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Ventana de Johari

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Ventana de Johari
MODELO COMUNICACIONAL: LA VENTANA DE JOHARI
1. La Ventana de Johari
La “Ventana de Johari” pretende ilustrar el proceso del “dar y recibir feedback”. El
esquema que nos ofrecen Joseph Luft y Harry Ingham ayuda a formarnos una idea de
muchos de nuestros comportamientos; y nos ofrece alguna solución para hacer frente
a nuestras dificultades en las relaciones interpersonales. El modelo puede ser
presentado también como una ventana de comunicación a través de la cual se dan o
se reciben informaciones sobre uno mismo y sobre los demás.
Si tomamos las cuatro áreas o cuadrantes
en sentido vertical (columnas) o en
sentido horizontal (franjas), las dos
columnas representan el yo, y las dos
franjas representan el grupo. La primera
columna contiene «lo que yo sé respecto
de mí»; la segunda, «lo que desconozco
respecto de mí»; la franja superior
contiene «lo que los demás (el grupo)
saben respecto de mí»; la franja inferior
contiene «lo que los demás (el grupo)
desconocen respecto de mí». Las
informaciones contenidas en dichas
franjas y columnas no son estáticas, sino
que se desplazan de un cuadrante a otro,
en la medida en que varían dentro del
grupo el grado de confianza recíproca y el
intercambio de «feedback». Como resultado de dicho movimiento, el tamaño y el
formato de los respectivos cuadrantes experimentarán otras tantas modificaciones en
el interior de la ventana
1.1 Área libre:
El primer cuadrante (espacio superior izquierdo) es el único claro y libre. En él se
encuentran las experiencias y los datos conocidos por la propia persona y por quienes
la rodean. Es un área que se caracteriza por el intercambio libre y abierto de
informaciones entre el yo y los demás. En ella, el comportamiento es público y
accesible a todos. Por ejemplo: nuestro modo de trabajar en cualquier actividad que
desempeñemos, nuestra manera habitual de comportarnos, etc.
El «Área libre» aumenta de tamaño en la medida en que crece el nivel de confianza
entre los participantes o entre el participante y su grupo; y también en la medida en
que se comparten más informaciones, especialmente si se trata de informaciones
importantes de carácter personal.
1.2 Área ciega:
En la parte superior derecha hay una zona denominada «Área ciega» que contiene
informaciones respecto de nuestro «yo» que nosotros ignoramos, pero que son
conocidas por los demás. Es lo que nuestros amigos saben de nosotros, más que lo
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que nos dicen. Al comenzar nuestra participación en un grupo, comunicamos todo tipo
de informaciones de las que no somos conscientes, pero que son observadas por las
restantes personas del grupo. Por ejemplo: nuestra manera de actuar, nuestro modo
de hablar, nuestro estilo de relacionarnos, etc.
1.3 Área oculta (o privada):
El espacio inferior izquierdo, es decir, el área oculta para los demás, contiene
informaciones que uno mismo sabe respecto de si, pero que son desconocidas por el
grupo. Es en este área donde se encuentra gran parte de lo que conocemos de
nosotros mismos y que ocultamos a los demás. Tenemos miedo de que, si el grupo
llegara a saber nuestros sentimientos, percepciones y opiniones respecto del propio
grupo o de sus integrantes, o respecto de nosotros mismos, tal vez el grupo podría
rechazamos, atacarnos, juzgarnos de manera negativa o ejercer respecto de nosotros
algún tipo de acción. Consiguientemente, no revelamos tales informaciones. Muchas
veces, una de las posibles razones por las que mantenemos el secreto es porque no
encontramos elementos de apoyo en el grupo. Sin embargo, a menos que revelemos
algo sobre nosotros y verifiquemos si es cierta nuestra suposición, no tendremos
posibilidad de saber cómo van a reaccionar realmente los integrantes del grupo. Es
decir, que si no asumimos ciertos riesgos, jamás sabremos nada acerca de la realidad
o la irrealidad de nuestras suposiciones. Por otra parte, también tratamos de mantener
el secreto cuando nos motiva el deseo de controlar o manipular a los demás.
1.4 El área desconocida:
El cuadrante de la parte inferior derecha representa aquellos factores de nuestra
personalidad de los que no somos conscientes y que también son desconocidos para
las personas que se relacionan con nosotros. Es el área de nuestras motivaciones
inconscientes; área que representa nuestro aspecto «desconocido» o «inexplorado» y
que puede incluir cosas como la dinámica interpersonal, acontecimientos de nuestra
primera infancia, potencialidades latentes y recursos aún por descubrir.
