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Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista

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Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista
Se concede permiso para imprimir, fotocopiar y distribuir este documento sólo para propósitos educativos, sin fines de lucro,
por las iglesias locales, agencias de la Iglesia Metodista Unida o de carácter individual, siempre y cuando se incluya el siguiente
aviso: “Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa Comunión, adoptado por la
Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
Este misterio santo:
Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa
Comunión
Traducción por Horacio Ríos
Índice
Nota editorial: Este Índice no consta en el documento oficial adoptado por la Conferencia General, pero se incluye para facilitar el uso de su
contenido.
Primera parte: HAY ALGO MÁS EN ESTE MISTERIO
Nombres que se dan a este sacramento
Trasfondo histórico
La herencia metodista unida
El metodismo primitivo
Las raíces de la Iglesia Evangélica y los Hermanos Unidos
El metodismo estadounidense
La doctrina de la gracia y los medios de gracia
La teología de los sacramentos
El significado de la Santa Comunión
Hacia una vida sacramental más abundante
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Segunda parte: CRISTO ESTÁ PRESENTE -VIVIR EL MISTERIO
La presencia de Cristo
Cristo es quien invita
La invitación a la Mesa del Señor
La preocupación de sentirse “indigno/a”
Modelo básico del culto: Orden del Culto de la Palabra
y Santa Comunión
La comunidad de creyentes reunida
La comunidad en pleno
La oración de Acción de Gracias
La comunidad se expande
El ritual de la iglesia
Los siervos/as de la mesa
Ministros/as oficiantes del sacramento:
presbíteros/as y pastores/as locales
Ministros/as asistentes de este ministerio:
diáconos/as y laicos/as
Preparación de la mesa
La mesa de la Santa Comunión
Los elementos sacramentales de la Santa Comunión
Reglas de aseo y preparación de la mesa
Extender la mesa
La Santa Comunión y la evangelización
La Santa Comunión y las normas cristianas del discipulado
La Santa Comunión y la unidad en la iglesia
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APÉNDICES
Miembros del comité
Notas al documento
Petición para adoptar Este misterio santo
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Se concede permiso para imprimir, fotocopiar y distribuir este documento sólo para propósitos educativos, sin fines de lucro,
por las iglesias locales, agencias de la Iglesia Metodista Unida o de carácter individual, siempre y cuando se incluya el siguiente
aviso: “Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa Comunión, adoptado por la
Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
Primera parte: HAY ALGO MÁS EN ESTE MISTERIO
Se cuenta la historia de una niña que al estar en la iglesia pasó con sus padres para recibir
la Comunión. Desilusionada por el pedacito de pan que le dieron para sumergir en la copa dijo
en voz alta, “¡Yo quiero más, yo quiero más!” Los padres se sintieron apenados, pero al pastor
y a la congregación les pareció divertido porque la reacción de la niña expresaba el sentir de
muchos de los miembros de la Iglesia Metodista Unida. Pues verdaderamente, ¡queremos más!
Queremos algo más de lo que aparentemente recibimos al pasar a tomar la Santa Comunión
como acostumbramos hacerlo en nuestras iglesias.
Según el resultado de una encuesta realizada por la Junta General de Discipulado antes de
la Conferencia General del año 2000, hay un profundo interés acerca de la importancia que
debe tener el sacramento de la Santa Comunión en la vida del creyente y la vida de la Iglesia.
Lamentablemente carecemos de una comprensión sana de la práctica y teología de este
sacramento. Los miembros de la iglesia saben que la gracia y el poder de Dios por medio del
sacramento están a su alcance pero se sienten incapaces de recibir su efecto. Muchos
laicos/as se quejan de la informalidad con que se administra en algunas iglesias, de la
deficiencia de interpretación teológica y de la falta de instrucción pastoral. Pastores/as y
laicos/as reconocen la urgencia apremiante de ofrecer una mejor preparación a los pastores/as
en cuanto a la teología y práctica de este sacramento. Esta preocupación por mejorar su
educación y preparación exige la responsabilidad de los obispos/as, los superintendentes de
distrito, los oficiales de las conferencias anuales y de la iglesia, de responsabilizarse por la
preparación pastoral y la responsabilidad que deben asumir por la instrucción, práctica y
teología de este sacramento. Muchas de las personas que participaron en la encuesta
expresaron su preocupación por la deficiencia de dirección pastoral en estos aspectos. Esto no
sólo debe preocuparnos, sino que también debe motivar a la iglesia a una reflexión seria para
formularse un compromiso nuevo. Los datos que demostró esta encuesta son un serio reto y
desafío pues revelan el deseo profundo de los miembros de la iglesia por recibir la gracia de
una relación más íntima con Jesucristo y los demás creyentes por medio de la Santa
Comunión.
Estos datos demuestran también el deseo de reavivar la fe para hacerla más relevante en
nuestras vidas. ¿Cómo puede la iglesia responder favorablemente a la sed que hay por este
“santo misterio”? (Véase “El Sacramento de la Santa Comunión II”, Mil Voces para Celebrar,
Himnario Metodista, pág. 14).
Compartimos con otras denominaciones un interés creciente sobre el estudio y celebración
de los sacramentos. En las últimas décadas hemos procurado con diligencia recuperar y
despertar el aprecio por los sacramentos del Santo Bautismo y la Santa Comunión. Los
órdenes de culto vigentes del Pacto Bautismal y la Santa Comunión (Baptismal Covenant and
Word and Table) son resultado de un largo proceso que se inició en los años 60 y culminó con
su adopción por la Conferencia General de 1984 y después fueron incluidos en The United
Methodist Hymnal [Himnario Metodista Unido, versión inglesa] cuya publicación fue aprobada
en 1988. La colocación de las páginas de la liturgia de los sacramentos de las páginas
posteriores del himnario al frente, se hizo con el propósito de dar realce a su importancia en la
vida congregacional.
La Conferencia General de 1996 aprobó el documento By Water and the Spirit: A United
Methodist Understanding of Baptism (Por el agua y el Espíritu. Un entendimiento metodista
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por las iglesias locales, agencias de la Iglesia Metodista Unida o de carácter individual, siempre y cuando se incluya el siguiente
aviso: “Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa Comunión, adoptado por la
Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
unido sobre el bautismo) como documento oficial de interpretación e instrucción para la iglesia.
El presente documento Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del
sacramento de la Santa Comunión se presentó a la Conferencia General del año 2004 con el
mismo propósito. Ambos documentos son testimonio del esfuerzo de la denominación por
rescatar su herencia sacramental y ubicarla dentro del movimiento ecuménico en su práctica y
teología.
Este misterio santo se distingue por su intención de no pecar de rigidez o indiferencia.
Ninguna de estas dos posturas son fieles a nuestra herencia, ni son fieles al Espíritu que dirige
a la iglesia en su tarea de guiar a los miembros a la experiencia de una nueva creación. Este
documento consta de dos partes. La introducción titulada “Primera parte: Hay algo más en este
misterio”, describe el desarrollo temático, las raíces históricas y tradicionales, y la teología
sacramental. La “Segunda parte: Cristo está presente – Al vivir este misterio”, se expone en
varios puntos. En cada uno, la sección titulada “Trasfondo” ofrece una descripción del asunto y
la sección titulada “Práctica” ofrece las directrices para la aplicación del “Principio”. Estos
principios exponen en forma concisa los conceptos doctrinales. Dan fe de la centralidad
histórica y ecuménica de la práctica y teología de la iglesia cristiana. El comité ha preparado la
explicación de las secciones de “Trasfondo” sobre el fundamento teológico y práctico del pueblo
cristiano en épocas pasadas y en el tiempo presente y en particular de los metodista unidos. La
sección denominada “Práctica”, se refiere a la observancia y ejercicio sacramental de la iglesia
dentro de los diversos contextos de la Iglesia Metodista Unida.
La iglesia es universal y única, católica y local, unida y diversa. Los metodistas unidos varían
según su geografía, su etnia y su cultura. Este misterio santo invita a los miembros de la iglesia
a compartir su entendimiento común de éste permitiendo a su vez su ejercicio propio y fiel.
Algunas formas de celebrarlo en nuestras iglesias difieren de otras tradiciones cristianas. El
reconocimiento de que estas diferencias existen, acredita los lazos y responsabilidad que
tenemos con la iglesia en general, y nos hace conscientes de que Dios nos asiste en el
reconocimiento particular que demos a estas observaciones y prácticas. En la Iglesia Metodista
Unida y en las relaciones fraternales que tenemos con otras tradiciones confesionales, nos
resistimos a cualquier actitud arrogante o condescendiente. Nos proponemos fortalecer los
lazos de la unidad “hablando siempre la verdad en amor” (Efesios 4:15), con humildad y
tolerancia, dando así a conocer nuestros principios, interpretamos sus fuentes y afirmamos su
práctica.
Nombres que se dan a este sacramento
En épocas pasadas y hoy día este sacramento se conoce con diversos nombres. En este
documento algunos de estos nombres se usan más que otros, pero todos son muy parecidos.
La Cena del Señor nos recuerda que es Jesús el que preside y que nosotros participamos
respondiendo a su invitación. Este nombre sugiere que participamos de una cena llamada a
veces Santa Cena y pensamos en las múltiples comidas que Jesús compartió con gentes
diversas antes de morir y después de su resurrección. El nombre de Última Cena no es un
término aceptable para referirse al sacramento, pero nos ayuda a recordar la Última Cena que
Jesús compartió con sus discípulos antes de ser entregado. Este nombre tiene un significado
particular en relación con el Jueves Santo. Cuando los primeros cristianos hablaban del
sacramento decían “el partimiento del pan” (Hechos 2:42).
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permiso.
La frase Santa Comunión evoca en nosotros la imagen de un Dios que siendo santo se da a
sí mismo y hace del acto sacramental un acto de gracia y santidad de nuestra participación con
Dios y unos con otras. Eucaristía es una palabra de origen griego que significa acción de
gracias, recordándonos que el sacramento es un acto de acción de gratitud a Dios por los
dones de la creación y de la salvación. La palabra misa se usa en la Iglesia Católica Romana y
proviene de la palabra Latina missio que significa enviar, indicando que al llegar al final de la
celebración del sacramento se termina el culto, y los fieles son enviados con la bendición de
Dios para vivir como su pueblo en el mundo. La Liturgia divina es nombre que se le da en la
tradición Ortodoxa Oriental. Cada uno de estos nombres se refieren a lo mismo: el acto de
comer y beber el pan y el vino consagrados en la comunidad de fe.
Trasfondo histórico
Desde aquella primera experiencia el día de la resurrección de Jesús, camino hacia Emaús,
narrada en Lucas 24:13-35, los cristianos han reconocido la presencia de Jesucristo al partir el
pan. La costumbre del pueblo judío de tomar el pan, bendecirlo, dar gracias a Dios y partirlo,
dándolo unos a otros, adquirió un nuevo significado. Al reunirse los seguidores de Cristo en el
nombre de Jesús; el partir el pan y compartir la copa era la manera de recordar su vida, muerte
y resurrección. Era encontrarse de nuevo con el Cristo vivo. Celebraban de nuevo la presencia
del Señor resucitado y recibían el sustento para vivir como sus discípulos. Conforme la iglesia
primitiva se organizaba y crecía, la costumbre de celebrar la Santa Comunión vino a ser el acto
central de la adoración.
A través de los siglos se han desarrollado varias interpretaciones y maneras de celebrar la
Comunión. La Iglesia Católica Romana enseña que el pan y el vino se transforman (aunque no
materialmente) en el cuerpo y la sangre de Cristo (fenómeno llamado transubstanciación, o
sea, la conversión del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Jesucristo). En el siglo XVI los
líderes de la Reforma Protestante descartaron esta interpretación doctrinal aunque algunos de
ellos se guardaban opiniones distintas.
Los luteranos sostienen que la sangre y el cuerpo de Cristo están presentes en el pan y el
vino de la celebración (nombrándola erradamente consubstanciación, o presencia corporal)
El reformador suizo Ulrich Zwingli, era de la opinión que el ritual de la Cena del Señor era un
acto conmemorativo como recuerdo del sacrificio de Cristo, una afirmación de fe, un signo de
fraternidad cristiana. Aunque su nombre no es ampliamente conocido en las iglesias
evangélicas, su opinión aun tiene aceptación.
Las iglesias de tradición de la Reforma que observan los preceptos de Juan Calvino,
sostienen que aunque el cuerpo de Cristo está en el cielo, al recibir la Santa Comunión con fe,
el poder del Espíritu Santo alimenta a los comulgantes.
La Iglesia Anglicana sostiene un argumento parecido en su Catecismo y Artículos de
Religión. Estos conceptos (explicados aquí sencillamente) sugieren la variedad de
interpretaciones disponibles a los hermanos Carlos y Juan Wesley y a los primeros metodistas.
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La herencia metodista unida
El metodismo primitivo
El movimiento metodista del siglo dieciocho en Inglaterra fue un movimiento de
evangelización que integraba el aprecio renovado por los sacramentos. Los hermanos Wesley
reconocían la mediación del poder de Dios en la Cena del Señor y animaban a sus seguidores
a valerse de él, comulgando con frecuencia del sacramento. El efecto de la gracia divina, en y
por mediación del sacramento, actuaba por convicción el arrepentimiento y conversión, el
perdón y la santificación. Juan Wesley definía la Cena del Señor como el gran conducto por
donde se impartía la gracia de su Espíritu a las almas de todos los hijos de Dios (véase el
Sermón 26, “Sobre el Sermón de nuestro Señor en la montaña —Discurso Sexto,” Tomo II,
pág.151, Obras de Wesley). En los primeros años de inicio y crecimiento del metodismo,
Wesley participaba del sacramento cuatro a cinco veces por semana. En su sermón titulado
“El deber de la comunión constante”, Wesley menciona el provecho del sacramento en la vida
del creyente y que tiene profundo significado para nosotros hoy día. Los hermanos Wesley
escribieron y publicaron una colección de 166 himnos sobre la Cena del Señor cuya letra se
usaba para cantar y para meditar. Los hermanos Wesley entendían y tenían un aprecio
profundo por la naturaleza multifacética de la Cena del Señor. Ellos escribieron acerca del
amor, la gracia, el sacrificio, el perdón, la presencia de Cristo, el misterio, la sanidad, el nutrirse
espiritualmente, la santidad, y el pacto del cielo. Sabían que la Santa Comunión es un medio
poderoso por el cual la gracia divina es dada al pueblo de Dios. Nuestra comprensión y práctica
sacramental hoy día están fundamentadas en esta herencia espiritual.
Las raíces de la Iglesia Evangélica y los Hermanos Unidos
Los movimientos que vinieron a formar la Iglesia de los Hermanos Unidos y la Iglesia
Evangélica se iniciaron a fines del siglo dieciocho y principios del siglo diecinueve en los
Estados Unidos. Desde el principio, las relaciones entre estos dos grupos y los metodistas
fueron fraternas y cordiales. Las creencias y prácticas de estas tres iglesias eran semejantes.
El metodista Francis Asbury y Philip William Otterbein de la Iglesia de los Hermanos Unidos
fueron buenos amigos. Otterbein estuvo presente en la consagración de Asbury como Obispo
de la Iglesia Metodista Episcopal. El diálogo sobre la unión de las dos iglesias empezó en 1809
y continuó hasta la unión oficial del año 1968 que dio vida a la Iglesia Metodista Unida.
