendigo cree que hace un favor
a sus semejantes
al proporcionarles
manera de contentarse,
de tranquilizarse
y de
ganar el ciclo; está convencido de que, así
como por medio de Judas se salvó la humanidad, él es un instrumento
de santificación.
Sus barbas son escasas; ocho o veinte
pelos en el mentón delgado y agudo. Pelos
J'acios y detrás de su voz humilde se percibe
a la fiera: orgullo y desprecio infinitos. Al
escuchar
la voz apagada en los caminos,
solitarios, se comprende
que de esas hocas
desdentadas
puede salir la orden militar:
La vida o lo que lIieva.
Nadie es más cruel y perverso; habla y
ohra siempre como dulce, bueno y humilde. Toda la maldad humana está comprimida y acumulada en él. ¿Qué sería de
la serpiente si no gastara su veneno mordiendo las raíces de 10s árboles?
164
FERNA~OO GONZÁLEZ
Es avaro. Sabe que el dinero es ci dios
de la tierra.
No tiene amigos; para eso hay que ser
sincero y generoso y el mendigo no puede
serIo. ¿Ha oído alguien que un mendigo
tuviera amigos, a que se hubiera enamorado, a que hubiera sido heroico? Entre
los mendigos no hay sino mendigos. No se
unen; no profesan ideas; son los verdaderos
individualistas
y capitalistas. Tampoco matan, ni roban. Todo está en enos en potencia; son la personificación
de la fuerza
en potencia, y mueren cerca al montón de
centavos recogidos
en compañía
de las
moscas.
A
de Aranzazu se enojó don
Benjamín con el filósofo de Abcjorral, con el manso caballo
blanco, porque lb _depositó muy suavemente en un pantano. Le dejó caer una
lluvia de azotes y de adjetivos.
En el amor y en la amistad son neccsaria~
las peleas violentas, pues la vida comÚn
con el amigo o con la amante trae pequeños roces, discusiones, malos entendimientos, pretendidas ofensas que se van
reconcentrando
en el subconsciente en
forma de irritabilidad contra el amigo o
contra la amada. Tiene uno, por decido
así, desquites que aun no se han efectuado. Quien es ofendido y no ofende,
guarda d veneno y se intoxica con él. A
toda acción dehe corresponder necesariamente una reacción, y si ésta es contenida,
BAJO
166
FERNA~DO GO~ZÁLEZ
se hunde en la suhconsciente
y permanece
allí en estado latente. Resulta que en el
alma de los amigos a amantes hay reacciones acumuladas,
en potencia, que principian a manifestarse en forma de antipatía,
de odio, y que por ese camino lento no se
satisfacen completamente.
Por eso es precisa 13 riña en que se gasta todo el' veneno.
En la pelea dpida
se consume
toda la
amargura y viene la reconciliación.
Describamos este capítulo de psicología:
Vienen unos días de mirarse torvamente
los ami~os o los amantes; se hahlan de
modo hiriente,
se contradicen;
son momentos de vida fastidiosa para ambos y
de cuyo desagrado
se inculpan
mutuamente. Cualquier
ocasión es huena para
que se rompa el dique de ):a voluntad frcnadara; amhos se arrojan los motivos de
ira, se ofenden, a sea, quitan el hambre
a las reacciones insatisfechas. Viene la reconciliación,
a menos que alguna injuria
atroz durante la riña la haya hecho imposihle. Sucede entonces una deliciosa ternura, un estado de hipersensibilidad,
sentimentalismo
a embriaguez.
Sigue una
nueva amistad más intensa para acabar en
otra crisis. Estas son los mordiscos de la
VIAJE A PIE
167
serpiente en cualquier objeto para librarse
del veneno que lleva en sus colmillos.
Nuestro caballo no guardó rencor a don
'Benjamín. Hay en todo organismo un
poder defensivo de las injurias, así como
hay en fisiología otro para las enfermedades y heridas. Es uno mismo; el allma
tiene grandes fuentes de reserva para reponerse de los fracasos anímicos; se llama la
facultad del olvido, y ella hace al hombre
más o menos poderoso. Los superhombres
cicatrizan pronto sus heridas y no conservan recuerdo de ellas; los débiles recuerdan intensamente, reaccionan en e~ sentido
del odio reconcentrado. Estos débiles son,
unos, soñadores que a los choques afecti·
vos responden aislándose de la realidad,
por medio de la formación de un mundo
idéal, a su amaño: allí viven y allí olvidan la vida práctica que no pudieron resistir. Otros son irritables, or¡~u\ilosos, y
reaccionan a los fracasos de su pretendida
capacidad dominadora, por medio del enfurruñamiento.
El hombre que odia y se retrae en sí
mismo, es porque tiene pocas reservas defensivas; es un organismo próximo a la
muerte. Se puede odiar con tal de que el
168
FER~A~I}O GONZÁLEZ
odio sea activo; en todo caso, la riqueza
del organismo se conoce cn que responde
a todo con la actividad; pretcnde adaptarse
siempre.
Las naturalezas
débiles reaccionan rompicndo con la realidad. Dc ahí quc el organismo que no crece, decae; ùe ahí que
las naturalezas nobles se levanten más alto
mientras más fucrte sca la caída. Aquí está
la fuerza inconsciente
en donde reside la
esencia de la vida: EL PODER CURATIVO DEL
ALMA; EL PODER CICATRICIAL;
CULTAD DEL OLVIDO.
i Oh, divino
LA DIVINA FA-
podcr cicatricial!
Tú haces
que el homhre y nuestro compañero
no se
desorganicen por los golpes de la vida y de
don Benjamín.
Tú haces que aquel quc
picrde la madre a la amada ría al poco
tiempo de haber lIoiado ante la tumba. Si
tú faltas, el hombre sigue creciendo en tristeza y desespero
y se desmoraliza
rompicndo su contacto con la realidad.
j PODER REGE:-iERADOR! Este es el mismo
que hace crecer el óvulo dcsde que es fecundado.
Tú eres el 'Vis 'vitœ. J,a misma
fuerza que da principio al organismo sigue
conscrvándolo
en sus roces con el mundo
exterior.
E
N esta
tierra de los yarumos blancos,
en este «Alto de las Alegrías», hemos pensado que al alejamos del
estrecho valle del Aburrá nos hemos vuelto
trascendentales; el hombre gordo de Medelliín, acariciándose la esfera llena de
raíces y tubérculos, dirá que nos hemos
vuelto materialistas.
No; hemos querido hacemos a un acopio de principios que sea nuestro bagaje
por el camino de la vida; queremos adoptar una posición vertebrada ante el terror
de la muerte. i Pero no lo conseguiremos!
Hay indicios de que algo supremo, la armonía suprema, nos \lama más aná de la
tierra. Aquel pobre diablo agradable que
se llamó Montaigne murió de rodillas '!
arrepentido, después de haber vivido bregando por reírse, a causa de estos leves in-
170
FERNAXOO
GONZÁLEZ
dicios ... i Y Qué historias tan desagradables
han inventado
acerca de la muerte de
François-Marie
Arouet!
Algún día moriremos ... ¿No será posible
adoptar una posición decentc para morir?
Hagamos
un paréntesis y hablemos de la
muerte. Es propio del que está lleno de
vida olvidar la muerte; cs don de nuestra
especie, y Quizá de toda existencia, el sentirse eterna. Nosotros, el animal racional,
sahe que morirá, pero no sicnte, no se
acuerda, no cree Que morirá. Y es natural
y explicahle,
pues un lugar de llanto sería
esta tierra si tuviéramos
conciencia de la
muerte.
No se cumplirían,
entonces,
lo~
deberes y finalidades de la vida, que son la
felicidad. ¿Qué son unos ejercicios espiri-·
tuales de San Ignacio? Consisten en traer
a la conciencia la idea de la muerte, y lograr así vencer la vida compuesta de amor
a la carne, compuesta de las suti\les sensaciones de los cinco sentidos. En el «Alto
de las Alegrías)), bajo los yarumos blancos,
cuando
el sol descendía
al Pacífico sin
afanes, y cuando la tierra estaba tibia como
virgen casta, y el viento hacía temblar las
yerbas sensualmente
y nos traía otores de
todos los montes lejanos, nos acariciamos
VIAJE A PIE
171
nuestras futuras barbas; echados allí en
decúbito supino, y luego abdominal, ).
luego lateral, como el animal perfecto,
sobre la tierra, para establecer el contacto
con cilla, que es todo lo real, que es nuestra madre y será nuestro sepulcro, cuna de
nuestras transformaciones, nos acariciamos
las barbas y filosofamos ...
«Mamemos, don Benjamín, la energía
terrestre; abracemos a nuestra madre;
como el semidiós griego, echémonos sobre
la tierra para renovar nuestras energías.)
Estaban 'secos nuestros espíritus como
cañas de azúcar exprimidas entre los cilindros. Esperemos que el espíritu recoja,
como las glándulas mamarÎas. Nuestras
ideas son de la tierra, así como la miel de
los panales es elaborada de sus frutos. Nihil
in intelectu quin prius in sensu.
j Oh, madre querida,
sed suave para
nuestros cuerpos cuando los coloquen den~
tro de tus entrañas en decúbito y para
.
sIempre ....
¿Qué, nos urge? Dejemos henchirse
nuestros pulmones y que por la columna
vertebral pasen las corrientes magnéticas
de la tierra; somos, y ella lo es también,
solenoides. Lo único nuestro es el ins-
,
172
FERNA~DO GONZÁLEZ
tante que pasa, ese que se alejó ya ga~,o·
panda cuando la percibimos;
ese instante
es también la fábrica de nuestro futuro y
es hijo de nuestro pasado; pero sólo él es
nuestro.
Filosofemos
aquí, en donde hay yarumas blancos. Aquí hemos sentido, hemos
vivido la verdad de que el hombre se ama
a sí mismo con amor tan grande como es
su vida; que todo ser vivo es egoísta en
cuanto vivo, o sea, que el amor propio
ocupa igual espacio que la vida. Esta es
inseparahle e inconcebible sin aquél.
¿Amamos a l'os otros seres? En ellos nos
amamos, y si a alguien odiamos a despreciamos, en ese desprecio u odio nos amamos.
La vida es fanatismo;
es medir con la
medida del que mide; nuestra propia vida
nos sirve de vara.
Ganar el cielo, ganar dinero, ganar placer de los sentidos a de las tendencias psÍquicas: eso es lo que buscamos en el al·
truísmo o en el egoísmo. El asesino goza
destruyendo,
y el compasivo tiene su goce
allí; cada ser es lógico, produce los frutos
a que está destinada
su savia, o mejor,
cada ser es desarrollo en el espacio y en el
VIAJE A PIE
173
tiempo de una unidad determinada, única
y eterna. Lo que ha sucedido y lo que sucederá estaha latente en el primer instante
de la vída. No hay pasado, ni presente, ni
futuro. Al exponer esta grande idea de la
unidad, cesa 1'3 antítesis entre el bien y el
mal. Los adjetivos tienen su origen en
nuestra limitación.
La vida es una unidad; si aislamos un
hecho psíquico, lo desnaturalizamos;
la
vida no es fragmentaria. Nos parece fragmentaria porque la conciencia es apenas
el retrato de una partícula de ella, lia más
saliente, pero no la principal de nuestro
vivir, de nuestro devenir. ¿Hemos experimentado esta emoción? Sí; pero ella es la
cresta de una de las olas del mar interior.
En éste, todo es uno, no se puede concebir
una parte sin el todo.
Vivimos buscando d goce. La quintaesencia de la vida es moverse en busca del
placer propio a cada uno. La vida puede
definirse así: Movimiento en busca del
placer. Es movimiento en busca de lo que
nos falta; es la tendencia de lo imperfecto
hacia lo perfecto.
Aquí llegamos a tener una vislumbre de
Dios. Por cualquier punto por donde co-
174
FERNANDO
GONZÁLEZ
meneemos a fi[iQsofar se llega a donde se
perciben luces de una unidad que alumbra
como lejano sol; emanaciones de la unidad
perfecta.
A
bajo el árbol frondoso,
meditamos acerca de la energía.
Somos depósitos. de poder, así
como la naranja es dorado globo repleto de
jugo. y se debe obrar siempre, Y pensar
siempre, de manera que la acción Y el pensamiento no consuman toda la fuerza, Y de
manera que se nos vea a todas horas en
actitud de economizadores.
Muchas veces hemos di}iapidado nuestra
energía como cahallo brioso o como joven
pródigo. iQué ridícula es la figura del
hombre f1ácido, agotado!
La belleza no es plástica; es interna Y expresiva; es la fuerza que está dentro Y que
emana, Que se expande en las formas. En
las estatuas griegas palpita la energía in~
terna; por eso Eosgriegos creían en el Dairnón. La salud es belleza, .y ésta es prameCOSTADOS
176
FERNANDO
GONZÁLEZ
tedora. Por eso es bella la vida, y por eso
la juventud
es bella: porque prometen
y
ascienden. La belleza es peligrosa para el
Que la contempla,
si no es un sabio de la
contención;
si lo fuere, es educadora
y
causa de emociones
ricas en perfeccionamiento.
Unicamente
obra con fuerza el que lo
hace de modo que cI acto esté acorde con
su conciencia;
esto no quiere decir que
haya una 'verdad y que la fuerza esté en
ella; significa únicamente que se le infunde
vida al acto que emana de nosotros, al que
es nuestra verdad. El que asesina, creyendo
que lo debe hacer, obra enérgicamente.
Todo lo que es Ilógico es bello.
En la LEY está la energía. La LEYes todo.
