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El diablo en fraseologismos italianos y españoles

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El diablo en fraseologismos italianos y españoles
El diablo en fraseologismos italianos y españoles:
acercamiento a un análisis cultural contrastivo
LAUREANO NÚÑEZ GARCÍA
Universidad de Salamanca
1. Pocos temas tan universales y antiguos como el del diablo se han apoderado con tanta rapidez de
la imaginación popular y han calado tan hondo en sus manifestaciones culturales. Buen ejemplo de
ello es el refrán, que aquí entendemos como frase independiente que expresa una enseñanza u
opinión de tipo moral o práctico y que el pueblo ha adoptado como verdad incuestionable y
reveladora de su manera de enjuiciar la realidad. En este trabajo nos proponemos precisamente
acercarnos a un estudio de la figura del diablo en los refranes presentes en las lenguas italiana y
española —y secundariamente en otros tipos de idiornatismos. Análisis contrastivo, pues, en dos
lenguas y dos culturas que tan pronto parecen compartir elementos lingüísticos y culturales
semejantes, como se alejan y se ignoran.
Antes de adentrarnos en los refranes querríamos deteneros un momento en un aspecto que nos
parece importante: el diablo protagonista del refranero español e italiano es un diablo con un aspecto
físico y una imagen bien definida. No se trata del primitivo diablo que recoge la Biblia en forma de
dragón (Apocalipsis, Juan 12,6) o serpiente (Génesis, III. 1) y menos aún como el gentleman
excéntrico, enigmático, pálido y probablemente arruinado que se va delineando desde principios del
siglo XIX en algunas obras literarias. El diablo del refranero es el diablo que surge de las imágenes
escultóricas y pictóricas del arte románico, un diablo con aspecto de monstruo o bestia deforme,
impúdicamente desnudo, con orejas puntiagudas, pezuñas, cuernos y, naturalmente, rabo. La Edad
Media, con su dualismo entre el bien y el mal, constituye el momento de máximo apogeo del
diablo, donde la convicción sobre su existencia y la superstición y las fantasías que tal convicción
acarrean lo hacen omnipresente en todos los órdenes de la vida. Y desde luego alimentando el
refranero popular.
La Edad Media, el Renacimiento y el Barroco serán sin duda los momentos de mayor vigencia
del diablo en el refranero. Posteriormente la fama del primero decae y por tanto también su uso,
pero sobre esto volveremos al final de este trabajo. A nosotros nos interesa constatar como durante
estos siglos dos pueblos, dos tradiciones populares han acogido y adaptado a su mentalidad el diablo
en su refranero.
Una vez consultado el material al que hemos podido acceder, el corpus de refranes e
idiornatismos era muy extenso y temáticamente disperso. En vez de optar por hacer un elenco lo
rnás numeroso posible de refranes y buscar sus correspondencias o equivalencias en ambas lenguas,
hemos preferido encuadrarlos en grupos que aborden un motivo común y característico del diablo
desde la tradición popular —por lo que no será extraño que tendamos puentes con la cuentística de
tipo tradicional—, y desde este motivo común verificar las presencias, ausencias y correspondencias
de los refranes.
Los cinco grupos en los que hemos encuadrado los refranes son los siguientes: el rabo del
diablo, la inteligencia del diablo, el diablo y los hipócritas, el diablo contradictor y la conveniencia
de tener amistad con el diablo.
i
Paremia, 8: 1999. Madrid.
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Laureano Núnez Gardo
2. MIENTA AL DIABLO, Y SI NO ASOMA LA CABEZA, ASOMARÁ EL RABO
Uno de los atributos físicos del diablo que, junto con los cuernos, se ha implantado con más
fuerza en la fantasía popular es el del rabo. Su origen habría que buscarlo no tanto en la existencia
de diablos antropomórficos comunes a muchas religiones, como en el deseo del cristianismo por
embrutecer la figura del demonio (Cocchiara, 1945: 140) y tal decisión tiene su origen muy
probablemente en los escritos talmúdicos, donde se narra que Dios creó al hombre con la cola,
como a otros muchos animales, pero que después se la hizo desaparecer por razones de decoro y de
belleza (De Libero, 1935: 162). El diablo lógicamente se verá privado de dicha mejora. Símbolo de
su fealdad, más que de su maldad, el rabo es lo primero que vemos del diablo, como recoge el
único refrán que hemos encontrado con correspondencia en italiano y español: Mienta al diablo, y
si no asoma la cabeza, asomará el rabo ! Quando si nomina U diavolo, se ne vede spuntar la coda.
