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Bajo el mismo cielo, SON

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Bajo el mismo cielo, SON
COLECCIÓN
ESPEJOS
Bajo el mismo cielo,
SON
Edita
Colabora
Financia
2
COLECCIÓN ESPEJOS (nº 1)
Edita: Acción en Red Asturies y Asociación Bubisher
Coordinan: Ana Suarez y Palma Aparicio
Diseño: Forma
Depósito legal: AS-454-2015
Bajo el mismo cielo, SON
COLECCIÓN
ESPEJOS
A ti,
que luchas por la justicia,
que amas la libertad.
ÍNDICE
Prólogo (Gonzalo Moure) pg. 9
tierra - vacío pg. 10
Mohamed Salem Abdelfatah “Ebnu” y Berta Piñán
Nel Álvarez Pérez y Javier Andrade Bodes
luz - mujer pg. 16
Ali Salem Iselmu y Fernando Menéndez
Paula García Fernández y Daniel Suárez Fernández
espejo - memoria pg. 22
Luali Lehsen y Xuan Bello
Amanda Sotres Otero y Johana Río del Cueto
muro - ausencia pg. 28
Chejdan Mahmud y Sofía Castañón
Paula García Fernández y Bryan Hernando Salazar Grajales
arena - soledad pg. 36
Zahra Hasnaui y Vanessa Gutiérrez
Daniel Suárez Fernández y Amanda Sotres Otero
agua - sueño pg. 42
Limam Boisha y Pablo Texón Castañón
Dominica Cerra Mones y Cecilia Alonso Caso
mirada - saludo pg. 52
Saleh Abdalahi y Laura Casielles
Bryan Hernando Salazar Grajales y Vanesa Gusano Sánchez
Epílogo (Bahia M. H. Awah) pg. 59
ARENA Y HIERBA Gonzalo Moure
Hay en este poemario toneladas de arena. Dicen que Chej el Maami, uno
de los más grandes poetas saharauis, contaba en un poema inacabable los
granos de arena del desierto. Ningún poeta asturiano osó contar las briznas
de hierba de nuestros prados, pero en sus poemas hay también ojos vueltos
hacia el suelo. El suyo, y el del desierto. Arena y hierba, sol y lluvia. Un
maridaje insólito resuelto en tablas, porque amor con amor se paga, y en
esta especie de duelo poético no podía haber más ganador que el lector,
que yendo del desierto al eco que este devuelve desde el suelo verde de
nuestras Asturias va sabiendo, verso a verso, por qué hay una estrella en
la frente de cada niño saharaui, pegada a fuego. Los versos son la sal de la
tierra, los dedos de un pueblo, y en los de los poetas asturianos que se han
unido a este reto, hay una caricia llena de solidaridad y auténtica compasión hacia los exiliados, los expoliados, hacia todos los saharauis.
Un día no muy lejano los niños saharauis leerán este poemario en las
bibliotecas del Bubisher. Lo harán en voz alta, y será gozoso escuchar en
su lengua el sonido dulce del asturiano. Nos preguntarán por las palabras,
y les diremos que da igual, que todas las palabras son la palabra. Se sentirán orgullosos al ver que su pueblo despierta el eco en poetas de rincones
desconocidos del mundo: en Cuba, en Venezuela, en Italia, en Suecia, en
la pequeña y verde Asturias.
No vas a leer un poemario cualquiera. Lee, y al hacerlo deslee las palabras contra tu paladar, saborea las horneadas al sol de la hamada, y degusta
las picantes de hierba y abono. Leerás también en el epílogo de este libro,
escrito por otro poeta, Bahía Awah, que la poesía unió ya en el pasado a
España y el Sáhara Occidental. Aquellos poemas de Alberti, José Agustín
Goytisolo, Benedetti o Jorge Guillén, escritos a principios de los 80, fueron para mí el descubrimiento de que detrás de los fusiles había un pueblo
tan rico en cultura como pobre en pan. Ahora que ya estaba plenamente
convencido de que, como dice Kabara Selma, bibliotecaria del Bubisher,
pueden más las palabras que las balas, descubro en este poemario un hilo
aún más sutil que cose a los pueblos. Y cada vez que pasee por la hamada
contemplando el infinito, sabré que detrás del horizonte está la hierba, están los versos. Como dice Bahía, mar y duna. Arena y hierba.
1
tierra
Volveré
La semilla que duerme en tu vientre
brotará un día del corazón de la tierra.
