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Significado de la enfermedad y dignidad del enfermo

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Significado de la enfermedad y dignidad del enfermo
SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD Y DIGNIDAD DEL ENFERMO
Dr. Juan Pablo Beca I.
Agosto 2007
La pregunta sobre qué es la enfermedad ha tenido profusas respuestas desde la
perspectiva científica, psicológica, social y cultural. La enfermedad ha sido vista
como desorden del equilibrio natural, como agresión externa, como consecuencia
de estilos de vida, como desgracia y también como castigo. Aunque las miradas
varían según el tipo de enfermedad y sus diferentes expresiones, está claro que las
respuestas son distintas si las formula el médico, el paciente o su familia. Es
evidente que para el enfermo la vivencia profunda no es sólo “tener” una
enfermedad, sino el “ser” enfermo, el hecho de pasar de sano a enfermo con
todas las repercusiones existenciales propias de cada caso1. Como el fin de la
medicina es ayudar al enfermo previniendo la enfermedad, intentando curar,
cuidando al incurable y favoreciendo una muerte en paz, resulta indispensable que
médicos y estudiantes de medicina comprendan en profundidad lo que la
enfermedad representa para el enfermo. Sin embargo la preocupación por el tema
es escasa y las percepciones del médico y del enfermo son diferentes, lo cual
dificulta y distancia su relación.
Los médicos clínicos demoran a veces muchos años para comprender
completamente lo que viven las personas cuando presentan una enfermedad seria,
amenazante de su vida o de su calidad de vida. Con el propósito de encontrar
metodologías para que los estudiantes logren esta comprensión se realizó, en un
grupo de alumnos de medicina, una experiencia en la cual cada estudiante fue
“acompañante” de un enfermo crónico durante dos meses. El enfermo fue de esta
manera un tutor del estudiante para su aprendizaje sobre el significado de la
enfermedad para el paciente y su familia. Los estudiantes no sólo confirmaron
muchos de sus conceptos teóricos previos sino que los hicieron propios a través de
una vivencia. También pudieron conocer cómo los enfermos enfrentan y logran
superar diversas limitaciones de sus capacidades y habilidades. Finalmente los
estudiantes concluyeron que, para que el médico pueda indicar y conducir
adecuadamente el tratamiento de cada enfermo, es necesario conocer bien a la
persona enferma, a su entorno familiar, sus esperanzas y valores2.
Las dimensiones de la enfermedad para quien la padece son muy amplias y
repercuten
de muchas maneras en su vida. Una cosa es sentirse enfermo y otra
es sentir que está amenazada la persona misma, al punto de que posiblemente ya
no será la misma que fue antes. Una enfermedad terminal, o una con riesgo de
muerte o de secuelas, constituye por lo tanto una crisis de toda la persona,
vivencia que se engloba en lo que se concibe como una crisis espiritual. Por eso se
admite que existe una estrecha relación entre espiritualidad y salud, con
terminologías y conceptos no del todo precisos. Existen decenas de definiciones de
espiritualidad que contienen creencias religiosas, sensibilidad artística, emociones,
temores, afectos, relaciones interpersonales y proyectos de vida3. La espiritualidad,
para los creyentes, está relacionada con su fe personal y, desde una mirada
secular, está ligada al “significado” o sentido de cada vida4. Ambas perspectivas
tienen en común un sentido de trascendencia. De tal importancia es esta relación
entre espiritualidad y salud que numerosas facultades de medicina han
incorporado cursos de espiritualidad en sus programas. También se han
establecido, entre las intervenciones de cuidados paliativos, programas de
“cuidado espiritual” que son impartidos por los diversos profesionales del cuidado
y no sólo por capellanes como se podría pensar3. Otra metodología propuesta en
cuidado paliativo es la “terapia de la dignidad”, referida a acciones que tratan con
el enfermo los asuntos que él mismo considera que afectan su dignidad5.
