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REVISTA NUEVA SOCIEDAD «Hay empresarios que creen

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REVISTA NUEVA SOCIEDAD «Hay empresarios que creen
REVISTA NUEVA SOCIEDAD
«Hay empresarios que creen que el mejor sindicato es el que no existe»
El secretario general de la Confederación Sindical de las Américas (CSA) afirma que los
trabajadores deben pasar a la ofensiva en esta etapa de crisis
Entrevista a Víctor Báez, realizada por Mariano Schuster / Mayo de 2016
—Víctor, usted es el secretario general de la Confederación Sindical de las Américas. Por lo
tanto, representa a unos cuantos millones de trabajadores en la región. ¿Cuáles son los retos de
los sindicatos en América Latina en un contexto de crisis del paradigma instalado por los
gobiernos progresistas que administraron diversos países en los últimos diez años?
—Los desafíos son muchos. Nosotros somos una organización continental. Abarcamos
organizaciones de América del Norte, países desarrollados, México, Centroamérica, el Caribe, y
América del Sur. Es decir, que hay un número de países en diferente situación: algunos
desarrollados, otros en vías de desarrollo, otros llamados emergentes y otros como Haití, que
están entre los más pobres del mundo. Uno de los primeros objetivos de la Confederación
Sindical de las Américas es, por ende, la superación de las asimetrías en los conceptos y en las
luchas. Debemos lograr que los trabajadores de Canadá puedan compartir las luchas con los
compañeros de Chile, Bolivia o Paraguay. Porque, en definitiva, la fortaleza del movimiento
sindical no radica únicamente en el número de afiliados y afiliadas sino en la cohesión conceptual
e ideológica y en la capacidad de desarrollar una lucha conjunta más allá de los aspectos
nacionales. Debemos reconocer que los partidos progresistas y la izquierda en general, todavía
adolece de una concepción excesivamente nacional de las luchas. Creo, justamente, que el valor
del movimiento sindical continental radica en demostrar que es necesaria una batalla a nivel
mundial por una hegemonía alternativa frente a un capital financiero que es nítidamente global.
—En esa construcción de una hegemonía cultural del sindicalismo a nivel global, hay escenarios
de disputa como la OIT. ¿Cómo se está desarrollando el debate entre el empresariado y los
trabajadores al interior de ese organismo?
—En principio, le diría, antes de responderle específicamente, que el sindicalismo debe tomar
hoy la iniciativa. Observemos lo que sucede en Europa: el referente mundial que era el Estado de
Bienestar se está perdiendo. Es decir, que lo que se está perdiendo son derechos de los
trabajadores y trabajadoras, derechos laborales y derechos sociales. Y ahí, la OIT, que está en
Europa, no puede quedar exenta de ese debate. Debemos entender que la OIT, como
organización mundial, es un escenario de lucha entre la acumulación y la distribución social. El
grupo de empresarios que vemos hoy en la OIT ha cambiado mucho. Hace algunos años estaba
compuesto por gente acostumbrada a negociar con los sindicatos, por gente que estaba
acostumbrada a negociar en sus países y a tener un dialogo social a veces deficiente, pero que
existía y contemplaba las posiciones de los trabajadores. Hoy en día, el grupo de empresarios
está conformado especialmente por gente que no es empresaria. Por abogados de los lobbies de
Londres, que nunca se sentaron a negociar un contrato y que consideran que el mejor sindicato
es el que no existe. Hoy son ellos quienes están tomando la iniciativa. Por ejemplo: el ataque al
derecho de huelga de manera permanente. Pero ¿cómo debemos responder los sindicatos a ese
ataque al derecho a la huelga? ¿Sólo defendiéndonos? Yo digo que debemos afirmar que es un
derecho inalienable, histórico, que ya está reconocido, pero que además tenemos que pasar a la
ofensiva.
Debemos crear situaciones políticas no solamente dentro de la OIT, sino dentro de los propios
países y en los foros internacionales. Y ahí está, por ejemplo, el tema de la sostenibilidad.
Cuando ciertos empresarios nos hablan de empresas sostenibles, nosotros decimos: también
tienen que ser sostenibles para los trabajadores y las trabajadoras. Y debemos dar, además, la
batalla por cuestionar ese concepto de sostenibilidad. Nosotros queremos que haya empresas
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sostenibles porque eso significa que nosotros vamos a tener también puestos de trabajo
sostenibles.
—En el marco de este debate sobre la sostenibilidad. ¿No considera que el criterio de desarrollo
de un capitalismo sostenible resulta contradictorio en sí mismo?