Quizá como árbol de espinas desafiantes
para salvaguardar tu lecho de piedra, árbol
de fruto comestible que alimentará los pasos
peregrinos que añoran besarte la frente arenosa.
O tal vez como una iluminada senda que ha
de llevar al destino que mis ancestros trazaron
persiguiendo el aroma de una gota de lluvia.
Volveré descalzo para sentir el amor
de la tierra y curar las llagas de la espera.
Sobre la ardiente arena mis pies, al fin, sentirán
la ternura que el tiempo ausentó de mi corazón.
Y aunque sople el más feroz de los vientos,
no conseguirá borrar el rastro de deleite que
en mi regreso he de trazar camino a la salvación.
Volveré para buscar las amadas manos
que se fundieron con las rejas de una celda,
los amados ojos que en la tenebrosa oscuridad
a tientas, sueñan con ver la luz del alba.
La sonrisa que pronto abrirá sus radiantes
pétalos iluminando todos los confines de la tierra.
La semilla que duerme en tu vientre
brotará, un día, del corazón de la tierra.
Mohamed Salem Abdelfatah “Ebnu”
12
tierra - vacío
Accidente
Pero tu escarbesti la tierra
y plantesti esti fresnu
masque nun había
traza
nin fuera
tiempu d´ello.
Berta Piñán
13
vacío
No queda nada
Vacío está el territorio de mis juegos
en las calles de mi lejana infancia,
vacío el patio de la escuela, cubierto
de arena y despojos de la guerra.
Bajo escombros yacen extraviados
los más tiernos años de mi vida.
¿Dónde están los amigos? ¿El maestro?
¿Dónde se encuentran mis cuadernos,
mi pupitre, dónde están mis lápices
y mis libros con olor a plastilina?
¿Dónde se encuentra el cuerpo de mi
padre, dónde está enterrada mi abuela?
¿Adónde se fueron todos los que un día
tuve cerca, dónde quedó la ternura,
y dónde los consejos de la anciana sabiduría?
¿Dónde está mi mundo, dónde la poesía?
Ya no alcanzo a ver por mi ventana
cómo el viento barría las escasas hojas
que nuestro perenne otoño dejaba,
no alcanzo a ver a los pastores de cabras
cruzar hacia las cañadas de la colina,
ni siquiera, recuerdo ya cómo era
recibir a mi padre después de sus largas
ausencias al otro extremo de la distancia.
Todo quedó lejano, perdido en un espacio
vacío de emoción, de recuerdos, incapaz
de devolvernos la sonrisa, ni la algarabía
de las tardes de los jueves, ni la niña
de ojos negros que miraba con dulzura,
14
tierra - vacío
ni las mágicas caravanas de dromedarios
que iban hacia el otro lado de la frontera.
No queda nada, ni nadie, sólo el vacío
y el silencio que los años han tejido sobre
los puntos cardinales de nuestra historia.
Mohamed Salem Abdelfatah “Ebnu”
Dixo que calcules primero
de saltar
la manera de decir échote
en falta
Hasta ónde llega´l vacíu si chamos una piedra
y namás tirala
tropieza
ónde
Berta Piñán
15
tierra
Nel Álvarez Pérez
16
vacío
Javier Andrade Bodes
17
luz
La luz del sol,
ilumina el desierto,
la luz de la luna
ilumina la noche,
y en el interior de cada una
hay algo que nos orienta
algo que nos vislumbra.
Hay luces que aparecen en el cielo
cuando lo cubre una bruma,
cuando lo cubre una nube de arena,
y luego se reflejan sobre un copo de nieve.
Todas esas luces
nacen del interior
de un astro,
de un alma,
brillan sobre una montaña,
sobre una ola de mar
y aparecen en los movimientos
de ese animal que corre
para no ser cazado,
para no ser atrapado.
Hay una luz en los ojos,
en la mirada
en los rostros
en la sonrisa
en los gestos,
esa luz
es la locomotora
del universo.
Ali Salem Iselmu
18
luz - mujer
Lección de astronomía
Saber que hay una luz
que no encienden los interruptores.
Una luz que no surge de los cauces
extenuados. Saber que hay una
luz precisa en los alfabetos y
en los alimentos. Y que la luz
de los astros y del mediodía es
la misma luz en todo caso.
Saber todo esto, sin embargo,
no le basta a esa mujer que vive
con una esfera en el vientre,
con un globo terráqueo que
se estremece por los crujidos
propios y ajenos. Mujer libélula
que abre estelas en la maraña
del éxodo. Mujer que pena
por el tiempo que pasa
fugaz como un cometa.
