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Taller EAC 2015 – Adultos Mayores ¿En qué Dios creen las

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Taller EAC 2015 – Adultos Mayores ¿En qué Dios creen las
Taller EAC 2015 – Adultos Mayores
¿En qué Dios creen las personas mayores?
Las personas mayores transcurrieron su niñez y juventud en la Iglesia anterior al Concilio
Vaticano II. Se trataba de una Iglesia estricta, cerrada sobre sí misma, no misionera, con posturas
intransigentes frente al mundo y a la ciencia.
Se ponía el énfasis en los sacramentos no en la evangelización, predominaban los actos de
culto y los dogmas sobre la lectura de la Biblia.
La imagen de Dios era de un ser implacable, que infundía temor y existía una relación
retributiva que nada tiene que ver con la de un Padre Bueno.
Para agradar a Dios había que hacer “méritos” como si la salvación dependiera de nuestros
esfuerzos y no de un Dios que nos salvó porque nos ama.
La religión se vivía en forma individualista, hecha a la manera de cada uno, “yo solo con
Dios”. Una religión del cumplimiento y la obligación.
La formación no se actualizaba, era masiva, no se atendía al proceso de crecimiento a la luz
del Evangelio. Se ponía el acento en la moral.
Pero las personas creyentes conservaron una fe viva que se comunicaba desde el hogar, las
escuelas y las instituciones.
¿Cómo viven, hoy, su fe las personas mayores?
El modo de vivir la fe es muy variado pero tiene características comunes. Se conserva
arraigado en lo recibido en la infancia, y se reduce a hábitos adquiridos basados en la autoridad.
Se cree que el mayor se vuelve automáticamente creyente pero no es así, el hecho de que
concurra frecuentemente al templo no hace que procese una fe profunda. En general la práctica
cristiana es débil. A su vez vivir una “fe sencilla”, no es por ello menos profunda, depende de la
mayor o menor intensidad que ha tenido su modo de vivir la fe en las etapas anteriores de la vida.
A veces, en caso de sufrimientos, limitaciones, enfermedades, pérdidas vinculadas con esta
fase de la vida se viven como un castigo divino. Muchos abandonan sus creencias y sus hábitos de
concurrir a misa, o recurrir a la Virgen u otras devociones.
Algunos vuelven a relacionarse con Dios a través de oraciones aprendidas en su niñez. De este
modo, encuentran cobijo, pero de una manera más madura porque aprendieron de nuevo a confiar
en Dios.
Muchos llegan a una religiosidad más sosegada, pueden estar en silencio ante Dios, han
logrado simplificar su espiritualidad, liberándose de formas, métodos y cultos. Llegan a una fe
sólida.
El mundo de creencias de los mayores, no es necesariamente religioso, pero la mayoría vive
una experiencia religiosa.
Aceptar la realidad de una edad avanzada es una tarea espiritual que ayuda a dar sentido a la
vida.
¿Qué es la “fe” para una persona mayor?
LA FE ES COMPAÑERA DE VIDA.
La “fe” juega un papel relevante, es un beneficio terapéutico adicional.
Otorga una mirada esperanzadora de la vida, la ordena, porque penetra a toda la persona en
todas las instancias de su existencia.
Mejora la calidad de vida porque ayuda a hacer más real el final de la vida.
Da una mirada comprensiva del pasado porque puede descifrar lo que antes no podía entender.
Fortalece ante la precariedad de la vejez porque da seguridad.
No garantiza no sufrir, ni da resignación sino que abre a una visión y actitudes positivas.
Ser creyente, no religioso, es aceptar cambios. Por eso hay que pasar de religioso a creyente.
Ser creyente hoy es:
PASAR
del Dios justiciero al Dios misericordioso
del Dios lejano al Dios cercano
del Dios de los dogmas al Dios de la Palabra
del Dios de la condena al Dios del perdón
del Dios del miedo al Dios del AMOR.
La aventura más hermosa y difícil de parte de los mayores consiste en el encuentro con Cristo.
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