Desafortunadamente, Otterbein y Martín Boehm—fundadores de los Hermanos Unidos—
dejaron una documentación muy escasa. Lo mismo sucedió con el fundador de la Iglesia
Evangélica, Jacobo Albright. Es por ello que las comparaciones que podemos hacer en cuanto
a la teología y práctica de la Santa Comunión de estas iglesias son limitadas.
El Diario personal de Christian Newcomer († 1830), tercer obispo de los Hermanos Unidos
menciona las numerosas ocasiones en que él administró y participó del sacramento y nos
revela su importancia en la vida de la iglesia.
El metodismo estadounidense
Los primeros metodistas que empezaron a llegar por la década de 1760, al principio recibían
los sacramentos en las iglesias anglicanas de las cuales se consideraban ser miembros. Pero
esta situación cambió rápidamente y los metodistas empezaron a desligarse de la Iglesia de
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Inglaterra. Conforme surgieron las tensiones políticas de las colonias del Nuevo Mundo con
Inglaterra, que terminaron con la Guerra Revolucionaria, la mayoría de los sacerdotes
anglicanos abandonaron el país. Para mediados de los años de 1770, la mayoría de los
metodistas ya no recibían los sacramentos, los pastores/as misioneros que Juan Wesley
enviaba eran laicos/as, lo mismo que los predicadores del continente americano, y no estaban
autorizados para bautizar o administrar la Santa Comunión. Los metodistas estaban privados
de recibir los sacramentos y esta razón motivó a Wesley a ordenar presbíteros a pastores/as
laicos/as para oficiar en los Estados Unidos. En 1784 se organizó la Iglesia Metodista Episcopal
y se ordenó presbíteros a varios pastores/as. Aun así, el número de presbíteros era demasiado
reducido para poder administrar los sacramentos con la frecuencia suficiente debido al
crecimiento rápido de los metodistas. Durante la época pionera de pastores de circuitos, la
mayor parte de los metodistas tan sólo recibían la Santa Comunión una vez cada tres meses
cuando el presbítero ordenado llegaba a su pueblo. Los cultos de avivamiento al aire libre de la
época eran ocasiones para que un buen número de personas recibiera la Santa Comunión.
Para fines del siglo diecinueve y principios del siglo veinte muchas de las iglesias metodistas ya
tenían pastores ordenados pero la costumbre de celebrar la Santa Cena cada tres meses
continuó.
Para los metodistas de los Estados Unidos la Santa Comunión era un acto solemne y
sagrado. La característica del ritual sumamente penitencial, invitaba a la gente al
arrepentimiento con un menor énfasis por expresar gracias a Dios. Durante los siglos
diecinueve y veinte se perdió el firme aprecio que Wesley tenía por la Eucaristía, y el
sacramento vino a ser solamente una celebración memorial de la muerte de Cristo. En muchas
congregaciones los domingos en que se celebraba la Santa Comunión la asistencia era muy
baja. Un aprecio renovado por la Santa Comunión surgió de nuevo en la Iglesia Metodista, la
Iglesia Evangélica y los Hermanos Unidos a mediados del siglo veinte cuando estas iglesias
decidieron restaurar esta herencia y elaborar nuevas liturgias.
Conforme el metodismo cundió por otros países, la liturgia y modo de celebrar el sacramento
en los Estados Unidos fueron imitados. Sin embargo, con el paso de los años se han ido
agregando influencias de otras tradiciones cristianas. Estas influencias son más evidentes en la
forma de celebrar la Santa Comunión en las conferencias centrales (conferencias metodistas
unidas en otras partes del mundo).
La doctrina de la gracia y los medios de gracia
Hoy en día el sacramento de la Santa Comunión debe considerarse dentro de este contexto
teológico más amplio de la Iglesia Metodista Unida. De acuerdo con las enseñanzas cristianas
y bíblicas, creemos que todos somos pecadores y por tanto estamos en necesidad constante
de la gracia divina. Creemos que Dios es un Dios de gracia y amor, presto para brindarnos la
gracia necesaria. La gracia es expresión del amor de Dios por nosotros, es un don gratuito e
inmerecido. Se reconocen varias expresiones que describen la forma en que la gracia divina
obra en nuestras vidas. La “gracia preveniente” es la que actúa por nuestro bien antes de que
tomemos conciencia de ella y podamos hacer algo por nosotros mismos. Aunque todos vivimos
expuestos al pecado, la gracia de Dios nos da la libertad suficiente para responderle.
Realmente toda expresión de la gracia divina es preveniente—nosotros somos incapaces de
acercarnos a Dios a menos que Dios primeramente se acerque a nosotros. Dios nos busca, nos
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persigue, nos invita a disfrutar de la relación de amor con Él para la cual fuimos creados. El
dictamen de la gracia nos hace conscientes de nuestro pecado y nos llama al arrepentimiento.
La gracia justificadora nos perdona y nos ubica en una relación correcta con Dios. La gracia
santificadora nos capacita para crecer continuamente en santidad de vida. La gracia
perfeccionadora nos adapta a la persona de Cristo. La gracia de Dios está a nuestro alcance
por medio de la vida, muerte y resurrección de Cristo y actúa en nosotros mediante el poder y
la presencia del Espíritu Santo. Aunque la gracia divina obra en nosotros en cualquier momento
y como a Dios le place, Dios ha dispuesto algunos medios por los cuales su gracia está a
nuestro alcance y disposición inmediatos.
Juan Wesley explica los “medios de gracia” como: “señales exteriores, las palabras o
acciones ordenadas e instituidas por Dios con el fin de ser los canales ordinarios por medio de
los cuales pueda comunicar a la criatura humana su gracia anticipante, justificadora y
santificadora“ (véase el Sermón 16, “Los medios de gracia, Tomo I, página 319, Obras de
Wesley). En las “Reglas Generales”, Wesley menciona como medios de gracia: “El culto público
a Dios; el ministerio de la Palabra, ya leída o explicada; La Cena del Señor. La oración privada
y de familia; El escudriñamiento de las Escrituras. El ayuno o abstinencia” (Disciplina, ¶ 103;
pág. 78). En otros documentos Wesley agregó el diálogo de las conferencias cristianas, por los
que sugiere que se realicen con conversación edificante y en reuniones de apoyo y
responsabilidad mutua. No deben entenderse estos medios de gracia como medios para
obtener la salvación, pues ésta es un don inmerecido. Más bien son medios para recibir, vivir y
crecer en la gracia de Dios. La tradición wesleyana continúa enfatizando la práctica de estos
medios de gracia a lo largo del proceso de salvación de nuestra vida.
La teología de los sacramentos
El término en griego de uso en la iglesia primitiva para el sacramento es mysterion, que se
traduce comunmente como misterio. Y, significa que por medio de los sacramentos, Dios nos
revela acontecimientos que escapan al razonamiento humano. En latín la palabra es
sacramentum que significa un juramento o promesa. Los sacramentos fueron instituidos por
Cristo y dados a la iglesia. Jesucristo es la manifestación máxima de un sacramento. En la vida
de Jesús de Nazareth, el propósito y la naturaleza de Dios fueron reveladas en un ser humano.
La iglesia cristiana también es un sacramento. Fue creada para continuar la obra redentora de
Cristo en el mundo. La iglesia es el cuerpo visible de Cristo, por la cual Cristo sigue siendo
manifestado y el plan divino de Dios sigue cumpliéndose. El Santo Bautismo y la Santa
Comunión fueron escogidos y designados por Dios como medios por los cuales la gracia divina
se allega a nosotros. El Santo Bautismo es el sacramento que nos inicia como miembros del
cuerpo de Cristo: “mediante el agua y el Espíritu” (véase “Orden del Pacto Bautismal”, Mil
Voces para Celebrar, Himnario Metodista Unido, pág. 21). La Santa Comunión es el
sacramento que nos sustenta y alimenta en nuestra jornada de salvación. En un sacramento,
Dios utiliza medios materiales y tangibles como instrumentos de su gracia. Wesley define lo que
es un sacramento, de acuerdo con la tradición anglicana, como “un signo exterior de una gracia
interior, y un medio que nos la confiere” (véase el Sermón 16, “Los medios de gracia, Tomo I,
página 319, Obras de Wesley). Los sacramentos son símbolos y acción que incluyen palabras,
actos y elementos materiales. Ambos expresan y comunican el amor gratuito de Dios. Hacen
visible y efectivo el amor de Dios. Podríase decir que son medios tangibles por los cuales Dios
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nos transmite su realidad, para que en nuestro quebrantamiento y limitaciones humanas,
podamos recibir y experimentar su gracia.
El significado de la Santa Comunión
En el Nuevo Testamento encontramos por lo menos seis conceptos importantes sobre la
Santa Comunión: acción de gracias, fraternidad, acto memorial, sacrificio, la acción del Espíritu
Santo, y la escatología. Un breve repaso a cada una de estas nos puede ayudar a entender
mejor el significado del Sacramento.
La Santa Comunión es un acto eucarístico, un acto de acción de gracias. Los primeros
cristianos lo disfrutaban: “partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez
de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:46-47 a,). Al
comulgar nosotros, expresamos gratitud y gozo por los poderosos hechos de Dios a través de
la historia. Por la creación, su pacto, su redención y su santificación. La oración de Acción de
Gracias (“La Santa Comunión I”, Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, págs. 11-13) es
una recitación de la historia de salvación que culmina con la obra de Jesucristo y la obra latente
del Espíritu Santo, y expresa nuestra gratitud por la bondad y el amor incondicionales de Dios
por nosotros.
La Santa Comunión es en sí expresión de la comunión de la Iglesia—la comunidad de fieles
reunida en su iglesia local y globalmente. Aunque es profundamente significativa para las
personas que lo reciben, el sacramento es algo más que una experiencia personal. Todos los
pronombres usados a través de la liturgia son en plural, nosotros, nuestro, etc., en 1ª Corintios
10:17 leemos que: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues
todos participamos de aquel mismo pan.” La liturgia de “La Santa Comunión I” (Mil Voces para
Celebrar, Himnario Metodista, pág. 13) usa este texto como una referencia explícita de la
unidad cristiana en el cuerpo de Cristo. El acto de compartir y el lazo de unión que
experimentamos al acercarnos a la mesa del Señor son ejemplo de la naturaleza de la Iglesia y
un modelo del mundo que Dios quiere que sea.
La Santa Comunión es un acto de recuerdo, conmemoración y memorial, pero también es
algo más que una simple remembranza. “Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19; 1ª de
Corintios 11:24-25) es anamnesis (la palabra del griego bíblico). O sea, un hecho dinámico que
viene a ser representación poderosa de los actos de la gracia de Dios en el pasado como una
revelación en el momento actual. Cristo ha resucitado y está presente, aquí y ahora, no es sólo
un recuerdo de lo que pasó.
La Santa Comunión es un tipo de sacrificio. Es una nueva presentación, pero no es una
repetición del sacrificio de Cristo. Hebreos 9:26 lo explica claramente: “ahora, en la
consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para
quitar de en medio el pecado.”
La consumación de la vida, muerte y resurrección de Cristo hace accesible para nosotros la
gracia de Dios. Nosotros también nos presentamos a Dios como sacrificio en unión con Cristo
(Romanos 12:1; 1ª de Pedro 2:5) para ser usados por Dios en la obra de redención, de
reconciliación y justicia. En la oración de Acción de Gracias, la iglesia ora: “Te rogamos aceptes
este nuestro sacrificio de alabanza y acción de gracias como un sacrificio vivo y santo, en unión
al sacrificio de Cristo por nosotros... (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 12).
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por las iglesias locales, agencias de la Iglesia Metodista Unida o de carácter individual, siempre y cuando se incluya el siguiente
aviso: “Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa Comunión, adoptado por la
Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
La Santa Comunión es un medio de gracia por actuación del Espíritu Santo (Hechos 1:8),
cuya acción se describe en Juan 14:26: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he
dicho.” La epíclesis (llamar palabra griega) es parte de la oración de Acción de Gracias que
invoca al Espíritu: “Derrama tu Santo Espíritu sobre los que estamos aquí reunidos y sobre
estos dones de pan y vino; haz que sean para nosotros el cuerpo y la sangre de Cristo, para
que seamos el cuerpo de Cristo para el mundo, redimidos por su sangre. Mediante el poder de
tu Espíritu, haznos uno con Cristo, uno con los demás y uno en la obra del ministerio a todo el
mundo. . . “ (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 12).
La Santa Comunión es escatológica, palabra cuyo significado apunta al final de los tiempos,
el resultado del propósito de Dios para el mundo—“Cristo ha muerto; Cristo ha resucitado;
Cristo vendrá otra vez” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 12). Comulgamos
no solamente con los fieles que están presentes sino también con los santos del pasado que se
unen con nosotros en el sacramento. Participar del sacramento es experimentar anticipación de
lo futuro, promesa del cielo “hasta que Cristo venga en la victoria final y podamos todos
participar en el banquete celestial” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 12).
Cristo mismo anticipó esta ocasión y dijo a los discípulos: “desde ahora no beberé más de este
fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”
(Mateo 26:29; Marcos 14:25; Lucas 22:18). Cuando comemos el pan y bebemos la copa
participamos de la naturaleza divina en esta vida y para la vida eterna (Juan 6:47-58;
Apocalipsis 3:20). Anticipamos aquel banquete celestial celebrando la victoria de Dios sobre el
pecado, la maldad y la muerte (Mateo 22:1-14; Apocalipsis 19:9; 21:1-7). En medio del
quebrantamiento personal y sistémico que vivimos, anhelamos la fraternidad duradera con
Cristo y el cumplimiento final del plan divino. Alimentados por la gracia sacramental nos
esforzamos por ser formados/as en la imagen de Cristo y en instrumentos para la
transformación del mundo.
Hacia una vida sacramental más abundante
Como esa niña que quedó desilusionada por el trozo pequeño de pan que recibió, el pueblo
metodista unido busca y espera algo más de la experiencia eucarística. Al avanzar a una vida
sacramental que incluya el sacramento de la Santa Comunión semanalmente nos
preguntamos, y ¿que beneficio espiritual recibiremos de él? ¿qué es lo que el amor y el poder
divino obra en y por nosotros al participar del sacramento? La respuesta a estas preguntas
incluyen: el perdón, el alimento, la sanidad, la transformación, el ministerio y misión, y la vida
eterna.
Aceptamos la invitación de pasar a la mesa confesando nuestro pecado personal y
comunitario, confiando en que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1ª de Juan 1:9).
La expresión nuestra de arrepentimiento recibe su respuesta en las palabras de absolución
en que el perdón nos es dado: “¡En el nombre de Jesucristo eres perdonado! (Mil Voces para
Celebrar, Himnario Metodista, pág. 10). Esta certeza es don de Dios a los pecadores,
permitiéndonos así continuar esforzándonos por vivir fielmente. Wesley afirmó: “De esta
manera, la gracia que Dios nos da confirma el perdón de nuestros pecados, permitiéndonos
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abandonarlos” (Sermón 101, “El deber de la comunión constante”, Tomo VI.3, pág. 220, Obras
de Wesley).