Fernando Menéndez
19
mujer
Tu mirada intensa,
tus labios finos,
tu melhfa,
la falda
y la minifalda,
eres tú
que apareces
en la ciudad
en el desierto
Seduces mis ojos,
los ojos negros
con lágrimas llenas de arena,
lágrimas desbordadas por la nieve.
Apareces y desapareces,
al final vuelves,
a la ría,
al manantial en el que naciste.
Recorres mi solitario corazón,
y te dejas seducir
por los recuerdos,
por los colores del tiempo,
y vuelves a la montaña negra,
observas la cordillera,
y yo te veo,
eres la mujer del arcoíris.
Ali Salem Iselmu
20
luz - mujer
Lección de geología
Desconozco cuántas clases
de tierra hay en el planeta.
Tampoco sé los tipos
de arena que, a lo largo
y ancho del mundo, el viento
levanta y abandona a su
paso. Pero sospecho que
la arena es como la
memoria: se cuela por el
más mínimo resquicio; anega
las miradas, tupe las esperas.
Tomo un puñado de arena,
ahora lo comprendo: de algún
modo, la arena es una
ensoñación de la tierra.
Quizás su levedad sea
nostalgia por un lugar
propio donde detenerse
para siempre. Veo mujeres
acurrucadas, soportando estoicas
el repetitivo paso del tiempo.
Son pizcas de arena
revoloteando sobre mi cabeza:
la mala conciencia que hostiga
mi confortable invierno.
Fernando Menéndez
21
luz
Paula García Fernández
22
mujer
Daniel Suárez Fernández
23
espejo
Un espejo
no siempre, no solo, nos devuelve el reflejo
de nuestro rostro,
a veces
es un largo laberinto de amores y naufragios.
Ni siquiera siempre es plano, cóncavo o convexo
a veces es una vasta e interminable llanura
infinita
silenciosa.
Donde la soledad se vuelve tan tangible que
puedes ver en sus cristales
los avatares del alma.
Luali Lehsen
24
espejo - memoria
Mir’at
Nel mio país nun crez el trigo. Nel espeyu
del desiertu rellumen namás los díes pasaos
y dacuando vemos la lenta ondulación del aire
nes dunes o nunos versos d’Al Mutanabbi.
La vida asocede tan común
que mesmo cuando nun ye posible,
y los sabios aconceyen
pa concluir el fracasu, los güeyos d’un nenu
son a alvertir la maravía nuna gota augua.
Nel mio país nun hai espigames inmensos,
nin selves, nin montes onde se tapeza’l secretu.
Namás un espeyu que relluma lo sálabre l’ausencia.
Somos raigañu, nós qu’erramos, porque sabemos
que la tierra escuéyenos una vuelta y siempre.
Namás sabemos, cuando tamos solos,
que nos dieron pa que ciegos andáremos al aldu
minerales los güeyos mancaos p’agotanos en sen.
En nengún otru sitiu la lluz –la soledá– vese meyor.
Xuan Bello
25
memoria
VUELVO A LA LUZ DE MIS SUEÑOS
cuando solo me queda
el trillado camino de la memoria,
para disipar este regusto amargo de la espera
cierro los ojos y...
Deambulo como antaño por las planicies
sin tiempo y sin barreras, montado en un gallardo
dromedario azul
vuelvo a los abrevaderos de aguas cristalinas donde
aprendí a amar las delicadas aristas del silencio
persigo los pasos de manadas de camellos y sueños
que aún retumban en los corazones de las montañas
y regreso una y otra vez a la sombra de esa acacia florida
donde se fundió mi deseo y tu alma,
abro los ojos
y me abruma la penumbra de este barro sombrío
que cobija mis sueños de las tempestades
de años anónimos que se amontonan sobre las arrugas
del alma.
… vuelvo a la luz de mis sueños
Luali Lehsen
26
espejo - memoria
Un zapatu llen d’arena.
Xunto a él, una flor rara.
Llovía. Danzaba’l corazón
na alcordanza del silenciu.
So madre dicía-y que buscara
enantes de que la lluna blincare
les muries del cementeriu,
l’otru par.
Queda na memoria
l’alcordanza d’una flor rara
y la lluvia nos pies escalzos.
La lluvia sobre’l rostru de so padre,
los pies escalzos camín de Tinduf.
Xuan Bello
27
espejo
Amanda Sotres Otero
28
memoria
Johana Río del Cueto
29
muro
Quizás no te diga nada su nombre
o, quizás ni te incumba.