A Dios se le debía llamar l.EY. Esta es ci
lindero de nuestra vida.
El destino es la ley que nos limita. ¿Podemos subir y hacer cada vez superior
nuestro destino? Quizá con la contención.
Esa es la esencia de Jas doctrinas de los
supcradores, tales como Siddharta Gautama
y Jesucristo.
Regado
en todo está el
poder, así como el platino lo está en algunas partes de la tierra, y podemos absorberlo de las cosas, como se chupa una
VIAJE A PIE
177
naranja. Los libros son depósitos de poder;
también los hombres y los acontecimientos.
Lo malo está en que la ciencia de nuestro
sig~o es descriptiva, impersonal; debía ser
humana, relacionarse con el poder del
hombre.
No encontramos a quien visitar; no hay
sino homúnculos en esta tierra nuestra.
¿Quién ha querido superarse, quién ha
vencido una sola pasión, siquiera una pasioncilla? Emerson recorrió la tierra para
conocer a los hombres que habían absorbido el jugo de la naranja vital y se habían
superado. Nosotros sólo vimos al animal
hombre, aIl que obra por reflejos. ¿Dónde
está el atormentado
que renegó de su
carne, que maldijo su limitación y que
lanzó la flecha del anhelo para superarse?
Más hermoso que la montaña alta; más
conmovedor que la mañana pletórica de
tibieza, es el espectáculo del hombre
grande.
E~ homhre grande es el que está descontento de ser el animal que suda, digiere y
tiene hambre; en su cuerpo, feo siempre,
ha dejado el tormento de la inconformidad la desarmonía que hizo decir a Bacón
de Verulamio que no había belleza sin
12
178
FERNANDO GONZÁLEZ
cierta desarmonía en la proporción de Jas
formas.
j Pero no vimos sino homúncu]08
que
roban!
E
Armenia vimos morir a un lejano
amigo de la niñez, llamado Cipriano; él aparece en todos los
puntos de nuestra primera vida emotiva e
intelectual.
Antes de especializarse el mal en las figuras del Diablo y del Infierno, el hombre
moría trnquilamente, como se apaga una
r.uz. Comenzaba a surgir el sol como si la
pariera la montaña cuando murió alegre~
mente el Emperador Juliana; otro Emperador se hizo arreglar la barba y dijo que
la comedia había terminado; un César murió de pies, y la muerte de Sócrates fué
como la del sol en verano. Desde hace
unos mil setecientos años la muerte se convirtió en un brebaje muy amargo. El Papa
Alejandro VI veía al Diablo: ceE IL DIABOLO!», exclamaba durante las últimas contorsiones. Desde hace unos mil setecientos
N
180
FERNANDO GONZÁLEZ
años d moribundo expresa frases tristes 'i
tiene remordimiento por haber vivido plenamente la vida; en la última hora sólo se
aprecian los actos ejecutados en contra de
la carne, de la vida fisiológica. Se han
cambiado los valores máximos. y el criterio
para apreciar las acciones es la muerte. Y:l
no se puede vivir conforme a la natural1cza;
¿hay antinomia entre esta vida y la que
puede suceder? ¿Será n\)cstro deber contrariamos?
H
poco se establecieron en Manizales los jesuítas. El jesuíta es
el hombre de la regla; el hombre
que disciplina su inteligencia y sus pasiones; el hombre interesante; en algún sentido es eD hombre superador que buscamos.
Las normas de San Ignacio para unos ejercicios espirituales y para una vida son método cientítico y completo para hacer del
alma lo que la voluntad desea. Viven los
jesuítas conforme a normas preestablecidas para cada uno de sus segundos, y todos
sus actos, todas sus abstenciones tienen
por finalidad controlar la carne y el espÍritu, doblegarEos, esclavizarlos, para llegar a ser una obra de arte, un hombre
ACE
perinde
ac cadaver.
El hombre de la regla es el interesante.
¿Cómo pueden serio los conformes, los
que no inhiben sus pasiones, los que vi-
182
FERNANDO
GONZÁLEZ
hran reflejamente a toda solicitud? El
homhre de la regla va cincdando día a día,
en noches de insomnio, en luchas interiores
trágicas y durante toda su vida, su alma
conforme a su ideal. Y est08 Ignacios quieren ser p:lTecidos a la imagen que tienen
de Jesucristo.
Los amamos y los admiramos: De entre
dIos salió François-Marie Arouet, y nosotros vivimos con ellos.
Fuimos, pues, a visitar a los jesuítas;
allí estaban
algunos
de
nuestros antiguos maestros.
Entramos y toda nuestra
niñez y primera juventud se
nos representó avasalladoramente al sentir en nuestra
memhrana pituitaria el olor
grueso, como lo es el de los
panales de las colmenas, de
que está impregnada siempre la vivienda de San Ignacio. Nosotros somos o\fativos; la membrana pituitaria,
~ ~
~"""='
allá, extendida entre las
fosas nasales, muco~a y con infinitas ramificaciones sutiles del nervio oIfatorio ... ,
iqué cosa tan deliciosa es la membrana
VIAJE
A PIE
183
pituitaria! Para recordar llos pecados, por
ejemplo, nosotros olíamos; por eso, siempre conservábamos un fragmento de la ropa
o de la cabellera (j aquellas cabelleras de
antaño en que se ahogaba uno!), y cuando
llegaba el momento del examen de la conciencia, en ell rincón del confesonario reburujábamos los bolsillos y olíamos. ¡Era
como reburujar la conciencia! Se nos apa·
redan vivos, palpitantes, nuestros pecados,
esos sueños prolongados como un mar soporHero.
j La membrana pituitaria y aquel olor
grueso del claustro! Recordamos, revivimos a nuestros maestros y confesores: el
padre Urrutia, de ojos vivos, cruzados en
su mirar como dos espadas y que leía a
Shakespeare con recogimiento; el padre
Torres, cuya rama de bambú era una prolongación de sus manos sensitivas, femeninas. «Los ángulos del triángulo son iguales... », decía con voz armoniosa, mientras
acariciaba a uno de nosotros con aquella
rama de bambú que era como un largo
nervio hiperestesiado; el padre Sarmiento,
varonil, de sonrisa maliciosa y lenta y que
hablaba un inglés inverosímil. Pero el que
más influyó en nosotros fué el padre Qui-
184
FERNA~DO GONZÁLEZ
rós, flaco, limpio, pausado y agradable en
toda su persona.
El sudor de sus manos
tenía la propiedad
de ahrillantar
los metales. Manoseanùo
el reloj delgado como
una hostia, o las llaves del infierno, exponía esa complicada composición
escolástica
de los seres: materia prima y forma sustancial... Sus dientes eran largos y gruesos,
hlanQuísimos,
y las encías, muy grandes 'l
muy sanas. i Oué curioso! Era el director
del infierno! En el infierno de los jesuítas
están los buenos mhros prohibidos;
es la
hiblioteca
de los libros buenos. Así continúa el Maestro Voltaire viviendo con los
jesuítas, pero ... i en el infierno y en compañía del agradahle padre Quirós!
Todos vosotros, Queridos maestros, estáis
en nuestras memhranas
pituitarias.
¿Cuál
es ese olor? ¿Por Qué no podemos definirlo? Es grueso y al mismo tiempo rápido. Al sentirto
la carne se encabrita,
surge, y, al mismo tiempo, el espíritu,
siente dolor de contrición.
j Eso es! No
conoce la delicia del pecado sino Quien peca
contra la voluntad, a sea cuando el Mundo,
el Demonio
y la Carne,
Que son uno,
la Mujer,
tientan
al espíritu,
Que se
resiste, pero Que va cediendo.
Los tres
VIAJE A PIE
185
enemigos se convierten en la figura desdentada y aguda de la señora Celestina,
para sonsacar al espíritu. Habla la señora
Celestina largamente; hace perífrasis, cuen·
ta cuentos; el alma dice que no, pero va
caminando hacia la cita. Ese NO ddicioso
que pronuncian las mujeres con voz moribunda y que es el más hueno de los síes.
¿Cuál beso digno de este nombre no ha ido
acompañado del NO femenino y suplicantÛ
Ese NO le da al amor el aspecto de la batalla y la alegría del triunfo. No ... , y resbalan los labios femeninos contra los del
hombre, y éste experimenta la alegría del
guerrero que cogió una bandera enemiga.
i y en verdad que el hombre fué el vencido! j Oh, divino poder del pudor! Et
pudor da todo su encanto al impudor. Es
porque somos destructores; la hembra de
los insectos casi siempre devora al macho.
y nosotros, los hombres, no gozamos sino
venciendo y desgarrando la resistencia púdica.
Gusta del pecado quien lo ahorrece o 10
teme. Casi se mueren de delicia Adán y
Eva en el Paraíso, pues Sll terror supremo
era la manzana, y comieron de eHa... Espectáculo para oídos y ojos divinos aquel
186
FERNANDO
GONZÁLEZ
Paraíso, cuando fué la hora de la siesta:
Eva, desnuda, el vaso de la juventud por
antonomasia;
tenía quince años y medio'
el sol tropical le había dorado
la piel;
era una perfecta naranja en su epidermis;
su juventud era tanta, que la carne se le
mecía con un movimiento
de ebriedad de
la fuerza interior; sus ojos tenían el brillo
y la suavidad atrayente de todo su ser que
no podía resistir tanta felicidad en potencia.
Estaba reclinada en el lecho que formaban dos raíces de curvas suavísimas
del
árboD prohibido.
Sólo esa hora de la siesta
pudo haberla llevado allí ... i Qué imprudente! El Diablo, en la forma más insinuantè y hermosa, una serpiente,
le susurraba al oído, por primera vez en la historia de la tierra, los empalagas y suavl.
dades de Celestina. Espectáculo
para ojos
y oídos divinos!
((No, no ... )), repetía Ev;:!
en el colmo de la felicidad, en un susurro,
hasta Que acabó de comer la manzana ...
j Feliz tú, señor Diablo, que recibiste en
tus oídos de serpiente
el primer:'-lO que
acompañó
al primer
pecado de amor!
Para Adán y para todos nosotros, pobres
herederos,
han sido las sobras de la manzana y del NO. j Pobre Adán! Para ti Eva
VIAJE A PIE
187
no pronuncIo el NO; ya había perdido el
pudor; a ti fué ella Quien te urgía, y tú
fuiste el resistido. Tú fuiste. padre Adán,
el primer marido ...
Ese no del amor es un sí; por eso fué
allí, en el Paraíso, donde el hombre se
hizo rábula. «No fuí yo sino la serpiente;
yo no Quería», contestó Eva a Dios. En.tonces fué cuando el hombre y la mujer
Quisieron por primera vez ampararse en la
letra. Pero no; la mujer obraba de buena
fe al decir Que ella no había Querido; la
mujer nunca quiere; el amor es su destino:
si el amor fuera en la mujer voluntario, no
tendría gracia ninguna; está dedicada al
amor, fatalmente.
Dejemos a Eva grávida de Caín y continuemos nuestro anámsis, pero no sin
haber llamado la atención de los lectore"
hacia un hecho Que comprueba la verdad
del relato bíblico: Caín, el primogénito,
fué malo, el inventor del asesinato con
todas las circunstancias agravantes; Abel,
d segundón, fué bueno. En tiempos de
Moisés no se conocían las leyes de la herencia. O es una coincidencia muy rara, o
la verdad lógica del relato corrobora su
verdad histórica ...
188
FERNANDO GONZÁLEZ
Continuemos.
¿Vislumbráis
[a importancia del pecado? Hasta Que él apareció; hasta
ci advenimiento
del confesonario;
hasta
que se ideó como antinómica
la vida postmorten,
el hombre
vivió tranquiVo, automáticamente.
Entonces eran posibles vidas apacibles y
muertes como apagarse de luces en la noche. En resumen, el hombre estaba adaptado a la tierra. Ya sabéis que el individuo
adaptado
a su medio, obra con naturalidad, por reflejos. Así viven, por ejemplo,
los animales de Africa en Africa Transportad un gorila a Francia, a un triste jardín
para niñeras:
su on~anismo
reacciona y
sufre horribl!emente
hasta que se muere,
o logra vencer la impropicio
de las circunstancias para seguir viviendo con tranquilidad. Contemplad
a un matemático,
o,
mejor, a un contador
de almacén de especias, que hace una operación numérica.
Está en su medio; no se esfuerza; los instrumentos
de los laboratorios
psíquicos
para medir la atención
voluntaria
nada
señalan;
pero,
si nos veis a nosotro,>
sumando,
comprenderéis
la energía que
se gasta cuando
se está fuera de su
medio ambiente ... Con el aparecimiento
VIAJE A PIE
189
de la teoría del pecado y con la creación de vidas ideales contrarias a la de
la tierra se rompió el vivir normal en
que estaba el hombre desde hacía muchos
siglos, desde que logró dominar a la naturaleza enemiga con sus invenciones. El Catolicismo, al~ establecer una contradicción
invencible entre los sentidos y el espíritu,
hizo imposible para el hombre el ambiente
de la tierra y desde entonces es un ser atormentado, un judío errante. El hombre no
duerme ya tranquilo y ~ucha por amol.
darse, la que es imposible. Por curiosidad
contamos los sistemas que ideó el hombre
en mil novecientos veintiocho para explicarse la vida y la muerte; ¿y sabéis a qué
número llegamos? A ocho mil trescientos
tres, fuera de algunos ensayos sin importancia y de dos banalidades ifegibles que
aparecieron en Bogotá.
Los actos son agradables cuando son pecado. Allí, en los claustros jesuíticos, recordamos nuestra juventud de penitentes.
