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Una economía “engatillada”: ¿llegó la hora de disparar?

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Una economía “engatillada”: ¿llegó la hora de disparar?
Una economía “engatillada”:
¿llegó la hora de disparar?
Por Andrés Gil Petersen
Colu m n a
Economista y periodista
18
Las “cláusulas gatillo” implican, desde su propia denomi-
Lo concreto es que si se considera la inflación esperada que
nación, la sensación de un riesgo latente. No hay que ser
surge de la encuesta que el propio Banco Central realiza
un experto para saber que un arma engatillada es una
entre los analistas más destacados, el escenario al día de
fuente constante de peligro: puede dispararse en el mo-
hoy es de tasas de interés reales positivas, y –peor aún–
mento menos esperado y sus consecuencias dependerán
crecientes. Como es natural esto ha ido permeando al res-
de la fortuna o –por qué no– de la cautela que sepan
to del sistema, a extremo tal que funcionarios del propio
guardar quienes estén en su entorno.
Banco Central han reconocido que ya se puede apreciar
La economía uruguaya se encuentra en una encrucijada.
cómo este endurecimiento de la política monetaria está
Más allá de matices semánticos, debates técnicos y visio-
presionando al alza las tasas activas de los bancos comer-
nes políticamente contaminadas, la coyuntura internacio-
ciales, esto es, el costo que las instituciones financieras
nal –adobada con factores regionales y locales– reavivó
cargan sobre las espaldas de los agentes económicos a
al fantasma de la recesión tras seis años de crecimiento
los que prestan dinero.
ininterrumpido. En general, existe consenso en cuanto a
Claramente, encarecer el crédito en momentos en que la
que la economía uruguaya está mejor preparada que en
recesión acecha, no parece el mejor de los negocios. El
oportunidades anteriores para capear el temporal. Sin
mundo es el mejor ejemplo en este sentido: las tasas de
embargo –y en este sentido el consenso ya luce menos
interés “en el norte” están cerca de sus mínimos históricos,
generalizado– de a poco se ha ido instalando la sensa-
con el simple objetivo de privilegiar el gasto y la inversión
ción de que el margen de maniobra del gobierno para ad-
frente al ahorro. Más lineal aún: tasas de interés más ba-
ministrar esta coyuntura está por debajo de lo deseable;
jas para impulsar la actividad económica. Un mecanismo
que el grado de libertad con que las autoridades pueden
de transmisión que, es cierto, en Uruguay no siempre ha
y podrán disponer de los instrumentos de política con los
probado ser tan potente y rápido como en otros países,
que sería razonable y conveniente enfrentar un escenario
pero que sin duda ayudaría.
potencialmente recesivo, está lejos de ser óptimo.
En segundo lugar, el tipo de cambio, una variable qui-
Sin pretender agotar el tema, vale detenerse en dos de
zás más relevante si hablamos de enfrentar la amenaza
estas herramientas: las tasas de interés y, más importan-
de la recesión. Pese a que en los primeros meses de este
te aún, el tipo de cambio.
2009 se ha visto un aumento moderado en la cotización
Pese a la baja del 10 al 9% decretada por el Banco Cen-
del dólar, el ritmo de devaluación en Uruguay en los últi-
tral a mediados de marzo, la tasa de interés de referencia
mos tiempos ha sido muy inferior al de otras economías
en pesos en nuestro país se ubica en niveles demasiado
del mundo.
altos. Sin ir más lejos, en enero, cuando las nubes recesi-
Así, países como Brasil, Australia o Nueva Zelanda –com-
vas asomaban ya en el horizonte, el Central –celoso de la
petidores directos en la colocación de nuestros produc-
evolución de los precios al consumo en nuestro país– había
tos de exportación– han permitido que el dólar se aprecie
subido la tasa de referencia en 2,25 puntos porcentuales,
bastante más respecto de sus monedas de lo que lo ha
llevándola al 10%, uno de los niveles más altos desde que
hecho Uruguay, sin que exista un diferencial de inflación
se implementó este régimen, en 2007.
que pueda neutralizar esta ventaja.