Somos alimentados espiritualmente mediante la Santa Comunión. La vida cristiana es una
jornada difícil que nos desafía. El vivir en fidelidad continua y en crecimiento de santidad
requiere cuidado constante. Wesley escribió: “Este es el alimento de nuestras almas: nos da
fortaleza para cumplir nuestro deber, y nos conduce hacia la perfección” (Sermón 101, “El
deber de la comunión constante”, Tomo IV.3, pág. 221, Obras de Wesley). Dios dispone tal
alimento mediante el sacramento de la Eucaristía. En Juan 6:35, Jesús dice a las multitudes:
“Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá
sed jamás.” Al allegarnos a la mesa una y otra vez, somos fortalecidos de nuevo. Y, nos
retiramos de ella capacitados/as para vivir como fieles discípulos/as, conciliadores y testigos.
En las palabras de la oración después de haber comulgado, oramos: “Concédenos que
podamos vivir en el mundo con el poder de tu Espíritu y entregarnos al servicio de nuestro
prójimo . . .” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 14).
En nuestro encuentro con Cristo en la Santa Comunión somos tocados por la gracia divina
una y otra vez, y vamos siendo formados en la imagen de Cristo. Esto no se logra en un
instante no importa cuan dramática sea nuestra experiencia. Es un proceso de por vida por el
cual Dios propone hacer de nosotros una gente motivada por amor, capacitada y apasionada
por participar en la misión de Cristo en el mundo. La identidad y el ministerio que Dios nos
otorga en nuestro bautismo se cumple conforme vamos siendo transformados en discípulos
que responden al amor de Dios, amándole a Él y a otros (Romanos 12:1-2).
Mediante la Eucaristía somos sanados/as y capacitados/as para ayudar a otras personas a
sanar. Sozo, la raíz de la palabra griega usada en el Nuevo Testamento que significa sanidad,
también se interpreta como salvación y plenitud. Gran parte de nuestra sanidad es espiritual,
pero incluye también la sanidad de pensamientos, del estado de ánimo, de nuestra mente, de
nuestro cuerpo, y nuestras relaciones y actitudes. La gracia recibida al acercarnos a la mesa
del Señor puede restaurarnos. Como personas que constantemente estamos siendo redimidas,
anhelamos también la sanidad de un mundo quebrantado. El Culto de Sanidad lo describe así:
“La sanidad espiritual es la obra que Dios realiza al ofrecer a las personas equilibrio, armonía, y
sanidad integral de cuerpo, mente, espíritu y relaciones, por medio de la confesión, el perdón y
la reconciliación. Por medio de esta sanidad, Dios obra para efectuar la reconciliación entre Él y
la humanidad, entre los individuos y las comunidades, dentro de las mismas personas y entre la
humanidad y el resto de la creación” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 56). La
Santa Comunión puede ser un factor poderoso en el Culto de Sanidad que encontramos en Mil
Voces, para Celebrar, Himnario Metodista, páginas 56 y 57.
La gracia que nos es dada al pasar a la mesa del Señor nos auxilia en el cumplimiento de
nuestro ministerio y misión en el mundo, en la obra de redención, de reconciliación, paz y
justicia (2ª de Corintios 5:17-21). Al comulgar tomamos conciencia de las necesidades del
prójimo y se nos recuerda esta responsabilidad. Expresamos por medio de actos de cuidado y
bondad, la compasión misma de Cristo a las personas que tratamos a diario.
En nuestro pacto bautismal declaramos que aceptamos ”la libertad y el poder que Dios nos
da para resistir el mal, la injusticia y la opresión en cualquier forma que se presenten (Mil Voces
para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 22). Pero en las palabras de confesión reconocemos
nuestros fracasos: “…nos hemos rebelado contra tu amor, no hemos amado a nuestro prójimo
y no hemos escuchado la voz del necesitado” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista,
10
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pág. 15). Recordando la inconformidad de Jesús con las instituciones humanas de su tiempo se
nos motiva a desafiar toda injusticia y sistemas que perpetúan la desigualdad y discriminación
política, económica y social. (Mateo 23; Lucas 4:16-21; 14:7-11).
El Dios de amor que viene a nuestro encuentro al acercarnos a su mesa nos confiere el don
de vida eterna. La referencia que Jesús hace de sí mismo como el pan espiritual de la vida en
el relato eucarístico del evangelio de Juan 6:25-58 pone en claro este concepto: “El que come
mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (6:54). Esta
vida en unión con Cristo es la vida eterna. No es sólo la promesa de estar con Cristo después
de nuestra muerte. Es también la vivencia de una relación viviente con Cristo aquí y ahora. Es
una vivencia que jamás termina porque está fundada en el amor eterno de Dios, que es nuestro
en los sacramentos.
“Oh, Señor que el misterio de este pan
revelaste en Emaús,
vén, alimenta nuestras almas
y a tus siervos da palabra.
Carlos Wesley
The United Methodist Hymnal, 613
Segunda Parte: CRISTO ESTÁ PRESENTE: VIVIR EL MISTERIO
La presencia de Cristo
Punto fundamental:
Jesucristo quien es “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3) está presente en la
Santa Comunión. Mediante Cristo y por el poder del Espíritu Santo, Dios viene a nuestro
encuentro al allegarnos a su mesa. Dios quien ha dado los sacramentos a su iglesia, obra en y
por medio de la Santa Comunión. Cristo está presente con su pueblo reunido en su nombre
(Mateo 18:20), por medio de la proclamación y el vivir de su Palabra y el compartir de los
elementos de pan y de vino (1ª de Corintios 11:23-26). La divina presencia es real para los que
comulgan y no solamente un recuerdo de la Última Cena y la crucifixión.
Trasfondo:
La presencia de Cristo en el sacramento es promesa hecha a la iglesia que no depende del
reconocimiento personal de los miembros de la congregación. La Santa Comunión siempre nos
manifiesta la gracia. Nos recuerda lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, y sentimos
lo que Dios hace en nosotros al participar anticipando lo que Dios hará en la obra futura de
salvación.
“Esperamos el momento final de la gracia, cuando Cristo ha de venir victorioso final de las
edades a fin de llevar a la gloria de esa victoria a quienes están en él” (The Book of Resolutions
fo the United Methodist Church-2004, página 875. El texto en español está disponible en El
bautismo: puerta de entrada a una nueva vida en Cristo. Derechos de autor © Discipleship
Resources, 2004, pág. 85.), y nos unimos a la cena de las bodas del Cordero (Lucas 22:14-18;
Apocalipsis 19:9).
La iglesia cristiana se ha esforzado, a través de los siglos, por entender cómo es que la
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presencia de Cristo se manifiesta en el sacramento. De esta preocupación han surgido muchos
argumentos y divisones. La tradición wesleyana afirma que la presencia de Cristo es real,
aunque no pretende explicarla por completo. Los 166 himnos escritos por Juan y Carlos Wesley
sobre la Santa Cena son una rica fuente de estudio para nuestra apreciación y comprensión de
la presencia de Cristo en la Eucaristía. Uno de estos himnos expresa bien su realidad y
misterio: “O the Depth of Love Divine,” estrofas 1 y 4 [Oh, Profundidad de Amor Divino] (The
United Methodist Hymnal, 627):
¡Oh, profundidad de amor divino,
inalcanzable es tu gracia!
¡Quién puede explicar cómo el pan y el vino
manifiesten al Dios vivo!
¡Cómo el pan su cuerpo imparte,
cómo el vino da su sangre
y llena el corazón de los fieles
con la persona propia de Dios!
Cierta y real la gracia es,
en forma desconocida
impártenos tu sentir
y haznos en perfecta unión.
Permítenos probar la fuerza celestial,
Nada más pedimos, Señor.
Para bendecirte solamente, y
nuestra admiración y adoración.
El Artículo XVI de los “Artículos de Religión” de la Iglesia Metodista define los sacramentos
como “no sólo señales o signos de la profesión de los cristianos, sino más bien testimonios
seguros de la gracia y buena voluntad de Dios para con nosotros, por los cuales obra El en
nosotros invisiblemente, y no sólo aviva nuestra fe en El, sino que también la fortalece y
confirma”(Disciplina, pág. 66). (Ver la sección “Los elementos sacramentales” de este
documento para datos adicionales.)
El Artículo XVIII define la Cena del Señor como “sacramento de nuestra redención por la
muerte de Cristo; de modo que, para los que digna y debidamente y con fe reciben estos
elementos, el pan que partimos es una participación del cuerpo de Cristo, y así mismo la copa
de bendición es una participación de la sangre de Cristo” (Disciplina, pág. 67). (Ver la sección
“Los elementos sacramentales” de este documento para datos adicionales.)
El Artículo VI de la Confesión de Fe de la Iglesia Evangélica de los Hermanos Unidos dice
algo semejante de los sacramentos: “Son medios de gracia a través de los cuales Dios obra
invisiblemente en nosotros avivando, fortaleciendo y confirmando nuestra fe en él . . . Quienes
con rectitud, dignidad y con fe comen el pan partido, y beben la copa bendita, participan del
cuerpo y sangre de Cristo de una manera espiritual, hasta que él venga” (Disciplina, págs. 7172).
Los metodista unidos conjuntamente con otras tradiciones cristianas han tratado de ofrecer
una interpretación clara y fiel de la presencia de Cristo en la Santa Cena. Nuestra tradición
afirma la presencia real, personal y viva de Jesucristo. Para los metodistas unidos, la Cena del
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Señor está fundada en el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret, pero no es
principalmente un recuerdo o memorial. No reconocemos la doctrina medieval de la
transubstanciación aunque consideramos que los elementos son medios tangibles por los
cuales Dios obra. Entendemos la presencia divina en términos de relación y temporabilidad. En
esta Santa Cena de la iglesia, el pasado, el presente y el futuro del Cristo resucitado están
presentes por mediación del poder del Espíritu Santo para que recibamos y estemos en Cristo
como don de salvación para todo el mundo.
Práctica:
Porque Jesucristo ha prometido venir a nuestro encuentro (1ª de Corintios 11:23-26), los
cristianos nos acercamos a la mesa con expectativa y deseo, con admiración y humildad,
celebración y gratitud.
Los pastores/as deben recibir preparación y formación (en el seminario, curso de estudios,
certificación de estudio y estudios continuos) en teología, espiritualidad, historia, tradición de los
sacramentos y de cómo hacer esta observación más efectiva, la liturgia, los gestos, las
posturas y símbolos materiales, para comunicar más plenamente su significado.
Cristo es quien invita
Invitación a la mesa del Señor
Punto fundamental:
La invitación a la mesa proviene del Cristo resucitado y presente. Cristo invita a su mesa a
quienes le aman, se arrepienten de sus pecados, y quieren vivir como discípulos/as suyos. La
Santa Comunión es un don de Dios para la Iglesia, y un acto de la comunidad de fe. Al
responder a esta invitación afirmamos y profundizamos nuestra relación con Dios por medio de
Jesucristo y nuestro compromiso a servirle como miembros en la misión del cuerpo de Cristo.
Trasfondo:
La invitación a la Santa Comunión en el “Culto con el Sacramento de la Santa Comunión I” y
en “El Sacramento de la Santa Comunión II” proclamamos: “Cristo nuestro Señor invita a su
mesa a quienes le aman, a quienes sinceramente se arrepienten de sus pecados y procuran
vivir en paz con los demás” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 14).
El párrafo tradicional antiguo dice: “Vosotros los que verdaderamente os arrepentís de
vuestro pecado y estáis en caridad y amor con vuestro prójimo, e intentáis vivir una vida nueva,
siguiendo los mandamientos de Dios, y caminando de hoy en adelante en sus santos caminos:
Acercáos aquí con fe . . . (The United Methodist Hymnal, pág. 26). El orden para uso con los
enfermos o personas que no pueden salir de su casa dice: “Cristo nuestro Señor invita a su
mesa a quienes le aman, a quienes verdaderamente se arrepienten de sus pecados y procuran
vivir en paz y amor con el prójimo (“Culto Breve de la Santa Comunión para uso en el Hospital o
en un Hogar”, Fiesta Cristiana: Recursos para la Adoración, pág. 53).
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Práctica:
Cuando celebremos la Santa Comunión es importante empezar siempre con las palabras de
invitación, luego la confesión y el perdón. Si éstas se omiten, las personas no podrán entender
que en la mesa del Señor son llamadas al arrepentimiento, perdón, sanidad y aceptación a una
nueva vida en Cristo para todos/as.
La comunidad de fe es responsable por proveer la instrucción y educación apropiada sobre
el sacramento de la Santa Comunión, según las edades de los congregantes. Los que reciben
el bautismo en su infancia necesitan educación constante en su madurar de la fe. Quienes lo
reciben como miembros en su mayoría de edad también requieren instrucción constante sobre
el significado del sacramento en su vida, en la vida de la congregación y en la comunidad
cristiana. Todos los que quieran vivir su discipulado necesitan formación de su espiritualidad
sacramental.
Los obispos/as, presbíteros/as, diáconos/as, pastores/as, maestros/as de escuela dominical,
padres y tutores, seminaristas, profesores, y otras personas son responsables por enseñar el
significado y práctica de la Santa Comunión. La instrucción sobre los sacramentos debe
reconocer la posición y práctica oficial metodista unida y animar a sus miembros a conocer y
respetar las de otras tradiciones cristianas.
Punto fundamental:
Quienes responden con fe a la invitación son bien recibidos/as. El Santo Bautismo por lo
común precede la participación de la Santa Comunión. La Santa Comunión es el alimento de la
comunidad que vive en relación con Dios en Cristo. Así como la circuncisión fue signo del pacto
de relación de Dios con el pueblo Hebreo, el bautismo es el signo del nuevo pacto para los
cristianos (Génesis 17:9-14; Éxodo 24:1-12; Jeremías 31:31; Romanos 6:1-11; Hebreos 9:15).
Trasfondo:
El bautismo es un rito no repetible de iniciación del creyente en el cuerpo de Cristo,
mientras que la Cena del Señor es un acto repetible frecuentemente al celebrar la comunión del
cuerpo de Cristo.
En los primeros años de la era cristiana, la iglesia hacía una distinción entre el culto de
adoración en la Liturgia de la Palabra en que todos participaban, y en la Liturgia de los Fieles,
la cual era la celebración de la Santa Comunión. A las personas que no habían sido bautizadas
se les despedía antes de la celebración del sacramento (Dídaque 9; Justín Martir, Primera
Apología, 66; Las Constituciones Apostólicas, Libro VIII; La Liturgia de San Basilio).
Juan Wesley enfatizaba que el bautismo es sólo un paso en el proceso de la salvación que
debe ser seguido por la justificación por la fe y el compromiso personal con Cristo al llegar la
persona a la edad de la discreción.
Wesley hablaba de la Santa Comunión como una “ordenanza de conversión” (Diario, 1º de
Noviembre de 1739, al 3 de Septiembre de 1741; Viernes, 27 de Junio de 1740). En la
Inglaterra del siglo 18, Wesley predicaba a personas que en su gran mayoría, aunque habían
sido bautizadas en la etapa de infancia y poseían conocimientos de fe, no habían tenido la
experiencia propia de su conversión. Es por eso que Wesley predicaba acerca de la
transformación de la vida y la seguridad de salvación.
