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5 minutos con el Jefe de Tropa

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5 minutos con el Jefe de Tropa
Siempre Scout
Los cinco minutos del Jefe de Tropa
Por Frank E. L. Coombs
Breves charlas y anécdotas sobre
la Promesa y la Ley Scout
y otros temas afines
Indice
Introducción
Un buen Jefe de Tropa
Preámbulo
Charlas:
El honor
La Lealtad
Ser útil
La amistad
La cortesía
La bondad hacia los animales
La obediencia
La jovialidad
La economía
La limpieza
La reverencia
Por qué la iglesia y el catecismo
El valor
El espíritu deportista
Muchachos que no se dieron por vencidos
Dificultades y éxito
El arte de los bosques
Artesanía scout
Un detective de minerales
Código de los caballeros del rey Arturo
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INTRODUCCIÓN
La aparición en lengua española de este excelente manual de los scouts canadienses viene a
llenar un hueco que se hacía sentir en la literatura scout de nuestra área idio m á t i c a . H e m o s
podido comprobar en el curso de muchos años de vida scouts, que suele fallar la inventiva de
los Scouters cuando han de dirigirse a los muchachos o también que, si no es así, cada uno
aplica a la charla su propio sello personal, que a veces no responde a la orientación que fuera
deseable.
Este pequeño libro, que recoge sesenta pequeñas charlas, adecuadas todas al ideario scout y
su Ley, en lenguaje sencillo y accesible al niño y corroborando la teoría con la aplicación
práctica, citando casos reales y vividos, constituirá una preciosa orientación a los Scouters y
Comisionados.
Es indudable que al ser una versión del original inglés, los ejemplos citados y hasta las
consecuencias extraídas de la doctrina son puramente anglosajonas, pero ante la carencia que
se hacía sentir en Hispanoamérica, su publicación esperamos será útil y los ejemplos citados,
fácilmente puedan ser substituidos por otros que registre el escultismo local. Aparte de que es
indudable que siendo como somos una gran fraternidad internacional, basada en los mismos
principios y la misma Ley, lo que es bueno para un país es bueno para otro.
Si la tendencia actual del mundo en que vivimos es de ir suprimiendo barreras, fronteras y
distinciones, nosotros los scouts desde nuestro mismo primer día hemos abogado siempre por
la Fraternidad Mundial.
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UN BUEN JEFE DE TROPA
En momentos de tranquilidad durante las reuniones de la Tropa, o cuando regresaban a casa de
una excursión por un sendero agreste, aquel hombre acostumbraba observar a sus muchachos
con los ojos entreabiertos. Y veía, no a Pepín con el cabello pajizo al aire, sino a un joven
arquitecto, un constructor de hogares que seguía las huellas de su padre; ni al bullicioso
“Pelirrojo”, sino a un joven y activo hombre de negocios; ni a “Riqui”, sino al joven dueño de una
lechería; ni a Danielito, sino a un joven profesor, alto y reposado. Y pensaba que todos serían,
si él cumplía bien su cometido, hombres rectos, serenos y capaces, buenos ciudadanos y buenos
vecinos.
¡Si él cumplía bien su cometido!
en gran parte de lo que él fuera
la Tropa por el antiguo sendero
oscuros y murmuraba: “Dios mío,
A veces resultaba una responsabilidad de peso, que dependía
como persona. Con frecuencia, al regresar de una excursión de
de la cabaña, sus ojos se clavaban en las cimas de los pinos
ayúdame a hacer lo mejor que yo pueda.”
Aquel hombre era un buen Jefe de Tropa.
Y había además otros factores. Cuando se hizo cargo de la Tropa se propuso, en primer lugar,
adquirir un conocimiento general bastante extenso de las artes de los bosques y de los Scouts
tal como aparecen en “Escultismo para Muchachos” de Baden-Powell. En segundo luga r, hacerse
experto en cuatro de ellas: (1) Organización de campamentos al aire libre, incluyendo el manejo
del hacha, la producción de fuego por fricción, y cocinar. (2) Conocimiento de los árboles del
distrito. (3) Habilidad para orientarse en el bosque por distintos métodos, incluso las estre llas.
(4) Amarres y nudos. Había logrado sus objetivos; y de paso había disfrutado muchísimo
haciéndolo.
Aquel hombre era un buen Jefe de Tropa.
Parte de su éxito consistía en la impresión que les quedaba a los muchachos después de sus
conversaciones al final de las reuniones y junto al fuego en la cabaña, impresión producida no
tanto por lo que él había dicho, sino por la forma en que lo había dicho: las charlas sobre el
HONOR por quien era indiscutiblemente veraz, sobre la necesidad humana de orientación divina
tal y como él la había experimentado en su propia vida...
Aquel hombre era un buen Jefe de Tropa.
En sus manos estaba seguro cualquier muchacho.
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PREÁMBULO
Los “cinco minutos” del Jefe al final de una reunión de la Tropa en el ambiente extrañamente
místico de una “fogata” bajo techo, en la quietud del fuego del consejo al final de un día de
campamento, proporcionan una de las oportunidades más eficaces de sembrar un pensamiento
constructivo en la mente y la memoria de los jóvenes scouts. Confiamos en que esta serie de
breves charlas resulte una fuente útil de temas para tales ocasiones.
Las charlas no se deben leer a los muchachos, sino aprenderse de memoria su sustancia y
reproducirse con las propias palabras del Jefe de Tropa. No hay que darlas en orden
consecutivo, sino como sea deseable, apuntando la fecha de cada una.
Para ayudar a los scouters menos expertos se han impreso en letra cursiva las palabras o
frases principales de la primera charla, como muestra. Resulta efectivo el leer una charla
varias veces, subrayando las palabras que son básicas para uno, y hacer un esquema de
palabras claves (tal como se hace en la muestra), cerrando luego el libro y repitiendo la charla
con las propias palabras de uno.
Pero lo más importante de todo es la propia convicción del Jefe de Tropa del valor de los
principios que se discuten. Un hombre no puede hablarles convincentemente a los muchachos
de los deberes religiosos, de la bondad habitual, del HONOR, la lealtad, la cortesía y la
amabilidad, a menos que estos principios constituyan la base funcional de su propia vida
cotidiana. “Lo que un hombre es, habla más alto que lo que dice.”
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Clave de arco del carácter
Su importancia mundial
Historia de Régulo
EL HONOR
¿Han observado ustedes alguna vez la construcción de un arco de piedra? ¿Cuál es la piedra
más importante?... La clave del arco, e s e l centro de la parte superior. ¿Qué sucede si la clave
del arco se quiebra bajo presión, o se pudre y desmorona?... Sí, el arco se cae, y una sección
de un puente, o de un túnel, o un edificio entero, se viene abajo.
Hace unos cuarenta años esto fue justamente lo que le sucedió a una torre acabada de
construir en el ala occidental de los edificios del Parlamento en Ottawa. El arco de una puerta
cedió y la torre entera se vino al suelo, igual que un castillo de naipes. El arco había fallado.
¿Han pensado ustedes algun a v e z q u e cada uno de nosotros tiene una clave de arco en su
personalidad? Porque sí la tenemos. Es la clave de arco del carácter y como la del arco de
piedra, es lo que determina si el carácter de ustedes y el mío van a resistir cuando la vida
aplique la presión. Es lo que determina si vamos a resultar la clase de hombres valiosos y de
confianza que todos queremos ser.
Para nosotros los scouts esa clave del arco es el HONOR, el HONOR por el cual todos prometimos
esforzarnos todo lo posible por guardar la Promesa y la Ley Scout.
Ustedes todos comprenden que el ser honorable significa ser recto y honrado en todas las
cosas, ser un hombre de carácter recto y elevado, que “tira dere cho”; un hombre escrupulosamente sincero y veraz, cuya palabra vale lo mismo que una escritura; un hombre que siempre
cumple su promesa, en las cosas chicas o grandes, si le es humanamente posible.
Quizás ustedes nunca hayan pensado que el HONOR puede ser a veces cosa de tremenda
importancia para el mundo entero. Fue una violación del HONOR el rompimiento de t r a t a d o s
hechos solemnemente por Alemania lo que provocó todo el horror y sufrimiento de la Segunda
Guerra Mundial. Uno tras otro, los tratados solemnemente firmados con Checoslovaquia, Polonia,
Noruega, Holanda, Dinamarca y Rusia fueron fríamente violados.
Y cuando se dice que esos compromisos fueron rotos, violados, recuerden que no los rompió
una vaga entidad llamada Alemania. Fueron rotos p o r individuos, como somos individuos ustedes
y yo.
Y también, si los jefes políticos franceses, después de la primera derrota en el norte de Francia,
hubieran cumplido su promesa de seguir peleando si los hacían retroceder hasta el Mediterráneo, y si los derrotaban allí seguir peleando en el África del Norte; y si la flota francesa hubiera
avanzado a la par que sus aliados de la flota británica, es casi seguro que la guerra hubiera
terminado un año o más antes de lo que acabó. Por lo menos no hubiera habido la larga
campaña de África del Norte, con todo su sufrimiento y sus muertos. Y muchos barcos
torpedeados hubieran continuado a flote, y sus tripulaciones de hijos y padres de familia
hubieran vivido para regresar al seno de sus familias.
Todo esto pasó porque ciertos individuos fallaron en su HONOR, individuos, como somos ustedes
y yo. Ahí tienen cuán importante puede ser el HONOR individual; el HONOR de ustedes y el mío.
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HONOR significa cumplir la palabra empeñada, lo mismo en cosas chicas que grandes. Como
ejemplo de esto se cita con frecuencia la historia de Régulo, un general romano que fue hecho
prisionero por los cartagineses. Cuando éstos decidieron enviar a Roma una embajada para
discutir la paz, agregaron a Régulo al grupo. Pero primero le hicieron prometer que si no se
acordaba la paz él regresaría a Cartago y a su prisión.
Al llegar a Roma, en vez de hablar a favor de los términos de paz de los cartagineses, Régulo
aconsejó a los romanos que continuaran la guerra hasta que derrotaran a Cartago. Los romanos
siguieron su consejo, y las discusiones de paz terminaron. Esto significaba que Régulo, si quería
cumplir su palabra, tenía que regresar a Cartago.
Los senadores romanos trataron de disuadir a Régulo de regresar. Los sacerdotes ofrecieron
absolverlo de su juramento. Pero Régulo no quiso consentir. “Yo juré regresar”, insistió, “y es
mi deber ir. El no hacerlo me deshonraría.”
Régulo cumplió su palabra, y regresó, y finalmente fue ejecutado en su cárcel cartaginesa.
Algunas personas cínicas dudarían de la sensatez de la acción de Régulo; dirán que desperdició
su vida. Yo creo que nosotros contestaríamos: “Es cierto que si Regulo hubiera faltado a su
palabra de honor podría haber vivido más, quizás gozando de la vida por unos pocos años más.
Pero luego hubiera muerto; ya hoy hubiera estado muerto y olvidado hace mucho s siglos. P or
morir como murió, por cumplir su palabra, su alto ejemplo de honor ha perdurado, tras él , e
indudablemente ha inspirado elevados pensamientos en muchos miles de jóvenes de
generaciones posteriores.”
Shakespeare estuvo de acuerdo con Régulo al decir: “Mi honor es mi vida; los dos crecen en mí.
Quítenme el honor y mi vida ha terminado.”
“En el honor de un scout se puede confiar.”
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El honor de un jefe indio
Sir Walter Scott
Mark Twain
EL HONOR
En mi última charla de cinco minutos les recordé la historia del general romano Régulo, que
regresó a una prisión cartaginesa, y finalmente a la muerte antes de romper una promesa.
Algunos de los primeros jefes indios de Norteamérica tenían un código de honor igualmente
elevado. F. M. Barrett, biógrafo del famoso jefe apache Jerónimo, narra de él una anécdota que
puede servir de ejemplo. Jerónimo había quedado en ir a casa del escritor en cierta fecha. Era
un día de invierno, frío y tempestuoso. A la hora fijada el intérprete del jefe indio apareció solo,
diciendo que Jerónimo estaba enfermo y no podía ir. Y estaba acercando una silla al fuego
cuando se detuvo a escuchar, y luego se dirigió a la ventana.
El señor Barrett fue tras él y a través de la nieve que caía vio que un jinete se acercaba
rápidamente. Era el anciano jefe indio. Ante la puerta el jefe desmontó y con voz casi
ininteligible por la ronquera dijo: “Prometí venir. Aquí estoy.”
Un magnífico ejemplo de honor en los negocios fue el que dio Sir Walter Scott, el gran novelista
histórico, el autor de Kenilworth, Ivanhoe y El Talismán. Por ayudar a dos antiguos compañeros
de colegio el escritor invirtió algún dinero en una gran empresa para vender libros. Vino una
depresión económica y la empresa quebró, quedándole la enorme deuda de 650,000 pesos.
Aunque Scott no estaba obligado por la ley, y a pesar de que no disfrutaba de buena salud, Sir
Walter vendió su linda casa de campo, “Abbotsford”, y dedicó lo que resultó ser el resto de su
vida a pagar a todos los acreedores escribiendo nuevos libros. Le tomó siete años el hacerlo,
y luego murió, Uno de sus biógrafos dijo: “La salud y la vida no le parecieron un precio
demasiado alto para pagar por su propio respeto. Ciertamente fue tan gran caballero como
cualquiera de los héroes de sus libros.
Un gran escritor americano, Mark Twain, mantuvo la misma elevada norma de honor en
circunstancias parecidas. Había hecho algunas inversiones malas y en 1895 lo amenazaba la
ruina. En vez de hacer arreglos para pagar un tanto por ciento de cada peso, Twain anunció que
iba a conseguir el dinero necesario para pagar por completo a todos sus acreedores. Emprendió
en seguida la tarea organizando una larga jira mundial de conferencias, cumplió su promesa y
pagó hasta el último centavo de todas sus deudas. Y tenía entonces sesenta años de edad.
Este es el honor de los scouts en los negocios, muchachos. No nos olvidemos nunca de
mantenerlo.
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Empieza por casa
Lista de lealtades
Dios y la Patria
LA LEALTAD
Por lo general asociamos la idea de la lealtad con la guerra, con alistarse en el ejercicio, la
marina o la fuerza aérea, e ir a entrenarse entonces allende los mares. O la asociamos con la
compra de bonos del gobierno, los aportes a la Cruz Roja, y cosas así. También hablamos de
lealtad con nuestra escuela, especialmente sus equipos de fútbol o béisbol; y de lealtad con
nuestra patrulla y nuestra tropa.
Lord Baden-Powell, fundador del escultismo, declaró que la lealtad empieza por casa. Lo cual es
cierto, por supuesto. Si no somos leales con nuestros padres y hermanos no es probable que
seamos muy leales con nuestros amigos o “con la patria”, como dice la segunda ley del
escultismo; ni con nuestra iglesia, nuestros patrones y así sucesivamente.
Hay muchas clases de lealtad, o muchas formas de aplicarla.
Vamos a hacer una lista de ellas, empezando por la lealtad que está por encima de todas y que
es lo primero de nuestra promesa: lealtad con Dios; esto es, lealmente “cumplir nuestro deber
hacia Dios.”
En segundo lugar, lealtad con nuestra familia. Después de esa lealtad, ¿cuáles?... (Sugerencia
de los muchachos).
Bien, esa lista está buena. Me parece que podremos ordenarla en esta forma:
Lealtad...
Con Dios
Con la familia
Con la patria
Con los compañeros
Con los demás scouts de la patrulla, y luego de la tropa, incluyendo, espero yo, al jefe
de tropa y a sus ayudantes.
Con la escuela de ustedes
Con el recuerdo de los seres queridos que “han partido hacia un servicio más elevado”.
Con el recuerdo de los que dieron sus vidas en las dos grandes guerras mundiales.
Con sus patronos cuando tienen ustedes empleo.
Hay una lealtad más, y muy importante, que ninguno de ustedes ha mencionado. A menudo se
cita una referencia a ella que hizo Shakespeare y que dice:
Sé leal contigo mismo,
y así como sigue la noche al día,
tú no podrás entonces
a ningún hombre
hacer traición.
Esto es, lealtad con ustedes mismos, con los buenos principios de una vida honorable que les
han sido dados por la iglesia de Dios, su familia y el escultismo. En otras palabras, lealtad con
lo más elevado que hay en ustedes en todas las situaciones.
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Una de las lealtades que figuran en nuestra lista es lealtad con la patria. La segunda guerra
mundial nos ha dado incontables y espléndidas muestras de leal y valeroso sacrificio por la patria
y los compañeros.
Recordando al ingeniero de vuelo de un bombardero puesto fuera de combate, cuyo piloto estaba
herido e inconsciente. Aunque no tenía experiencia en pilotear aviones, el ingeniero rehusó
abandonar a su capitán y salvarse en paracaídas. En vez de eso, trató de aterrizar el avión y
se estrelló, matándose con su compañero el piloto. Hubo muchos casos de pilotos de
bombarderos que, gravemente heridos y debilitados por el dolor y la pérdida de sangre, se
aferraron a sus controles hasta llegar a su meta, y luego se mantuvieron en ellos hasta regresar
con su avión y tripulación sanos y salvos.
Y tenemos al subtenient e Charlie Keefer, que había sido un scouts en Ottawa, y que dio su vida
realizando repetidos rescates a nado de hombres de un barco noruego torpedeado: lealtad con
los amigos internacionales.
“...Su primer deber es con Dios . Teniendo ante nosotros este concepto, y
considerando que Dios es el padre único de todos nosotros, los scouts nos
tenemos por una fraternidad a pesar de las diferencias de patria, religión o
clase.”
Baden-Powell.
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LA LEALTAD
Durante nuestra última charla hicimos una lista de distintas formas de aplicar la lealtad. Vamos
a decir unas pocas palabras acerca de cada una de ellas.
Lealtad con Dios : La plena comprensión de ésta, por supuesto, nos la da nuestra Iglesia. Pero
como scouts tenemos una mayor obligación de asistir con regularidad a los servicios religiosos,
de recordar nuestras oraciones diarias, de esfo rzarnos por hacer sólo cosas que sabemos están
aprobadas por Dios.
Lealtad con nuestra familia: Aquí es donde comienza la práctica de la lealtad. Esto significa ser
siempre respetuoso con los padres, ayudarlos cada vez que se pueda, y defender a los hermanos
si fuese necesario. Es decir, ser en general un fiel miembro del “equipo familiar”.
Lealtad con la patria: Supongo que ustedes comprenden que la lealtad para con la patria, como
dice la segunda ley del escultismo, significa varias cosas específicas. En tiempos de guerra
quiere decir presteza para ofrecer nuestros servicios en defensa del país, en su propio territorio
o allende los mares, como hicieron magníficamente tantos scouts durante la guerra mundial. En
tiempos de paz quiere decir obediencia a las leyes del país y un apropiado reconocimiento de
todas las autoridades: policías, jueces, magistrados.
Lealtad con los compañeros: Sobre esto tengo poco que decir. Pero quisiera hacerles una
advertencia. Si un compañero “se mete en líos” (hace algo muy mal hecho) recuerden que el
ocultar su falta puede sencillamente ayudar a iniciarlo en el mal camino. También, según la ley,
ustedes comparten entonce s la responsabilidad de lo mal hecho por ser cómplices, o
encubridores. Ante un problema semejante, tienen que decidir cuál es la verdadera lealtad con
su compañero y con la ley.
Lealtad con otros sco u t s : Bien, esto es virtualmente lo mismo que lealtad con sus compañeros
preferidos. Y significa poner en práctica la cuarta ley del escultismo, que dice que el scout es
hermano de todos los demás scouts.
Lealtad con los seres queridos que “han vuelto al seno del Señor”, a un servicio más
Esta es una cuestión íntima y personal. Puede querer decir recordar el cumplir una
hecha a alguien que ha muerto, recordar el hacer ciertas cosas, velar por un hermano o
menor, o cumplir con ciertos deberes religiosos. Quizás signifique recordar con
aniversario de su muerte.
elevado:
promesa
hermana
flores el
Lealtad con los que murieron en las dos guerras mundiales o posteriormente: Ésta se expresa
recordando de vez en cuando, especialmente el “Día de los caídos” 1 y por medio de servicios
religiosos en las iglesias y la colocación de coronas de flores ante los monumentos, a aquellos
soldados, marineros y aviadores, marinos mercantes y otros, que dieron sus vidas para que
nuestras patrias siguieran siendo lo que son hoy: países de hombres libres en vez de países de
esclavos como hubieran sido bajo otros gobiernos dictatoriales.
Citando a “From Flanders fields”: “Acordémosnos de ellos”.
Acordémosnos de ellos también en la forma que quizás sea la más importante: con nuestro
1
Memorial day en inglés. Nota de Siempre Scout.
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aporte ahora y cuando seamos mayores, con el mantenimiento de las leyes e instituciones
democráticas.
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Los ocho hombres de Glen Moriston y el príncipe Carlos
LA LEALTAD
El 16 de abril de 1746 el ejército escocés del príncipe Carlos, el “jóven pretendiente ” al trono
británico, fue derrotado en Culloden Moor. El príncipe, con la ayuda de algunos fieles seguidores
pudo escapar y huyó a las montañas. Allí lo fueron a perseguir las fuerzas del rey, y se ofreció
una recompensa de 30,000 libras esterlinas por su captura.
Durante tres semanas huyó de un sitio a otro, escondiéndose en las cuevas, mojado, harapiento
y con hambre. Por fin un día de julio, con un solo fiel compañero, pasaba por el estrecho valle
de Glen Moriston, cuando vio que de una cabaña salía humo, y decidió acercarse y pedir algo
de comer. Su compañero trató de persuadirlo, pero el príncipe declaró que daba lo mismo que
lo mataran que morirse de hambre, y se dirigieron allí.
Entraron en la choza y se encontraron con ocho hombres rudamente vestidos que comían un
gran trozo de carne. Era un grupo de prófugos de la ley que habían hallado ese escondite entre
las lomas, y se volvieron prontamente hacia los visitantes.
Uno de ellos era un antiguo soldado que había servido con las fuerzas del príncipe, y lo reconoció
inmediatamente. Con pronto ingenio, y no sintiéndose seguro de la actitud de sus compañeros,
fingió identificar al príncipe como otra persona. “Hola, Dougal McCullony”, le dijo, “me alegro de
verte. Siéntate y como con nosotros”.
El príncipe Carlos se dio cuenta de que el hombre lo había reconocido. Le dio las gracias por la
invitación, y con gran placer se sentó y comió con ellos.
Después de la comida el príncipe y su amigo proscrito celebraron consejo de guerra. Si el príncipe
se quedaba con ellos, había que decir la verdad a los demás hombres de la banda, que también
habían sido soldados del ejército del príncipe. Estos sabían de la recompensa ofrecida por la
captura y entrega del príncipe, y que iría acompañada del libre perdón de la Corona. En otras
palabras, que significaría la libertad y gran riqueza. ¿Sería demasiado fuerte la tentación?
El príncipe declaró que confiaría en ellos y encarándose con los hombres, les dijo quién era él.
Inmediatamente todos juraron que lo defenderían. Le hicieron una cama en la choza, y se
turnaron en montar guardia a ambos extremos del vallecito. Cazaban para obtener comida, y
visitaban fincas y aldeas buscándole platos finos. Y por fin, a los dos meses, cuando llegó avisó
del plan para que el príncipe huyera, lo llevaron sano y salvo hasta la costa, donde lo recogió
un barco francés que lo condujo a Francia y a la tranquilidad.