Revista de Antiguos Alumnos del IEEM
En términos simples, hemos perdido competitividad. Qui-
Pero tan cierto como esto es que la crisis encontró a Uru-
zás no tanta como se vocifera desde algunas corporacio-
guay con niveles de inflación mucho más altos de lo acon-
nes empresariales, pero hemos cedido terreno. Y otra vez
sejable, demasiado cerca de ese 10%, y con el gobierno
la misma referencia: sostener medidas que no favorezcan
montado sobre una política salarial empecinada en seguir
la exportación en momentos de contracción de la deman-
aumentando los ingresos de los trabajadores. Ese alto gra-
da mundial –y en especial si se lo hace dando ventaja a
do de indexación de la economía es el que transformó al
competidores directos– no parece tampoco una decisión
10% por ciento de inflación anual en la verdadera “bes-
del todo feliz.
tia negra” de la economía y el que mantiene al gobierno
Las preguntas que surgen entonces son varias: ¿por qué
obsesionado con redoblar los esfuerzos en el control de
las autoridades económicas no han relajado un poco más
las presiones inflacionarias, de algún modo en desmedro
la política monetaria y, por el contrario, han subido las
de medidas que podrían tomarse para paliar los vientos
tasas de interés locales? ¿Por qué no han dejado al peso
recesivos que llegan desde el exterior.
devaluarse un poco más frente al dólar? ¿Es acaso porque
Está claro que en economía los ejercicios de sintonía fina
no creen en el poder de estas medidas para mejorar las
no son sencillos, y que no es fácil encontrar un consenso
posibilidades de paliar la crisis? Con certeza, la respuesta
sobre cuál es el mejor equilibrio: ¿cuánto vale un poco
es no. Claro que creen. Pero resulta que el gobierno está
más de crecimiento si el precio a pagar es un poco más
obligado a seguir haciendo equilibrio entre dos objetivos:
de inflación? Ahí en general entran en juego cuestiones
por un lado, naturalmente, evitar que la economía siga
ideológicas. Difícil ser concluyente. Pero en el caso de
enfriándose; por el otro –y, en general, con un peso algo
Uruguay hay de por medio un problema bien concreto:
mayor en la agenda pública que el primer objetivo– man-
el arma está engatillada.
tener firmes las riendas en la batalla contra la inflación,
La pregunta que sí deberíamos intentar responder es: ¿aca-
para evitar alcanzar el –a esta altura ya– “demonizado”
so no habrá llegado el momento de “disparar el arma”,
10% de inflación anual.
de asumir algunos riesgos en el frente de la inflación en
En el fondo el problema es que la economía está “enga-
pos de un aterrizaje más suave en la fase baja del ciclo?
tillada”. Si los precios al consumo aumentan en un año
¿No terminará siendo más conveniente dejar subir un po-
por encima de ese 10%, se activarán las “cláusulas gati-
co al dólar, ajustar a la baja las tasas de interés y que en
llo” por las que los reajustes de salarios del sector público
el escenario –cada vez más improbable dado el contexto
y pasividades pasarán de anuales a semestrales. De suce-
internacional– de que la inflación llegue al 10%, las dis-
der esto –se ha dicho– el sonido del disparo sería la señal
tintas partes se sienten a conversar en busca de una so-
de largada para el temido espiral inflacionario. Precios y
lución de equilibrio más razonable en la ecuación salarios
salarios alimentándose mutuamente en un proceso tan
– nivel de empleo?
conocido como imprevisible en su alcance. Sin entrar en
Quizás sea una alternativa a considerar, al menos a explo-
los no automáticos pero sí predecibles ajustes en el sector
rar. Pero a primera vista parece poco probable que pue-
privado, de la mano de una potenciada posición negocia-
da colarse en la agenda de un gobierno que difícilmente
dora de los asalariados frente a las empresas.
quiera asumir costos políticos en pleno año electoral y que
Pero, ¿son esos “gatillos” el verdadero problema de fondo?
–paradójicamente– ha mostrado tantas dificultades para
Podría decirse que sí y que van de la mano de los excesivos
entenderse con los actores sindicales.
y crecientes poderes corporativos que una vez más terminan condicionando la libertad de movimiento del país para adaptarse a condiciones externas siempre cambiantes.
Y como en todo mercado, si los ajustes no son por precio,
serán por cantidades. Los ingresos de los trabajadores seguirán creciendo, es cierto, pero sólo los de aquellos que sigan
empleados, porque muchos de ellos perderán sus puestos
una vez que la economía empiece a desacelerarse.
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