Excepto en este refrán que acabamos de ver, las dos lenguas parecen emprender caminos
distintos en sus refranes e idiomatismos. En español encontramos refranes que censuran la ociosidad
y la inútil pérdida de tiempo en las personas: Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo
mata moscas o Cuando el diablo no ñeñe que hacer, saca lo suyo al sol, y mata moscas; o bien
indica la existencia de razones poderosas que se esconden en una acción aparentemente absurda e
inmotivada: Cuando el diablo su rabo vende, él se entiende. O. por último, incide sobre una un
elemento al que siempre ha estado unido el diablo en el refranero como es el desorden: Al diablo
parte, cuando el rabo va delante.
Por su parte, el refranero italiano ha individualizado en el rabo del diablo el instrumento que
sirve para obstaculizar el recto proceder de las cosas: Quando U diavolo cí mette la coda. Y
también, pues el maligno intenta por todos los medios esconder sus atributos de ángel caído para así
engañar mejor a los hombres, subraya la inteligencia, la astucia de la persona capaz de Sapere dove
U diavolo tiene la coda. Una imagen sobrecogedora nos la da el idiomatismo italiano Tirare il
diavolo per la coda, en el sentido de subsistir al borde de la indigencia, hasta el extremo de intentar
atraer desesperadamente al diablo hacía sí mismo con tal de salir de la miseria. Pero la cola del
diablo se resiste, y en otro hermoso y visual idiomatismo italiano se dice Lisciar la coda al diavolo
para expresar un esfuerzo inútil.
3. EL DIABLO ES SOTIL, Y HILA GORDO
Si el rabo es uno de los atributos físicos más característicos del diablo, su inteligencia es una de
las expresiones más temidas de su personalidad. Atributo que se remonta al origen mismo de los
tiempos, cuando, con forma aún de serpiente y mediante astutos razonamientos, persuade a Eva para
transgredir las prohibiciones divinas . Precisamente a la longevidad del diablo se íe atribuye en el
refranero español -con muchas variantes- parte de su sagacidad y astucia: Más sabe el diablo por
viejo que por diablo, Por eso dicen que el diablo sabe tanto, porque es viejo, El tiempo es sabio y
el diablo viejo. El refranero italiano recoge un proverbio parecido aunque sustituye la inteligencia
por la maldad: // diavolo e. cattivo perché e vecchio; pero en seguida converge con los españoles
cuando de forma más bien petulante y despectiva un interlocutor le espeta a otro: Quando il tuo
diavolo nacque, il mió andava a scuola.
Así pues el diablo ha adquirido fama en la cristiandad de experto maestro en la perfidia. Con
hábiles tretas engaña a los hombres y los lleva a la perdición. La habilidad del engaño acarrea un
perjuicio enorme. Ambas lenguas recogen esta certeza en un hermoso refrán basado en la antítesis:
El diablo es sotil, y hila gordo III diavolo e sotile, e jila grosso.
Pero la inteligencia del diablo no es invencible. Un idiomatismo presente en ambas lenguas nos
recuerda que hay personas tan astutas que son capaces de Saber un punto más que el diablo I
Saperne una p'tu del diavolo. Una de las maneras en la que el diablo intenta demostrar su astucia
consiste en estipular una apuesta con alguien que , en el caso de perderla, le acarrearía condenar
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eternamente su alma a las penas del infierno. Este es un motivo ampliamente recogido por la
cuentística de tipo tradicional, en la que no faltan santos y tipos populares que aceptan el envite y,
desde luego, lo ganan. De entre estos personajes populares sobresalen por su astucia dos categorías:
los campesinos y las mujeres 1 . En italiano las dos están representadas en el refranero, si bien sobre
ios campesinos sólo hemos podido recoger este refrán siciliano: Lu viddanu sapi chiü di lu diavulu.
Sobre las mujeres el refranero se extiende más, en algunos casos con correspondencias muy
marcadas: La donna ne sa una piü del diavoto ! Las mujeres saben un punto más que el diablo; en
otros menos: La donna 'nsacca lu diavulu (siciliano) y Lo que el diablo no puede hacer, la mujer lo
hace fácilmente. Aún así las mujeres no se pueden fiar completamente, ni tan siquiera las muy
menudas que tienen fama de astutas, pues como advierte el refranero italiano: La donna perpiccola
che sia, la vince II dlavolo in furberia.
4. OVEJITA DE DIOS, EL DIABLO TE TRASQUILE
Una de las tareas que con rnás ahínco se ha impuesto el refranero consiste en ponernos en
guardia contra los hipócritas de la fe, contra los que fingen cualidades y sentimientos religiosos
contrarios a los que verdaderamente experimentan. Son, según opinión popular, un grupo
numerosísimo de personas para quienes, en palabras de Quevedo, «la penitencia, el ayuno, la
mortificación, que en otros son mercancía del cielo, es noviciado del infierno» (1991: 177). El
diablo no podía andar lejos de ellos, y así lo recogen ambos refraneros, por lo general identificando
o equiparando simbólicamente al diablo con el hipócrita o con sus acciones.
