...

RAINER WERNER FASSBINDER apenas un par de latidos (25 años)

by user

on
Category: Documents
0

views

Report

Comments

Transcript

RAINER WERNER FASSBINDER apenas un par de latidos (25 años)
RAINER WERNER FASSBINDER
apenas un par de latidos (25 años) después
Hayrabet ALACAHAN
Rainer Werner Fassbinder fue un artista temperamental e inquieto, no
sujeto a escuelas ni a tendencias determinadas, respondió al asunto que lo
motivaba dentro de su íntimo concepto de las cosas sugerentes y determinadas
por el momento emocional. Cumplió consigo mismo, antes que con la materia esa materia que a veces esquiva, pero que también sabe ceder satisfacciones
a quienes la dominen-, estaba tan convencido por la producción imaginada que
jamás miraba para atrás, siempre avanzó con pasos certeros y nunca tomó
descanso en su camino. Al respecto fue muy claro cuando dijo; “Ya dormiré
cuando este muerto...
De cualquier manera... Cuantas cosas que no se ven pero ocurren en
ese lapso en la psiquis de un creador... Aunque sí, se las verá: aflorarán,
conscientemente o no, en su obra. Pocas veces me he planteado esta
reflexión. Se está acostumbrado a valorar determinada obra como si ésta fuese
actual, como si no perteneciese, en cambio, y por partes iguales, tanto al
pasado como al futuro.
Creo que este estar a medias entre la luz “lo que está por delante” y la
sombra “lo que queda por detrás” se alimentan de las raíces de la
permanencia, lo temporal más allá de las medidas del tiempo, lo que no sufre
mudanza.
En un día gris, tormentoso, en tanto contemplaba otra tempestad no
menos sonora, no menos visual, pero mental: la de Fassbinder a través de sus
películas. Recordaba -¿quién es capaz de acallar la memoria?- casi en
totalidad de su obra, en los que sus ideas saturaban a sus fotogramas, decía
prácticamente todo lo que pensaba, sin preocuparse demasiado en los
prejuicios ni en los principios...
25 años (antes o después)... ¿quizás sea la interrogación de que el
tiempo existe o no? Lo más valioso es que nos deje algo en el camino, para el
sentido de nuestra búsqueda...
Con respecto a Fassbinder, ese misterioso discurrir de los días ha sido
con él generoso, ya que ha dejado en sus composiciones visuales, justamente,
una extraña alianza entre materia y misterio, entre dependencia y libertad,
entre el acierto y el error, entre eso que los entendidos definen como homo
faber y homo ludens, sin descartar al imprescindible homo sapiens...
Porque la obra de Fassbinder se halla, ahora más que nunca, inmersa
en clima. Ya se trate de sus argumentos, de sus personajes, de sus actores, de
sus técnicos, de sus adicciones, de sus amores y odios, entre otros –cosas que
lo obsesionaron, y de las que cada vez, siquiera ilusoriamente, se liberaba
mediante la catarsis que significaba: filmar - , de una soledad al desnudo o del
paisaje más caótico que ecologista, tal cual lo que veía él..., reflejos de dos
estados anímicos: de su alma y de su mente. Que se ha vuelto, en su
trayectoria, cada vez más aguda, incansablemente, hacia la interioridad. Con
dicha razón, hoy su obra llega desde muy adentro. Y pensando bien: no tanto
por sus temas (en el fondo, simples accidentes por más que se prefieran unos
antes que otros), sino por la manera según la cual los trataba.
El contrapunto fundamental que debe resolver un director, el de las
opciones, los contrastes e incluso las contradicciones entre la luz y la sombra
que hay en cada escenografía a interpretar, hoy por hoy está en la obra de
Fassbinder alguien que, con instinto, con sensibilidad (sobremanera con esta
última), conocedor de todos sus secretos, poseía, para cada problema, la
solución exacta. Fue un artista, dueño de una mirada vibrante, de una sensible
sustancia con que atrapaba e impregnaba con emulsiones las emociones en
todas sus magnitudes. Fue un artista potente, turbulenta, explosiva: maneras
que eran su modalidad de existir. A través de esas modalidades dejó un estilo
de captar y transmitir sensaciones, estados anímicos, encuentros y
desencuentros, que cautivan en su potencial, que demoran al entorno de él con
entusiasmo y la plenitud, y que constituyen, en esencia, una luminosa y
envidiable actitud ante la vida.
Hizo explorar el mapa del dolor en sus facetas múltiples, -atravesados
por el nervio, incansable, con su mirada desde la mirilla de la cámara- que se
vuelve doliente a quienes hoy miramos sus películas.
En su obra, a medias sumergidas en una densidad trágica, queda lugar
para la poca por no decir nada de esperanza.
La ambivalencia (que en su caso no significa indecisión) retorna, con
una insistencia inusual que exige que se valore como lo que realmente implica:
nuestra dualidad, entre la condición de efímeros de que estamos hechos, y el
fuerte y angustiante llamado a sobrevivirnos, a perdurar, aún a pesar de
nosotros mismos.
En la actualidad, Fassbinder responde, entonces, a la más urgente
pregunta de nuestro tiempo: la del necesario equilibrio entre esencia y
existencia, cuando la primera parece a punto de quebrar en exclusivo interés
de la segunda.
De allí el carácter melancólico, y hasta nostálgico de su obra... Quiere
rescatar el futuro en función del pasado, y no a la inversa. Sólo sabiendo que
sus valores estéticos -firmes, innegables-, en su obra han echado raíces
profundas, ávidas, en una dimensión inusual de la criatura: más en lo que no se
ve que en la que se ve.
Lo de Fassbinder es un valioso punto de partida con lo que intentó
transmitirnos.
Y el artista, el creador, cuyo destino es el de moverse entre penumbras y
entre vagos resplandores, está demás señalar, como Fassbinder hizo lo que
hizo, a costa de su duro e incomprendido modo de ser que lo caracterizaba.
Rainer Werner Fassbinder dejó de producir ya hace muchos años,
dejando una herencia como patrimonio, una obra incomparable para las varias
generaciones venideras.
Fly UP