Después de efectuarse la unión de la Iglesia Evangélica y la de los Hermanos Unidos en
Cristo, el Libro de la Disciplina del año de 1947 de la Iglesia Evangélica de los Hermanos
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Unidos dice: “Invitamos a [la Cena del señor] a todos los discípulos del Señor Jesucristo que le
han confesado delante de los hombres y desean servirle con corazones sinceros” (pág. 447)
The United Methodist Book of Worship expresa que quienes se proponen vivir la vida
cristiana, juntamente con sus hijos/as, se les invita a recibir el pan y el vino. En adición,
menciona que los metodistas unidos no tienen una tradición que rechaza a quien se presente
para recibirle (véase la pág. 29). Esta declaración indica que en la práctica hay pocas, si es que
las hay, circunstancias en que algún pastor/a metodista unido niegue servir los elementos de la
Santa Comunión a alguien que se acerque a recibirlos.
El documento Por el agua y el Espíritu declara: “Debido a que la mesa, alrededor de la cual
nos reunimos pertenece a al Señor, ésta debe abrirse a quienes respondan al amor de Cristo,
sin importar su edad o membresía eclesiástica. La tradición wesleyana siempre ha reconocido
que la Santa Comunión puede ser una ocasión para recibir la gracia que nos convierte, justifica
y santifica” (The Book of Resolutions fo the United Methodist Church, pág. 814. El texto en
español está disponible en El bautismo: puerta de entrada a una nueva vida en Cristo.
Derechos de autor © Discipleship Resources, 2004, pág. 84).
Práctica:
La invitación a participar de la Santa Comunión presenta una oportunidad evangélica de
traer a la gente a una relación más completa con el cuerpo de Cristo. Como medio de gracia
inmerecida, el Santo Bautismo y la Santa Comunión no deben considerarse obstáculos sino
medios de guía. Los pastores/as y las congregaciones deben mantener un equilibrio de recibir
que es grato y abierto, y en la enseñanza, mantener clara y fiel la plenitud del discipulado.
Las personas no bautizadas que responden en fe a la liturgia deben ser bien recibidas al
acercarse a la mesa. Deberán ser instruidas en el Santo Bautismo como el sacramento de
admisión a la comunidad de fe —acto que es único en la vida de cada persona— y de la Santa
Comunión como el sacramento de sustento para la jornada de fe y el desarrollo espiritual —que
es necesario y recibido con frecuencia. “A las personas no bautizadas que reciben la
Comunión, se les debe alimentar espiritualmente y aconsejar que se bauticen tan pronto como
sea” (The Book of Resolutions fo the United Methodist Church, página 814. El texto en español
está disponible en El bautismo: puerta de entrada a una nueva vida en Cristo. Derechos de
autor © Discipleship Resources, 2004, pág. 84).
Punto fundamental:
A niguna persona se le negará la mesa por razón de edad o “con impedimentos mentales,
físicos, de desarrollo o sicológicos” (Disciplina, ¶ 162.G, pág. 115), o alguna otra condición que
limite su comprensión o estorbe su habilidad para recibir el sacramento.
Trasfondo:
Conforme al documento Por el agua y el Espíritu:
Los cultos sobre pactos bautismales concluyen apropiadamente con la Santa Comunión; rito
por medio del cual la unión del nuevo miembro con el cuerpo de Cristo se expresa a cabalidad. La
Santa Comunión es una comida sagrada en la cual la comunidad de fe, en el simple hecho de
comer el pan y beber el vino, proclama y participa en todo lo que Dios ha hecho, está haciendo y
continuará haciendo por nosotros(as) en Cristo. Al celebrar la Eucaristía, recordamos la gracia que
se nos ha dado en nuestro preservar y hacer cumplir las promesas de salvación (The Book of
Resolutions of the United Methodist Church-2004, pág. 873. El texto en español está disponible en
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El bautismo: puerta de entrada a una nueva vida en Cristo. Derechos de autor © Discipleship
Resources, 2004, pág. 84).
Las rúbricas finales del órden de la liturgia indican claramente que esto es relevante
para las personas de toda edad. El fundamento teológico del bautismo de infantes y de
personas con diferentes capacidades se aplica también a su participación en la Santa
Comunión:
Por medio de la Iglesia, Dios exige a infantes al igual que a adultos, que sean participantes en
el pacto de la gracia del cual el bautismo es señal. Esta noción de cómo la gracia divina funciona,
también se aplica a personas que, por razones de impedimentos físicos u otras limitaciones, sean
incapaces de responder por sí mismas a las preguntas del rito del bautismo. Aún cuando no
podamos comprender cómo Dios obra en las vidas de estas personas, nuestra fe nos enseña que
la gracia de Dios es suficiente para sus necesidades y que, por lo tanto, son aptas para recibir el
bautismo (The Book of Resolutions of the United Methodist Church-2004, pág. 868. El texto en
español está disponible en El bautismo: puerta de entrada a una nueva vida en Cristo. Derechos
de autor © Discipleship Resources, 2004, pág. 81).
Asímismo, la gracia que nos es dada en la Santa Comunión, se ofrece a toda la iglesia,
incluyendo a aquellas personas que no pueden responder por sí mismas. Los niños/as
como miembros de la comunidad de este pacto participan de la Santa Comunión.
Práctica:
Los niños/as y las personas incapacitadas pueden requerir tratamiento especial al
administrar los elementos. Los pastores/as y las iglesias deberán anticipar sus necesidades
para respetar su dignidad y afirmar su derecho a participar.
Los niños/as de todas las edades son bienvenidos a la mesa y deberán ser instruidos en su
interpretación, aprecio y participación en la Santa Comunión. Deberá prepararse a los adultos
para que ellos también expliquen el significado del sacramento a los niños/as.
Al construir o modificar las instalaciones de una iglesia se deberá tomar en consideración las
vías de acceso a la mesa de la Comunión para estas personas.
Punto fundamental:
Al celebrar la Cena del Señor en las iglesias metodistas unidas se aceptará la participación
de miembros metodistas unidos de otras iglesias y a los cristianos de otras denominaciones.
Trasfondo:
“Un miembro de cualquier Iglesia Metodista Unida local es miembro de la denominación
Metodista Unida y de la iglesia católica (universal)” (Disciplina, ¶ 215. pág. 143).
La Iglesia Metodista Unida es una de varias denominaciones que constituyen la comunidad
de cristianos. A pesar de las diferencias denominacionales, todos los cristianos son bienvenidos
a la mesa del Señor.
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Práctica:
En las instrucciones dadas antes de hacer la invitación, en nuestras iglesias se acostumbra
hacer la indicación que todos los cristianos son invitados a participar del sacramento.
La respuesta es voluntaria y se debe tener cuidado de no causar la impresión de presionar
a nadie que no sienta el deseo de comulgar.
Cuando la Santa Comunión se celebre dentro de la ceremonia nupcial o en un culto
memorial: “Es tradición nuestra invitar a todos los cristianos presentes a la mesa del Señor; la
invitación se hace extensiva a todos evitando incomodar a quien por alguna razón prefiera no
comulgar” (The United Methodist Book of Worship, pág. 152). No es propio en un acto nupcial
administrar el sacramento solamente a la pareja o a los miembros de la familia que participen.
La preocupación de sentirse “indigno/a”
Punto fundamental:
Toda persona que responde en fe a la invitación es digna, por medio de Cristo, de participar
de la Santa Comunión: “Cristo nuestro Señor invita a su mesa a quienes le aman, a quienes
verdadera y sinceramente se arrepienten de sus pecados y procuran vivir en paz y amor con el
prójimo” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 10). Los fieles se acercan a la
mesa del Señor con sentimiento de gratitud por la misericordia de Cristo hacia los pecadores.
No participamos de la Comunión porque seamos merecedores de ella, no hay nadie que lo sea.
Nos acercamos a la mesa por tener hambre de recibir el amor de Dios, para recibir su perdón y
sanidad.
Trasfondo:
Algunas personas que son fieles a la Iglesia Metodista Unida vacilan o se niegan a tomar la
Santa Comunión porque no se creen dignas de recibir el sacramento. Esto se debe
probablemente a una intepretación equivocada o a temores infundados. En la Iglesia Metodista
Unida las personas que participan del sacramento escuchan palabras de confirmación del
perdón de sus pecados y perdón al responder a la Invitación y participar en la oración de
confesión del pecado.
Las palabras de amonestación de Pablo en 1ª de Corintios 11:27-32 han sido palabras que
causan preocupación y confusión. Algunas personas temen comulgar indignamente, y a veces
por un verdadero sentir de humildad creen que el participar es impropio. Juan Wesley alude a
esto en su Sermón 101, “El deber de la comunión constante”: “Dios te ofrece una de las
mayores misericordias que existan de este lado del cielo y te ordena aceptarla. ¿Porqué no
aceptas esa misericordia obedeciendo su mandato? …Eres indigno de recibir cualquier
misericordia de Dios. ¿Es esa la razón para rehusar toda misericordia?” (Tomo IV, pág. 225,
Obras de Wesley).
Wesley continúa diciendo que el inmerecimiento no se refiere a las personas que comulgan,
sino a la manera en que los elementos de la comunión se consumen: “Aquí no se habla de ser
indigno dice palabra de ser indigno de comer o beber. Se habla de comer y beber
indignamente, lo que es cosa totalmente diferente —como él mismo [Pablo] nos lo ha dicho. En
este mismo capítulo se nos dice que comer y beber indignamente quiere decir tomar el santo
sacramento en forma tan desconsiderada y desordenada que uno tiene hambre y el otro se
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embriaga” [1ª de Corintios 11:21] (véase el Sermón 101, “El deber de la comunión constante”,
Tomo IV, pág. 226, Obras de Wesley).
Las palabras de 1a de Corintios 11:29, son palabras de juicio al “que come y bebe
indignamente, sin discernir el cuerpo”. Una anotación al pie de este pasaje en la Santa Biblia,
Nueva Versión Internacional (NVI, 1999), explica que “discernir el cuerpo” es una referencia al
“cuerpo del Señor” (pág. 1200). Pablo se refiere a aquellas personas que desconocen a la
iglesia —el cuerpo de Cristo— como una comunidad de fe en que los cristianos se relacionan
unos a otros con el afecto de Cristo.
Práctica:
Los pastores/as y laicos/as pueden ayudar a disminuir la preocupación de las personas por
creerse indignas, por medio de asesoramiento, enseñanzas y oración para que puedan sanarse
de esta preocupación. Estos esfuerzos pueden basarse en el estudio del pasaje de 1ª de
Corintios, ya citado, en que se da una explicación clara de su significado original en el primer
siglo y su significado hoy día.
Modelo básico del culto: Orden del culto de la Palabra y Santa Comunión
Punto fundamental:
El orden básico de la liturgia de adoración para el culto en el día del Señor, es el orden del
“Culto con el Sacramento de la Santa Comunión” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista,
pág. 6) en que el evangelio se proclama en Palabra y Sacramento. Estas no son dos
actividades distintas, sino que se complementan una a la otra, y dan integridad al acto de la
adoración. El hacer distinción entre ellas resta a la experiencia de integridad espiritual que es
nuestra, por fe en Cristo Jesús.
Trasfondo:
En Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, páginas 2-4, tenemos la interpretación del
culto de adoración con datos de sus raíces históricas judías.
La entrada, junto con la proclamación y respuesta —a menudo llamadas el culto de la
Palabra o culto de predicación— son una adaptación cristiana del antiguo servicio de la
sinagoga. La acción de gracias y comunión, comúnmente llamada la Cena del Señor o
Santa Comunión, es una adaptación cristiana del culto judío durante las comidas
familiares . . . Al producirse la ruptura entre la sinagoga y la iglesia a causa de la
predicación y enseñanza de los cristianos sobre Jesús, éstos adaptaron el culto de la
sinagoga y partían el pan cuando se reunían el primer día de la semana. Este culto
combinado de Palabra y Mesa se describe en Hechos 20:7.
La iglesia cristiana desde los primeros años celebraba semanalmente la Cena del Señor, en
el día del Señor. La Dídaque, (documento apostólico escrito a finales y principio del primer y
segundo siglo de la era cristiana), dice en el párrafo XIV: “Cuando os reunireis en el domingo
del Señor, partid el pan, y para que el sacrificio sea puro, dad gracias después de haber
confesado vuestros pecados”. Justino Mártir, escribió cerca del año 150 DC: “En el día llamado
domingo se reúnen, traen pan, vino y agua, y el que preside la reunión invoca oraciones y
acciones de gracias” (capítulo 67). La mayoría de las iglesias cristianas continúan esta
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tradición.
Juan Wesley criticaba severamente la irregularidad de la celebración de la Santa Comunión
en la Iglesia de Inglaterra y exhortaba a sus seguidores a ser constantes en celebrar la Santa
Comunión según Cristo lo había recomendado para recibir su beneficio espiritual (“El deber de
la comunión constante”). En su carta del 10 de septiembre de 1784 a los metodistas
americanos, Wesley aconseja: “a los presbíteros oficiar la Santa Cena en cada Día del Señor”
(Carta al Dr. Coke, el Sr. Asbury y “A Nuestros Hermanos de Norteamérica”, Tomo XIV, pág.
217, Obras de Wesley).
Por varias décadas la falta de presbíteros ordenados dificultaba e impedía a las iglesias de
tradición wesleyana celebrar la Santa Comunión con regularidad en el culto dominical. La
costumbre de celebrarla al menos trimestralmente, la visita de algún presbítero ordenado
ofrecía la oportunidad de comulgar periódicamente aunque con cierta irregularidad. Con la
introducción de nuevos textos litúrgicos para el ritual de la Cena del Señor en el año de 1972, la
Iglesia Metodista Unida ha ido recuperando la costumbre de celebrar la Palabra y Sacramento
en el culto dominical.
El Diario personal de Christian Newcomer, tercer Obispo de los Hermanos Unidos en Cristo,
contiene múltiples referencias de la celebración frecuente de la Santa Comunión. Él se gozaba
en los “festivales sacramentales” en los que oficiaba y participaba.
Algunas interpretaciones recientes de la teología y práctica del culto de adoración enfatizan
la proclamación del evangelio por medio de la Santa Comunión y el poder sacramental de la
presencia de Cristo a través de la predicación. Cuando participamos de la Santa Comunión
respondemos a la Palabra que ha sido proclamada. Quienes desean vivir su discipulado
cristiano deben constantemente alimentarse y sustentarse por medio de la Palabra y el
Sacramento.
Práctica:
Se recomienda a las congregacions de la Iglesia Metodista Unida a procurar vivir una vida
sacramental mejor, celebrando cada semana el sacramento en el día del Señor, conforme se
sugiere en las indicaciones para la celebración del culto en Mil Voces para Celebrar, Himnario
Metodista y el manual de culto The United Methodist Book of Worship. El sacramento puede
celebrarse también en otras ocasiones en la vida de la iglesia, a nivel local y denominacional.
Las ocasiones en que no deberá celebrarse son: los cultos de avivamiento, servicios de
alabanza y oración, “fiestas de ágape”, o reuniones semanales.
Se deberá dar especial atención a congregaciones cuyos pastores/as no están ordenados o
licenciados para administrar el sacramento. Las iglesias de carácter interdenominacional o
ecuménico (Disciplina ¶¶ 206.2 y 207) harán los debidos arreglos para que dichas
congregaciones reciban el sacramento con regularidad.