Aquella mujer amada a quien tanto atormentamos con nuestros remordimientos
después de las luchas chipriotas ... Una vez
la condujimos a los pies del confesor; en
la pl:azoleta de frente a la iglesia, solitaria
190
FERNA~OO GONZÁLEZ
en aquella mañana de trabajo, esperamos
la salida de la mujer contrita; claramente
vemos ahora que nuestro
deseo intenso
era oír las frases de arrepentimiento
y de
ruptura ... para que la reconciliación
fuera
más pecaminosa, más intensa. ¿Será ésta l:1
C3usa de la vaguedad
amorosa
que nos
empapó en Aranzazu
y en Pácora,
a la
vista de las mujeres que temen al Diahlo,
y será ésta la causa de nuestro
deliquio
moroso en las iglesias y frente a los muros
de los conventos femeninos?
j Gran poder
el del pecado! Por él somos desadaptados
y aguzamos
la inteli.
gencia .•
Los jesuítas han hecho de Colombia el
país de los ejercicios espirituales. Todo co·
lombiano, ocho días antes de casarse a de
ser elegido Diputado
a una Asamblea
a
Congreso, se retira a una casa de ejerci.
cios. Allí ohligan su atención a dirigirse
constantemente
hacia la idea de la muerte,
hacia lo efímero de la vida y hacia la largura de la eternidad,
hasta que la muerte,
como una infinita sotana negra, ocupa todo
ci campo de la conciencia ... Ya el pobre
colomhiano
reniega de los hurtos hechO!!
2 l'a República,
de sus deseos de la mujer
VIAJE A PIE
191
ajena, de su anatocismo, y está maduro
para la salvación, para llevar a su futura
cónyuge hacia el cielo y para salvar al país
en el Congreso. Lo sueltan; ocho automóviles lo esperan a la puerta; grita aHí:
«j Viva la Religión !l>, y se dirige a su automóvil con mirada exaltada que resbala por
las figuras femeninas con desprecio ... Pero
a los ocho días, así como en herida que cicatriza surge la carne en conos rojizos que
van llenando en vacío, así suben y embriagan al ejercitante sus efluvios ... La carne
se venga, rompe el dique de la conciencia
que es una perezosa guardiana.
Los jesuítas ejercen gran atracción en
nosotros. Unicamente en los monasterios
se tiene un ambiente dc vida del espíritu.
Allí hay tentnciones, luchas, caídas y arrcpentimientos; allí hay disciplina; vive d
hombre perfeccionándose conforme a un
método. Las consolaciones espirituales y
los estados de sequedad, esas delicias sólo
las esperimenta el quc lucha con sus tendencias. El alma del místico es iriteresante
como setva del Trópico. Con frecuencia
vamos los domingos, al atardecer, a verIos
salir de su finca de Miraflores. Son figuras
interesantes; son monstruos de fealdad o
192
FER;.lA:-JOO GONZÁLEZ
bellezas espirituales
desarmónicas;
pocos
son los mediocres; santos a sátiras; espmtuales a satánicos ... y los novicios que hacen ci profesorado,
jóvenes
de veinte a
veinticinco
años, que no han podido torcer aún el cuerpo y acabar con su brillo.
Ya pueden aguantar disciplinas y penitencias, pues la castidad a los veinte años da
lustre y frescura, a pesar de todo ...
-
F
heroicos cuando niños al vencer la repugnancia para coger un
sapo; fuimos heroicos, también,
cuando conversamos durante media hora
con aquel político; pero éramos más héroes
cuando íbamos metidos en una jaula de
alambre, a doscientos cincuenta metros sobre el río Guacaica. Todo era pequeño,
pequeños los yarumos y los hombres de allá
abajo. Se oía apenas el frotamiento del
alambre móvil sobre las ruedas de las torres, la jaula iba suspendida del alambre
por cuatro ganchos pequeños que apenas lo
abrazaban en su mitad. No había carbón,
como en los ferrocarriles; teníamos miedo.
Por ell alambre paralelo venían a nuestro
encuentro otras jaulas repletas de otros
héroes. Colgados allí, altos, nos pareció
que era una posición propia para hablar de
Colombia y de la castidad.
UIMOS
13
194
FERNANDO
GONZÁLEZ
Colombia está marchita como planta en
verano porque no hay partidos políticos y
únicamente hay ladrones que gobiernan sin
concepto de patria, que es el de solidaridad
con los Que conviven bajo et mismo cielo.
Nuestra única posible salvaci6n, si la
puede haber aún, está en una ley de elecciones justa y para todos. Esta es una sínte.
sis pragmatista de nuestro libro: Para crear
caracteres, y patria, y moral, y todo, es
preciso una ley de representación propor·
cional de las aspiraciones, que están hoy
ahogadas. j No hay opinión pública!
j Adelante, pues, juventud discípula del
doctor Crane! Nosotros nada podremos
hacer; nosotros somos 1!os hombres del
deleite; nosotros no sacrificaremos la uña
del meñique de nuestros pies de andarines
sino por ti, Julia tentadora ... ; nosotros
somos ciudadanos del universo, tierra y
estrellas; somos jóvenes de treinta y cuatro
años, los cuales han transcurrido entre la
metafísica, el confesonario y los conservadores; apenas podemos cantarte a ti, Julia,
r a la castidad:
VIAJE A PIE
195
j Mejor que el calor ,Hel sol en la mañana eres tú, Castidad!
Porque las glándulas seminales son el
origen de la vida.
y la vida es deseo. La castidad hace crecer el deseo y el corazón rebosa de alegría.
iTe amamos, castidad de ojos provocadores, porque el amor es bueno cuando tú
presides!
Somos castos y por eso el aire, y el
cielo, y el agua, y el olfato, y el gusto, y el
tacto, y el oído, son acariciadores para
nosotros.
iSomos castos para poder amar! iEsta
es la verdad! i Una verdad nuestra!
Somos castos, Julia, porque así tus curvas son hasta tortura para nuestros cinco
sentidos.
Así, tu olor de mujer es espolazo.
Castos, porque así la mañana es deseable
como vírgen desposada y el atardecer
como mujer madura y triste.
¿Quién dijo que hay placer en el dolor?
Sólo un gran casto puede gozar cuando
se raja su carne. j Cuán bueno es el dolor
de las heridas cuando las células están tonificadas por las glándulas seminales!
j Todo viene de ellas! El amor a todo,
]96
FERNANDO
GONZÁLEZ
dinero, amigos, patria, gloria y hembras ...
Somos el joven casto porque queremos
amar todo la que existe en nuestra madre
la tierra.
Castidad es paladearIo todo, acariciarlo
todo sabiamente, y no dilapidar.
Somos el joven que no se deja poseer
por nada, para no yacer como saco vacío.
Para estar siempre activos y ser siempre
amantes.
¿Ves la luna que sube por el cielo espol.
vareado de luz tenue y sientes deseos,
emociones e ideas indeterminadas como
si fueras perfume que se evapora? Es la
castidad de los treinta años, ci poder de
las glándulas creadoras. I.a espiritual idad,
eso que lIaman la espiritualidad, es efecto
de ese poder en la masa nerviosa.
Te cantamos y amamos, muchacha del
tennis, porque eres depósito de energía,
músculos duros y tenaz persistencia.
I.os monjes buscan la castidad porque
odian la sensualidad; por eso no pueden
ser castos. Nosotros te amamos, porque
somos los sensuales.
Somos el joven sensual para quien todo
es el tacto. Los sentidos son tacto especializado. I,os ojos tocan las cosas que ven.
VIAJE A PIE
197
¿No te han tocado, Julia, nuestros ojos,
cuando miraban tu cuerpo vibrante? Tus
senos, como medios limones, ¿no han percibido que nuestros ojos eran palpos?
Todo el universo es nuestro. Poseemos
el universo con los sentidos. ¿Para Qué
comprarte, Julia? ¿Para qué comprarte,
hacienda de Santa Elena? iSois nuestras!
Frente a ti, Julia, te hemos olido, visto y
~cntido. ¿Para Qué más? No somos pródigos. Acostados sobre el césped hemos
olido la yerba y después hemos bebido el
agua ... ¿Para qué más? La escritura pública de compraventa sería nuestra esclavitud. Nos levantamos y nos alejamos con
ligereza de corazón. ¿Para qué vincularnos? i Los celos y cI mayordomo; la posesión legal! Eso Queda de la escritura pública que guardan, el notario en su protocolo y el cura en la ~acristía. El dueño
legal es el verdadero objeto poseído. Esta
masa nerviosa que se relaciona por el
tacto, y todo es tacto, con el mundo, vale
más que la escritura pública. Nos sentimos ligeros e inervados porque no poseemos por compraventa, sino a título más
noble, a título de seres táctiles ...
Viejo relajado que tiene millones en es-
198
FERNANDO
GONZÁLEZ
crituras, ¿qué posees tú? ¿Qué posees tú,
viejo barrigón, que no puedes oler, mirar
y gustar, porque te huelen, gustan y miran
tus diez millones?
Todo será nuestro mientras permanezcan duras y concretas estas glándulas de
secreción interna.
Se detuvo el alambre; experimentamos
el terrible desvanecimiento que debe sentir el ahorcado cuando lo paran sobre la
compuerta que tapa el abismo. Así llegamos a Manizales.
E
no es Manizales; es ya una
enorme
catedral principiada
y
grandes edificios de cemento. El
verdadero Manizales comienza alrededor,
a las siete cuadras de esos edificios y de
las calles planas. Hoy Manizales parece un
molar de la mandíbula Andina relleno de
cemento. El Manizales de hace diez años
está en la Cuchilla y en San José. Calles
misteriosas que se hunden y más allá aparecen en la altura; casas que parecen adefesios que caminan cn zancos; escaleras
hechas en la tierra de esos callejones; escaleras misteriosas para subir a las casas.
¿Cuál es ese agrado tan intenso cuando a
los veinte años vagamos por allí, sin objcto determinado, al anochccer? Es que el
STE
200
FERNANDO
GONZÁLEZ
amor misterioso
puebla esas callejas, esas
casas ocultas, jaulas preciosas del amor
efímero.
Las ciudades planas no tienen,
como ésta, un alma para cada calle.
E
Colombia no hay sino homúnculos,
pero en Manizales estuvo nuestra
conciencia repleta de las imágenes
de la catedral y de lin grande hombre. Encontramos en casa de un amigo el retrato
admirable de Gregorio Rasputín.
j Esas barbas del Santón!
Todo en el
cuerpo de Gregario eran borbollones de
vida; esa fisiología era una flor de la esencia de los mundos, de la energía. Ante las
fórmulas inanes de la estética era feo, feísimo. j Cuán inanes las estéticas de los críticos, de esos hombres que se pasean por
las galerías de arte y por la vida con leyes
de mensura para la belleza! Pero en los
brazos de Rasputín, en su pecho tan
grande como un cielo, caían en letal olvido todas las duquesas de la Rusia de los
Zares. j Cuán hermoso era Rasputín!
N
202
FERNANDO GONZ1\LEZ
Ancho era el pecho de Gregario;
el espacio entre sus pómulos, anchísimo y todo
él ancho: cubría todo el espacio para quien
la contcmplaba;
no hay en la conciencia
de quien la mira, aun en retrato, sino
Gregario
Rasputín.
j Es el efecto de la;;
personalidades
magnéticas!
Sus manos eran grandes y cuando caían
sobre las cahezas de la nobleza rusa producían el sopor del olvido. Las papilas deI
dermis en donde terminan los nervios sensoriales eran más grandes en él, eran verdaderos
conductos
de sueño, de fuerza
mesmérica ...
Pero éste no era el Santón. No; el Santón estaba en las barbas; éstas emanaban
de su esencia, tenían las raíces en la esencia. Comprendimos
entonces cómo aquel
~igante enamoradizo,
Sansón, pudo tener
toda la fuerza en los cabellos.
Cuánto
gozó Dalila,
la cruel Dalila,
cortando
aquella cabellera!
¡Cuánto gozan las mujeres,
las amadas,
destruyendo
nuestras
energías!
El cuerpo no es sino una forma creada
por la enerMa, por la esencia que se manifiesta en los fenómenos,
y en algunos
seres interesantes
esa energía empuja más,
VIAJE A PIE
203
se concreta más en un órgano privilegiado. Todo grande hombre y toda mujer
interesante han tenido la grandeza, la belleza, el no se sabe qué, especialmente en
un órgano privilegiado. La grandeza, el
poder de amor, la maldad de Rasputín
estaban en sus barbas. Pensemos en la nariz larga de Maximiliano Robespierre en
la hermosa y grande boca de Wilson.
Contemplad al Santón al lado del Zarevich. Sobre el cuerpo del niño se inclina
aquel cuerpo formidable, caen aquellas
barbas omnipotentes, y de las manos anchas, colocadas en la posición de la medicina egipcia, emana un flúido magnético
que se absorbe a la Zarina y que invade al
niño. j El Zarevich sonríe y está sano! Es
Que la energía de la estepa, la de toda Siberia, está encarnada en Rasputín y florece
especialmente en sus barbas enmarañadas!
Mil veces hemos leído y oído que al
grande hombre hay que verlo; Que no
basta IcerIo. Sí; lo grande es el no se sabe
qué Que anonada e inhibe todo en la conciencia del espectador.
Gregorio Rasputín era un hombre vulgar, según los libros biográficos; era un
204
FERNANDO
pobre hombre.