Muchos años después un hombre pobre, llamado Hugh Chisholm, contó en Edimburgo la historia.
Había sido uno de los ocho hombres, y siempre daba la mano izquierda en vez de la derecha. Su
explicación de esto era que el príncipe le había oprimido la mano derecha al despedirse, y que
él había jurado entonces no dársela jamás a otro hombre.
En la fiel banda de prófugos había dos MacDonald, tres Chisholm, un MacGregor, un Grant y un
Macmillan. A cambio del privilegio de proteger a su príncipe renunciaron a lo que en esos tiempos
era enorme riqueza y el perdón total y nos dejaron una de las más bellas narraciones de lealtad
que hay en toda la historia. ¿No les parece?
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Los amigos negros de Livingstone
LA LEALTAD
Si estuviéramos buscando un ejemplo especialmente destacado de lealtad con un amigo, y en
condiciones difíciles, probablemente no se nos ocurrirían los negros de Africa. Pero esta noche
les voy a contar la historia de la fidelidad de un grupo de indígenas africanos y de una travesía
de la selva que me temo que pocos de nosotros hubiéramos acometido.
Estos indígenas era amigos y compañeros del gran misionero y explorador del Africa, David
Livingstone. Cuando el misionero enfermó gravemente en sus últimos años, sus compañeros
indígenas lo llevaron en una litera, o camilla, día tras día y semana tras semana a través del
bosque y de la jungla. Su intención era sacarlo de allí y llevarlo a la civilización, donde podría
recibir una buena atención médica. Pero el misionero siguió debilitándose y por fin murió.
Aquellos negros podían haber enterrado a Livingstone allí mismo, haberse apropiado de sus
efectos personales y haber regresado a sus aldeas. Pero su sentido de la lealtad no se lo
permitió. En primer lugar embalsamaron el cadáver por un sistema indígena, e hicieron un
cuidadoso inventario de todas las pertenencias del misionero. Entonces emprendieron la tarea
de transportarlo con todos sus efectos a través de los densos bosques y junglas tropicales
hasta la costa misma, para que sus restos pudieran ser embarcados a Inglaterra.
¿Qué distancia cubrió esa marcha a través de la jungla? Bueno, no se sabe la distancia exacta,
pero el grupito de indígenas salió del lago Bangweolo, donde murió el Dr. Livingstone, a fines de
abril de 1873, y no llegaron a la costa oriental hasta febrero del año siguiente, 1874. Esto es,
caminaron cargando los restos del misionero ¡casi diez meses! Y en cualquier momento de ese
largo recorrido los indígenas podían haber desistido, enterrado el cadáver y regr e s a d o a s u s
casas.
¡Lealtad con el amigo! Esa es la segunda ley del scout.
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El muchacho boer que se enfrentó con un pelotón de fusilamiento
LA LEALTAD
Esta noche les voy a contar una historia de la guerra sudafricana, o de los boers, de 1900. La
narró un oficial británico, el comandante Seely, de un muchacho bóer, un muchacho holandés
del sur de Africa, que prefirió enfrentarse con la muerte a ser desleal con su gente.
El comandante Seely y su columna de tropas británicas estaban persiguiendo un comando bóer
(todas las unidades de batalla bóer se conocían por comandos), al mando de cierto general
famoso. Los británicos tenían especial interés en capturar a este general. Y cuando encontraron
al muchacho lo detuvieron para interrogarlo. Por algo que dijo sin querer, el oficial se dio cuenta
de que el muchacho sabía qué dirección había tomado el jefe bóer.
Contaba luego el comandante Seely: “Decidí hacer algo que espero se me perdonará, porque se
trataba de las vidas de mis propios hombres. Le dije al muchacho que si no me decía por dónde
había seguido el jefe bóer, lo haría fusilar. Como siguiera negándose a hacerlo, lo puse ante un
muro y le di la orden a mis hombres de prepararse a disparar, diciéndoles entre dientes al mismo
tiempo: -¡Por Dios, no vayan a disparar!
“El muchacho seguía resistiéndose a hablar, aunque me di cuenta de que creía que y o h a b l a b a
en serio. Los fusiles le apuntaron.
- Bien - dije yo- por última vez: ¿por dónde se fue el general? Todavía recuerdo la expresión que
apareció en el rostro del muchacho, una expresión que no he visto más que esa vez: se
transfiguró ante mi vista. Algo casi sobrehumano brilló en sus ojos, echó atrás la cabeza y dijo
en holandés: -¡No lo diré!
“No me quedó más remedio que darle la mano y marcharnos”.
He aquí una bella historia de valor, pero yo la encuentro especialmente interesante como un
magnífico ejemplo de lealtad con los amigos, una lealtad que ni la amenaza de una muerte
inmediata pudo romper. Me pregunto cuántos de nosotros hubiéramos pasado por semejante
prueba sin fallar.
La anécdota contiene otro punto importante: demuestra la diferencia entre un procedimiento
militar correcto y los de los países gobernados por dictadores. Durante la segunda guerra mundial
murieron muchos muchachos, sobre todo en Checoslovaquia y Polonia. En Varsovia una tropa
entera de scouts, junto con varios sacerdotes, fue barrida con ametralladoras.
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En los deportes
El equipo de fútbol perdedor
LA LEALTAD
Hace unos años, cierto equipo de fútbol de una liga de la península del Niágara se pasó la
temporada entera sin ganar un solo juego. Sin embargo, todos los jugadores se presentaron en
todos los juegos, y el equipo completo jugó con gran ánimo durante cada juego entero,
esforzándose siempre, y sin desanimarse nunca cada vez que volvía a perder. Varios de los
jugadores hubieran sido bien acogidos por los otros equipos de la liga, pero no quisieron
abandonar a su equipo.
Al final de la temporada de fútbol los funcionarios de la liga sintieron no poder condecorar a cada
miembro del equipo sin victorias con una medalla especial, “en reconocimiento del magnífico
espíritu deportivo que habían demostrado”.
Ese equipo se componía de veteranos de la primera guerra mundial. Y demostraron el mismo
espíritu de firme lealtad mutua que habían mostrado como soldados canadienses en las terribles
batallas, la lluvia, el frío y el fango de Flandes.
La lealtad con el equipo de uno es una gran cualidad ¿verdad? Lo mismo sucede entre los
scouts: lealtad con la Patrulla y lealtad con la tropa.
La lealtad con los patrones era una de las lealtades que teníamos en la lista hace unas pocas
semanas. Hoy en día no se menciona esto tanto como se debiera. Con frecuencia un hombre
e stá ansioso de conseguir trabajo y a veces literalmente les suplica a los pa t r o n e s q u e l o
empleen. Pero una vez que ya tiene trabajo empieza a hablar de su patrón casi como si fuera
enemigo suyo, y realiza la menor cantidad de trabajo que puede. No es cosa muy lógica,
¿verdad?
Uno de los ingenieros consultores de mayor éxito en el mundo dio el siguiente consejo a los
jóvenes estudiantes de ingeniería: “Sean leales y fieles a sus patronos. Sigan implícitamente sus
instrucciones, mientras sea honrado lo que pidan. Si les piden que hagan algo que ustedes
consideran deshonroso, entreguen su renuncia... No se conformen con trabajar seis u ocho
horas diarias; si es necesario, trabajen diez o doce. El hombre que trabaja mirando el reloj nunca
tendrá éxito”.
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Heróico servicio de scouts durante los incendios forestales de Ontario
SER ÚTIL
Hace unos veinte años hubo un incendio forestal especialmente desastroso en una extensa área
del norte de Ontario. Se quemaron muchas casas, y se perdieron muchas vidas y muchas más
se hubieran perdido si no hubiera sido por el valor de los rescatadores. Naturalmente, entre
éstos hubo varios scouts y jefes suyos.
Quizás ustedes no sepan lo que es un incendio forestal de verdad. Es algo bien terrible.
Generalmente hay viento fuerte, y entonces el fuego avanza con la velocidad de un tren. Las
llamas literalmente vuelan a ras de tierra y suben como relámpagos por los pinos unos tras otros,
como si estuvieran cubiertos de pólvora. La atmósfera se llena de un humo gris y ardiente y de
ascuas encendidas, y en la semioscuridad las enormes llamas color escarlata rugen como un gran
monstruo sediento de sangre.
Bien, este incendio fue de ese tipo. Un viento de 110 kilómetros por hora rodeó de llamas el
pueblecito minero de North Cobalt; toda huida era imposible excepto por ferrocarril. Se ordenó
a un maquinista y un fogonero que condujeran un tren de vagones de carga hasta el pueblo por
el sur, para sacar refugiados.
El scout Mahlon Moore, de la tropa de Timmins, de 16 años de edad, se ofreció a ir en el tren,
a pesar de que había tres kilómetros de fuego y asfixiante humo, y la constante posibilidad de
que la locomotora tropezara con un árbol caído, o un tronco en llamas, y cayera en la zanja.
Pero el tren llegó al pueblo, y el scout Moore ayudó a subir a bordo a los asustados habitantes.
Afortunadamente el viento cambió de dirección y el tren pudo regresar a salvo.
Ese cambio de dirección del viento también posiblemente salvó las vidas del Rover Scout Rathwel
y el comisionado de distrito, Rvdo. Ellis Grindley, que habían estado ayudando a la gente a llegar
al ferrocarril, y que se quedaron con los que luchaban con el fuego cuando el viento cambió.
Ambos necesitaron atención médica más tarde.
Ese mismo cambio de viento quizás salvó igualmente al jefe de tropa Severt, de la primera tropa
de Cobalt, que estaba realizando labor de rescate en Haileyburg. En un caso tuvo que sacar
cargada de su casa a una anciana y llevarla así a un lugar seguro.
Mientras tanto, los muchachos de su tropa en Cobalt realizaban un a magnífica labor de auxilio
a los refugiados de la zona del incendio. Sirvieron refrescos, localizaron niños extraviados y se
los devolvieron a sus padres, recolectaron y repartieron ropa. Algunos de los muchachos,
estaban en servicio de “patrulla de fuego” al norte del pueblo, y sofocaron varios conatos de
incendio provocados por las ascuas que volaban.
Me parece que ustedes estarán de acuerdo conmigo en que todo esto fue un verdadero servicio
basado en la tercera ley scout, sobre todo si han tenido alguna experiencia con fuegos
forestales, o hasta con un fuego de hierba y maleza. O hasta con una buena bocanada de humo
en los ojos en la fogata de un campamento.
Si uno de ustedes tienen alguna vez la oportunidad de poner en práctica la tercera ley scout
de ayudar a otras personas en circunstancias tan difíciles y peligrosas, sé que cumplirán como
buenos también.
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“El deber del scout es ser útiles y ayudar a los demás... aun al precio de su propio placer,
comodidad o seguridad”.
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“No baksheesh, scout!”
SER UTIL
A esta historia le pondremos por título “No Baksheesh!” La mayoría de ustedes sabe algo de los
innumerables pordioseros que polulan por las calles de las ciudades del Oriente (Egipto, Palestina,
la India) mendigos de todas clases, ciegos, lisiados, algunos con enfermedades horribles.
En el Oriente el pedir limosna es cosa tan antigua como la historia. En realidad, casi la única
modernización de esa costumbre allí ha sido el nuevo hábito de los mendigos a correr a posar
frente a las cámaras de los turistas, para luego gritar: “¡Baksheesh!”.
Una jóven misionera cuenta dos incidentes c o n e l baksheesh, uno del tipo antiguo y otro muy
nuevo y distinto. De Jerusalén había ido a Betania, donde, como ustedes recordarán, Jesús
levantó a Lázaro de entre los muertos. En cuanto llegó empezaron a perseguirla los pordioseros
clamando: “¡Baksheesh!” Una niñita como de seis años era la más persistente, y la seguía de
cerca. Finalmente la misionera le pidió que posara para una fotografía. La niñita obedeció
inmediatamente; y apenas había sonado el disparador de la cámara cuando ya había saltado
hacia la jóven con las manos extendidas gritando: “¡Baksheesh! ¡Baksheesh!” La misionera le dio
una pequeña moneda; pero la niña no lo consideró suficiente. Pateó y chilló en árabe con toda
la fuerza de su aguda vocecita. Por fin, furiosa, arrojó al suelo la moneda.
Escribe la jóven misionera:
“ Al fin me acostumbré a pagar con millemes o piastras el más insignificante servicio. Y
un día fuí a Ain Karim, donde se dice que nació San Juan Bautista. En l a e s t a c i ó n d e l
ómnibus un muchacho como de doce años se acercó y ofreció para llevarme el equipaje.
Se llamaba Mahoma, lo cual indicaba también su religión. Estaba muy contento porque
el misionero cristiano le estaba enseñando a leer y ya podía hablar un poquitico de inglés.
Había que subir una loma bastante grande para llegar a la casa del misionero. Al llegar
allí Mahoma entregó el equipaje, pero en vez de extender la mano buscando el
“baksheesh”, meramente dijo adiós en ingles.
Y cuando yo le ofrecí la acostumbrada propina, sacudió la cabeza con determinación.
-¡No Baksheesh -protestó-, scout!”
¿No vale la pena perte necer a una organización que es capaz de inculcarle a un muchacho tan
nuevas y varoniles ideas?.
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El scout y el caso de viruelas
El niño extraviado
SER ÚTIL
Hace algunos años un scout marino de Vancouver, Roland Stacy, se embarcó como grumete en
un barco de carga. Durante su primer viaje otro marinero contrajo viruelas, y el capitán pidió
enfermeros voluntarios que lo cuidaran. Stacy se ofreció inmediatamente, y junto con otro
voluntario fue puesto en cuarentena con el caso de viruelas. Ya ustedes saben cuán contagiosa
es esta enfermedad.
Mientras el scout marino estaba de guardia el barco fue alcanzado por una tormenta. El enfermo
estaba inconsciente y delirando y el scout tuvo que luchar por sujetarlo en su litera mientras
el barco se movía violentamente en todas direcciones. Por fin tu vo que buscar una cuerda y
amarrar al pobre hombre a la cama. Ya podrán imaginarse que su habilidad para hacer nudos le
vino entonces muy bien.
Desgraciadamente la enfermedad del paciente resultó ser la mortal viruela negra asiática, y el
marinero murió. Afortunadamente el scout no se contagió. Y aunque no puedo asegurarlo, es
muy probable que su adiestramiento en primeros auxilios como scout, y quizás en las
especialidades de ambulancia y sanidad pública, le hubieran enseñado las precauciones que
había que tomar ante tal peligro.
Pero les he contado esta historia principalmente como recordatorio de lo que implica nuestra
promesa de “ayudar a los demás en todo momento”; de que esta promesa no significa
meramente hacer pequeños servicios, sino que tarde o temprano puede significar hacer algo muy
importante, y quizás muy peligroso.
He aquí la historia de otra buena tarea de auxilio de un scout. En Giroux Lake, cerca de Cobalt,
en el norte de Ontario, un día de junio un niñito de cinco años, Raymond Mac Kenzie, caminando
se metió entre los matorrales y se extravió. Y era en plena época de la mosquita negra.
Por si no saben lo que son mosquitas negras les diré que son cien veces peores que los
mosquitos. Lo rodean a uno como nubes, su picada es como un agudo pinchazo eléctrico, y sin
embargo, son tan pequeñas que es difícil verlas individualmente. Los indios las llaman “no se
ven”.
Bien, era plena época de mosquitas, así es que imagínense la alarma de los padres.
Se apeló al guía de patrulla, scout Billy Beaton. Este en seguida reunió su patrulla “Halcón
Nocturno”, se pertrecharon de ungüento y máscaras contra las mosquitas y se dirigieron al sitio
en que se había visto al chiquillo por última vez.
La maleza era muy espesa y la cruzaban viejas trincheras y zanjas dejadas por buscadores de
minas. De la búsqueda no hay mucho que con tar. Los muchachos se esparcieron y penetraron
en la maleza. Una hora más tarde hallaron al niño, metido en agua estancada hasta la cintura,
la cara y las manos ensangrentadas por las picaduras de las mosquitas negras. El guía de
Patrulla Beaton, dando muestras del buen razonamiento de un scout, mandó uno de sus
muchachos corriendo al pueblo con la noticia del rescate. Entonces se quitó su máscara
protectora y se la puso al niño, y emprendió el regreso con el resto de la patrulla.
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Buen trabajo de unos scouts; sencillamente aplicación de la tercera ley.
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Mensajeros scouts de ayuda en emergencias, en el Labrador
SER ÚTIL
El informe anual de la tropa de scouts de la aldea de pescadores de Makkovik, en el norte del
Labrado r, lleva siempre la historia de algún acto de servicio y heroísmo realizado por muchachos
de esa tropa. Generalmente se relaciona con auxilio prestado a enfermos o moribundos en casas
aisladas de esa árida tierra durante los meses del helado invierno. La siguiente narración fue
copiada del reporte de 1942 del jefe de tropa Perault y publicada en el St. John's Telegram:
Durante el invierno pasado hubo varios casos de enfermedad, y varios de los muchachos
tuvieron que dejar su trabajo y correr a la estación misionera en busca de medicinas y
ayuda. Hay un caso sobre todo que merece reportarse.
Uno de los scouts había estado en el campo cazando con trampa y para ello caminando
once días sobre la nieve con los zapatos apropiados. Por fin llegó a una cabaña de
troncos al fondo de una de las ensenadas, a unos ochenta kilómetros de la estación
misionera, y encontró allí a una muchacha muy enferma.
Estaba muy cansado, pero después de un bocado y una taza de té se apresuró a llegar
a su casa, a una distancia de cincuenta kilómetros. Allí descansó como dos horas y luego
salió de nuevo a caminar otros quince kilómetros por las áridas colinas.
El tiempo estaba sumamente inclemente, y era difícil caminar contra el viento y la
cegadora nieve, pero cuatro horas más tarde el mensaje llegaba a su destino y una hora
después un komatic (especie de trineo) con su equipo de perros y dos hombres le llevaba
medicinas y auxilio a la enferma”.
Según el mismo informe, otro scout fue a una cabaña de troncos a llevarles medicinas a un
hombre y un niño muy enfermos, y se quedó varios días cuidándolos.
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Lo que significa no tener hogar
El Dr Barnardo
Afabilidad en la escuela
LA AMISTAD
Yo supongo que todos ustedes tienen hogares, ¿no es cierto? ¿Un sitio donde comer y dormir,
y padres?... Por supuesto que lo sabía. ¿Han pensado ustedes alguna vez en lo que sería no
tener ni padres ni hogar, ni tener dónde ir de noche?
En Europa hay muchos muchachos en esa situación, muchachos cuyos padres murieron y cuyos
hogares fueron destruidos en la segunda guerra mundial. En realidad, había muchachos así en
todas las grandes ciudades antes de la guerra, aunque no tantos como hubo en otro tiempo
antes de la época de los grandes amigos de los muchachos sin hogar tales como ese gran
cristiano práctico Dr. Barnardo, fundador del Hogar Barnardo para muchachos, en Londres. De
este hogar y de sucursales en otras partes de Inglaterra se enviaron a Canadá, Australia, Nueva
Zelandia y otros partes del imperio británico muchos miles de muchachos sin hogar, a quienes
se dio así una oportunidad en la vida. Y la mayoría de ellos se convirtieron en buenos y útiles
ciudadanos. Gran número se alistó y peleó tanto en la primera como en la segunda guerra
mundiales, y muchos dieron sus vidas en ellas.
El Dr. Barnardo se interesó por primera vez en los muchachos sin hogar cuando una noche fría
y lluviosa en Londres, hace muchos años, se encontró un grupito de muchachos durmiendo bajo
un arco del puente de Londres. Se habían acurrucado todos juntos sobre las losas desnudas y
húmedas, buscando calor.
El Dr. Barnardo se sintió imposibilitado de irse dejándolos allí, así es que se los llevó consigo a
su casa. En ese mismo momento decidió que había que hacer algo por ayudar a tantos de tales
muchachos como fuera posible. Y ese fue el comienzo de los Hogares Barnardo y su esplendida
labor. Fue en verdad una tarea del tipo de la cuarta ley scout: “ser amigo de todos”.
Por supuesto, yo no espero que podamos emprender un proyecto de Hogares Barnardo. Pero
recordemos esto: Que cada uno de los muchachos de Barnardo era simplemente un muchacho.
Y todos nosotros tarde o temprano tendremos la oportunidad de ayudar a algún otro muchacho
en algo importante. Recordemos eso.
Hay una oportunidad de mostrar afabilidad que todos ustedes tienen a veces en la escuela. Y
es ayudar a los muchachos nuevos a sentirse bien. Con frecuencia cuando ingreso un nuevo
alumno se le hace la vida difícil por un tiempo, y a veces su aparición en el patio de juegos
provoca el reto de algún mocito belicoso. Ésa es una oportunidad, para el scout que recuerda
la cuarta ley, de ponerse de parte del muchacho nuevo y hacer cuanto pueda porque se sienta
bienvenido y que tiene amigos en su nueva vecindad.
Si alguno de ustedes ha ido alguna vez a una escuela nueva y extraña, comprenderá lo que se
siente.
“El scout es amigo de todo el mundo y hermano de todos los demás scouts”.
“Nosotros los scouts somos jugadores del mismo equipo que las brigadas de
muchachos, organizaciones religiosas, Asociación cristiana de jóvenes,
departamentos de educación y otros. La cooperación es el único camino”
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El muchacho paralítico
El campesino enfermo y los scouts acampad
LA AMISTAD
La afabilidad es algo más que cordial. Al igual que otras cualidades, en realidad no significa
mucho, a menos que uno la “ponga en práctica” cuando tiene la oportunidad. Se relaciona con
la tercera ley, de ayudar a los demás.
He aquí un ejemplo: No hace mucho cierta tropa del Canadá se enteró de que un muchacho de
la comunidad, que no era scout, había quedado paralítico como consecuencia de un accidente
y tendría que permanecer en cama largo tiempo. Por su propia iniciativa los muchachos
organizaron el ir a visitarlo por turno todas las semanas, proveerlo de lectura y hacer en general
cuanto pudieran porque se sintiera cómodo y contento.
¡Eso era ser afables y serviciales!
He aquí otra bonita historia: Durante su campamento de verano hace unos años otra tropa se
enteró de que en una finca cercana vivía un solitario muchacho inválido. Algunos de los scouts
fueron a verlo, nada más que por visitarlo y animarlo un poco. Naturalmente, hablaron del
escultismo y de lo que estaban haciendo en el campamento y pronto el enfermo preguntó si él
también podría ser un scout, aunque estaba inválido. Los scouts le contestaron que por
supuesto podía, y empezaron a enseñarle los nudos de tercera clase y las otras pruebas.
Durante el resto del período del campamento se turnaron en visitarlo. Luego terminó el
campamento y todos fueron a hacerle una última visita y despedirse. Pero la cosa no acabó ahí.
Para Navidad varios de los muchachos de la tropa caminaron los once kilóme tros hasta la finca
para investir de scout al enfermo.
Dos años más tarde el muchacho había recobrado plenamente la salud y asistía con regularidad
a las reuniones de su tropa. Su madre atribuyó su recuperación a los scouts, al efecto que le
causaron su afabilidad y compañerismo, y al nuevo interés general en la vida que el escultismo
le había despertado.
Estoy seguro de que a ustedes les hubiera gustado participar en una buena obra como esa.
Y de paso, esa buena obra en particular expresó otro aspecto de la cuarta ley. Ustedes
probablemente saben que en ocasiones los muchachos de los pueblos y las ciudades tienden a
considerarse superiores a los del campo y a creerse que saben más. Pues bien, esto s scouts no
pensaban así; fueron sencillamente afables con un muchacho inválido de quien oyeron hablar.