Pero, sí, es para alguien todo:
una barrera que le separa
de su otro yo o de su otro sí.
Un muro,
es un desliz fruto de un insomnio,
digo yo, o,
es un miedo que clama calma.
No es un muro lo que
impide un beso,
porque los besos vuelan.
Pero puede ser lo que
rompe abrazos.
Es un muro,
un camino serpenteado,
ancho, largo y pedregoso,
me decía un paisano saharaui.
Tiene células nerviosas y
tiene pálpitos malditos.
Lleva años a tientas escondido
y, a veces, es sepultado. Es mudo.
Que un distraído cerebro apenas
le merece un suspiro.
Yo no quiero muros porque
tienen vida propia, y se disfrazan.
No los quiero porque separan
amores y abrazos y matan.
Chejdan Mahmud
30
muro - ausencia
Hacer números
No diré que no:
puede que haya una niña
lanzando un balón a esta pared.
Que lo lance con fuerza
y que vuelva
mucho más fuerte el impacto.
¿Por qué vuelve más fuerte?
pienso y piensa
la niña que quizás es ahí,
pared y abismo,
espalda, espalda, balón, espalda.
Puede que haya una niña
y un balón y un resorte violento.
Pero la pared es también pared al otro lado.
Y como todo otro lado,
imagino allí: un niño, un balón,
la misma inercia frente al dicho imposible.
Puede que el balón vuelva a sus cuerpos
con más violencia que el primer impulso.
Pero son dos cuerpos.
Y dos paredes
sólo son un muro.
Sofía Castañón
31
ausencia
Yo,
por ahora
pienso en la larga espera
que me impide ser libre.
Aunque la ausencia
de mis padres, hace tiempo
aún me retrae y me resta fuerzas.
Se van y vienen los rumores
de la libertad, como dardos
tranquilizantes que actúan a
tiempo y a destiempo.
Todo lo que me engloba
es como un falso tiempo.
Y, un poco más allá se
disfraza la realidad de
Ausencia.
Esta vida áspera y perezosa
del exilio, se torna, como desde
el principio, de palabras y
retos que rebotan,
siempre,
con la realidad de la
Ausencia.
Todo, es vacío, nulo.
Es también Azul, amarillo
y, estrellado.
Pero también abrigado por la
Ausencia.
32
muro - ausencia
Es una
Ausencia
eternizada y sórdida
que reta a la vida
y al ser saharaui.
Más
Yo,
por ahora
pienso en la larga espera
que me impide ser libre.
Chejdan Mahmud
33
Quién será este cuerpo
que ahora duerme sobre mi cuerpo.
Sé quién es hoy
que duerme y respira suave
y sus mejillas se ponen rojas
porque así llega él al sueño.
Pero quién será este cuerpo, mi hijo,
en el tiempo en el que ya no esté
en mi regazo, en la que ya no esté
yo.
Qué voz tendría si ahora
me llamara del futuro.
Qué olor su pelo. Qué arrugas
le irá dejando la vida,
aquello que pasará y seguirá pasando
porque no es relevante
que la madre viva menos.
Quién será este cuerpo
que ahora mismo está
y al mismo tiempo
teje toda esta incertidumbre
de futura ausencia.
Sofía Castañón
34
muro - ausencia
35
muro
Paula García Fernández
36
ausencia
Bryan Hernando Salazar Grajales
37
arena
Te he sido infiel,
en orillas que me niegan.
No estabas,
ni tus caricias cálidas
deslizándose entre los dedos.
Pero cuando el levante
me trajo tu sílice enfadado
te abracé a ti,
para derrotar la duda
que a la memoria asesina.
Camino en la niebla
por tus templos fugaces.
Se oyen tambores de fiesta,
el río rebosante, gaviotas,
y el quejido de la tierra.
No sé si eres tú.
No sé si te
abandonaste al otro.
Mancilla tu cuerpo
con escándalos enterrados
que trepan de las raíces
al enojo impotente.
Hoy me hablan las manos,
aliviando el peso del áspero silencio.
Nos he perdonado,
para ser yo, contigo,
en un mañana donde el poema no sea azar.
Zahra Hasnaui
38
arena - soledad
Zunes
La primer vez que me dexaron sola en monte entretúvime garrando
unes piedres que metí pelos bolsos de la chaqueta. Carretales depués
pela cascayera nun fue un llabor fácil.
Yá en cuartu hubi escondeles porque naide entendió aquella rareza
nueva. El casu ye que caduna yera tan distinta que parecía exacta a
l’anterior, como pasaba coles muyeres de la mio familia. Y esto,
tampoco naide supo esplicámelo a tiempu.