A tres elementos suele asociarse el hipócrita: la oración, la cruz y el rosario. La oración como
falsa muestra de virtud la encontramos en refranes idénticos: Cuando el diablo reza engañarte
quiere I Quando U diavolo fa orazione ti vuol inganare, y otros equivalentes: Cuando el diablo reza
y hace penitencia, el fin quiere venir I Quando U diavolo prega, ríen d'occhio la preda. Sobre la
cruz, encontramos también refranes idénticos: Detrás de la cruz está el diablo I II diavolo si
nasconde dietro la croce; otros equivalentes: La cruz en los pechos y el diablo en los hechos I
Parole di santo e unghie di gatto y Parole d'angioletto e unghie di diavioletto; y alguno, como el
siguiente, que se halla sólo en italiano: Quando i furbi vanno in processione, il diavolo porta la
croce. Sobre el rosario, no debemos olvidar que durante siglos -baste recordar la literatura barrocaha servido para caracterizar a los hipócritas y definirlos como tales. Quevedo ya lo consideraba
parte del «ajuar del hipócrita» (1981: 217) y el refranero español así lo ha recogido : El rosario al
cuello y el diablo en el cuerpo.
Otro hipócrita de quien se burla el refranero es aquél que después de una vida disoluta hace gala
en la vejez de rectitud y pureza: Después de viejo el diablo se hizo fraile o El diablo, harto de
hacer daño, se metió ermitaño, a los que corresponde el italiano // diavolo quando si fa vecchio si
fa romito.
5. LA VIEJA A ESTIRAR Y EL DIABLO A ARRUGAR
Tradicionalrnente se ha censurado en la conducta del diablo su tendencia a contradecir el justo
orden de las cosas, a alterar lo establecido y, en definitiva, a llevar la contraría a todos. Ya el
1 Sobre cuentos tradicionales lomamos aquí como referencia dos magníficas recopilaciones, una española realizada por
J.M. Guelbenzu (1997) y otra italiana de I. Calvino (1956). Sobre cuentos con santos, valga como ejemplo los que tiene
por protagonistas a San Crispín en «Una apuesta con el diablo» (p. 48} y a San Antonio en «Sant* Antonio da il fuoco agli
uomini» (p. 673). Sobre mujeres, «El demonio ayuda al casero» (p. 113) y «II naso d'argento» (p. 98),
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Laureano Núñez Garda
origen etimológico de su nombre, que del griego pasa al latín, diabolus nos indica que, además de
calumniador, significa adversario, opositor.
En este sentido la expresión que ha tenido más fortuna en las dos lenguas no es un refrán sino un
idiomatismo: Hacer de abogado del diablo / Fare l'avvocato del diavolo o Pare la pane del
diavolo. Su origen se remonta a los promotores de la fe encargados de exponer las objeciones en
una propuesta de canonización, pero rápidamente su uso se extendió con el significado de establecer
todas las objeciones posibles en una discusión, replicando sistemáticamente todas las tesis sostenidas
por el adversario.
Que el diablo siente pasión por llevar la contraria nos lo recuerda este viejo refrán español:
Levantan las viejas que San Pedro hizo abejas, y el diablo, por contrahacelle, hizo avispas. Pero
más que con los santos, el diablo entra en pugna directamente con Dios y tanto el refranero italiano
como el español nos advierte que Donde Dios tiene su iglesia, el diablo tiene su capilla /Dio nonfa
mai chiesa, che U diavolo non ci voglia la sua capella. idénticos refranes encontramos también
ligados a la harina lo que no es de extrañar en dos países de cultura enraizadamente agrícola hasta
hace pocos años, y en los que la harina y el trigo son símbolos de la generosa prodigalidad de la
tierra: Cuando Dios da harina, el diablo esconde el costal o Cuando tenemos trigo, el diablo nos
llevó el costal perdido / Quando Dio ci da la fariña, il diavolo ci toglie il sacco, y también: La
harina del diablo, toda se vuelve salvado / La fariña del diavolo se ne va in crusca. Pero este
diablo fastidioso, que no hace más que estorbar en las relaciones entre Dios y los hombres es, a
menudo, el menos negativo de todos. Más que inducir al hombre al pecado, se dedica a incomodar,
a transgredir índicamente el orden y, por su mala reputación, es con frecuencia injustamente
acusado de lo que no es más que simple debilidad humana: El hombre es fuego, la mujer estopa,
llega el diablo y sopla /La donna e stoppa, l'uomo éfuoco, vien U diavolo che ci soffia.