GONZÁLEZ
Pero dominaba lo más fino
que ha existido, la Corte de
los Zares. Las mujeres mejores se empa·
paban de olvido al mirar los ojos de Rasputín; el cuerpo de éste se les dilataba
poco a poco en la conciencia
y las invadía.,,;
las virtudes se perdían
en las
barbas enmarañadas.
Mirando
su retrato
se ennoblecieron
nuestras
barbas,
j pero
no teníamos
la
energía del Santón!
Absol utamente
sinceros: este es el primer mandamiento.
Pensamos que no debíamos hacer sino lo que saliera de nuestro carácter,
y nuestra cner~ía es pobre
y no puede formar un borbollón
y dar
nobleza y elegancia a un apéndice
corporal. Las barbas embarazaban
nuestro espíritu, y para éste no debe ser una traha
lo exterior. Siempre hay que estar cómodos dentro de la carne y de las ropas; no
se dehen sentir ajenas. ¿Cuándo
un feo,
según las leyes de la estética, es hermoso
según la vida? Cuando la fcaldad es cómoda casa del espíritu; cuando la fealdad
no es postiza; cuando las desarmonías
y
desproporciones
son producidas por el borbotar de la energía. El prohlema
está en
y aristocrático
VIAJE A PIE
205
que el espíritu, el soplo divino que Dios
infundió al muñeco de barro, llene la
carne y la ropa como la brisa marina hincha las velas. Nosotros amamos una mujer
cuya boca separada de ella sería un adefesio, pero estaba tan llena de amor, del no
sé sabe qué, Que mejor no puede ser el
cielo de los Profetas. El secreto de la ele.
gancia, el secreto de lo que hace siglos
buscan los psicólogos, o sea, de la personalidad magnética, consiste en ser natural;
en que el espíritu esté a sus anchas en la
carne, el vestido y el ambiente. ¿Qué
puede ser más bello que el nadar de un
pato y qué más horriblemente
estúpido
que el nadar de un hombre? La energí:I
del uno se hizo forma propia para la natación y el hombre no está en su medio
dentro del agua.
Conocimos también al padrc Elías, un
jesuíta interesante cuya personalidad magnética estaba en el pequeñísimo sombrero colocado sobre su cabeza grande. El
sombrero era un absurdo; pero, ¡cuán
elegante iba el padre Elías cuando nos
llevaba de paseo! Ese sombrero estaba
empapado del espíritu del padre Elías; formaban un todo.
206
FERNANDO
GONZÁLEZ
También nos dominaban en la niñez las
orgías del poeta Byron.
Cayeron nuestras harbas porque pensamos que el hombre debe sentirse cómodo
dentro de su cuerpo y ropa. La cenestesia,
la conciencia del estado visceral, es, por
eso, nula en los homhres superiores y está
desarrollada en los animales y en los anormales.
Pensamos que no debíamos usar naùa
que distrajera nuestra atención. Nosotros
somos los jóvenes de la dialéctica y no de
las vísceras. Las barbas nos eran extrañas
y dilapidaban nuestra poca energía. ¿Cuántos kilogramos de fuerza necesitaríamos
nosotros, pobres filósofos aficionados, para
desarmonizar, para hacer aceptar por nuestro ambiente social y familiar, por nuestras mismas conciencias, una nueva formación de nuestros rostros? Contemplando el retrato de Rasputín quisimos
tener barbas: i hasta qué punto se impone
la que es natural, Jo que emana del centro
de la vida! Nuestros espíritus no podían
estar come en su casa dentro de los cuerpos barbados. Nosotros, pobres penitentes,
necesitamos la originalidad para el espíri.
tu. i Qué tormento para nosotros un bastón,
VIAJE A PIE
207
un vestido nuevo! En ellos gastamos toda la
energía psíquica. iPero Qué hermosamente
mueve su bambú este animal ágil, este
jovenzuelo cuya vida es visceral!
¿Comprendéis, Queridos lectores (¡ cuán
estúpidas son estas dos palabras!), por Qué
es un errOr imitar, por qué vosotros no
debéis hacer este viaje nuestro, usar
nuestros bordones y ser castos como nosotros, jesuítas mundanos? Porque lo único
hermoso es la manifestaci6n Que brota de
la esencia vital de cada uno. Aquí podéis
vislumbrar la idea madre de nuestra metafísica, que expondremos en las alturas,
a cinco mil trescientos metros sobre la
vulgaridad latinoamericana,
allá, acostados sobre el cráter del páramo del Ruiz.
Para nuestras encantadoras lectoras sí qucremos anticipar que nuestra metafísica es
efímera, agradable y esferoide como los
encantos de sus cuerpos.
Continuemos. Es necesario conocerse y
cultivar sus propios modos y posibilidades; de aquí uno de los inconvenientes
de los tratados de moral, de buenas ma·
neras, etc. Desde el principio dijimos Que
cada individuo tiene un ritmo para todo,
hasta para pecar. iFué el Diablo, sólo
208
FERNANDO GONZÁLEZ
pudo ser Satanás quien enseñó el ritmo
de amor a aquella muchacha de Cali!. .. Es
cosa m uy humana lo que le sucedió a uno
de nosotros hace dos años: una bailarina
le anonadó la personalidad tan ahsolutamente que hasta llegó a renegar de sus
ventajas masculinas: deseaha locamente,
en ci sueño y en la vigilia, ser aquella mujer. Nosotros le tenemos miedo a todo la
grande porque nos anonada. ¿Qué hay en
un teatro, cuando todos se levantan y frenéticamente aplauden al artista? No hay
individuos; hay una masa humana convertida en instrumento. El orador, todo artista, maneja ese instrumento humano, lo
revuelve. ¿Y cómo podrfamos nosotros,
aficionados a la grandeza, con ansias de
superación,
estar contentos cuando se
pierde nuestra alma y nos convertimos
en instrumento?
Hay que aprender a
dominarse, a ser uno mismo, a sacar
el mejor partido de su propio modo.
Nuestra única posihle grandeza y belleza,
ya Que no tenemos la exuberancia vital,
está en el cultivo constante de nuestras
facultades características.
No aspiremos a ser otros; seamos la que
somos, enérgicamente. Somos tan impor-
VIAJE A PIE
209
tantes como cualquiera en la armonía del
universo. Todos los seres pueden ser igualmente hermosos. Estas reflexiones debe·
mos hacérnoslas ante todo lo grande, ante
la nariz de Maximiliano Robespierre, ante
las barbas del Santo de Siberia y ante la
enorme vulgaridad de Miguel Abadía
Méndez ...
H
ACE dos días que estamos perdidos en esta blancura inmaculada
del Ruiz, a cinco mil metros
sobre nuestros conciudadanos. Sólo los
frailcjoncs tristes, místicos, nos recuerdan
que estamos en el país del clero. El frailejón, arropado todo él en su lana amarilla
crema, es religioso; una religiosidad pura,
que acompaña también a la nieve, al cráter
y a los arenales.
j Estamos ya en el cráter! Nada limita
nuestro horizonte. j Oh, señora Venus,
todas cuyas gracias se formaron de las
espumas del mar en las riberas de Ch ipre, ayúdanos, que vamos a exponer nuestra metafísica, que es amor!. .. Para nosotros el mundo fenoménico es efímero
como las burbujas de que se formó Afrodita. El amor suhyace bajo esas formas.
212
FERNANDO
GONZÁLEZ
Por eso cambian constantemente; de ahí
el devenir, ¿pues cómo podía ser duradero
la quc es forma del amor? En este nacimicnto de Afrodita revelaron más los griegos su delicadeza y penetración insuperables.
Pero, ¿qué son estos jóvenes viajeros?
Somos, querida lectora, metafísicos, y algo
poetas debido a la concreción y dureza de
nuestras glándulas de treinta años. Quizá
en la vejez no quede sino el metafísico.
Pero ahora somos amantes aficionados a la
filosofía. El amor es para nosotros la que
está detrás de las formas, la medula de la
fenoménico o, para decido en forma bárbara, el nóttmeno.
N osotros no hemos podido llegar a la
posición beatífica de los doctores filósofos
para quienes la mujer nada importa. Somos
en un noventa y nueve por ciento amantes,
y el resto filósofos, pero filósofos del amor.
j Qué estúpidos e insinceros estos enormes
libros, casi siempre en latín, que tratan de
la vida, de la escncia de las cosas y que no
citan el amor! ¿Estos filósofos serios no
sabían que la más pura elación espiritual
es amor, ya sea religiosa, artística? Se ha
creído que el amor es únicamente el amor
VIAJE A PIE
213
sexual; pero en verdad esa es la materia
bruta de todo lo hermoso y grande.
iCuán bella es la vida para el metafísico!
Es él quien percibe lo que hay debajo de
los fenómenos; el q~e adivina el hito madre que sirve de eje para la tela efímera del
devenir. iY generalmente se percibe a sí
mismo como esencia! Imaginaos una muchacha variada y ricamente vestida. Pues el
metafísico es el único para quien ella se
desnuda. Los demás, el físico, el matemático, cte., están ocupados en examinar sus
vestidos. iNosotros somos los verdaderos
amantes de esta muchacha!
Toda nuestra actividad, y más aún, lo!!
mundos todos, son el surgir de la esencia;
es Afrodita quien está en todas las burbujas del mar de la existencia, y es ella quien
las forma. La energía, ella, Afrodita, es lo
que palpita en las superficies y se manifiesta. Y el amor tiende siempre porque
nunca se realiza completamente en los fenómenos. El palpitar de tu corazón, querida lectora, es un símbolo del palpitar infinito de la esencia que hemos percibido
en estas noches estrelladas en medio de
esta nieve. Para el hombre culto los conceptos se van unificando, hasta Jlegar al
214
FERNANDO
GONZ,(LEZ
todo inespacial que es el amor, la esencia
de todas las formas. ¿Qué otra cosa sino
esto sostenía en mil novecientos cinco el
padre Quirós cuando paladeaba la hermosa
tesis de que los seres se componen de materia prima y forma sustancial? ¿Qué puede
ser esa materia prima sino la misma que
amontonó las hurbujas coloreadas en el mar
de Chipre y se convirtió en Afrodita? ¿Y
la forma sustancial? Ahí está la causa de la
-variado del universo. Materia prima de la
misma de Afrodita--j admirémonos !--subyace bajo la forma sustancial de estos lati·
noamericanos que están ahora a cinco mil
trescientos pies por debajo de nosotros. Es
la única objeción
que encontramos
a la tesis del padre Quirós: Que
este general gor.
do o ese Presi·
dente que no sc
sabe si duerme o
está muerto, a aquel tiranuelo de Venezue~a, o ese otro pastor del Perú, mimado
del Santo Padre, tengan la misma materia
prima de Afrodita, que el amor haya emer·
gido en semejantes formas ...
VIAJE A PIE
215
Para el niño el universo es variadísimo.
pues su vida es sensorial y sólo percibe lo
fenoménico, pero para el metafísico, así
como se funden los conceptos de electricidad, magnetismo. luz y calor en el de
movimiento, todo se funde en la esencia
amorosa que deviene en las formas. La
esencia tiende siempre; la esencia es un
verbo; por eso dice la metafísica cristiana
que el Verbo se hizo Carne. ¿Y qué es lo
que nos produce las emociones de belleza
y alegría, y qué es lo que produce el deseo?
Precisamente esa tendencia de la energía a
actualizarse. Por eso, sólo es bello lo que
promete. lo que asciende. La mujer es más
bella cuando su ,cuerpo es más prometedor,
cuando en sus formas se encierran promesas de vida. ¿Sabéis cuál es la verdadera
definición de belleza? Bello es todo lo que
nos incita a poseerlo. iCuán lejos de la verdad están las definiciones que hacen consistir la belleza en la contemplación desinteresada! Deseable es lo que emerge, lo
activo en potencia que nos invita a fecundarlo. Por eso las grandes obras de arte
son, por decirlo así, esbozos que excitan
la imaginación para completarlos; hay una
fecundación. Las obras de Shakespeare son
216
FERNANDO GO~ZÁLEZ
un ejemplo de esto. En nuestra imaginación en aquellas alturas la vida era una
atracción universal de mundos y seres
impulsados por el ansia del devenir.
Lo triste está en Que las formas son
limitadas. Estos linderos de las formas nos
determinan. ¡Qué más legislación que esta
cárcel de nuestros huesos craneanos, de
ese tubo óseo de la columna vertebral y
de estos músculos Que unen el esqueleto!
j Ya somos hombres ! Ya no somos únicamente la esencia de infinitas posibilidades.
Ya no podemos nadar como ci pato, ni
volar como el ave, ni encontrar su camino
en la selva como la fiera. Ya somos hombres destinados a sudar, y a desear la ajeno,
pues el hombre es ante todo envidioso. De
ahí el error del matrimonio sin divorcio:
casi siempre la mujer ajena y el marido
ajeno se convierten en el ideal de los que
están unidos por esa cosa invisible, pero
casi ósea, Que se llama cI vínculo indisoluble. Ya este hombre está determinado
irremediablemente,
por la forma de su
masa nerviosa y por la forma del tubo óseo
Que la contiene, a robar, y aquél, a correr
tras las mujeres como si fueran a acabarse,
y este doctor, a ser para siempre rcpresen-
VIAJE A PIE
217
tante por la minoría en el Congreso colombiano. j Qué triste, cuando antes de emerger en la forma fuimos la posibilidad infinita, el amor! Porque somos esa esencia
odiamos el límite formal; porque somos la
esencia existe en nosotros el deseo de tener
todas las facultades de los seres reales '!
posibles. Pero el homhre culto respeta su
límite, acepta la suprema necesidad de la
forma. Y dentro de la forma misma, ¡cuán
rígidos nos vamos haciendo con la vejez!