—Claro, es que ese es exactamente el tema que debemos discutir. Y, para eso, debemos
hacernos la siguiente pregunta: ¿Puede haber empresas sostenibles en un mundo que es
insostenible? ¿Puede haber algo que sea sostenible dentro de un todo insostenible? Y más
importante todavía es la pregunta: ¿Puede haber empresas sostenibles dentro de un mundo que
ha sido hecho insostenible por las grandes empresas financieras y las grandes empresas
transnacionales? Entonces, la respuesta es evidente. Aquí no hay islas perfectas en un todo
imperfecto y, desde este criterio debemos pasar a la ofensiva. Al partir de ese concepto nosotros
podemos preguntarle, por ejemplo, a los pequeños y medianos empresarios: ¿puede tu empresa
ser sostenible cuando se está produciendo una liberalización fenomenal de la economía y se
pretenden equiparar las condiciones entre el gran capital y la pequeña y mediana empresa?
En América Latina y el Caribe, el 70% del PBI pertenece a las grandes empresas, a las
multinacionales, pero éstas crean solamente el 10% de los puestos de trabajo. Y, mientras que
solo el 10% del PBI de nuestros países está en manos de las pequeñas y las medianas
empresas, son ellas las que producen el 60% del trabajo.
Por lo tanto, para que la correlación de fuerzas sea diferente, debemos pasar a la ofensiva y
demostrar que este modelo es insostenible.
—Los gobiernos progresistas de la región desarrollaron una serie de políticas sociales que, sin
dudas, beneficiaron a los trabajadores. Sin embargo ¿creé que faltó apretarle el cinturón a los
sectores más concentrados?
—Sí. Y esa es nuestra lucha. Para encarar este proceso debemos tener un diálogo con los
partidos progresistas porque muchos tienen las cosas claras pero otros no tanto. Se ha impuesto
un criterio en algunos partidos progresistas según el cual hay que ser responsables con el gasto.
Y yo digo que es correcto. Todos y todas tenemos que ser responsables con el gasto, porque hay
que distribuir mejor. Pero para distribuir mejor y ser más responsables todavía con el gasto
también tenemos que ser responsables con los ingresos. Sin embargo yo veo muy pocos partidos
que trabajen fuertemente el tema de la evasión impositiva. Y la evasión impositiva, según la
CEPAL, en América Latina y el Caribe, es del 19%. En Paraguay, mi país, es del 38% y nadie
está preso por eso. ¿Pero quiénes son los que evaden? ¿El trabajador que paga el impuesto al
consumo? No, son los capitalistas, los empresarios, los sectores concentrados. O, si no evaden,
les han bajado los impuestos. Yo vengo del sector bancario en mi país. Cuando yo trabajaba en
el banco, el impuesto a la renta de los bancos, de las empresas financieras que ganaban ya
mucho dinero en ese momento era del 30%. Hoy día ganan mucho más dinero y tienen
solamente el 10% del costo. Entonces hablemos también del tema de en manos de quién está la
riqueza. Muchos sindicatos en el sector público especialmente van a negociar, hacen grandes
manifestaciones, especialmente los maestros. Van y hacen manifestaciones y sale el ministro de
Economía y dice no hay dinero en el Estado. Y puede ser que el Estado no tenga dinero, ¿Cómo
va a tenerlo si les está perdonando los impuestos a todos los ricos y solo está cobrando a los
pobres? Ahora, el movimiento sindical tiene que poner en discusión que sí hay dinero, no está en
los bolsillos del Estado, en las arcas del Estado, pero sí está en los bolsillos de los ricos y ahí
debe discutir una mejor redistribución de la renta.
—Allí entra también la cuestión de la lucha global
—Efectivamente. Y no lo centremos solo en América Latina, porque aquí muchos partidos como
el PT y el Frente Amplio avanzaron en este sentido comprendiendo la importancia de una batalla
que no se circunscriba al ámbito nacional. Observemos, por un momento, la situación europea en
virtud de la crisis. El Partido Socialista Obrero Español fue a hablar en soledad con la señora
Merkel, después el Partido Socialista Francés fue a hablar solo con la señora Merkel, y así
sucesivamente. Esto indica que se está tratando de encontrar una solución para España y una
solución para Francia pero no una solución global al problema. No hubo una reacción del
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socialismo europeo como un todo y mucho menos de la Internacional Socialista. No existió una
contrapropuesta para plantear una lucha política en todos los terrenos. El sindicalismo, tanto en
Europa como en América Latina, debe alertar que esto es un error.
Revista Nueva Sociedad
http://nuso.org/articulo/hay-empresarios-que-creen-que-el-mejor-sindicato-es-el-que-no-existe/
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