Dende entós mantengo esta rara aficción de coleccionar aquello no
que naide repara. Bolsines con sable de les diferentes playes nes que
dexo efímeres buelgues y que, como nun etiqueto, nin ordeno nin
bautizo, termino olvidando incluso d’ónde vinieron. Quiciás
eso sía lo que m’interesa, anque nun sabría analizar del too lo que
significa esta zuna. Davezu pienso que, si mañana falto, cuando
dalguién venga a llimpiar los armarios va atopar pedazos milimétricos
de cristal, restos de povisa intencionadamente guardaos, multitú
de cachos de roca y infinitos granos d’arena ensin nome, orixe nin
función aparente.
Sicasí, tovía confío en que llegue antes el que sepa interpretar esti
desastre por acumulación. El qu’acierte qué me llevó a cargar col
pesu, camín arriba y caleya abaxo, de ser una y sabeme distinta,
escoyendo ser multitú y parecer uniforme. Porque inda nun perdí la
esperanza de dar sentíu a la estrañeza. Y con toa esta materia, gastada y arrastrada años, poder amasar los cimientos de dalgo
que, inesplicablemente, abulte casa.
Vanessa Gutiérrez
39
soledad
Sola,
suspirando
por corazones de piedra,
perdidos tras el muro,
por los pozos que humedecen
el futuro deshidratado
en la piel de la tierra.
Abrazan tus ramas
las manecillas de un reloj difunto.
Tic, tac, tic, tac, tic…
Desnuda de vida,
mueres.
Olvidando
el tamcayut,
mi ternura,
a tus pies.
Mueres,
secando las venas de
las estaciones mientras pasan.
Alejando las risas de los niños
que privas de sombra y primavera.
Mueres, solitaria.
Sin mí, ni la lluvia.
Zahra Hasnaui
40
arena - soledad
Tomando la llección
Mio güela lloró una tarde entera sentada na talambera d’un horru
pa que naide la adoptare. Tenía siete años y a consecuencia del so
carácter terminó criándose sola.
A mio güela llamáben-y güérfana como’l que quier dicir lleprosa.
Apestada. Y tamién lladrona. Debía de tener unos ocho años y
robaba cachos de chorizu colos que comía una selmana. Cuando
diben a reñela y a arma-y xueu ella enseñába-yos les bragues. Diz
ella que se cría solu un perru nuna caleya.
Mio güela diz pedióricu en vez de periódicu. Tamién conxuga’l
verbu aduyar en vez d’ayudar. Y igual ye porque naide lo fixo con
ella. Que la dignidá ye dalgo que se defende tolos díes. Eso diz, sí.
Que naide nunca la enseñó a más qu’andar pelos caminos, pero
que’l que nada tien nada pierde. Cuando tenía dieciocho años casó
con mio güelu pero so suegra nunca la quixo porque yera una
güerfana. Mio güela diz que nun-y llamaba lladrona. Pero dizlo
cola cara de pena que pon una apestada.
Mio güela diz medio de en vez d’en vez de.
Quiero dicir. Mio güela en vez d’en vez de diz medio de.
Mio güela, que sabe bien de los enriedos de la vida, diz que cuando
una anda ente palabres ta perdida.
Vanessa Gutiérrez
41
arena
Daniel Suárez Fernández
42
soledad
Amanda Sotres Otero
43
agua
Hay tierras que están llenas de agua
para el bienestar del cuerpo
y tierras llenas de arena
para el bienestar del alma.
Anónimo
Aunque no tenemos la vegetación ni los manantiales
[de los oasis,
esa ausencia no desterró el verdor de nuestros ojos,
no nos amarró con las cadenas del desaliento,
ni taló por el pie la sombra que conjuga la semilla,
los tallos, las espinas,
el rocío, el agua que nos alimenta.
No tenemos oasis,
pero para el aprendizaje de la supervivencia
tenemos la pizarra del tiempo.
Tenemos sobrados silencio y paciencia
para imantar las resonancias líquidas
que alguna vez existieron,
(que aún existen)
bajo nuestros pies.
Tenemos ojos para escrutar la nube fértil
que hunde sus invisibles raíces en el aire
y germina en el abdomen del mundo.
Tenemos los pozos.
Y el pozo en el Sahara es más que una hondura,
más que un latido, mucho más
que una vena de agua en el corazón de la tierra.
44
agua - sueño
Tenemos los pozos.