Por supuesto que no tiene base la idea de que los muchachos de la ciudad saben más que los
del campo, exceptuando, claro está, ciertos aspectos de la vida del pueblo o de la ciudad que
no contiene la vida de una finca o una aldea. Y luego hay muchísimas cosas en la vida del
campo, y cosas muy valiosas que los muchachos del pueblo y la ciudad no conocen en absoluto,
o muy poco. Los muchachos del campo aprenden a conocer las cosas fundamentales de la vida:
entienden el trabajo que significa la producción de los alimentos; aprenden a trabajar en equipos
familiares al tener que realizar ciertas tareas manuales todos los días; luego tienen buena
alimentación, much o aire puro y sol, y diarias caminatas a la escuela, a veces de varios
kilómetros. Todas estas son cosas que constituyen la mejor base para la salud en años
venideros.
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Probablemente éstas fueron algunas de las razones de una declaración que hizo un destacado
norteamericano en una asamblea sobre el “Escultismo rural”. Declaró que las futuras normas de
buena dirección de los Estados Unidos se estaban forjando en esos momentos entre los
muchachos del campo y las aldeas y que de entre esos muchachos saldría la mayoría de los
líderes del país en la próxima generación. Es de suponerse que eso podría aplicarse también a
otros países. La realidad es que muchos de los más destacados hombres públicos, de negocios
y profesionales, crecieron en fincas o aldeas.
Pero sobre todo quiero que recuerden a los muchachos inválidos a quienes los scouts rindieron
tan buen servicio. Acordémosnos de eso la próxima vez que vayamos a un campamento.
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Scouts que dieron su vida por otros
Gladstone y el cochero
LA AMISTAD
El rescatar a individuos que se están ahogando no es novedad alguna para los scouts. A través
de los años han salvado a miles de personas. En épocas más recientes varios scouts han perdido
la vida tratando de rescatar a alguien: El guía de patrulla Ernie Callow, de Wellington, Ontario;
el scout Milne, de Sorel, Quebec; y el scout Carman Caulfield, de Grand Bay. (En la iglesia
anglicana de San Juan, en Grand Falls, hay una hermosa vidriera de colores en memoria de
Carman Caulfield. Dio su vida tratando de salvar a otro scout cuando acababa de cumplir los
catorce años).
Un rescate del que hay constancia tuvo un rasgo adicional poco corriente. Fue en invierno. A
un muchacho, que no era scout, se la había roto el hielo cuando patinaba y había caído al agua
helada. Dos scouts lo sacaron, y lo despacharon para su casa aconsejándole que se diera un
baño caliente y se metiera en cama por un tiempo.
Poco rato después los scouts vieron al muchacho en una esquina del centro del pueblo.
Trabajaba repartiendo periódicos, y allí estaba esperando los suyos. Los scouts prontamente lo
volvieron a mandar para su casa a la cama, y repartieron ellos mismos los periódicos.
Fue una buena combinación de la cuarta y tercera ley scouts: ser afables y serviciales.
He aquí otra narración, no dramática, pero igualmente importante para el muchacho en cuestión,
que relataba el difunto Dr. Francis Bisborne, consejero honorario de la Asociación de Boy Scouts
y presidente de la Junta de Condecoraciones del Dominio. Durante muchos años fue maestro de
una clase de catecismo para muchachos. Uno de sus alumnos dejó de asistir varios domingos
seguidos, y un día el doctor Gisborne se lo encontró en la calle y le estuvo haciendo pre g u n t a s .
Su ausencia tenía una buena explicación. El muchacho había dejado de asistir para llevarse a
otro muchacho de paseo los domingos y evitar que anduviera en cierta mala compañía. Siguió
haciendo esto y finalmente pudo ver a su amigo encarrilado por el buen camino. Ese muchacho
no era un scout, pero lo que hizo fue una buena obra de escultismo.
Esta historia lo hace aco rdarse a uno de que muchos muchachos que se pervierten lo hacen por
falta de amigos verdaderos, amigos como se deben tener. El ambiente de sus hogares es
desdichado, y llegan a sentir que a nadie le importa en absoluto ni su persona ni lo que pueda
sucederles. Muchos de esos muchachos se hubieran salvado si hubieran tenido un amigo joven
de buena índole.
Probablemente pocos de nosotros nos damos cuenta de lo mucho que nuestro éxito y felicidad
en la vida dependen del ánimo que nos dan los amigos. Mrs. Browning, la poetisa, una vez le
preguntó a Chrlos Kingsley, el escritor, el secreto de su éxito, y él contestó: “Tuve un amigo”.
Quiso decir que su gran éxito como novelista se debía en gran parte al animo que le dio un buen
amigo durante sus años de fracaso.
Cuentan del gran estadista británico William Gladstone, que siendo primer ministro de Inglaterra
llevó a Londres un viejo cochero para que recibiera tratamiento médico. Y al dejarlo en manos
de un doctor le encargó a éste que le avisara si surgía una crisis en la enfermedad del anciano.
La crisis surgió, y el aviso le llegó al primer ministro en medio de una importante reunión. En
seguid a lo dejó todo y atravesó Londres entero para apresurarse a acudir junto al enfermo. Y
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allí se estuvo, sentado al pie de la cama del anciano, consolándolo, hasta que entró en el valle
de las sombras.
Estas anécdotas nos recuerdan el significado de nuestra promesa de ser amigos de todos, y sin
reparar en circunstancias familiares, religión, etc.
“Para que un jefe de tropa tenga éxito en dar a sus muchachos un carácter
apropiado, es esencial que practique lo que predica... Los muchachos son muy
imitadores, y recogen y reflejan lo que el jefe de tropa irradia”.
B. P.
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“Primero las mujeres y los niños”
El Birkenhead y el Titanic
Enseñanza hogareña de la cortesía
LA CORTESÍA
Una de las tradiciones de que hemos estado orgullosos es nuestra preocupación por los demás
ante el peligro, tal como se expresa en esa vieja regla del mar: “¡Primero las mujeres y los
niños!”
En la historia hay numerosos ejemplos de esto. Quizás el más notable sea el hundimiento del
buque de tropas británico Birkenhead cargado de soldados y muchas de sus esposas e hijos. El
desastre ocurrió una tempestuosa noche de invierno de 1852, cuando el Birkenhead encalló en
las rocas junto a la costa de África del Sur. El barco empezó a desmantelarse en seguida. Sin
vacilación ni confusión los soldados se alinearon sobre cubierta como en revista y se
mantuvieron allí tranquilos mientras se embarcaba a las mujeres y los niños en los pocos botes
que había. Todavía estaban allí de pie cuando se hundió el barco.
En el famoso cuadro del incidente se presenta en primer plano un tambor jovencito serenamente
en fila, como los demás.
Y luego hubo el hundimiento del gran buque de pasajeros Titanic, de la compañía White Star,
en el helado Atlántico del norte en abril de 1912, después de chocar con un témpano sumergido.
No había suficientes bote s para todos, y una vez más fue cuestión de: “¡Primero las mujeres y
los niños!” No hubo pánico. Los pasajeros varones y la tripulación (y recuerden que era una
tripulación) se unieron para tranquilizar a las mujeres y a los chiquillos y acomodarlos en los
botes salvavidas. Los miembros de la orquesta del barco asumieron sus puestos en una de las
amplias cubiertas de paseo y empezaron a tocar. Tocaron “Más cerca de ti, Dios mío”, y todavía
estaban tocando cuando el gigantesco buque por fin se fue a pique.
Algo más de 1,500 personas perecieron, tranquilamente. Fue una de las demostraciones más
espléndidas de valor humano deliberado y de dominio de sí mismo que ofrece la historia, y de
cortesía hacia las mujeres y los niños.
Como ejemplo contrario, se podrían contar diversas y tristes historias de naufragios de barcos
de pasajeros en que la tripulación y los pasajeros varones pisotearon mujeres y niños en
frenética competencia por llegar a los botes salvavidas.
Las catástrofes terrestres también suministran ejemplos, buenos y malos. Hace pocos años,
unas quinientas personas perdieron la vida en el incendio de un salón de baile, el Cocoanut
Grove, cerca de Boston, Mass. Aunque hubo actos de magnífico y valeroso dominio de sí mismo
y esfuerzos por ayudar a los demás, un detalle muy tétrico fue la pila de 65 cadáveres ante una
puerta giratoria de salida, resultado de una loca avalancha de “primero yo”.
Estas son narraciones de cortesía en pruebas extremas. Pero como ya hemos dicho antes,
d ebajo de tales ejemplos de valerosa cortesía está la base de la cortesía en la vid a n o r m a l , e l
hábito de la urbanidad. El cual, por supuesto, comienza por el hogar.
El scout es cortés.
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Un moderno sir Walter Raleigh
El Rey y el platillo
Adquiriendo cortesía
LA CORTESÍA
Todos ustedes conocen la historia de Sir Walter Raleigh y la reina Isabel I: cómo ese galante
cortesano tendió su capa sobre un sitio fangoso del camino para que la reina pudiera pasar sin
mojarse los pies.
Hay una anécdota que se cuenta de otra persona cortés en circunstancias muy distintas. El de
ahora era un harapiento vendedor de periódicos de New York, y el día de Navidad estaba
esperando con otros niños pobres ante la puerta de una misión que ofrecía una fiesta de
Navidad. Una niñita muy mal abrigada y con los zapatos rotos parecía estar sufriendo
e specialmente con el frío, y se balanceaba continuamente de un pie a otro. El vended o r d e
periódicos la estuvo observando; de repente se quitó la gorra y la tiró al suelo a los pies de la
niña. “Párate dentro de eso, muchachita”, le dijo.
Hay dos clases de cortesía. La primera es la puramente convencional, actos de buena educación
llevados a cabo meramente porque se esperan de ustedes. La segunda consiste en actos de
consideración por los demás. Si ustedes le ceden su asiento en el ómnibus a una dama
meramente porque les parece que deben hacerlo, no es verdadera cortesía. Si se levantan y
ceden su asiento porque quieren que la dama esté cómoda, eso es cortesía.
La verdadera cortesía surge del hábito de pensar en los demás. Un buen ejemplo es la anécdota
que se cuenta del rey Eduardo VII, cuando era príncipe de Gales. Estaba comiendo con un grupo
de personas que incluía un hombre de muy poco roce social, y durante el almuerzo este hombre
vertió su té en el platillo para tomarlo. Inmediatamente el príncipe también vertió su té en el
platillo y se lo tomó, para evitarle al otro el bochorno de descubrir que había violado la etiqueta
habitual en la mesa.
De Isabel, la reina madre, se cuenta una historia de consideración parecida, diciéndose que
cuando un invitado dejó caer y rompió una taza de un juego de té muy valioso, ella inmediatamente dejó caer la suya para aliviar al invitado la torpeza cometida.
A veces hay muchachos que son realmente considerados con los demás, pero que no saben
demostrarlo con soltura. Ésta se puede adquirir con la observación y la práctica. El scout es
cortés.
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El Rey y la bandera en tierra
El uso de”señor”
LA CORTESÍA
Creo que la semana pasada les conté la historia del rey Eduardo VII y el invitado que vertió su
té en el platillo, un ejemplo del verdadero espíritu de la cortesía de parte del rey.
Otra anécdota semejante se refiere a un incidente en Italia. El rey estaba dando un viaje de
placer por el Mediterráneo, y tuvo ocasión de desembarcar inesperadamente en un pequeño
puerto italiano. Había estado lloviendo, y las calles estaban llenas de fango. Los funcionarios
locales habían colocado una alfombra entre el muelle y el carruaje, pero no era lo suficientemente larga y en el hueco que quedaba alguien había puesto, muy incorrectamente, una bandera
italiana.
El rey desembarcó de su yate, recorrió la alfombra y llegó a la bandera que yacía en tie rra.
Instantáneamente se hizo a un lado en el fango y se quitó el sombrero, para demostrarle respeto
al emblema nacional del país que estaba visitando. Fue una situación totalmente inesperada, que
no estaba incluida en la práctica convencional de la cortesía. De modo que el acto del rey se
realizó por impulso, del mismo que el incidente del té y el platillo, y demostró una vez más que
el rey Eduardo VII tenía el hermoso instinto de la cortesía habitual.
He aquí un ejemplo canadiense, y scout, de la misma cosa. Uno de nuestros más destacados
líderes canadienses de los scouts fue invitado a hablar en una reunión sobre el trabajo con los
muchachos. Sin saberlo él, otro orador que defendía un programa distinto del trabajo con
muchachos, había sido también invitado a hablar, y habló primero. El líder scout, llamado a la
tribuna, elogió al orador anterior por su discurso, y entonces se excusó de decir nada del
programa que representaba. En otras palabras, rehusó disminuir en nada el éxito del otro
hombre.
A veces hay personas que acostumbran burlarse de la cortesía y los buenos modales. Parecen
encontrarlos poco varoniles, “cosas de mujeres”. No se dejen afectar nunca por eso. La
cortesía, sobre todo con las mujeres y los niños, siempre ha formado parte del equipo de
carácter de un caballero: hábitos tales como levantarse al entrar visitas, hablar siempre de pie
a una dama o persona mayor, no sentarse nunca a la mesa hasta que todas las damas presentes
estén sentadas...
Uno de los beneficios del entrenamiento del ejército y la marina es el uso de “señor” al dirigirse
a un oficial superior o cualquier hombre mayor. Esto siempre es agradable , y sin embargo nunca
rebaja a un muchacho en la estimación de una persona inteligente.
Es bien conocido el valor de la cortesía habitual en los negocios. La mayoría de las grandes
tiendas de departamentos tienen ahora un cursillo para adiestrar a sus vendedores jóvenes, y
esta instrucción subraya la cortesía. En realidad, se describe la cortesía como “la base del éxito
de un vendedor”. El éxito de ciertas grandes tiendas de departamentos se ha atribuido en gran
parte a la reputación de invariable cortesía que tienen sus dependientes.
A la cortesía se le ha llamado el lubricante que hace que la maquinaria de la vida funciones
suave y agradablemente. A toda persona normal le gusta que la saluden con un amistoso y
animoso “hola”, o “buenos días”, o “buenas noches”. Es tan fácil ser afable y amistoso como ser
desagradable.
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Así es que en su casa, en la calle, en el campo de juego, en los negocios, el verdadero scout
es siempre cortés, tanto por razones de sentido común, como de ideales, y porque es un scout.
“Es sumamente importante que todo scouter se examine cuidadosamente,
suprima los defectos que seguramente posee, y se acostumbre a practicar lo
que predica, para darles a sus muchachos el ejemplo correcto que modele sus
vidas, caracteres y carreras”.
B. P.
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Nuestros amigos entre los animales
Los animales durante las vacaciones
Buena obra en un descarrilamiento
LA BONDAD HACIA LOS ANIMALES
Esta noche vamos a hablar unos minutos de los animales; de los scouts y los animales.
Incidentalmente, ¿cómo definirían ustedes el “ser amigos de los animales”? ¿En la misma forma
general que ser amigo de otro muchacho?.
¿No tendrían ustedes más consideración en cierto sentido con los animales que con los seres
humanos a causa de su limitada comprensión, a causa de que no pueden hablar y explicarse, y
porque hay tantas situaciones en que no pueden valerse? A mí me parece que en cierto modo
deberíamos ser más considerados con ellos que con las personas.
Se ha dicho que la bondad con los animales es una de las pruebas de civilización y cultura.
Ciertamente la brutalidad con los animales es una característica bastante frecuente de países
incivilizados. Y a veces también lo es de países donde no hay más que un conocimiento
elemental de las verdaderas normas cristianas; donde, por ejemplo, se ve a los arrieros apurar
a sus cargadísimos burritos aguijoneándoles el lomo ulcerado.
Hay que reconocer que en nuestro propio país en otros tiempos se trataba a los animales con
bien poca consideración. Se estimaba como una buena broma el amarar una lata al rabo de un
perro vagabundo y ver cómo corría frenético calle abajo con la lata dando golpes y haciendo
ruido hasta que agotado se metía en algún rincón oscuro. Es una buena señal que hoy en día
rara vez se oye acerca de semejante crueldad, aunque ocasionalmente se ven muchacho s ( q u e
no son scouts, por supuesto) tirándole piedras a un perro o a un gato, o dispará ndoles a los
pájaros con una escopeta de aire o un tirapiedras.
La mayoría de nosotros tiene perros o gatos en su casa, y nos encontramos con los de otras
personas en la calle casi todos los día s. Podemos ser bondadosos con ellos no molestándolos ni
lastimándolos, no azuzándolos nunca, e impidiendo que otras personas lo hagan. Si tenemos un
perro o un gato podemos ser bondadosos ocupándonos de que estén siempre bien alimentados,
que tengan donde dormir cómodamente, y cosas así. Lo mismo con las palomas, los conejos,
pollos y otros animales domésticos: hay que darles comida y agua con regularidad y tenerles
limpio el corral y la jaula.
Durante el verano hay frecuentes oportunidades de ser fieles a la 6ª Ley Scout ocupándose de
gatos que han sido dejados olvidados por sus dueños irreflexivos al irse de vacaciones.
Ocasionalmente pueden tener oportunidad de hacer algo excepcional.
Hace unos años ocurrió el caso del scout Baldwin de una tropa de Montreal, que se hallaba a
bordo de un tren de veraneantes que se descarriló cerca de Bic, Quebec. Los pasajeros no
sufrieron daño, pero en el carro de equipajes, que cayó sobre un costado, iban varios perros y
gatos, en camino a sitios de veraneo, que quedaron enterrados bajo montones de equipajes. El
scout Baldwin en seguida pensó en los animales y corrió a auxiliarlos. En unión del conductor y
del encargado del equipaje trabajó dos horas sacando los gatos y perro s, y todos menos uno
fueron puestos en libertad sin lastimadura seria.
He ahí una buena aplicación de la 6ª Ley.
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El establo en llamas
El caballo sobre el hielo
Caza y trampas
LA BONDAD HACIA LOS ANIMALES
En nuestra última charla sobre la 6ª Ley Scout mencioné al scout de Quebec que ayudó a salvar
varios perros y gatos cuando se descarriló un tren de veraneantes. Nuestros casos de
condecoraciones scouts nos describen varias buenas obras semejantes hechas a animales
necesitados. Hubo el scout Ernie Gould de Kenora, que se arrastró sobre una balsa de troncos
a la deriva para rescatar a dos agotados galgos. Hubo el Jefe de tropa Weston, de una tropa
de Hamilton, que resca tó cuatro caballos de un establo en llamas aunque tenía el impedimento
de una pierna artificial.
Y hubo el scout Ralph Brown de Moscow, Canadá. Una noche de invierno su madre vio una luz
sobre el lago helado cerca de su casa. La luz permanecía inmóvil, lo cual era extraño, pues los
campesinos con frecuencia acortaban el camino cruzando el hielo de noche con una linterna. De
modo que Ralph corrió al lago a ver si alguien estaba en apuros, y se encontró que un trineo con
su caballo había roto el hielo y caído al agua. No podía llegar al sitio a causa de la extensión del
hueco, así es que corrió a su casa a buscar a su padre, arrastraron un bote hasta la apertura,
y llegaron al trineo. Rescataron al hombre, pero parecía que tendrían que dejar al caballo- Sin
embargo, Ralph no era de los que se desalientan con facilidad. Sacó su cuchillo, hizo que el
padre le amarrara una cuerda a la cintura y mientras su padre la sujetaba, se inclinó de cabeza
en el agua, debajo del caballo, y cortó los arreos. Y entonces pudieron jalar el caballo hasta la
orilla.
No hay que decir que ningún verdadero scout mata pájaros o ardillas meramente por el placer
de cazar y matar algo. La cuestión de la caza y las trampas presenta cierto problemas p a r a l o s
muchachos canadienses, sobre todo en los distritos donde se caza mucho. Es indudable que el
Todopoderoso prevee ciertos animales y pájaros silvestres como fuente de alimentación y
vestidos, cuando hace falta. Cada muchacho que tenga oportunidad de cazar y poner trampas
tiene que decidir la cuestión por sí mismo, tiene que preguntarse sus razones precisas para
hacerlo, y si son suficientes para un scout.
He aquí un ejemplo de una razón errónea: En algunos distritos hay cada pocos años una fiebre
de poner trampas entre los muchachos de los pueblos y las aldeas, que cre e n q u e s e v a n a
hacer ricos atrapando animales y vendiendo sus pieles. Buscan toda clase de trampas, desde
las de osos hasta ratoneras, y las ponen para atrapar almizcleros, comadrejas, zorrillos, topos,
ardillas, cualquier cosa. Pero la mayoría de esos jovencitos no saben nada en cuanto a trampas,
y esto da por resultado muchas tragedias animales. Algunos quedan atrapados en formas que
causan mucho dolor; otros escapan, arrastrando de una pata una trampa que no se ancló bien.
Pero lo peor es que algunos muchachos se cansan de visitar sus “líneas de trampas”, y los
animales allí capturados quedan abandonados a una muerte lenta.
Y eso no es todo. Con frecuencia cuando se consigue un animal de algún valor no se le desuella
correctamente, y la piel resulta de muy poco o ningún rendimiento. Otra desdichada
consecuencia es que a veces perros y gatos caen en las trampas y quedan lisiados.
La misma cosa se aplica en general a la cacería con rifle o escopeta de perdigones. Nunca hagan
esto sólo por divertirse. Y hay una regla que debería ser inviolable: que ningún scout salga de
cacería a menos que entienda perfectamente el manejo de las armas de fuego y las precauciohttp://www.siemprescout.org
nes que son necesarias para su propia seguridad y la seguridad de los demás.
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Animales de labranza
Sobre los caballos
Cómo actuar ante la crueldad
LA BONDAD HACIA LOS ANIMALES
La semana pasada hablamos de la bondad hacia los animales pequeños. El mismo principio de
consideración debe aplicarse a los animales más grandes: caballos, vacas, carnero, puercos.
¿Cómo podemos ser amigos de todos éstos?... (Aquí las respuestas van a depender de la
situación geográfica y los elementos constituyentes de la tropa. Donde los muchachos haya n
tenido poco que ver con animales de campo se puede dar a la pregunta la forma más amplia de
cuál sería la manera bondadosa de tratar a los animales con quienes se trabaja. Las respuestas
incluirán el darles comida y abrigo apropiados, protección en los campos contra los temporales
del otoño y el invierno, echarles una frazada a los caballos que se dejan parados después de un
paseo en invierno, etc.).
Una cosa que es necesaria para poder tratar en cuanto a la forma de tratar a los caballos. Por
ejemplo, cuando arranca a tirar de una carga pesada, el carretero ignorante o irreflexivo regaña
a sus animales, los fustiga, les tira las riendas con violencia y los obliga a arrancar de golpe. En
cambio el que sabe manejar caballos los aúna, y luego con voz serena y la rienda firme los
alienta hasta que tiran con estabilidad. La diferencia entre ambas clases de carreteros es aún
más marcada cuando están dando marcha atrás con una carga pesada en un sitio difícil, por
ejemplo haciendo recular un carro de carbón sobre el bordillo de una acera.
¿Qué harían ustedes para ayudar a un caballo y un carretonero ignorante en un caso
semejante?... Sí, colocar un tablón sobre el contén de la acera para hacer una rampa sería una
buena idea.
Por lo general se nota también gran diferencia en la apariencia de los caballos de ambos tipos
de carreteros. Unos estarán bien alimentados y cuidados de la crin a los cascos, los otros se
verán sin lustre y polvorientos, los cascos manchados de estar parados en paja sucia, y
probablemente flacos.