Lo que la «Ventana de Johari» trata de explicar es cómo deben procurar
tolerarse mutuamente estas diferencias en las distintas áreas de nuestra
personalidad, con el fin de mejorar las relaciones interpersonales, a través del
conocimiento de uno mismo y de los demás; e intenta explicarlo de la manera
siguiente:
El entrecruce de las líneas muestra cuál es la situación al comenzar el proceso
de relación, en orden a ampliar el «área libre», la cual, a medida que se va
ampliando gracias a una mayor comunicación, hace que se reduzcan las
restantes áreas. Y lo ideal es que la mencionada «área libre» vaya precisamente
ampliando su radio de acción, de forma que se reduzca al mínimo el «área
desconocida», tanto de los demás como de nosotros mismos.
2. Diversas modalidades de la Ventana de Johari
Es fácilmente observable que, si reducimos nuestra «área ciega» y nuestra «área
oculta» a base de dar y recibir «feedback», estaremos aumentando al mismo tiempo el
tamaño de nuestra «área libre».
En el proceso de dar y recibir «feedback», hay personas que tienden a poner mayor
énfasis en uno de los dos aspectos (dar o recibir), originando con ello un desequilibrio
entre ambos. Tal situación puede acarrear determinadas consecuencias, según sean
la influencia del individuo en el grupo y las reacciones de los integrantes de éste
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respecto de aquél. De este modo, el tamaño y el formato del «área libre» están en
función no sólo del alcance del «feedback» compartido, sino también de la proporción
existente entre el dar y el recibir «feedback». Para hacernos una idea de cómo
interpretar las «ventanas», podemos describir cuatro diferentes tipos que caracterizan
las proporciones extremas desde el punto de vista del dar y recibir «feedback».
2.1 La «Ventana Ideal»
Este esquema representa la «Ventana Ideal» en una
situación grupal o en cualquier otro tipo de relación que
sea significativa para la persona. El tamaño del «Área
libre» aumenta a medida que crece el nivel de
confianza en el grupo, y a medida también que los
criterios desarrollados en el sentido de dar y recibir
«feedback» facilitan este tipo de intercambio. Un «Área
libre» amplia indica que una gran parte del
comportamiento de una persona está liberada y abierta
a los restantes miembros del grupo. Consiguientemente, será menor la tendencia de los demás
a interpretar (o malinterpretar) o proyectar significados personales en el
comportamiento de dicha persona.
2.2 El «Entrevistador»
La amplitud del «Área oculta» de esta segunda «ventana» es
propia de una persona cuyo estilo característico de participación
consiste en preguntar constantemente al grupo, pero sin dar a
éste informaciones o «feedback».
De este modo, el tamaño del «Área oculta» es inversamente
proporcional a la cantidad de informaciones o «feedback»
proporcionada por el individuo. Frente a la exigencia del grupo
de que cada integrante del mismo dé muestras de un nivel
razonable de participación, el «entrevistador» «participa»
solicitando informaciones. Gran parte de sus intervenciones son
del tipo de: “¿Qué es lo que tú piensas de este asunto?”;
“¿cómo habrías actuado tú en mi lugar?”; “¿qué opinas de lo que acabo de decir?”;
“¿qué opinión te merece el grupo?”... Es decir, quiere conocer la postura de los demás
antes de comprometerse él.
2.3 El Matraca
En esta tercera ventana, el «Área ciega» es muy amplia. Este individuo mantiene
fundamentalmente su nivel de interacción dando «feedback», pero solicitando muy poco. Su estilo de participación consiste en decirle al grupo su propia opinión acerca del
mismo, cómo se siente ante lo que ocurre en el grupo y cuál es su postura respecto de
las cuestiones y problemas de éste.
En determinadas ocasiones podrá agredir a los miembros del
grupo o criticar a éste en su conjunto, convencido de que con
ello está siendo abierto y dándose a conocer a los demás.
Pero, por una razón o por otra, o bien parece ser insensible al
«feedback» que le es dirigido, o bien no «da oídos» a lo que
los demás le dicen. Podrá ser un mal oyente, o podrá también
reaccionar al «feedback» de tal modo que los integrantes del
grupo se mostrarán reacios a seguir proporcionándole dicho
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«feedback». Si, por ejemplo, se enfada, protesta y amenaza con marcharse, resulta
que no sabe cómo le están viendo los demás y cuál es el impacto que produce en
ellos.
2.4 El «Tortuga»
Esta última ventana, en la que el «Área desconocida» es muy amplia, representa a
aquella persona que no sabe gran cosa acerca de si misma y a la que, además, el
grupo conoce muy poco. Podrá ser el participante «mudo»
o el «observador» del grupo, que ni da ni recibe
«feedback». Como puede observarse en esta cuarta
ventana, ambas flechas -la de dar y la de recibir
«feedback»- son muy cortas. Es la persona misteriosa del
grupo, porque a los miembros de éste les resulta difícil
saber cuál es su posición en el grupo y cuál la del grupo
en relación a él. Parece tener un caparazón en torno a sí
que lo aísla del resto de los componentes del grupo. Si se
le pregunta por su falta de participación, podrá responder
con un «yo aprendo más oyendo».