La comunidad de creyentes reunida
La congregación en pleno
Punto fundamental:
La comunidad en pleno celebra la Santa Comunión. Todos los que son bautizados en el
cuerpo de Cristo Jesús vienen a ser siervos y ministros del cuerpo, que es la Iglesia. Los
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miembros son reconocidos como linaje escogido, pueblo de Dios (1ª de Pedro 2:9). El cuerpo
unido en el Espíritu viene a ser una realidad viviente cuando todos sus miembros comen juntos
y presentan sus vidas en servicio al participar de la mesa del Señor.
Trasfondo:
Todas las personas que son bautizadas son aceptadas “para compartir en el real sacerdocio
de Cristo” en el ritual de “El Pacto Bautismal” de la Iglesia Metodista Unida (“El Pacto
Bautismal”, Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 27).
Somos “real sacerdocio” porque pertenecemos a Jesucristo el soberano. Como sacerdotes,
cada quien tenemos acceso a Dios sin ningún intermediario humano. Este sacerdocio significa
que debemos ejercerlo en nuestro esfuerzo diario por vivir como cristianos. El intercambio de
palabras de perdón del ritual entre el pastor y los congregantes es ejemplo de ello (véase Mil
Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 10).
Todo creyente comparte en el ministerio de la iglesia. La variedad de talentos y llamados son
dones de Dios que conjuntamente forman parte del cuerpo de Cristo en el cumplimiento de su
misión (Romanos 12:3-8; 1ª de Corintios 12:4-30; Efesios 4:1-16). No hay mayor expresión de
esto que la participación completa de la comunidad de fe en la celebración de la Eucaristía.
Práctica:
Todos los miembros participan en el ministerio de alabanza y adoración a Dios en el
ministerio común de servicio. Los términos usados de ministro oficiante y ministro asistente
describen las tareas de quienes dirigen a la congregación en este acto.
La oración de Acción de Gracias
Punto fundamental:
En la oración del ritual de Acción de Gracias dirigida a Dios, se ora por todos los que están
presentes y son guiados en ella por el pastor/a oficiante. Esta oración expresa nuestro
entendimiento trinitario de la naturaleza de Dios. Consta de un diálogo introductorio, gratitud al
recordar las obras de Dios en la creación y en nuestra salvación mediante Jesucristo, la
institución de la Cena del Señor, la invocación de la presencia del Espíritu Santo, y concluye
con la alabanza a la Trinidad. La oración reconoce la integridad de la naturaleza trinitaria de
Dios, y expresa nuestra respuesta de ofrecimiento anticipando el gozo del triunfo de Dios sobre
el pecado y la muerte.
Trasfondo:
El orden trinitario es evidente en la Acción de Gracias en la liturgia de Palabra y Sacramento
de Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista (págs. 6-17). Después del intercambio de
saludo entre el pastor/a oficiante y los congregantes, la oración se dirige a “Dios todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.” Después del Sanctus (B. “Santo, santo, santo . . . “) la obra de
la segunda persona de la Trinidad se menciona: ”. . . bendito es tu Hijo Jesucristo.” La obra y
presencia del Espíritu Santo se invocan en el párrafo que dice: “Derrama tu Santo Espíritu
sobre los que estamos aquí reunidos y sobre estos dones . . .”, palabras conocidas
históricamente como la epíklesis o sea la invocación al Santo Espíritu. En esta oración de
Acción de Gracias, la congregación ora en silencio mientras escucha y responde en el
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momento oportuno con las palabras indicadas.
En los himnos de la Cena del Señor, Juan y Carlos Wesley (Hymns on the Lord’s Supper),
declaran que el poder y la presencia se manifiestan en la Eucaristía por mediación de Espíritu
Santo, y el Himno #72 (United Methodist Hymnal) de esta colección es un buen ejemplo:
Ven Santo Espíritu, tu influencia a derramar,
y haz de este signo realidad,
Tu vida infunde a este pan,
y al vino facultad.
Haz que sean efectivos
por hechura celestial
de transmitir tu amor
a cada fiel corazón.
En la Biblia, la adoración se expresaba con gestos y movimientos, incluyendo el postrarse
(Miqueas 6:6); tomar la copa de salvación (Salmo 116:13); levantar las manos (Salmo 141:2);
aplaudir (Salmo 47:1), y bailar (Salmo 149:3). Los evangelios relatan gestos característicos de
Jesús en las comidas como el tomar el pan, bendecirlo y dar gracias, partir el pan y darlo a
otros. En el evangelio de Lucas, los discípulos al caminar con Jesús hacia Emaús de momento
no lo reconocieron, pero después “les fueron abiertos los ojos y le reconocieron” cuando, al
“tomar el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio” (Lucas 24:30).
Práctica:
En la oración de Acción de Gracias participan el pastor o pastora oficiante y los
congregantes. Los responsos congregacionales que pueden ser dichos en voz alta o cantados
incluyen palabras de adoración, aclamación y afirmación.
La congregación puede unirse también en: (a) la aclamación memorial, que dice: “Y así,
recordando los méritos de tu Hijo . . . “, (b) las palabras de intención por servir al mundo: “Haz
que sean para nosotros . . .”, (c) la doxología de conclusión: “Mediante tu Hijo Jesucristo . . . “
El amén que se pronuncia al unísono es la afirmación del pueblo por todo lo que se ha orado.
El oficiar la Santa Comunión requiere participación verbal y física. Los gestos y posturas
visibles del oficiante ayudan a la congregación a reconocer que lo que acontece en la mesa del
Señor es algo más que la lectura de lo que escuchan. Para los oficiantes tales gestos pueden
expresar invitación usando los brazos o manos, levantando los brazos y las manos en súplica o
alabanza, extendiendo los brazos para indicar que incluye a todo el cuerpo de Cristo. Y
extendiendo las manos sobre los elementos de pan y vino en actitud de bendecirlos.
El variar posiciones y gestos depende del momento propio del ritual. El pastor oficiante y los
congregantes que puedan hacerlo permanecen en pie durante el acto de Acción de Gracias (Mil
Voces para Celebrar, Himnario Metodista, págs. 11-13 y 15-17). Las personas que no pueden
estar en pie pueden expresarse con algún otro gesto como levantar su brazo, etc. Estar de pie
es expresión de reverencia y respeto, el inclinarse o arrodillarse representa humildad y
confesión; las manos abiertas y puestas en alto son expresión de alabanza y disponibilidad. La
señal de la cruz afirma nuestra identidad bautismal y la centralidad de la cruz en nuestra fe.
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La costumbre bíblica de usar las manos y brazos en oración y acción de gracias a Dios (el
alzar los brazos, es llamado orans; véase 1 Timoteo 2:8) y otros gestos físicos se sugieren en
The United Methodist Book of Worship, páginas 36–39 y 46–79.
La comunidad se expande
Punto fundamental:
Los elementos de la Comunión se consagran y consumen dentro del contexto del pueblo
reunido. Estos elementos pueden impartirse a quienes no pueden asistir a la iglesia debido a su
edad, enfermedad o alguna otra condición. Las personas laicas pueden asistir al oficiante en
servir el sacramento a la congregación y también pueden llevarlo a miembros que por alguna
razón no pudiesen asistir (Disciplina; ¶¶ 331.1.b y 1115.9). Un presbítero/a ordenado/a o
diácono/a puede instruir, preparar y supervisar este importante ministerio (¶ 331.1.b).
Trasfondo:
Al describir Justino Mártir los cultos de adoración de la iglesia primitiva, informa que a las
personas que no podían asistir se les llevaban el pan y vino consagrados (First Apology; 67).
“Desde los primeros tiempos de la era cristiana, el sacramento ha sido llevado a congregantes
enfermos o incapacitados para asistir al culto” (The United Methodist Book of Worship, pág 51).
Práctica:
Cuando se lleva el sacramento de la Santa Comunión a personas que no pueden asistir a la
celebración del culto, el ritual deberá incluir la lectura de las Escrituras, la invitación, la
confesión y el perdón, la paz, el Padrenuestro, ofrecer el pan y el vino y la oración final. Los
presbíteros/as, diáconos/as y laicos/as pueden usar esta liturgia. No es necesario repetir la
Oración de Acción de Gracias, ya que esta fue parte del culto en el momento de su
consagración (véase The United Methodist Book of Worship, pág 51).
Si la Santa Comunión se celebra en el hogar o algún día en que no ha habido culto, se
deberá usar el ritual de “El Sacramento de la Santa Comunión II”, Mil Voces para Celebrar,
Himnario Metodista, página 14, el cual incluye el acto de Acción de Gracias. El ritual deberá ser
usado por el presbítero/a o la persona autorizada para oficiar.
La Cena del Señor se ofrecerá a personas que estén en hospitales, hospicios, hogares para
ancianos, centros de convalescencia, de rehabilitación, de detención, o penales, o algún otro
sitio donde no es posible para ellas participar con la comunidad de fe. Si alguien no puede
comer o beber uno o los dos elementos, simplemente pueden tocarlos con sus labios.
Es contrario al propósito de la Comunión que la persona comulgue por sí sola o tome los
elementos que estén disponibles, pues la celebración del sacramento es propia de la
comunidad de fe.
El ritual de la iglesia
Punto fundamental:
Como mayordomos de los dones que Dios ha dado a la iglesia, los pastores/as tienen el
deber de usar el texto del ritual de la Iglesia Metodista Unida que se encuentra en Mil Voces
para Celebrar, Himnario Metodista y en algún otro material que utilicen las conferencias
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centrales de acuerdo con la Disciplina ¶ 537.17. Estas liturgias provenientes de fuentes
bíblicas, historicas y ecuménicas son expresión de la fe cristiana y de la adoración a Dios.
Trasfondo:
El artículo XXII de “ Los Artículos de Religión de la Iglesia Metodista Unida” afirma el uso de
diversos “ritos y ceremonias” pero reprocha a “Cualquiera que, apoyándose en su juicio
privado, voluntariamente y de intento quebrantare públicamente los ritos y ceremonias de la
iglesia...” (Disciplina, página 68). La Disciplina estipula en el ¶1112.3 que: “el ritual de la Iglesia
es el que está impreso en Mil Voces Para Celebrar: Himnario Metodista (1996).”
En la liturgia de la ordenación de presbíteros/as, los candidatos/as a la ordenación prometen
ser “leales a la Iglesia Metodista Unida, aceptando su orden, liturgia, doctrina y disciplina” (The
United Methodist Book of Worship, pág. 676).
El prefacio al “Uso del Modelo Básico de El Orden del Culto Dominical” en The United
Methodist Book of Worship (página 16) dice:
Mientras que la libertad y diversidad de los actos de adoración metodistas unidos permiten
mucho más de lo que pueda ser cualquier culto de adoración, los metodistas unidos ratifican el
legado de orden e importancia que por dirección y ejemplo ofrece el orden del culto . . . Expresiones
de adoración que reflejen la diversidad racial, étnica, regional y costumbres y tradiciones locales
pueden utilizarse siguiendo este orden.
El ritual aprobado oficialmente por la Iglesia Metodista Unida es reflejo de las decisiones de
la iglesia acerca de la teología y práctica de la Santa Comunión. Este ritual expresa la unidad
de la iglesia universal de Cristo Jesús y es testimonio de la relación conexional de la Iglesia
Metodista Unida. Tuvo su origen en la primera comunidad cristiana y ha evolucionado en su
costumbre a través de los siglos. Este ritual está en conformidad con el ritual que usan la
mayoría de las iglesias cristianas.
La liturgia metodista unida combina el orden y la amenidad del ritual establecido con la
vitalidad y frescura de expresión creativa. La riqueza de su tradición fruto de dos mil años de
historia cristiana, pueden ser adaptados fielmente a las necesidades y circunstancias de hoy.
Práctica:
Se espera que los obispos/as, pastores/as y congregaciones utilicen los órdenes litúrgicos
de Palabra y Sacramento que aparecen en los himnarios metodistas y en los manuales de
culto. El uso sabio de estos recursos ofrece equilibrio y flexibilidad para responder
favorablemente y con el orden debido a situaciones particulares que reflejen nuestra unidad y
relación conexional.
“El Orden del Culto Dominical, usando el Modelo Básico” en The United Methodist Book of
Worship permite flexibilidad para que el Espíritu Santo actúe en ocasiones y en situaciones
específicas. En cuanto al tiempo litúrgico, día u ocasión, los oficiantes pueden incluir sus
propias palabras que aludan al momento, o utilizar selecciones tomadas de otra liturgia más
completa. Los pastores/as que utilicen Mil Voces Para Celebrar, Himnario Metodista pueden
usar estas instrucciones en el uso de la liturgia particular que allí aparece. Materiales
adicionales de distintas regiones o culturas pueden dar realce y significado a estas
celebraciones.
Los pastores/as y congregaciones de iglesias de carácter ecuménico deberán incorporar y
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utilizar con responsabilidad y respeto las liturgias de sus respectivas denominaciones, de la
práctica y comprensión de la liturgia de la Iglesia Metodista Unida y de otras tradiciones allí
representadas.
De acuerdo con nuestro compromiso por la unidad cristiana y el propósito de compartir la
Comunión, se espera que los obispos/as, pastores/as y congregaciones hagan uso del ritual de
Palabra y Sacramento de otras denominaciones. Su uso es compatible con el Modelo Básico
del Culto y con el compromiso teológico y litúrgico de la Iglesia Metodista Unida.
Los siervos/as de la mesa
Ministros/as oficiantes: presbíteros/as y pastores/as locales
Punto fundamental:
Un presbítero/a ordenado/a o persona autorizada según se estipula en la Disciplina, es quien
preside la celebración de la Santa Comunión.
Trasfondo:
Conforme a la observancia de la iglesia a través de la historia cristiana, Dios es quien llama,
y la iglesia es la que selecciona a ciertas personas como líderes del pueblo cristiano. Creemos
que el Espíritu Santo imparte a dichas personas los dones y gracia necesarios para dirigir al
pueblo en obediencia a su llamado. El significado y propósito de su ordenación están descritos
en la Disciplina, ¶¶ 301–303.
Los presbíteros/a son ordenados para un ministerio vitalicio de servicio, Palabra,
sacramento, y orden (Disciplina, ¶ 323), y autorizados para ”Administrar los sacramentos del
bautismo y la Cena del Señor, y todos los demás medios de gracia” ( Disciplina, ¶ 331).
Juan Wesley hacía una distinción clara entre el ministerio de la predicación, que estaba
accesible a toda persona laica y el ministerio sacerdotal de administrar los sacramentos, cuya
función era solamente para las personas ordenadas como presbíteras. Haciendo memoria de la
primera conferencia de predicadores de 1744, escribió: “Pero a ninguno de ellos se le ocurrió
que el haber sido llamados a predicar les daba derecho a administrar sacramentos…’Debe
cumplir con la tarea que nosotros le asignamos. ¿En que consistía esta tarea? ¿Alguna vez los
designamos para administrar sacramentos, para ejercer el oficio de sacerdote? Nunca cruzó
por nuestra mente hacer tal designación, nada más lejos de nuestro pensamiento” (Sermón
121, “Los profetas y los sacerdotes”, Tomo IV, págs. 285-286, Obras de Wesley). Wesley
siempre sostuvo que no podía haber un ministerio sacramental sin la respectiva ordenación
como presbítero. Esta firme convicción finalmente le llevó a él mismo a ordenar presbíteros en
forma “extraoficial”.