Y el pozo,
para el habitante de la badía
es siempre una marca en el mapa de su mente.
Es el punto donde encontrar a menudo
el camello perdido.
Y es el lugar de descanso y mercado
y territorio donde se cosechan noticias,
y es lecho y remiendo para mitigar los sufrimientos
[del nómada.
No, no tenemos oasis
y durante largas estaciones
puede no henchirse en el cielo nube alguna,
pero siempre habrá una esperanza
líquida y benigna
cuando se adivine a lo lejos un pozo.
Limam Boisha
45
Agua.
Nunca pensé nello.
Porque ye paisaxe, mobiliariu,
telón de fondu.
Nunca pensé nello.
Agua.
Porque de ser ríu
nun tien conciencia
el ríu.
Porque nací ente l’agua
y ente l’agua
voi morrer.
Pablo Texón Castañón
46
agua - sueño
47
sueño
Cuando alguien soñaba un sueño en el Sahara
anunciaba toda clase de albores y crepúsculos.
Los sueños hablaban y sorbían,
al igual que nosotros,
la amarga, dulce o suave hoja de la vida.
Anoche soñé que…
Y enseguida se hacía el silencio.
Todos los presentes deseaban saber,
qué sucesos ocurrieron,
qué nombres,
qué rostros asomaron
en las trincheras del sueño
para interpretar los designios
de aquél hombre
que anunciaba que había soñado.
Sabían todos
que los sueños malos no se contaban.
Solo el que anunciaba la muerte de alguien,
porque le auguraba larga vida.
Cuando alguien soñaba un sueño malo en el Sahara,
tenía que acercarse a la esquina inaccesible de la jaima,
a una acacia o al hombro de una roca.
Era preferible alejarse todo lo que se pudiera.
Que la soledad infinita contuviera las palabras,
y las resguardara para siempre
de los oídos de los hombres y de sus pisadas.
48
agua - sueño
Cuando alguien soñaba en el Sahara un sueño terrible,
tenía que cavar un hueco con la mano.
Contar a la tierra toda la pesada carga que le acongojaba,
y cubrir el sueño con piedras y arena.
¿Y hoy, se sueña hoy todavía,
o estamos perdiendo la fe
que dormía en nuestros sueños?
Limam Boisha
49
Na mio llingua
estremamos
el sueñu del suañu.
El primeru átanos al suelu,
ponnos piedres nos bolsos
pa que nun nos mueyen
les nubes cargaes.
El segundu llévanos a
trescombar
los cumales inalcanzables
con reblagos alegres.
Hai un momentu,
cuando’l día, mansu, declina
en que’l suañu garra
de la mano
al sueñu
y nesi eclipse d’estraña
guapura crepuscular
despunta un arrebatu de llucidez
y pasamos a dormir
y trancamos la puerta
y trancamos les puertes.
Pablo Texón Castañón
50
agua - sueño
51
agua
Dominica Cerra Mones
52
sueño
Cecilia Alonso Caso
53
mirada
España: la madrastra que tu mirada ignora
Esparciré los pétalos de tu sonrisa sombría
sobre la marchitada jaima del exilio
que castiga el viento que te roza la frente
y tu mirada ignora.
Te cogeré de la mano con mi mano huérfana
que desde la cercanía te acusa
y te llevaré por mis heridas y la aridez
que nos dejó tu abandono.
Para mirarte en el espejo, la vergüenza,
que la historia te condena.
Saleh Abdalahi
54
mirada - saludo
Ejercicio
Todos los arqueros saben que para afinar la puntería
hay que entrenar el ojo:
tú que quieres lanzar tus flechas sobre el orden del mundo
tenlo en cuenta.
Escudriña miniaturas para no perder el don del detalle.
Contempla el universo para no perder el asombro de la infinidad.
Lleva tus ojos al horror para que no se engañen
y luego
observa largamente
el cuerpo amado
Lleva tus ojos al mar para recordar que lo permanente se alimenta
[de lo que cambia.
Lleva tus ojos al desierto para comprobar que la suma
[de lo pequeño hace lo vasto.
Mira la nada alguna vez.
Mira lo hermoso siempre que puedas.
Mira también a veces
lo que no hay.
Baja los párpados.
Solo desde la pausa
se entiende algo.
Luego, vuélvelos a abrir.