Los muchachos que manejan carros tirados por caballos a veces demuestran poca consideración,
fustigando a sus animales y tirándoles violentamente de las riendas. Esto pasa sobre todo en
los pueblecitos más pequeños, posiblemente a causa de la falta de organizaciones tales como
el Bando de Piedad o la Sociedad Protectora de Animales. En tales sitios los scouts pueden hacer
muchas buenas obras por los animales pidiendo que se les trate bien cuando se les maltrata. En
casos notorios en que no se les haga caso se debe reportar el asunto a algún funcionario de una
de la sociedades ya mencionadas, o al juez.
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Primeros Auxilios a un perro
Cómo acercarse y tratarlo
El bozal de tela
LA BONDAD HACIA LOS ANIMALES
Si le van a aplicar los primeros auxilios a un animal lastimado, tienen primero que saber cómo
ganarse su confianza y cómo tratarlo sin peligro.
Al acercarse a un perro herido tienen que recordar que el animal ha pasado po r una experiencia
muy seria y que está sufriendo de “shock”. Además, como no los conoce, no está seguro de sus
intenciones. En esas circunstancias, hasta el perro de mejor carácter puede morder.
Lo mismo sucede con un perro enfermo.
Si se encuentran un perro desconocido enfermo o lastimado, acerquénsele con calma y
confianza. Nunca demuestren miedo. Nunca anden de prisa; no hagan ningún movimiento
repentino. Háblenle tranquilamente. La voz humana es algo maravilloso para calmar el susto y
la excitación de un animal. No se dejen excitar ustedes, pues los animales se dan cuenta en
seguida de la nerviosidad de las personas.
Siempre se debe usar un bozal. Al curar al animal pueden lastimarlo accidentalmente, y a
cualquier perro se le puede perdonar que muerda entonces.
Para ponerle el bozal puede ser necesario arrinconar al perro. Esto se conseguirá hablándole con
calma y no haciendo movimientos bruscos. Generalmente es mejor acercarse al perro mordedor
con tranquila firmeza y, lo más importante de todo, sin señal alguna de aprensión.
El bozal de tela es el mejor. Se puede improvisar con cualquier cosa que haya a mano: un trozo
de venda de dos o cuatro pulgadas, un pedazo de tela, o de cuerda. Debe ser lo bastante ancho
para no enterrársele al perro en la carne, y no hay que apretarlo tanto que cause molestias al
animal.
Una vez que el perro tenga puesto el bozal, ustedes pueden examinarle la herida y prestarle los
primeros auxilios.
Acuérdense de maniobrar con calma y confianza, sin excitarse.
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Disciplina en el Hockey
Entrenamiento para la pista y los negocios
Autodisciplina
LA OBEDIENCIA
Les voy a contar dos o tres cuentos, mera mente cuentos. Entonces ustedes me van a decir si
éstos incidentes podrían haber sucedido.
Había una vez en cierta liga de “hockey” escolar, un equipo compuesto enteramente de
muchachos que se sentían completamente seguros de que ya no les quedaba nada que aprender
respecto a ese juego. Consideraban humillante el aceptar consejos o instrucciones de nadie. Si
durante el juego el capitán del equipo les decía que vigilaran a sus respectivos contrarios, se
esmeraban en dedicarse a seguir el disco por todo el hielo. Si a un guardián se le decía que
defendiera su posición, sacaba el pecho y en la primera oportunidad se llevaba el disco para un
tiro a la meta. Cada vez que el guardameta tenía ganas de hacerlo, se iba veloz tras el disco
y dejaba la red desamparada.
Por supuesto, este equipo se llevó fácilmente el campeonato de la liga. ¿Sí o no?
Otro cuento: Cierto miembro de un equipo de pista iba a representar a su escuela en la carrera
de una milla. El equipo tenía su entrenador, pero nuestro héroe no podía aceptar órdenes de
nadie. Así es que practicaba cuando tenía ganas, se acostaba tarde, fumaba, etc. Los
corredores de las otras escuelas se ajustaron a las reglas y la dieta del entrenamiento. Y cuando
llegó la gran carrera nuestro héroe tan independiente ganó sin esfuerzo. ¿Sí o no?...
Probablemente ganó acostado junto al poste del cuarto de milla.
Un cuento del mundo de los negocios: Un muchacho consiguió un puesto en las oficinas de una
gran empresa de fabricación. Su primera obligación era traer la correspondencia del correo por
la mañana. “Déjeme acabar la página de los deportes”, le decía al jefe de oficina. “O vaya a
buscarla usted.” Se le decía que entrara en la oficina. “Muy bien; cuando me parezca.” Llegó
el jefe y le dijo que llevara un recado a la fábrica. “Espere que termine los muñequitos”, contestó
nuestro héroe. Naturalmente lo ascendieron pronto, y finalmente lo hicieron administrador
general con un buen sueldo. ¿Sí o no?
Sí, estos son cuentos ridículos. Pero en realidad no son más ridículos que la conducta de un
muchacho que en su casa, en la escuela o la universidad, o en las reuniones de la tropa, se crea
“demasiado grande” para obedecer a sus padres, maestros o profesores, o al jefe de su patrulla
o de su tropa, o a un policía, o a cualquiera que tenga el derecho de decirle que haga
determinada cosa.
Generalmente uno relaciona la palabra “disciplina” con el ejército. Y es un error, porque en
realidad la disciplina, o sea el hábito de obedecer, es uno de los factores más importantes de
la vida cotidiana de ustedes o mía. Tiene que ver con la felicidad en el hogar, con el éxito en
la escuela, en los deportes y en los negocios, hasta con la salud de uno. En verdad creo que
no hay una sola circunstancia en la vida que no implique obediencia a alguna orden o alguna
costumbre, o una ley física o de otra clase. Pero luego hablaremos de esto.
Ya ustedes saben, por supuesto, que he estado hablando de la 7ª Ley Scout: “El scout obedece
las órdenes de sus padres, guía de patrulla o jefe de tropa sin discusión.” Se basa sencillamente
en el sentido común.
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La explicación completa de la 7ª Ley Scout añade: “Aunque se le dé una orden que no le guste,
tiene que cumplirla. Después puede exponer cualquier razón que tenga contra ella; pero cuando
se le da la orden tiene que cumplirla en seguida. Esto es disciplina.”
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A los padres
La leche por la mañana
No es inferioridad
LA OBEDIENCIA
La última vez que dijimos algo de la 7ª Ley Scout, yo les hice varios cuentos imaginarios de
muchachos desobedientes que alcanzaron gran éxito (?) en los deporte s porque se creían
demasiado crecidos para hacer lo que les decía el capitán del equipo de hockey, el entrenador
del equipo de pista, y cosas así.
Llevemos esa idea un poco más lejos. Quizás les sea útil algún día.
Si ustedes estuvieran enfermos, por ejemplo, ¿les gusta ría estar al cuidado de una enfermera
que rehusara seguir las instrucciones del médico? ¿Que cuando se le ordenara darles la medicina
cada hora se la diera “cuando se acordara” o “cuando le pareciera bien”? ¿O que en vez de
ensalada de frutas les diera una papa fría? Difícilmente les iba a gustar.
No; no tienen más que discutirlo un poco para ver que la lentitud en obedecer, en vez de ser
digno de “todo un hombre”, es sólo signo de una “buhardilla vacía”: falta de cerebro.
La obediencia no implica inferioridad. No rebaja la dignidad de uno. En realidad es uno de los
elementos que hacen la vida tolerable. Nos trae la leche por la mañana, por medio de la
obediencia a sus instrucciones del hombre que la reparte, la obediencia a las suyas de los
hombres de la planta pasteurizadora , y la obediencia de los que alimentan y ordeñan las vacas.
Y así sucesivamente.
Lo mismo sucede con todas las cosas. El que se las da de demasiado “hombre” para trabajar no
debería comer, porque al comer está aprovechándose de otros que están dispuestos a obedecer,
y que hacen así su aporte al funcionamiento de la gran maquinaria de la vida humana social. En
otras palabras, obedecer no es más que ajustarse a las reglas del juego.
Digamos unas palabras respecto a la obediencia a los padres. Algunos de ustedes tienen
hermanos pequeños, y ustedes incurren en toda clase de peligros si no se les advierte, o se les
impide hacer cosas peligrosas. Jugar con fósforos, por ejemplo. Quizás algunos de ustedes han
advertido a un hermanito que eso es peligroso y le han dicho que se iba a quemar, y quizás él
contestó: “No me quemo nada”, respondiendo entonces ustedes probablemente que siguiera y
se quemara para que viera; y se han preguntado cómo podía ser tan idiota.
¿Nunca se les ha ocurrido que hay tanta diferencia entre lo que sabe su hermanito y lo que
saben ustedes, como entre lo que saben ustedes y lo que saben sus padres? Porque la hay.
Hay muchas cosas en la vida que sólo pueden llegar a entenderse con la experiencia de los años,
y de ninguna otra manera. Y esto será siempre así, aunque ustedes tengan más instrucción en
ciertos campos que sus padres.
Recuerden esto la próxima vez que quieran hacer algo que les parezca perfectamente bien, pero
a lo que sus padres se opongan. Quizás no puedan explicar concretamente por qué no les parece
bien, pero su experiencia mucho más larga de la vida les advierte instintivamente. Así es que
escúchenlos y eviten “quemarse los dedos” como el hermanito con los fósforos. Y que hay
“quemaduras” que son mucho más graves que las de los fósforos.
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Una desobediencia fatal
Una anécdota y un mensaje de Baden Powell
LA OBEDIENCIA
El primer manual scout del Canadá, llamado The Canadian Boy Scout, se publicó en 1911. El
preámbulo era un mensaje del general Baden-Powell, grado que tenía entonces el fundador del
Escultismo. En este mensaje narraba una anécdota de la guerra del África del Sur que tiene un
buen recordatorio para todos nosotros.
Sucedió en 1901 cuando Baden-Powell o B. P., como le llamaban, era un coronel al frente de una
fuerza de infantería montada. Bajo él había un joven oficial, scout perfecto de primera clase que
sabía seguir huellas, esconderse, vigilar y hacer excelentes informes sobre los movimientos del
enemigo. Era todo lo valiente y arriesgado que se podía desear. Pero tenía un defecto: no
siempre obedecía estrictamente las órdenes que se le daban.
Un día las tropas del coronel B.-P. estaban emboscadas para sorprender a un comando de boers.
Él dió órdenes a sus hombres de estarse agazapados y no moverse. Pero, a pesar de esto, el
joven oficial se escurrió para llevar a cabo un escrutinio particular. Pronto se oyeron tiros. El
oficial se había tropezado con un explorador boer, se habían hecho fuego mutuamente, el boer
quedó muerto y el oficial herido mortalmente.
Otros exploradores boers oyeron los tiros. Acudieron prontamente, encontraron al oficial
británico herido y, por supuesto, se dieron cuenta en seguida de que había tropas británicas en
la cercanía. Se apresuraron a avisarle al cuerpo principal de su propio ejército, y quedó frustrado
así todo el proyecto de la gente de Baden-Powell.
En su preámbulo del Manual, B.-P. añade:
“No, yo no quiero para nada un individuo que no pueda obedecer órdenes, aunque sea
un buen scout en otros sentidos”.
Y continúa diciendo:
“Por lo que he visto de ustedes los muchachos canadienses, los admiro mucho. Ustedes
son ya buenos scouts en los bosques, pero para ser enteramente de confianza tienen
también que estar seguros de su disciplina y de que saben obedecer órdenes, por
desagradables que sean, sin vacilación, y alegremente.
Canadá puede llagar a ser una gran nación si cada uno de ustedes decide hacer su parte
por que así sea. Una nación no está constituida meramente por su territorio o su riqueza,
sino por sus hombres.
Si son hombres de empuje y energía, que laboran juntos como un equipo de fútbol, cada
uno en su puesto y jugando el juego de acuerdo con las reglas y las órdenes del capitán,
ga narán y harán una gran nación. Si meramente holgazanean a través del juego, cada
cual a su manera, no es probable que ningún país tenga éxito.
Así es que, ¡arriba muchachos canadienses, y jueguen bien! Olviden su comodidad
personal, piensen en su país, y esfuércese seriamente cada uno de ustedes por ser un
buen scout y completo, de quien se pueda estar seguro de que en un apuro se aguantará
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firme y obedecerá las órdenes que reciba.”
He aquí una narración y un mensaje para ustedes, muchachos, para cada uno de ustedes, de
uno de los hombres verdaderamente grandes del mundo: el hombre cuyas ideas de lo que a los
muchachos les gusta hacer, dieron como resultado la creación de los hoy Scouts, la fraternidad
internacional de muchachos más grande que el mundo ha visto jamás. Llevó una vida de
aventuras tal como a cualquiera de ustedes le gustaría llevar: fue oficial de caballería (fue el
héroe más célebre de la guerra boer a causa de su defensa de Mafeking); fue un ingenioso
explorador en las guerras de las fronteras de la India, y en el país de los zulúes y los matabeles
en el África; fue deportista y explorador. En una palabra, fue un legítimo y completo scout de
primera clase. Así es que recordemos lo que dijo respecto a “obedecer órdenes” los scouts, y
la historia del oficial que perdió la vida por desobedecer.
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El empleado que sonreía
Constancia de Edison
Persistencia jovial
LA JOVIALIDAD
Quizás se sonrían cuando yo les diga que Lord Baden-Powell, nuestro fundador, al principio
redactó esta Ley en la forma siguiente: “El scout sonríe y canta en todas las circunstancias.”
Eso era cubrir un campo bien amplio, ¿verdad? B.-P. pronto se dio c u e n t a d e q u e e s o d e todas
las circunstancias iba a ser mal entendido, y cambió la frase por “ todas las dificultades.”
Al explicar más ampliamente esta Ley, Baden-Powell dijo en “Escultismo para Muchachos”;
cuando a un scout se le da una orden, debe obedecerla alegre y prontamente, no con lentitud
y desgano. Los scouts nunca se quejan de las dificultades, ni se lamentan entre sí, ni refunfuñan
cuando encuentran obstáculos, sino que siguen adelante, cantando y sonriendo.
Estoy seguro de que ustedes se dan cuenta de que el cumplimiento de la 8ª Ley implica gran
sentido común y beneficio para ustedes como scouts, y para otras personas. A nadie le gusta
una persona quejumbrosa, y en cambio a todo el mundo le gusta el individuo alegre y de buen
humor, que sonríe y ríe con frecuencia.
Roland Philipps, en su libro “Cartas a un Guía de Patrulla” narra la anécdota de un jov e n q u e
trabajaba en una oficina y que un día se llevó una gran sorpresa cuando una señora anciana le
cogió la mano y le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella. “Pero yo no he hecho
nada por usted”, dijo el joven. “Oh, sí” replicó ella. “Usted siempre tiene una alegre sonrisa en
los labios, haga sol o llueva, y a una anciana como yo le hace bien hasta el verlo.”
Ustedes tienen que haber oído el viejo refrán: “Ríe y el mundo reirá contigo; llora y llorarás solo.”
Por supuesto, no es del todo cierto, pero tiene mucho de verdad.
“El scout sonríe y canta en todas las dificultades....”
Alguien ha dicho que la única diferencia entre las personas, en cuestión de desengaños y
problemas, es su actitud hacia las dificultades. Porque tarde o temprano a todo el mundo le
llegan, en una u otra forma.
Quizás alguno de ustedes crea que el dinero resuelve todos los problemas, que ser rico significa
ser feliz y estar libre de dificultades. Déjenme decirles seriamente, muchachos, que hay más
desdichas de diversas clases entre la gente rica, que entre las familias de pocos recursos. En
otras palabras, la riqueza también trae consigo sus dificultades y la necesidad de “sonreír y
cantar”.
Uno de los campeones de saltos de garrocha, Alex Cameron, dijo un vez que le había hecho más
bien perder que ganar en competencias de garrochas, porque había sido una buena disciplina.
Es una gran cosa poder aceptar derrotas y desengaños y volverse con una sonrisa. Es una de
las grandes ayudas para hacer de la vida un éxito. En realidad, la principal diferencia entre el
hombre que fracasa en la vida y el que tiene éxito, es la perseverancia. ¿Cuánto pueden ustedes
soportar, y seguir sonriendo?
Nunca desperdicien tiempo en lamentarse de sus desengaños o derrotas; vean lo que pueden
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aprender de ellos. Thomas Edison, el gran inventor, probaba las cosas una y otra vez. Cuando
estaba trabajando en su “luz eléctrica” probó como filamento infinidad de cosas, y finalmente
concentró su atención en un hijo de algodón quemado y convertido en carbón. Una, y otra, y
otra vez el frágil “pelo” se rompió. Pero por fin un trocito negro se encontró sano y salvo dentro
de un bulbo de cristal, se aplicó la corriente y se encendió la primera luz eléctrica en el mundo.
Sobre todo, no se lamenten de los desengaños. No es el número de veces que uno se cae lo que
cuenta, sino el número de veces que se levanta y sigue adelante. No se preocupen de cómo se
sienten: no se tengan lástima nunca.
Recuerden, son el mal tiempo y el camino difícil los que fortalecen el cuerpo, y la mente y el
carácter.
“El scout sonríe y canta...”
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Cuando se sufre
Jack Cornwell
Wallace Kinnaird
LA JOVIALIDAD
La condecoración más preciada de los scouts británicos es la insignia Cornwell, que se da por
entereza y presencia de ánimo en medio de grandes sufrimientos. Como ustedes saben, se
estableció en memoria del scout Jack Cornwell, un joven marinero de un buque de guerra inglés
que dio un magnífico ejemplo de valor y fortaleza cumpliendo con su deber y permaneciendo en
su puesto junto a un cañón después de recibir una herida mortal durante la gran batalla de
Jutlandia en la primera guerra mundial. Esta insignia se concede muy raras veces.
La condecoración Cornwell se puede considerar como una recompensa por poner en práctica la
8ª Ley Scout, la de la jovialidad, bajo las circunstancias más difíciles.
Uno de los scouts canadienses que ha recibido esa insignia fue Wallace Kinnaird, de una tropa
de Toronto. En 1931 Wallace se lastimó una pierna en un juego de fútbol. Surgieron graves
complicaciones, y fue necesario amputarle la pierna por la cadera. El problema continuó, y se
vio con claridad que a Wallace Kinnaird no le quedaba más que año y medio de vida a lo más,
y lo llevaron al Hospital Thistledown. Fuese cual fuese su primera reacción, Wallace se enfrentó
con la situación con deliberado valor; y a pesar de la certidumbre de la muerte, así como de
grandes sufrimientos, se dedicó a ayudar a otros muchachos del hospital, scouts y lobatos de
extensión.
Después de su muerte la supervisora de las enfermeras del hospital le rindió este homenaje:
“Durante todo el tiempo nunca lo vimos mostrar más que valor y la jovialidad más
sorprendente y contagiosa con sus compañeros, aunque para algunos, con percepción,
era evidente que tenía sus horas de terrible desolación.
No sólo tenía el semblante alegre y animoso en todo mome nto, sino que se esforzaba
realmente por alentar y ayudar a los otros muchachos (muchos de ellos más afortunados
que él), fomentando en ellos la laboriosidad y la ambición, dando un ejemplo de
obediencia, cortesía y consideración, y todo esto con completa despreocupación de que
estaba haciendo algo extraordinario o digno de alabanza. El valeroso y animoso espíritu
de este muchacho era una inspiración para los que vivían con él.”
El scout Kinnaird fue condecorado con la insignia Cornwll el 17 de diciembre, y el 31 murió.
Ojalá que esta historia de Wallace Kinnaird nos recuerde el “sonreír y cantar” ante los pequeños
desengaños y dificultades que nos llegan.
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El animoso scout que andaba en silla de ruedas
LA JOVIALIDAD
Cuando piensan en “sonreir y cantar en todas las dificultades”, la mayoría de ustedes, me
imagino yo, piensan en cosas pequeñas, pequeños desengaños tales como no poder ir a ver una
película o un juego, o tener que quedarse una noche haciendo tarea de la escuela, o que se les
rompa la bicicleta; o tener dolor de muelas y tener que ir al dentista; cosas así.
Pero escuchen esta historia de “sonreír y cantar en dificultades”. En 1944 se le dio póstumamente una medalla de mérito a Harold Russell, secretario y tesorero de la Asociación Local de
Scouts de Fort William, “por sus servicios extraordinariamente útiles y joviales al Escultismo”,
a pesar de un serio impedimento físico.
Harold Russell había sido inválido desde que nació; nunca pudo utilizar las piernas para nada.
Cuando tuvo edad bastante para entender, tuvo que elegir entre dos cosas: aceptar ser
lúgubremente un inválido inútil para toda la vida, o decidir sacar el mayor partido posible de las
cosas; “sonreír y cantar” y hacer lo que pudiera con su terrible “dificultad”. Bien, eli g i ó “ s o n r e í r
y cantar”.
Aprendió a moverse con ayuda de las manos y una silla de ruedas. Iba a la escuela; iba a la
iglesia. No cultivó, como hacen algunos inválidos, un sentimiento de resentimiento hacia el
Todopoderoso a causa de su situación. En cuanto tuvo edad suficiente, empezó a tomar parte
en el trabajo de la iglesia. Una tarea de que se encargó fue la publicación semanal del boletín
de la iglesia, buscando él mismo los avisos y demás material.
Entonces se hizo rover scout, y como “tarea de rover” aceptó el puesto de secretario-tesorero
de la Asociación local de Scouts. Éste fue uno de los trabajos más activos. Sus memorias e
informes eran un modelo de esmero, y siempre llegaban a la oficina provincial a su debido tiempo.
En la preparación del Día Anual de la Manzana (Campaña Financiera de los Scouts de Canadá),
él asumió la responsabilidad de ocuparse de que los carteles y afiches de vidrieras se
distribuyeran y exhibieran eficazmente. El Día de la Manzana se encargó en gran parte de los
vendedores de manzanas scouts y lobatos, recorriendo las calles de la ciudad en su silla de
ruedas.
Pero la historia de Harold Russell no se conoció entera hasta después de morir él. Se supo
entonces que a través de los años había padecido continuamente de doloro sas úlceras en las
piernas inútiles. Ni una vez lo había mencionado fuera del seno de su familia.
Su madre habló sobre todo de su valor y decisión cuando empezó a ir a la escuela. Estaba
resuelto a educarse y prepararse para servir de algo en la vida a pesar de su desventaja inicial.
Escribió el comisionado scout del Distrito, Ellard: “Yo lo visité con frecuencia durante su última
enfermedad, y aunque su madre me informaba de su situación, Russell no hablaba más que de
su trabajo en el Escultismo y de que pensaba ponerse al día un día de éstos. Durante sus últimas
horas, aunque tenía constantes dolores, se mantuvo jovial y valiente. En la vida y en la muerte
fue un verdadero scout y un gran cristiano”.
“Me resulta curioso que hombres que profesan ser buenos cristianos olviden con
frecuencia en dificultades de esta clase (una tempestad en un vaso de agua) el
hacerse la sencilla pregunta: “¿Qué hubiera hecho Jesucristo en estas circunstanhttp://www.siemprescout.org
cias?” y actuar de acuerdo con la respuesta. Pruébenlo la próxima vez que se
encuentren en dificultades o en la duda respecto a cómo actuar”.
B.P.