El esqueleto se va petrificando y se petrifica al mismo tiempo el pensamiento.
iCuán variable éste en el joven!
Pues las filosofías forman parte del fenó.
mena vital y son variables también: son
manifestaciones del hombre por la variación relativa de su forma, ya de unos a
otros, ya de la juventud a la vejez. Y todas
son verdaderas, así como la son las dife·
rentes maneras de caminar en los animales,
dadas sus estructuras. ¿Cuál es la verdadera
flor en un jardín? No; así como todas éstas
son flores, propia cada una de planta determinada, así la concepción de la existencia es producto de la forma a edad espiritual y fisiológica del hombre. Cada clima
y cada régimen de vida tiene su interpre-
218
FERNANDO
GONZÁLEZ
tadón propi;:¡ de la vida: su religión, su
arte, etc. Y nosotros somos metafísicos y
poetas, enamorados
de ti, Ju]ia; afirmamos
que sobre la esencia, amor, se representa
el fenómeno
vida. Consideramos
a ésta
como una representación
perpetua y creemos que somos actores de] gran drama.
Esta filosofía conservará por algún tiempo
]a agilidad juvenil de nuestro espíritu, y
lo miraremos todo con deleite, hasta que
]a petrificación
ósea nos impida toda variación espiritual.
Entonces,
tú, Afrodita,
1íbranos de ]a carne dura, de la carne inmunda y vuélvenos a tu esencia.
Es nuestro propósito
que la obra y expresión de nuestro vivir de cada instante
quede agradable
y efímera.
j Odiamos
]a
seriedad! Todo sonríe y es efímero, menos
el hombre gordo.
El estilo y e] pensamiento deben ser variables, efímeros, como
la telaraña, que es todo la fenoménico.
¿Qué es la vida de un hombre comparada
con la de ]a especie homo sapiens? ¿Y ésta,
ante la duración de la tierra? ¿Y el esferoide, en comparación
de las estrellas?
j Cuán
cómicas
las pirámides
egipcias,
cuando desde esta altura se medita acerca
del parpadear
que son veinte mil años!
V!AJE A PIE
219
iPero más cómico es esta catedral de ccmen ta, y mucho más aún un sistema filosófico tomado en serio y con arreos militares de conquista, tal como el sistema escolástico! ¿A qué se parecen los filósofos
sistemáticos? A rumiantes de cuernos temporales que se resistieran a abandonarlos
en la primavera. Pues los sistemas filosóficos son tamhién excreciones del compuesto psicofísico. Hay que abandonarlos
como excreciones. Los hombres somos
agentes del devenir y como tales debemos
ser dóciles.
V
de los nevados, ya en
V illa María, la antigua aldea liberal,
encontramos
a Víctor
Umaña y a Ricardo Rodríguez Mira, 108
hombres del enredo judicial; rejuvenecido
y elegante aquél, el rábula, y éste, cubierto
con su sobretodo antiquísimo, semejante '1
la cubierta de un expediente.
El rábula, el rábula de Marinilla. El tentado de Idumea afirmó que la vida del
hombre sobre la tierra era disciplina o milicia. Para el abogado siempr~ 10 es. Vive
comprobando sus proposiciones, hoy éstas,
mañana las contrarias; es el hombre de la
dialéctica, así como el artillero es el hombre del cañón.
No importa al abogado la verdad, sino
que aparezca como cierta la afirmación
que le encomendaron sus clientes.
Por eso el abogado es el hombre que
OLVIENDO
222
FERNANDO
GONZÁLEZ
maneja los medios de probar; es el titiritero de la certeza, el creador de la verdad.
Un abogado de cuarenta años es Poncio
Pilatos al lado del lavamanos cuando pronunció aquellas palahras con voz cansada:
Quod est veritas?
Se ha distinguido entre ahogado y ráhula, llamando con aquel nombre a Quien
sólo se encarga de la verdad, de lo que llamaba San Agustín id quod est, y dejando
este apelativo para el hombre de recursos
lógicos en cuyos dedos, pegados 3 una
pluma, aparece la verdad creada, el sofisma.
¿Para quién la manzana?
Crear la yerdad es difícil, pues lo es mentir; esto es obra del ingenio; la falacia es
ilusión y se necesita espíritu para dade consistencia.
Aquél, el abogado, es un severo mora·
lista, un dogmático, un vertebrado lento,
y es el rábula aquel hombre inquieto, vivo
e ingenioso, ecuánime, que vende sus pasiones, que simula la ira, la compasión y
el entusiasmo ... j Es que no cree sino en los
recursos lógicos!
¿En dónde se ha visto que dos hombres
se insulten e inmediatamente se abracen?
v rAJE A PIE
223
En los estrados de la justicia. j Es la pantomima de la verdad!
El rábula oscureció, borronó la verdad
y sobre el borrón creó teoría, hipótesis.
Hoy, después de siglos y siglos de rabulismo, el hombre no puede ya cqnocer la
verdad. Se convirtió en mito.
Hace veinte siglos la verdad brilló en las
riberas del Tibcríades, ~n la persona y vida
de Jesucristo. En Betania vivía un pobre
rábula, llamado Judas; siguió a Cristo y la
entregó al Tribunal de los Doctores de la
Ley. Así fué como sucedió que entre el
rábula y el Tribunal Superior mataron la
verdad.
Rodríguez Mira, el Juez perfecto, residuo de la patria liberal. ¿Cuál es la proposición en que se resume el problema? Saber
averiguar esto a cada instante, pues cada
instante del vivir es un problema, es la
que distingue al hombre inteligente.
iCuán difícil enunciar el problema! Cuán
difícil llegar a la afirmación segura: «De tal
modo, que ahora se trata de averiguar
esto ... » La resolución es sencilla; basta concentrar la mente, reunir los datos. aplicarlos.
La mente dispersa enumera, da palos de
l24
FER~A~DO GONZÁLEZ
ciego, analiza este y aquel problema que
no vienen al caso.
El buen Juez cuenta la historia en toda
su esencia; establece Juego las proposiciones que enuncian del modo más corto
los problemas sometidos a su resolución;
cita las leyes que dan contestación a ellos,
y falla. Si hay ley oscura, la interpreta. La
interpretación de la ley oscura es problema
igual a los controvertidos en el juicio, para
efectos de su estudio.
Nada de enumerar hechos inútiles, de razonar inútilmente. Todo clIo quita fuerza
a la evidencia que debe producir el fallo.
«¿Cuál es el problema?» Esta es la perpetua preocupación del buen lógico y del
Juez. Quien ha averiguado cuál sea el problema, ha ganado la partida. Jamás hay
d:scusión acalorada que no provenga de
no haberse determinado el problema. Y
una vez hecho esto, cs pecado mortal salirse de ahí, al discutir o al analizar.
La lógica (palabra que debe escribirse
como la pronunciaba Stendhal: ló-gi-ca), es
el orden en el espíritu. Con lógica se puede
realizar cualquier proyecto. La lógica consiste en obrar de modo que cada acto en·
cierre en sí el efccto apetecido; consiste en
VIAJE A PIE
225
saber determinar cuáles partes componen
un todo, y en qué partes se descompone
un todo. Es el medio de conocer y obrar
que nos suministró Dios para conocer y
obrar aquello que El hace y conoce por
intuición.
El buen lógico tiene su mente a todas
horas como afilada cuchilla; a todas horas
lleva consigo la facultad de hacer cosas
asombrosas. iCuán deliciosas son las horas
en que sentimos nuestra mente ágil como
serpiente! La tristeza del civilizado consiste
en estar abandonado a veces por la agilidad
mental.
Pues en este reino de la justicia, en esta
ciencia de las pruebas judiciales, del derecho civil, de la interpretación de leyes y
actos, es en donde la mente goza más del
poder de la lógica.
Allí, en Villa María, la aldea liberal, saludamos a estos grandes lógicos: Umaña, el
abogado de Marinilla, rejuvenecido, y Rodríguez Mira, el Juez insuperable, abrochado dentro de su sobretodo como un
expediente cosido en su pasta.
15
1. o
DE ENERO DE
1929.
suprema armonía la de la carne
juvenil y el sol de la mañana! La
carne joven, los muslos duros, el
vientre enjuto, el torso más ancho que el vientre y al que la inspiración
dilata ... , iqué armonía suprema forman
este cuerpo desnudo, recién acariciado por
el agua de la ducha en la mañana, y el sol!
Era el primero de enero y descansábamos,
desnudos, bajo el sol. Las ideas emergían
rotundas desde el centro de nuestra carne
y se elevaban hacia el azul del ciclo. i Pobres muchachas traviesas! Este es el vago
indicio de que no somos terrenales. Pero
también el agua, ese elemento manso y
dócil que por su facultad de conformarse
extasiaba a Teresa de Jesús, también el
Q
UÉ
228
FERNANDO
GONZÁLEZ
agua, cuando la acaricia el sol, se eleva;
pero como las ideas, al sentir el frío de la
altura, vuelve a la tierra, al fango.
¿Qué somos? Somos sensibilidad que se
perfecciona. El sentido del tacto es todo
en nosotros; la masa nerviosa se ramifica,
como inmensa raigambre, a través de la
carne y termina en la piel; a ésta llegan los
conductores de la sensación y los de la
emoción; tacto son los nervios óptico, auditivo, olfatorio ... , y especializaciones del
tacto en devenir son la intuición, la adivinación, la telepatía ... Y todo esto está cubierto por la epidermis. Ella es el vestido
de tu divino cuerpo, más agradable que el
vestido de los lirios. querida lectora.
Unicamente este animal que somos está
en posibilidad de percibir la armonía que
forman el universo y su organismo; somos
ya casi organizaciones musicales.
La mano toca e investiga; el resto del
cuerpo siente, recibe. La mano es activa,
se prolonga para tocar, se adelanta a recorrer los objetos, palpándolos, acariciándo~
los con esos dedos cuya envoltura es toda
sensibilidad ... Y sobre todo, la mano tiene
ese dedo pulgar que puede dirigirse en
todos sentidos, que abraza los objetos y
VIAJE A PIE
229
los aprieta contra la palma y contra los
otros dedos para saborear mejor.
El resto de la piel es femenino, pasivo,
en la sensibilidad. En esta mañana de sol
nuestra piel abre los poros a la caricia del
padre de la vida y tiembla de sensualidad.
Sí; es completamente mujer esta sensibilidad de la piel. Bajo el sol hemos sido hembras poseídas. Los poros abiertos, bocas
suplicantes, reciben la caricia, se mueren
de placer como las mujeres. RECIBEN. Hemos encontrado, hemos vivido la definición de la femenino: existe cuando el placer
está en recibir. La virilidad está en la caricia activa, en la acción. Por eso Eva no
fué culpable, y no la es ninguna mujer, y
todas pueden decir: NADA HICE. La mano
que se alarga, toca, empuja y tira, nos ha
hecho conocer la esencia de la varonil. Y
la piel que se estremece y se abre para recibir el calor solar, es la hembra. En el
amor, ésta se abre toda como si fuera
labios insaciables, y el cuerpo del hombre,
en el amor, se prolonga todo como mano
inquieta.
El homínido no era cuadrumano, no
pudo serIo. Tampoco pudo, .como el Dia·
blo, tener rabo prensil. Fuimos cuadrúpe-
230
FERNANDO
GO:'/ZÁLEZ
dos, quizá. ¿Pero, qué organismo
puede
renunciar a cuatro manos y a un rabo prensil? Cada especie animal es una entidad,
una posibilidad que se realiza, pero siempre dentro de su forma específica.
Devenimos.
Pero la ciencia abandona al
hombre promcsa, y se preocupa
por el
enferma.
Somas animal en formaciÔn; ci
deber principal dcl Estado debe ser la cría
del hombre. Pero la medicina, por ejemplo, es la ciencia de remcdiar al enfermo,
y no la de superar al sano. La ticrra debe
ser el criadcro del animal hombre. Aquí
tenéis este viejecito que cura a los tísicos
con inyecciones
de aire contra 100 pulmones, porque EL HOMBRE PUEDE VIVIR
CON UN PEDAZO DE PCLMÓN. ¿Por Qué no investiga la manera de triplicar la capacidad
vital? La compasión (no cs otra cosa Que el
padecer las enfermedades
y miserias imaginativamente)
ticnc la culpa; los frustrados
hacen mal, y el primero es causar compasión.
Son las diecinueve del primero de enero
y hemos caído en la negra enervación.
La
energía se agotó; sólo Queda la parte destinada al trabajo del metabolismo
¿Scrí~
que en esta tierra se gastó todo en la con-
VIAJE A PIE
231
servación de nuestro calor vital? Ni siquiera
percibimos nuestra pobreza. Es necesario
salir pronto para la orilla yodada del mar.
Un gran porcentaje de nuestro vivir es
metabolismo; las alegrías y sonrisas son pequeñas exhalaciones en la noche oscura de
esta masa de carne. Somos un animal en
formación; apenas si hemos sobrepasado al
venerable antecesor nuestro. Deliciosos
tiempos aquellos que vendrán, cuando no
sea verdadera la sentencia de Descartes
acerca de que los libros son los pocos instantes buenos de los mejo-res hombres. Esta
facultad de pensar es apenas un esbozo.
Para el pensamiento hay únicamente la
energía que sobra después del consumo
orgánico. Casi nada y casi nunca sobra. El
pensamiento es un lujo aún, una función
novísima en el reino animal. Cuando
nuestros conciudadanos, por ejemplo, se
ponen a pensar, producen un sonido de
cerrojo oxidado.