Laura Casielles
55
saludo
Justicia no es un saludo
Supongámonos hoy que nunca hubo necesidad de justicia
que estamos muy bien como siempre lo hemos estado
y mañana también
sin policías, ni ejércitos, sin fiscales ni guarda jurados
sin La Casa Blanca ni las Naciones Unidas
Supongámonos que la justicia se le llama al primer café del día
o el mejor calificativo que se le da a una mujer hermosa sin
[maquillaje
Supongámonos que la justicia es la ley como debería ser
y no un saludo desde el extremo de una resolución
y procesos que se inscriban sobre una hoja de ruta sin dirección.
Saleh Abdalahi
56
mirada - saludo
Ritual
Hace muchos siglos, casi al principio de todo,
cuando el peligro tenía a menudo forma de fiera
y no nos creíamos aún más poderosos que los dioses,
encontrarse de nuevo era un milagro suficiente.
Ocurrió entonces que en todos los idiomas
se inventaron palabras que decían
alabados los ojos que te miran,
bienaventurados los caminos que te traen de vuelta.
Decir me alegro de verte no era entonces una forma de hablar.
Sigue habiendo lugares, coyunturas,
donde esto se comprende.
En la guerra y el exilio el saludo es una celebración sincera.
Cuando estrechamos las manos en los tanatorios lo hacemos
[de verdad.
Porque seguir en pie es una suerte para nada despreciable,
haya memoria del asombro en las costumbres del encuentro:
Decir «buenos días» y que suene a buen deseo.
Abrazar fuerte, porque quién no está regresando de algún viaje.
Decir «qué tal»
y quedarnos a escuchar qué nos responden.
Laura Casielles
57
mirada
Bryan Hernando Salazar Grajales
58
saludo
Vanesa Gusano Sánchez
59
EL MAR QUE BESA LA DUNA Bahia M. H. Awah
Cuando me pidieron el epílogo para esta obra en la que se hace converger
el amor y la solidaridad del poeta asturiano con el saharaui en su lucha de
liberación, no dudé en aceptar y recordé aquella iniciativa que tomaron
cuarenta años atrás una veintena de poetas españoles, latinoamericanos,
árabes y africanos en homenaje y solidaridad a la lucha del pueblo del Sahara Occidental. Esa gesta literaria pro saharaui en su introducción dejaba
claro el por qué de aquel verso que cantó, y sigue haciéndolo, a los saharauis: «Pocos pueblos ofrecen como el saharaui las condiciones primarias
de plasticidad, dignidad y belleza para que la poesía exprese con particular fruición e intensidad su derecho elemental a sobrevivir como nación».
Tienen la dicha los saharauis de que su lucha fuera reflejada en aquel
poemario «Os doy esto desnudo que es mi mano» y ahora lo sea en esta
obra que une el verso saharaui con el asturiano. Como canta Mohamed
Salem Abdelfatah Ebnu: «La semilla que duerme en tu vientre/ brotará un
día del corazón de la tierra», no tardaron mucho los poetas asturianos en
hacer brotar sus versos por los saharauis. Con ellos condenan la indiferencia hacia el Sahara Occidental y sus derechos atropellados, como bien
advierte la poetisa asturiana Laura Casielles: «Lleva tus ojos al desierto
para comprobar que la suma de lo pequeño hace lo vasto».
Desde el lomo de una duna o con el mecedor y suave vaivén de las
olas del mar, es hermoso recordar a un amigo al que el tiempo injustamente confina en esas oscuras noches que sólo ilumina la luna, como cantan
estas estrofas de Ali Salem Iselmu: «La luz de la luna / ilumina la noche,
/ y en el interior de cada una hay algo que nos orienta / algo que nos vislumbra». Sin nuestra humana y solidaria mirada hacia los otros que nos
necesitan, nos habríamos convertido en cómplices de todo lo injusto que
atenaza nuestra conciencia. Nos golpean las guerras, el rugido de los intestinos vacíos, la intolerancia social, religiosa e ideológica. Ana Vanessa
Gutierrez lo combate con su prosa en asturiano: «Y con toa esta materia,
gastada y arrastrada años, poder amasar los cimientos de dalgo que, inesplicablemente, abulte casa».
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Esta antología es la confluencia de las olas de la mar asturiana que
lamen las dunas saharianas. Esas dunas que finalizan su tránsito fundiéndose en un beso con nuestro añorado mar. ¿Alguna vez serán suficientes
los versos solidarios y comprometidos de poetas, escritores, anónimos
solidarios? El gran poeta asturiano Angel González nos dejó la respuesta:
«Ya se dijeron las cosas más oscuras. / También las más brillantes. / Ya se
enlazaron las palabras como / cabellos, seda y oro en una misma trenza /
—adorno de tu espalda transparente—».