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En ahorros y gastos
En salud y fuerzas
El músculo de la mente
LA ECONOMÍA
Creo que una vez les conté la historia imaginaria de un muchacho que sabía demasiado para
entrenarse para la carrera del campeonato de una milla en una competencia atlética escolar, y
que como resultado ganó el campeonato de tirarse al suelo junto al poste del cuarto de milla.
Ust edes, por supuesto, se rieron. Si yo les hubiera contado, como otro suceso imaginario, que
este brillante atleta (?) se había inscrito en el famoso maratón de Boston y que se había
entrenado de la misma manera en el café de la esquina, ustedes se hubieran reído a carcajadas
otra vez.
¿Por qué? ... Porque ustedes sabían que nuestro héroe no podía recorrer una milla completa,
mucho menos las veintisiete del maratón; porque no se había entrenado, no había fortalecido
y endurecido sus músculos, no hab ía condicionado su corazón y sus pulmones. En realidad, se
había ablandado, había debilitado su fortaleza con la indolencia, la holgazanería y el tomar
siempre el camino cómodo.
En otras palabras, y a esto quería llegar, no había practicado el principio de la economía de sus
fuerzas y del poder de la voluntad, no había practicado el principio de la 9ª Ley Scout.
Ustedes probablemente han pensado en la economía sólo en relación con el dinero. Pues es un
error. Es parte del lema Scout de “Siempre listo” para el futuro en muchos sentidos distintos.
Uno de los más importantes es la economía acumulación de salud y fortaleza para la carrera de
larga distancia que es la vida realmente. Acuérdense de esto de vez en cuando. O mejor, todas
las mañanas cuando saltan con animación de la cama, como espero que hagan todos, van a la
ventana abierta de par en par, respiran profundame n te unas cuantas veces el aire fresco, y
hacen algunos de los ejercicios para empezar el día que Baden-Powell les ha dado en “ Escultismo
para Muchachos”.
Esto tiene que ver en gran parte con los músculos. ¿Han pensado ustedes alguna vez que
nosotros necesitamos desarrollar “los músculos de la mente”? También se le puede llamar dominio
de sí mismo, una de las partes más importantes de todo nuestro equipo para una vida útil,
servicial y exitosa. Bien, aquí se aplica la 9ª Ley de la economía: Aprender el dominio de sí al
ahorrar y gastar sabiamente el dinero. Esto es, aprender a desech ar la tentación de gastar el
dinero tontamente en cosas innecesarias, pagar por las cosas más de lo que valen, ir al cine
demasiado a menudo, y cosas así.
El scout es económico. Es una buena y útil idea relacionada con estar “Siempre listo”.
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Los que piden prestado
El mundo no le debe nada a nadie
Independencia de los pioneros
LA ECONOMÍA
¿Se les ha acercado a ustedes alguna vez alguien diciendo que tenía la oportunidad de comprar
un negocito bueno y productivo, una estación gasolinera, o un restaurante pequeño quizás, y
añadiendo: “No necesito más que un préstamo de mil pesos. Es una cosa segura, amigo. ¿Que
le parece? ...¿No?
Bien, es muy probable que les pase algún día; y quisiera hacerles algunas sugerencias. En primer
lugar el que pide prestado rara vez es persona económica; generalmente ha gastado su dinero
según lo ha ido ganando, en cualquier cosa que le llamó la atención. No ha aprendido a manejar
el dinero en una forma sensata y práctica, y es poco probable que sepa manejar la parte
financiera de un negocio sensata y prudentemente. Así es que las probabilidades de que
devuelva el préstamo son pocas. Además, puede que llegue a sentir resentimiento contra
ustedes porque les debe dinero, una flaqueza algo extraña, pero muy humana.
Shakespeare dijo así:
Ni prestes ni pidas prestado;
El que presta suele perder dinero y amigo,
Y el que pide se hace torpe luego en la labor.
A veces lo que piden prestado son de esas personas holgazanas y sin disciplina que pretenden
que el mundo “les debe con qué vivir”. Yo sé que a ninguno de ustedes les va a picar nunca esa
rara idea. Vamos a analizar su tontería. En primer lugar, tiene que significar que el mundo nos
debe alimento qué comer, pan, digamos. ¿Quién nos debe pan? Sólo puede ser el campesino que
ara el campo, siembra el trigo y lo cosecha en el otoño; el aventador que lo limpia; el molinero
que lo convierte en harina; los camioneros y maquinistas de tren que llevan la harina a las
panaderías; los panaderos que la convierten en pan, y las panaderías o carros que lo reparten.
Bien, ¿le “deben pan a alguien todos estos trabajadores? ¿Se lo deben al hombre o al muchacho
que no tiene la rectitud mental o el sentido común para ver que todo el mundo tiene que hacer
algo para contribuir a la cadena de esfuerzos que trae un pan a la mesa de cualquier persona?
Y lo mismo con otras cosas que hacen posible la vida. Todo el mundo tiene que contribuir con
algo a la rueda de la producción. No, el mundo no le debe a nadie con qué vivir.
Esa idea de “alguien me debe con qué vivir” quizás surgió de la “ayuda” que el go b i e r n o l e s
repartió a las familias de personas sin empleo durante los años de depresión que siguieron a
1930. Fue una temprana experiencia desdichada para muchos muchachones y niñas el aprender,
como debe haberles parecido, que era realmente necesario trabajar para comer.
Estoy segu ro de que ustedes estarán de acuerdo en que los hijos de los primeros pioneros
canadienses tuvieron un comienzo mejor y más viril viendo a sus padres enfrentarse con sus
muchas dificultades parados en sus dos pies, y a menudo sin más que una buena hacha afilada,
una escopeta, un buey y un arado hecho en casa. Son los pioneros, con su independencia, sus
múltiples recursos ingeniosos y su valor, los que nosotros los scouts tomamos como ejemplo y
tratamos de seguir.
Y una parte de nuestra imitación a los pioneros la tenemos en la 9ª Ley, la Economía, para poder
sostenernos siempre con independencia.
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El primer paso hacia el éxito en los negocios
Eaton y Loblaw
LA ECONOMÍA
¿Cuántos de ustedes tiene trece años?... Un día en 1847 (¡antes que naciera la mayoría de
ustedes!) un muchacho llamado Tim entró de dependiente aprendiz en una tienda de quincalla
en Portglenone, Irlanda. Tenía ocho hermanos y era huérfano de padre; su madre estaba
pasando mucho trabajo para sostener la familia.
El aprendizaje de Tim debía durar cinco años. El salario era muy pequeño y las horas de trabajo
muy largas. Los aprendices vivían en la tienda, y por un tiempo Tim durmió bajo un mostrador.
Pero lo agu antó, y aprendió todo lo que pudo respecto a la quincallería, la teneduría de libros
y el despacho al público. Cuando terminó su aprendizaje, fue al Canadá.
Su primer trabajo fue en una tienda de aldea. Economizó mucho, y pronto compró una t i e n d a
de campo. Más tarde puso, con un hermano, una tienda más grande en Saint Mary; finalmente
vendió su parte, se mudó a Toronto y compró una quincalla pequeña en la esquina de Queen y
Yonge.
¿Cuál era el apellido de Tim?... Ese mismo: Eaton. Se llamaba Timothy Eaton. Hoy en ese mismo
sitio se levanta una de las tiendas más grandes del Canadá, y hay otras grandes tiendas de
Eaton en diez o doce ciudades más, casi por todo el Dominio del Canadá.
Luego está Theodore Loblaw, de la gran cadena de tiendas de Loblaw. Era un muchacho de
campo que vino a Toronto a los diecisiete años, encontró un trabajo de 3.25 dólares a la semana
en una tienda de comestibles, e inmediatamente empezó a ahorrar sistemá ticamente algo de su
pequeño salario. También hizo un económico empleo de su tiempo, aprendiendo todo lo que pudo
del negocio de comestibles, y estudiando teneduría de libros en una escuela nocturna. A los
pocos años tenía su tienda propia, luego varias más, y después la cadena de “Dominion Stores”;
finalmente vendió ésta y fundó las “Groceries” o Supermercados Loblaw en que se despacha uno
mismo y que son hoy día una de las empresas mercantiles más grandes del Canadá.
Fíjense en que la base del éxito de todos estos grandes hombres de negocios del Canadá se
construyó cuando ellos eran jóvenes. ¿Y esa base fue?... Exactamente, economía de dinero,
aprender a gastar provechosamente; y economía de tiempo.
La explicación completa de la 9ª Ley Scout dice: “El Scout es económico. Esto es, siempre está
dispuesto a ganar dinero honradamente, y no lo gasta tontamente o sin necesidad. En vez de
eso, lo debe poner en el Banco para un momento de necesidad, o para ayudar a pagarse la
Universidad, o establecerse en algún negocio cuando sea mayor. Porque muchos jóvenes no
pueden entrar en la Universidad, o aprovechar magníficas oportunidades en los negocios, por
faltarles capital, que podrían tener si hubieran economizado un poquito cada año cuando eran
muchachos.”
De modo que, si no lo han hecho ya, muchachos, abra n una cuenta de ahorros,
objetivo determinado, tal como ir a la Universidad, o establecerse en un negocio
bien, si todavía no han decidido qué quieren ser, ahorren con el objetivo general
camino” cuando por fin lo decidan. Encontrarán muy interesante ver crecer el saldo
de banco.
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bien con un
algún día; o
de estar “en
en su libreta
El perder cosas
El comprar buena calidad
Los plazos
El extremo del viejo Scrooge
LA ECONOMIA
Hay un dicho antiguo, de los tiempos de los Cruzados a caballo: “Por falta de un clavo se perdió
una herradura, por falta de una herradura se perdió un caballo, por falta de un caballo se perdió
un jinete, por falta de un jinete se perdió una batalla.”
Hoy en día hay un rumor de que algunos muchachos son muy descuidados con sus cosas, y
hasta con las de los demás. Tiran sus libros de la escuela por aquí y por allá, y se olvidan de
ellos. Por economizarse un par de pasos tratan de colgar su ropa en el aire, y si se cae la dejan
en el suelo. Cogen prestadas las herramientas del padre, y las dejan caer cuando han
terminado... Ya veo que algunos de ustedes conocen la historia.
Supongo que nunca habrán pensado en la 9ª Ley Scout en tales ocasiones: que la economía
incluye cuidar las cosas; que un buen martillo que se pierde es un peso que se pierde; que las
cosas que se pierden hay que reemplazarlas.
De modo que vamos a corregirnos un poco de este desperdicio descuidado, muchachos.
Hay otro punto de vista respect o a la economía de la 9ª Ley. Es la economía de comprar cosas
de buena calidad, siempre que se puede. Un traje realmente bueno, por ejemplo, dura más que
varios trajes más baratos, y lo mismo sucede con muchas otras cosas.
Una palabra sobre las compras a plazo. De vez en cuando esto puede ser necesario, pero debe
evitarse en lo posible. Durante la última depresión económica les faltó el trabajo. No pudiendo
pagar los plazos vencidos en radios, automóviles, bicicletas, muebles, hasta ropa, en muchos
casos perdieron los artículos y lo que ya habían pagado por ellos. Otra cosa: generalmente se
paga menos economizando hasta que se puede comprar de contado, pues el precio entonces
es menor. Y además uno no está preocupado cuando se vencen los plazos.
Por supuesto, hay que cuidar de no convertirse en un avaro. Recuerden al viejo Scrooge del
Cuento de Navidad, que hizo del dinero su dios. Algunas tristes tragedias familiares han tenido
su origen en la obsesión del padre con el dinero.
Recuerden la historia de la Biblia que se cuenta en Lucas, capítulo 12, y que empieza con el
versículo decimosexto:
-“Y les contó una parábola, diciendo: El terreno de cierto hombre rico producía mucho,
y él pensó, ¿qué haré, porque no tengo lugar donde guardar mis cosechas? Y dijo, haré
esto: Desbara taré mi granero. Y le diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes
acumulados durante muchos años; descansa ahora, come , bebe y regocíjate. Pero Dios
le dijo: Tonto, esta noche tu alma se te quitará, y ¿de quién serán entonces esas cosas
que has acumulado? Así es el que acumula tesoros para sí, y no es rico con Dios.
Hay peligros en ambos extremos de la economía: el desperdicio por un lado, la avaricia y la
mezquindad por otro. El buen scout conserva el equilibrio entre los extremos.
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El tiempo es dinero
Aprendiendo un idioma durante los viajes
El ejemplo de John Buchan
LA ECONOMÍA
¿Han oído ustedes el dicho, “El tiempo es oro”? He aquí un ejemplo: muchas personas que
trabajan en grandes ciudades como Londres y New York y viven en las afueras, y van y vuelven
diariamente en ómnibus o en tren, han llegado a dominar varios idiomas por medio del breve
estudio durante sus viajes. Algunas, con ayuda de un diccionario de bolsillo, han cultivado un
gran y utilísimo conocimiento de las palabras, añadiendo unas pocas nuevas cada día. “John
Buchan” (pseudónimo de Lord Tw eedsmuir, quien al morir era gobernador general y jefe scout
del Canadá) nos dejó un magnífico ejemplo del empleo económico del tiempo. Muchas de sus
novelas, incluso su famosa historia de misterio y aventuras, Los 39 escalones, fueron escritas
poquito a poco en cama estando enfermo, o en un cuaderno sobre sus rodillas estando en un
viaje; en cualquier momento que tuviera desocupado. Economizaba el tiempo como otros
hombres economizan dinero. ¡Y cuánto placer le proporcionó al mundo su economía! El Castillo
de las Cacerías, El Castillo Alegre (una magnífica novela de aventuras, por si no la han leído),
Los Tres Rehenes, El Bastón Mágico, escrito especialmente para muchachos; más de treinta
libros.
Hay un viejo dicho canadiense, “Atiende al heno mientras brilla el sol.” En Inglaterra hay un viejo
reloj de sol con la inscripción: “!Es más tarde de lo que creía!” Son otras formas de decir
“Siempre listo”, o “El scout se prepara para el futuro siendo económico ahora en todo: su salud,
su dinero y su tiempo.” Es la 9ª Ley Scout.
“La economía es parte de la virilidad, porque significa trabajo duro y sacrificio.”
B.-P.
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Una de las reglas de un gran éxito en los negocios
El muchacho “limpio”
LA LIMPIEZA
Hace una semana o cosa así mencioné a Theodore Loblaw, el creador de la gran cadena de ls
“Supermercados Loblaw”. cuando el señor Loblaw abrió su primera tienda estableció tres reglas
como principios funcionales, además de la gran idea de que el cliente se despachara a sí mismo:
Eran honradez, buena calidad, y limpieza.
Las dos primeras por supuesto no eran nuevas, pero era cosa nueva su énfasis en que se le
diera especial atención a la limpieza.
A ustedes probablemente les parece cosa natural la limpieza en las tiendas de comestibles. No
siempre fue así. Hace relativamente pocos años, aunque algunas tiendas estaban razonables
limpias, otras estaban sumamente desaseadas. La carne en la carnicería no tenía protección
contra las moscas; las tiendas pequeñas, o las mixtas, con frecuencia exhibían cajas de bacalao
seco, arenques, frutas, etc., en la entrada o en la acera, abiertas al polvo y las moscas.
De modo que se puede decir que una de las razones del éxito de un gran negocio moderno fue
la LIMPIEZA.
He aquí una interesante y trágica anécdota de un muchacho, el hijo del dueño de una tie nda de
comestibles a la antigua en un pueblo de Ontario, que no había descubierto la conveniencia
comercial de la limpieza cuidadosa. A causa del Escultismo, incluyendo el ir de campamento bajo
un jefe de tropa bien entrenado, Billy concibió el sueño de modernizar la tienda de su padre, pero
éste no respondió. Billy no era un muchacho fuerte, pues padecía de una dolencia del corazón
de nacimiento. Durante su última enfermedad en cama hizo planos completos para cambiar la
tienda, incluyendo la decoración y un frente especial de “vitrolite”. Luego murió. En memoria
suya su padre hizo las mejoras, y hoy en día esta tienda es tan moderna, limpia y bonita como
el hijo scout la había soñado.
Hay una estrecha relación entre la idea de la limpieza de los alimentos y una atractiva limpieza
de carácter. Ustedes han oído la expresión: “Es un joven bien parecido, limpio”. Saben que
significa un muchacho o un hombre que tiene una mirada directa y clara, que es limpio en su
apariencia y hábitos; que tiene un cutis limpio también por comer bien, hacer ejercicio y bañarse
con regularidad. Así mismo es limpio en sus palabras y mente. No anda con muchachos a quienes
les gustan las malas palabras y los cuentos sucios.
Eso es lo que significa la 10ª Ley Scout: “El scout es limpio en pensamientos, palabra y obras.”
No se dejen tentar nunca a abandonar esa norma, muchachos.
NOTA: En relación con la discusión de esta Ley a algunos jefes de tropa pueden ocurrírseles
darles a sus muchachos una charla sobre el tema sexual. Se les aconseja seriamente que no
lo hagan. En vez de eso se recomienda: a) que se informe a los padres que se está dejando
en sus manos la responsabilidad de ese asunto; o: b) que se obtenga de los padres el acuerdo
de que el capellán y un médico probado den una charla a un grupo de scouts. Han surgido
situaciones muy difíciles cuando los jefes de tropa han tratado de resolver el asunto por ellos
mismos.
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Hacia Dios y sus instituciones
Detalles
LA REVERENCIA
Estamos acostumbra dos a que nos recuerden la reverencia hacia Dios y Sus instituciones (como
debe ser) nuestro capellán, los maestros de las Escuelas Dominicales y nuestros padres,
especialmente las madres. Les voy a leer una declaración sobre la reverencia que hizo uno de
los más famosos “coaches” de fútbol de universidades americanas, Fielding Yost, de la
Universidad de Michigan. Héla aquí:
“La reverencia, según la interpreto yo, es una forma de mirar las cosas grandes y bellas de la
vida. Uno reverencia la Biblia, a su madre y su padre. Se les honra y respeta. Se les mira desde
el nivel inferior de la juventud y la inexperiencia.”
Pensemos por algunos minutos en algunas de las cosas que tienen derecho a nuestra reverencia.
En primer lugar, una actitud de reverencia hacia la casa de Dios, la Iglesia. Recuerden que es
un edificio dedicado con mucha solemnidad a la adoración de Dios y a la enseñanza y otras
clases adecuadas de trabajo en servicio de Él. Evidentemente no es un lugar en que se debe
andar corriendo ruidosamente, como si fuera un edificio corriente. Y cuando la reunión de los
scouts se celebra en el salón del sótano del catecismo o de la Escuela Dominical, por reverencia
no se deben perturbar las actividades de devoción que se realizan en otras partes del edificio
de la Iglesia.
Debemos ser reverentes hacia los edificios y santuarios de otras religiones. En la calle o cuando
estemos en un cementerio; así como hacia los monumentos que señalan lugares históricos. De
paso debemos recordar que la mayoría de nosotros tenemos la religión que tenemos por el
accidente de haber nacido en ella.
Finalmente (y lo menciono en último lugar porque quiero qu e lo recuerden sobre todo) como
scouts tenemos que dar el ejemplo de quietud durante todos los servicios religiosos, y de
reverente atención.
Hagamos una de nuestras leyes personales que: El Scout es reverente.
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Pensamientos de Egipto
La revolución
El debido aprecio
POR QUÉ LA IGLESIA Y EL CATECISMO
En un libro “Recuerdos retrospectivos”, uno de los más famosos periodistas canadienses, el
difunto P. D. Ross, describió con lujo de detalles un recorrido por Egipto y Tierra Santa. Contó
de una visita a las ruinas del antiguo Karnak, en el Nilo; de la maravillosa “Avenida de las mil
esfinges”; de sólidas columnas de granito de cien pies de altura aún en pie; de cómo recorrió
por dos horas las ruinas de un templo, y no vio más que parte de los salones y claustros caídos.
Sin embargo, entre todos estos maravillosos y majestuosos restos no había trazas de hospitales,
orfelinatos o escuelas, ni de ningún edificio dedicado al progreso o al alivio del sufrimiento
humano. No había entre esos edificios imponentes, erigidos por el trabajo de huestes de esclavos
empujados por el látigo, excepto la glorificación de faraones muertos, o de imág e n e s d e t o r o s ,
perros, gatos, cocodrilos, halcones o escarabajos.
En contraste con eso, el señor Ross habla de la gran represa de Asuán que retiene las aguas
desbordadas del Nilo y mantiene así la fertilidad de Egipto el año entero. Él la compara con la
gran pirámide de Cheops, que tiene aproximadamente el mismo tamaño y es un inútil monumento
a la vanidad humana erigido con años de sudor de miles y miles de esclavos humanos
brutalmente dirigidos.
En comparación con este cuadro de Egipto de hace unos seis mil años, el señor Ross se vuelve
a “la maravilla de las edades de la tierra”, el efecto civilizador que sobre la raza humana han
tenido las divinas enseñanzas de Jesucristo en más de dos mil años.
Para subrayar el contraste nos recuerda que Cristo sólo predicó tres años, que viajó a pié por
una extensión muy pequeña del mundo y en una época en que el único medio de comunicación
era la palabra transmitida de boca en boca. Y sin embargo, tan tremendo fue el poder de Su
nueva doctrina de amor y compasión y de la importancia individual de cada alma huma na, que
el resultado fue una revolución mundial del pensamiento, que finalmente hizo surgir el concepto
de la libertad política y la civilización democrática.
De manera, muchachos, que ésta es una de las razones por qué vamos a la Iglesia y al
catecismo o a la Escuela Dominical: para dar gracias y expresarle al Todopoderoso nuestro
aprecio de Su bondad con nosotros en mandar a Su único hijo para traerle al mundo la libertad
democrática que disfrutamos hoy.
Hay otra razón. Todos necesitamos que de vez en cuando nos recuerden y re-inspiren ese
espíritu que solemos llamar “nuestro yo más elevado”. Necesitamos reforzarnos espiritualmente
lo mismo que necesitamos reforzar el cuerpo comiendo y bebiendo físicamente.
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Dos cruces
Victoria para scouts
Jack Cornwell
Jack Mantle
EL VALOR
Creo que la mayoría de ustedes conocen la historia de la condecoración británica Cornwell, que
se concede a scouts que han resistido grandes sufrimientos con valor firme y animoso. Si no,
aquí la tienen: Jack Cornwell era un grumete en el crucero Chester en la gran b a t a l l a n a v a l d e
Jutlandia entre las flotas británica y alemana en 1916. Era uno de los diez hombres de la
dotación de un cañón de cubierta. Uno tras otro murieron todos, menos dos, que fueron
gravemente heridos. Jack también había sido herido desde el principio de la batalla. Finalmente
el cañón no se pudo hacer girar para apuntar al enemigo. No obstante, Jack siguió de pie en su
sitio tan expuesto, listo para las órdenes que pudieran llegar. Y murió poco después de la batalla.
En su reporte de la batalla el almirante sir David Beatty mencionó especialmente al joven héroe
scout. Escribió así: “El muchacho (scout de 1ª clase) John Travers Cornwell, del Chester, quedó
mortalmente herido desde principios de la acción. Sin embargo, permaneció solo y de pie en su
sitio sumamente expuesto, tranquilamente aguardando órdenes hasta el final de la acción, con
la dotación del cañón muerta y herida en torno suyo. Tenía menos de dieciséis años y medio.
Siento que muriera más tarde, pero recomiendo su caso para una mención especial en justicia
a su memoria y en reconocimiento del elevado ejemplo que dio.”