El Pensador, de Rodin, piensa con los bíceps y con los músculos todos; para pensar
hay que inhibir casi todo el sistema nervioso; cesa la energía de la digestión; los
riñones dejan de filtrar; todo el organismo
está incómodo como en casa ajena. Es
232
FERNANDO
GONZÁLEZ
aún tan impropia de la especie humana
esta función, Que produce dilataciones vio.
lentas de las arterias cerebrales, várices,
aneurismas, dispepsias. Quien se haya dado
a pensar (y en ochenta años pensará a la
sumo cuatro), termina en una constante
cefalalgia, como le ha pasado al señor
Ramón y Cajal. Las funciones verdaderas
del hombre, tales como respirar y caminar,
mientras más ejercidas, mejor. j Pero pensar! No se puede pensar después de comer.
Pensar es casi un vicio ...
¿Por Qué es más hermosa específica.
mente la mujer? Porque hasta ahora no ha
tenido Que pensar y el pensamiento no ha
retorcido su cuerpo. Por eso mismo todos
los buenos mozos, hasta aquel Alcibíades,
son semi-idiotas. j Cuán feo es el pensador!
j Cuán feo era Sócrates, el prototipo
del
pensador, el hombre Que vivió pensando
en los arrabales de Atenas!
Es admirable la nuevo Que es el pensamiento en ci hombre; la poca energía vital
de la especie hamo sapiens es suficiente
únicamente para mantener la posición bípeda y para el metabolismo; cuando disminuye la energía vital, el hombre tiende
a agacharse hacia la posición cuadrúpeda.
VIAJE A PIE
233
Casi todos los colombianos de hoy están
desplomados, ya casi forman un ángulo
recto ron las caderas; falta únicamente que
estiren los brazos, se atrofien los carpos y
metacarpos, y tendremos la figura del venerable padre el homínido. ¿Quién, si no
un homínido peludo es este señor José Vicente Concha que está ahora arrodillado
ante el Santo Padre esperando que la llamen a pastorear el rebaño colombiano?
La poca energía vital de la especie no
permite aún razonar; se hunde el pecho,
los músculos se aflojan y cesa hasta el deseo de la procreación.
Pero vendrá el hombre pensador; los
hombres de hoy, hijos del homínido, serán
los ascendientes del pensador; ya se está
ensayando esta facultad. Vendrá el pensador, así como se afirmó la posición bípeda.
j y qué hermoso será el hombre del futuro,
el que pensará naturalmente, ci que no
tendrá que adoptar para ello la posición
de esfuerzo en la escultura de Rodin.
¿Hacia qué forma definitiva tiende la
fuerza vital en el hamo sapiens? Misterio.
De las especies animales la más nueva y
más imperfecta aún es el hombre. Es la
único que sabemos. Un cangrejo es la per-
234
FERNANDO
GONZÁLEZ
fección formal de su vis vitœ. Pero nosotros tenemos funciones en desarrollo y
somos el primer modelo de una futura
máquina. Todo en nosotros se enreda y
contradice. Adoramos a Dios y Queremos
al Diablo; cantamos al espíritu y espiritualizamos la carne; lloramos y reimos y no
sabemos hacia dónde vamos. El Diahlo
es más perfecto que nosotros; evolucionó
más rápidamente. La causa estuvo en el
rabo prensil. j Cuán lejos estaría ci hombre
con ese órgano, superior a la mano!
Por eso es tan déhil la razón. El homhre,
por ejemplo, es malicioso por naturaleza,
y por eso la astucia del campesino vence
a la razón del estudioso, según hermosa
frase de Stendhal.
E
Suroeste colombiano. Sostienen
los grandes economistas y filósofos
de esta Colombia conservadora
que la vida se dirigirá al Pacífico ahora Que
en mil novecientos veintiocho se logró hacer una salida al mar.
¿Quiénes son esos grandes filósofos y
economistas? Cuatro o cinco funcionarios
y los Profesores de las Escuelas de Derecho, cuyó título para ello, para ser Profesores, fué el haber comulgado trescientas
sesenta y siete veces y media en el año ...
Así se gradl¡an nuestros conciudadanos. Y
la Presidencia de la República, ¿cómo se
adquiere? No revelaremos el secreto; ¿por
qué queréis saber\o todo fácilmente? Leed
la vida y milagros de los señores José Vicente Concha, Marco Fidel Suárez y de
aquel gran general, barbado a ratos, aquel
L
236
FERNANDO
GONZÁLEZ
simpático general Pedro Nel Ospina. Leed
sus vidas.
Sí; la vida se dirige al mar Pacífico.
iQué fenómeno social! Se rompió el dique
que mantenía los espíritus estancados en la
ciénaga política. Vimos muchos colomhianos que ihan a conocer ci mar y a hañarse en sus aguas. Era una romería de empleados púhlicos. ¿Por qué tantos funcio·
narios? Nosotros lo somos. Las aguas de
Buenaventura son más salohres que el resto
del Océano desde que se terminó la vía
que conduce a Bogotá. Es que siete millones de hombres públicos han ido a bañarse allí, después de un largo encierro en
esta casa de ejercicios.
Nosotros íbamos enervados; unos cinco
jovenzuelos, sin juventud característica: esa
era la compañía mientras el tren hajaba
hacia el valle del Cauca por la orilla de los
ríos que están ocupados en lamer las alturas del Ruiz, el Santa Isabel y el Cisne.
Esta orilla occidental de América es nueva
en la tierra; los ríos no han podido formar
aún grandes playas riberanas al mar. Es
joven nuestra América. Pero estos jovenzuelos no son jóvenes; espermatozoides de
español o de indio en óvulos de negra. Son
VIAJE A PIE
237
vísceras enfermas; el soplo de la boca divina de Jehová parece que no hubiera alcanzado para ellos. Es la desgracia de los
pueblos primitivos que vinieron a la vida
civilizada en momentos en que el mundo
se unificaba: Se encuentran, sin haber devenido, sin haber pasado por las metamorfosis, sin haber tenido tiempo de desarrollar sus posibilidades, en medio de los gustos, vicios y costumbres de los pueblos
ricos y ya en decadencia. ¿Qué han aprendido los primitivos de los europeos? Eso se
preguntaba Federico Nietzsche. Lo malo
únicamente, el alcohol, el lujo, la exasperación sexual. La religión cristiana, por
ejemplo, esa insuperable religión de Cristo,
ien qué monstruosidad la han convertido
los zambos americanos! La han injertado
en la madera seca de las mesas de votación,
las mesas e1eccionarias; la injertaron a las
urnas, a esos depósitos de democracia ... ¿Y
qué flor y qué fruto ha producido el injerto? A García Moreno. prototipo del
cristiano de Sur América, y a ese otro
monstruo, Plutarco Elías Calles, prototipo del irreligioso. No podemos contener
nuestra indignación al saber que se ha comparado a este señor Calles con el fruto más
238
FERNANDO
GONZÁLEZ
jugoso del árbol de la vida, con Nerón,
con César Aenobarbus.
i Qué artista perdió
el mundo cuando Epafrodita
hundió el puñal en la garganta de Aenobarbus!
Pero la gran tristeza es nuestra Colombia de hoy, que ya no tiene energía siquiera
para producir revolucionarios.
Vivimos en
una paz cadavérica. Méjico tiene energías
inciviles, pero al fin energías. En nuestra
patria todo, hasta la enerMa vital, se ]a
roban los santones gordos y avarientos que
~miten treinta mil votos y que moran a
orillas de] río Aburd;
tienen agarrado e]
reino de los ciclos, y para que éste no se
escape de allí han establecido
]a en dogamia. Su oración vespertina
es: «Unicamente en Medellín se puede criar familia.»
T
AMBIÉN iba con nosotros un SABIO
ALEMÁN. Alemania ha impuesto el
tipo del sabio, así como lo impuso
Grecia en los tiempos anti~uos. i Qué diferencia entre estos sabios alemanes y el
tipo grie~o! Este era el hombre que se había libertado de las pasiones, el que había
dejado atrás la fenoménico y vivía una
vida sustancial, fuera del tiempo, como los
dioses. El sabio alemán, el sabio de esta
civilización de cocina que tenemos desde
la Revolución Francesa, es un devorador
de hechos, es un almacén de datos, es una
cartera de apuntes, es unos anteojos, detrás
de los cuales está una fisiología enferma.
i Cuán feo es el sabio moderno! Es que
estamos en los tiempos en que reunimos
los datos, en el siglo del análisis; los antiguos se apresuraron a sintetizar, sin haber
reunido los elementos necesarios. En la
240
}<'ERNANDO GONZÁLEZ
vida de la ciencia se observan períodos de
síntesis y períodos de análisis; cree el hombre haber analizado suficientemente el universo y emite entonces una síntesis; luego
advierte que su creación es deforme y se
lanza nuevamente a analizar, con ansia
devoradora. Desde la Revolución Francesa los ojos se han gastado entornándose
en la extremidad del tubo ampliador del
microscopio; los oídos se han perdido, y lo
mismo todos los sentidos, a causa de esa
parálisis fisiológica que produce el acto de
observar atentamente. El sabio moderno
no es aquel que dominaba a los hombres
con ci poder de su energía: es un enfermo,
dispéptico, miope, duro de oído, varicoso,
barrigón; es la figura del cocinero. Este no
es el sabio. Será el peón de la ciencia; el
sabio será aquel hombre sintetizador que
vendrá después de este período de aná·
lisis.
La cmbriología. la sistemática, la filo·
genia, esa belleza recién nacida que se
llama la biología, ¿qué son sino un número monstruoso de hechos desarticulados? ¿Quién será capaz de sintetizar los
innumerables hechos que componen
el
bagaje de la sabiduría moderna? ¿Quién
VIAJE A PIE
241
podrá extraer de ese libro de datos una explicación de la vida, de la muerte, de los
anhelos e intuiciones del hombre? Cada
ciencia es una reunión de hechos dispersos.
¿Hay una fuerza vital? ¿La vida es un Quimismo? El vitalismo, el Quimismo, el finalismo, todo lo trascendental es hipótesis;
todas las explicaciones últimas son hipótesis, propias para dirigir el ojo miope del
sabio, pero nada más.
¿Qué influencia social puede tener este
sabio Que sólo trae la duda? ¿Qué influencia puede tener sobre el moribundo? De
aquí la inferioridad de este pobre sabio humilde ante el fastuoso, sano e imponente
Santón. El Santón domina y dominará, dirige y dirigirá las sociedades y los individuos, porque tiene en su poder una contestación para todas las preguntas supremas,
contestación que le ha sido revelada por
Dios, contestación Que está fuera de la
ciencia. j Cómo desprecia el Santo a la
ciencia! «Yo SOY LA VERDAD.» La ciencia
no puede ofrecer sino hipótesis débiles, y
por eso es despreciada y ofendida por el
Santo, por todos, por el hombre, pobre
caña mecida por el huracán del miedo a
la putrefacción, a la muerte elemental. El
lG
242
FERNANDO
GONZÁŒl
Santón será por muchos siglos la columna
del orden. Médicos, psicólogos, químicos,
biólogos, en sus instantes de miedo ante
el enigma que han pretendido
violar, caen
arrodillados
ante ci Santón, que, con voz
ahuecada y la mano sobre sus cabezas, dice:
«Yo te absuelvo, hijo mío.» En verdad que
el único papel digno de ser ambicionado
desde que se implantó
la democracia,
es
el de estos hombres que tienen
en sus
manos, guardadas
dentro de las mangas
amplias de sus hábitos oscuros, las llaves.
El sacerdote, sin esfuerzo alguno, sin ha·
ber tenido que investigar, afirma cuál sea
la causa de las causas; de vez en cuando,
más bien por adorno oratorio, enumera algunos hechos comprohados
por la ciencia
para reforzar sus afirmaciones.
Pero, en
verdad, a él nada le importa la ciencia.
El sabio de hoy gasta su vida observando
un solo hecho, a tres a la sumo, para concluir que el sabio de ayer no tenía razón al
atribuir tal causa a ese hecho. Nos dijo el
paciente Fabre que la Sphe.r:, guiada por
el instinto, hundía su aguijón en los centros nerviosos de los grillos, para paralizarlos, sin darles muerte, con el fin de que
sirvieran de al imento a sus larvas. Y el se-
VIAJE A PIE
243
ñor Marchal, una vez que hubo muerto el
gran sabio, averiguó que no había tal certero instinto y que no había tal amor maternal; que 8i el aguijón hería los centros
nerviosos era porque sólo allí podía herir,
debido a la forma del cuerpo de la presa.
Indudablemente
que la ciencia está
inerme ante el Santón. Moriremos de rodillas como Montaigne ...
En companla de esas juventudes enfermas y de este sabio recorrimos el Quindío,
la tierra prometida que encontró la raza
antioqueña después de muchos años de
ayunar en sus áridas montañas. Los montañeros de Abejorral y de Pácora entraron
hace poco allí con la ropa envuelta en un
pañuelo atado al hombro. El que desee
asistir a la metamorfosis del pobre campesino antioqueño en millonario, vaya inmediatamente a la Hoya del Quindío; la
próxima generación será de doctores, graduados, o sea, aIcoholizados, en Bogotá;
estos campesinos están aprendiendo inglé5
y ya fueron a Panamá y a Lourdes. En el
Quindío se efectúa la transformación rá-
244
FERNANDO GO~ZÁLEZ
pida que se efectuó en el oeste yanqui. POI
eso son teatrales y externos. Los salones
son lujosos y las cocinas sucias. Las mujeres
se visten de seda, pero ... nada podemos
afirmar: i fuimos de una castidad hermética!