Sólo si se comprende bien el significado de la enfermedad para cada paciente se
podrá indicar los tratamientos adecuados y proporcionados a cada caso, planificar
su cuidado de acuerdo a sus necesidades personales y atender a las necesidades
familiares. De esta manera se estará aliviando el sufrimiento y, para los enfermos
terminales, favoreciendo su muerte en paz. En otras palabras, así se estará
respetando íntegramente su dignidad. Por eso Harvey Chochinov propone en un
artículo reciente que, así como se habla del ABC para la reanimación de pacientes
críticos, se incorpore el concepto del ABC y D para el cuidado de enfermos
terminales o con riesgo de morir1. En este caso el ABC se refiere a actitud,
comportamiento y compasión (Attitude – Behaviour - Compassion), a lo cual
agrega la D de diálogo. Se refiere a “actitud” cercana sin juicios previos ni
intuiciones de parte del profesional, “conductas” concretas que expresen bondad
hacia el paciente, “compasión” como virtud y comprensión de lo que está viviendo
el enfermo y, finalmente, “diálogo” como elemento básico de empatía que permite
conocer al enfermo escuchando lo que él expresa. De esta manera, comprender el
significado de la enfermedad para el enfermo es una condición necesaria para una
buena medicina y la base del respeto a la dignidad de la persona que presenta una
enfermedad.
Para vivir y aplicar el ABC-D propuesto, es necesario un tipo de médico que haya
incorporado, durante su formación y a través de su vida profesional, conceptos de
persona humana y de su dignidad intrínseca, sentido de la medicina como
profesión de ayuda, excelencia científica y virtudes profesionales. Es difícil que
médicos que restringen su acción profesional a lo puramente científico y técnico,
desconociendo
o
postergando
sus
aspectos
humanistas,
logren
respetar
íntegramente la dignidad del enfermo, porque no centrarán sus indicaciones y
actuaciones en lo que es más importante para el enfermo en su vida.
Lo anterior puede ser relativamente fácil de comprender si se trata de enfermos
terminales o en riesgo vital. Sin embargo el deber profesional de respeto a la
dignidad del paciente, así como la necesidad de conocerlo para ajustar los
tratamientos a sus necesidades y posibilidades, es transversal a toda la medicina y
constituye una de las características de la medicina como arte. Más aún, es en la
atención primaria, ejercida por médicos familiares o por especialistas en la
atención ambulatoria, cuando más se debe ejercer una medicina centrada
globalmente en la totalidad de la persona6.
A modo de síntesis se puede afirmar, coincidiendo con lo expresado por los
estudiantes en la investigación citada, que conocer el significado de la enfermedad
para el enfermo y su entorno, es fundamental para ofrecer una buena atención
médica, para lo cual es ineludible enfrentar los aspectos espirituales junto a los
somáticos. Sólo de esta manera se estará respetando íntegramente la dignidad de
la persona enferma.
Referencias
1. Chochinov H. Dignity and the essence of medicine: the A,B,C and D of
dignity conserving care. BMJ 2007; 335: 184-187
2. Ortiz A, Beca JP, Browne F, Salas S, Salas C. Acompañamiento del paciente:
¿una experiencia de aprendizaje sobre el significado de la enfermedad?. IV
Congreso de Educación Médica . Pontificia Universidad católica de Chile,
Julio 2007
3. Chochinov H, Cann BJ. Intervention to Enhance the Spiritual Aspects of
Dying. Journal of Palliative Medicine 2005; 8(S 1):S-103-S-115
4. Frankl VE. El hombre en busca de sentido. Ed. Herder, Barcelona, España,
1991
5. Cochinov HM, Hack T, Hassard T, Kristjanson LJ, McClemment S, Harlos M.
Dignitiy therapy: A Novel Psychotherapeutic Intervention for Patients Near
the End of Life. Journal of Clinical Oncology 2005; 23:5520-5525
6. Safran DG. Defining the Future of Prmary care: What Can We Learn from
Patients? Ann Int Med 2003; 138:248-255
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