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ÁLVARO CEPEDA SAMUDIO: TODOS ESTÁBAMOS A LA ESPERA. MADRID:
COOPERACIÓN EDITORIAL, 2005. EDICIÓN A CARGO DE JACQUES GILARD.
Esta nueva publicación de “Todos estábamos a la espera”, hecha bajo el cuidado del
profesor Jacques Gilard, tiene toda la riqueza y los valores pedagógicos de una edición
crítica: aclaraciones que contextualizan los términos que pueden resultar equívocos,
adiciones que explican con detalles del momento algunas situaciones del cuento y un
conjunto adicional de ayudas que iluminan la lectura. Destaco la revisión retrospectiva de
las ediciones anteriores, que permite seguir el recorrido de todo el minucioso trabajo
editorial que cotejó cada una de las tres versiones para descartar y escoger los términos
apropiados para esta nueva publicación.
Pero más allá de una edición crítica, este libro contiene importantes valores agregados. Se
anexaron los cuadros cronológicos que contextualizan la producción de Álvaro Cepeda
Samudio y se convierten en mapas culturales que contienen las líneas, los cruces de lo que
sucede en la historia y en la literatura en el mundo, frente a cada movimiento literario del
escritor.
Me detendré en el capítulo que contiene el estudio del profesor Gilard sobre el fondo
literario y político de la obra de Cepeda y que le aporta a los cuentos un contexto que
amplía la mirada del lector y le ilumina el tejido de las relaciones de la historia contada en
cada relato, con la época y con la Barranquilla de ese momento.
¿Cómo era el mundo cultural del Caribe colombiano y cómo se escribía? ¿Cómo era la
literatura que se producía y se leía en el país en las décadas del 40 y 50 del pasado siglo
XX?
¿Quienes escribían en el Caribe colombiano y en el país andino? Y ¿cuáles eran las
constantes y las variables de esas obras?
Además de responder estas preguntas, Gilard muestra los roces en la literatura colombiana,
cuya producción estaba marcada por el centralismo bogotano, con todas las pautas de un
país sumido en los conflictos de la violencia. Se detiene en el análisis de los grupos
“nacionalistas” o “terrígenos”, defensores de una literatura vaciada en moldes
decimonónicos, y en el choque de estos planteamientos con los nuevos modelos estéticos
defendidos por Cepeda Samudio y visibles en su producción literaria.
Además, el texto sigue los pasos del joven escritor de entonces, habitante de la ciudad más
moderna de Colombia, desde su formación en un colegio de ideas abiertas, que le aportó el
primer contacto con la lengua inglesa y lo estimuló en sus primeros trabajos periodísticos.
Se detiene en su paso por los Estados Unidos y su encuentro directo y enriquecedor con la
lengua, con la cultura y la literatura americana que marcaron el fondo de muchos cuentos
Memorias, Año 3, Número 5. Uninorte. Barranquilla. Colombia.
MMVI – I Semestre. ISSN 1794 – 8886
y le mostraron de cerca una literatura nueva, cargada de valores renovadores. Las lecturas
anglosajonas llevaron a Cepeda a buscar procedimientos distintos, unidos a planteamientos
humanísticos nuevos, que estaban marcados por las nuevas tendencias del pensamiento.
Habría que detenerse un momento en la recreación del mundo literario norteamericano de
esa época. Se hablaba de América, con mayúscula, y a todos los niveles intelectuales este
país representaba un mundo de libertad.
Concretamente, en la narrativa, era la tierra de Dos Pasos, de Faulkner, de Hemingway y
de Steinbeck, leídos en el mundo y convertidos en modelo para los escritores de muchos
países.
En Europa fue grande el movimiento de jóvenes intelectuales que miraron hacia ese lado
del continente. Concretamente en Italia, frente a las ideologías que empujaban la guerra, el
mundo americano aparecía como un ejemplo alternativo y un grueso grupo de escritores,
comprometido en la lucha contra el poder, había defendido la imagen de libertad
americana. Cesare Pavese, Italo Calvino y Elio Vittorini figuran entre los militantes de esa
izquierda tentada por el modelo americano, que leyó a los escritores de la época, hizo
traducciones cuidadas de su obra y viajó incluso a conocer sus tierras.
Considero que, en esta obra, el principal aporte del profesor Gilard se da en el cruce de las
nuevas técnicas de la literatura de Cepeda con las ideas políticas y literarias del momento.
Por qué resultaba novedosa la narrativa de Cepeda Samudio? Para Gilard, se trata de
innovaciones estéticas que se inscriben en rupturas ideológicas.
El principal elemento de quiebre está en el cambio del “punto de vista narrativo”. La
perspectiva del narrador, determina el saber que la voz narrativa maneja frente a los hechos
y la visión, desde la cual, el lector puede acercarse a la historia. Y el punto de vista
imperante había sido el de la tercera persona omnisciente, heredada de la novela del siglo
XIX. Frente a esta voz que todo lo sabe y todo lo controla, los nuevos cuentos de Cepeda
muestran un narrador discreto, sin los superpoderes de la omnisciencia.
Gilard se detiene en la forma narrativa de cada cuento y encuentra en “Vamos a matar los
gaticos” la mejor expresión de la propuesta estética de Cepeda. A los puntos analizados,
podríamos agregar la revisión del punto narrativo, como expresión de un lenguaje
cinematográfico. Aquí, la riqueza de los diálogos contrasta con la escueta presentación del
narrador anónimo, hace destacar la voz en primera persona, de cada “actor narrativo” y, a
la manera narrativa del cine o del teatro, los diálogos dan la ilusión de tiempo presente.
Memorias, Año 3, Número 5. Uninorte. Barranquilla. Colombia.
MMVI – I Semestre. ISSN 1794 – 8886
Para relacionar la forma y el contenido, unidos a una mirada rebelde, Gilard enfoca las
ideas democráticas de Cepeda, expresadas en sus trabajos periodísticos que contenían notas
irreverentes y hasta escandalosas contra la dirigencia política colombiana.
Sobre el contenido de los cuentos, el toque universal de Cepeda chocaba con la narrativa
ruralista. Aunque su obra muestre una “costeñidad agresiva” por su oposición a la
“solemnidad cachaca”, sus cuentos no insisten en temáticas caribeñas sino que ostentan un
amplio enfoque humano que trasciende lo regional.
La literatura nacional, en cambio, de los defensores del viejo criollismo literario, estaba
apegada a las formas tradicionales, como defensora de las ideas y los valores conservadores
de los hombres buenos, amantes del agro y respetuosos de la tradición y de los valores
familiares heredados
Los cambios en la estética narrativa expresaban un mundo cambiante en el que estaban la
guerra, los nuevos planteamientos de la ciencia y las nuevas teorías en todas las
disciplinas. Y estas ideas de cambio están contenidas en la propuesta de los
“universalistas”, como Cepeda, defensores de una literatura “capaz de ponerse a tono con la
hora del mundo”. Si el mundo ya no era el mismo, concluye Gilard, había que narrar de otra
manera y aquí se resume el logro estético de Álvaro Cepeda Samudio.
Consuelo Posada
Memorias, Año 3, Número 5. Uninorte. Barranquilla. Colombia.
MMVI – I Semestre. ISSN 1794 – 8886
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