“The Authority of the Ordained Minister” [La autoridad del ministro ordenado], de acuerdo con
el documento titulado Baptism, Eucharist, and Ministry [Bautismo, Eucaristía y Ministerio] del
(Consejo Mundial de Iglesias, 1982): “se fundamenta en Jesucristo quien lo recibió de su Padre
(Mateo 28:18), y quien lo confiere por medio de su Espíritu Santo en el acto de ordenación.
Este acto tiene lugar dentro de la comunidad que concede público reconocimiento al individuo
en particular” (pág. 22). Los presbíteros/as administran los sacramentos como representantes
autorizados por la iglesia.
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permiso.
Conforme aparece en la Disciplina, hay varios grupos de personas autorizadas para
administrar la Santa Cena en las iglesias que les han sido asignadas. Estos grupos incluyen a
diáconos/as asociados/as, diáconos/as ordenados/as según los párrafos de la Disciplina de
1992, las personas con licencia de predicador local y ministros comisionados autorizados para
el ministerio pastoral (Disciplina, ¶¶ 330, 331, 340, 341). Algunos de estos arreglos han estado
en función desde 1976 para permitir que los sacramentos se administren a muchas
congregaciones pequeñas cuyo pastor/a no es presbítero/a ordenado. La iglesia
constantemente busca la forma más efectiva de llenar esta necesidad, respetando a su vez el
enlace histórico de ordenación y administración de los sacramentos.
Práctica:
Los obispas/as y superintendentes de distrito son presbíteros/as asignados y nombrados
para ejercer el ministerio de superintendencia (Disciplina, ¶¶ 403 and 404) que es una de las
manifestaciones de la naturaleza conexional de la Iglesia Metodista Unida. Para enfatizar esta
naturaleza conexional de la iglesia si está presente en el culto un obispo o superintendente se
le puede invitar a que oficie el sacramento de Santa Comunión.
El presbítero/a ordenado/a o persona autorizada según la Disciplina preside toda celebración
de la Santa Cena. Mientras que algunos de los párrafos de la liturgia pueden ser leídos por
otras personas, el presbítero/a o pastor/a autorizado/a debe guiar a la congregación en el acto
de Acción de Gracias en que los presentes participan. (Véanse el Sanctus, la aclamación
memorial y el amén impresos en letra oscura en el Mil Voces para Celebrar, Himnario
Metodista, págs. 11-13 y 15-17).
A los presbíteros/as con nombramiento especial en algún ministerio, y los presbíteros
jubilados, si están disponibles, se les puede invitar a “administrar los sacramentos del bautismo
y la Cena del Señor” (Disciplina, ¶ 331.1b ) a petición del “superintendente de distrito del distrito
en que se tiene el nombramiento” (Disciplina, ¶ 335.3.a).
Se aconseja a los presbíteros/as ordenados/as en cuanto sea posible que estén dispuestos
para celebrar la Santa Comunión cuando la deseen o sea necesario.
Se puede invitar a los presbíteros/as o diáconos/as presentes a participar en el culto, estar al
lado de la persona que preside y asistir en la distribución de los elementos de la Comunión.
Todos los que participen en el oficio deberán tener conocimiento y preparación eucarístico
teológico, espiritual y experiencial, incluyendo a las personas que asistan. Este ministerio
descansa en la responsabilidad de los superintendentes de distrito y los mentores pastorales
(Disciplina; ¶ 341.4).
Ministros/as asistentes: diáconos/as y laicos/as
Punto fundamental:
Los diáconos/as son ordenados para el ministerio de la Palabra y Servicio (Disciplina, ¶ 320)
y nombrados para dar “su liderazgo en la vida de la Iglesia”. Otras formas de servir son
“asistiendo a los presbíteros en la administración de los sacramentos” y “en la misión de la
congregación en el mundo” (Disciplina, ¶ 319).
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Se concede permiso para imprimir, fotocopiar y distribuir este documento sólo para propósitos educativos, sin fines de lucro,
por las iglesias locales, agencias de la Iglesia Metodista Unida o de carácter individual, siempre y cuando se incluya el siguiente
aviso: “Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa Comunión, adoptado por la
Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
Trasfondo:
“La comunidad de la iglesia afirma a personas que dentro de ella dan evidencia de la gracia
de Dios y promesa para el futuro, y que responden al llamado de Dios ofreciéndose a sí
mismos en liderazgo como ministros ordenados” (Disciplina, ¶ 301.2). Se ordena a diáconos/as
y presbíteros/as para servir en el ministerio de la Iglesia Metodista Unida. Los diáconos/as son
ordenados/as a una vida que relacione la experiencia de la adoración al servicio de Cristo en el
mundo. Es provechoso que en el culto de adoración los diáconos dirijan, recluten y den su
apoyo a otros para que también dirijan en aquellos aspectos de la liturgia que manifiesten
relación entre la experiencia de la adoración y el testimonio cristiano de la vida diaria.
Práctica:
Dando continuidad a la práctica histórica y ecuménica (Baptism, Eucharist, and Ministry
[Bautismo, Eucaristía y Ministerio]), el papel del diácono en la liturgia de la Palabra y
Sacramento acertadamente incluye la lectura del evangelio, dirigiendo las peticiones y
oraciones de los congregantes por el mundo, por la iglesia y por los necesitados, recibiendo los
elementos de la Comunión, preparando la mesa antes del acto de Acción de Gracias,
asistiendo al presbítero/a en la distribución del pan y el vino, volviendo a poner la mesa
nuevamente en orden, y despidiendo a los comulgantes invitándoles a servir, antes de que el
presbítero pronuncie la bendición final. Además, los diáconos/as tienen un papel importante en
la preparación del servicio, organizando, arreglando los elementos necesarios y los utensilios,
designando tareas a otros incluyendo a aquellos que lleven el sacramento a quienes no pueden
asistir. Los diáconos/as son designados para servir como enlace de la iglesia en el mundo. Su
ministerio apropiadamente incluye el tomar los elementos que han sido consagrados para
impartirlos en otros sitios de servicio. Los diáconos/as deberán recibir la preparación debida
para las diversas tareas de la Eucaristía.
Punto fundamental:
Los miembros de la iglesia universal son por medio de su bautismo, llamados a compartir en
el ministerio eucarístico que ha sido dado a la iglesia (Disciplina, ¶ 219). Los laicos/as ofrecen
su apoyo al oficiante al celebrar la Santa Cena con la congregación.
Trasfondo:
En la sección titulada “El Ministerio de todos los Cristianos” dice: “Todos los cristianos están
llamados a este ministerio de servidumbre en el mundo, para la gloria de Dios y para la
realización del ser humano” (Disciplina, ¶ 125).
Pablo, al describir a la iglesia como un solo cuerpo con muchos miembros, dice en 1ª de
Corintios 12:7 “. . . a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” Esta
diversidad de ministerio requiere la cooperación de todos dentro del cuerpo de Cristo, pues es
solamente mediante tal cooperación que el cuerpo es uno (1ª de Corintios 12:12-31). Es
importante que en las celebraciones litúrgicas se integre la participación de los allí presentes
como testimonio del ministerio del cuerpo de Cristo en el mundo.
Conforme cada persona laica cumpla su ministerio en el acto de adoración, algunos serán
llamados a ejercer distintas responsabilidades. “La tradición metodista unida ha reconocido que
tanto el laicado como las personas ordenadas tienen dones y han sido llamadas por Dios para
dirigir la iglesia. El liderazgo de servicio de estas personas es esencial a la misión y ministerio
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permiso.
de las congregaciones” (Disciplina,¶ 132). La sección III de la Disciplina describe en su
totalidad este concepto.
Práctica:
Los pastores/as y demás líderes de la iglesia facilitan la participación total de los laicos/as en
la celebración de la Santa Comunión. Como parte integral del ministerio litúrgico los laicos/as
participan en la lectura de las Escrituras, las oraciones, en la preparación de la mesa,
obteniendo y preparando los elementos, y ayudando en otras actividades del culto.
Momentos antes de empezar la liturgia de Acción de Gracias, dos personas laicas a nombre de
la congregación traen los elementos de pan y vino a la mesa como presentación de ofrenda. La
congregación responde al unísono en todos los lugares del ritual indicado con letra oscura. Las
personas laicas que han sido designadas para ello llevarán los elementos consagrados a
personas que no han podido asistir a la celebración del Sacramento. Estas personas deberán
ser preparadas debidamente para esta tarea bajo la supervisión de pastores/as y diáconos/as.
Preparación de la mesa
La mesa de la Santa Comunión
Punto fundamental:
Los congregantes y las personas que ofician se reúnen alrededor de la mesa donde están
colocados los elementos de la Santa Comunión. Se nombra “mesa de Santa Comunión” al
mueble donde se colocan los elementos del pan y vino.
Trasfondo:
En tiempos del Antiguo Testamento el sacrificio que se ofrendaba a Dios se traía al altar. En
el relato del evangelio de la Última Cena, Jesús: “se sentó a la mesa, y los apóstoles con él”
(Lucas 22:14) Con el paso del tiempo la iglesia llegó a reconocer el acto de la Eucaristía como
un acto memorial del sacrificio de Cristo en la cruz, y la mesa como el altar del sacrificio. Por
siglos la mesa se colocó junto a la pared al frente de la iglesia y el sacerdote se paraba frente a
ella de espalda a los congregantes para ofrecer el sacrificio a Dios.
Los dirigentes de la Reforma Protestante abandonaron esta costumbre adoptando la
representación de Jesús a la mesa rodeado de sus discípulos. Otras iglesias, incluyendo a la
Iglesia de Inglaterra de la cual Juan Wesley fue sacerdote, conservaron el altar junto el muro de
la iglesia.
El movimiento de renovación litúrgica del siglo veinte que surgió de los dictámenes del
Segundo Concilio Vaticano de la Iglesia Católica Romana, promovió reformas mayores al acto
público de adoración.
Entre estos cambios la colocación de la mesa a un espacio abierto en que el sacerdote
podía pararse detrás de ella de cara a la congregación dando oportunidad a los congregantes
de reunirse en torno a la mesa. La Iglesia Metodista Unida junto con otras confesiones
históricas, ha adoptado revisiones al ritual que permiten al pastor oficiante pararse detrás de la
mesa, de cara a la congregación, desde el momento del ofertorio hasta el partimiento del pan
(The United Methodist Book of Worship, pág. 36). En algunos templos, el sitio donde se colocan
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los elementos de la Comunión se conoce como altar, pero el nombre de altar-mesa y Mesa del
Señor son preferibles.
El reclinatorio que en algunos templos se coloca entre la congregación y el área del
presbiterio, aunque no es propiamente parte del altar, es un espacio sagrado para que las
personas se arrodillen para participar de la Comunión. Cuando el templo es grande y también lo
es el número de participantes, se pueden colocar personas de par en par en sitios estratégicos
para administrar el sacramento a las personas que pasen, con la oportunidad también de pasar
al reclinatorio a orar si lo desean.
Práctica:
En nuestras iglesias, la mesa de la Comunión deberá colocarse de tal manera que el
pastor/a oficiante pueda estar de pie detrás de ella de cara a la congregación y la congregación
pueda verle y reunirse a su derredor para comulgar. La altura de la mesa debe permitir al
pastor/a presidir sin tener que inclinarse para alcanzar el plato de pan y la copa [o la bandeja
con los vasitos de vino]. Por supuesto que se pueden hacer las adaptaciones necesarias para
facilitar su manejo con propiedad.
Aunque el arreglo arquitectónico del templo debe respetarse, es importantísimo que las
iglesias hagan las adaptaciones necesarias para facilitar el acceso de todas las personas para
recibir la Santa Comunión. Si por alguna razón no es posible mover el altar, la congregación
deberá hacer arreglos para poner una mesa que permita al pastor/a colocarse detrás de ella de
cara a la congregación y estar más cerca.
Los elementos sacramentales de la Santa Comunión
Punto fundamental
De acuerdo con las palabras de institución de Jesús y la tradición, la iglesia usa el pan
común en las celebraciones de la Santa Comunión.
Trasfondo:
El uso del pan en el Antiguo y el Nuevo Testamento era símbolo de la provisión de Dios de
los alimentos diarios y de la importancia de compartirlos. Cuando Dios liberó al pueblo hebreo
de la esclavitud de Egipto, en su peregrinar por el desierto ellos llevaron el pan como símbolo
de las provisiones de Dios. El pueblo judío desde entonces ha celebrado la Pascua usando el
pan. La provisión del maná y el pan que guardaban en el Tabernáculo era símbolo de la
presencia de Dios con ellos y expresión del sustento de Dios durante su peregrinar por el
desierto (Éxodo 16, 25:23-30). En el Nuevo Testamento, Jesús frecuentemente compartió el
pan con los discípulos y con otras personas (Mateo 9:9-11 y otros pasajes similares). Jesús dio
pan a las multitudes (Mateo 14:13-21 y pasajes paralelos) y usó el pan como símbolo de su
persona y misión (Juan 6). La noche anterior a la crucifixión, Jesús comió la Última Cena con
sus discípulos (Mateo 26:26-29 y pasajes semejantes). Después de su resurrección, partió el
pan con los caminantes a Emaús (Lucas 24:13-35) y con sus discípulos por la mañana a la
orilla del lago (Juan 21:9-14).
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Práctica:
Es importante que el pan que se use en la Santa Comunión tenga apariencia y sabor de pan.
El uso de la hogaza entera representa la unidad de la iglesia como el cuerpo de Cristo que al
ser partido y compartirse, representa nuestra unidad en el mismo cuerpo (1ª de Corintios 10:1617).
Es importante conservar la continuidad histórica de esta costumbre de la iglesia universal;
sin embargo, las personas que hacen los preparativos deben tomar en cuenta la tradición y
circunstancias locales. Se puede preparar el pan de cualquier grano disponible, aunque en
algunas celebraciones ecuménicas sea preferible usar la hostia.
La hogaza de pan debe ser sencilla, sin adorno, color, sabor o alguna otra cosa adicional. Es
aceptable el pan preparado con o sin levadura. En algunas congregaciones en que hay
personas alérgicas al gluten [sustancia pegajosa] del pan, se podrá usar pan sin gluten. El pan
que se parte en la mesa siempre debe ser administrado a los congregantes. Conforme la
dignidad que requiera la ocasión se deberá tener cuidado de no desmoronar el pan en exceso o
dejar caer trozos al suelo.
___________
Punto fundamental:
Según el relato de las Escrituras y la tradición cristiana, la iglesia histórica y ecuménica
utiliza el vino en las celebraciones de la Santa Comunión.
Trasfondo:
A través de los relatos del Antiguo Testamento sobre el pacto de Dios con el pueblo hebreo,
la sangre es símbolo de la ratificación del pacto (Éxodo 12:12-28; 24:1-8). Al celebrar Jesús la
Última Cena con sus discípulos, Jesús habló del vino como su sangre —la sangre del Nuevo
Pacto (Jeremías 31:31-34) entre Dios y su pueblo, dada por medio de su muerte y resurrección
(Apocalipsis 5:9). También hizo mención del vino como signo del banquete que se celebrará
con la iglesia (1ª de Corintios 11:23-26; Mateo 26:26-29).
El jugo (zumo) de la uva roja en la copa común representa el pacto de Cristo con la iglesia
por el sacrificio de su muerte (Hebreos 9:15-28; 13:20-21) en el que se cumplen las palabras
que Jesús dijo a sus discípulos en la Última Cena (Mateo 26:27-29;Marcos 14:23-24; Lucas
22:19-20).
La Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa y varias denominaciones protestantes han
utilizado el vino en la Eucaristía. En los Estados Unidos durante los años de prohibición del
movimiento social y religioso a finales del siglo diecinueve en contra de las bebidas alcohólicas,
las iglesias wesleyanas que precedieron a la Iglesia Metodista Unida optaron por usar el jugo
de uva sin fermentar. Esta costumbre sigue observándose hasta nuestros días (The Book of
Resolutions, pág. 838). (La palabra vino se utiliza en este documento debido a sus
antecedentes históricos y bíblicos aunque la costumbre de los metodistas unidos sea servir el
jugo de uva sin fermentar).
El uso de una sola copa para que todos beban de ella se remonta a la Última Cena cuando
Jesús tomó la copa de vino en sus manos, la bendijo y la dio a sus discípulos. El uso de una
sola copa de la cual beben todos es símbolo de la unidad del cuerpo de Cristo al reunirse a la
mesa.
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Práctica:
En aquellos contextos culturales donde no es posible obtener el jugo de uva sin fermentar o
en caso de que se pueda conseguir es demasiado caro, se pueden hacer las sustituciones
necesarias.
Se puede usar una copa para humedecer el pan o para permitir que todos beban de ella. El
uso de una sola copa es la representación aceptable de la unidad cristiana, aunque los vasitos
individuales se pueden usar también en algunas congregaciones. En estos casos la unidad
cristiana se representa al llenar cada vasito de un mismo cáliz.
————
Punto fundamental:
Los elementos que han sido consagrados se deberán tratar con respeto y reverencia como
dones de Dios. Las palabras de la oración de Acción de Gracias dicen que “sean para nosotros
el cuerpo y la sangre de Cristo” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág.12)
Trasfondo:
Nosotros no veneramos los elementos que han sido consagrados, ni son objeto de
adoración. Los respetamos porque al hacer uso de ellos Dios los usa con un propósito santo,
renovando a los comulgantes como el cuerpo de Cristo, trasmitiendo su gracia, el perdón de los
pecados, anticipando el reino de los cielos, y fortaleciendo a los fieles en su jornada de
salvación. Y, aunque no han tenido un cambio físico, al haber sido consagrados se les ha
conferido un porpósito sagrado.
Mientras que a través de la historia la reverencia debida a los elementos consagrados ha
caído en la superstición, observar el respeto debido a los elementos ayuda al creyente a
madurar en su experiencia de piedad sacramental.
El artículo XVIII de “Los Artículos de Religión de la Iglesia Metodista Unida” declara que se
rechaza toda sugerencia de que la naturaleza del pan y el vino que se usan en la Comunión
sean transformados en otras sustancias:
La transustanciación o cambio de la naturaleza del pan y el vino en la Cena del Señor no tiene
fundamento en la Santa Palabra, es repugnante a las palabras sencillas de las Escrituras y destruye el
propósito del sacramento dando oportunidad a muchas supersticiones. El cuerpo de Cristo es dado,
tomado y comido en la Cena solamente en forma espiritual y divina. El medio por el cual se recibe el
cuerpo de Cristo es la fe (Disciplina, pág. 67).
(La Iglesia Metodista Unida toma nota de que el tono anti-Católico Romano del Artículo XVIII
refleja la “amarga polémica” de las relaciones de siglos pasados y se “regocija en las relaciones
positivas que están surgiendo ahora . . . a nivel oficial y extraoficial” [The Book of Resolutions,
págs. 237-238].)
The United Methodist Book of Worship indica: “La manera de disponer del pan y el vino que
quedan al terminar el culto de la Santa Comunión es manifestación de nuestra mayordomía de
los dones de Dios y nuestros respeto por el propósito sagrado con que se han servido” (pág.
30).
30
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Práctica:
La costumbre de consagrar previamente los elementos de la Comunión para que no sea
necesaria la presencia del pastor/a en iglesias pequeñas, sitios lejanos, retiros de fin de
semana o alguna otra actividad no es aceptable y es contraria a la historia doctrinal y
entendimiento de la forma en que la gracia de Dios obra por medio del sacramento (Artículo
XVIII, Los Artículos de Religión, Disciplina, pág. 67)
Si no es posible que una persona autorizada celebre la Cena del Señor, se podrá celebrar
algún otro tipo de actividad fraternal como un festival de amor cristiano, comidas de agape, o
celebración de reafirmación de votos de bautismo, para evitar que degenere en su ejecución.
Los elementos ya consagrados pueden llevarse a personas enfermas que desean comulgar
pero no les es posible por alguna razón asistir al culto. El pan y el vino que sobre siempre debe
deconsumirse reverentemente al terminar el culto (1) por el pastor y las personas que le han
asisitido; (2) regresándolos a la tierra, vaciándolos en un sitio en especial (2ª de Samuel 23.16),
enterrándolos, esparciéndolos o quemándolos.
Reglas de aseo y preparación de la mesa
Punto fundamental:
Las personas que preparan los elementos del pan y el vino y los dan a los comulgantes
deberán hacerlo con máxima limpieza para evitar su contaminación en el manejo.
Trasfondo:
El suministro de los elementos de la Comunión requiere que se tenga sumo cuidado con los
detalles de limpieza e higiene en su manejo. Cuando las personas pasan a participar de la
Comunión son particularmente sensibles a la limpieza y cuidado con que los oficiantes
manejan los símbolos de la sangre y el cuerpo de Cristo.
La atención a la higiene y el manejo de los elementos de la Comunión debe considerarse a
la luz de los estudios científicos que muestran que las personas que participan de la Santa
Comunión no padecen necesariamente un mayor índice de enfermedad que las que no
comulgan; pero atención a la higiene y la forma de administrar el sacramento son
indispensables en casos de personas que padecen alguna enfermedad contagiosa cuyo
sistema de inmunidad es vulnerable. La preparación previa es necesaria para atenderlos
debidamente. Las palabras de consejo de los capítulos 14 y 15 de Romanos pueden
iluminarnos sobre esto.
Práctica:
Las personas que preparan los elementos de la Comunión deberán lavarse las manos
siempre. Esto puede hacerse de forma simple y sin interferir en la ceremonia.
El trozo de pan que se da debe ser de tamaño aceptable para permitir que los comulgantes
lo sumerjan en la copa sin tener que meter los dedos en el líquido.
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Extender la mesa
La Santa Comunión y la evangelización
Punto fundamental:
La Cena del Señor es un medio de gracia que tiene el poder para transformar a la Iglesia (el
cuerpo de Cristo) en una comunidad evangelizadora que sale al mundo a predicar, enseñar,
bautizar y hacer discípulos (Mateo 28:19-20)
Trasfondo:
En 1ª de Corintios, capítulos 11 y 12, el apóstol Pablo después de hacer el comentario
sobre la institución de la Santa Cena, amplía esta interpretación diciendo que el cuerpo de
Cristo lo forman muchos miembros y cada uno de ellos tiene su propio ministerio.
Pablo reconoció que el sacramento de la Santa Comunión forma y da vida a la Iglesia en el
cumplimiento de su misión para la redención del mundo. En 2ª de Corintios 5:16-6:10, él nos da
una descripción más completa del “ministerio de reconciliación” que es la tarea de los miembros
de la Iglesia como “embajadores de Cristo”.
Los metodistas unidos somos herederos de una tradición que reconoce que no recibimos
los dones espirituales solamente para nuestro bien propio, sino también para prepararnos y ser
enviados a participar en la tarea de la evangelización. En la oración del ritual que repetimos
juntos después de haber comulgado, damos gracias a Dios por el don recibido y oramos por
que “podamos vivir en el mundo con el poder de tu Espíritu y entregarnos al servicio de nuestro
prójimo” (Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista, pág. 14).
La Disciplina da énfasis al mandato imperativo de la tarea de evangelizar: “El pueblo de
Dios, que es la iglesia en el mundo, ha de convencer al mundo de la realidad del evangelio o
ser indiferente y dejarlo. No podemos evadir esta responsabilidad o delegarla. La iglesia debe
ser una comunidad fiel en su testimonio y servicio, o perderá su vitalidad y su impacto en un
mundo incrédulo” (¶ 128).
Práctica:
La congregación local, por medio de la gracia que recibe de la Santa Comunión, sale de sí
misma a proclamar y testificar las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús.
A través de la instrucción cristiana y las diversas actividades de la vida congregacional,
damos testimonio del propósito y significado de los sacramentos para que los miembros tengan
un mejor aprecio de su andar en la fe y se preparen para recibir y guiar en sus conocimientos a
quienes desean seguir a Cristo.
En la medida que los miembros de la congregación participen de la Santa Comunión los
lazos de amor fraternal se fortalecen, y por el hecho de ser iglesia que alaba al Dios vivo, recibe
fortaleza para salir con poder y esfuerzo a evangelizar, y a trabajar por la paz y la justicia.
————
Punto fundamental:
Como seguidores de Jesús que comía con pecadores y se identificaba con los marginados,
los miembros de la iglesia deben de preocuparse por las personas que no participan de la mesa
del Señor; aquellas personas que se sienten indignas, pobres, inconversas, discriminadas y
sufren opresión y olvido.
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Trasfondo:
El evangelio de Lucas enfatiza el esfuerzo constante de Jesús de enseñar a sus discípulos
que el favor y el amor de Dios favorecen a toda persona, no solamente a aquellas de cierta
ascendencia privilegiada, posición social, económica, inclinación política o sexo.
En el libro de los Hechos se menciona el esfuerzo de los primeros cristianos por definir sus
límites de acción y el propósito constante de Dios de ampliar sus horizontes de aceptación de
otros. La visión de Pedro mencionada en el capítulo 10 de los Hechos es un claro ejemplo.
Los primeros metodistas ingleses eran gentes (salvo algunas excepciones) de un nivel
socio-económico que hoy clasificaríamos la clase obrera. Wesley tenía la convicción que la
gente que vivía de acuerdo con las “Reglas Generales” (páginas 76-78 de la Disciplina), tarde o
temprano mejorarían su nivel de vida. Wesley predicaba celosamente contra el amor al dinero y
mencionaba el decaimiento espiritual que a menudo acompaña a la prosperidad.
En la Sección VI, “Llamados a la Inclusividad”, la Disciplina dice: “…somos llamados a ser
fieles al ejemplo del ministerio de Jesús a toda persona. La inclusividad significa apertura,
aceptación y apoyo que hace posible la participación de toda persona en la vida de la iglesia, la
comunidad y el mundo. Por lo tanto, la inclusividad rechaza toda semblanza de discriminación.”
(¶ 138).
Práctica:
La iglesia deberá, deliberada y conscientemente, identificar a todas las personas que se
creen no ser aceptadas, o se sienten marginadas en sus congregaciones para invitarlas a
incorporarse al cuerpo de Cristo y participar en la celebración de la Santa Comunión.
La Santa Comunión y las normas cristianas del discipulado
Punto fundamental:
Los sacramentos son dones de Dios para los creyentes al reunirse como iglesia para que
sean el cuerpo de Cristo en servicio al mundo. El Espíritu Santo, por medio del sacramento de
la Santa Comunión da forma a nuestra ética y moralidad.
En el desarrollo constante que se inicia el momento de nuestra conversión crecemos en la
fe y en santidad social, recibiendo así poder para ofrecer salud y compasión, y ser medios de
reconciliación, paz y justicia.
Trasfondo:
Los profetas del Antiguo Testamento denunciaron la injusticia y la opresión que veían en su
entorno. Proclamaban a un Dios que favorece a los pobres y desamparados, y que llama a su
pueblo para actuar en su favor. (Isaías 1:16-17; 58:609; Amós 2:6-8; 5:11-15, 21-24; y Miqueas
6:6-8 son pasajes que lo mencionan.)
Al iniciar Jesús su ministerio, proclamó su misión diciendo: “El Espíritu del Señor está sobre
mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los
quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en
libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:16-21). Jesús siempre
se relacionó con la gente marginada y excluida por la sociedad. A menudo hablaba sobre la
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desigualdad social y económica de su tiempo. Los primeros cristianos, imitando su ejemplo,
estaban pendientes de las necesidades de todos. (Hechos 4:32-35, Santiago 1:27; 2:14-17).
La Iglesia Metodista Unida tiene como legado de Juan Wesley el hecho de que la vida de
sus seguidores estaba íntimamente ligada a la experiencia sacramental de la adoración. Desde
la preocupación que los jovenes universitarios miembros del Club Santo en Oxford
demostraban por los reclusos de las instituciones penales, el cuidado de las sociedades por los
enfermos, siguiendo el propio ejemplo de Wesley de compartir con otros la mayor parte de su
dinero, el movimiento metodista se entregó a aliviar el sufrimiento y carencias de las personas
necesitadas. Wesley comentó esta tarea al escribir que el evangelio de Cristo no conoce
ninguna otra práctica religiosa que la social, y ningún otro tipo de santidad que la santidad
misma (véase el “Preface” a los Hymns and Sacred Poems [Prefacio a Himnos y Poemas
Sacros). El dinero que ofrendamos al participar de la Comunión para personas necesitadas es
todavía una costumbre histórica en muchas de nuestras iglesias.
A principios del siglo pasado los metodistas empezaron a reconocer que el concepto de vivir
en santidad exigía de ellos algo más que los actos de benevolencia y caridad. Con fundamento
en el Credo Social, los metodistas de Estados Unidos empezaron a hacer declaraciones
públicas sobre las injusticias que causan los organismos económicos, sociales y políticos,
demandando su reforma. Los “Principios Sociales” de la Disciplina y las iniciativas tomadas por
la Conferencia General que constan en The United Methodist Book of Worship dan fe de la
posición oficial de la iglesia en cuanto a estos asuntos. La Disciplina estipula que para cumplir
con la tarea del discipulado “…—enviamos a personas al mundo, para vivir en amor y justicia
como siervos de Cristo, sanando a los enfermos, dando de comer a los hambrientos, cuidando
al extranjero, liberando al oprimido, y obrando para desarrollar estructuras sociales que estén
en conformidad con el evangelio;…” (¶ 122).
Los creyentes que participan de la Comunión son enviados de la mesa a dar testimonio de la
presencia de Cristo en el mundo. El pueblo de Dios sale para salir a servir compasivamente por
la sanidad, la reconciliación, la justicia y la paz. Esta tarea exige un comportamiento profético y
subversivo: “renunciando a las fuerzas espirituales de maldad, a los poderes malignos del
mundo, . . . aceptando la libertad y el poder que Dios da . . . para resistir el mal, la injusticia y la
opresión en cualquier forma en que se presenten” (votos del ritual del bautismo, Mil Voces para
Celebrar, Himnario Metodista, pág. 22). Reclamando y haciendo realidad la victoria del Cristo
resucitado sobre el mal, sobre el pecado y la muerte. Esta fidelidad bajo el poder del Espíritu
Santo responde a la oración de Acción de Gracias: “que seamos para el mundo el cuerpo de
Cristo”, y a la petición de la oración del Padrenuestro que “venga tu reino, sea hecha tu
voluntad”. La celebración de la Santa Comunión es por tanto una experiencia anticipada del
reinado de Dios, cuando en el futuro irrumpa en el mundo. Mientras, la iglesia vive las palabras
de Jesús: “Porque vendrán del oriente, del occidente y del norte y del sur, y se sentarán a la
mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:29).