El capitán del Chester le escribió a la madre de Jack: “Su cumplimiento del deber fue un ejemplo
para todos nosotros. Las heridas que le produjeron la muerte al poco rato las recibió en los
primeros minutos de la acción. Permaneció firme en su sitio sumamente expuesto junto al cañón,
aguardando órdenes. Su cañón no podía apuntar al enemigo. Todos menos dos de la dotación
de diez estaban muertos o heridos, y él era el único que estaba en sitio tan expuesto. Pero
pensó que podrían necesitarlo, y en realidad bien pudo ser. Así es que se quedó allí, de pie y
esperando, bajo graneado fuego, teniendo por único apoyo la ayuda de Dios y su propio valeroso
corazón.”
L a cruz Victoria, que es la más alta condecoración por el valor en el imperio británico, le fue
entregada por el rey a la madre de Jack Cornwell. Jack pertenecía a la tropa de St. Mary 's
Mission, de Manor Park, en Londres.
Por una extraña coincidencia el acto de valor de Jack Cornwell fue casi exactamente duplicado
en la segunda guerra mundial por otro scout, también llamado Jack, el marinero Jack Mantle, del
buque Foylebank. Decía así la narración:
“El marinero Jack Mantle estaba a cargo del cañón de estribor cuando el Foylebank fue
atacado por aviones enemigos el 4 de julio de 1940. Pronto una bomba le destrozó la
pierna izquierda, pero él permaneció firme junto a su cañón y siguió disparando con el
dispositivo de mano solamente porque la corriente eléctrica del buque había fallado. Casi
en seguida fue herido de nuevo en muchos lugares. Entre sus disparos tenía tiempo de
reflexionar en las graves heridas de que pronto moriría, pero su gran valor lo sostuvo
hasta el final de la batalla, cuando cayó junto al cañón que había servido tan valientemente.”
¡Ese fue valor de scouts!
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Héroes scouts escoceses en los bombardeos de Clydeside
EL VALOR
Ustedes cono cen algo del magnífico y valeroso servicio prestado por los scouts de la Gran
Bretaña durante la última guerra mundial. He aquí la historia de un guía de patrulla escocés que
pasó dos enconados bombardeos aéreos del enemigo en las comunidades de los astilleros del río
Clyde, llamados Clydesider:
- Me fijé cuando iba camino del puesto de primeros auxilios, donde era yo camillero, en
que había gente parada en las puertas mirando el cielo. Doce horas más tarde volví a
pasar por la misma calle. No había nadie en las puertas. No había puertas en qué pararse.
Me presenté a trabajar en el sótano de la escuela. Desde allí los camilleros recibíamos los
mensajes del centro de control. Al entrar yo sonó el teléfono. Todo el mundo guardó
silencio en el sótano. Oí al telefonista repetir el nombre de la estación. Apuntó el primer
mensaje pidiendo ayuda, se lo pasó rápidamente al jefe de la estación, mi jefe de tropa,
y la primera unidad se dirigió a la puerta con su camilla.
Llegó mensaje tras mensaje y una unidad de primeros auxilios tras otra salió para regresar
con heridos.
De pronto el salón tembló violentamente. Cayeron vidrios por dondequiera. La puerta se
abrió, se apagó la luz. El teléfono se descompuso.
Al comienzo no nos atrevíamos a encender un fósforo, porque olía a gas. Por fin se
encendió un farol. Entonces cayó otra bomba, muy cerca, y el farol se apagó. Nos
estábamos dando cuenta ya del significado pleno de la palabra ‘blitz’2.
En lugar del teléfono, empezaron a llegar mensajeros scouts con llamadas de auxilio.
Entonces llegó aviso de que el techo de la escuela estaba ardiendo, prendido por bombas
incendiarias.
Todo el mundo puso manos a la obra para sacar los heridos a los refugios del campo de
juego. Del techo en llamas caían chispas en todas direcciones. Y pudimos ver lo que
estaba sucediendo en otros sitios: fuegos por dondequiera.
La escuela siguió ardiendo, y había peligro de que se cayeran las paredes. Se decidió
evacuar a todos los heridos a otra escuela a cierta distancia. Lo hicimos entre terribles
explosiones y una lluvia de bombas incendiarias.
¿No se acabaría nunca aquel bombardeo? Terminó al cabo de nueve horas y media. La
señal de ‘fin de alarma’ fue el sonido más encantador que yo había escuchado jamás.
Pero nuestras labores duraron seis horas más, y entonces la mayoría de los scouts fuimos
relevados para que pudiéramos dormir un poco y estar listos para la próxima visita de los
enemigos.
Me dirigí a mi casa. ¿Estaría en pie todavía? ¿Estarían mis padres a salvo? Habían
2
Bombardeo aéreo, Nota de Siempre Scout.
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desaparecido muchos edificios a que estaba acostumbrado: escuelas, iglesias y casas.
Pero mi casa estaba en su sitio. ¡Increíble, pero cierto!
Me tiré en la cama agradecido, pidiéndole a Dios que no me dejara pasar por nada
parecido otra vez.
Durante todo el día siguiente la gente estuvo llegando a nuestra escuela, que era
entonces puesto de primeros auxilios, centro de descanso y depósito de cadáveres.
Cuando sonaron las sirenas esa noche la gente sin hogar se reunió en los refugios en el
patio de la escuela. Este segundo bombardeo, aunque no tan largo, fue más intenso,
produciendo mucho más fuego y más destrucción con bombas altamente explosivas.
Pero finalmente cesó, y con la mañana y a la señal de ‘despejado’ aparecieron varias
cocinas móviles. Algunas eran de otros pueblos. El jefe de mi tropa me pidió que sirviera
de guía a una de ellas. La mayor parte del día lo pasé en esto.”
Esta narración se publicó en The Scottish Scout. El director añadió: “Los guías de patrulla y
scouts del oeste de Escocia estaban preparados y cuando llegó el momento cumplieron con su
deber rápida, eficiente y eficazmente.” Y nosotros añadiríamos: “Y con magnífico valor.”
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El scout que dio su vida por salvar a una Muchacha Guía
EL VALOR
Algunos de ustedes recordarán la visita que hicieron al Canadá durante la guerra los “Sco uts de
los bombardeos”, cuatro muchachos británicos que se habían distinguido especialmente durante
intensos bombardeos aéreos a la Gran Bretaña; y que vinieron al Canadá a darnos la más
reciente información sobre los servicios de los scouts en la lucha con bombas incendiarias y
fuegos, gases, etc.. Porque entonces se esperaba que tarde o temprano las ciudades
canadienses serían atacadas por bombarderos adversarios de largo alcance.
Poco después de regresar a Inglaterra uno de los muchachos, John Bethell, de Birkenhead, nos
escribió sobre la muerte heroica del jefe de tropa a quien pensaba entregar la tropa de que se
había encargado mientras tanto, antes de entrar en el ejército para adiestrarse. La carta decía
así en parte:
“Desgraciadamente hemos tenido también nuestras tragedias. Cuando me enteré de que tenía
que ir a Oldham (para adiestrarme en ingeniería militar) quise dejarle la tropa a alguien que la
llevara adelante en lugar mío, así es que hice jefe de tropa al mayor de los guías de patrulla
durante mi última reunión con ellos. La semana siguiente tuvimos una exposición scout en el
pueblo y cuando este muchacho iba en su bicicleta tuvo que hacer una elección terrible.
Una muchacha guía cruzaba la calle, empujando su bicicleta e interrumpiendo un poco el
tránsito. de todos modos, el muchacho tuvo que elegir entre pasar delante de ella, dejándola
en el camino de un ómnibus que venía, o dejarla cruzar, arriesgándose él a que el ómnibus lo
atropellara.
Escogió lo segundo, y en el instante mismo en que parecía que iba a escapar, su bicicleta
resbaló en el pavimento mojado y cayó debajo del ómnibus. Murió instantáneamente. Murió con
su uniforme scout puesto, y en el bolsillo de la camisa llevaba prendidas tres cintas que yo le
había dado cinco días antes.
Había sido mi único amigo íntimo de mi edad y me hizo mucho efecto. Lo enterramos en un
pequeño cementerio viejo, junto a la entrada de Arrow Park (donde se celebró el gran Jamboree
mundial de scouts en 1929). Me alegro de que descanse cerca de un lugar que recuerdan con
afecto los scouts del mundo entero.”
“Hicimos del HONOR el alto ideal de los muchachos; la Ley Scout, en que se basa
la Asociación, fue tomada del Código de los Caballeros.”
B. P.
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Una tropa de scouts marítimos en la evacuación de Dunquerque
EL VALOR
Uno de lo s grandes incidentes históricos de la segunda guerra mundial fue la evacuación de
Francia e Inglaterra en 1940 de un ejército británico de unos trescientos mil hombres: la Fuerza
Expedicionaria Británica, cuyos aliados belgas y franceses le fallaron a ambos flancos y la
obligaron a retirarse. La evacuación la efectuó una de las flotas más extrañas que se han
reunido jamás: buques de guerra, botes torpederos, barcos de pasajeros, remolcadores, yates,
botes pesqueros y botes motores de toda clase. aquellos de ustedes que han visto la famosa
película “Rosa de Abolengo” recordarán esa parte de ella.
En ocasión de tal emergencia los scouts, por supuesto desempeñaron su papel. Una de las
narraciones es la de una tropa de scouts marinos de Mortlake, en el río Támesis, más arriba de
Londres. La tropa tenía un bote motor de 45 pies de largo, Minotauro, que antes había
pertenecido a la Real Armada.
A las 11 p.m. del 29 de mayo de 1940 el Almirantazgo británico le comunicó a Gill, el jefe de
tropa de scouts marineros, que debía presentarse lo más pronto posible con el Minotauro y una
tripulación de scouts marinos en una estación cerca de la boca del río. Antes de una hora, el
bote y su tripulación de ansiosos scouts iba río abajo en la oscuridad. La madrugada los
encontró en el apostadero. Navegaron día y noche costa abajo y llegaron a su destino, un
puerto del sur este, a las 9 de la mañana del día 31.
Aquí se les unieron dos barcos armados. Embarcaron combustibles y provisiones adicionales y
se le dieron instrucciones al jefe de tropa de dirigirse a la costa francesa.
El Canal estaba lleno de embarcaciones. Las que iban, como el Minotauro, estaban vacías; las
que regresaban, venían llenas de soldados. Rápidos destroyers pasaban, levantando oleadas que
amenazaban hundir la embarcación de los scouts marinos.
El Minotauro siguió adelante, y al caer la tarde apareció el trágico Dunquerque. Las playas
estaban todavía negras de hombres. Había algunas unidades alineadas en tierra, otros grupos
se adentraban en el mar hacia los botecitos que iban y venían de la playa a los buques que
esperaban. Rápidamente el bote scout procedió a la tarea de que se le había designado de
arrastrar grupos de botecitos de la playa a los buques y viceversa.
Al principio hubo poca interferencia del enemigo. Luego llegó el rugido de los aviones enemigos,
seguido inmediatamente por el ensordecedor estruendo de los cañones antiaéreos de los buques
de guerra. De la costa llegaba el ruido de las bombas explotando entre los soldados que
esperaban.
Un avión picó sobre el bote de los scouts marinos, pero la bomba no le dio. Otro avión cayó
envuelto en llamas al mar a pocos metros de distancia de ellos.
Los bombardeos desaparecieron, y los scouts siguieron adelante con su tarea. Finalmente el
combustible comenzó a agotárseles, y bajo órdenes transportaron una última carga de soldados
agotados a una barcaza y se dirigieron de nuevo a Inglaterra.
A pesar de haber sido ametrallados por los contrarios, llegaron sanos y salvos. Descansaron
brevemente, y entonces se les ordenó esperar con el Minotauro, ya que botes más veloces
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estaban haciendo ahora la travesía. En seguida el jefe de tropa Gill y sus muchachos se
embarcaron en uno de los botes más veloces como tripulación adicional, bajo el convoy de un
remolcador.
Era de noche cuando llegaron a Dunquerque de nuevo, pero la luz de los tanques de gasolina en
llamas la hacía casi tan clara como de día. La tarea esta vez era llevar soldados del extremo del
muelle del puerto de Dunquerque al remolcador. La artillería alemana estaba bombardeando ahora
el muelle y las playas. El veloz bote de motor siguió adelante en su trabajo, sin embargo, y
finalmente el remolcador se llenó por completo. Apenas el bote se había separado del muelle en
su último viaje, cuando cayó una bomba en el extremo de éste y lo demolió.
En el camino de regreso los scouts marinos hicieron un traslado más, esta vez a un guardacostas
de la Marina lleno de Tropas. Y allí tuvieron otra oportunidad de ser útiles. Al oficial que mandaba
el guardacostas se le habían perdido las cartas de navegación. El jefe de la tropa de scouts
marinos se hizo cargo de la situación, trazó el rumbo a seguir y entró con el guardacostas sano
y salvo en el puerto de la costa oriental.
Una vez más los scouts estuvi e r o n Listos por medio de un buen adiestramiento, y cumplieron
como buenos cuando se necesitaron sus servicios.
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La historia de Dunquerque según un scout marino canadiense
EL VALOR
Ustedes recordará n la descripción de la parte que tomaron en la histórica evacuación de
Dunquerque los scouts marinos de Mortlake, en el Támesis. He aquí ahora la descripción de la
parte que tomó uno que fue scout marino del Canadá en la demolición de los muelles, grúas,
tanques de gasolina, etc., de Dunquerque que pudieran serles útiles a los alemanes. El scout era
sub-teniente Jack Pickford, anteriormente de los scouts marinos de Royal St. Lawrence, de
Montreal. Los detalles se obtuvieron en sus cartas a su familia.
Después de contar cómo le cancelaron la licencia de fin de semana y lo equiparon especialmente
con uniforme del ejército, gorra naval, máscara contra gases, casco metálico y cantimplora de
agua, el sub-teniente Pickford sigue diciendo:
- Subimos entonces a bordo de un barco de patrullaje y salimos al mar. Se pueden
imaginar lo excitados que estábamos, y algo nerviosos también. El barco iba cargado de
explosivos. Yo iba a la cabeza de un grupo de dieciséis marineros y un sub-oficial.
Llegamos a nuestro destino sin ser molestados como a las 11 de la mañana y nos
transbord amos a otro destroyer. Poco después pasamos nuestro primer ataque aéreo y
yo recibí mi bautizo de fuego. Con explosivos a bordo, hasta una bomba pequeña hubiera
acabado completamente con nosotros, pero les devolvimos tan vivo el fuego que no se
acercaron mucho.
Al entrar en el puerto recibimos otro ataque aéreo, pero lo pasamos a salvo.
Quisiera poder describir la escena. Se esperaba que los contrarios tomaran la ciudad
dentro de las siguientes dos horas y estaba entrando en ella un torrente de refugiados
civiles. Ofrecían el espectáculo más lastimoso. Había miles de ellos, llevando unas pocas
pertenencias sobre el hombro y agarrando a los niños por la mano. Algunos (hasta
hombres) estaban llorando en el muelle porque no los podíamos llevar. Seguían llegando
rezagados de la Fuerza Expedicionaria Británica, y a ellos los traíamos a bordo.
Apenas desembarcamos pasó una cosa extrañísima. Llegó un camión del ejército con tres
soldados canadienses. Pertenecían a un regimiento oriental y se habían quedado por
detrás al descomponerse el camión. Lo arreglaron y habían estado recorriendo Francia
por diez días, divirtiéndose enormemente y con los enemigos siempre tras ellos. Eran muy
buenos muchachos y con gusto nos cedieron su camión, quedándose para manejarlo.
Bueno, nos las arreglamos para reunir cuatro camiones, cargados con explosivos, y nos
pusimos en camino. Dos de los canadienses vinieron con mi grupo y se asombraron al
encontrar que el jefe era un oficial naval canadiense.
En nuestro destino el comandante me dijo lo que quería que voláramos. Trabajamos como
lo cos hasta que todas nuestras cargas estuvieron colocadas, entonces fuimos de una
en otra encendiendo las mechas, y las vimos explotar.
Para regresar al barco tuvimos que atravesar las llamas de varios tanques de gasolina.
Mi chofér canadiense y yo bajamos la cabeza y nos abalanzamos como locos. El soldado
manejaba estupendamente y pudimos pasar por fin. Antes de dejar atrás la playa volamos
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una gran grúa, y luego el camión. El destroyer estaba literalmente atestado de tropas
y refugiados, así es que el viaje de regreso fue un poco molesto. A la mañana siguiente
nos presentamos ante el comandante, y quedó muy contento de nuestra labor.
Todo el crédito se debió a mi sub-oficial. Éste se dió cuenta de que yo no conocía bien
la parte técnica de la tarea, y sin embargo, me dejó dar siempre las órdenes, haciéndome
discretas sugerencias de vez en cuando. Yo le di las gracias efusivamente y lo alabé
ante el comandante. También le conté a éste lo de mis dos amigos canadienses del
ejército, y me pidió sus nombres para conseguirles una licencia. Al resto de nosotros
también, nos dieron cinco días de licencia.
De nuevo a bordo de nuestro barco, nos dimos un buen baño, nos afeitamos y nos
pusimos otra vez nuestros uniformes navales. ¡Qué bien nos sentimos entonces!
¿Y no se hubieran sentido bien ustedes también si hubieran tenido semejante aventur a , y
hubieran quedado igualmente bien como scouts en ella?
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Cómo escapó un capataz ingenioso de Francia
EL VALOR
Ya hemos oído dos narraciones de la parte que tomaron valientes scouts en la histórica
evacuación de Dunquerque en la segunda guerra mundial. Ahora tenemos la del valor e ingenio
de un capataz inglés de una fábrica de armamentos durante esos mismos días trágicos que
siguieron a la rendición de los ejércitos franceses y belgas en el norte de Francia.
Poco antes de recibirse noticia del colapso militar, el capataz de una fábrica de municiones de
Midlands había sido enviado al sur de Francia para ayudar a instalar maquinarias inglesas de
municiones.
El capataz, Mel Jons, apenas había llegado a su destino cuando se le ordenó por telégrafo
regresar a Inglaterra, a causa de la crítica situación militar. Al capataz “le preció una lástima
terrible dejar detrás de sí maquinarias tan valiosas”, así es que decidió salvarlas.
Los obreros ofrecieron el primer obstáculo. Decidieron abandonar la fábrica, y aunque tenían una
flota de camiones le negaron uno a Johns.
Pero el capataz británico no se dió por vencido. Salió a la carretera y pronto encontró un camión
militar británico tripulado por cuatro agotados soldados ingleses.
“Ese camión era justamente lo que yo necesitaba”, relata John. “Así es que convencí a los
muchachos para que me acompañaran. Al principio no querían. Creían que su primer deber era
tratar de encontrar a su unidad. Pero yo les expliqué cuán importante era llevar de nuevo esas
máquinas a Inglaterra para poder hacer más cañones con que derrotar a los alemanes. Y
consintieron en ayudarme”.
Los soldados se dirigieron a la fábrica de municiones, ayudaron a Johns a desmantelar las
maquinarias y subirlas al camión.
“Ahora a correr como el diablo hasta Burdeos”, fueron instrucciones de Johns. “Tenemos que
llegar allí antes que oscurezca.”
El puerto estaba a ciento cincuenta kilómetros de distancia, pero los soldados no pararon por
nada, y llegaron a tiempo. Johns se apresuró a ir a la oficina del cónsul británico, y un agregado
militar le garantizó el pasaje a Inglaterra a él, pero no a las máquinas. Pero Johns tampoco se
dio por vencido esa vez, y sus enérgicos razonamientos finalmente pudieron más que las
objeciones del funcionario. Se le concedió espacio en un barco, y las maquinarias fueron
depositadas a bordo en el momento que aparecían los primeros aviones adversarios.
El barco iba abarrotado de refugiados; había tantos que no daban a basto los botes salvavidas.
Cuando el ingenioso Johns descubrió esto bajó a la bodega y les quitó las gomas a todos los
automóviles que iban a bordo. Extrajo las cámaras, las llenó de aire, y las repartió entre los
refugiados que no tenían salvavidas.
Como medida de precaución Mel improvisó una balsa para el oficial británico encargado de unos
valiosísimos bultos, tan importantes, dijo el oficial, que había que salvarlos aunque el barco fuera
bombardeado y hundido. El rumor era que los valiosos “bultos” incluían las joyas de la corona
belga.
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Afortunadamente, a pesar de los ataques aéreos adversarios, el barco escapó y pudo por fin
llegar a un puerto de la costa occidental de Inglaterra.
Mientras tanto, en la fábrica de municiones había dado por perdido al capataz Mel Johns. Así es
que la aventura tuvo un final de novela cuando un día entró en el patio de la fábrica un gran
camión del ejército manejado por el capataz y trayendo las cuatro importantes maquinarias de
municiones.
Nos preguntamos si Mel Johns no sería antes un Boy Scout. Ciertamente fue un verdadero scout
en su ingeniosidad y su decisión de terminar su tarea. ¿No les parece?
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El valor y sangre fría de unos pintores de chimeneas
EL VALOR
Thomas Fleming, pintor de chimeneas de Newcastle-on-tyne, estaba pintando la altísima
chimenea de una fábrica cuando uno de sus compañeros de trabajo, que estaba sentado en una
silla de andamio a 45 metros sobre el suelo, se desmayó de repente. Se deslizó de su asiento,
pero se le enredaron los pies en las cuerdas y quedó allí colgado cabeza abajo.
Fleming, que se hallaba en una plataforma provisional 20 metros más abajo, subió ap r e s u r a d a mente la escalerilla de hierro fijada al costado de la chimenea y llegó hasta el hombre
inconsciente. Pero todo lo que pudo hacer fue sujetarlo, y aun eso con trabajo, porque el
asiento de tablas y cuerdas de que pendía el compañero accidentado estaba a un metro de la
escalerilla.
Fleming gritó pidiendo auxilio a los de abajo; subió un joven aprendiz y con cierta dificultad
pudieron ponerle un cinturón de seguridad al pintor. Entonces empezaron a esforzarse los dos
por subir al obrero desmayado a su asiento de nuevo.
Fue cosa desesperadamente peligrosa; los dos asidos a la estrecha escalerilla de hierro (a 45
metros del suelo, recuerden) y Fleming inclinado hacia afuera a un ángulo de 60 grados.
Finalmente, mientras los observadores que desde abajo miraban contenían la respiración, Fleming
y el muchacho consiguieron subir al hombre sin sentido a su asiento de nuevo. Entonces bajaron
lentamente los 45 metros sujetando al hombre, mientras otros bajaban cuidadosamente el
asiento por medio de sus cuerdas.
He aquí ahora la narración de una resurrección que les va a poner los pelos de punta. Por lo
menos, eso me pasa a mí nada más que de pensarlo.
Uno de los peligros de trabajar en las altas chimeneas de las fábricas, es el humo. A menos que
las reparaciones sean muy extensas, el riesgo de los gases en la cúspide de la chimenea.
Dos pintores de chimeneas estaban en la cúspide de una chimenea de 45 metros de altura en
una gran fábrica de Sheffield, pintándola, cuando uno de ellos quedó atontado por los gases.
El otro, un jovencito, hizo señas a los de tierra pidiendo auxilio, No había otro pintor de
chimeneas a la vista.
Tres trabajadores se ofrecieron a subir, aunque ninguno de ellos había ascendido jamás una
chimenea. Subieron la escalerilla de hierro uno tras otro y por fin llegaron al último peldaño, para
encontrar que se hallaba a dos metros de la cornisa que rodeaba el tope de la chimenea. Y que
la cornisa se extendía todo alrededor de la chimenea.