E
Armenia recibimos telegrama de
que habia muerto Etelberto, nuestro colega judicial. ¿Por qué escribimos su nombre con letra parecida a la
suya?
iCuán efímeros somos! Nosotros nacimos para predicadores; nuestras reacciones
son de predicadores. Al leer el telegrama,
pensamos: Si el sujeto es efímero, todo
predicado de él lo será igualmente o más.
¿Qué buscamos, entonces? ¿Para qué buscamos? iAy, querida Julia, sentimos los
viejos anhelos místicos! No esperes de nosotros definiciones de la vida, resoluciones
de problemas; nosotros jamás pudimos en
la clase de álgebra, a pesar de las insinuaciones de la rama de bambú de nuestro
maestro, encontrar una sola equis; el padre
Torres sostenía que nosotros éramos absolutamente incapaces de encontrar el término
N
246
FERNANDO
GONZÁLEZ
desconocido.
Además, querida Julia, nada
nos están pagando por resolver los problemas de la humanidad;
siempre hemos sido
discípulos, hasta en el amor, en esto m(¡s
que en todo. ¿Que nos contradccimos?
l,a
que pasa es quc nuestro interior es un hervidero de contradicciones.
A Etclherto,
Baca alegre y sereno, un
cáncer le devoró la lengua ... ¿Qué nos importa ya, ante este hecho desastroso, que
el hombre sca una promesa? ¿.Qué nos importa tu cuerpo, Julia? El cuerpo de Etelberto sufre ahora la muerte elemental entre
el ataúd que es más lar~o, un poco más
largo que él, y gordo, en donde queda ci
vientre. Cuando morimos nos dan casa en
que el vientre es el rey.
Ante ci cadáver tencmos miedo de estar
solos. ¿En dónde está el héroe, el que no
sea sociable? Nos sentimos solos ahora porque con la muerte de Etelberto está en el
campo de nuestra conciencia el problema
de la disolución.
Mientras
más viejos
somos, más temerosos.
El niño no tiene
miedo porque el racimo humano a que pertenece está completo. Las muertes nos hacen sentir la soledad, y ésta es aterradora
para este animal sociable.
¿Qué somos?
VIAJE A PIE
247
Bien en verdad somos 10 fenorné"nico; somos la cara, los brazos, el tronco y las
piernas. Y como vemos Que eso envejece,
Que los tejidos diferenciales se van atrofiando y los reemplaza el conjuntivo, ese
manjar agradable del gusano, Que todo se
pudre en una bóveda en perfecta oscuridad
y soledad, .. temblamos de pavor.
Reconcentrados durante una noche en
aquella Armenia juvenil Que sólo piensa en
el dinero y en la alegría, compusimos nuestro mejor canto:
Jesús es el camino; Jesús que triunfó de
lo fenoménico.
¿Quién otro ha vencido a la muerte?
Esos pobres campesinos de Galilea no pudieron inventar la resurrección de Jesús y
sus conversaciones de resucitado.
¿Cuándo será Que arrojemos de la con·
ciencia la idea nítida de Que somos el
cuerpo y la pasión, la memoria y el pensamiento? ¿Cuándo será que pasemos a otro
plano de conciencia en Que percibamos el
ego como una entidad? Hoy nos parece
imposible; somos mucha carne y osamenta;
el cerebro es una proporción ínfima ...
Nuestro plano de conciencia es aún muy
inferior. Dice: Cuando no sudemos, cuando
248
FERNANDO
GONZÁLEZ
no deseemos la mujer ajena, ese colchón
de tejido adiposo, tan tentador, ya no seremos ...
¿Sería verdad que Jesús venció lo fenoménico? ¿Sería verdad que Jesús no era su
cara judía y su cuerpo virgen?
El día en que cI hombre sienta que no
es accidente; cuando perciha esto de modo
natural, así como de modo natural percihe
hoy que es los atributos,
el vientre y el
cerehro, estará en capacidad
de soledad,
no será ya un animal; será, con relación a
nosotros, la que ci miriápodo
es respecto
al hombre. Se llamad: EL ESE~CIAL.
¿Quién superior
a Jesús? Vivió como
eterno; fué quien consideró la forma corporal como accidente, fué el SUPERADOR.
i Nada de Siddharta Gautama, ni de Sócrates, ni de Confucio! Jesús fué el primero
que venció a la muerte.
Nosotros, Etelberto,
aun sentimos Que al
morir nos pudriremos
y queremos
estar
con nuestros parientes y conciudadanos
en
la bóveda. j Es que el soplo divino es muy
escaso! Pero el día en que logremos per~
cibir que fué natural que Jesucristo resucitara y se fuera para el PADRE, ÉL, un yo,
camhiaremos
nuestro título de ciudadanos
VIAJE A PIE
del universo por ci de ciudadanos
inespacial.
249
de lo
Se desliza el tren por el Valle del Cauca
ardoroso y todo surgimiento. Surgen altas
las ceibas, los pÍsamos, las palmeras y las
gramíneas; surgen altas, pletóricas de jugo
vital y tentadoras como el calidissimus serpens bíblico, estas negras tan hermosas, y
surge alta también y se dilata el ansia de
vivir eterna, pero fjsioló~icamente. Nuestra
alma no quiere abandonar la tierra, no se
siente ahora atraída por nada extrauniverso.
Es una perfecta armonía nuestro cuerpo
en este ambiente. El espíritu se ha unificado con el cuerpo y con la tierra: todo es
una unidad; no hay contradicción en nosotros; somos tan armoniosos como el
amibo. el unicelular. Este Valle del Cauca
es nuestro ambiente propio. Ni siquiera
percibimos que la tierra es pesada; tan
grande es la armonía que desapareció hasta
la conciencia. que no es otra cosa que la
percepción de contradicciones y roces. El
que está en su medio propio, nada percibe;
la felicidad verdadera es negativa. El Ser
250
FERNANDO
GONZÁLEZ
perfectamente
natural es completamente
inconsciente y feliz.
Este Valle sensual del Cauca se extiende
ilimitado al sur entre dos cordilleras laterales poco elevadas; el tren recorre una
recta bordeada de guaduales, cacaotales ~
inmensas praderas; en las casas de las dehesas se ven tirados en el sucio, adormecidos
por el calor, esos negros ùe voz triste. dar.
milones y de alma hermética, para Quienes
en la tierra no existe sino la palmera; sus
mujeres son palmeras; se les pregunta por
el nomhre de los árholes y contestan: «Eso
es una palmera.»
La negra lustral de ese Valle nos tentó.
El Diahlo nos susurraba
al oído: «Sólo
hundir los dedos en esa carne dura y luego
retirar\os
para percihir cómo resurge, se
devuelve; únicamente acariciar esa piel V1vísima, correr la palma de la mano y las
yemas de los dedos por las curvas.»
¿Cómo defendemos?
La hiología
fué
nuestro escudo. La regeneración, por ejemplo el lagarto
que reproduce
su cola
cuando la ha perdido, es el mismo fenómeno de la generación.
Podemos reproducimos
en nosotros
mismos,
regenerán.
donas, a gastar la energía en la formación
VIAJE A PIE
251
ùe otro ser. O damos la fuerza a otro (altruísmo) o nos autoengendramos ... Y nosotros, que somos los ansiosos de la eternidad de nuestro organismo, los supremos
egoístas, ¿cómo caer en la tentación? La
biología, esta hermosa cicncia de la vida,
nos libró de la tentadora negra del Valle
del Cauca ...
El hombre, el yo, la facultad de pensar,
el sentimiento de la alegría, todo es una
sinergia. Este número inmenso de células
que forman el cuerpo, esta multitud de
órganos diferentes, cooperan para formar
la síntesis que expresamos con el término
)'0. y son tantos los órganos, tantas las funciones en el animal superior, que ci equilibrio se rompe fácilmente. El amibo, csc
ser unicclular, icuán feliz es! No se ha
complicado, es uno y nunca mucre. Su
cuerpo se divide en dos y así se multiplica.
Nosotros, los animales pluricelulares, morimos, o sea, se acaba la sinergia. Lo único
que muere en ci universo es lo compuesto;
los elementos no mueren. Desde pequeños
le hemos tenido envidia al amibo. Esa su
eternidad ... , iqué poema más emocionante
para nosotros, atormentados por la tumba!
La vejez es la disminución de la sinergia;
252
FERNANDO GO~ZÁLEZ
los tejidos
diferenciales
van degenerando
en tejido conjuntiva.
Las
glándulas se atrofian y no secretan las sustancias incitadoras.
De ahí nuestro entusiasmo obsedante
por la castidad de ojos
firmes y de arco tenso. El miedo a la
muerte nos aleja de la generación hacia la
regeneración.
j Somos los supremos
egoístas! ¿Qué importan al místico Que somos la
sociedad, los problemas gregarios? Sociología, Derecho
Público ... A nosotros, filósofos del pánico, ansiosos de la perpetuidad
de la carne, sólo nos preocupan la Fisiología, el libro de los contratos en el Código
Civil, la Biología ... Queremos
ser castos
a causa de la eternidad y para ser siempre
los deseadores de ti. Julia, del océano vivificante, de la atmósfera conductora
de las
corrientes de energía sideral. ..
y convirtiéndose
A
espeso y caliente. Estamos
adormecidos y pletóricos en esta
inmensa tierra que el río Cauca
aplanó en siglos de correr. Para nosotros es
ya todo vegetación, así como para cI negro
caucano todo es una palmera. Somos árboles sembrados en la tierra y en el ambiente. Las ideas son la savia que circuló en
forma de emoción por la raigambre de los
nervios y fructificó. Nos vimos nítidamente
como árboles, como vegetaciones de nuestra tierra. j Qué buen concepto de patria!
y nuestro planeta es otra vegetación de los
espacios. El minúsculo parásito de nuestro
cuerpo no sabe que vive en un organismo,
y así somos nosotros en la esfera y la estera
en el espacio. Pero nuestras raíces están
especialmente en un espacio limitado. Vimos un árbol inmenso; sus raíces penetraban en gran red en la tierra desde el Orinoca al Pacífico y desde el Caribe al AmaIRE
254
FERNANDO
GONZÁLEZ
zonas ... Pero colgados de sus ramas vimos
también un gran número de titís, monos
americanos,
que hacían una cosa inmunda
en el árbol, y el árbol se marchitaba.
El
niño que sale del vientre lanza un grito de
dolor o de alegría (aun no se ha averi.
guado), da un puntapié en el muslo materno y remueve la cabeza con la gracia de
los movimientos
completamente
animales
en busca de la teta. j Cómo quiere a su
madre!
i Este es amor, la atracción
del
conjunto
celular sediento
y hambriento!
Pero los americanos,
los titís, al nacer hi·
cieron una cosa inmunda con sus padres.
Consideremos
aquel día en que recién nacidos quisieron
asesinar al señor Bolívar,
durante una noche de amor. j Cuán grande
fué Bolívar! j Dar vida a estas gentes! j Sa.
cal' chispas de heroísmo de esta sub-raza!
Estamos sembrados a la patria y sus jugos deben nutrimos. I,a grandeza no es posible sino absorbiendo la de la tierra. ¿Qué
importan
culturas extrañas? Pero en Colombia comemos lo que producen
otros
suelos, importamos
qué leer y quien nos
preste dinero y nos lo gaste, y también
importamos
quien nos enseñe la biografía
de Bolívar.
E
Cali fuimos a parar a la casa de
un pelabolsillos italiano, en la cual
es maestro de ceremonias Bolaños,
un zambo suramericano.
Eran los días de las Olimpiadas
y la
pieza donde nos hospedamos estaba recién
deshabitada por una conciudadana
de Anatole France, experta en amor, introducida
por el Canal de Panamá, en brazos de los
peones yanquis. i Oué cosa tan vulgar es
un yanqui; no tiene siquiera,
cuando es
perverso,
la espiritualidad
del latino; es
como los animales que se han pervertido
en la casa del hombre: perversidad pura!
«La señora decía que ese autor es inmortal», expresó Bolaños al retirar de la mesa
un volumen pornográfico.
i La inmortalidad! i Qué concepto tenemos de ella! ¡Ay,
amigo Bolaños, qué inmundicia
es la inmortalidad!
Es unas páginas que sirven de
N
256
FERNANDO
GOi'JZÁLEZ
acicate a de hormón a las venus expertas,
sobre las cuales derraman su entusiasmo los
poetas ebrios; páginas que sirven de estío
mulo a los metafísicos como nosotros para
confeccionar cinco frases acerca de la vida,
Somos, en verdad, la especie más detes·
table. i Qué asco nosotros mismos! ¡Qué
masa de miedo, de vanidad y de sudor es
el hombre! I,a grandeza no se encuentra en
la vida ni en la historia, sino en las biografías que fabrican los parientes a los amigos
íntimos del difunto ...
Amigo Bolaños: Venimos de lejos y podemos afirmar que no hay ninguna inmortalidad; hasta ahora creíamos que el unicelular era inmortal;
pero últimamente
hemos leído que también estos seres interesantes, aislados en un cultivo, degeneran y
mueren. Venimos en busca de la inmortalidad y no la hemos encontrado.
¿Qué hallamos? Lo mismo que Francisco de Quevedo en Roma, la tierra de los santos inmortales: putas y putas. Eso es todo, desde
la materia amorfa hasta el señor que escribió cse libro. Este cuarto huele a eso, el
cuarto que nos proporcionó
el Mussolini
que cobra antes de entregar las llaves «porque ya otros doctores se fuercn sin pa~an).
