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Enseñar a pedir perdón

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Enseñar a pedir perdón
EDUCACIÓN
INSPECTORÍA SALESIANA S. FCO JAVIER – BILBAO
www.salesianosbilbao.com
Enseñar a pedir perdón
¡CÓMO CUESTA Y QUÉ IMPORTANTE ES! TODOS NOS EQUIVOCAMOS Y
METEMOS LA PATA, PERO NOS CUESTA RECONOCERLO, Y A LOS PEQUEÑOS MÁS. ¿SE PUEDE ENSEÑAR?
Pedir perdón es lo mismo que disculparse. Al pedir disculpas, una persona está
diciendo que siente o le sabe mal el daño que ha causado, incluso aunque no lo
haya hecho a adrede. Cuando una persona se disculpa, también puede añadir que
intentará enmendarse en el futuro. Asimismo, la disculpa también puede ir acompañada de una promesa de reparar o sustituir lo que se ha roto, o la persona se
puede retractar de algo que ha dicho.
Cuando le pides perdón a alguien -y lo haces sinceramente- significa que te has
detenido a pensar en cómo puede haberse sentido esa persona por algo que tú has
dicho o hecho. Cuando te detienes a pensar en los sentimientos de otra persona,
empieza a saberte mal tu comportamiento. Y, si has hecho algo que sabías que
estaba mal, es posible que hasta te avergüences de ello.
Incluso aunque lo que ha ocurrido haya sido un accidente o lo hayas hecho sin
querer, probablemente te seguirá sabiendo mal haber herido los sentimientos de
otra persona. Después de disculparte, es posible que te sientas un poco mejor (lo
que probablemente también le ocurrirá a quien reciba tus disculpas). Cuando una
persona pide disculpas con tacto, lo más probable es que se sienta mejor por
haber intentando arreglar las cosas.
Los niños no saben controlar su temperamento, están aprendiendo a hacerlo.
Cuando un niño rompe una regla, solemos esperar que reconozca automáticamente
que hizo mal y se disculpe. Eso es mucho pedir porque el niño no está listo para
reconocer sus errores, y menos para disculparse.
A los niños, eso de disculparse no les sale demasiado bien; desean solucionar sus
conflictos de manera instintiva.
Pueden aprender a disculparse alrededor de los 3 años; de hecho, es la mejor edad
para adquirir la costumbre. Entre los 3 y 4 años están empezando a adquirir los
hábitos sociales, por lo que es el momento ideal de guiarles para que aprendan actitudes y aptitudes sociales adecuadas.
ENSEÑAR A PEDIR DISCULPAS A LOS NIÑOS
Para darnos cuenta de que hemos “metido la pata” y tenemos que disculparnos tenemos que ponernos en el lugar del otro. Esa capacidad, la empatía, es fundamental en la vida, pero difícil para los niños; lleva años desarrollarla.
Antes de los 5 ó 6 años empiezan a imaginar lo que siente la otra persona, pero
hasta los 8 o los 10 no son capaces de ponerse en el lugar de otro niño.
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Tenemos que tener en cuenta siempre que un niño puede comportarse “inapropiadamente” de dos formas y no es lo mismo una que otra.

La primera es cuando hace algo accidentalmente.

La otra es cuando lo hace de forma deliberada. (En este segunda caso es
cuando más les cuesta disculparse).
Algunas sugerencias que nos pueden ayudar:
 Si ha sido algo “sin querer” o leve:
conviene hablar a solas y decirle
que una disculpa es algo que explica que lo ha hecho sin querer y los demás
lo entenderán porque a todos nos pasa.
 Cuando ha sido “a posta” o más grave:
tendremos que tomar medidas más serias. Conviene que se anime a pedir perdón; pero lo importante
es establecer reglas claras y estrictas (aplicarlas siempre). Cuando se trata
de un acto deliberado, es importante que aprendan que todos los actos tienen sus consecuencias y hay que pagarlas.
 No forzar: Si se niegan a disculparse, no vale la pena obligarles a decir algo que no sienten. Pero, lo que sí que tendremos que hacer es explicarles
que han herido los sentimientos de otras personas y, entonces, lo más adecuado es pedirles perdón de manera sincera.
 Dar ejemplo: Es la mejor manera de que lo aprendan y automaticen. No
dudéis en pedir perdón a otros delante de ellos. No podemos olvidar que imitan casi todo lo que ven. E, incluso, pedirles disculpas a ellos si nos hemos
equivocado o puesto nerviosos.