La única ayuda para subir ese último trecho era un anillo de trampas de acero que rodeaba el
tope. Pero los tres hombres se mantuvieron serenos y uno tras otro subieron hacia afuera y
hacia arriba y llegaron salvos al tope plano de la chimenea.
Allí en medio del viento y el humo, a 45 metros sobre el suelo, le dieron respiración al hombre
inconsciente hasta que lo revivieron. Se subió con cuerdas un aparejo de lona de una
ambulancia y el paciente fue bajado en él hasta el suelo. Felizmente los tres pintores de
chimenea improvisados también lograron atravesar la cornisa, llegar a la escalerilla y bajar una
vez más a tierra firme.
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Un piloto, “Caballero Scout”, da su paracaídas a un cadete
EL VALOR
La semana pasada oímos un par de anécdotas sobre el valor y sangre fría de unos pintores de
chimenea. Esta noche tenemos la historia del supremo valor y olvido de sí mismo de un antiguo
guía de patrulla y caballero scout de la Tropa de Scouts Nº 186 del norte de Londres, teniente
aviador de la Real Fuerza Aérea Jack Quinton, que dio su vida para salvar a un joven cadete
aviador.
Jack se hallaba en un avión de adiestramiento de la R. F. A., en el compartimento trasero con
el cadete, un muchacho de quince años, cuando otro avión chocó con el de ellos y éste se
partió en dos. Al caer a tierra la sección trasera el antiguo scout agarró el único paracaídas que
había, se lo puso rápidamente al cadete y lo lanzó hacia afuera.
El cadete aterrizó a salvo. El teniente de vuelo Jack y el resto de la tripulación se mataron. Más
tarde se le enseñaron al cadete retratos de los miembros de la tripulación, y en seguida
identificó a Jack como el que le había dado el paracaídas.
En reconocimiento de este acto de elevado valor y sacrificio, al teniente Jack Quinton le fue
concedida póstumamente la cruz George por la reina Isabel II, entregándole su majestad la
medalla a la viuda de Jack en el palacio de Buckingham.
Para todos los scouts hay algo de orgullo en el he cho de que esta alta condecoración a un
antiguo guía de patrulla fuera incluida entre las dadas por la joven reina, que también fue jefa
de patrulla de las muchachas guías, en su primer investidura, muy poco tiempo después de
ascender al trono.
Esta no fue la primera condecoración de Jack Quinton por demostrar su perenne disposición a
vivir su obligación scout de servicio. Durante la segunda guerra mundial obtuvo la cruz de
Servicios Distinguidos de Vuelo por valor destacado como caza-navegante nocturno. A d e m á s
de su joven viuda dejó un hijito de dieciocho meses.
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El Código del Rey Jorge V
Anécdotas de las carreras y el tenis
EL ESPÍRITU DEPORTISTA
Todo el mundo admira a un buen deportista. Con frecuencia se le llama un “buen muchacho”,
a veces un “hombre recto”. Esos términos no significan exactamente lo mismo que un buen
deportista. Un “buen muchacho para ustedes puede ser alguien que siempre está de acuerdo
con lo que ustedes quieren hacer, o que les presta unas monedas. El “hombre recto” es una
p ersona que es siempre recta y franca, siempre verídica y honrada. El buen depor t i s t a e s a l g o
más.
¿Cómo lo describirían ustedes, muchachos?
Sí, creo que podemos resumir y decir que es el que practica el deporte según las reglas; que
siempre acepta la decisión del árbitro; que juega para el equipo y no para sí mismo; que se
esfuerza cuanto puede por ganar, pero que acepta la derrota sin rencor y que tiene la misma
actitud hacia el juego de la vida en su casa, en la escuela, y luego cuando emprende el trabajo
de su vida, en la finca, el taller o la oficina.
El rey Jorge V usaba esta frase: “Enseñadme a ganar si puedo; si no puedo ganar, entonces
sobre todas las cosas, enseñadme a ser un buen perdedor.”
Hay muchas anécdotas de buen esp íritu deportivo de pista y fútbol en las universidades. hace
algunos años, durante la carrera anual por carretera entre las Universidades de McGill y Toronto
(Canadá) celebrada en Montreal, Wiggins conocía el terreno palmo a palmo y al llegar a cierto
sitio descubrió que el de Toronto había tomado el camino equivocado. Wiggins se detuvo, gritó
hasta que el otro corredor volvió atrás, lo encauzó por el camino correcto y le permitió
precederlo a la misma distancia que estaban antes. Y el de Toronto ganó la carrera. En otras
palabras, aunque se le ofrecía una victoria cierta por el error de su contrario, Wiggins rehusó
aprovecharse de él. Quería ganar o perder sólo por una competencia justa de resistencia y
velocidad.
Otro ejemplo: Hace algunos años un equipo de tennis que representaba a Inglaterra contra los
Estados Unidos en el torneo por el campeonato mundial y la copa Davis, incluía a los famosos
hermanos Doherty. En uno de los “matches” individuales el juez dió a uno de los hermanos un
punto por una pelota que Doherty vió que había tocado la línea de base, en vez de pasarle por
encima. En la siguiente jugada le permitió deliberadamente a su contrario anotarse un punto. No
quería aceptar una ventaja que no le parecía que le pertenecía, aun cuando el punto se lo daba
el mismo juez.
Wiggins y Doherty eran deportistas de la mejor clase. Ojalá que los scouts seamos de ese tipo
de deportistas.
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El zapato roto
El guarda de fútbol
El anotador del tiempo
EL ESPÍRITU DEPORTISTA
En 1924 las universidades de Queen y Toronto estaban empeñadas en el juego decisivo del
campeonato estudiantil de rugby, en Toronto. Queen llevaba una ventaja de dos puntos.
Toronto aparentemente tuvo oportunidad de anotarse unos tantos. En el juego, Batstone, de
Queen, uno de los half-backs más brillantes de su época, perdió la suela de un zapa to. Según
las reglas esto no debía detener el juego; Batstone debía salir corriendo, un sustituto remplazarlo
y el juego continuar. Inmediatamente, sin embargo, el capitán Snyder, del Toronto, ordenó que
se parara el juego hasta que Batstone pudiera conseguir otro zapato y regresar al campo. Y
Queen ganó el juego y el campeonato. Jugando el sustituto de Batstone es pos i b l e q u e e l
Toronto se hubiera anotado algo y ganado. Pero el código más elevado del juego era más
importante que el ganarlo meramente.
La prueba de la ética deportiva en un juego de fútbol no siempre se limita a los jugadores. Hace
algunos años los equipos de rugby de la Universidad de New Brunswick y Mount Allison (en las
provincias marítimas juegan el juego inglés original del rugby) estaban jugando el último juego
del año. En momento decisivo y la aparente victoria de N. B. llegaron con una carrera y un
touch-down durante los últimos pocos minutos de juego.
Hubo cierta duda de si el corredor había pisado la línea lateral. Se apeló al guarda de línea, Grey
Feeney de la N. B., y éste declaró que el jugador de N. B. sí había pisado la línea. Esto
significaba cancelar la anotación y darle una oportunidad más al contrario. En la tensión del
momento, el equipo de N. B. y sus partidarios se agolparon excitados en torno al guarda de línea.
Pero Grey Feeney se limitaba a repetir: “¡La pisó! ¿Qué otra cosa podía yo decir?”
Se volvió a traer la pelota y se comenzó de nuevo la jugada en el sitio indicado; Mount Allison
mantuvo su defensa y N. B. perdió el juego, y el campeonato. Pero ese hecho, y la anotación
final del juego, se olvidarán antes que el ejemplo de la valerosa ética deportiva que dió Gregory
Feeney en una situación bien tensa.
Otra anécdota: Durante un juego de fútbol entre Queen y Toronto, en Queen, la anotación era
6-5 a favor de Queen, a pocos minutos antes de terminar el juego, cuando un sustituto de
Queen salió al campo y se olvidó de presentarse al que anotaba el tiempo. Pocos m i n u t o s m á s
tarde Leadley hizo un goal perfecto, lo cual significaba una anotación de 9-5 a favor de Queen,
y su casi segura victoria.
Sin embargo, en el momento del gol había trece jugadores de Queen en el campo. Solamente el
que anotaba el tiempo se había dado cuenta de esto. Era Jimmy Bews, el director de educación
física de Queen. No tenía más que guardar silencio y el juego estaba prácticamente ganado por
su equipo. Pero inmediatamente corrió al campo y le llamó la atención al árbitro. Y se canceló
la anotación.
Varsity, el periódico de la Universidad de Toronto, narró el incidente y agregó este tributo: “Era
partidario de Queen, pero tenía que hacer las cosas bien hechas y se portó como un deportista
de verdad.” La historia del incidente se publicó en lugar prominente de la primera página, por lo
cual podemos saludar a los jóvenes directores del diario, ya que Queen es uno de los contrarios
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tradicionales de Toronto en todos los deportes.
Snyder, Grey Feeney y Jimmy Bews eran deportistas del tipo de los scouts.
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Definiciones Scouts
Georges Vezina, “deportista del hielo”
EL ESPÍRITU DEPORTISTA
Una vez, cuando una tropa canadiense estaba discutiendo el espíritu deportivo, combinó las
ideas de las distintas patrulla sobre lo que quería decir aquél en la siguiente lista:
1.
2.
3.
4.
5.
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7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
Ganar bien y perder mejor.
Poder soportar el perder.
No alardear cuando se gana.
Vitorear a los que ganan cuando el propio equipo pierde.
Estar de acuerdo con el árbitro.
Dar unas palmadas en el hombro a los que pierden y desearles suerte.
No ponerse “pesados” cuando se pierde; perder con una sonrisa, aunque se sienta
uno mal por dentro.
Jugar limpio y a toda capacidad.
No usar el peso de uno contra un jugador más pequeño.
No llamar tramposos a los que lo derrotan a uno.
No aprovechar la oportunidad de ganar haciendo trampas.
Jugar con ánimo hasta el final, ya se esté ganando o perdiendo.
Prestar de buen agrado sus equipos de deporte a otros.
Creo que todavía no hemos dicho nada del hockey en estas charla sobre el buen espíritu
deportivo. ¿Recuerda alguno de ustedes al famoso Geroges Vezina, que por muchos años fue
guardameta de los Canadiens de Montreal? Tenía muy buena reputación como deportista.
Cuando se retiró del juego en 1926 no fue su registro excepcional como guardameta lo que más
mencionaron los cronistas de deportes en todo Canadá y las ciudades de los Estados Unidos que
juegan hockey, sino su espíritu de buen deportista. Un editorial característico de The Ottawa
Citizen llevaba el título “Georges Vezina, deportista del hielo”. El editorial citaba lo que h a b í a
dicho Cooper Smeaton, el conocido árbitro de hockey: “Georges Vezina jugaba lo mejor que
podía, y jugaba como se debía. Si había una discusión por un gol en su red, le preguntábamos
a Georges. Si la jugada había sido buena, Georges decía que sí. Si no lo era, Georges decía que
no. Y lo que él dijera, sabíamos que era la verdad.”
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El dominio de sí mismo
El ejemplo de un as del Hockey
EL ESPÍRITU DEPORTISTA
Creo que mi última anécd ota sobre el espíritu deportivo fue acerca de un famoso guardameta
de hockey de los Canadiens de Montrel, Georges Vezina. Aquí tenemos otra historia de otro
famoso miembro de ese famoso equipo, y demuestra el espíritu deportista para dominarse el
genio. En The Toronto Record y bajo el título de “Deportivas” se describió el incidente en la
forma siguiente:
-Antes de que los Canadiens pisaran el hielo en el juego final de su reciente y triunfal serie en
Detroit, el manager Hart llamó aparte a Aurel Joliat y le previno que la intención del otro club
era provocar a Joliat para que incurriera en una serie de castigos, y privar así a su equipo de su
brillante izquierda. El manager le suplicó a Joliat que hiciera caso omiso de semejantes intentos,
no importa cual fuera la provocación, y Joliat prometió hacerlo. Inmediatamente después de
empezar, Johnny Sheppard se le acercó patinando y le dijo: “Tu eres un cobarde, y voy a
hacerte rajar.” Joliat meramente le dio otro tirón a su vieja gorra y no contestó. Una y otra vez
Sheppard lo insultó, pero toda la reacción de Joliat la recibió la gorra negra. Al comenzar el
tercer período Sheppard se acercó a Joliat, y le tendió la mano diciendo: “Te pido perdón. No
quise decir nada de lo que he dicho; estaba meramente obedeciendo órdenes. Creo que eres un
gran muchacho y un verdadero deportista.” Y con eso terminó el incidente. Joliat fue la estrella
del juego.
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El quarter-back del Instituto
La pequeña estrella del hockey y el sustituto
EL ESPÍRITU DEPORTISTA
Hace algunos años, durante un juego de fútbol del Instituto de Winnipeg, un equipo iba
perdiendo y sólo faltaban unos minutos para terminar el juego. Desplegaron un último esfuerzo
desesperado por salvar el juego, y el quarter-back en especial hizo grandes esfuerzos. Una y
otra vez burló la vigilancia de los contrarios y venció su oposición, logrando llevar la pelota muy
cerca de la meta.
Los equipos se agruparon; el quarter-back se dirigió a uno de los backs. “Smithy, te llegó el
turno. ¡Adelante con la pelota!”.
Smithy vaciló. “¡Por qué no la llevas tú, y te anotas el tanto?”
“Yo estoy dirigiendo la jugada, “repuso el quarter-back. Encárgate tú de la pelota.”
Y esto, como ustedes observarán, fue buen espíritu deportivo y buena táctica. El otro equipo
se preparó de nuevo a obstruccionar al vigoroso quarter-back. Smithy llegó a la meta con la
pelota sin que lo tocaran.
Oigan esta otra anécdota del Oeste. En el juego final de una liga de Hockey de menores, cierto
equipo tenía uno de esos buenos deportistas sustitutos que asisten fielmente a todos los juegos,
aunque nunca tomen parte en un juego de la liga. El equipo tenía un jugador destacado, que era
quien más tantos se anotaba. Hacia el final del juego, cuando el equipo iba ya 5 a 0, por fin se
mandó entrar al sustituto, para jugar con el jugador estrella.
Los dos prontamente se vieron juntos en una batalla detrás de la meta. El sustituto sacó el
disco, la estre lla lo lanzó a la meta. Y entonces se dirigió rápidamente al palco de la prensa.
“Apunten esa ayuda de Jake”, le gritó al anotador. “¡Fue ayuda de Jake!”
De paso diremos que este mismo joven deportista jugó hockey de menores siete temporadas,
y sólo una vez se le aplicó una pena.
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Un héroe estudiantil en silla de ruedas
Un muchacho campesino que se hizo famoso en su casa
MUCHACHOS QUE NO SE DIERON POR VENCIDOS
Los muchachos a veces piensan que el destino ha sido injusto con ellos; que no tienen las
oportunidades de otros muchachos. Déjenme contarles un par de historias de muchachos que
empezaron con verdadera desventaja, pero que llegaron a ser algo a pesar de ello.
En el otoño de 1912 un muchacho solicitó admisión en Williams, una de las antiguas universidades de Nueva Inglaterra. Solamente tenía $300 de los $1,000 aproximadamente que hacían falta
para las matrículas y gastos del primer año. Y pensaba obtener el resto escribiendo a máquina
para otros estudiantes y ganando algunas becas.
A una pregunta del funcionario de la Universidad contestó qu e le pagaría a otro estudiante para
que lo empujara de clase en clase. ¡Vivía en una silla de ruedas, sin poder caminar!
Cuatro años después, Edward Oakes pronunció el discurso de despedida de su clase al graduarse
-en su silla de ruedas-. Había sido el primero de su clase durante los cuatro años; había ganado
todo el dinero que necesitaba y pagado todas sus cuenta s. La “descripción” de graduación suya
fue como sigue: “Edward Francis Oakes, una atleta de la mente y el espíritu, que tranquila y
jovialmente domina el destino con una voluntad indomable”.
Muchas bibliotecas científicas tienen como valiosa pertenencia un volumen que contiene cientos
de fotografías ampliadas de copos de nieve y cristales de escarcha.
¿De quién es ese trabajo? Créanlo o no lo crean, fueron tomadas en su casa por un muchacho
campesino de Vermont, Wilson Bentley. A los catorce años dejó la escuelita rural para trabajar
en la finca. Una tarde de invierno cuando tenía quince años estaba de pie ante una ventana
mirando nevar. Su madre, que había sido maestra de escuela, le sugirió que tomara un copo de
nieve y lo pusiera bajo un pequeño microscopio que ella tenía. Wilson lo hizo, y quedó fascinado
por la belleza y la delicadeza de su diseño. Estudió otros, y pronto se convirtió en una afición.
Durante los cuatro inviernos siguientes estudió miles de copos de nieve, y empezó a hacer
dibujos de ellos con tinta.
Persuadió a su padre para que le comprara una cámara con lente amplificadora y con ella siguió
aumentando su colección de fotografías de copos de nieve y cristales de escarcha y hielo. Su
trabajo finalmente atrajo gran atención, y la publicación de su libro lo hizo conocido a los
hombres de ciencia del mundo entero.
Lo cual nos recuerda que no son las desventajas las que nos detienen, sino la forma en que nos
enfrentamos con las cosas.
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El inválido que se convirtió en corredor famoso
De soprano infantil a estrella de ópera
MUCHACHOS QUE NO SE DIERON POR VENCIDOS
Aquellos de ustedes que son fanáticos de los deportes de pista conocerán al gran corredor
americano de una milla, Glen Cunningham. ¿Puede alguien contarnos su historia?
Cuando eran muchachos, Glen y su hermano Floyd tenían en invierno la tarea de encender por
la mañana el fuego en su escuela rural de Kansas. Una mañana Floyd roció la leña con lo que
creyó que era kerosene y encendió un fósforo. Había usado gasolina, y hubo una explosión
terrible. En un momento la escuela se halló en llamas. Quedó destruida, y Floyd murió quemado.
Glen escapó, pero sufrió tan graves quemaduras que se pensó que nunca volvería a caminar.
Una pierna se le quedó encogida y torcida. Pero Glen era un luchador, no un cobarde, y decidió
que no iba a ser inválido. El y su familia le dieron masajes y ejercicios regulares a la pierna mala,
y a los pocos meses pudo caminar con seguridad. cuando por fin pudo caminar casi normalmente, empezó a tratar de correr.
Fue cuesta arriba todo el camino, pero él perseveró. Y, un verdadero “aunque usted no lo crea”,
el muchacho que se pensó que no volvería a caminar representó a su estado, Kansas, en las
carreras olímpicas de 1932 en Los Ángeles, ¡y ganó tanto la de la media milla como la de la milla!
Después de eso Glen Cunningham corrió en muchas carreras, rompió varias marcas, y se
convirtió en uno de los atletas de pista más populares de su tiempo. Incidentalmente, nunca
alardeaba de sus triunfos, ni se excusaba jamás cuando perdía.
Y aquí tenemos otro tipo de historia de una batalla por el éxito. En un festival musical de Ocean
Grove, New Jersey, en 1903, un muchacho de doce años que cantaba llamó la atención de la
gran contralto Ernestine Schumann-Heinke, quien le dijo que si se esforzaba sería algún día un
gran cantante. El muchacho empezó a trabajar para pagarse lecciones de canto. Más tarde, uno
de sus trabajos fue pintar un depósito de gasolina; otro fue cargar camiones de hielo de 3 a 7
de la mañana. Trabajó y economizó, y continuó sus lecciones de canto y a los diecinueve años
pudo ir a New York a recibir clases avanzadas. Esas lecciones son caras: diez dólares o más la
hora. Todavía era necesaria la economía, y compartía una habitación con otros tres jóvenes.
Entre una lección y otra buscaba trabajo, y encontró una colocación en una oficina de seguros.
La primera guerra mundial lo interrumpió y nuestro joven cantante demostró su ánimo alistándose
en la fuerza aérea de los EE. UU. Afortunadamente regresó, y volvió a sus estudios.
La recompensa final de todos estos esfuerzos llegó en 1933, cuando Ricard Crooks fue aceptado
en el teatro de ópera Metropolitan. Su primera presentación, cantando el papel de Des Grieux,
fue un éxito sensacional. Tuvo que salir a saludar cerca de cuarenta veces, y se le aclamó como
uno de los más grandes tenores de América. Después de eso ha cantado en Canadá, Australia,
África del Sur y muchos países de Europa.
¡Muchachos, cualquiera de ustedes puede llegar a cualquier meta que quiera, si la persigue con
la decisión que empleó Richard Crooks!.
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“Buzz” Beurling, el As de la Guerra Mundial que tuvo que luchar para ascender
DIFICULTADES Y ÉXITO
Muchachos, yo sé que algunos de ustedes a veces creen que tienen tanta oportunidad de hacer
lo que quisieran en la vida como otros muchachos, aunque también sé que ninguno es del tipo
melindre que quiere que le entreguen las cosas en bandeja de plata. Ustedes están dispuestos
a esforzarse por lo que quieren, pero... bueno, quizás tengan que ayudar un poco en su hogar;
y por esa y otras razones a veces se sienten deprimidos y desalentados.
De vez en cuando vale la pena enterarse de lo que otros muchachos han hecho en circunstancias parecidas.
Antes de la última guerra mundial, cientos de muchachos estaban construyendo modelos de
aviones y experimentando con ellos, y confiando en volar algún día en uno de verdad. Un alumno
del Instituto de Verdún, Quebec, decidió hacer algo más que confiar. Todas las tardes se iba en
bicicleta al aeropuerto de St. Hubert y se ofrecía para hacer cualquier trabajo sucio en un avión,
para aprender algo y con la esperanza de volar. De vez en cuando uno de los pilotos lo llevaba
en un vuelo corto.
Luego se consiguió un trabajo, y empezó a economizar moneda a moneda hasta que reunió
bastante para pagarse lecciones regulares de aviación. Finalmente completó las horas de vuelo
necesarias, se presentó a examen, lo aprobó y recibió su licencia de piloto.
Cuando empezó la guerra fue en seguida a una estación de reclutamiento de la R. F. A. C. Pero
sufrió el gran desengaño de que le negaran la entrada porque no había pasado la matrícula
superior. Una vez más: ¡decisión! Se enteró de que la Real Fuerza Aérea de Inglaterra no exigía
ese nivel educacional. Pero no tenía dinero para el pasaje hasta Liverpool o Londres. ¿Cómo
llegar hasta allá?
Se fue a los muelles de Montreal, buscó y obtuvo trabajo en un barco de ganado. Desembarcó
en Southampton, llegó hasta Londres en parte caminando, se dirigió a la más cercana oficina de
reclutamiento de la R. F. A. ... y fue aceptado.
Era “Buzz” Beurling, que se convirtió en uno de los ases famosos de la segunda guerra mundial,
anotándose 31 aviones enemigos destruidos. Sin duda el total hubiera sido mayor si no lo
hubieran retirado de la pelea para hacerlo instructor especial en la técnica de batalla aérea que
había desarrollado en tan alto grado.
“Buzz” Beurling alcanzó su meta porque de muchacho no cedió ante las dificultades. Persistió
hasta triunfar.
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La historia de John Davey, el “doctor de árboles”
DIFICULTADES Y ÉXITO
Yo supongo que ustedes habrán oído hablar de árboles enfermos. ¿Qué es lo que los enferma?...
Sí, los insectos, lastimaduras en la corteza, el cortarles las raíces o demasiadas ramas en la
época indebida del año, y los rayos. Y los árboles viejos contraen el “moho seco”.