VIAJE A PŒ
257
Robos, asesinatos, vanidad, exasperaclOn
sexual; ése es el hombre de enero de mil
novecientos veintinueve, igual a la que fué
en el año uno de su historia.
¿Qué se ve, querido Bolaños, en esta ciudad en fiesta? La sociabilidad nos pierde al
crear las ciudades, así como fué el origen
de todo progreso. ¿No cree usted que la
ciudad sensual es nuestra ruina? ¿Ve usted
ojos interesantes o mandíbulas fuertes? El
hombre del sexo no podrá ser el padre de!
pensador. Sólo un pueblo frío y casto es
una promesa y nosotros nos hemos con·
vertido en el mercado de la pornografía
yanqui, francesa y española: películas y novelas. Nuestra juventud tiene ojos, cabezas
y extremidades de niños pervertidos.
iCuán sabroso es predicar! Le envidiamos a Salomón ese título de Eclesiastés.
Pero Bolaños bajó de nuestro cuarto agradecido por la moneda que le regalamos;
gozaba más con ella que con nuestras ideas.
Así es Colombia: aquí el que da a luz algo
bueno, queda completamente virgen. Pero
si se le hace un soneto al Nuncio del Santo
Padre, al gran elector, colocan al poeta en
la Legación de París.
«Pero en América hay grandes escritores
ti
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FERNANDO
GONZÁLEZ
y artistas ... » Esto insinuaba BoJaños, poeta
bogotano, cuando fué a cambiar las sábanas que habían envuelto y acariciado el
marmóreo cuerpo de nuestra antecesora.
Lo primero que hizo el hombre cuando
de su masa animal se desprendió, especializada, la facultad
de conocer, de in.
ducir y deducir
fué, amigo Bolafias, compara r.
Comparando
principió a agrupar los seres. Para
expresarse a sus
descend ien tes,
movido por el deseo de perdurar, escribió.
¿Cómo escribió? En las paredes de sus
cuevas y en astas de reno, con caracteres
pictóricos y jeroglíficos. Imaginémonos
uno de aquellos primitivos, un Bolaños cuatemario, con un asta de reno en la mano,
diciéndole a su huésped: «Este libro es in·
mortal; aquí está definida la vida y la
muerte.» Esto en el continente Eurasiático,
pues aquí, en Sur América, los primitivos,
que aun viven, escriben en las paredes de
los excusados y en los puentes. Esas obras,
VIAJE A PIE
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querido Bolaños, también son inmortales.
¿Qué diferencia hay, sustancialmente, entre
la obra que dice: El que fía es un marrano,
y la que' dice: Todo animal 'Viene de un
huevo? iTodos somos inmortales!
La pictografía descriptiva. La metáfora.
El reino intelectual del primitivo es la me·
táfora. La comparación es el método inicial de la mente; es el primer paso para Ile.
gar a la Esencia. El Oriente tiene fama de
.ser metafórico en su lenguaje; pero no hay
tal; fué metafórico porque aIlí fué, según
parece, el lugar en donde se iluminó primero la carne del hombre.
Cuando teníamos doce años y comenzamos a agacilarnos sobre la filosofía moderna para buscar en ella esos animales re·
pugnantes que se Ilaman ~ofismas, según
hermosa expresión del padre Garcés, nos
dijo nuestro maestro: «La metáfora es la
madre del sofisma; no filosoféis con me.
táforas.»
Para nosotros, que pertenecemos a los
amigos de la verdad-amicus
Plato, sed
magis arnica 'Veritas-, la metáfora es una
indecencia, y por eso al dar principio al
viaje adjetivamos duramente a las emociones artísticas. Pues bien: la literatura
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FERNANDO
GONZÁLEZ
americana es hojarasca metafórica. Nuestro
continente es muy nuevo. Escuchad a
Briand o a Lloyd George. Todo es ideas
desnudas.
Nosotros somos jesuítas; los años de
nuestra formación los vivimos en busca de
sofismas, hasta ci punto de que el doctor
Quevedo (Tomás) dijo, cuando examinaba
a uno de nosotros a causa de la estrechez
pectoral: «Si este joven no abandona su
odio por el sofisma, llegará a ser santo,
pero morirá muy pronto.» iEs curioso! El
hombre que se deja arrastrar por el sofisma
está gordo y su vida tcrrenal transcurre
agradablemente. Durante dos años refutamos todos los argumentos sofísticos que se
han inventado contra esa hermosa composición de los seres: «Materia prima y forma
sustancial.» Hay diez mil ochocientos tres
argumentos en contra de esta mixtura, )r
todos ticnen su origen en viles metáforas.
¡El arte! iLa literatura!
i Eso es pura
metáfora!
¿Qué hizo Sócrates? Cogió uno por uno
a los sofistas y los convenció, en forma dialogada, de que sus afirmaciones nacían de
metáforas, la cual cquÏ\'alía en Grecia a un
V IAJE A PIE
261
insulto. Por eso Anytus y Meletus lo acusaron.
El efecto más terrible es el de la metáfora oratoria: hipnotiza; descompone el
complejo psíquico. ¡Aplausos!
El hombre jesuíta no goza sino con tres
cosas, a saber: las tres proposiciones del
silogismo; la mayor, la menor y la conse·
cuencia. El que conozca las leyes· de estos
tres elementos es más poderoso que un ejér.
cito de alemanes. Santo Tomás fué el mago
del silogismo. Cierta vez discutía con un
fraile a quien asaltaban dudas acerca de la
existencia del Diablo. ¿Qué hizo Santo
Tomás? Lanzó las dos premisas, como se
lanza un anzuelo en el río caudaloso; y el
Diablo salió cnapaleando de los infiernos,
aterrador y furioso, casi ahogado por las
premisas mayor y menor: j el Diablo era la
consecuencia! j 1maginaos el susto del incrédulo!
«Una cosa es lo que es y no otra.» Esta
es la piedra madre de la lógica. j Ay, amigo
Bolaños, nuestra juventud jcsuítiça fué una
continua vergüenza a causa de la metáfora! ¿Cómo no la hemos de odiar? Durante toda una noche de insomnio preparábamos un argumento contra la simpli-
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FERNANDO GONZÁLEZ
cidad del alma, contra esa propiedad elástica que tiene el alma humana; la vais a
cortar para dad e a cada órgano su parte,
y ella se encoge sobre sí misma y se desliza
como el pez agarrado con la mano. Decíamos nuestro argumento, y el padre Quirós,
con sonrisa protectora, contestaba: «Distingo la mayor ... ; luego la consecuencia e:l
falsa; ¿el alma se une al cuerpo como principium causans? Acepto ... »
¿Cómo queréis que admiremos la literatura de Sur América, nosotros, los jóvenes
de las premisas lógicas y a quienes la metáfora avergonzó durante años y años? j Qué
pléyade de poetisas y de poetas, para
quienes el sexo está en las flores, en la atmósfera y en la luna! Eso es todo, Bolaños, ilustre poeta bogotano.
B
OLAÑOS.--¿Cómo les. han parecido
las mujeres de Cali?
El Eclesiastés.-Hemos
visto vivir
a Cali en sus fiestas. El hombre, todo ser,
huele a cadaverina, sobre todo cuando
(;stá en multitud. Viviendo vamos muriendo; nuestro organismo es cadáver y
vida; vivir es descomponerse y transformarse. Cuando ci hombre tuvo la boca cerrada mientras oía al orador, hubo mucha
muerte dentro de él, y, apenas la abrió para
comunicamos su emoción, i ésta era un cadáver! Cuando la amada duerme a nuestro
lado y al despertar nos dice su amor ... Nuestra castidad proviene, Bolaños, de motivos
intelectuales y de la muerte. Aun en lo
más vivo percibimos el cadáver. Las tetas
es lo primero que se pudre; el tejido adiposo es un hormón para el hombre en rijo,
y es lo más cadáver. Existe una afinidad
264
FERNANDO
GONZÁLEZ
fatal, o quizá una relación de causa a efecto,
entre la deacomposición y la composición,
entre la putrefacción y la fecundación. Pero
nosotros desde pequeños hemos tenido hi.
perestesia del olfato; desde pequeños in.
tuimos que el amor sexual es la afinidad
que existe entre la vida y la muerte; que
los necróforos no son únicamente esos insectos Que ponen sus huevos sobre cadáveres, sino Que todos la somos. El óvulo
que se separó y va muriendo pide al espermatozoo, y éste tiende al óvulo en descomposición. Todos llevamos los estigmas de
la muerte. Basta considerar que en pocos
años cambian completamente las células orgánicas. Hemos contemplado hoy las cabezas de la juventud, y las ojeras, las cal·
vicies incipientes, preludiaban el esqueleto.
El corion es apenas un velo sobre la podredumbre. Para nosotros el amor festivo
es imposible aquí en este VaIle del Cauca
en donde la actividad vital enérgica hace
evidente que no hay antítesis entre vivir
y morir, entre la cadaverina y el brillo de
los ojos. Toda rareza es hipertrofia de algo
normal en la especie; para algunos la fetidez es un excitante. Somos, en verdad, necróforos.
T
nuestro viaje. Estamos
en la .mar. Es femenina. Hemos
vivido un mcs de vida trascendental. Nuestras cortezas cerebrales están excitadas, desenfrenadas. Yacemos en decúbito
dorsal en las aguas salobres. Aquí perci.
bimos más claramente que la tierra es nuestra madre; Jas olas nos mecen y acarician.
Toda célula, todo organismo está empapado
en el movimiento rítmico y vital; cuando
óvulos, cuando embriones, cuando la multiplicación celular en las .entrañas maternas,
todo nuestro vivir era el palpitar de la
energía en nuestra madre; después, nos
mecía el movimiento del pecho materno
causado por el circular de la vida, y para
dormimos nos balanceaban los brazos de
la madre. Por eso esta alegría en medio de
las aguas vivas del mar es alegría escncial.
ERMINAMOS
266
FERNANDO GONZÁLEZ
Estábamos así desde mucho tiempo
cuando aimas la música de un vientecillo
apacible; allí estaba Dios y nos interrogó
coma a Job:
«Parque Delage, Loeb y Bataillion han
obtenido artificial mente que el óvulo virgen principie a desarrollarse, ¿sabes tú
quién eres?
¿Estabas en los elementos del óvulo?
¿Dónde estaban esos elementos antes de
aparecer?
¿Sabes tú en dónde están tus superhombres, Siddharta Gautama y Gregario
Rasputín?
¿Crees conocer la vida porque separas
animales, vegetales y minerales? ¿No será
la tierra más viva, más orgánica que tú?
¿~o se mueve ella sobre sí misma y al rededor del sol con infinita mayor viveza que
los jugos vitales en tu cuerpo? ¿No se mueven con mayor energía las aguas del mar,
las corrientes magnéticas y eléctricas, las
corrientes subterráneas, el aire atmosférico
que la sangre en tus venas? ¿No crecen más
vivamente las plantas y animales de la tierra que los cabellos en tu cabeza? ¿Crees
que la tierra y que los conjuntos estelares
son inorgánicos?
VIAJE A PIE
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¿De un eolito y de un sílex encontrado
en el fango de hace pocos siglos deduces la
vejez de tu especie? ¿Crees por eso que el
hombre no es el sello mío?
¿Niegas la inmortalidad porque el cadáver no se ríe? ¿Llamas inmortal a aquel
cuyo nombre perdura unos años en las hojas
de los libros?
¿Crees conocerme porque inventaste los
términos infinito y esencial?»
Entonces salimos rápidamente del agua,
nos vestimos avergonzados y murmuramos:
iNo te estrelles, SEÑOR, contra estas débiles cañas! iNo contiendas ni arguyas con
estos pobres animales! Volveremos humildemente a los hombres gordos entre quienes nos pusiste. Eres el Deus absconditus;
eres el que está fuera del metro y fuera del
litro; eres, SEÑOR, quien trasciende del
verbo y del adjetivo, quien es negado
cuando afirmado. Volveremos a Medellín
a ser Jueces; a juzgar la que tú no has juz.
gado, para ganar la subsistencia. Confesamos, SEÑOR, que somos el animal que suda
y que se hunde en la tierra cuando tu voz
le llega, así como la lombriz cuando se levanta el cespedón.
EPÍLOGO
E
L autor
de este libro volvió a Medellín el dieciocho de enero de mil
novecientos veintinueve; volvió a
ti, mujer cercana, lectora cercana; volvió
a tus ojos celestiales, mujer múltiple. Tú la
despediste al partir y habrás de despedirlo
cuando muera. Será un entierro elemental;
sólo tú y los tres hijos; los conciudadanos
estarán enojados ... El autor te suplica que
no vayan allí automóviles llenos de hombres gordos que hablan de la brevedad de
la vida.
Tú, Margarita, que sabes el intenso amor
del autor por su tierra colombiana, por el
aire colombiano, por el Simón Bolívar
solitario de Santa Marta, por el mar terri-
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FERNANDO
GONZÁLEZ
torial, eres la única que puede entender la
finalidad de este libro: Describirle a la juventud la Colombia conservadora de Rafael Núñez; hacer algo para que aparezca
el hombre echado para adelante que azotará a los mercaderes. Para ti es este libro;
tú sabes qué piensa el autor de Nuestro
Señor Jesucristo.
Plaudite amici; comœdia
finita est.
'XL'.B"R'
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..
ACABÓSE DE I\{PRIMIR
EN PARfs,
ESTE LIBRO
y EN LOS ÚLTIMOS
DiAS DEL MES DE OCTUBRE
DE MIL NOVECIENTOS
VEINTINUEVE,
E~
LA IMPRENTA
DE
«LE
LIVRE
LIBRE»
Fly UP