Práctica:
La Santa Comunión debe celebrarse en formas que manifiesten el lazo que une, la mesa con la
vida de piedad, a las personas unas con otras, y a la comunidad. La participación en la Santa
Comunión rinde fruto al mundo a través de nuestra actitud, de nuestras obras de piedad y
servicio social.
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Se concede permiso para imprimir, fotocopiar y distribuir este documento sólo para propósitos educativos, sin fines de lucro,
por las iglesias locales, agencias de la Iglesia Metodista Unida o de carácter individual, siempre y cuando se incluya el siguiente
aviso: “Este misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del sacramento de la Santa Comunión, adoptado por la
Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
La celebración de la Santa Comunión en nuestras iglesias es testimonio de vida en
comunidad y de amor mutuo entre los creyentes y la iglesia universal. La iglesia debe ser un
ejemplo viviente para el mundo de vida en comunidad, arraigada en el amor que Dios tiene por
cada persona. Cuando comemos y bebemos el sacramento, somos motivados a demostrar
compasión a las personas que sufren necesidad física, moral y espiritual. Al recibir el pan y el
vino como frutos de la creación divina se nos recuerda que somos mayordomos de todo lo
creado en estos tiempos en que la destrucción y contaminación ambiental ponen en peligro el
futuro del mundo, y la desigualdad de distribución de los recursos del planeta destruye la
esperanza y el porvenir de millones de personas.
Al recibir agradecidos esta muestra de la gracia abundante de Dios, se nos invita a
responder y asumir nuestra responsabilidad por la renovación del orden social, por la liberación
de los oprimidos, y por la venida del reino de Dios.
La Santa Comunión y la unidad de la iglesia
Punto fundamental:
La Santa Comunión es símbolo de nuestra unión en el cuerpo de Cristo, anticipa la invitación
de Jesús al banquete final, y nos anima a hacer visible el testimonio de unidad de la Iglesia.
Trasfondo:
En los estatutos de la Constitución, la Iglesia Metodista Unida afirma su compromiso
ecuménico así: “Como parte de la Iglesia universal, la Iglesia Metodista Unida cree que el
Señor de la iglesia llama a los cristianos de todas partes a luchar en favor de la unidad; y por lo
tanto buscará y trabajará por la unidad en todos los niveles de la vida de la iglesia” (Disciplina,
¶ 5).
En la sección “Nuestra Herencia Doctrinal” de la Disciplina (pág. 44- 45) la iglesia declara:
Los metodistas unidos compartimos una herencia común con los cristianos de todos los tiempos y de
todas las naciones. Esta herencia se basa en el testimonio apostólico respecto a Jesucristo como
Salvador y Señor, lo que constituye la fuente y medida de toda enseñanza válida. . . Conjuntamente
con los cristianos de otras comuniones afirmamos nuestra fe en Dios Trino-Padre, Hijo y Espíritu
Santo. Esta confesión abraza el testimonio bíblico de la actividad divina en la creación, incluye la
involucración de Dios en los dramas de la historia y aguarda la consumación del reinado de Dios.
Con el propósito de lograr un mayor testimonio de unidad, el metodismo unido ha tomado
varias decisiones concretas que expresen su compromiso, y promuevan la colaboración
ecuménica.
1. Desde los años de 1960, la iglesia ha participado en consorcio con el comité denominado
Iglesias en Churches Uniting in Christ [ Proceso de Unificarse en Cristo], conocida
anteriormente como Consultation on Church Union [Consulta de Unión de las Iglesias]. A
través de los años los metodistas unidos han participado con iglesias hermanas en la
Santa Comunión, utilizando la liturgia aprobada por estas iglesias para la celebración
común.
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la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
2. Los metodistas unidos en todo el mundo han desarrollado acuerdos ecuménicos que
enfatizan la unidad de la iglesia por medio del reconocimiento mutuo y reconciliación de
ministerios y sacramentos.
3. Se ha invitado y alentado a representantes ecuménicos a participar en los cultos
metodistas unidos en que se celebre la Santa Comunión.
4. Los metodistas unidos han participado en cultos eucarísticos de otras tradiciones, cuando
se les ha invitado, como un gesto de afirmación y reflejo de su compromiso con la iglesia.
Baptism, Eucharist, and Ministry [El Bautismo, la Eucaristía, y el Ministerio] afirman el
significado de los sacramentos para todos los cristianos:
En la Eucaristía se manifiesta la comunidad del pueblo de Dios. Las celebraciones eucarísticas
siempre son eventos que corresponden a la iglesia en general, y la iglesia a su vez participa en cada
celebración eucarística. Cuando una iglesia considere que lo hace a nombre de la iglesia, tendrá
cuidado de considerar seriamente los intereses y asuntos de otras iglesias (pág. 14).
Para iglesias como la Ortodoxa y la Católica Romana, el compartir con otras iglesias que no
están en total acuerdo con ellas es inaceptable, porque la Eucaristía es un símbolo de la unidad
y acuerdo que han logrado. Para otras iglesias, incluyendo a la Iglesia Metodista Unida, la
Eucaristía puede ser un medio de expresar la unidad en Cristo, que es don de Dios a pesar de
nuestra falta en vivirla.
Práctica:
Se recomienda a los metodistas unidos a continuar participando en actos ecuménicos que
incluyan la Santa Comunión. Teniendo especial cuidado de utilizar la liturgia que ha sido
aceptada por común acuerdo, o usar textos litúrgicos que están siendo utilizados y reflejan las
creencias y prácticas de las distintas tradiciones. Si hay obispas/as o superintendentes
presentes, es propio cederles la oportunidad de presidir el acto.
Los miembros de la iglesia pueden manifestar su acogida a esta experiencia participando en
las liturgias propias de cada tradición con el debido respeto y deseo de aprender de ellas. Se
anima a los miembros de la Iglesia Metodista Unida a recibir la Santa Comunión en otras
iglesias cuando se les invite a hacerlo.
Las iglesias deben mencionar, dentro del diálogo oficial, las barreras teológicas que existen y
que impiden la participación plena de la Eucaristía. Documentos ya existentes de diálogos
oficiales que se han tenido, serán utilizados en el estudio de la denominación.
Los metodistas unidos deberán dedicarse a estudiar buscando respuestas críticas para el
diálogo ecuménico y tratar con delicadeza y sensibilidad preocupaciones interconfesionales
como: la presencia de Cristo en el sacramento (“presencia real”), la frecuencia de la
celebración, quién o quiénes presiden la mesa, uso de jugo de uva o vino, y el requisito del
bautismo en cuanto a la participación de la Eucaristía, entre muchos otros.
Punto fundamental:
Los metodistas unidos participamos en el diálogo ecuménico sobre la Eucaristía basándonos
sobre varias fuentes históricas autoritativas, relacionándonos de forma más auténtica con otros
organismos cristianos y a la vez conservando nuestra fidelidad a estas fuentes.
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permiso.
Trasfondo:
Entre las fuentes autoritativas de los metodistas unidos, destacan las Sagradas Escrituras
del Antiguo y el Nuevo Testamento, los himnos y escritos de Juan y de Carlos Wesley, en
particular los Sermones, las “Reglas Generales” y las notas explicativas sobre el Nuevo
Testamento; “la Constitución”, “Los Artículos de Religión”, “la Confesión de Fe”, y otros
documentos doctrinales; así como escritos y tradiciones de la experiencia evangélica a través
del movimiento wesleyano, el de la Iglesia Evangélica y los Hermanos Unidos; documentos
ecuménicos de actualidad y declaraciones oficiales de acuerdos multilaterales y bilaterales en
que los metodistas unidos han participado y que han sido aprobados por el Consejo Mundial de
Iglesias o la Conferencia General.
“Nuestra Herencia Doctrinal” indica algunos de los aspectos particulares de la tradición
Metodista Unida:
Aun cuando Wesley compartía con muchos otros cristianos la creencia en la gracia, la
justificación, la seguridad y la santificación, él las combinó de un modo poderoso creando así un
énfasis particular de cómo vivir la vida cristiana en plenitud. La tradición evangélica de los
Hermanos Unidos, especialmente según la expresó Philip William Otterbein, de trasfondo
reformado, ofreció énfasis particulares similares.
La gracia domina nuestro entendimiento de la fe y vida cristiana. Por gracia entendemos la
acción inmerecida y amorosa de Dios en la existencia humana mediante el Espíritu Santo quien
está siempre presente. Aunque la gracia de Dios es indivisible, ésta precede a la salvación como
gracia preveniente, continúa como gracia justificadora, y culmina como gracia santificadora.
(Disciplina, pág. 48).
Estos énfasis especiales de los metodistas unidos proporcionan a la base de la teología
práctica, la experiencia de la realización del evangelio de Jesucristo en la vida de los cristianos.
Estos énfasis se han conservado, no tanto mediante declaraciones doctrinales como mediante el
movimiento vital de la fe y práctica, según éste se manifiesta en las vidas convertidas y dentro de
la vida disciplinada de la iglesia.
La formulación de definiciones doctrinales formales no ha tenido tanta urgencia para los
metodistas unidos como el llamar al pueblo a la fe y el nutrirles en el conocimiento y amor de
Dios. El meollo de la doctrina wesleyana que dio forma a nuestro pasado de hecho pertenece
anuestra herencia común como cristianos y es aún un componente principal de nuestra continua
tarea teológica. (Disciplina págs. 52 y 53).
La Comisión General sobre Unidad Cristiana e Intereses Interreligiosos dirige el esfuerzo
ecuménico de la denominación por cumplir su propósito de: “Abogar y trabajar para que el don
de unidad cristiana sea realidad completa en cada aspecto de la vida de la iglesia, y patrocinar
medios de acercamiento a un ministerio y misión que reflejen de manera más completa la
singularidad de la iglesia de Cristo en la comunidad humana” (Disciplina ¶ 1902.1).
En el documento “Resolución de Propósito—con miras a la Unidad,” la Conferencia General
declaró que: “nuestro propósito oficial en adelante será el de interpretar todos nuestros
Artículos, Confesión, y demás ‘normas doctrinales’ en consonancia con nuestro mejor juicio y
conocimientos ecuménicos.” (The Book of Resolutions, pág. 238).
Práctica:
En todas las discusiones sobre la Santa Comunión, el metodismo unido debe permanecer
fiel a sus fuentes autoritativas tradicionales. Reconocemos y respetamos las fuentes que otras
tradiciones consideran inviolables. Los metodistas unidos nos mantenemos a la expectativa de
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la creación de una unidad Cristiana más amplia e inclusiva mediante la obra del Espíritu Santo
como respuesta a la oración de Jesús: “que todos sean uno.” (Juan 17:21)
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Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
Miembros del Comité
L. Edward Phillips, Presidente
Daniel T. Benedict, Jr.
Michael J. Coyner
Jerome King Del Pino
Gayle Carlton Felton
Thelma H. Flores
Barbara Thorington Green
Karen A. Greenwaldt
Susan W. Hassinger
Sally Havens
Dong Hyun (David) Kim
Jon E. McCoy
Sophie Pieh
Arturo L. Razón, Jr.
Bruce W. Robbins
Frank E. Trotter, Jr.
Karen Westerfield Tucker
Hans Vaxby
Josiah U. Young, III
Notas al documento
Texto bíblico tomado de La Santa Biblia, Versión Reina Valera Revisión de 1960 ©Sociedades
Bíblicas Unidas, excepto cuando se indique algo diferente.
Disciplina de la Iglesia Metodista Unida—2000. Derechos de autor © 2001 La Casa Metodista
Unida de Publicaciones.
Fiesta Cristiana: Recursos para la Adoración. Derechos de autor © 2001 La Casa Metodista
Unida de Publicaciones.
Mil Voces para Celebrar, Himnario Metodista. Derechos de autor © 1996 Abingdon Press.
Obras de Wesley. Derechos de autor ©1996 Wesley Heritage Foundation, Inc.
The United Methodist Book of Worship, copyright © 1992 The United Methodist Publishing
House.
The Book of Resolutions of The United Methodist Church—2000, copyright © 2000 The United
Methodist Publishing House.
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Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
Petición No. 40879
POR CUANTO, la Conferencia General del año 2000 asignó a la Junta General de Discipulado,
en colaboración con la Junta General de Educación Superior y Ministerio, la Comisión General
sobre la Unidad Cristiana y Asuntos Interreligiosos, y el Concilio de Obispos, la tarea de
elaborar un documento comprensivo e interpretativo sobre la teología y práctica del sacramento
de la Santa Comunión e informar sobre tal investigación y recomendaciones a la Conferencia
General del año 2004; y
POR CUANTO, la Iglesia Metodista Unida precisa una declaración autoritativa actualizada de
su comprensión del significado del sacramento de la Santa Comunión, para fortalecer su
práctica e interpretación de la Cena del Señor en las iglesias y para claridad en el diálogo
ecuménico con otras denominaciones; y
POR CUANTO, en la preparación del informe del Comité de Estudio sobre la Santa Comunión
intencionadamente se propuso tomar en cuenta nuestra herencia metodista unida y su historia,
y a su vez permanecer abierta a consideraciones ecuménicas y escuchar las voces de los
metodistas unidos en los Estados Unidos y las conferencias centrales en las Islas Filipinas, el
África y Europa;
POR TANTO, resuélvase que la Conferencia General del año 2004 apruebe el documento Este
misterio santo: Interpretación de la Iglesia Metodista Unida del Sacramento de la Santa
Comunión, como documento oficial interpretativo de su teología y práctica en la Iglesia
Metodista Unida; y
Resuélvase además, que Este misterio santo sea utilizado por el Concilio de Obispos, las
publicaciones de Escuela Dominical de la Casa Metodista Unida de Publicaciones, la Junta
General de Educación Superior y Ministerio, y la Junta General de Discipulado como guía de
enseñanza y formación pastoral y laica en cuanto a la Santa Comunión; y
Resuélvase además, que Este misterio santo sea utilizado por la Comisión General de Unidad
Cristiana y Asuntos Interreligiosos y el Concilio de Obispos, para interpretar la comprensión y
práctica Metodista Unida en el diálogo ecuménico; y
Resuélvase además, que la Conferencia General del año 2004 recomiende a la iglesia los
principios, trasfondo y práctica mencionados en Este misterio santo para la interpretación y uso
del orden litúrgico de los servicios de la Santa Cena en los himnarios y en The United Methodist
Book of Worship, y
Resuélvase que, Este misterio santo se publique en The Book of Resolutions of The United
Methodist Church y que la Junta General de Discipulado lo imprima como edición para estudio
personal acompañado de una guía para la persona que dirija su estudio.
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Conferencia General del 2004 de la Iglesia Metodista Unida. Derechos de autor © 2003, 2004 Junta General de Discipulado de
la Iglesia Metodista Unida, PO Box 340003, Nashville, TN 37203-0003.” No debe usarse para fines de lucro o publicarse sin
permiso.
Firma ________________________________________
Presidente de la Junta General de Discipulado
Firma ________________________________________
Secretaria General de la Junta General de Discipulado
Este misterio santo fue adoptado por la Conferencia General de la Iglesia Metodista Unida, el
jueves, 6 de mayo de 2004.
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