Creo que todos ustedes tienen alguna idea de la cirugía de árboles y saben que se enseña en
las escuelas forestales. ¿Han visto trabajar alguna vez un “cirujano de árboles”? Bien, en el caso
de troncos enfermos saca toda la madera enferma, aplica chapopote o algo parecido, y llena la
cavidad con un cemento fino que se pone muy duro.
Ustedes deberían saber algo del hombre que fue el primero en ejercer la cirugía de árboles, y que
se hizo muy conocido como “El doctor de los árboles”. Era del tipo de los scouts; su vida fue un
buen ejemplo de cómo llegar a ser algo a pesar de las desventajas infantiles.
Se llamaba John Davey, y nació cerca de Torquay, en Inglaterra. Y, aunque ustedes no lo crean,
tenía veinte años cuando empezó a ir a la escuela para aprender a leer y escribir. Desde que
tenía ocho años había estado trabajando en una finca por seis centavos al día, y todavía estaba
allí, trabajando doce horas al día. Para asistir a las clases nocturnas caminaba seis kilómetros.
En cuanto supo leer un poco, John Davey se compró una Biblia, un libro de himnos y un
diccionario. Los llevaba consigo continuamente, para poder leer en momentos desocupados. Lo
cual, de paso, es un magnífico plan para adquirir un buen dominio de las palabras.
Unos pocos años más tarde, cuando ya era un hombre bastante educado, John Davey emigró
a los Estados Unidos. Llegó con muy poco dinero y tomó un puesto de guardiá n de un
cementerio. En Inglaterra, en la finca, siempre se había interesado por las flores y l o s á r b o l e s .
Ahora empezó a estudiarlos seriamente, y aplicaba lo que iba aprendiendo a mejorar los terrenos
del cementerio. Tanto éxito tuvo que la gente comenzó a venir de muy lejos para estudiar su
jardinería. De los árboles y las flores pasó a fijarse en los insectos que les hacían daño, y luego
a la curación de los árboles enfermos. Desarrolló métodos que despertaron gran interés y le
ganaron el sobrenombre de “Doctor de los árboles”. Finalmente publicó un libro que todavía se
considera una autoridad en la materia.
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Perdidos en el bosque
Por qué sucede
Cómo evitarlo
EL ARTE DE LOS BOSQUES
Todos los años los periódicos canadienses publican varios artículos sobre personas perdidas en
las espesuras o los bosques y los grupos que las es tán buscando. Y esas personas perdidas no
siempre son niños o ancianos, ni novatos en cuestión de bosques. Algunas son hombres expertos
en bosques, cazadores o buscadores de minas. Y a veces no se les encuentra sino cuando han
muerto de hambre y frío.
Si nunca han probado siquiera esa experiencia, si nunca durante una excursión se han detenido
de pronto preguntándose dónde estaban, y sin estar muy seguros del lugar, quizás les sea difícil
entender cómo una persona mayor puede en realidad perderse. Como lección, prueban esto
alguna vez que estén en las profundidades del bosque, o en un sitio sin muchos árboles, pero
que tenga lomas o un terreno irregular, y en un día nublado: miren su brújula, pónganse de
frente al norte, fijen los ojos en cierto árbol un poco más adelante, guarden la brújula en el
bolsillo y avancen. Cuando lleguen al árbol, elijan otro en la misma dirección, y así sucesivamente. Tras caminar digamos unos cien metros, saquen la brújula y comparen. De cada diez veces,
nueve encontrarán que se han desviado grandemente de dirección.
Hablando en general, ¿cómo se pierde un hombre?. En primer lugar, suele carecer de brújula. Si
es un cazador, está pensando principalmente en las piezas a cobrar y se fija muy poco en lo que
le rodea, de modo que cuando llega la hora de regresar se da cuenta de pronto, con pánico, de
que no se sabe dónde está. Tiene entonces la sensación, y es sólo una sensación, de que cierta
dirección es la correcta, y echa a andar prontamente.
Una de las alucinaciones peculiares de una persona perdida es esa sensación de que cierta
dirección es la correcta, sin relación con la razón. Se cuenta de cierto cazador, perdido, que
cuando lo encontraron insistía en que el sol se había puesto por donde no debía.
Bueno, hablemos ahora de las precauciones que hay que tomar para no perderse, digamos
durante una caminata del día entero por lo bosques cuando se está acampando. Y vamos a
suponer que no tienen brújula. Con la mochila al hombro, deténganse al salir del campamento,
donde el sendero entra en el bosque. Fíjense en la hora; fíjense en la posición del sol en relación
con la dirección que van a tomar; fíjense en la dirección del viento. Si no hay más que un ligero
movimiento del aire, lancen hacia arriba unos trocitos de hierba seca, o una hoja seca
pulverizada en la palma de la mano, y observen hacia donde se dirigen al caer. O humedézcanse
el pulgar (damos por supuesto que se lo han lavado) y levántenlo. El lado más frío será el del
viento. Levanten la vista y observen el movimiento de las nubes.
Entonces empiecen a caminar. Y en seguida comiencen a observar las características del
paisaje: la inclinación general del terren o; los árboles altos, quebrados, o de formas extrañas;
las clases de árboles; las rocas grandes ; los sitios pantanosos; los aroyitos, corrientes de agua,
vislumbres de algún lago. De vez en cuando miren hacia atrás para ver el paisaje desde el frente.
Por supuesto, hagan todo esto como accidentalmente, sin darle toda la atención; y después de
un tiempo lo harán casi inconscientemente.
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Si se pierden el bosque
Distintos métodos de orientarse
EL ARTE DE LOS BOSQUES
La semana pasada hablamos de perderse en el bosque y de cómo un scout debe prevenirse
contra tal posibilidad. Hoy vamos a suponer que están de excursión veraniega en el bosque y
han descubierto, bien avanzada la tarde, que no saben dónde están. Esta mañana salieron
temprano del campamento, en dirección norte, y no llevan brújula. (¡No sé por qué, pero no la
llevan!).
Lo primero que hay que hacer es ahogar resueltamente toda tendencia a sentir pánico.
Siéntense en un tronco, relajen los nervios y díganse, como el indio: “Mí no estar perdido. ¡Mi
casa estar perdida!”.
Repítanse que no hay de qué preocuparse, mientras no hagan tonterías. Entonces empiecen a
pensar bien las cosas, y averigüen dónde está el norte. Y -esto es importantísimo- no hagan
ningún caso en absoluto de cualqu i e r sensación que tengan respecto a la dirección. Esto hay
que deducirlo puramente con la mente, y los ojos, los oídos, la nariz, la mejilla y el pulgar, como
en la conocida canción “Alouette”.
Prueben varios de estos métodos, hasta que concuerden en los resultados:
1.- Recuerden la dirección del viento y la deriva de las nubes, si había alguna, cuando salieron
del campamento; y compárenla con las nubes que puedan ver ahora y el viento que puedan
sentir en la mejilla. Si la brisa es débil, utilicen el método del pulgar húmedo o el del polvo.
2.- Traten de localizar el sol. Su posición a esta hora será casi completamente al oeste. Si el
cielo está nublado, o si no pueden descubrir el sol reflejado en las copas de los árboles a causa
de su densidad, sigan adelante hasta que encuentren un sitio más despejado y prueben el
método de “la sombra del cuchillo”. Abran una de las hojas de su cuchillo de scout y párenla de
punta sobre la uña del pulgar, después de humedecer ligeramente la uña. Por lo general verán
por lo menos una débil sombra. Haciendo girar un poquito la hoja descubrirán la dirección de la
luz, que por supuesto indicará el oeste.
3.- Busquen varios árboles cuyas cimas estén dobladas. Su inclinación será en la dirección del
viento más frecuente en esa región.
4.- Si en la vecindad hay numerosos tocones de árboles de alguna trocha de madera, se puede
estimar que al lado alto de los tocones indica la dirección en que se sacaron los troncos. Si se
sigue esa dirección se llegará al antiguo camino de arrastre, que quizá esté cubierto de maleza,
pero visible todavía. Y éste conducirá a algún camino exterior o arroyo.
5.- Si hay arroyos en el distrito, encuentren uno y síganlo hacia su desembocadura. Esto quizás
resulte difícil y fatigoso, pero finalmente los llevará a alguna parte.
Finalmente, una vez satisfechos de que han encontrado el norte (y si no van a seguir algún
camino de arrastre o arroyo) salgan hacia el sur. Si hay sol, observable o visible por el método
de sombras, consérvenlo en una dirección fija respecto a su cuerpo. Si no hay brisa consérvenla
siempre, por ejemplo, en la mejilla derecha.
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¡Y ya está! Cuando se aparezcan en el campamento, un poquito tarde, y los demás griten:
“¿Donde estuviste? Perdido, ¿no?” Ustedes pueden decir, “!¡nada de eso!” Y es verdad que no
lo estaban. Lo que estaba temporalmente extraviado era el campamento.
“Para satisfacer su espíritu de aventuras les puse de ideal las proezas de pioneros
y caballeros andantes, descubridores y exploradores, como héroes a quienes
seguir”.
B.-P.
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Un estudio científico
Caminar describiendo un círculo
Por qué se pierden las personas
EL ARTE DE LOS BOSQUES
Una de las curiosas tendencias de las personas perdidas es la de “caminar describiendo un
círculo”. Se han expuesto varias teorías para explicar esto y el doctor. A. A. Schaeffer, de la
Universidad de Kansas, una vez realizó una serie de experimentos para determinar la razón.
Los experimentos no se hicieron en el bosque (lo cual supongo no hubiera sido posible a los fines
de observación), si no al aire libre, teniendo los sujetos los ojos vendados. Algunas de las
pruebas se hicieron en la pradera abierta, algunas en invierno sobre el hielo de un lago, algunas
en una pista de carreras. tomó parte un total de trescientas personas, y no sólo caminaron, sino
que nadaron y manejaron automóviles.
En todos los casos, aunque partieron en línea recta, los sujetos pronto empezaron a describir
un círculo espiral que se contraía con más o menos regularidad. El Dr. Schaeffer lo describió
como un “circulo de muelle de reloj”.
Un retrasado mental con el cerebro de un niño de cuatro años describió la misma espiral que las
p ersonas normales. Esto se tomó como indicación de que el intelecto no es factor determinante
de este caminar en círculo. No se halló diferencia entre las personas derechas o zurdas.
La conclusión a que se llegó fue que el “mecanismo espiralizador”, que parece encontrarse en
el sistema nervioso central, era la explicación del misterio; que en situaciones de “pérdida”, el
mecanismo que controla el equilibrio y la orientación no funciona normalmente.
No se explicó la índole del “mecanismo expiralizador”, ni se hicieron sugerencias para
contrarrestar esa tendencia y evitar el perderse. Fue sólo un típico estudio científico para
descubrir una causa básica.
De todos modos, ya saben qué esperar de su “mecanismo espiralizador” si alguna vez son lo
bastante tontos para, si se encuentran perdidos, echar a andar con excitada prisa, en vez de
conservarse serenos y usar el cerebro como buenos scouts. No describan espirales.
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Baden-Powell y su afición a construir puentes
Un leñador canadiense
ARTESANÍA SCOUT
Esta charla va a ser sobre una de las aficciones de Lord Baden-Powell cuando era un joven
oficial del ejército británico, antes de que hubiera inventado el Escultismo. Esa afición era
construir modelos de puentes; lo contó él mismo en la revista The Scout.
A causa de esta afición, dice, había llegado a imaginarse que podía construir puentes en
cualquier clase de emergencia. Por fin llegó la oportunidad de probarlo, cuando se le e n v i ó a l a
costa occidental de África para organizar y mandar una tropa de exploradores indígenas del
ejército en relación con una expedición británica.
“Mi cometido”, dice él, “era ir delante con esos exploradores y prepararles el camino al
cuerpo principal, que había de marchar desde la costa ciento noventa kilómetros a través
de bosques y pantanos. Teníamos que abrir un camino a través de los matorrales y llevarlo
por muchos kilómetros de pantano, cruzando unos doscientos ríos y arroyos.
Yo estaba en la gloria. Mi afición vino muy oportuna, y me permitió construir puentes de
todos los tipos y modelos para las distintas clases de corrientes de agua. De otro modo
nos hubiéramos visto detenidos indefinidamente.
El hablar de puentes me recuerda que yo una vez tuve de guía en el Canadá un hombre
que con su hacha y nada más, podía hacer tanto el trabajo más fino como el más rudo,
desde tumbar un árbol hasta sacarle punta a un lápiz. Y de paso, el sacarle punta a un
lápiz es una buena forma de probar el filo de cualquier instrumento.
Ben nos enseñó su habilidad un día en día en el campamento construyendo un lindo
puentecito sobre el aroyito delante de mi tienda. Los troncos estaban por supuesto bien
recortados y encajaban perfectamente; pero lo que me asombró fue las tablas del piso.
Estaban tan lisas y derechas como si las hubieran hecho con serrucho y cepillo.
Todo había sido hecho con un hacha. Y evide ntemente le producía a Ben la mayor
satisfacción. Era en verdad una obra de arte.
Hay placer en hacer una cosa hábilmente; pero yo realmente creo que el gozo de Ben era
aún mayor porque veía que el puente me era de verdadera utilidad.
Una cosa es hacer algo para uno mismo, pero es más, mucho más, hacerlo por y para otra
persona.
Y créanme a mí, que he llevado una vida feliz, aceptando lo áspero igual que lo suave, que
si ustedes se labran una profesión, aunque sea con instrumentos deficientes y materiales
difíciles de manejar, les dará mucha mayor satisfacción que una que les entreguen ya
hecha, con mucho dinero y nada que hacer.
Abranse su camino en el mundo y encontrarán que el cielo no tiene que ser un sitio
impreciso detrás de las estrellas, sino que puede estar aquí mismo en la tierra, en la
ocupación de hacer cosas, y más especialmente en hacer felices a otras personas.”
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Excursiones nocturnas
Sonidos y olores nocturnos
Acampando en la oscuridad
ARTESANÍA SCOUT
Sé que les gustaría oír la na rración de la “Excursión de medianoche” de tres Guías de Patrulla
australianos tal como la contó “un Scouter de tercera clase” en la revista Scouting in New South
Wales.
-Por qué salimos a media noche, no lo sé - comienza diciendo “el Scouter de tercera
clase”-. De todos modo, era una hermosa noche y producía una sensación estupenda el
caminar a la media luz de la luna, nuestros oídos, ojos y narices haciendo esfuerzos
extraordinarios por seguir el rastro.
Una pausa en nuestra conversación en voz baja nos hizo dar cuenta de lo claramente que
se oyen los sonidos en una noche tranquila. Oímos una vaca mugir río arriba. Bob, el Guía
de Patrulla Buhos murmuró algo de que el jefe le dijo una vez que el sonido viaja distancias
increíbles de noche río abajo y a favor de la brisa. Prestamos oído unos momentos, y
volvimos a oírlo, distante y débil, pero claro, el largo mugido de la vaca.
El ruido que hacíamos perturbó a dos “bandicoots” (una especie de rata de maleza) en un
seto cercano, y nos reímos de la forma extraña en que corren brincando y de sus
indignados gruñidos al desaparecer.
Según avanzábamos entre los matorrales cubiertos de rocío junto al río, tratábamos de
identificar los distintos aromas en el aire fresco. La lantana tenía un olor f u e r t e y
empalagoso, y había otros olores intensos también, como por ejemplo el de los corrales de
ovejas, pero pronto pudimos percibir los perfumes más delicados y sutiles de la tierra
húmeda, el río, las flores ocultas en la oscuridad.
Cuando nos acercamos al sitio favorito de acampar de nuestra patrulla, los conejos huían.
En el sitio de acampar nos sorprendimos de encontrar dos canoístas dormidos junto a su
canoa. Pasamos junto a ellos sin hacer ruido y en un murmullo desafié a Bob y a San para
que levantáramos nuestra tienda de campaña e hiciéramos las camas sin encender luz.
Desempaquetamos usando sólo el tacto, y con gran sigilo. A los quince minutos nos
estábamos cubriendo con nuestras frazadas para dormir.
Por la mañana los canoístas se llevaron una sorpresa tremenda cuando al abrir los ojos
descubrieron un campamento completo que no estaba allí la noche antes. Yo sé, aunque
n o lo dijimos, que los tres estábamos contentísimos de nuestra exitosa aplicación del arte
nocturno de los bosques.
Pasamos un gran día. Nos bañamos, y San nos enseñó algunos de sus trucos en el agua.
Yo les enseñé a los otros cómo disfrazarse en los matojos, y pequeñas sugerencias tales
como mantenerse por debajo de la línea del horizonte e inmovilizarse.
A la hora de comer nos fuimos al sitio privado de acampar Bob con su patrulla “Lechuza”,
San y yo escuchábamos los cuentos de Bob de cómo cocinar en forma primitiva. Bob era
como un búho en ciertas cosas; oía lo que otros decían sobre la cocina del campamento,
y entonces se iba con su patrulla para probar si tenían razón o no. Siempre estaba
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probando nuevos fogones, cocinando butifarras y otras cosas en el barro, como hacen los
indígenas, y cosas así. Los de su patrulla a veces comían como reyes, y otras pasaban
hambre, por errores cometidos. Pero seguían experimentando.
Fue estupendo lo que nos divertimos y aprendimos en ese campamento. Cuando
empaquetamos nuestras cosas y emprendimos el regreso, teníamos una sensación de
nueva camaradería. No fue más que una excursión corriente de muchachos corrientes,
pero de algún modo nosotros tres hemos quedado unidos desde entonces.
Así es que ahí lo tienen. Les he dado bastante sugerencias para que les dure un mes:
excursiones a medianoche, hallar el lugar secreto de reuniones de una patrulla, practicar el
acampar, vestirse y desvestirse en la oscuridad; aprender a usar los oídos y la nariz en el
escultismo nocturno, y estar siempre alertas para descubrir nuevas formas de llevar comida y
cocinar. Es un juego fascinador y emocionante.
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Una prueba de rastreo: una anécdota de negros australianos
ARTESANÍA SCOUT
Los que viajan por Australia cuentan muchas cosas acerca de la extraordinaria habilidad del
negro australiano o aborigen, como rastreador. Durante la guerra del sur del África un oficial de
un contingente australiano se puso a alardear de la astucia de su rastreador negro ante un
grupo de oficiales británicos. Contó una historia extraordinaria tras otra, y finalmente lo retaron
a probar lo que decía. Las condiciones elegidas fueron las siguientes:
Los cinco oficiales británicos, dos a pie y tres a caballo, habían de salir a distintos intervalos y
en cualquier dirección que quisieran, y andar durante un tiempo acordado de antemano. El
rastreador negro, sabiendo solamente el color del caballo que cada jinete montaba, y habiendo
visto nada más que la huella de los zapatos que cada caminan te usaba, debería rastrearlos a
todos dentro de cierto límite de tiempo, y luego reportar los movimientos de cada uno con
razonable exactitud.
El rastreador negro pasó un día entretenido, y regresó al campamento muy desdeñoso del arte
de los bosques de los cinco oficiales. Y eso que no había sido cosa fácil, pues los oficiales lo
habían llevado por terreno pedregoso, y habían tratado en todas las formas de confundirlo.
Había seguido corriendo las huellas de los jinetes, identificando los movimiento de cada uno por
el color de los pelos de caballo que había visto y recogido. Contó que el primer jinete se había
desmontado y encendido la pipa; que el segundo lo había tirado el caballo yendo a paso vivo;
y que el tercero se había desmontado, descansado a la sombra, y trepado un árbol para mirar
el paisaje.
Describió correctamente los movimientos de los oficiales que habían ido de a pie. Uno había
hecho su recorrido sin error ni accidente. El otro se había quitado un zapato, según la evidencia
de una hilaza de la lana de su media, se había cortado el pie y por tanto caminaba cojeando.
Cuando el rastreador concluyó su relato los cinco oficiales reconocieron que no había cometido
una sola equivocación.
Ustedes podrían con el tiempo desempeñarse casi igualmente bien si se lo proponen. Añadiría
interés a todas las excursiones. ¿Por qué no probarlo?
“Una vez que el germen del arte de los bosques le ha entrado en la mente a un
muchacho, el don de la observación y la deducción se desarrolla automáticamente
y se hace parte de su carácter. Y perdura, no importa a qué se dedique después.”
B. P.
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El estudio de unos fósiles que estableció una fábrica
UN DETECTIVE DE MINERALES
Quizás alguno de ustedes consideren el estudio de las rocas, la geología, como un tema aburrido.
En realidad, puede ser sumamente interesante, verdadero Escultismo al aire libre. Esta noche
les voy a contar una “historia de detectives” para probárselo.
En primer lugar, ¿qué es yeso?... Sí, es una roca blanda, de color claro y no metálica que se
deshace con suma facilidad. Se le usa mucho para fabricar materiales de construcción:
aisladores a prueba de fuego y de sonido, paneles de yeso para paredes, yeso duro de paredes,
etc. Y nos suministra el “yeso” que usamos para hacer moldes de huellas.
Ahora va la historia. Hace unos años, durante las excavaciones para la ampliación del canal
Welland, se descubrió una veta de yeso. Era de buena calidad, pero demasiado estrecha para
tener valor comercial. Una compañía de productos de yeso se enteró del descubrimiento y le
preguntó al Departamento de Minas de Ottawa si sus geólogos podrían descubrir adónde se
dirigía la veta de yeso, y si podía ensancharse.
Se envió un geólogo. Éste estudió los pequeños fósiles que había en las rocas encima y debajo
de la capa de yeso, e hizo comparaciones con un mapa geológico de la península de Niágara.
Y finalmente declaró que si la compañía taladraba en un sitio como a sesenta kilómetros (al sur
de Hamilton) volvería a encontrar la veta de yeso como a treinta metros de profundidad. Y que
lo más probable era que la veta fuera allí más ancha.
Se hizo el taladro. Virtualmente a la profundidad indicada el taladro tropezó con una veta de
yeso de siete pies. Y durante años una gran fábrica ha estado extrayendo y fabricando
materiales de yeso en ese lugar.
¿No fue eso una verdadera labor de detectivismo mineral, de “exploración mineral”? Bien, pues
eso es la geología. ¿Que les parecería si algunos de ustedes se aficionaran a ella, empezando
por estudiarse las pruebas de las Especialidades de Mineralogísta y Minero? La búsqueda de
rocas y fósiles constituyen un objetivo interesantísimo para excursiones. Un magnífico proyecto
para una patrulla es hacer una colección de las rocas y los fósiles que se pueden hallar en el
distrito. ¿Que les parece?
Lo que hace falta es que los Jefes de Tropa usen su imaginación en inventar
constantemente nuevas aficiones y actividades... Nuestro objetivo es darles toda
cuanta gozosa aventura podamos por medio de las actividades del escultismo, y
sobre todo desarrollar su carácter, sus cuerpos y su sentido de las cosas más
elevadas.”
B. P.
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CÓDIGO DE LOS CABALLEROS DEL REY ARTURO
Estén siempre dispuestos, con la armadura puesta, excepto cuando estén descansando
de noche.
Defiendan a los pobres y ayuden a los que no pueden ayudarse ellos mismos.
No hagan nada que lastime u ofenda a otra persona.
Estén siempre listos para luchar en defensa de su patria.
Traten de obtener honor y la reputación de honradez en cualquier trabajo que estén
realizando.
Nunca violen una promesa.
Mantenga el honor de su país con su propia vida.
Mejor morir con honra que vivir sin decoro.
La caballerosidad requiere que el joven se adiestre para realizar las tareas más laboriosas
y humildes, con alegría y gentileza; para hacer bien a los demás.
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