Para los saharauis hoy más que nunca nuestra razón se rearma y recibe
lo que tanto amamos, recogido del franco verso de Laura Casielles, Berta
Piñán, Fernando Menéndez, Xuan Bello, Sofía Castañón, Ana Vanessa
Gutiérrez y Pablo Texón Marín Estrada. Con ellos nuestra lucha será clamada y sonará con la razón del verso, que acompaña a los que resisten
en una lucha silenciada. Confirmando con la poesía la adhesión y lealtad
a la contienda saharaui, como hizo el gran poeta Rueiyel Uld Emboric
en estos versos en hasania: «Mi leal expresión / y sentimiento al Frente /
están por encima de mi cabeza. / No es lealtad el soborno y la falsedad./
Mi lealtad / por convicción simplemente emana».
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ACCIÓN EN RED ASTURIES
Acción en Red Asturies es una corriente de pensamiento y de acción que
pretende forjar personas más autónomas y solidarias, alentando unas transformaciones sociales y políticas que apunten hacia una mayor igualdad y
hacia una mayor justicia social, que promuevan el desarrollo de la solidaridad en todas sus dimensiones, y que garanticen un modelo respetuoso
con el medioambiente; unas transformaciones que profundicen y extiendan la democracia, la libertad individual y que garanticen los derechos
humanos.
En Asturies tenemos en marcha varias iniciativas, destacando principalmente el Programa Por los Buenos Tratos, el proyecto Con.vive y el
Aula de Pensamiento Crítico de la Universidad de Oviedo.
Más información en: www.accionenredasturies.org
PROYECTO BUBISHER
«Cada libro que podamos compartir borra un trozo de esa línea imaginaria,
llamada frontera, que separa a los pueblos a pesar de sí mismos.»
El Bubisher es algo más que una red de bibliotecas y bibliobuses en el
medio de la inhóspita hamada. El Bubisher es parte de un sueño colectivo
que comparten quienes aún creen que un mundo mejor es posible. Y en su
trozo de sueño, el Bubisher ve ese futuro colándose a través de la cultura,
de la educación, de los libros-ventanas abiertas al mundo, de la comunicación, de la interculturalidad.
Nació en el corazón de un colegio, el San Narciso de Marín, y sus alas
crecieron con nombres propios: Gonzalo Moure y Ricardo Gómez trabajaron intensamente para conseguir un camión en el que poder transportar
los primeros 1400 libros.
En la actualidad, el Proyecto cuenta con tres bibliotecas, y tres bibliobuses y lo que es más importante, con 11 bibliotecarios, maestros y
monitores saharauis que trabajan con entusiasmo para que la cultura sea
una de las llaves que abra las puertas de la libertad a su pueblo.
Más información en www.bubisher.org
tierra - vacío
Aquí comienza “Espejos”, una colección de buenas
intenciones transformada en narración literaria.
A través de los libros de esta colección Accion en Red
Asturies pretende llamar la atención sobre situaciones desesperadas, no reflexionadas, ocultadas y
olvidadas a lo largo y ancho del mundo.
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COLECCIÓN
ESPEJOS
Los siete poetas saharauis, que rasgan con sus versos el velo del olvido, pertenecen a la denominada Generación de la Amistad Saharaui.
Estudiaron en Cuba y regresaron con la idea unánime de ser la voz
de los saharauis. Se definen como «Un grupo de poetas saharauis que
pretenden transmitir el sufrimiento de su pueblo, unidos por historias
de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras una nube».
El grupo nació como tal el 9 de julio de 2005. Cada poeta tiene personalidad propia, aunque todos respiran el mismo deseo de libertad.
Asturies tiene una larga tradición de compromiso y solidaridad con
el pueblo saharaui, por eso las personas que forman parte del grupo
de poetas que posaron su pluma en este libro abrazaron de forma
inmediata y desinteresada este proyecto. Xuan Bello, Laura Casielles,
Sofía Castañón, Vanessa Gutiérrez, Berta Piñán, Fernando Menéndez
y Pablo Texón fueron quienes, en esta ocasión, hicieron este sueño realidad. Sus palabras, en castellano y asturiano, hacen de este pequeño
homenaje una gran obra.
Este libro ha contado también con la colaboración del alumnado del
Bachillerato de Artes del IES Rey Pelayo de Cangues d’Onís. Jóvenes valores que han puesto el plus artístico a las poesías uniendo
así mundos, generaciones, espacios,… haciendo en definitiva de este
proyecto algo aún más universal.
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