 No sólo palabras: Suele resultarles más fácil cuando además de palabras
les pedimos acciones. (Le has pegado a tu hermana. Ahora, venga, discúlpate y dale un beso). Por alguna razón, los niños prefieren decir estas palabras
cuando son reforzadas por un acto tan elocuente como un beso de paz.
 Conviene practicar: enseñarles, frases, palabras…. De disculpa.
Acabamos este artículo incluyendo un fragmento de las propuestas de
Kidshealth que, en su página www.kidshealth.org dirigida a niños y niñas,
les ayuda a aprender a pedir perdón.
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Pedir perdón
"¡No he sido yo!" "¡Yo no tengo la culpa!" "¡Ya puedes pedirme disculpas!"
¿Cómo se disculpa uno?
Hay muchas formas diferentes de pedir perdón. He aquí algunos ejemplos:
"Me sabe muy mal haberte dicho algo tan feo."
"Siento haberte perdido el libro."
"Perdí los estribos, pero no debería haberte insultado. Lo siento."
"Siento haber herido tus sentimientos."
"Siento haberte chillado."
"Me sabe fatal haberte pegado cuando perdí el control. Me he pasado. No volverá a ocurrir."
Cuando pidas disculpas a alguien, es posible que esa persona también se disculpe contigo.
Por ejemplo, te puede decir: "No tiene importancia. Yo también lo siento. No debería
haberme metido contigo". Y es posible que luego volváis a ser tan amigos como antes.
¿Cuándo debería disculparme?
Es posible que te tengas que disculpar cuando hagas daño a alguien, hieras sus sentimientos, o pierdas algo que le pertenece. También puedes tener que hacerlo si rompes algo
(incluso accidentalmente) o si haces algo que sabías que estaba mal -como mentir o saltarte una norma adrede. Y también si haces algo que tus padres te han prohibido o no haces
algo que se supone que deberías hacer.
Puedes tener que disculparte ante otro niño o ante un adulto. Los adultos también pueden
pedir perdón -a otro adulto o a un niño. Después de todo, ellos también cometen errores de
vez en cuando. Disculpándose cuando han actuando mal, los adultos pueden dar un buen
ejemplo y enseñar a los niños a hacer lo correcto y a pedir perdón cuando es necesario.
¿Y si estabas enfadado?
Todos nos enfadamos con otras personas de vez en cuando. Enfadarse no es malo -y no es
nada por lo que nos debamos disculpar- pero es importante saber cómo debemos decirle a
la persona con quien nos hemos enfadado por qué nos hemos enfadado.
Cuando los niños pequeños se enfadan, pueden pegarse, darse patadas o chillarse. No tienen mucho autocontrol, y pueden no haber aprendido todavía que está mal pegar a otra
persona cuando uno está enfadado. Pero, cuando crecen y aprenden a utilizar palabras,
saben que es mejor hablar que pegar, dar patadas o chillar cuando uno está enfadado.
Aprenden a expresar sus sentimientos verbalmente, es decir, con palabras. Por supuesto,
las palabras que emplean cuando están enfadados pueden ser más fuertes o duras de lo
habitual -pero no es preciso que sean despreciativas o insultantes. Puedes decirle a una
persona que estás enfadado sin dejarla por los suelos ni insultarla. Puedes expresar cómo te
sientes con sinceridad sin ser maleducado.
Pero a veces te domina el enfado y puedes llegar a perder el autocontrol. Cuando pierdes
los estribos, puedes decir cosas desagradables, insultar, empujar o pegar a otro niño. Pero
después probablemente te darás cuenta de que, incluso aunque tuvieras derecho a enfadarte, no te has comportado correctamente. Será entonces cuando, sin lugar a dudas, deberías
disculparte.
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¿Una disculpa lo arregla todo?
Pedir perdón cuando uno necesita hacerlo es lo correcto. Disculparse es una buena cosa.
Pero, en sí, puede no bastar para que todo vuelva a ser como antes. A veces, junto con la
disculpa, la persona necesita reparar el error o decir que intentará no volverlo a hacer nunca más. A veces, tener un detalle con la persona después de disculparte ayuda a hacerle ver
que lo sientes realmente y quieres volver a ser su amigo.
A veces, un "lo siento" sincero lo arregla todo inmediatamente. Otras veces, una persona
puede tardar cierto tiempo después de recibir tus disculpas en sentirse tan cerca de ti como
antes. Tal vez tengas que darle tiempo. Incluso después de haber pedido perdón, es posible
que siga sabiéndote mal lo que dijiste o hiciste -pero podrás estar satisfecho por haberte
disculpado y haber tomado la decisión de mejorar.
