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24. Fariseos, saduceos, esenios, celotes ¿Quienes eran?

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24. Fariseos, saduceos, esenios, celotes ¿Quienes eran?
24. Fariseos, saduceos, esenios, celotes ¿Quienes eran?
En la Palestina del siglo I habían surgido algunos
grupos entre la población judía como consecuencia de
las diversas sensibilidades acerca de las fuentes y los
modos de vivir la religión de Israel.
En tiempos de Jesús, los más apreciados por la
mayoría del pueblo eran los fariseos. Su nombre, en
hebreo perushim, significa «los segregados».
Dedicaban su mayor atención a las cuestiones relativas
a la observancia de las leyes de pureza ritual incluso
fuera del templo. Las normas de pureza sacerdotal,
establecidas para el culto, pasaron para ellos a marcar
un ideal de vida en todas las acciones de la vida
cotidiana, que quedaba así ritualizada y sacralizada.
Junto a la Ley escrita (Torah o Pentateuco), fueron
recopilando una serie de tradiciones y modos de
cumplir las prescripciones de la Ley, a las que se
concedía cada vez un mayor aprecio hasta que llegaron
a ser recibidas como Torah oral, atribuida también a
Dios. Según sus convicciones, esa Torah oral fue
entregada junto con la Torah escrita a Moisés en el
Sinaí, y por tanto ambas tenían idéntica fuerza
vinculante.
En tiempos de Jesús habían
surgido algunos grupos entre la
población judía como
consecuencia de las diversas
sensibilidades acerca de las
fuentes y los modos de vivir la
religión de Israel.
Para una parte de los fariseos la dimensión política
desempeñaba una función decisiva en su
posicionamiento vital, y estaba ligada al empeño por la
independencia nacional, pues ningún poder ajeno
podía imponerse sobre la soberanía del Señor en su
pueblo. A éstos se los conoce con el nombre de
zelotes, que posiblemente se dieron a sí mismos,
aludiendo a su celo por Dios y por el cumplimiento de
la Ley. Aunque pensaban que la salvación la concede
Dios, estaban convencidos de que el Señor contaba con
la colaboración humana para traer esa salvación. Esa
colaboración se movía primero en un ámbito
puramente religioso, en el celo por el cumplimiento
estricto de la Ley. Más tarde, a partir de la década de
los cincuenta, consideraban que también había de
manifestarse en el ámbito militar, por lo que no se
podía rehusarse el uso de la violencia cuando ésta
fuera necesaria para vencer, ni había que tener miedo a
perder la vida en combate, pues era como un martirio
para santificar el nombre del Señor.
Los saduceos, por su parte, eran personas de la alta
sociedad, miembros de familias sacerdotales, cultos,
ricos y aristócratas. De entre ellos habían salido desde
el inicio de la ocupación romana los sumos sacerdotes
que, en ese momento, eran los representantes judíos
ante el poder imperial. Hacían una interpretación muy
sobria de la Torah, sin caer en las numerosas
cuestiones casuísticas de los fariseos, y por tanto
subestimando lo que aquellos consideraban Torah oral.
A diferencia de los fariseos no creían en la pervivencia
después de la muerte, ni compartían sus esperanzas
escatológicas. No gozaban de la popularidad ni el
afecto popular del que disfrutaban los fariseos, pero
tenían poder religioso y político, por lo que eran muy
influyentes.
Uno de los grupos más estudiados en los últimos
años ha sido el de los esenios. Tenemos amplia
información acerca de cómo vivían y cuáles eran sus
creencias a través de Flavio Josefo, y sobre todo de los
documentos en papiro y pergamino encontrados en
Qumrán, donde parece que se instalaron algunos de
ellos.
Uno de los grupos más estudiados
en los últimos años ha sido el de
los esenios.
Una característica específica de los esenios consistía
en el rechazo del culto que se hacía en el templo de
Jerusalén, ya que era realizado por un sacerdocio que
se había envilecido desde la época asmonea. En
consecuencia, los esenios optaron por segregarse de
esas prácticas comunes con la idea de conservar y
restaurar la santidad del pueblo en un ámbito más
reducido, el de su propia comunidad. La retirada de
muchos de ellos a zonas desérticas tiene como objeto
excluir la contaminación que podría derivarse del
contacto con otras personas. La renuncia a mantener
relaciones económicas o a aceptar regalos no deriva de
un ideal de pobreza, sino que es un modo de evitar
contaminación con el mundo exterior para
salvaguardar la pureza ritual. Consumada su ruptura
con el templo y el culto oficial, la comunidad esenia se
entiende a sí misma como un templo inmaterial que
reemplaza transitoriamente al templo de Jerusalén
mientras que en él se siga realizando un culto que
consideran indigno.
BIBLIOGRAFÍA: Étienne NODET, Essai sur les origines
du Judaïsme: de Josué aux Pharisiens (Editions du Cerf,
Paris 1992); Anthony J. SALDARINI, Pharisees, scribes
and Sadducees in Palestinian society: a sociological
approach (William B. Eerdmans, Cambridge 2001);
Francisco VARO, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid,
2005) 91-97.
© www.opusdei.org – Textos elaborados por un equipo
de profesores de Teología de la Universidad de Navarra
dirigidos por Francisco Varo.
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