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Alemania: llegó el “ticket moderador”

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Alemania: llegó el “ticket moderador”
*TRIPA5
26/5/04
16:25
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Editorial
Alemania: llegó el “ticket moderador”
Germany: the Arrival of the “Moderating Ticket”
■ José Luis Puerta
■ Alemania, después de Suiza y EE.UU., es el país que más dinero gasta en
sanidad. Dedica casi 2.900 € por ciudadano y año a esta rúbrica, lo que representa un 11% de
su PIB; porcentaje que se sitúa un tercio por encima de la media comunitaria. El elenco de
prestaciones sanitarias abarca desde las prótesis dentales y las gafas graduadas hasta el psicoanálisis y los balnearios. Los alemanes pueden elegir médico y visitarlo tantas veces como
lo precisen sin apenas soportar algo tan consustancial a cualquier sistema sanitario como son
las listas de espera. Todo ello bajo el paraguas de un sistema nacional de cobertura sanitaria
universal, que creado por el canciller Bismarck en 1883, el año pasado cumplió su 120 aniversario. Su espíritu y funcionamiento, aún hoy día, conserva un gran parecido con el de
entonces. La protección del trabajador y sus dependientes está organizada y financiada por el
mercado laboral, siendo el cometido principal del Estado —a través del manejo de importantes subsidios cruzados— vigilar que todos los ciudadanos gocen de un seguro médico que es
obligatorio (cometido que no es baladí si pensamos lo que sucede EE.UU.), y que es provisto
por un sistema competitivo y privado, pero fuertemente regulado en lo tocante al alcance de
las coberturas.
La economía, el mercado laboral, los costes sanitarios y la realidad demográfica han cambiado de manera drástica en los últimos años tanto en Alemania como en el resto del mundo.
A bote pronto, sobre este último aspecto podemos anotar lo siguiente: disminución de la fertilidad y aumento de la esperanza de vida, o sea, un índice de dependencia cada vez mayor.
Además casi el 50% de los hogares en las áreas urbanas están compuestos por una sola persona; la tasa de divorcios se sitúa en un 30%, y en Alemania del Este tres de cada diez hijos
nacen fuera del vínculo matrimonial, mientras que en Alemania del Oeste la cifra es de uno
de cada diez. Parece obvio que pocas familias alemanas se ajustan al modelo tradicional, sobre
el que se diseñó el modelo: un padre de familia como fuente principal de ingresos del que
dependen esposa e hijos.
La financiación del sistema sanitario alemán es paritaria, la pagan el empleador y el trabajador. Así, cualquier incremento de esta cuota significa un aumento del coste de la mano de
obra y la consiguiente pérdida de competitividad. Naturalmente, el objetivo de los sucesivos
gobiernos alemanes ha sido la “estabilidad de la cuota” para el seguro médico (que ya sobrepasa el 14% del salario del trabajador) y la instauración de las consabidas medidas —tan en
Ars Medica. Revista de Humanidades 2004; 1:1-2
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boga en Europa y Canadá durante los tres últimos lustros— destinadas a contener el gasto
sanitario: que van desde los presupuestos cerrados y la racionalización de las prestaciones
(sobretodo farmacéuticas) hasta la congelación, más o menos encubierta, de los salarios de
los profesionales. Todas estas medidas no han bastado y en enero del presente año ha entrado en vigor la Ley de Modernización del Seguro Estatutario (cuyos antecedentes y consecuencias explica el trabajo de Velasco y Busse, que publicamos en este número). Entre los cambios que se han introducido en el sistema entresacamos los siguientes: un “ticket moderador”
de 10 €, que pagarán los pacientes por la primera consulta ambulatoria de cada trimestre; el
copago por los medicamentos se situará entre 5 y 10 €, frente a 4 o 5 € hasta ahora, y el día
de estancia hospitalaria pasará a costar 10 € en vez de 9.
Acaso, todos estos cambios —cuya implantación ha llevado años de discusión— cobren una
nueva perspectiva al adentrarnos en la reforma que recoge el artículo de Evelina Chapman
(que también publicamos en este número) sobre el sistema sanitario en Chile. A su lectura
invito al lector en la confianza de que le servirá de contraste con la forma de vivir en esta
vieja, pero privilegiada, Europa.
Como siempre, los que hacemos esta Revista de Humanidades deseamos que los contenidos recogidos en este nuevo número gocen de la estima general. Agradecemos a los lectores
sus comentarios y a nuestros benefactores (Fundación Pfizer y Fundación Sanitas) el apoyo
incondicional con que nos obsequian. Hasta el próximo mes de noviembre.
José Luis Puerta
([email protected])
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