Cuando alguien te pida perdón por algo, es posible que no te sientas con ganas de volver a
ser su amigo inmediatamente. También es posible que, si una persona que se ha portado
mal contigo repetidamente no cambia, dejes de querer ser su amigo. Tal vez encuentres un
alivio por el hecho de que esa persona se te haya disculpado -y te alegres de que, por lo
menos, se haya dado cuenta de que se portó mal contigo. Pero, si sigue hiriendo tus sentimientos o comportándose de un modo que te hace daño, es posible que las cosas nunca
vuelvan a ser como antes. El mero hecho de que una persona se disculpe contigo no significa que estés obligado a volver a ser su amigo. Eso es algo que sólo depende de ti.
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Pedir perdón
¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón?
Pedir perdón es algo sencillo. Basta con decir tan solo una o dos palabras: perdón, perdona, lo siento, disculpa... Pero las
implicaciones que conlleva dicha acción quizá son más complejas de lo que parece a primera vista.
Creo que casi todo tiene que ver con que pedir perdón significa admitir que te has equivocado, que hiciste algo mal. Y
eso es algo que choca frontalmente con el orgullo, una de las caraterísticas humanas que probablemente más problemas
nos trae.
Ya lo decía Fray Enrique Domingo Lacordaire: "El orgullo divide a los hombres, la humildad los une". Al pedir perdón,
por tanto, estamos mostrando nuestra faceta más humilde, esa que nos hace parecer más débiles y más inocentes. Pero
que también nos convierte en seres más amables y más íntegros, y nos engrandece personalmente porque vemos que
nuestra acción revierte positivamente tanto en nosotros como en los demás.
Si cuando cometemos un error, no somos capaces de reconocerlo y pedir disculpas, estaremos cometiendo dos errores. Y,
además, estaremos mintiendo y, quizá, las consecuencias de nuestro error las esté sufriendo alguien inocente.
Pero, es que todos nos equivocamos. Todos cometemos errores. No pasa nada. Se intenta solucionar y listo. Y, la próxima
vez, tenemos más cuidado.
¿Por qué, entonces, nos cuesta tanto pedir perdón?
Consejos para pedir perdón
Como bien saben muchos, una cosa es pedir perdón y otra muy distinta es saber perdonar. Aquí van algunos consejos para
lo primero. Sobre lo último quizá podamos hablar otro día.
1. Admitir el error. Lo más importante es ser conscientes de que hemos cometido un error.
2. No poner excusas. Aunque realmente tengamos buenas excusas que argumentar en nuestro favor, es mejor asumir la
responsabilidad del error independientemente de lo que lo hubiera causado. Es decir, concentrémonos en solucionar el
error, no en buscar culpables.
3. No esperar a que sea demasiado tarde. Es preferible que seamos nosotros los que alertemos del error cometido a que
sean los demás los que lo descubran. En tal caso, parecería que tratábamos de encubrirlo y el problema parecerá mayor
de lo que era en un principio.
4. Encontrar soluciones. Tampoco es válido admitir el error sin más. Lo mejor es ofrecer soluciones para remediarlo.
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5. Aprender de los errores. Se puede aprender mucho de los errores. No desperdiciemos la oportunidad y tratemos de
obtener ideas que nos ayuden a mejorar.
para pensar
 ¿Hay algo que nos ha llamado la atención? ¿Qué nos ha chocado?
 Podemos hacer una lista de nuestros valores y una lista de valores de nuestra pareja.
o
Se la enseñamos: ¿ hemos acertado? ¿nos conocemos?
o
Comparamos la lista de ambos: ¿coincidimos mucho en nuestros valores? ¿poco?
 Revisemos nuestros mitos del amor: leemos los 7 y nos evaluamos: ¿cuáles he creído “a
pies juntillas? ¿en qué grado he crecido creyendo en cada uno? Podemos puntuarnos en
nada-poco-bastante-mucho.
 Podemos pensar momentos concretos de nuestra vida de pareja relacionados con ellos.
 Podemos pensar frases famosas o películas sobre el amor ¿en qué medida apoyan o tiran
por tierra estos mitos?
 ¿Estos mitos los tienen o tendrán nuestros hijos e hijas? ¿cómo remediarlo? ¿qué parte
nos toca?
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