6. HÁGASE EL MILAGRO, Y HÁGALE DIOS O EL DIABLO
No sólo las brujas, los magos o los nigromantes pueden relacionarse con el diablo. Estos tienen
quizá la exclusiva de pactos establecidos mediante complicados rituales y firmas con sangre, pero el
resto de los mortales puede, sin apenas proponérselo, entrar en contacto con él. Y e! resultado
puede ser muy conveniente. En un cuento popular gallego, «El juicio del demonio» (Guelbenzu,
1997: 133-135), se nos narra como dos jóvenes se encuentran a Dios y al diablo pidiendo limosna.
Uno de ellos le da limosna sólo a Dios, pero el otro le da una peseta a Dios y un céntimo al
demonio recordando el dicho Dios es bueno, pero el diablo no es malo. Años después, este mismo
joven es denunciado por un tabernero y en el juicio está a punto de ser injustamente condenado
hasta que reaparece el diablo como abogado defensor para salvarle y de esta forma devolverle el
favor.
Este cuento ilustra a la perfección lo que la mentalidad popular, pragmática y con frecuencia
desengañada, conoce desde hace siglos: no hay poder pequeño al que el humilde pueda despreciar.
Un idiomatismo presente en ambas lenguas, sin apenas variación, así lo entiende cuando nos
recomienda: Encender una vela a Dios y otra al diablo I Accendere una candela ai santi e una al
diavolo.
A excepción de este idiomatismo, el refranero de los dos países recoge aspectos distintos en este
motivo. El refranero italiano hace hincapié principalmente en la necesidad de tener trato atrevido
con el diablo para enriquecerse: Chi ha paura del diavolo nonfa roba o Per essere ñeco bisogna
avere un párente a casa del diavolo. En cierta medida similar a este último proverbio italiano, pero
subrayando de manera más general la conveniencia de tener amistad en todas partes, encontramos el
refrán Dichoso el hijo que tiene a su padre en el infierno. Pero el refranero español incide sobre
todo en el afán de hallar soluciones "milagrosas", regulares o irregulares, legítimas o ilegítimas, a
un estado de necesidad: Hágase el milagro y hágalo el diablo, Sea milagro y hágalo el diablo.
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Por último, un refrán español que sintetiza esta familiaridad de los hombres con el diablo dice
así: Si Dios no me quiere, el diablo me ruega, refrán que eí propio Gonzalo de Correas comentó de
forma espléndida de esta manera «dicho bárbaro en la corteza, mas en el sentido dice 'Donde una
puerta se cierra, otra se abre'; y es que habla con ironía, desdeñando al ruin que quiere ser rogado»
(Correas, 1992: 450).
7. Ya para terminar querríamos hacer dos observaciones y extraer una conclusión. La primera
observación es que en estos cinco motivos en los que hemos agrupado los refranes e idiomatismos
italianos y españoles no agotan en absoluto el corpus consultado. Lo mismo podría hacerse con
otros muchos motivos que aquí no hemos tratado por límite de espacio, pero que desearíamos al
menos apuntar como sugerencia para otros trabajos. Así hemos encontrarnos numerosos refranes en
ambas lenguas que hacen referencia al diablo y el desorden, a las maldiciones y amenazas, a todo
aquello de lo que uno desea desprenderse, al campo y los campesinos o a un diablo desafortunado y
humanizado.
La segunda observación va en cierta medida en sentido contrario. Es decir, hemos echado en
falta un número mayor de refranes sobre otros aspectos y peculiaridades con los que la tradición
popular ha asociado siempre al diablo. Nos referimos por ejemplo a su protagonismo en los
cataclismos, las posesiones, las enfermedades —especialmente las mentales— o los fenómenos
atmosféricos, como el viento (cfr. Cocchiara, 1945).
A modo de conclusión, parece claro que el diablo se ha ganado un puesto importante tanto en el
refranero español como en el italiano, y que estos refranes encuentran fácilmente correspondencia o
equivalencia en ambas lenguas, lo que resulta lógico en dos pueblos con un sustrato cultural común
y una férrea tradición católica. La lengua sin duda refleja mediante refranes e idiomatismos lo que
e! diablo es y lo que el diablo ha sido a través de los siglos: a veces un temido y poderoso
emperador del mal, otras un pobre diablo. El pueblo tiende a mezclar lo sacro con lo profano, y
teme al diablo pero, en cuanto puede, se ríe de él (Cocchiara, 1945: 221). Ahora bien, en los
tiempos que corren, el diablo se encuentra en uno de los momentos de menor popularidad. Como
certeramente apunta el crítico Mario Praz, hasta la iglesia es reacia a hacer cuentas con él.
confinándolo en el desván como los despojos de un antiguo carnaval (1982: 64). No es de extrañar,
pues, que muchos de los fráseologismos que a él van unido caigan también poco a poco en el
olvido.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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COCCHIARA, G. (1945): II diavolo nella tradizione popolare italiana. Palermo: Palumbo.
CORREAS, G. de (11627-992): Vocabulario de refranes y frases proverbiales. Madrid: Visor.
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