3. Principios que rigen los cambios
a) Un cambio en cualquier cuadrante afectará a los demás cuadrantes
b) Se malgasta energía cuando se esconde, se niega o se oculta una conducta que
se halla implicada en una acción recíproca.
c) La amenaza tiende a reducir el conocimiento, y la confianza mutua tiende a
incrementarlo.
d) Forzar a un individuo a hacerse consciente de ciertas cosas no es deseable y, por
lo general, no es efectivo.
e) Un aprendizaje interpersonal ocasionará la ampliación del «área libre» y la
reducción de las restantes áreas.
f) La ampliación de dicha área facilitará el trabajo con los demás. Lo cual significa
que otros muchos recursos y habilidades de los miembros van a poder ser
utilizados para el bien del grupo.
g) Cuanto menor sea el “área libre”, tanto mas pobre será la comunicación.
h) Se da una especial curiosidad por el «área desconocida»; pero dicha curiosidad se
ve coartada por las costumbres, la formación social, diversos temores, etc.
4. Principios para la obtención de “feedback”
Al iniciar nuestra participación en un grupo, comunicamos todo tipo de informaciones
de las que no somos conscientes, pero que son captadas por las otras personas.
Tales informaciones pueden reflejar la forma de expresión de nuestra manera de ser,
de nuestro modo de hablar o del estilo que adoptamos en nuestra relación con los
demás.
Dado que el segundo cuadrante de la «Ventana de Johari» contiene informaciones
que los integrantes del grupo conocen respecto de nosotros, pero de las que nosotros
no somos conscientes, el único medio de aumentar nuestra conciencia de tales
informaciones consistirá en obtener «feedback» del grupo. Consiguientemente,
necesitamos desarrollar una actitud de receptividad tal que incite a los miembros del
grupo a darnos «feedback».
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Es preciso, pues, poseer capacidad de recibir «feedback»; y para que éste sea eficaz,
es necesario que sea:
4.1 Aplicable y específico:
Dirigido a un comportamiento susceptible de ser modificado mediante el
reconocimiento del punto en que se produce el fallo y mediante el esfuerzo personal
tendiente a corregir la “desviación”. Por ejemplo: “No me gusta tu manera de hablar”
es un «feedback» inútil que no beneficia en absoluto la comunicación, dado que la
información que contiene no es aplicable por el receptor.
Cuando el «feedback» es abstracto, puede acarrear un resultado negativo, porque el
receptor no dispone de informaciones suficientes para comprenderlo y utilizarlo. Si no
se especifica se reduce a una simple declaración sin resultados significativos.
4.2 Neutro y objetivo:
El «feedback» ha de ser más descriptivo que valorativo. Evitando el uso del lenguaje
valorativo se reduce la necesidad de que la otra persona reaccione de manera
defensiva.
Para que produzca resultados positivos, el «feedback» ha de estar libre de
componentes (opiniones, interpretaciones, juicios de valor...) añadidos a la realidad
fáctica.
Para que sea beneficioso, el «feedback» debe reunir necesariamente las siguientes
condiciones: claridad en el mensaje, focalización en el problema y utilización de
ejemplos.
Hay que evitar a todo trance los rodeos y las evasivas
4.3 Oportuno:
El criterio de la oportunidad reside justamente en la capacidad del comunicador para
discernir si tanto él como el receptor están en ese momento en condiciones favorables
para que el «feedback» produzca un efecto positivo.
4.4 Solicitado:
El «feedback», más que impuesto, debe ser solicitado. Será mucho más útil y efectivo
si la propia persona interesada ha formulado la pregunta que permita al observador
hacer una observación. Dicha pregunta, o comunicación, tanto puede ser verbal como
no verbal, dado que con nuestra conducta podemos comunicar a quienes nos rodean
si estamos interesados en que se nos ofrezca esta clase de ayuda.
4.5 Directo:
El «feedback» ha de ser ofrecido personal y directamente. Esto es indispensable,
sobre todo cuando la naturaleza del «feedback» es negativa (de reprobación o de
desagrado). El «feedback» negativo puede tener el más positivo de los efectos si es
adecuadamente transmitido. Pero resulta fatal para la relación entre dos personas la
recepción de un «feedback» negativo por medio de un tercero.
4.6 Comprobado:
Debe comprobarse el «feedback» para garantizar una buena comunicación. Una
forma de hacerlo consiste en pedir a la persona que recibe nuestras reacciones que
repita con sus propias palabras lo que le hemos comunicado, comprobando de este
modo que el mensaje ha sido recibido.
En suma, el «feedback» es una forma de ofrecer ayuda; y es también un
mecanismo correctivo para aquella persona que quiere saber qué grado de
afinidad hay entre su conducta y sus intenciones. En el proceso de recibir
«feedback», lo verdaderamente importante es ser un buen oyente.
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